estrañas y espantosas poco a poco. 1155
Ninfas, a vos invoco; verdes faunos,
sátiros y silvanos, soltad todos
mi lengua en dulces modos y sutiles;
que ni los pastoriles ni la avena[152]
ni la zampoña suena como quiero. 1160
Este nuestro Severo pudo tanto
con el suave canto y dulce lira,
que, revueltos en ira y torbellino,
en medio del camino se pararon
los vientos, y escucharon muy atentos 1165
la voz y los acentos, muy bastantes
a que los repunantes y contrarios
hiciesen voluntarios y conformes.
A aqueste el viejo Tormes como a hijo
lo metió al escondrijo de su fuente, 1170
de do va su corriente comenzada.
Mostrole una labrada y cristalina
urna, donde él reclina el diestro lado;
y en ella vio entallado y esculpido
lo que antes de haber sido, el sacro viejo 1175
por divino consejo puso en arte,
labrado a cada parte, las estrañas
virtudes y hazañas de los hombres
que con sus claros nombres ilustraron
cuanto señorearon de aquel río. 1180
Estaba con un brío desdeñoso,
con pecho corajoso, aquel valiente
que contra un rey potente y de gran seso,
que el viejo padre preso le tenía,[153]
cruda guerra movía, despertando 1185
su ilustre y claro bando al ejercicio
de aquel piadoso oficio. A aqueste junto
la gran labor al punto señalaba
al hijo, que mostraba acá en la tierra
ser otro Marte en guerra, en corte Febo.[154] 1190
Mostrábase mancebo en las señales
del rostro, que eran tales, que esperanza
y cierta confianza claro daban
a cuantos le miraban, que él sería
en quien se informaría un ser divino. 1195
Al campo sarracino en tiernos años
daba con graves daños a sentillo;[155]
que, como fue caudillo del cristiano,
ejercitó la mano y el maduro
seso y aquel seguro y firme pecho. 1200
En otra parte, hecho ya más hombre,
con más ilustre nombre los arneses
de los fieros franceses abollaba.[156]
Junto tras esto estaba figurado
con el arnés manchado de otra sangre, 1205
sosteniendo la hambre en el asedio,
siendo él solo remedio del combate,
que con fiero rebate y con ruído
por el muro batido le ofrecían.
Tantos, al fin, morían por su espada, 1210
a tantos la jornada puso espanto,
que no hay labor que tanto notifique
cuánto el fiero Fadrique de Toledo
puso terror y miedo al enemigo.
Tras aqueste que digo se veía 1215
el hijo don García, que en el mundo[157]
sin par y sin segundo solo fuera,
si hijo no tuviera. ¿Quién mirara
de su hermosa cara el rayo ardiente,
quién su resplandeciente y clara vista, 1220
que no diera por vista su grandeza?
Estaban de crueza fiera armadas
las tres inicas hadas, cruda guerra[158]
haciendo allí a la tierra con quitalle
a este, que en alcanzalle fue dichosa. 1225
¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves
los ojos a los Gelves, sospirando![159]
Él está ejercitando el duro oficio,
y con tal artificio la pintura
mostraba su figura, que dijeras, 1230
si pintado le vieras, que hablaba.
El arena quemaba, el sol ardía,
la gente se caía medio muerta;
él solo con despierta vigilanza
dañaba la tardanza floja, inerte, 1235
y alababa la muerte gloriosa.
Luego la polvorosa muchedumbre
gritando a su costumbre le cercaba;
mas el que se llegaba al fiero mozo,
llevaba con destrozo y con tormento 1240
del loco atrevimiento el justo pago.
Unos en bruto lago de su sangre,
cortado ya el estambre de la vida,
la cabeza partida revolcaban;
otros claro mostraban espirando, 1245
de fuera palpitando las entrañas,
por las fieras y estrañas cuchilladas
de aquella mano dadas. Mas el hado
acerbo, triste, airado, fue venido;
y al fin él, confundido de alboroto, 1250
atravesado y roto de mil hierros,
pidiendo de sus yerros venia al cielo,
puso en el duro suelo la hermosa
cara, como la rosa matutina,[160]
cuando ya el sol declina al mediodía, 1255
que pierde su alegría, y marchitando
va la color mudando; o en el campo
cual queda el lirio blanco, que el arado
crudamente cortado al pasar deja,
del cual aún no se aleja presuroso 1260
aquel color hermoso, o se destierra;
mas ya la madre tierra, descuidada,
no le administra nada de su aliento,
que era el sustentamiento y vigor suyo;
¡Tal está el rostro tuyo en la arena, 1265
fresca rosa, azucena blanca y pura!
Tras esto una pintura estraña tira
los ojos de quien mira, y los detiene
tanto, que no conviene mirar cosa
estraña ni hermosa, sino aquella. 1270
De vestidura bella allí vestidas
las Gracias esculpidas se veían;
solamente traían un delgado
velo, que el delicado cuerpo viste;
mas tal, que no resiste a nuestra vista. 1275
Su diligencia en vista demostraban;[161]
todas tres ayudaban en un hora
a una muy gran señora que paría.[162]
Un infante se vía ya nacido,[163]
tal, cual jamás salido de otro parto, 1280
del primer siglo al cuarto vio la luna.[164]
En la pequeña cuna se leía
un nombre que decía: _Don Fernando_.
Bajaban, dél hablando, de dos cumbres[165]
aquellas nueve lumbres de la vida;[166] 1285
con ligera corrida iba con ellas,
cual luna con estrellas, el mancebo
intonso y rubio Febo; y en llegando,[167]
por orden abrazando todas fueron
al niño, que tuvieron luengamente 1290
visto como presente. De otra parte[168]
Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero,
viendo el gran caballero que encogido
en el recién nacido cuerpo estaba.
Entonces lugar daba mesurado 1295
a Venus, que a su lado estaba puesta.
Ella con mano presta y abundante
nétar sobre el infante desparcía;[169]
mas Febo la desvía de aquel tierno
niño, y daba el gobierno a sus hermanas. 1300
Del cargo están ufanas todas nueve.
El tiempo el paso mueve, el niño crece,
y en tierna edad florece, y se levanta
como felice planta en buen terreno.
Ya sin preceto ajeno daba tales 1305
de su ingenio señales, que espantaban
a los que lo criaban. Luego estaba
cómo una lo entregaba a un gran maestro,
que con ingenio diestro y vida honesta
hiciese manifiesta al mundo y clara 1310
aquella ánima rara que allí vía.
Al niño recebía con respeto
un viejo, en cuyo aspeto se vía junto
severidad a un punto con dulzura.
Quedó desta figura como helado 1315
Severo, y espantado viendo al viejo,
que, como si en espejo se mirara,
en cuerpo, edad y cara eran conformes.
En esto, el rostro a Tormes revolviendo,
vio que estaba riendo de su espanto. 1320
«¿De qué te espantas tanto? --dijo el río--
¿No basta el saber mío a que primero
que naciese Severo, yo supiese
que había de ser quien diese la dotrina
al ánima divina deste mozo?» 1325
Él, lleno de alborozo y de alegría,
sus ojos mantenía de pintura.
Miraba otra figura de un mancebo,
el cual venía con Febo mano a mano,
al modo cortesano. En su manera,[170] 1330
lo juzgara cualquiera, viendo el gesto
lleno de un sabio, honesto y dulce afeto,
por un hombre perfeto en la alta parte
de la difícil arte cortesana,
maestra de la humana y dulce vida. 1335
Luego fue conocida de Severo
la imagen por entero fácilmente
deste que allí presente era pintado.
Vio que era el que había dado a don Fernando,
su ánimo formando en luenga usanza, 1340
el trato, la crianza y gentileza,
la dulzura y llaneza acomodada,
la virtud apartada y generosa,
y en fin, cualquiera cosa que se vía
en la cortesanía, de que lleno 1345
Fernando tuvo el seno y bastecido.
Después de conocido, leyó el nombre
Severo de aqueste hombre que se llama
Boscán, de cuya llama clara y pura
sale el fuego que apura sus escritos, 1350
que en siglos infinitos tendrán vida.
De algo más crecida edad miraba
al niño que escuchaba sus consejos,
luego los aparejos ya de Marte,
estotro puesto aparte, le traía. 1355
Así les convenía a todos ellos,
que no pudiera dellos dar noticia
a otro la milicia en muchos años.
Obraba los engaños de la lucha;
la maña y fuerza mucha y ejercicio 1360
con el robusto oficio está mesclando.[171]
Allí con rostro blando y amoroso
Venus aquel hermoso mozo mira,
y luego lo retira por un rato
de aquel áspero trato y son de hierro. 1365
Mostrábale ser yerro y ser mal hecho
armar contino el pecho de dureza,
no dando a la terneza alguna puerta.
Entrada en una huerta, con él siendo,
una ninfa durmiendo le mostraba. 1370
El mozo la miraba, y juntamente
de súbito acidente acometido,
estaba embebecido, y a la diosa,
que a la ninfa hermosa se allegase
mostraba que rogase, y parecía 1375
que la diosa temía de llegarse.
Él no podía hartarse de miralla,
eternamente amalla proponiendo.
Luego venía corriendo Marte airado,
mostrándose alterado en la persona, 1380
y daba la corona a don Fernando.
Estábale mostrando un caballero
que con semblante fiero amenazaba
al mozo que quitaba el nombre a todos.
Con atentados modos se movía 1385
contra el que le atendía en una puente.[172]
Mostraba claramente la pintura
que acaso noche escura entonces era.
De la batalla fiera era testigo
Marte, que al enemigo condenaba 1390
y al mozo coronaba en el fin della;
el cual como la estrella relumbrante
que el sol envía delante, resplandece.
De allí su nombre crece, y se derrama
su valerosa fama a todas partes. 1395
Luego con nuevas artes se convierte
a hurtar a la muerte y a su abismo
gran parte de sí mismo y quedar vivo
cuando el vulgo cautivo lo llorare,
y muerto lo llamare con deseo. 1400
Estaba el Himeneo allí pintado,
el diestro pie calzado en lazos de oro.[173]
De vírgenes un coro está cantando,
partidas altercando y respondiendo,
y en un lecho poniendo una doncella,[174] 1405
que quien atento aquella bien mirase,
y bien la cotejase en su sentido
con la que el mozo vido allá en la huerta,
verá que la despierta y la dormida
por una es conocida de presente. 1410
Mostraba juntamente ser señora
dina y merecedora de tal hombre.
El almohada el nombre contenía,
el cual doña María Enriques era.[175]
Apenas tienen fuera a don Fernando, 1415
ardiendo y deseando estar ya echado.[176]
Al fin era dejado con su esposa,
dulce, pura, hermosa, sabia, honesta.
En un pie estaba puesta la fortuna,
nunca estable ni una, que llamaba 1420
a Fernando, que estaba en vida ociosa,
que por dificultosa y ardua vía
quisiera ser su guía y ser primera;
mas él por compañera toma aquella,
siguiendo a la que es bella descubierta, 1425
y juzgada cubierta por disforme;
el nombre era conforme a aquesta fama:
virtud esta se llama, al mundo rara.[177]
¿Quién tras ella guiara igual en curso,
sino este, que el discurso de su lumbre 1430
forzaba la costumbre de sus años,
no recibiendo engaños sus deseos?
Los montes Pirineos (que se estima[178]
de abajo que la cima está en el cielo,
y desde arriba el suelo en el infierno) 1435
por medio del invierno atravesaba.
La nieve blanqueaba, y las corrientes
por debajo de puentes cristalinas
y por heladas minas van calladas.
El aire las cargadas ramas mueve, 1440
que el peso de la nieve las desgaja.
Por aquí se trabaja el Duque osado,
del tiempo contrastado y de la vía,
con clara compañía de ir delante.
El trabajo constante y tan loable 1445
por la Francia mudable, en fin, le lleva,[179]
la fama en él renueva la presteza;
la cual con ligereza iba volando,
y con el gran Fernando se paraba,
y le sinificaba en modo y gesto 1450
que el caminar muy presto convenía.
De todos escogía el Duque uno,[180]
y entrambos de consuno cabalgaban;
los caballos mudaban fatigados;
mas a la fin llegados a los muros 1455
del gran París seguros, la dolencia,
con su débil presencia y amarilla,[181]
bajaba de la silla al Duque sano,
y con la pesada mano le tocaba.
El luego comenzaba a demudarse, 1460
y amarillo pararse y a dolerse.
Luego pudiera verse de travieso
venir por un espeso bosque ameno,
de buenas hierbas lleno y medicina,
Esculapio, y camina, no parando,[182] 1465
hasta donde Fernando está en el lecho.
Entró con pie derecho, y parecía
que le restituía en tanta fuerza,
que a proseguir se esfuerza su viaje,
que le llevó al pasaje del gran Reno.[183] 1470
Tomábale en su seno el caudaloso
y claro río, gozoso de tal gloria,
trayendo a la memoria cuándo vino
el vencedor latino al mismo paso.[184]
No se mostraba escaso de sus ondas; 1475
antes con aguas hondas que engendraba,
los bajos igualaba y al liviano
barco daba de mano, el cual, volando,
atrás iba dejando muros, torres.
Con tanta priesa corres, navecilla, 1480
que llegas do amancilla una doncella,
y once mil más con ella, y mancha el suelo
de sangre, que en el cielo está esmaltada:[185]
Úrsula, desposada y virgen pura,
mostraba su figura, en una pieza 1485
pintada su cabeza. Allí se vía
que los ojos volvía ya espirando;
y estábate mirando aquel tirano[186]
que con acerba mano llevó a hecho
de tierno en tierno pecho tu compaña. 1490
Por la fiera Alemaña de aquí parte
el Duque, a aquella parte enderezado
donde el cristiano estado estaba en dubio.[187]
En fin al gran Danubio se encomienda;
por él suelta la rienda a su navío,[188] 1495
que con poco desvío de la tierra,
entre una y otra sierra el agua hiende.
El remo, que deciende en fuerza suma,
mueve la blanca espuma como argento.
El veloz movimiento parecía 1500
que pintado se vía ante los ojos.
Con amorosos ojos adelante
Carlo, César triunfante, le abrazaba
cuando desembarcaba en Ratisbona.[189]
Allí por la corona del imperio 1505
estaba el magisterio de la tierra
convocado a la guerra que esperaban.
Todos ellos estaban enclavando
los ojos en Fernando, y en el punto
que así le vieron junto, se prometen 1510
de cuanto allí acometen la vitoria.
Con falsa y vana gloria y arrogancia,
con bárbara jatancia allí se vía
a los fines de Hungría el campo puesto
de aquel que fue molesto en tanto grado 1515
al húngaro cuitado y afligido;[190]
las armas y el vestido a su costumbre,
era la muchedumbre tan estraña,
que apenas la campaña la abrazaba,
ni a dar pasto bastaba, ni agua el río. 1520
César con celo pío y con valiente
ánimo aquella gente despreciaba;
la suya convocaba, y en un punto
vieras un campo junto de naciones
diversas y razones, mas de un celo.[191] 1525
No ocupaban el suelo en tanto grado
con número sobrado y infinito
como el campo maldito; mas mostraban
virtud, con que sobraban su contrario,[192]
ánimo voluntario, industria y maña; 1530
con generosa saña y viva fuerza
Fernando los esfuerza y los recoge,
y a sueldo suyo coge muchos dellos.
De un arte usaba entre ellos admirable;
con el disciplinable alemán fiero 1535
a su manera y fuero conversaba;
a todos se aplicaba de manera,
que el flamenco dijera que nacido
en Flandes había sido, y el osado
español y sobrado, imaginando[193] 1540
ser suyo don Fernando y de su suelo,
demanda sin recelo la batalla.
Quien más cerca se halla del gran hombre
piensa que crece el nombre por su mano.
El cauto italiano nota y mira,[194] 1545
los ojos nunca tira del guerrero,[195]
y aquel valor primero de su gente[196]
junto en este y presente considera.
En él ve la manera misma y maña
del que pasó en España sin tardanza, 1550
siendo solo esperanza de su tierra,
y acabó aquella guerra peligrosa
con mano poderosa y con estrago
de la fiera Cartago y de su muro,
y del terrible y duro su caudillo, 1555
cuyo agudo cuchillo a las gargantas
Italia tuvo tantas veces puesto.[197]
Mostrábase tras esto allí esculpida
la envidia carcomida, así molesta;[198]
contra Fernando puesta frente a frente, 1560
la desvalida gente convocaba,
y contra aquel la armaba, y con sus artes
busca por todas partes daño y mengua.
Él con su mansa lengua y largas manos
los tumultos livianos asentando, 1565
poco a poco iba alzando tanto el vuelo,
que la envidia en el cielo lo miraba;
y como no bastaba a la conquista,
vencida ya su vista de tal lumbre,
forzaba su costumbre, y parecía 1570
que perdón le pedía, en tierra echada.
Él, después de pisada, descansado
quedaba y aliviado de este enojo;
y lleno del despojo desta fiera,
hallaba en la ribera del gran río, 1575
de noche, al puro frío del sereno,
a César, que en su seno está pensoso,
del suceso dudoso desta guerra;
que, aunque de sí destierra la tristeza,
del caso la grandeza trae consigo 1580
el pensamiento amigo del remedio.[199]
Entrambos buscan medio convenible
para que aquel terrible furor loco
les empeciese poco, y recibiese
tal estrago, que fuese destrozado. 1585
Después de haber hablado, ya cansados,
en la hierba acostados se dormían;
el gran Danubio oían ir sonando,
casi como aprobando aquel consejo.
En esto el claro viejo río se vía 1590
que del agua salía muy callado,
de sauces coronado y de un vestido
de las ovas tejido mal cubierto,
y en aquel sueño incierto les mostraba
todo cuanto tocaba al gran negocio. 1595
Y parecía que el ocio sin provecho
les sacaba del pecho; porque luego,
como si en vivo fuego se quemara
alguna cosa cara, se levantan
del gran sueño y se espantan, alegrando 1600
el ánimo y alzando la esperanza.
El río sin tardanza parecía
que el agua disponía al gran viaje;
allanaba el pasaje y la corriente,
para que fácilmente aquella armada[200] 1605
que había de ser guiada por su mano,
en el remar liviano y dulce viese
cuánto el Danubio fuese favorable.
Con presteza admirable vieras junto
un ejército a punto denodado; 1610
y después de embarcado, el remo lento,
el duro movimiento de los brazos,
los pocos embarazos de las ondas
llevaban por las hondas aguas presta
el armada, molesta al gran tirano.[201] 1615
El artificio humano no hiciera
pintura que esprimiera vivamente,
el armada, la gente, el curso, el agua;
apenas en la fragua, donde sudan
los cíclopes y mudan fatigados[202] 1620
los brazos, ya cansados del martillo,
pudiera así esprimillo el gran maestro.
Quien viera el curso diestro por la clara
corriente, bien jurara a aquellas horas[203]
que las agudas proras dividían 1625
el agua y la hendían con sonido,
y el rastro iba seguido. Luego vieras
al viento las banderas tremolando,
las ondas imitando en el moverse.
Pudiera también verse casi viva 1630
la otra gente esquiva y descreída,
que, de ensoberbecida y arrogante,
pensaban que delante no hallaran
hombres que se pararan, a su furia.
Los nuestros, tal injuria no sufriendo, 1635
remos iban metiendo con tal gana,
que iba de espuma cana el agua llena.
El temor enajena al otro bando;
el sentido, volando de uno en uno,
entrábase importuno por la puerta 1640
de la opinión incierta, y siendo dentro,
en el íntimo centro allá del pecho
les dejaba deshecho un hielo frío,
el cual, como un gran río en flujos gruesos,
por médulas y huesos discurría. 1645
Todo el campo se vía conturbado
y con arrebatado movimiento;
solo del salvamento platicaban.[204]
Luego se levantaban con desorden,
confusos y sin orden caminando, 1650
atrás iban dejando con recelo,
tendida por el suelo, su riqueza.
Las tiendas do pereza y do fornicio,
con todo bruto vicio obrar solían,
sin ellas se partían. Así armadas, 1655
eran desamparadas de sus dueños.
A grandes y pequeños juntamente
era el temor presente por testigo,
y el áspero enemigo a las espaldas,
que les iba las faldas ya mordiendo. 1660
César estar teniendo allí se vía
a Fernando, que ardía sin tardanza
por colorar su lanza en turca sangre.
Con animosa hambre y con denuedo
forcejea con quien quedo estar le manda. 1665
Como lebrel de Irlanda generoso
que el jabalí cerdoso y fiero mira,
rebátese, sospira, fuerza y riñe,
y apenas le constriñe el atadura,
que el dueño con cordura más aprieta;[205] 1670
así estaba perfeta y bien labrada
la imagen figurada de Fernando,
que quien allí mirándola estuviera,
que era desta manera bien juzgara.
Resplandeciente y clara de su gloria 1675
pintada la vitoria se mostraba;
a César abrazaba, y no parando,
los brazos a Fernando echaba al cuello.
Él mostraba de aquello sentimiento,
por ser el vencimiento tan holgado. 1680
Estaba figurado un carro estraño
con el despojo y daño de la gente
bárbara, y juntamente allí pintados
cautivos amarrados a las ruedas,
con hábitos y sedas variadas; 1685
lanzas rotas, celadas y banderas,
armaduras ligeras de los brazos,
escudos en pedazos divididos,
vieras allí cogidos en trofeo,
con que el común deseo y voluntades 1690
de tierras y ciudades se alegraba.
Tras esto blanqueaba falda y seno
con velas al Tirreno de la armada
sublime y ensalzada y gloriosa.
Con la prora espumosa las galeras, 1695
como nadantes fieras, el mar cortan,
hasta que en fin aportan con corona
de lauro a Barcelona, do cumplidos[206]
los votos ofrecidos y deseos,
y los grandes trofeos ya repuestos, 1700
con movimientos prestos de allí luego,
en amoroso fuego todo ardiendo,
el Duque iba corriendo, y no paraba.
Cataluña pasaba, atrás la deja;
ya de Aragón se aleja, y en Castilla, 1705
sin bajar de la silla, los pies pone.
El corazón dispone a la alegría
que vecina tenía, y reserena
su rostro, y enajena de sus ojos
muerte, daños, enojos, sangre y guerra. 1710
Con solo amor se encierra sin respeto,
y el amoroso afeto y celo ardiente
figurado y presente está en la cara;
y la consorte cara, presurosa,
de un tal placer dudosa, aunque lo vía, 1715
el cuello le ceñía en nudo estrecho,[207]
de aquellos brazos hecho delicados;
de lágrimas preñados relumbraban
los ojos que sobraban al sol claro.
Con su Fernando caro y señor pío 1720
la tierra, el campo, el río, el monte, el llano,
alegres a una mano estaban todos,
mas con diversos modos lo decían.
Los muros parecían de otra altura;
el campo en hermosura de otras flores 1725
pintaba mil colores disconformes;
estaba el mismo Tormes figurado,
en torno rodeado de sus ninfas,
vertiendo claras linfas con instancia,
en mayor abundancia que solía; 1730
del monte se veía el verde seno
de ciervos todo lleno, corzos, gamos,
que de los tiernos ramos van rumiando;
el llano está mostrando su verdura,
tendiendo su llanura así espaciosa, 1735
que a la vida curiosa nada empece,
ni deja en qué tropiece el ojo vago.
Bañados en un lago, no de olvido,
mas de un embebecido gozo, estaban
cuantos consideraban la presencia 1740
deste, cuya ecelencia el mundo canta,
cuyo valor quebranta al turco fiero.
Aquesto vio Severo por sus ojos,
y no fueron antojos ni ficiones;
si oyeras sus razones, yo te digo 1745
que como a buen testigo lo creyeras.
Contaba muy de veras que, mirando
atento y contemplando las pinturas,
hallaba en las figuras tal destreza,
que con mayor viveza no pudieran 1750
estar si ser les dieran vivo y puro.
Lo que dellas escuro allí hallaba,
y el ojo no bastaba a recogello,
el río le daba dello gran noticia.
--Este de la milicia --dijo el río-- 1755
la cumbre y señorío tendrá solo
del uno al otro polo, y porque espantes
a todos cuantos cantes los famosos
hechos tan gloriosos, tan ilustres,[208]
sabe que en cinco lustres de sus años[209] 1760
hará tantos engaños a la muerte,
que con ánimo fuerte habrá pasado
por cuanto aquí pintado della has visto.
Ya todo lo has previsto, vamos fuera,
dejarte he en la ribera do estar sueles. 1765
--Quiero que me reveles tú primero,
--le replicó Severo--, qué es aquello,
que de mirar en ello se me ofusca
la vista; así corusca y resplandece,[210]
y tan claro parece allí en la urna, 1770
como en hora noturna la cometa.
--Amigo, no se meta --dijo el viejo--
ninguno, le aconsejo, en este suelo
en saber más que el cielo le otorgare;
y si no te mostrare lo que pides, 1775
tú mismo me lo impides, porque en tanto
que el mortal velo y manto el alma cubren,
mil cosas se te encubren, que no bastan
tus ojos, que contrastan, a mirallas.
No pude yo pintallas con menores 1780
luces y resplandores, porque sabe,
y aquesto en ti bien cabe, que esto todo
que en ecesivo modo resplandece
tanto, que no parece ni se muestra,
es lo que aquella diestra mano osada 1785
y virtud sublimada de Fernando
acabarán entrando más los días.
Lo cual, con lo que vías comparado,
es como con nublado muy escuro
el sol ardiente, puro, relumbrante. 1790
Tu vista no es bastante a tanta lumbre,
hasta que la costumbre de miralla
tu ver al contemplalla no confunda.
Como en cárcel profunda el encerrado,
que, súbito sacado, le atormenta 1795
el sol que se presenta a sus tinieblas;
así tú, que las nieblas y hondura,
metido en estrechura, contemplabas
que era cuanto mirabas otra gente,
viendo tan diferente suerte de hombre, 1800
no es mucho que te asombre luz tamaña;
pero vete, que baña el sol hermoso
su carro presuroso ya en las ondas,
y antes que me respondas será puesto.--
Diciendo así, con gesto muy humano 1805
tomole por la mano. ¡Oh admirable
caso, y, cierto, espantable! Que en saliendo,
se fueron estriñendo de una parte
y de otra de tal arte aquellas ondas,
que las aguas, que hondas ser solían, 1810
el suelo descubrían, y dejaban
seca por do pasaban la carrera,
hasta que en la ribera se hallaron;
y como se pararon en un alto,
el viejo de allí un salto dio con brío, 1815
y levantó del río espuma al cielo,
y comovió del suelo negra arena.
Severo, ya de ajena ciencia instruto,
fuese a coger el fruto sin tardanza
de futura esperanza; y escribiendo, 1820
las cosas fue esprimiendo muy conformes
a las que había de Tormes aprendido;
y aunque de mi sentido él bien juzgase
que no las alcanzase, no por eso
este largo proceso sin pereza 1825
dejó, por su nobleza, de mostrarme.
Yo no podía hartarme allí leyendo,
y tú de estarme oyendo estás cansado.
SALICIO
Espantado me tienes
con tan estraño cuento, 1830
y al son de tu hablar embebecido;
acá dentro me siento,
oyendo tantos bienes
y el valor deste príncipe escogido,
bullir con el sentido 1835
y arder con el deseo,
por contemplar presente
a aquel que, estando ausente,
por tu divina relación ya veo.
¡Quién viese la escritura, 1840
ya que no puede verse la pintura!
Por firme y verdadero,
después que te he escuchado,
tengo que ha de sanar Albanio cierto;
que, según me has contado, 1845
bastará a tu Severo
a dar salud a un vivo y vida a un muerto;
que a quien fue descubierto
un tamaño secreto,
razón es que se crea 1850
que, cualquiera que sea,
alcanzará con su saber perfeto,
y a las enfermedades
aplicará contrarias calidades.
NEMOROSO
Pues ¿en qué te resumes, di, Salicio, 1855
acerca deste enfermo compañero?
SALICIO
En que hagamos el debido oficio.
Luego de aquí partamos, y primero
que haga curso el mal y se envejesca,
así le presentemos a Severo. 1860
NEMOROSO
Yo soy contento, y antes que amanesca
y que del sol el claro rayo ardiente
sobre las altas cumbres se paresca,
el compañero mísero y doliente
llevemos luego donde cierto entiendo 1865
que será guarecido fácilmente.
SALICIO
Recoge tu ganado, que cayendo
ya de los altos montes las mayores
sombras, con ligereza van corriendo.
Mira en torno, y verás por los alcores 1870
salir el humo de las caserías
de aquestos comarcanos labradores.[211]
Recoge tus ovejas y las mías,
y vete ya con ellas poco a poco
por aquel mismo valle que solías. 1875
Yo solo me avendré con nuestro loco,
que pues él hasta aquí no se ha movido,
la braveza y furor debe ser poco.
NEMOROSO
Si llegas antes, no te estés dormido;
apareja la cena, que sospecho 1880
que aún fuego Galafrón no habrá encendido.
SALICIO
Yo lo haré, que al hato iré derecho,
si no me lleva a despeñar consigo
de algún barranco Albanio a mi despecho.
Adiós, hermano.
NEMOROSO
Adiós, Salicio amigo. 1885
ÉGLOGA III
Aquella voluntad honesta y pura,[212]
ilustre y hermosísima María,
que en mí de celebrar tu hermosura,
tu ingenio y tu valor estar solía,
a despecho y pesar de la ventura 5
que por otro camino me desvía,
está y estará en mí tanto clavada,
cuanto del cuerpo el alma acompañada.[213]
Y aun no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida; 10
mas con la lengua muerta y fría en la boca[214]
pienso mover la voz a ti debida.
Libre mi alma de su estrecha roca,
por el Estigio lago conducida,
celebrándote irá, y aquel sonido 15
hará parar las aguas del olvido.
Mas la fortuna, de mi mal no harta,
me aflige y de un trabajo en otro lleva;
ya de la patria, ya del bien me aparta,
ya mi paciencia en mil maneras prueba; 20
y lo que siento más, es que la carta,[215]
donde mi pluma en tu alabanza mueva,
poniendo en su lugar cuidados vanos,
me quita y me arrebata de las manos.
Pero, por más que en mí su fuerza pruebe, 25
no tornará mi corazón mudable;
nunca dirán jamás que me remueve
fortuna de un estudio tan loable.
Apolo y las hermanas, todas nueve,
me darán ocio y lengua con que hable 30
lo menos de lo que en tu ser cupiere,
que esto será lo más que yo pudiere.[216]
En tanto no te ofenda ni te harte
tratar del campo y soledad que amaste,
ni desdeñes aquesta inculta parte 35
de mi estilo, que en algo ya estimaste.
Entre las armas del sangriento Marte,
do apenas hay quien su furor contraste,
hurté de el tiempo aquesta breve suma,
tomando, ora la espada, ora la pluma.[217] 40
Aplica, pues, un rato los sentidos
al bajo son de mi zampoña ruda,
indina de llegar a tus oídos,
pues de ornamento y gracia va desnuda;
mas a las veces son mejor oídos 45
el puro ingenio y lengua casi muda,
testigos limpios de ánimo inocente,
que la curiosidad del elocuente.
Por aquesta razón de ti escuchado,
aunque me falten otras, ser meresco. 50
Lo que puedo te doy, y lo que he dado,
con recibillo tú yo me enriquesco.
De cuatro ninfas que del Tajo amado
salieron juntas, a cantar me ofresco,
Filódoce, Dinámene y Crimene, 55
Nise, que en hermosura par no tiene.
Cerca del Tajo en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura,
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta el altura, 60
y así la teje arriba y encadena,
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado, con sonido
alegrando la vista y el oído.
Con tanta mansedumbre el cristalino 65
Tajo en aquella parte caminaba,
que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.
Peinando sus cabellos de oro fino,
una ninfa, del agua, do moraba, 70
la cabeza sacó, y el prado ameno
vido de flores y de sombra lleno.
Moviola el sitio umbroso, el manso viento,
el suave olor de aquel florido suelo.
Las aves en el fresco apartamiento 75
vio descansar del trabajoso vuelo.
Secaba entonces el terreno aliento
el sol subido en la mitad del cielo.
En el silencio solo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba. 80
Habiendo contemplado una gran pieza
atentamente aquel lugar sombrío,
somorgujó de nuevo su cabeza,[218]
y al fondo se dejó calar del río.[219]
A sus hermanas a contar empieza 85
del verde sitio el agradable frío,
y que vayan les ruega y amonesta
allí con su labor a estar la siesta.
No perdió en esto mucho tiempo el ruego,
que las tres dellas su labor tomaron, 90
y en mirando de fuera, vieron luego
el prado, hacia el cual enderezaron.
El agua clara con lacivo juego[220]
nadando dividieron y cortaron,[221]
hasta que el blanco pie tocó mojado, 95
saliendo de la arena, el verde prado.
Poniendo ya en lo enjuto las pisadas,[222]
escurrieron del agua sus cabellos,
los cuales esparciendo, cubijadas
las hermosas espaldas fueron dellos. 100
Luego sacando telas delicadas,
que en delgadeza competían con ellos,[223]
en lo más escondido se metieron,
y a su labor atentas se pusieron.
Las telas eran hechas y tejidas 105
del oro que el felice Tajo envía,
apurado, después de bien cernidas
las menudas arenas do se cría.[224]
Y de las verdes hojas reducidas
en estambre sutil, cual convenía 110
para seguir el delicado estilo
del oro ya tirado en rico hilo.
La delicada estambre era distinta
de las colores que antes le habían dado
con la fineza de la varia tinta 115
que se halla en las conchas del pescado.
Tanto artificio muestra en lo que pinta
y teje cada ninfa en su labrado,
cuanto mostraron en sus tablas antes
el celebrado Apeles y Timantes. 120
Filódoce, que así de aquellas era
llamada la mayor, con diestra mano
tenía figurada la ribera
de Estrimón, de una parte el verde llano,
y de otra el monte de aspereza fiera, 125
pisado tarde o nunca de pie humano,
donde el amor movió con tanta gracia
la dolorosa lengua del de Tracia.[225]
Estaba figurada la hermosa
Eurídice, en el blanco pie mordida[226] 130
de la pequeña sierpe ponzoñosa,[227]
entre la hierba y flores escondida;
descolorida estaba como rosa
que ha sido fuera de sazón cogida,
y el ánima, los ojos ya volviendo, 135
de su hermosa carne despidiendo.
Figurado se vía estensamente
el osado marido que bajaba
al triste reino de la escura gente,
y la mujer perdida recobraba; 140
y cómo después desto él, impaciente
por miralla de nuevo, la tornaba
a perder otra vez, y del tirano
se queja al monte solitario en vano.[228]
Dinámene no menos artificio 145
mostraba en la labor que había tejido,
pintando a Apolo en el robusto oficio
de la silvestre caza embebecido.
Mudar luego le hace el ejercicio
la vengativa mano de Cupido, 150
que hizo a Apolo consumirse en lloro
después que le enclavó con punta de oro.[229]
Dafne con el cabello suelto al viento,[230]
sin perdonar al blanco pie, corría
por áspero camino tan sin tiento, 155
que Apolo en la pintura parecía
que, porque ella templase el movimiento,
con menos ligereza la seguía.
Él va siguiendo, y ella huye como
quien siente al pecho el odioso plomo.[231] 160
Mas a la fin los brazos le crecían,
y en sendos ramos vueltos se mostraban,
y los cabellos, que vencer solían
al oro fino, en hojas se tornaban;
en torcidas raíces se estendían 165
los blancos pies, y en tierra se hincaban.
Llora el amante, y busca el ser primero,
besando y abrazando aquel madero.
Climene, llena de destreza y maña,
el oro y las colores matizando, 170
iba de hayas una gran montaña
de robles y de peñas variando.
Un puerco entre ellas, de braveza estraña,
estaba los colmillos aguzando
contra un mozo, no menos animoso, 175
con su venablo en mano, que hermoso.[232]
Tras esto, el puerco allí se vía herido
de aquel mancebo por su mal valiente,
y el mozo en tierra estaba ya tendido,
abierto el pecho del rabioso diente; 180
con el cabello de oro desparcido
barriendo el suelo miserablemente,
las rosas blancas por allí sembradas
tornaba con su sangre coloradas.
Adonis este se mostraba que era, 185
según se muestra Venus dolorida,
que viendo la herida abierta y fiera,
estaba sobre él casi amortecida.
Boca con boca coge la postrera[233]
parte del aire que solía dar vida 190
al cuerpo, por quien ella en este suelo
aborrecido tuvo al alto cielo.
La blanca Nise no tomó a destajo
de los pasados casos la memoria,
y en la labor de su sutil trabajo 195
no quiso entretejer antigua historia;
antes mostrando de su claro Tajo
en su labor la celebrada gloria,
lo figuró en la parte donde él baña
la más felice tierra de la España.[234] 200
Pintado el caudaloso río se vía,
que, en áspera estrecheza reducido,
un monte casi al rededor teñía,
con ímpetu corriendo y con ruído;
querer cercallo todo parecía[235] 205
en su volver; mas era afán perdido;
dejábase correr, en fin, derecho,[236]
contento de lo mucho que había hecho.
Estaba puesta en la sublime cumbre
del monte, y desde allí por él sembrada, 210
aquella ilustre y clara pesadumbre,
de antiguos edificios adornada.
De allí con agradable mansedumbre
el Tajo va siguiendo su jornada,
y regando los campos y arboledas 215
con artificio de las altas ruedas.[237]
En la hermosa tela se veían
entretejidas las silvestres diosas
salir de la espesura, y que venían
todas a la ribera presurosas, 220
en el semblante tristes, y traían
cestillos blancos de purpúreas rosas,
las cuales esparciendo, derramaban
sobre una ninfa muerta que lloraban.[238]
Todas con el cabello desparcido[239] 225
lloraban una ninfa delicada,[240]
cuya vida mostraba que había sido
antes de tiempo y casi en flor cortada.[241]
Cerca del agua, en un lugar florido,
estaba entre la hierba degollada,[242] 230
cual queda el blanco cisne cuando pierde
la dulce vida entre la hierba verde.
Una de aquellas diosas, que en belleza,
al parecer, a todas ecedía,
mostrando en el semblante la tristeza 235
que del funesto y triste caso había,
apartada algún tanto, en la corteza
de un álamo unas letras escribía,
como epitafio de la ninfa bella,
que hablaban así por parte della: 240
«Elisa soy, en cuyo nombre suena
y se lamenta el monte cavernoso,
testigo del dolor y grave pena
en que por mí se aflige Nemoroso,
y llama Elisa; Elisa a boca llena 245
responde el Tajo, y lleva presuroso
al mar de Lusitania el nombre mío,[243]
donde será escuchado, yo lo fío.»
En fin, en esta tela artificiosa
toda la historia estaba figurada, 250
que en aquella ribera deleitosa
de Nemoroso fue tan celebrada;
porque de todo aquesto y cada cosa
estaba Nise ya tan informada,
que llorando el pastor, mil veces ella 255
se enterneció escuchando su querella.
Y porque aqueste lamentable cuento,
no solo entre las selvas se contase,
mas, dentro de las ondas, sentimiento
con la noticia de esto se mostrase, 260
quiso que de su tela el argumento
la bella ninfa muerta señalase,
y así se publicase de uno en uno
por el húmido reino de Netuno.
Destas historias tales variadas 265
eran las telas de las cuatro hermanas,
las cuales, con colores matizadas
y claras luces de las sombras vanas,
mostraban a los ojos relevadas
las cosas y figuras que eran llanas; 270
tanto que, al parecer, el cuerpo vano
pudiera ser tomado con la mano.[244]
Los rayos ya del sol se trastornaban,[245]
escondiendo su luz, al mundo cara,
tras altos montes, y a la luna daban 275
lugar para mostrar su blanca cara;
los peces a menudo ya saltaban,
con la cola azotando el agua clara,
cuando las ninfas, la labor dejando,
hacia el agua se fueron paseando. 280
En las templadas ondas ya metidos
tenían los pies, y reclinar querían
los blancos cuerpos, cuando sus oídos
fueron de dos zampoñas que tañían
suave y dulcemente, detenidos; 285
tanto, que sin mudarse las oían,
y al son de las zampoñas escuchaban
dos pastores, a veces, que cantaban.
Más claro cada vez el son se oía
de dos pastores, que venían cantando 290
tras el ganado, que también venía
por aquel verde soto caminando,
y a la majada, ya pasado el día,
recogido llevaban, alegrando
las verdes selvas con el son suave, 295
haciendo su trabajo menos grave.
Tirreno destos dos el uno era,
Alcino el otro, entrambos estimados,
y sobre cuantos pacen la ribera
del Tajo, con sus vacas, enseñados; 300
mancebos de una edad, de una manera
a cantar juntamente aparejados,
y a responder. Aquesto van diciendo,
cantando el uno, el otro respondiendo.
TIRRENO
Flérida, para mí dulce y sabrosa 305
más que la fruta del cercado ajeno,[246]
más blanca que la leche y más hermosa
que el prado por abril, de flores lleno;
si tú respondes pura y amorosa
al verdadero amor de tu Tirreno, 310
a mi majada arribarás, primero
que el cielo nos amuestre su lucero.
ALCINO
Hermosa Filis, siempre yo te sea
amargo al gusto más que la retama,
y de ti despojado yo me vea, 315
cual queda el tronco de su verde rama,
si más que yo el murciélago desea
la escuridad, ni más la luz desama,
por ver ya el fin de un término tamaño
deste día, para mí mayor que un año. 320
TIRRENO
Cual suele acompañada de su bando
aparecer la dulce primavera,
cuando Favonio y Céfiro soplando,[247]
al campo toman su beldad primera,
y van artificiosos esmaltando 325
de rojo, azul y blanco la ribera;
en tal manera a mí, Flérida mía,
viniendo, reverdece mi alegría.
ALCINO
¿Ves el furor del animoso viento,
embravecido en la fragosa sierra, 330
que los antiguos robles ciento a ciento
y los pinos altísimos atierra,
y de tanto destrozo aún no contento,
al espantoso mar mueve la guerra?
Pequeña es esta furia, comparada 335
a la de Filis, con Alcino airada.
TIRRENO
El blanco trigo multiplica y crece,
produce el campo en abundancia tierno
pasto al ganado, el verde monte ofrece
a las fieras salvajes su gobierno; 340
adoquiera que miro me parece
que derrama la copia todo el cuerno;[248]
mas todo se convertirá en abrojos
si dello aparta Flérida sus ojos.
ALCINO
De la esterilidad es oprimido 345
el monte, el campo, el soto y el ganado;
la malicia del aire corrompido
hace morir la hierba mal su grado;[249]
las aves ven su descubierto nido,
que ya de verdes hojas fue cercado; 350
pero si Filis por aquí tornare,
hará reverdecer cuanto mirare.
TIRRENO
El álamo de Alcides escogido
fue siempre, y el laurel del rojo Apolo;
de la hermosa Venus fue tenido 355
en precio y en estima el mirto solo;
el verde sauz de Flérida es querido,
y por suyo entre todos escogiolo;[250]
doquiera que de hoy más sauces se hallen,
el álamo, el laurel y el mirto callen. 360
ALCINO
El fresno por la selva en hermosura
sabemos ya que sobre todos vaya,
y en aspereza y monte de espesura
se aventaja la verde y alta haya;
mas el que la beldad de tu figura 365
dondequiera mirado, Filis, haya,
al fresno y a la haya en su aspereza
confesará que vence tu belleza.--
Esto cantó Tirreno, y esto Alcino
le respondió; y habiendo ya acabado 370
el dulce son, siguieron su camino
con paso un poco más apresurado.
Siendo a las ninfas ya el rumor vecino,
todas juntas se arrojan por el vado,
y de la blanca espuma que movieron 375
las cristalinas hondas se cubrieron.
ELEGÍA PRIMERA