y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,
a doquiera que estáis, estad conmigo.
Ya te conté el estado tan dichoso
a do me puso amor, si en él yo firme 420
pudiera sostenerme con reposo;
mas, como de callar y de encubrirme
de aquella por quien vivo me encendía,[108]
llegué ya casi al punto de morirme,
mil veces ella preguntó qué había, 425
y me rogó que el mal le descubriese,
que mi rostro y color lo descubría.
Mas no acabó con cuanto me dijese,
que de mí a su pregunta otra respuesta
que un sospiro con lágrimas hubiese. 430
Aconteció que en una ardiente siesta,
viniendo de la caza fatigados,
en el mejor lugar desta floresta,
que es este donde estamos asentados,
a la sombra de un árbol aflojamos 435
las cuerdas a los arcos trabajados.
En aquel prado allí nos reclinamos,
y del céfiro fresco recogiendo
el agradable espirtu, respiramos.
Las flores, a los ojos ofreciendo 440
diversidad estraña de pintura,
diversamente así estaban oliendo.
Y en medio aquesta fuente clara y pura,
que como de cristal resplandecía,
mostrando abiertamente su hondura, 445
el arena, que de oro parecía,
de blancas pedrezuelas variada,
por do manaba el agua, se bullía.
En derredor ni sola una pisada
de fiera o de pastor o de ganado 450
a la sazón estaba señalada.
Después que con el agua resfriado
hubimos el calor, y juntamente
la sed de todo punto mitigado,
ella, que con cuidado diligente 455
a conocer mi mal tenía el intento,
y a escudriñar el ánimo doliente,
con nuevo ruego y firme juramento
me conjuró y rogó que le contase
la causa de mi grave pensamiento; 460
y si era amor, que no me recelase
de hacelle mi caso manifiesto,
y demostralle aquella que yo amase,
que me juraba que también en esto
el verdadero amor que me tenía 465
con pura voluntad estaba presto.
Yo, que tanto callar ya no podía,
y claro descubrir menos osaba
lo que en el alma triste se sentía,
le dije que en aquella fuente clara 470
vería de aquella que yo tanto amaba
abiertamente la hermosa cara.
Ella, que ver aquesta deseaba,
con menos diligencia discurriendo
de aquella con que el paso apresuraba, 475
a la pura fontana fue corriendo,
y en viendo el agua, toda fue alterada,
en ella su figura sola viendo.[109]
Y no de otra manera, arrebatada,
del agua rehuyó, que si estuviera 480
de la rabiosa enfermedad tocada.
Y sin mirarme, desdeñosa y fiera,
no sé qué allá entre dientes murmurando,
me dejó aquí, y aquí quiere que muera.
Quedé yo triste y solo allí, culpando 485
mi temerario osar, mi desvarío,
la pérdida del bien considerando.
Creció de tal manera el dolor mío,
y de mi loco error el desconsuelo,
que hice de mis lágrimas un río. 490
Fijos los ojos en el alto cielo,
estuve boca arriba una gran pieza
tendido, sin mudarme en este suelo.[110]
Y como de un dolor otro se empieza,[111]
el largo llanto, el desvanecimiento, 495
el vano imaginar de la cabeza,
de mi gran culpa aquel remordimiento,
verme del todo al fin sin esperanza,
me trastornaron casi el sentimiento.
Cómo deste lugar hice mudanza 500
no sé, ni quién de aquí me condujese
al triste albergo y a mi pobre estanza.
Sé que tornando en mí, como estuviese
sin comer y dormir bien cuatro días,
y sin que el cuerpo de un lugar moviese, 505
las ya desamparadas vacas mías
por otro tanto tiempo no gustaron
las verdes hierbas ni las aguas frías.
Los pequeños hijuelos, que hallaron
las tetas secas ya de las hambrientas 510
madres, bramando al cielo se quejaron.
Las selvas, a su voz también atentas,
bramando pareció que respondían,
condolidas del daño y descontentas.
Aquestas cosas nada me movían, 515
antes con mi llorar hacía espantados
todos cuantos a verme allí venían.
Vinieron los pastores de ganados,
vinieron de los sotos los vaqueros,
para ser de mi mal de mí informados. 520
Y todos con los gestos lastimeros
me preguntaban cuáles habían sido
los acidentes de mi mal primeros.
A los cuales, en tierra yo tendido,
ninguna otra respuesta dar sabía, 525
rompiendo con sollozos mi gemido,
sino de rato en rato les decía:
«Vosotros, los de Tajo en su ribera,
cantaréis la mi muerte cada día.[112]
»Este descanso llevaré aunque muera, 530
que cada día cantaréis mi muerte
vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113]
La quinta noche, en fin, mi cruda suerte,
queriéndome llevar do se rompiese
aquesta tela de la vida fuerte, 535
hizo que de mi choza me saliese
por el silencio de la noche escura
a buscar un lugar donde muriese.
Y caminando por do mi ventura
y mis enfermos pies me condujeron, 540
llegué a un barranco de muy gran altura.
Luego mis ojos lo reconocieron,
que pende sobre el agua, y su cimiento
las ondas poco a poco le comieron.
Al pie de un olmo hice allí mi asiento, 545
y acordeme que ya con ella estuve
pasando allí la siesta al fresco viento.
En aquesta memoria me detuve,
como si aquesta fuera medicina
de mi furor y cuanto mal sostuve. 550
Denunciaba el aurora ya vecina
la venida del sol resplandeciente,
a quien la tierra, a quien la mar se inclina.
Entonces, como cuando el cisne siente
el ansia postrimera que le aqueja, 555
y tienta el cuerpo mísero y doliente,
con triste y lamentable son se queja,
y se despide con funesto canto
del espirtu vital que dél se aleja;[114]
así, aquejado yo de dolor tanto, 560
que el alma abandonaba ya la humana
carne, solté la rienda al triste llanto.
«¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana,
y más sorda a mis quejas que el ruído
embravecido de la mar insana! 565
»Heme entregado, heme aquí rendido,
he aquí vences; toma los despojos
de un cuerpo miserable y afligido.
»Yo pondré fin del todo a tus enojos,
ya no te ofenderá mi rostro triste, 570
mi temerosa voz y húmidos ojos.
»Quizá tú, que en mi vida no moviste
el paso a consolarme en tal estado,
ni tu dureza cruda enterneciste,
»viendo mi cuerpo aquí desamparado, 575
vendrás a arrepentirte y lastimarte;
mas tu socorro tarde habrá llegado.
»¿Cómo pudiste tan presto olvidarte
de aquel tan luengo amor, y de sus ciegos
nudos en sola un hora desligarte? 580
»¿No se te acuerda de los dulces juegos
ya de nuestra niñez, que fueron leña
destos dañosos y encendidos fuegos,
»cuando la encina desta espesa breña
de sus bellotas dulces despojaba, 585
que íbamos a comer sobre esta peña?
»¿Quién las castañas tiernas derrocaba
del árbol al subir dificultoso?
¿Quién en su limpia falda las llevaba?
»¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso 590
metí jamás el pie, que dél no fuese
cargado a ti de flores y oloroso?
»Jurábasme, si ausente yo estuviese,
que ni el agua sabor, ni olor la rosa,
ni el prado hierba para ti tuviese. 595
»¿A quién me quejo, que no escucha cosa
de cuantas digo, quien debría escucharme?
Eco sola me muestra ser piadosa;
»respondiéndome prueba conhortarme,[115]
como quien probó mal tan importuno;[116] 600
mas no quiere mostrarse y consolarme.[117]
»¡Oh dioses! si allá juntos de consuno
de los amantes el cuidado os toca;
¡oh tú solo! si toca a solo uno,
»recebid las palabras que la boca 605
echa con la doliente ánima fuera,
antes que el cuerpo torne en tierra poca.
»¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118]
corriente moradoras! ¡Oh napeas,
guarda del verde bosque verdadera![119] 610
»Alce una de vosotras, blancas deas,
del agua su cabeza rubia un poco,
así, ninfa, jamás en tal se vea.
»Podré decir que con mis quejas toco
las divinas orejas, no pudiendo[120] 615
las humanas tocar, cuerdo ni loco.
»¡Oh hermosas oréades, que teniendo
el gobierno de selvas y montañas,
a caza andáis por ellas discurriendo!
»Dejad de perseguir las alimañas; 620
venid a ver un hombre perseguido,
a quien ni valen fuerzas ya ni mañas.
»¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]
dulces y graciosísimas doncellas,
que a la tarde salís de lo escondido, 625
»con los cabellos rubios, que las bellas
espaldas dejan de oro cobijadas,
parad mientes un rato a mis querellas!
»Y si con mi ventura conjuradas
no estáis, haced que sean las ocasiones 630
de mi muerte aquí siempre celebradas.
»¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones
destas fieras cavernas escondidos,
estáis oyendo agora mis razones!
»Quedaos adiós, que ya vuestros oídos 635
de mi zampoña fueron halagados,
y alguna vez de amor enternecidos.
»Adiós, montañas; adiós, verdes prados;
adiós, corrientes ríos espumosos;
vivid sin mí con siglos prolongados; 640
»y mientras en el curso presurosos
iréis al mar a dalle su tributo,
corriendo por los valles pedregosos,
»haced que aquí se muestre triste luto
por quien, viviendo alegre, os alegraba 645
con agradable son y viso enjuto.[122]
»Por quien aquí sus vacas abrevaba,
por quien, ramos de lauro entretejiendo,
aquí sus fuertes toros coronaba.»
Estas palabras tales en diciendo, 650
en pie me alcé por dar ya fin al duro
dolor que en vida estaba padeciendo.
Y por el paso en que me ves te juro[123]
que ya me iba a arrojar de do te cuento,
con paso largo y corazón seguro,[124] 655
cuando una fuerza súbita de viento
vino con tal furor, que de una sierra
pudiera remover el firme asiento.
De espaldas, como atónito, en la tierra
desde ha gran rato me hallé tendido;[125] 660
que así se halla siempre aquel que yerra.[126]
Con más sano discurso en mi sentido,
comencé de culpar el presupuesto[127]
y temerario error que había seguido,
en querer dar con triste muerte al resto 665
de aquesta breve vida fin amargo,
no siendo por los hados aún dispuesto.
De allí me fui con corazón más largo
para esperar la muerte, cuando venga
a relevarme deste grave cargo. 670
Bien has ya visto cuánto me convenga,
que pues buscalla a mí no se consiente,
ella en buscarme a mí no se detenga.
Contado te he la causa, el acidente,
el daño y el proceso todo entero; 675
cúmpleme tu promesa prestamente.
Y si mi amigo cierto y verdadero
eres, como yo pienso, vete agora;
no estorbes un dolor acerbo y fiero
al afligido y triste cuando llora. 680
SALICIO
Tratara de una parte
que agora solo siento,
si no pensaras que era dar consuelo.
Quisiera preguntarte
cómo tu pensamiento 685
se derribó tan presto en ese suelo,
o se cubrió de un velo,
para que no mirase
que quien tan luengamente
amó, no se consiente 690
que tan presto del todo te olvidase.
¿Qué sabes si ella agora
juntamente su mal y el tuyo llora?
ALBANIO
Cese ya el artificio
de la maestra mano; 695
no me hagas pasar tan grave pena.
Harásme tú, Salicio,
ir do nunca pie humano
estampó su pisada en el arena.
Ella está tan ajena 700
de estar desa manera
como tú de pensallo,
aunque quieres mostrallo
con razón aparente a verdadera.
Ejercita aquí el arte 705
a solas, que yo voyme en otra parte.
SALICIO
No es tiempo de curalle,
hasta que menos tema
la cura del maestro y su crueza.
Solo quiero dejalle; 710
que aún está el apostema
intratable, a mi ver, por su dureza.
Quebrante la braveza
del pecho empedernido
con largo y tierno llanto; 715
ireme yo entre tanto
a requerir de un ruiseñor el nido,
que está en un alta encina,
y estará presto en manos de Gravina.[128]
CAMILA
Si desta tierra no he perdido el tino, 720
por aquí el corzo vino que ha traído,
después que fue herido, atrás el viento.
¿Qué recio movimiento en la corrida
lleva, de tal herida lastimado?
En el siniestro lado soterrada 725
la flecha enherbolada va mostrando,
las plumas blanqueando solas fuera.
Y háceme que muera con buscalle.
No pasó deste valle; aquí está cierto,[129]
y por ventura muerto. ¡Quién me diese 730
alguno que siguiese el rastro agora,
mientras la ardiente hora de la siesta
en aquesta floresta yo descanso!
¡Ay viento fresco y manso y amoroso,
almo, dulce, sabroso! Esfuerza, esfuerza 735
tu soplo, y esta fuerza tan caliente
del alto sol ardiente hora quebranta;
que ya la tierna planta del pie mío
anda a buscar el frío desta hierba.
A los hombres reserva tú, Diana, 740
en esta siesta insana tu ejercicio;
por agora tu oficio desamparo,
que me ha costado caro en este día.
¡Ay dulce fuente mía, y de cuán alto
con solo un sobresalto me arrojaste! 745
¿Sabes qué me quitaste, fuente clara?
Los ojos de la cara, que no quiero
menos un compañero que yo amaba;
mas no como él pensaba. Dios ya quiera
que antes Camila muera que padesca 750
culpa por do meresca ser echada
de la selva sagrada de Diana.[130]
¡Oh cuán de mala gana mi memoria
renueva aquesta historia! Mas la culpa
ajena me desculpa; que si fuera 755
yo la causa primera desta ausencia,
yo diera la sentencia en mi contrario.
Él fue muy voluntario y sin respeto.
Mas ¿para qué me meto en esta cuenta?
Quiero vivir contenta y olvidallo, 760
y aquí donde me hallo recrearme.
Aquí quiero acostarme, y en cayendo
la siesta iré siguiendo mi corcillo,
que yo me maravillo ya y me espanto
cómo con tal herida huyó tanto. 765
ALBANIO
Si mi turbada vista no me miente,
paréceme que vi entre rama y rama
una ninfa llegar a aquella fuente.
Quiero llegar allá; quizá, si ella ama,
me dirá alguna cosa con que engañe 770
con algún falso alivio aquesta llama.
Y no se me da nada que desbañe[131]
mi alma, si es contrario lo que creo;
que a quien no espera bien no hay mal que dañe.
¡Oh santos dioses! ¿Qué es esto que veo? 775
¿Es error de fantasma convertida
en forma de mi amor y mi deseo?
Camila es esta que está aquí dormida;
no puede de otra ser su hermosura;
la razón está clara y conocida: 780
una obra sola quiso la natura[132]
hacer como esta, y rompió luego apriesa
la estampa do fue hecha tal figura.[133]
¿Quién podrá luego de su forma espresa
el traslado sacar, si la maestra 785
misma no basta, y ella lo confiesa?
Mas ya que es cierto el bien que a mí se muestra
¿cómo podré llegar a despertalla,
temiendo yo la luz que a ella me adiestra?[134]
¿Si solamente de poder tocalla 790
perdiese el miedo yo? Mas ¿si despierta?...
Si despierta, tenella y no soltalla.
Esta osadía temo que no es cierta.
Mas ¿qué me puede hacer? Quiero llegarme.
En fin, ella está agora como muerta. 795
Cabe ella por lo menos asentarme
bien puedo; mas no ya como solía.
¡Oh mano poderosa de matarme!
¿Viste cuánto tu fuerza en mí podía?
¿Por qué para sanarme no la pruebas? 800
Que tu poder a todo bastaría.
CAMILA
Socórreme, Diana.
ALBANIO
No te muevas,
que no te he de soltar; escucha un poco.
CAMILA
¿Quién me dijera, Albanio, tales nuevas?
Ninfas del verde bosque a vos invoco, 805
a vos pido socorro desta fuerza.
¿Qué es esto, Albanio? Dime si estás loco.
ALBANIO
Locura debe ser la que me fuerza
a querer más que el alma y que la vida
a la que a aborrecerme así se esfuerza. 810
CAMILA
Yo debo ser de ti la aborrecida,
pues me quieres tratar de tal manera,
siendo tuya la culpa conocida.
ALBANIO
¿Yo culpa contra ti? Si la primera
no está por cometer, Camila mía, 815
en tu desgracia y disfavor yo muera.
CAMILA
¿Tú no violaste nuestra compañía,
queriéndola torcer por el camino
que de la vida honesta se desvía?
ALBANIO
¿Cómo de sola un hora el desatino 820
ha de perder mil años de servicio,
si el arrepentimiento tras él vino?
CAMILA
Aqueste es de los hombres el oficio:
tentar el mal, y si es malo el suceso,
pedir con humildad perdón del vicio. 825
ALBANIO
¿Qué tenté yo, Camila?
CAMILA
Bueno es eso.
Esta fuente lo diga, que ha quedado
por un testigo de tu mal proceso.
ALBANIO
Si puede ser mi yerro castigado
con muerte, con deshonra o con tormento, 830
vesme aquí, estoy a todo aparejado.
CAMILA
Suéltame ya la mano, que el aliento
me falta de congoja.
ALBANIO
He muy gran miedo
que te me irás, que corres más que el viento.
CAMILA
No estoy como solía, que no puedo 835
moverme ya, de mal ejercitada.
Suelta, que casi me has quebrado un dedo.
ALBANIO
¿Estarás, si te suelto, sosegada,
mientras con razón clara yo te muestro
que fuiste sin razón de mí enojada? 840
CAMILA
Eres tú de razones gran maestro.
Suelta, que sí estaré.
ALBANIO
Primero jura
por la primera fe del amor nuestro.
CAMILA
Yo juro por la ley sincera y pura
de la amistad pasada, de sentarme, 845
y de escuchar tus quejas muy segura.
¡Cuál me tienes la mano, de apretarme
con esa dura mano, descreído!
ALBANIO
¡Cuál me tienes el alma de dejarme!
CAMILA
Mi prendedero de oro ¡si es perdido!...[135] 850
¡Oh cuitada de mí! Mi prendedero
desde aquel valle aquí se me ha caído.
ALBANIO
Mira no se cayese allá primero,
antes de aqueste al Val de la Hortiga.
CAMILA
Doquier que se perdió, buscallo quiero. 855
ALBANIO
Yo iré a buscado, escusa esa fatiga;
que no puedo sufrir que aquesta arena
abrase el blanco pie de mi enemiga.
CAMILA
Pues que quieres tomar por mí esta pena,
derecho ve primero a aquellas hayas; 860
que allí estuve yo echada un hora buena.
ALBANIO
Ya voy; mas entre tanto no te vayas.
CAMILA
Seguro ve, que antes verás mi muerte
que tú me cobres ni a tus manos hayas.
ALBANIO
¡Ah, ninfa desleal! Y ¿desa suerte 865
se guarda el juramento que me diste?
¡Ah condición de vida dura y fuerte!
¡Oh falso amor, de nuevo me heciste
revivir con un poco de esperanza!
¡Oh modo de matar penoso y triste! 870
¡Oh muerte llena de mortal tardanza!
Podré por ti llamar injusto el cielo,
injusta su medida y su balanza.
Recibe tú, terreno y duro suelo,
este rebelde cuerpo, que detiene 875
del alma el espedido y leve vuelo.
Yo me daré la muerte, y aun si viene
alguno a resistirme... ¿A resistirme?
Él verá que a su vida no conviene.
¿No puedo yo morir, no puedo irme 880
por aquí, por allí, por do quisiere,
desnudo espirtu o carne y hueso firme?
SALICIO
Escucha, que algún mal hacerse quiere,
o cierto tiene trastornado el seso.
ALBANIO
Aquí tuviese yo quien mal me quiere. 885
Descargado me siento de un gran peso;
paréceme que vuelo, despreciando
monte, choza, ganado, leche y queso.
¿No son aquestos pies? Con ellos ando.
Ya caigo en ello, el cuerpo se me ha ido; 890
solo el espirtu es este que hora mando.
¿Hale hurtado alguno o escondido
mientras mirando estaba yo otra cosa?
¿O si quedó por caso allí dormido?
Una figura de color de rosa 895
estaba allí durmiendo; ¿si es aquella
mi cuerpo? No, que aquella es muy hermosa
NEMOROSO
Gentil cabeza; no daría por ella
yo para mi traer solo un cornado.[136]
ALBANIO
¿A quién iré del hurto a dar querella? 900
SALICIO
Estraño ejemplo es ver en qué ha parado
este gentil mancebo, Nemoroso;
¡Y a nosotros que le hemos más tratado,
manso, cuerdo, agradable, virtuoso,
sufrido, conversable, buen amigo, 905
y con un alto ingenio, gran reposo!
ALBANIO
Yo podré poco, o hallaré testigo
de quién hurtó mi cuerpo; aunque esté ausente,
yo lo perseguiré como enemigo.
¿Sabrásme decir dél, mi clara fuente? 910
Dímelo, si lo sabes; así Febo
nunca tus frescas ondas escaliente.
Allá dentro en lo fondo está un mancebo
de laurel coronado, y en la mano
un palo propio, como yo, de acebo. 915
Hola, ¿quién está allá? Responde, hermano.
¡Válgame Dios! O tú eres sordo o mudo,
o enemigo mortal del trato humano.
Espirtu soy, de carne ya desnudo,
que busco el cuerpo mío, que me ha hurtado 920
algún ladrón malvado, injusto y crudo.
Callar que callarás. ¿Hasme escuchado?
¡Oh santo Dios! Mi cuerpo mismo veo,
o yo tengo el sentido trastornado.
¡Oh cuerpo! Hete hallado, y no lo creo; 925
tanto sin ti me hallo descontento.
Pon fin ya a tu destierro y mi deseo.
NEMOROSO
Sospecho que el contino pensamiento
que tuvo de morir antes de agora
le representa aqueste apartamiento. 930
SALICIO
Como del que velando siempre llora,
quedan durmiendo las especies llenas
del dolor que en el alma triste mora.
ALBANIO
Si no estás en cadenas, sal ya fuera
a darme verdadera forma de hombre, 935
que agora solo el nombre me ha quedado.
Y si no estás forzado en ese suelo,
dímelo; que si al cielo que me oyere,
con quejas no moviere y llanto tierno,
convocaré el infierno y reino escuro, 940
y romperé su muro de diamante,
como hizo el amante blandamente[137]
por la consorte ausente, que cantando
estuvo halagando las culebras
de las hermanas negras mal peinadas.[138] 945
NEMOROSO
¡De cuán desvariadas opiniones
saca buenas razones el cuitado!
SALICIO
El curso acostumbrado del ingenio,
aunque le falte el genio que lo mueva,
con la fuga que lleva, corre un poco; 950
y aunque este está hora loco, no por eso
ha de dar al travieso su sentido
en todo, habiendo sido cual tú sabes.
NEMOROSO
No más, no me le alabes, que por cierto,
de vello como muerto estoy llorando. 955
ALBANIO
Estaba contemplando qué tormento
es este apartamiento. A lo que pienso
no nos aparta inmenso mar airado,
no torres de fosado rodeadas,[139]
no montañas cerradas y sin vía, 960
no ajena compañía, dulce y cara;
un poco de agua clara nos detiene;
por ella no conviene lo que entramos[140]
con ansia deseamos; porque al punto
que a ti me acerco y junto, no te apartas; 965
antes nunca te hartas de mirarme,
y de sinificarme en tu meneo
que tienes gran deseo de juntarte
con esta media parte. Daca, hermano,
échame acá esa mano, y como buenos 970
amigos a lo menos nos juntemos,
y aquí nos abracemos. Ah ¿burlaste?
¿Así te me escapaste? Yo te digo
que no es obra de amigo hacer eso.
¿Quedo yo, don Travieso, remojado, 975
y tú estás enojado? ¡Cuán apriesa
mueves ¿qué cosa es esa? tu figura!
¿Aún esa desventura me quedaba?
Ya yo me consolaba en ver serena
tu imagen, y tan buena y amorosa.[141] 980
No hay bien ni alegre cosa ya que dure.
NEMOROSO
A lo menos, que cure tu cabeza.
SALICIO
Salgamos, que ya empieza un furor nuevo.
ALBANIO
¡Oh Dios! ¿Por qué no pruebo a echarme dentro
hasta llegar al centro de la fuente? 985
SALICIO
¿Qué es esto, Albanio? Tente.
ALBANIO
¡Oh manifiesto
ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno
vestiros de lo ajeno, y ante el dueño,
como si fuese un leño sin sentido,
venir muy revestido de mi carne? 990
Yo haré que descarne esa alma osada
aquesta mano airada.
SALICIO
Está quedo.
Llega tú, que no puedo detenelle.
NEMOROSO
Pues ¿qué quieres hacelle?
SALICIO
¿Yo? dejalle,
si desenclavijalle yo acabase 995
la mano, a que escapase mi garganta.
NEMOROSO
No tiene fuerza tanta; solo puedes[142]
hacer lo que tú debes a quien eres.
SALICIO
¡Qué tiempo de placeres y de burlas!
¿Con la vida te burlas, Nemoroso? 1000
Ven ya, no estés donoso.
NEMOROSO
Luego vengo,
en cuanto me detengo yo aquí un poco.
Veré cómo de un loco te desatas.
SALICIO
¡Ay! paso, que me matas.
ALBANIO
Aunque mueras...
NEMOROSO
Ya aquello va de veras. Suelta, loco. 1005
ALBANIO
Déjame estar un poco, que ya acabo.
NEMOROSO
Suelta ya.
ALBANIO
¿Qué te hago?
NEMOROSO
¿A mí? No, nada.
ALBANIO
Pues vete tu jornada, y nunca entiendas
en ajenas contiendas.
SALICIO
¡Ah, furioso!
Afierra, Nemoroso; tenle fuerte.[143] 1010
Yo te daré la muerte, don Perdido.
Ténmele tú tendido mientras lo ato;
probemos así un rato a castigallo.
Quizá con espantallo habrá algún miedo.
ALBANIO
Señores, si estoy quedo ¿dejareisme? 1015
SALICIO
No.
ALBANIO
¡Pues qué! ¿matareisme?
SALICIO
Sí.
ALBANIO
¿Sin falta?
Mira cuánto más alta aquella sierra
está que la otra tierra.
NEMOROSO
Bueno es esto.
Él olvidará presto la braveza.
SALICIO
Calla, que así se aveza a tener seso. 1020
ALBANIO
¿Cómo? ¡Azotado y preso!
SALICIO
Calla, escucha.
ALBANIO
Negra fue aquella lucha que contigo
hice, que tal castigo dan tus manos.
¿No éramos como hermanos de primero?
NEMOROSO
Albanio, compañero, calla agora, 1025
y duerme aquí algún hora, y no te muevas.
ALBANIO
¿Sabes algunas nuevas de mí?
SALICIO
Loco.
ALBANIO
Paso, que duermo un poco.
SALICIO
¿Duermes, cierto?
ALBANIO
¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago?
SALICIO
Este te dará el pago, si despiertas, 1030
en esas carnes muertas, te prometo.
NEMOROSO
Algo está más quieto y reposado
que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio?
¿Parécete que puede ser curado?
SALICIO
En procurar cualquiera beneficio 1035
a la vida y salud de un tal amigo
haremos el debido y justo oficio.
NEMOROSO