[19] No tratamos de inculpar en modo alguno por los cuadros que vamos
á describir al justo gobierno que tenemos: no hay nación tan bien
gobernada donde no tengan entrada más ó menos abusos, donde el gobierno
más enérgico no pueda ser sorprendido por las arterias y manejos de los
subalternos. Contraria del todo es nuestra idea. Precisamente ahora que
vemos á la cabeza de nuestro gobierno una reina, que de acuerdo con su
augusto esposo nos conduce rápidamente de mejora en mejora, nosotros,
deseosos de cooperar por todos términos como buenos y sumisos vasallos
á sus benéficas intenciones, nos atrevemos á apuntar en nuestras
habladurías aquellos abusos que desgraciadamente y por la esencia de
las cosas han sido siempre en todas partes harto frecuentes, creyendo
que cuando la autoridad protege abiertamente la virtud y el orden,
nunca se la podrá desagradar levantando la voz contra el vicio y el
desorden, y mucho menos si se hacen las críticas generales, embozadas
con la chanza y la ironía, sin aplicaciones de ninguna especie, y en un
folleto que más tiende á excitar en su lectura alguna ligera sonrisa
que á gobernar el mundo.
Protestamos contra toda alusión, toda aplicación personal, como en
nuestros números anteriores. Sólo hacemos pinturas de costumbres, no
retratos. Más adelante hablamos de los empleos y empleados, se entiende
de los malos; los buenos, que respetamos, nunca se darán por ofendidos;
los malos no merecen respetos de nadie.
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