Bien dicen esas razones

Que eres africano alarbe;

Y si por mujer y triste,

Dos veces puedo obligarte,

Una fineza te deba.

En Gavia está por alcaide

El Tuzaní, esposo mio:

Pártete luego á buscarle,

Y este estrecho último abrazo

Le llevarás de mi parte;

Y dirásle que su esposa,

Bañada en su propia sangre,

A manos de un español,

De sus joyas y diamantes

Más que de honor ambicioso,

Hoy muerta en Galera yace.

D. ÁLV.

El abrazo que me das,

No, no es menester llevarle

A tu esposo; que por ser

Fin de tus felicidades,

Él le sale á recibir;

Que no hay desdicha que tarde.

D.ª CLAR.

Sola una voz ¡ay bien mio!

Pudo nuevo aliento darme,

Pudo hacer feliz mi muerte.

Deja, deja que te abrace.

Muera en tus brazos y muera... _(Espira.)_

D. ÁLV.

¡Oh cuánto, oh cuánto ignorante

Es quien dice que el amor

Hacer de dos vidas sabe

Una vida! pues si fueran

Esos milagros verdades,

Ni tú murieras, ni yo

Viviera; que en este instante,

Muriendo yo y tú viviendo,

Estuviéramos iguales.

Cielos, que visteis mis penas,

Montes, que mirais mis males,

Vientos, que oís mis rigores,

Llamas, que veis mis pesares,

¿Cómo todos permitís

Que la mejor luz se apague,

Que la mejor flor se os muera,

Que el mejor suspiro os falte?

Hombres que sabeis de amor,

Advertirme en este lance,

Decidme en esta desdicha,

¿Qué debe hacer un amante

Que viniendo á ver su dama

La noche que ha de lograrse

Un amor de tantos dias,

Bañada la halla en su sangre,

Azucena guarnecida

De más peligroso esmalte,

Oro acrisolado al fuego

Del más riguroso exámen?

¿Qué debe aquí hacer un triste

Que el tálamo que esperarle

Pudo, halla túmulo, donde

La más adorada imágen,

Que iba siguiendo deidad,

Vino á conseguir cadáver?

Mas no, no me respondais,

No teneis que aconsejarme;

Que si no obra por dolor

Un hombre en sucesos tales,

Mal obrará por consejo.

¡Oh montaña inexpugnable

De la Alpujarra, oh teatro

De la hazaña más cobarde,

De la victoria más torpe,

De la gloria más infame!

¡Oh nunca, oh nunca tus montes,

Oh nunca, oh nunca tus valles

Hubieran visto en su cumbre

Hubieran visto en su márgen

La más infeliz belleza!

Mas ¿de qué sirve quejarme,

Si las quejas, con ser quejas,

Aun no son prendas del aire?

ESCENA VII.

DON FERNANDO VÁLOR, DOÑA ISABEL TUZANÍ, MORISCOS.--DON ÁLVARO; DOÑA

CLARA, _muerta_.

VÁLOR.

Aunque con lenguas de fuego

Galera en su ayuda llame,

Tarde hemos llegado.

D.ª ISAB.

Y tanto,

Que ya sus plazas y calles

Son abrasadas cenizas,

Que en llamas piramidales

Se oponen á las estrellas.

D. ÁLV.

No os admire, no os espante

Venir tan tarde vosotros,

Si yo tambien vine tarde.

VÁLOR.

¡Oh qué presagio tan triste!

D.ª ISAB.

¡Qué asombro tan miserable!

VÁLOR.

¿Qué es esto?

D. ÁLV.

Esta es la mayor

Pena, este el dolor más grande,

La desdicha más cruel,

La desventura más grave;

Que ver morir y morir

Tan triste y tan lamentable-

Mente lo que se ama, es

La cifra de los pesares,

El colmo de las desdichas

Y el mayor mal de los males:

Maleca ¡ay triste! mi esposa,

Es (¡qué pena tan notable!)

La que (¡qué dolor tan triste!)

Pálida (¡qué duro trance!)

Y sangrienta (¡qué cruel!)

Estáis mirando delante.

Aleve mano en su pecho

Hizo herida penetrante

Entre el fuego. ¿A quién no admira,

A quién no asombra que apague

Fuego á fuego, y que al acero

Se dé á partido un diamante?

Todos sois testigos, todos,

Del más sacrílego ultraje,

La más fiera accion, el más

Triste horror, costoso exámen

Del amor y la fortuna,

Y así, desde aqueste instante

Todos lo habeis de ser, todos,

De la mayor, la más grande

Y la más noble venganza

Que en sus corónicas guarde

La eternidad de los bronces,

La duracion de los jaspes;

Pues á esta beldad difunta,

Flor truncada, rosa fácil,

Que al fin maravilla muere

Como maravilla nace,

Hago juramento, hago

Firme amoroso homenaje

De vengar su muerte; y puesto

Que Galera, á quien no en balde

Dieron este nombre, ya

Zozobrando sobre mares

De púrpura que la anegan,

De llamas que la combaten,

Se va á pique despeñada

Desde esta cumbre á ese valle;

Pues ya de los españoles

Apénas se escucha el parche,

Y pues se van retirando,

Yo iré siguiendo el alcance,

Hasta que al mismo entre todos

Homicida suyo halle:

Vengaré, si no su muerte,

A lo ménos mi coraje;

Porque el fuego que lo ve,

Porque el mundo que lo sabe,

Porque el viento que lo escucha,

La fortuna que lo hace,

El cielo que lo permite,

Hombres, fieras, peces, aves,

Sol, luna, estrellas y flores,

Agua, tierra, fuego, aire

Sepan, conozcan, publiquen,

Vean, adviertan, alcancen

Que hay en un alarbe pecho,

En un corazon alarbe

Amor despues de la muerte,

Porque áun ella no se alabe

Que dividió su poder

Los dos más firmes amantes. _(Vase.)_

VÁLOR.

Detente, espera.

D.ª ISAB.

Primero

Harás que un rayo se pare.

VÁLOR.

Retirad esa belleza

Infeliz.--No os acobarde

Ver que esa bárbara Troya

Ese rústico homenaje

Caiga en horror á la tierra,

Vuele en cenizas al aire,

Moriscos de la Alpujarra,

Si para venganzas tales,

Vuestro rey Abenhumeya

No ciñe este acero en balde. _(Vase.)_

D.ª ISAB.

_(Ap.)_ ¡Pluguiera el cielo sus montes,

Que son soberbios Atlantes

Del fuego que los consume,

Del viento que los combate,

Ya titubear se viesen,

Ya caducar se mirasen,

Porque dieran fin en ellos

Tantas infelicidades! _(Vanse.)_

* * * * *

_Campo inmediato á Berja._

ESCENA VIII.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, DON JUAN DE MENDOZA, SOLDADOS.

D. JUAN.

Ya que rendida Galera

En rüinas se eterniza,

Y que en su propria ceniza

Es el fénix y la hoguera;

Ya que del ardiente esfera,

Entre el escándalo sumo,

Un fragmento la presumo

Adonde voraz y ciego

Es el Minotauro el fuego

Y es el laberinto el humo;

No tenemos que esperar,

Sino ántes que la aurora

Cuaje las perlas que llora

Sobre la espuma del mar,

Empiece el campo á marchar

A Berja; que mi atrevido

Corazon, nunca vencido,

Descanso no ha de tener

Hasta á Abenhumeya ver

A mis piés muerto ó vencido.

D. LOPE.

Si quieres, señor, que hagamos

De Berja lo que hemos hecho

De Galera, satisfecho

Estás de tus armas: vamos.

Pero si el órden miramos

Del Rey, no fué su intencion

Destruir gentes que son

Sus vasallos, sino dar

Escarmientos, y templar

El castigo y el perdon.

MENDOZA.

Yo lo que Don Lope digo:

Piadoso y cruel te crean,

Y la cara al perdon vean,

Pues vieron la del castigo.

Sea su perdon testigo

De tus piedades, señor:

Témplese ya tu rigor,

Pues más se suelen mostrar

El valor en perdonar,

Porque el matar no es valor.

D. JUAN.

Mi hermano (es verdad) me envía

A que esto apacigüe yo;

Mas rogar sin armas, no

Sabe la cólera mia.

Pero ya que de mí fia

Castigo y perdon, me obligo

A que el mundo sea testigo

Que uso en cualquiera ocasion

Con las armas del perdon,

Con los ruegos del castigo.--

Don Juan...

MENDOZA.

Señor...

D. JUAN.

Vos iréis

A Berja, donde está hoy

Válor, y que á Berja voy,

De mi parte le diréis.

Público el perdon le haréis

Y el castigo, y con igual

Providencia al bien y al mal,

Le diréis que si rendido

Se quiere dar á partido,

Daré perdon general

A todos los rebelados,

Con que vuelvan á vivir

Con nosotros y asistir

En sus oficios y estados;

Que de los daños pasados

Hoy mi justicia severa

Más satisfaccion no espera;

Que se rinda al fin, porqué,

Si no, á Berja soplaré

Las cenizas de Galera.

MENDOZA.

A servirte voy. _(Vase.)_

ESCENA IX.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, SOLDADOS.

D. LOPE.

No ha habido

Saco jamás que haya dado

Más provecho: no hay soldado

Que rico no haya venido.

D. JUAN.

¿Tanto tesoro escondido

Dentro de Galera habia?

D. LOPE.

Dígatelo la alegría

De tus soldados.

D. JUAN.

Yo quiero,

Porque presentar espero

A mi hermana y reina mia

Desta guerra los trofeos,

A los soldados feriar

Cuanto fuere de enviar.

D. LOPE.

Con esos mismos deseos

Hice yo algunos empleos,

Y esta sarta que he comprado

A un hombre que la ha ganado,

Te ofrezco por la mejor

Joya para dar, señor.

D. JUAN.

Buena es; y no es excusado

Tomarla, por no excusar

Lo que me habeis de pedir.

Enséñeos yo á recibir,

Pues vos me enseñais á dar.

D. LOPE.

El precio es más singular

Que os sirvais della y de mí.

ESCENA X.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ.--DICHOS.

D. ÁLV.

_(Sin ver á Don Juan.)_ Hoy, Alcuzcuz, sólo á tí

Quiero, en la empresa que sigo,

Por compañero y amigo.

ALCUZC.

Muy bien te fiar de mí;

Aunque tu esfuerzo, no sé

Qué ser lo que acá procura.

_(Ap. á Don Álvaro.)_

Mas quedo; que éste es su Altura.

D. ÁLV.

¿Aqueste es Don Juan?

ALCUZC.

Sí á fe.

D. ÁLV.

Con atencion le veré,

Por su fama y su opinion.

D. JUAN.

¡Qué iguales las perlas son!

D. ÁLV.

_(Ap.)_ Y ya, aunque yo no quisiera

Con atencion verle, fuera

Precisa en mí la atencion.

Aquella sarta ¡ay de mí!

Que en su mano ¡ay alma! ves,

Bien la he conocido, es

La que yo á Maleca di.

D. JUAN.

Vamos, Don Lope, de aquí.

¡Qué admirado este soldado

De mirarme se ha quedado!

D. LOPE.

Pues ¿quién, señor, no se admira,

Cada vez que el rostro os mira?

_(Vanse Don Juan, Don Lope y soldados.)_

ESCENA XI.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ.

D. ÁLV.

Suspenso y mudo he quedado.

ALCUZC.

Ya, señor, que solo estás,

¿Por qué has bajado, decir,

De la Alpujarra, y venir

Aquí?

D. ÁLV.

Presto lo sabrás.

ALCUZC.

Mé no querer saber más

De que hasta aquí haber venido,

Para ser arrepentido

De seguirte.

D. ÁLV.

Pues ¿por qué?

ALCUZC.

Escuchar, é lo diré.

Mé, sonior, cativo he sido

De un cristianilio soldado,

Que si en el campo me ver,

Matar.

D. ÁLV.

¿Cómo puede ser,

Si vienes tan disfrazado,

Conocerte? Y pues mudado

El traje los dos traemos,

Pasar entre ellos podemos,

Sin sospecha averiguada,

Por cristianos, pues en nada

Ya moriscos parecemos.

ALCUZC.

Tú, que bien el lengua hablar,

Tú, que cativo no ser,

Tú, que español parecer,

Seguro poder pasar;

Mé, que no sé pernunciar,

Mé, que preso haber estado,

Mé, que este traje no he usado,

¿Cómo excusar el castigo?

D. ÁLV.

Hablando solo conmigo,

Pues, en fin, en un criado

Ninguno reparará.

ALCUZC.

¿E si álguien quiere saber

De mé algo?

D. ÁLV.

No responder.

ALCUZC.

¿Quién no responder podrá?

D. ÁLV.

Quien mire cuánto le va.

ALCUZC.

Mahoma solamente pudo

Hacerme por fuerza mudo,

Siendo tan grande hablador.

D. ÁLV.

Necios extremos de amor,

No dudo ¡ay de mí! no dudo

Que acuseis mi atrevimiento,

Pues idólatra gentil

De un sol puesto, en treinta mil

Un soldado hallar intento

A quien sigo por el viento,

Pues ni señas ni razon

Traigo dél; mas confusion

Por admiracion me das:

¿Qué importa un prodigio más,

Adonde tantos lo son?

Bien sé, bien, que no es posible

Hallar mi venganza, no;

Mas ¿qué hiciera yo, si yo

No intentara lo imposible?

Pero aunque bien infalible

Ví la primer seña, en vano

La creo, porque está llano

Que es quien es, y es cosa clara

Que un noble no ensangrentara

En una mujer la mano;

Porque valor no asegura,

Porque no arguye nobleza,

Quien no admira una belleza,

Quien no adora una hermosura,

Que en sí misma está segura:

Luego no es suyo el rigor.

Mienten sus señas, amor,

Tus indicios han mentido;

Que otro ha sido, que otro ha sido

El vil, el fiero, el traidor.

ALCUZC.

¿Ser eso á qué haber venido?

D. ÁLV.

Sí.

ALCUZC.

Pues presto nos volver,

Porque ¿cómo puede ser

Sin haberle conocido,

· · · · · · · · · · ·[18]

Hallarle?

[18] Desde la escena VIII hasta el verso _El vil, el fiero, el

traidor_, está el diálogo escrito en décimas; desde dicho verso

hasta el de _A tí no te toca más_, hay nueve, que parecen de una

décima incompleta, á no ser que CALDERON hubiese querido terminar

este trozo de versificacion aconsonantada con una redondilla y

una quintilla. Para el sentido nada se echa de ménos.

D. ÁLV.

Cuando el efeto

No alcance, me lo prometo.

ALCUZC.

Esas el cartas serán

De «En la corte á mi hijo Juan,

Que andar vestido de prieto.»

D. ÁLV.

A tí no te toca más...

ALCUZC.

Ya saber, que hablar por señas

En álguien viniendo.

D. ÁLV.

Sí.

ALCUZC.

Ponga Alá tiento en mi lengua.

ESCENA XII.

SOLDADOS.--DICHOS.

SOLD. 1.º

La ganancia está partida

Bien así, pues el que juega,

Aunque vaya por dos, siempre

Algo de ribete lleva.

SOLD. 2.º

¿Por qué no ha de ser igual

La ganancia, si lo fuera

La pérdida?

SOLD. 3.º

Eso sí que es justo.

SOLD. 1.º

Mirad; yo nunca quisiera

Tener con mis camaradas

Por intereses pendencias:

Haya solamente un hombre

Que diga que es razon esa,

Y yo no hablaré palabra.

SOLD. 2.º

¿Mas que lo dice cualquiera?

¡Ah soldado!...

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡A mé decir,

E no responder! ¡Paciencia!

SOLD. 2.º

¿No respondeis?

ALCUZC.

Ha, ha, ha.

SOLD. 3.º

Mudo es.

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡Si bien lo supieran!

D. ÁLV.

(_Ap._ Este ha de echarme á perder

Si yo no salgo á la enmienda.

Divertirlo importa.) Hidalgos,

Perdonad, por vida vuestra,

Si no entiende ese criado

Lo que le mandais, pues muestra

Bien que es mudo.

ALCUZC.

_(Ap.)_ No ser mudo;

Mas ser en casion como esta

Pique, repique y capote,

Pues que no tiene respuesta.

SOLD. 2.º

Lo que decirle queria,

Ha sido suerte que pueda

Mejorarse en vos, que es duda.

D. ÁLV.

Yo holgara satisfacerla.

SOLD. 1.º

Yo he ganado por los dos

Entre el dinero una prenda,

Que es este Cupido...

D. ÁLV.

_(Ap.)_ ¡Ay triste!

SOLD. 1.º

De diamantes.

D. ÁLV.

_(Ap.)_ ¡Ay Maleca!

Las joyas son de tu bodas

Despojos de tus exequias.

¿Cómo he de vengarla, cómo,

Si van tomando las señas

Los extremos, pues alcanza

Desde un soldado á una Alteza?

SOLD. 1.º

Al partir, pues, la ganancia,

Le doy el Cupido en cuenta

En lo que yo le gané;

Dice él que no quiere prendas:

Mirad si habiendo ganado

Yo, no es justo que prefiera

En la particion.

D. ÁLV.

Yo quiero

Componer la diferencia,

Ya que he llegado á ocasion,

Dando el dinero por ella

En que estuviere jugada;

Pero con una advertencia,

Que he de saber yo primero

Quién la trajo, porque sea

Segura.

SOLD. 2.º

Seguras son

Todas cuantas hoy se juegan;

Porque todo se ha ganado

En el saco de Galera

A esos perros.

D. ÁLV.

_(Ap.)_ ¡Que yo, cielos,

Tal escuche y tal consienta!

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡Qué mé, ya que no matar,

No poderle hablar siquiera!

SOLD. 1.º

Yo os pondré con quien la trajo;

Que él me contó aquí por señas,

Que entre sus joyas quitado

La habia á una morisca bella,

A quien dió muerte.

D. ÁLV.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí!

SOLD. 1.º

Venid: de su boca mesma

Lo oiréis.

D. ÁLV.

(_Ap._ No oiré; que primero,

Como una vez quién es sepa,

Le mataré á puñaladas.)

Vamos. _(Vanse.)_

* * * * *

_Vista exterior de un cuerpo de guardia._

ESCENA XIII.

SOLDADOS; _y luego_, GARCÉS, DON ÁLVARO Y ALCUZCUZ.

SOLDADS.

_(Dentro.)_ Deténganse.

OTROS.

_(Dentro.)_ Afuera. _(Riñen dentro.)_

UN SOLD.

_(Dentro.)_ Tengo de darle la muerte,

Aunque el mundo lo defienda.

OTRO.

Con nuestro enemigo es.

OTRO.

Pues, amigo, muera, muera.

GARCÉS.

_(Dentro.)_ Si yo estoy solo ¿qué importa

Que todos contra mí sean?

_(Salen riñendo Garcés y soldados, y deteniéndolos Don Álvaro; detras

Alcuzcuz.)_

D. ÁLV.

Tantos á uno, soldados,

Es infamia y es bajeza.

Deténganse, ó haré yo,

Vive Dios, que se detengan.

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡A bonas cosas venir,

A no hablar, é á ver pendencias!

UN SOLD.

Muerto soy. _(Cae dentro.)_

ESCENA XIV.

DON LOPE, SOLDADOS.--DICHOS.

D. LOPE.

¿Qué es esto?

UN SOLD.

Muerto

Está: huyamos, no nos prendan.

_(Huyen todos los que reñian.)_

GARCÉS.

_(A Don Álvaro.)_ La vida os debo, soldado:

Yo, yo os pagaré la deuda. _(Vase.)_

D. LOPE.

Detenéos.

D. ÁLV.

Ya lo estoy.

D. LOPE.

De los dos las armas vengan:

Quitadle la espada.

D. ÁLV.

(_Ap._ ¡Ay cielo!)

Mire Usiría y advierta

Que á poner paz la saqué,

Sin ser mia la pendencia.

D. LOPE.

Yo sólo sé que en el cuerpo

De guardia os hallo, con ella

Desnuda y un hombre muerto.

D. ÁLV.

_(Ap.)_ Imposible es mi defensa.

¿A quién habrá sucedido

Que á matar á un hombre venga,

Y por darle vida á otro,

En tal peligro se vea?

D. LOPE.

Y vos, ¿no dais esa espada?

¡Bueno! ¿hablador sois de señas?

Pues yo os he visto otra vez

Hablar, si bien se me acuerda.

En ese cuerpo de guardia

Presos aquestos dos tengan,

Miéntras sigo á los demas.

ALCUZC.

_(Ap.)_ Dos cosas me daban pena,

Pendencia, é caliar; ya ser

Tres, si bien hacer el cuenta.

Una, dos, tres: sí, tres ser,

Prision, caliar é pendencia. _(Llévanlos.)_

ESCENA XV.

DON JUAN DE AUSTRIA.--DON LOPE; _despues_, DON JUAN DE MENDOZA.

D. JUAN.

¿Qué ha sido aquesto, Don Lope?

D. LOPE.

Fué, señor, una pendencia

En que un hombre muerto ha habido.

D. JUAN.

Pues si cosas como esas

No se castigan, habrá

Cada dia mil tragedias;

Mas usarse ha con templanza

De la justicia. _(Sale Don Juan de Mendoza.)_

MENDOZA.

Tu Alteza

Me dé sus piés.

D. JUAN.

¿Qué hay, Mendoza?

¿Qué responde Abenhumeya?

MENDOZA.

Sorda trompeta de paz

Toqué á la vista de Berja,

Y muda bandera blanca

Me respondió á la trompeta.

Entré con seguro dentro,

Llegué al dosel ó á la esfera

De Abenhumeya... Bien dije,

Si estaba con él la bella

Doña Isabel Tuzaní,

Que hoy es Lidora, y su reina.

A la usanza de su ley

En una almohada me sienta,

Gozando de embajador

En todo la prêminencia,

(_Ap._ ¡Ay, amor, qué neciamente

Dormidos gustos despiertas!)

Y él de rey la autoridad.

Dí tu embajada; y apénas

Se divulgó que hoy á todos

Dabas perdon, cuando empiezan

Por las plazas y las calles,

A hacer alegrías y fiestas.

Pero Abenhumeya, hijo

Del valor y la soberbia,

Encendido en saña, viendo

Cuánto alborota y altera

A sus gentes el perdon,

Esto me dió por respuesta:

«Yo soy rey de la Alpujarra;

Y aunque es provincia pequeña,

A mi valor, presto España

Se verá á mis plantas puesta.

Si no quieres ver su muerte,

Díle á Don Juan que se vuelva,

Y si algun baharí morisco

Gozar dese indulto piensa,

Llevátele tú contigo

A que sirva en esa guerra

A Felipe, porque así

Haya ese más á quien venza.»

Con esto me despidió,

Dejando ya en arma puesta

La Alpujarra, porque toda,

Ya civiles bandos hecha,

Unos «España» apellidan,

Otros «Africa» vocean;

De suerte que su mayor

Ruina, que su mayor guerra

Hoy, parciales y divisos,

Tienen dentro de sus puertas.

D. JUAN.

Nunca tiene más asiento,

Más duracion ni más fuerza

Un rey tirano, porque

Los primeros que le alientan

Al principio, son al fin

Los primeros que le dejan,

Quizá bañado en su sangre.

Y pues hoy desa manera

La Alpujarra está, ántes que ellos

Víboras humanas sean

Que se dén muerte á sí mismos,

Marche el campo todo á Berja,

Y venzámoslos nosotros

Primero que ellos se venzan:

No hagamos suya la hazaña,

Si hacerla podemos nuestra. _(Vanse.)_

* * * * *

_Prision en el cuerpo de guardia._

ESCENA XVI.

ALCUZCUZ Y DON ÁLVARO, _con las manos atadas_.

ALCUZC.

El rato que estar aquí

Solos los dos é poder

Hablar, quijera saber,

Sonior Tozaní, de tí,

Ya que Alpojarra dejar

E á aquesta terra venir,

Si fué á matar, ó á morir.

D. ÁLV.

A morir, y no á matar.

ALCUZC.

Quien poner en paz pendencia,

El peor parte ha lievado.

D. ÁLV.

Como yo no era culpado,

No me puse en resistencia;

Que este corazon gentil

Puesto en defensa, mil presto

Me dejaran.

ALCUZC.

Con todo esto,

Yo me atener á los mil.

D. ÁLV.

En fin, ¿yo dejé de ver

Al que infame se alabó

De que las joyas quitó,

Dando muerte á una mujer?

ALCUZC.

No ser eso lo peor,

Si no estar mandados ya

Confesar. Mas ¿qué será

Ver venir al confesor,

Creyendo crestianos ser?

D. ÁLV.

Ya que todo lo he perdido,

Me he de vender bien vendido.

ALCUZC.

Pues ¿qué pensar ahora hacer?

D. ÁLV.

Con un puñal que escondido

En la cinta me quedó,

Que siempre debajo yo

De la casaca he traido,

Dar á esa posta la muerte.

ALCUZC.

¿Con qué manos?

D. ÁLV.

¿No podrás

Con los dientes por detras

Romper ese lazo fuerte?

ALCUZC.

Por detras... y dientes... no

Estar muy limpia la traza.

D. ÁLV.

Llega, rompe ó desenlaza

El cordel...

ALCUZC.

Sí haré.

D. ÁLV.

Que yo

Veré si te ven.

ALCUZC.

_(Desátale.)_ Ya estar:

Romper tú el mio.

D. ÁLV.

No puedo;

Que entra gente.

ALCUZC.

Así me quedo

Con cordel y sin hablar. _(Retiránse.)_

ESCENA XVII.

UN SOLDADO, _que hace la posta_; GARCÉS, _con prisiones_.--DICHOS.

SOLDADO.

_(A Garcés.)_ Aquel vuestro camarada

Y un criado suyo mudo,

Que animoso sacar pudo

A vuestro lado la espada,

Son los que veis.

GARCÉS.

Aunque es fuerza

Sentir que me hayan prendido

Tantos como me han seguido,

En una parte me esfuerza

A no sentirlo el librar

A quien la vida me dió,

Pues en su descargo yo

Me tengo de declarar.

Vos á Don Juan mi señor

De Mendoza le decí

Cómo preso quedo aquí:

Que merced me haga y favor

De verme, para que pida

Mi vida al señor Don Juan,

Pues mis servicios serán

Los méritos de mi vida.

SOLDADO.

Yo le diré que aquí os vea,

En acabando de hacer

La posta.

D. ÁLV.

_(Ap. á Alcuzcuz.)_ Tú puedes ver,

Como al descuido, quién sea

El que con la posta ha entrado

En la prision.

ALCUZC.

Sí veré.--

¡Ay de mí! _(Repara en Garcés.)_

D. ÁLV.

¿Que tienes?

ALCUZC.

¿Qué?

El haber aquí llegado...

D. ÁLV.

Prosigue.

ALCUZC.

Estar de horror lleno.

D. ÁLV.

Habla.

ALCUZC.

De temor no vivo.

D. ÁLV.

Di.

ALCUZC.

Ser de quien fuí cautivo,

Ser á quien corrí el vonero.

Sin duda saber que aquí

Estar... Mas por sí ó por nó,

El cara guardaré yo,

Para que no me vea, así.

_(Échase como que quiere dormir.)_

GARCÉS.

_(Á Don Álvaro.)_ Puesto que sin conoceros

Ni haberos servido en nada,

Me dió vida vuestra espada,

Bien crêreis que siento el veros

Desa suerte. Si pudiera

Tener mi prision consuelo,

El libraros, vive el cielo,

Sólo mi consuelo fuera.

D. ÁLV.

Guardeos Dios.

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¿Preso venir

Y el de la pendencia ser?

Sí que entónces no le ver

Con la prisa del reñir.

GARCÉS.

En fin, hidalgo, no os dé

Cuidado vuestra prision;

Que yo por la obligacion

En que entónces os quedé,

La vida pondré, primero

Que vos, siendo mia, pagueis

La culpa que no teneis.

D. ÁLV.

De vuestro valor lo espero;

Si bien mi prision no ha sido

Lo que más siento, por Dios,

Sino que perdí por vos

La ocasion que me ha traido

A esta tierra.

SOLDADO.

No teneis

Que temer los dos morir,

Pues siempre he oido decir,

Y áun vosotros lo sabeis,

Que si de una muerte son

Dos los cómplices, no habiendo

Más de una herida, y no siendo

Caso pensado ó traicion,

Uno muera solamente,

Y que éste que muere sea

El de la cara más fea.

ALCUZC.

_(Ap.)_ El que tal decir revente.

SOLDADO.

Y así, el tal mudo este dia,

De todos tres, morirá. _(Vase.)_

ESCENA XVIII.

DON ÁLVARO, GARCÉS, ALCUZCUZ.

ALCUZC.

_(Ap.)_ Claro estar, porque no habrá

Cara peor que la mia

En el mundo.

GARCÉS.

De vos creo

Que aquesta merced me haréis,

Ya que obligado me habeis.

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡Ley ser morir el más feo!

GARCÉS.

Sepa á quién debo el vivir.

D. ÁLV.

Yo no soy más que un soldado,

Que aventurero he llegado...

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡Ley el más feo morir!

D. ÁLV.

Solamente con deseo

De hallar á un hombre: esta ha sido

La ocasion que me ha traido.

ALCUZC.

_(Ap.)_ ¡Ley ser morir el más feo!

GARCÉS.

Quizá yo os podré decir

Dél. ¿Cómo se llama?

D. ÁLV.

No

Lo sé.

GARCÉS.

¿En qué tercio llegó

A esta ocasion á servir?

D. ÁLV.

No lo sé.

GARCÉS.

¿Qué señas tiene?

D. ÁLV.

No sé.

GARCÉS.

Pues bien le halleréis,

Si su nombre no sabeis

Ni señas, ni con quién viene.

D. ÁLV.

Pues sin saberle las señas,

Nombre, ni con quién está,

Le he tenido hallado ya.

GARCÉS.

No son enigmas pequeñas

Las vuestras; pero no os dé

Cuidado, pues en sabiendo

Su Alteza este caso, entiendo

Que me dé vida, porque

Me tiene á mí obligacion

Tan grande, que si no fuera

Por mí, no entrara en Galera;

Y esa perdida ocasion

Hallar podremos los dos;

Que de quien sois obligado,

He de estar á vuestro lado

Al bien y al mal, vive Dios.

D. ÁLV.

En efecto, ¿que vos fuisteis

El que entraisteis en Galera?

GARCÉS.

¡Pluguiera á Dios no lo fuera!

D. ÁLV.

¿Por qué, si esa hazaña hicisteis?

GARCÉS.

Porque desde que yo en ella

El primero puse el pié,

No sé qué influjo, no sé

Qué hado, qué rigor, qué estrella

Me persigue, que no ha habido

Cosa que á la suerte mia,

Desde aquel infausto dia

Mal no me haya sucedido.

D. ÁLV.

¿De qué os nace ese recelo?

GARCÉS.

No sé sino es de que allí

Muerte á una morisca dí,

Y se ofendió todo el cielo,

Porque su hermosura era

Su traslado.

D. ÁLV.

¿Tan hermosa

Era?

GARCÉS.

Sí.

D. ÁLV.

(_Ap._ ¡Ay perdida esposa!)

¿Cómo fué?

GARCÉS.

Desta manera:

Estando de posta un dia,

Entre unas espesas ramas.

Que á los lutos de la noche

Iban pisando las faldas,

Prendí á un morisco. No quiero

(Que estas son cosas muy largas)

Deciros que me engañó,

Llevándome entre unas altas

Peñas, adonde sus voces

Convocaron la Alpujarra;

Que huyendo dél, me escondí

En una gruta; pues basta

Decir que esta fué la mina,

Que en una peña cavada,

Monstruo fué que concibió

Tanto fuego en sus entrañas.

Yo fuí quien noticia della

Traje al señor Don Juan de Austria,

Y yo fuí quien al ingenio

La noche estuve de guardia,

Yo quien de la batería

Mantuve siempre la entrada

A la otra gente, y yo, en fin,

Quien por medio de las llamas

Penetré la villa, siendo

Su racional salamandra,

Hasta que llegué, pasando

Globos de fuego, á una casa

Fuerte, que sin duda era

De la gente plaza de armas,

Pues allí se avanzó toda.--

Pero parece que os cansa

Mi relacion, y que no

Teneis gusto en escucharla.

D. ÁLV.

No es sino que divertido

Acá en mis penas estaba.

Proseguid.

GARCÉS.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 18 / 19 段