Lleno de cólera y rabia,
A la casa de Malec
(Que era en fin toda mi ánsia
El palacio ó casa fuerte),
Al tiempo que ya su alcázar
Don Lope de Figueroa,
Lustre y honor de su patria,
Rendido tenía y sitiado
Del fuego por partes várias,
Y muerto al alcaide. Yo
Que entre el aplauso buscaba
El provecho, aunque mal juntos
Provecho y honor se hallan,
Ambiciosamente osado
Discurrí todas las salas,
Penetré todas las piezas,
Hasta que llegué á una cuadra
Pequeña, último retrete
De la más bella africana
Que vieron jamás mis ojos.
¡Ah! ¡quién supiera pintarla!
Mas no es tiempo de pinturas.
Confusa, al fin, y turbada
De verme, como si fueran
Las cortinas de una cama
De una muralla cortinas,
Detras se esconde y ampara.--
Pero con llanto en los ojos,
Y sin color en la cara
Os habeis quedado.
D. ÁLV.
Son
Memorias de mis desgracias,
Muy parecidas á esas.
GARCÉS.
Tened, tened confianza,
Si es por la ocasion perdida:
Quien no la busca, la halla.
D. ÁLV.
Decís verdad. Proseguid.
GARCÉS.
Entré tras ella, y estaba
Tan alhajada de joyas,
Tan guarnecida de galas,
Que más parecia que amante
Prevenia y esperaba
Bodas que exequias. Yo viendo
Tal belleza, quise darla
La vida, como al rescate
Saliese fiadora el alma.
Apénas, pues, me atreví
A asirla una mano blanca,
Cuando me dijo: «Cristiano,
Si es más ambicion que fama
Mi muerte, pues con la sangre
De una mujer más se mancha
Que se acicala el acero,
Estas joyas satisfagan
Tu hidrópica sed, y deja
Limpio el lecho, la fe intacta
De un pecho, donde se encierran
Misterios que áun él no alcanza.»
--Llegué á los brazos...
D. ÁLV.
Espera:
Escucha, detente, aguarda,
No llegues á ellos.--¿Qué digo?
Mis discursos me arrebatan
La voz. Proseguid; que á mí
Eso no me importa nada.
(_Ap._ ¡Pluguiera á amor, pues más siento
Ya el quererla que el matarla!)
GARCÉS.
Dió voces en la defensa
De su vida y de su fama:
Yo, viendo que ya acudia
Otra gente, y que ya estaba
Perdida la una vitoria,
No quise perderlas ambas,
Ni que los otros soldados
Conmigo á la parte entraran;
Y así, trocando el amor
Entónces en la venganza
(Que fácilmente al afecto
De un extremo al otro pasa),
Arrebatado no sé
De qué furia, de qué saña
Que me movió el brazo entónces
(Aun repetido es infamia),
O por quitarla una joya
De diamantes y una sarta
De perlas, dejando todo
Un cielo de nieve y grana.
La atravesé el pecho.
D. ÁLV.
¿Fué
Como ésta la puñalada?
_(Saca un puñal y hiérele.)_
GARCÉS.
¡Ay de mí!
ALCUZC.
Aquesto estar hecho.
D. ÁLV.
Muere, traidor.
GARCÉS.
¿Tú me matas?
D. ÁLV.
Sí, porque esa beldad muerta,
Esa rosa deshojada,
El alma fué de mi vida,
Y hoy es vida de mi alma.
Tú eres el que busco, tú
Tras quien me trae mi esperanza
A vengar á su hermosura.
GARCÉS.
¡Ah, que me coges sin armas
Y con traicion!
D. ÁLV.
Nunca consta
De términos la venganza.
Don Álvaro Tuzaní,
Su esposo, es el que te mata.
ALCUZC.
Y yo ser, perro cristiano,
Alcuzcuz, que en el pasada
Ocasion lievar alforja.
GARCÉS.
¿Para qué vida me dabas
Si me habias de dar muerte?--
¡Ah posta, posta de guardia! _(Muere.)_
ESCENA XIX.
DON JUAN DE MENDOZA, SOLDADOS.--DON ÁLVARO, ALCUZCUZ; GARCÉS, _muerto_.
MENDOZA.
_(Dentro.)_ ¿Qué voces son estas? Abre
La puerta; que Garcés llama,
A quien yo vengo á buscar.
_(Salen Don Juan de Mendoza y soldados.)_
¿Qué es esto?
_(Quita Don Álvaro la espada á un soldado.)_
D. ÁLV.
Suelta esa espada.
Señor Don Juan de Mendoza,
Yo soy, si el verme os espanta,
Tuzaní, á quien apellidan
El rayo de la Alpujarra.
A vengar vine la muerte
De una beldad soberana;
Que no ama quien no venga
Injurias de lo que ama.
Yo en otra prision á vos
Os busqué, donde las armas
Iguales los dos medimos,
Cuerpo á cuerpo y cara á cara.
Si en esta prision venís
A buscarme vos, bastaba
Venir solo, pues que sois
Quien sois, que esto sólo basta.
Pero si es que habeis venido
Acaso, nobles desgracias
Defiendan los hombres nobles:
Hacedme esa puerta franca.
MENDOZA.
Yo me holgara, Tuzaní,
Que en ocasion tan extraña
Con reputacion pudiera
Guardaros yo las espaldas;
Mas ya veis que hacer no puedo
Al servicio del Rey falta,
Y es su servicio mataros
Cuando en su ejército os hallan:
Y así, he de ser el primero
Que os mate.
D. ÁLV.
No importa nada
Que la puerta me cerreis.
Que yo la haré á cuchilladas... _(Acuchíllanse.)_
UN SOLD.
Muerto soy. _(Huye, y cae dentro.)_
OTRO.
De los abismos
Es furia que se desata.
D. ÁLV.
Ahora vereis que soy
El Tuzaní, á quien la fama
Apellidará en sus triunfos
El vengador de su dama.
_(Huyen los soldados.)_
MENDOZA.
Primero verás tu muerte.
ALCUZC.
Pregunto: el de mala cara
¿Es ley morir?
ESCENA XX.
DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, Y SOLDADOS.--DON ÁLVARO, DON JUAN
DE MENDOZA, ALCUZCUZ; GARCÉS, _muerto_.
D. LOPE.
¿Qué es aquesto?
¿Quién este alboroto causa?
D. JUAN.
Don Juan, ¿qué es esto?
MENDOZA.
Es, señor,
Una cosa bien extraña.
Es un morisco que viene
Solo desde la Alpujarra
A matar un hombre, que
Dice que mató á su dama
En el saco de Galera,
Y le ha muerto á puñaladas.
D. LOPE.
¿Tu dama habia muerto?
D. ÁLV.
Sí.
D. LOPE.
Bien hiciste.--Señor, manda
Dejarle; que este delito
Más es digno de alabanza
Que de castigo; que tú
Mataras á quien matara
A tu dama, vive Dios,
O no fueras Don Juan de Austria.
MENDOZA.
Mira que es el Tuzaní,
Y que será de importancia
Prenderle.
D. JUAN.
Date á prision.
D. ÁLV.
Aunque tu valor lo manda,
No estoy dese parecer;
Y por tu respeto basta
Que la defensa que intento
Sea volverte la espalda. _(Vase.)_
D. JUAN.
Seguidle todos, seguidle.
_(Entranse todos siguiendo á Don Álvaro.)_
* * * * *
_Vista exterior de los muros de Berja._
ESCENA XXI.
DOÑA ISABEL Y SOLDADOS MORISCOS _en el muro; despues_, DON ÁLVARO, DON
JUAN DE AUSTRIA Y SOLDADOS.
D.ª ISAB.
Haz con esa seña blanca
Llamada al campo cristiano.
_(Sale Don Álvaro.)_
D. ÁLV.
Entre picas y alabardas
He rompido, hasta llegar
A los piés desta montaña.
UN SOLD.
_(Dentro.)_ Antes que éntre en la espesura
Un mosquete le dispara.
D. ÁLV.
Todos sois pocos: cercadme.
MORISCO.
A Berja subid.
D.ª ISAB.
Aguarda.
¡Tuzaní, señor!
D. ÁLV.
Lidora,
Toda esa gente, esas armas
Tras mí vienen.
D.ª ISAB.
Pues no temas.
_(Vanse del muro ella y los moriscos.)_
D. JUAN.
_(Dentro.)_ Tronco á tronco y rama á rama
Talad el campo hasta hallarle.
_(Salen Don Juan de Austria y soldados, y por otro lado Doña Isabel y
moriscos.)_
D.ª ISAB.
Generoso Don Juan de Austria,
Hijo del águila hermosa
Que al sol mira cara á cara,
Todo ese monte que ves
Rebelde á tus esperanzas,
Una mujer, si la escuchas,
Viene á ponerle á tus plantas.
Doña Isabel Tuzaní
Soy, que aquí tiranizada,
Viví morisca en la voz
Y católica en el alma.
Mujer soy de Abenhumeya,
Cuya muerte desdichada
Ensangrentó su corona
Con su sangre y con sus armas;
Porque viendo los moriscos
Que general perdon dabas,
Trataron rendirse: tal
Es de un vulgo la inconstancia,
Que los designios de hoy
Intentan borrar mañana.
Y viendo que Abenhumeya
Con valor les afeaba
Su cobardía, al entrar
La compañía de guardia,
Su capitan le tomó
Las puertas, y hasta la sala
Del dosel, entró diciendo:
«Date por el Rey de España.
--¿Prenderme á mí?» dijo entónces,
Y al ir á empuñar la espada,
Diciendo á voces la gente:
«¡Viva el sacro nombre de Austria!»
Un soldado en la cabeza
Empleó la partesana;
Que como de la corona
Juzgó vivir adornada,
Fué capaz sujeto á un tiempo
De la dicha y la desgracia.
Cayó en la tierra, y cayeron
Con él tantas esperanzas
Como suspenso tenían
El mundo con sus hazañas;
Que al amago ántes que al golpe,
Pudo titubear España.
Si el venir, señor, adonde,
Puesta á tus heróicas plantas
Del valiente Abenhumeya
La corona ensangrentada,
Te merece un perdon, puesto
Que hoy á los demas alcanza;
Goce de su indulto el noble
Tuzaní; que yo postrada
A tus piés, más que el ser reina
Estimara ser tu esclava.
D. JUAN.
Poco has pedido en albricias:
Hermosa Isabel, levanta.
Viva el Tuzaní, quedando
La más amorosa hazaña
Del mundo escrita en los bronces
Del olvido y de la fama.
D. ÁLV.
Dame tus piés.
ALCUZC.
Y mé ¿estar
Perdonado?
D. JUAN.
Sí.
D. ÁLV.
Aquí acaba
_Amar despues de la muerte_
Y el sitio de la Alpujarra.
ÍNDICE.
Págs.
El médico de su honra 1
A secreto agravio secreta venganza 113
El alcalde de Zalamea 215
El mayor monstruo los celos 323
Amar despues de la muerte 451