Ya prosigo.

Inclito César cuya heroica fama

Al alcázar se eleva de la luna,

Cuando con labios de metal te aclama

Su Júpiter, y dios de la fortuna:

Si cuando él á relámpagos se inflama,

El íris le serena, en mi importuna

Suerte que eres mi Júpiter se vea,

Y el íris de mi paz tu laurel sea.

Y pues tu nombre en láminas se escribe,

Que el tiempo que más vuela, que más corre,

Ni con las torpes alas le derribe,

Ni con las plantas trágicas le borre;

Vive piadoso, generoso vive.

Y del sol coronada la alta torre

Que al águila de Roma le dió nido,

Verás triunfar del tiempo y del olvido.

Yo soy la desdichada Marïene...

Dijera bien la desdichada esposa

De ese, contra quien ya tu ceño tiene

Blandida la cuchilla rigorosa.

Si una línea de púrpura detiene

Del más noble animal la más furiosa

Accion, deten tú el paso á tus enojos,

Pues son líneas de púrpura mis ojos.

Mas ¡ay! que en vano á tus piedades pido

La vida que has de darme generoso;

Que eres Rey, y has de ser compadecido;

Que eres valiente, y has de ser piadoso;

Que eres noble, has de ser agradecido;

Que eres tú, y has de ser tan victorioso

Que conozcas que alcanza ménos gloria

El que con sangre mancha la victoria.

No pues el que te espera heróico asiento

Construyas en cadalso duro y fuerte,

No el triunfal carro en triste monumento,

No el fausto en ceremonias de la muerte,

No la música en mísero lamento,

No la felicidad en triste suerte,

La gala en luto, en pena la alegría.

No eches á mal tan venturoso dia.

Entra triunfando, pero no venciendo,

Entra venciendo, pero no vengando;

Que más aplausos has de ganar, entiendo,

Perdonando, señor, que castigando:

Halle piedad la que lloró pidiendo,

Halle piedad la que pidió llorando;

Y pues son dos, siquiera una reciba,

O que yo muera, ó que mi esposo viva.

TETRARC.

_(Ap.)_ ¿Quién de dos muertes sitiada

Vió su vida tan á un tiempo,

Que negada ó concedida,

De cualquiera suerte muero?

POLIDOR.

_(Ap.)_ ¡Hay tal infamia! ¡que llore

Por su marido, pudiendo

Llorar por mí, que á estas horas

Más de sentenciado tengo

La cara que él!

OTAVIAN.

(_Ap._ Bien se deja

Ver que Aristóbolo al trueco

Del criado, y ver que estaba

En el retrato suspenso,

Fingiendo ser muerta, quiso

Desvanecer mis afectos.

Por mí, por ella y por él

Importa que satisfecho

Viva, pues ha de vivir.

¿Adónde hallará el ingenio

Disculpas para un marido

Que es plática de tal riesgo,

Que áun satisfaciendo agravia?

Mas no hablando con él, puedo

Darle á él la satisfaccion.)

Alzad, señora, del suelo.

Una vida me pedís,

Y aunque es verdad que lo siento,

Enmiende el pesar de oiros

El gusto de obedeceros.

Mas no me lo agradezcais;

Que si una vida os ofrezco,

Es porque os debo una vida,

Sin saber á quién la debo.

Vuestro hermano, entre otras joyas,

Perdió este retrato vuestro,

Y sin saber cúyo fuese

(De que hago testigo al cielo,

Y á cuantos dioses adoro),

Sólo por ser tan perfecto,

Mandé á un pintor que me hiciese

Dél una imágen de Vénus.

Esta pues, constituida

Ya una vez en deidad, viendo

Un peligro en que me hallaba

(Decir cuál fuese no quiero,

Porque olvidaré el perdon

Si del delito me acuerdo),

Dél me libró; de manera,

Que aunque Vénus fuese el dueño

Del acaso, fuisteis vos

Del acaso el instrumento;

Y así en términos pagando

El haberos interpuesto

Entre otro acero y mi vida,

He de hacer con vos lo mesmo,

Hoy que os advierto interpuesta

Entre otra vida y mi acero.

Viva vuestro esposo, y no

Solamente viva, pero

A su honor restituido;

Y por no dejar á riesgo

Vuestros ojos de que lloren

Otra vez, ni oiros ni veros

En mi vida... (_Ap._ La voz miente,

No el alma.) perdon concedo

A vuestro hermano, y á cuantos

En este levantamiento

Cómplices fueron; y en fin,

Porque ni al llanto ni al ruego

Quede nada que pedirme,

Aun vuestro retrato os vuelvo;

Que no es decoro ser mio,

El dia que sé que es vuestro.

Tomad, pues. _(Dásele.)_

MARIENE.

Vivas los siglos

Del Fénix.

TETRARC.

Y tan eternos

Como deseará esta vida,

Que ya como tuya ofrezco,

Porque el ser dádiva tuya

Le crezca el merecimiento

A Marïene.

MARIENE.

¡Felice,

Dulce esposo, amado dueño,

El dia que vuelvo á verte

En mis brazos! Quien en ellos...

(_Ap._ Mas no, que el de mi decoro

No es el de mi sentimiento.)

TETRARC.

_(Ap.)_ ¡Qué dichosos desengaños!

Haber sabido, el primero,

El acaso del retrato,

Y el segundo hallar secreto

Aquel rigor que fié

De Filipo y Tolomeo.

TOLOM.

_(Ap.)_ Ya ¿qué tengo que temer?

Pues anda tan fina, es cierto

Que tener quiere su enojo

En la cárcel del silencio.

¡Y luégo dirán que no hay

Mujer que guarde secreto!

Así me sucedan bien

Los medios que tengo puestos

En la libertad de Libia,

De que avisada la tengo

Con el mismo que esta noche

Ha de abrir el aposento

Para que pueda librarla.

OTAVIAN.

Mi tienda armad; que no quiero

Entrar en Jerusalen

Hasta que el recibimiento

De imperial triunfo aperciba.

(_Ap._ Hermoso prodigio bello,

¿Qué me sirve haberte hallado,

Si cuando te hallo te pierdo?)

MARIENE.

Hasta dejarle en su tienda,

Vamos todos.

TETRARC.

Yo el primero,

Como el más interesado,

Seré quien vaya diciendo:

¡Viva Otaviano!

TODOS.

_(Música.)_ _Viva,_

_Y en los campos de Oriente

Ciñan su augusta frente_

_Sacro el laurel, pacífica la oliva._

_¡Viva Otaviano, viva!_

_(Vanse todos, menos Polidoro y unos soldados.)_

ESCENA IV.

POLIDORO, SOLDADOS.

SOLD. 1.º

¿Por qué vos, pues perdonado

Estais, en su seguimiento

No vais, dándole con todos

Las gracias?

POLIDOR.

Porque no quiero;

Que tan gran superchería

Como conmigo se ha hecho,

No se hiciera, vive Apolo,

No digo yo con un negro,

Pero ni con un capon,

Que áun es muchísimo ménos,

Cuanto va desde ser hombre,

A sólo empezar á serlo.

SOLD. 1.º

¿Qué superchería?

POLIDOR.

¿No fuisteis

Vos quien me dijo, viniendo,

Que venía á ser ahorcado?

SOLD. 1.º

Yo lo dije.

POLIDOR.

¿Pues qué es ello?

¿Es bien hacerme caer

En falta con todo un pueblo,

Que estaba ya convidado?

¿Es juego de niños esto?

--Venga usted á ser ahorcado.

--Vaya usted, que ya está absuelto.--

¿Qué ha de decirse de mí,

Sino que soy un grosero,

Y no valgo cuatro cuartos

Para ahorcado? Y fuera desto,

¿Qué ahorcado no es como un pino

De oro, en el comun lamento

De las viejas que le lloran?

¿Está por ventura el tiempo

Para no ser pino de oro,

Siquiera por un momento?

La costa que tenía hecha,

De más de cuatro mil gestos,

Para escoger los que habia

De ir por el camino haciendo,

¿Qué he de hacer della? Y despues,

¿Qué dirán de mí los ciegos,

Que la jácara tendrán

Escrita ya de mis hechos?

Ello, he de morir ahorcado;

Que mi honra es lo primero:

Y así, ustedes no se cansen,

Que aunque les pese, he de hacerlo.

Pues luégo ¡es bobo el delito,

Sino oir al pregonero:

«Esta es la justicia, á este hombre

Por príncipe contrahecho!»

SOLD. 1.º

Ande el menguado.

SOLD. 2.º

Este es loco.

POLIDOR.

Hablemos bien, caballeros;

Que no es loco ni menguado

Quien tiene mi entendimiento.

SOLD. 1.º

Dejarle para quien es.

POLIDOR.

Han de ahorcarme, ó sobre eso

Me mataré con mi padre,

Con mi tio y con mi abuelo:

Y para satisfacer

Hoy á todo el universo

De que no queda por mí,

A voces iré diciendo:

«Esta es la justicia, á este hombre

Por príncipe contrahecho.»

SOLD. 1.º

Pues por vida...

POLIDOR.

¿Qué me jura?

ESCENA V.

ARISTÓBOLO.--DICHOS.

ARISTÓB.

Polidoro, pues ¿qué es esto?

SOLD. 2.º

No es nada.

POLIDOR.

No sino mucho.

ARISTÓB.

¿Qué es, dí?

POLIDOR.

Un atrevimiento,

Y un desacato muy grande,

Que aquí contigo se ha hecho;

Pues siendo yo tu persona

Ahorcarme quisieron éstos,

Y no pudo ser á mí

Cuando yo no era yo mesmo,

Porque hacía tu papel.

ARISTÓB.

Pues si conmigo es el duelo,

Satisfecho le perdono,

Porque no te quejes dellos.

¿Dónde está el Emperador?

SOLD. 1.º

En su tienda.

ARISTÓB.

Pues yo quiero

Irle á agradecer la vida

A la piedad de su pecho.

POLIDOR.

Yo sabré de aquí adelante

El papel que represento. _(Vanse.)_

* * * * *

_Aposento retirado en el palacio de Heródes, en Jerusalen._

ESCENA VI.

EL TETRARCA, MARIENE, ACOMPAÑAMIENTO.

TETRARC.

Despues de darme la vida,

Que yo tan á costa compro

De los agravios que callo,

De las desdichas que lloro,

Torciendo las blancas manos,

Humedeciendo los ojos,

Turbada la voz del pecho,

Pálido el color del rostro,

Hasta el palacio has llegado,

Y en él á lo más remoto

De sus cuartos. Pues ¿qué es esto?

Mira que es afecto impropio

Del beneficio cobrarle

Tan presto: no rigoroso

Tu pecho aquel bruto sea,

Que viendo el veloz arroyo

De una fuente inficionado

Del áspid, noble y piadoso

La enturbia porque no beba

El caminante, que absorto

De ver enturbiar la plata,

Que le brindó con sonoro

Acento á beber cristal

En penada copa de oro,

Maldice al bruto, ignorando

El favor: yo así dudoso,

No agradeceré la vida,

Si con agravios la logro;

Que es turbar los beneficios

Embozarlos con enojos.

MARIENE.

Ya hemos llegado hasta el cuarto

Prevenido. Salíos todos.

_(Vase el acompañamiento.)_

Tú tenme abierta esa puerta,

En tanto que yo dispongo

Cerrar esotra.

TETRARC.

_(Ap.)_ ¿Fortuna,

Qué es esto?

MARIENE.

Ya estamos solos.

TETRARC.

¿Qué miras?

MARIENE.

Miro el puñal,

Que del reloj presuroso

De mi vida fué el volante.

TETRARC.

En un peligro notorio

De mi vida, le perdí.

MARIENE.

Pues escucha.

TETRARC.

Ya te oigo.

MARIENE.

Bien pensarás, oh cobarde

Amante, oh tirano esposo,

Aleve, cruel, sangriento,

Bárbaro, atrevido y loco,

Bien pensarás que pedir

A aquel monarca famoso,

A aquel valiente romano,

A aquel capitan heróico,

Cuya vida el ave sea

Que en sagrado mauseolo

Nace, vive, dura y muere,

Hijo y padre de sí propio,

La tuya, comprada á precio

De suspiros y sollozos,

Ha sido piedad y amor

De mi pecho generoso;

Pues no ha sido, no, piedad,

Ni amor, afecto rabioso

Y venganza sí, porque

No hay otro estilo, no hay otro

Camino de castigar

Un ingrato pecho, como

Pagarle con beneficios,

Cuando ofende con enojos;

Que merced hecha á un ingrato,

Más que merced es oprobio.

No pues por librarte, no,

Del veneno riguroso

Turbé el cristal, aprendiendo

Piedades del unicornio;

Antes, para que le bebas,

Te le enturbié con embozos;

Y al reves de la piedad

De aquel animal piadoso

Procedí, pues él cubrió

El beneficio de polvo,

Y yo de halagos la ofensa:

¡Mira lo que hay de uno á otro,

Que él desdora las piedades,

Y yo las crueldades doro!

No me diera, no, venganza

Verte morir, cuando noto

Que es la muerte en los afanes

Ultima línea de todos;

Verte vivir, sí, ofendido,

Aborrecido y quejoso;

Porque en el mundo no hay

Castigo más riguroso

Para un ingrato, que verse

Olvidado de lo propio

Que se vió amado: el que llega

Á esto, ¿cómo vive? ¿cómo?

Fuera desto, por mí misma,

Por mi honor, por mi decoro,

Pedí tu vida, encubriendo

Las causas con que me enojo,

Que saben todos quién soy,

Y quién eres uno solo;

Y no por ganar con uno,

Habia de perder con todos.

Tu vida pedí en efecto,

Porque sepas que no ignoro

Que has vivido en esta ausencia

De mi muerte cuidadoso.

Este papel, esta firma

Te convenza. ¡Con qué asombro

Le miras, quedando viva

Estatua de nieve y plomo!

En mi mano está: no tienes

Que examinar estudioso

Cómo vino á ella, porque

La tierra, viendo el adorno

Y la hermosura que debe

A ese cristalino globo,

Que parte la luna á giros,

Que el sol ilumina á tornos,

Le ofreció de no encubrirle

Nada en su centro más hondo;

Que áun los cielos, con ser cielos,

Dan las mercedes á logro.

¿Tú eres (¡aquí de mi aliento!)

Tú (desmayo al primer soplo,

Con mis lágrimas me anego,

Con mis suspiros me ahogo)

De Jerusalen Tetrarca?

¿Tú eres rama de aquel tronco?

¡Qué bien dice aquel que dice

Que eres bajo y afrentoso

Idumeo, cuya cuna

Bárbara es! ¿Qué más apoyo

Desta opinion, que tus celos,

Infames como alevosos?

¿Qué fiera la más cruel,

Qué bruto el más riguroso,

Qué pájaro el más aleve,

Qué bárbaro el mas ignoto

Mató muriendo? pues ántes

De hombres, fieras y aves oigo

Que mueren dando la vida.

Dígalo en bramidos roncos

La víbora, que mordiendo

Sus entrañas, poco á poco

Se despedaza, sacando

Muchas vidas de un aborto.

Dígalo el ave que muestra

El pecho en mil partes roto,

Y por dar la vida, muere

Desangrada entre sus pollos.

Dígalo el bárbaro, pues

Que al peligro más notorio

Expuesto el pecho, á su espalda

Pone á su esposa, y piadoso

Es escudo de su vida

Contra la pluma y el plomo.

Mas tú, más que todos fiero;

Mas tú, más bruto que todos;

Mas tú, más bárbaro, en fin,

No solo apénas, no solo

Favoreces lo que amas;

Pero avaro de los gozos,

Aun muriendo no los dejas:

Bien como el que codicioso

Amante de sus riquezas,

Porque no las goce otro,

Manda que despues de muerto

Le entierren con su tesoro.

Supongo que fué fineza

Este decreto, supongo

Que fué con celos; que nada

Quiero dejar en tu abono:

¿Quién muriendo, pues, previno

Avariento ó cauteloso,

Llevar desde aqueste mundo

Prevenciones para el otro?

Si es nuestra vida una flor

Sujeta al más fácil soplo

De los alientos del austro,

De los suspiros del noto,

Que en espirando ella, espira

Todo cuanto vemos, todo

Cuanto gozamos; ¿qué error

Dispuso que tú celoso

Prevengas para el sepulcro

Las riquezas y los gozos?

¿Qué hazaña de amor es esta?

Y pues examino y toco

Que podrá vivir mi pecho

Más seguro y más dichoso

Aborrecido que amado,

Desde aquí á mi cargo tomo

El hacer que me aborrezcas;

Que aunque pudiera con otro

Medio huir de tí, y vivir

En el clima más remoto

(Donde el sol avaramente

Dispensa sus rayos rojos,

Ú donde pródigo abrasa

Menudas arenas de oro)

Más feliz sin tí y conmigo,

No he de dar con tal divorcio

Que decir al mundo, y esto

Se quedará entre nosotros.

En tu vida, ni en mi vida

Me has de mirar sin enojos,

Me has de hablar sin sentimientos,

Me has de escuchar sin oprobios,

Ver sin suspiro los labios,

Ver sin lágrimas los ojos;

Y este obscuro velo puesto

Siempre delante del rostro,

Estorbará el que te vea,

Siendo mis reales adornos

Eternamente este luto;

Y en aquese cuarto solo

Viviré con mis mujeres

Guardando viudez en todo.

Y nunca me entres en él,

Que por los dioses que adoro,

Que de la más alta almena

Me arroje al sepulcro undoso

Del mar, donde infelizmente

Me oculte en su centro hondo.

Y no me sigas, porque

Te miro con tanto asombro,

Con tanto temor te hablo,

Con tanto pavor te oigo,

Que pienso que ya se cumple

De aquel judiciario docto

El hado; pues si él me dijo

Que tu acero prodigioso,

Y el mayor monstruo del mundo

Me amenazan, hoy conozco

La verdad, pues si entras dentro,

Huyendo del uno al otro,

O me ha de matar tu acero,

O el mar, que es el mayor monstruo.

_(Vase, y cierra la puerta.)_

ESCENA VII.

EL TETRARCA.

¡Hasta aquí pudo, hasta aquí

Llegar un hado cruel!

El papel mismo, el papel

Que con Filipo escribí

A Tolomeo ¡ay de mí!

¿Tiene Marïene? ¡fuerte

Dolor! Y ella ¡injusta suerte!

De mi rigor ofendida,

Me ha dilatado la vida,

Por dilatarme la muerte.

No me quejo del rigor

Con que se queja á los cielos:

Bien lo merecen mis celos,

Bien lo merecen mi amor.

Mas quéjome de un traidor

Tan aleve y tan cruel...

Mas ¡ay de mí! que no es dél

La culpa, que sólo es mia,

Que esto merece quien fía

Sus secretos de un papel.

Ni sé qué hacer, ni decir:

Que entre uno y otro pesar,

Ya ni me puedo quejar,

Ni dejarlo de sentir.

Desenojarla es mentir,

Porque es mi amor de manera,

Mi pasion tan dura y fiera,

Que si en tanta confusion

Hoy volviera á la prision,

Hoy al delito volviera.

Porque ella, al fin, no ha de ser,

Ni vivo, ni muerto yo,

De otro nuevo dueño, no;

Que mi amor se ha de ofender,

Aunque no lo llegue á ver.

En parte gusto me ha dado

El que se haya declarado,

Pues en esta ocasion ya,

Sin escándalo estará

Siempre este cuarto cerrado.

Cerraréle por de fuera,

Y yo mismo no entraré

En él, porque áun yo no sé

Si á mí otros celos me diera.

Y sí hiciera, sí, sí hiciera,

Pues si á mirarme llegara

En sus brazos, y pensara

Que era tan dichoso, allí

Me desconociera á mí,

Y que era otro imaginara.

De suerte que mis desvelos,

Enseñados á desdichas,

Tuvieran miedo á mis dichas,

Pues ellas me dieran celos.

¿Quién son estos desconsuelos,

Quién es aqueste rigor,

Cuya pena, cuyo horror,

Que no es, discurso prolijo,

Ni envidia, ni amor, es hijo

De la envidia y del amor?

Hecho de heridos despojos,

Tiene de sirena el canto,

Y de cocodrilo el llanto,

De basilisco los ojos,

Los oidos, para enojos,

Del áspid: luego bien fundo,

Siendo monstruo sin segundo

Esta rabia, esta pasion

De celos, que celos son

El mayor monstruo del mundo.

ESCENA VIII.

FILIPO, TOLOMEO.--EL TETRARCA.

FILIPO.

¿Cómo te daré, señor,

El parabien de tu vida?

TETRARC.

Viendo la tuya rendida

A manos de mi rigor.

FILIPO.

¿En qué te ofendí?

TETRARC.

Traidor,

Poco leal, ménos fiel,

¿Qué hiciste, dí, de un papel

Qué...?

TOLOM.

_(Ap.)_ Ya mis desdichas creo.

FILIPO.

¿No era para Tolomeo?

TETRARC.

Sí.

FILIPO.

Pues él te dirá dél.

TOLOM.

_(Ap.)_ ¡Qué poco duró (¡ay de mí!)

El secreto en la mujer!

TETRARC.

Dí tú, traidor.

TOLOM.

_(Ap.)_ ¿Qué he de hacer?

TETRARC.

Un papel que te escribí,

¿Qué es dél?

TOLOM.

(_Ap._ La verdad aquí

Es la disculpa mejor.)

Una dama...

TETRARC.

Dí.

TOLOM.

Señor,

A quien sirvo para esposa...

TETRARC.

Prosigue.

TOLOM.

De mí celosa

(Necios delitos de amor),

Me le quitó de la mano,

Y ella...

TETRARC.

No prosigas, no,

Y castigue ese error yo...

FILIPO.

Tente, señor.

TETRARC.

Por mi mano.

TOLOM.

Ya esperar aquí es en vano.

La fuga mi vida guarde.

FILIPO.

Huid, Tolomeo.

TETRARC.

¡Ah cobarde!

Si al mismo cielo te subes,

Campaña serán las nubes

Que hagan de mi honor alarde.

_(Huye Tolomeo, y síguele Heródes, á quien procura detener Filipo.)_

* * * * *

_Campo, y en él la tienda de Otaviano._

ESCENA IX.

TOLOMEO, _huyendo_, Y FILIPO, _deteniendo al_ TETRARCA.

TOLOM.

¿Dónde de tanto rigor

Estaré seguro? _(Éntrase en la tienda.)_

FILIPO.

Advierte

Que huyendo tu acero fuerte,

Al campo salió, señor,

Y ya del Emperador

Hasta la tienda ha llegado.

TETRARC.

Pues válgale ese sagrado

Por ahora; aunque no sé

Cómo un punto viviré

Ofendido y no vengado. _(Vanse.)_

ESCENA X.

OTAVIANO Y TOLOMEO, _saliendo de la tienda_.

OTAVIAN.

Hombre, que turbado y ciego,

Robado el color, y puesta

La mano en la espada, osas

Haber entrado en mi tienda,

Cuando he mandado que todos

Solo me dejen en ella

Con mis pesares: si acaso

Alguna traicion intentas.

Buena ocasion has hallado.

¿Qué aguardas?

TOLOM.

Detente, espera,

Que es lealtad, y no traicion,

La que á este trance me fuerza.

OTAVIAN.

¿Quién eres?

TOLOM.

Soy un soldado,

Hijo infeliz de la guerra,

Que llegué por mis servicios

A ser capitan en ella

De las guardias del Tetrarca,

Y de Sion en su ausencia

Gobernador.

OTAVIAN.

¿Qué pretendes?

TOLOM.

No mi vida, aunque pudiera,

La de Marïene sí,

Que es mi señora y mi Reina.

OTAVIAN.

Buenas cartas de favor

Traes. Dí, y lo que fuere sea.

TOLOM.

(_Ap._ ¡Oh Libia, cuánto el empeño

De tu libertad me arriesga,

Pues por tí de una verdad

He de hacer una cautela!)

El Tetrarca enamorado

Tanto de su esposa bella

Vivió, que intentó pasar

A la práctica experiencia,

De que á amores y privanzas,

Cuando sus aumentos llegan,

Es de la felicidad

Declinacion la tragedia.

Viendo, pues, que de su muerte

Pronunciada la sentencia

Estaba; y viendo que tú,

Enamorado de verla,

En dos retratos la amabas

(Que todo aquesto me cuenta

Quien trajo una carta), aleve

Dispuso mandarme en ella

Que yo, como quien aquí

La asistia de más cerca,

La atosigase y matase:

Cuyos celos de manera,

Al verla hoy viva y contigo,

Crecieron con la sospecha

De que por ella tomaste

A Jerusalen la vuelta;

Que en vez de que agradeciese[16]

El que su vida pidiera

Con tantas ánsias, llegó[17]

Con ella á palacio apénas,

Cuando en un obscuro cuarto

La encerró, y con saña fiera

Conmigo embistió á matarme,

Por no haberla hallado muerta.

Dél es de quien vengo huyendo

A darte la infeliz nueva

De que Marïene está

Por tí en tanto riesgo puesta,

Que no tiene de su vida,

Seguridad; pues es fuerza,

Quien en ausencia lo manda,

Que lo ejecute en presencia.

Pues eres César, señor,

Y tan generoso César,

Que para victorias tuyas

Faltan plumas, faltan lenguas,

Del poder deste tirano

La saca, porque te deba

El sol su mejor aurora,

La aurora su mejor perla,

La tierra su mejor sol,

Y el cielo su...

[16] Falta algo aquí.

[17] Falta algo aquí.

OTAVIAN.

Cesa, cesa;

Calla, calla, no prosigas,

No en la persuasion me ofendas.

¡Expuesta Mariene, cielos!

¿Y por mi ocasion expuesta

Á tanto riesgo? ¿Qué aguardo?

No soy quien soy, si por ella

No pierdo la vida. Iré

Donde... (_Ap._ Mas con más prudencia

Lo he de mirar; que no es bien

Que la informacion primera

Me lleve tras sí, y más cuando

No es cobarde la sospecha

De todos estos.) Soldado,

Mira si verdad me cuentas.

TOLOM.

Tanto, que á la misma torre

Adonde encerrada, presa

Y afligida está, señor,

Te llevaré á que la veas,

Luego que baje la noche

De pardas sombras cubierta.

OTAVIAN.

¿A la misma torre?

TOLOM.

Sí,

Porque yo tengo...

OTAVIAN.

Dí apriesa.

TOLOM.

(_Ap._ ¡Para qué de cosas sirve

Hoy mi amor!) Llave maestra

De sus jardines. Si acaso

De mi lealtad te recelas,

Lleva tus guardas contigo

Y todo el palacio cerca,

Para que en cualquiera trance,

Llegando una vez á verla,

Como he dicho, en su socorro,

Asegures su defensa.

(_Ap._ Y yo la vida de Libia,

Pues que no dudo que puesta

La ciudad en confusion,

Podré ir á favorecerla.)

OTAVIAN.

Tan á los reparos sales,

Que ya nada dudo; y sea

En fin lealtad ó traicion,

Por verte, Mariene bella,

Iré, y si es á darte vida,

Quiera amor que lo agradezcas. _(Vanse.)_

* * * * *

_Habitacion de Mariene._

ESCENA XI.

MARIENE, SIRENE; DAMAS, _unas con luces, que pondrán en un bufete, y

otras con azafates_.

MARIENE.

Dejadme morir.

SIRENE.

Avierte

Que esa pena, ese dolor,

Más que tristeza es furor,

Y más que furor es muerte.

MARIENE.

Es tan fuerte

Mi mal, es tan riguroso,

Que no me mata de fiel,

Sin ver él

Que ser conmigo piadoso,

No es dejar de ser cruel.

DAMA 1.ª

Ya que aborreciendo el lecho,

En el jardin te has estado

Hasta esta hora, dé el cuidado

Blandas treguas al despecho.

MARIENE.

Mal sospecho

Que pueda el sueño aliviar

Mi pesar;

Pero, porque no pagueis

La culpa que no teneis,

Empezadme á destocar.

_(Recogen las damas en los azafates los adornos que quita Mariene.)_

SIRENE.

¿Quieres, miéntras desafía

Al sol esplendor tan bello,

Desobligado el cabello

De los adornos del dia,

La voz mia

Algo te advierta?

MARIENE.

No,

Porque yo

No quiero que me mejore

Quien cante, sino quien llore.

SIRENE.

Filósofo hubo que halló

Causa en la naturaleza

Para aumentar la armonía,

Al alegre la alegría,

Como al triste la tristeza.

MARIENE.

Pues empieza,

Con calidad que el dolor

Hagas mayor.

SIRENE.

Con una letra será,

Que aunque es antigua, podrá

Conseguir eso mejor.

_(Canta.)_ _Ven, muerte, tan escondida,_

_Que no te sienta venir,_

_Porque el placer del morir_

_No me vuelva á dar la vida._

MARIENE.

¡Bien sentida

Y declarada pasion!

¿Cúyos son

Esos versos?

SIRENE.

No lo sé,

Porque acaso los hallé,

Estudiando otra cancion.

MARIENE.

Vuélvelos á repetir,

Porque yo con ellos pida...

LAS DOS.

_Ven, muerte, tan escondida_

_Que no te sienta venir._

MARIENE.

Mas si á advertir

Llego mi ansia entretenida,

El canto impida,

Que ya no los quiero oir.

LAS DOS.

_Porque el placer del morir_

_No me vuelva á dar la vida._

ESCENA XII.

OTAVIANO Y TOLOMEO, _á la puerta, embozados_.--DICHAS.

TOLOM.

_(Ap. á Otaviano.)_ Pisando las negras sombras

En el silencio nocturno,

El jardin has penetrado,

Al tiempo que al cuarto suyo

Se iba retirando ella.

OTAVIAN.

_(Ap. á Tolomeo.)_ Ya tus verdades no dudo,

Ni su prision, pues tan sola

Está, y vestida de luto

Todavía. Tú á la puerta,

En tanto que me aseguro

De si es acaso ó malicia.

Pues ménos ruido hará uno,

Me espera.

TOLOM.

Sí haré, teniendo

La gente que has traido, á punto

Para cualquier accidente. _(Vase.)_

ESCENA XIII.

DICHOS, _ménos_ TOLOMEO.

OTAVIAN.

_(Ap.)_ Tanto de verla me turbo,

Que no sabré discurrir

Si esto es ya pesar ó gusto.

MARIENE.

Vuelve, Sirene, pues es

Tan á mi intento el asunto.--

Tú, Laura, cierra esas puertas.

SIRENE.

Obedecerte procuro.

_(Canta.)_ _Ven, muerte, tan escondida..._

DAMA 1.ª

Y yo tambien, pues acudo

A cerrar las puertas.

_(Al ir hácia donde está Otaviano, él la detiene.)_

OTAVIAN.

No

Lo intentes, que es dolor sumo,

Sin luz y sol quedar ciego

Dos veces.

DAMA 1.ª

¡Qué veo y escucho!

¡Ay de mí infeliz!

MARIENE.

¿Qué es eso?

DAMA 1.ª

El mal embozado bulto

De un hombre que ha entrado aquí.

MARIENE.

¡Hombre aquí!

OTAVIAN.

_(Ap.)_ Ya hablar no excuso.

MARIENE.

Dad voces.

SIRENE.

Yo no podré,

Que áun cómo respirar dudo.

DAMA 1.ª

Ni yo, que apénas aliento.

DAMA 2.ª

Ni yo, que medrosa huyo.

_(Huyen las damas, dejando caer los azafates y adornos.)_

ESCENA XIV.

MARIENE, OTAVIANO.

MARIENE.

Huya tambien yo.

OTAVIAN.

_(Desembozándose.)_ Teneos,

Vos, y reparad el susto;

Que más que para enojaros,

Para serviros os busco.

MARIENE.

¡Vos, señor! pues... cómo... si...

Aquí... yo... cuando...

OTAVIAN.

Quien pudo

Antes de veros amaros,

Despues de veros, mal dudo

Que dejar de amaros pueda.

MARIENE.

No son de César Augusto

Esas razones.

OTAVIAN.

Sí son,

Pues más á veros me indujo

Vuestro daño que mi afecto,

Vuestro riesgo que mi gusto.

Yo he sabido que, en poder

De tirano dueño injusto,

Estais expuesta al peligro

De tan sacrílego insulto

Como que obre por su mano

Lo que á la ajena dispuso.

A poner en salvo vengo

Vuestra vida.

MARIENE.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 14 / 19 段