El labio mudo

Quedó al veros, y al oiros

Su aliento le restituyo,

Animada para sólo

Deciros que algun perjuro,

Aleve y traidor, en tanto

Malquisto concepto os puso.

Mi esposo es mi esposo, y cuando

Me mate algun error suyo,

No me matará mi error,

Y lo será si dél huyo.

Yo estoy segura, y vos mal

Informado en mis disgustos;

Y cuando no lo estuviera,

Matándome un puñal duro,

Mi error no me diera muerte,

Sino mi fatal influjo;

Con que viene á importar ménos

Morir inocente, juzgo,

Que vivir culpada á vista

De las malicias del vulgo.

Y así si alguna fineza

He de deberos, presumo

Que la mayor es volveros.

OTAVIAN.

Sí haré, si vuestro discurso,

Como salva mi primero

Motivo, salva el segundo.

Un retrato tenía vuestro,

A cuyo hermoso dibujo,

Sin saber cúyo era, daba

Mi humana adoracion culto.

Por sanear sospechas (ya

Lo vísteis) sabiendo cúyo

Fuese, os le dí, y pues sirvió

Ya en vuestro abono, no dudo

Que con justicia le pido.

MARIENE.

No haceis; que tenerle es uno

Por acaso, y otro es

Por voluntad; y á este puro

Fuego abrasará mi mano,

_(Haciendo ademan de acercarla á una de las hachas que alumbran el

cuarto.)_

Si en ella el menor impulso

Reconociera de que

Para volvérosle tuvo.

OTAVIAN.

No hicierais, porque impidiera

Yo llegar al ardor suyo,

Estorbando así la accion.

_(Quiere tomarla la mano, y ella lo resiste.)_

MARIENE.

Es atrevimiento injusto.

OTAVIAN.

No es sino justo deseo.

MARIENE.

Antes á los cielos juro,

Que con vuestro mismo acero,

_(Quita á Otaviano el puñal que trae, que es el de Herodes.)_

Que ya en mi mano desnudo

Está, me atraviese el pecho.

OTAVIAN.

Ténte, mujer; que confundo

Mis sentidos al mirar

No sé qué fatal trasunto,

Que ví otra vez.

MARIENE.

De ese pasmo,

De ese pavor que en tí infundo,

El contratiempo gozando,

Huiré, puesto el iracundo

Acero al pecho. Mas ¡cielos! _(Conociéndole.)_

¿No es el que fiero y sañudo

Me amenaza? Con más causa

Ya de dos contrarios huyo.

_(Arroja el puñal, huye, y síguela Otaviano.)_

OTAVIAN.

Oye, espera. _(Vanse.)_

ESCENA XV.

EL TETRARCA.

¿Quién, ladron

Del mismo tesoro suyo,

Dentro de su misma casa

Buscó sus bienes por hurto?

Hasta ahora la esclava no

Abrió. ¡Qué triste discurro

El cuarto á la media luz

De escaso esplendor nocturno,

Que allí horrores late, y más

Si á sus reflejos descubro

De mujeriles adornos,

Ajadamente difusos,

Sembrando el suelo! ¿Qué es esto?

No me propongas, discurso,

Que bajel que echa la ropa

Al mar, padece infortunios;

Que casa que se despoja

De las alhajas que tuvo,

Estragos de fuego corre;

Pues ni la tormenta dudo

Ni el incendio ignoro, cuando

Entre dos aguas fluctúo,

Entre dos fuegos me hielo,

Viendo que me embisten juntos,

Para zozobrar, suspiros,

Para hacerme llorar, humos.

Estas arrojadas señas,

¿No son de ilustres, de augustos

Faustos despojos? ¿Aqueste

No es el fiero puñal duro, _(Levantándolo.)_

Que registro de los astros

Es aguja de sus rumbos?

¿No es este el que yo á Otaviano

Dejé? Sí. ¿Pues quién le trujo

Aquí entre arrastradas pompas?

Pero ¿para qué lo apuro,

Si es de los desconfiados

La imaginacion verdugo?

¡Tarde hemos llegado, celos,

Tarde, tarde! Pues no dudo

Que quien arrastra despojos,

Habrá celebrado triunfos.

Si es dichoso el desdichado,

Que siéndolo no lo supo;

¡Desdichado del dichoso,

Que ya sin serlo lo tuvo

Por cierto! Y pues que me ponen

En mi mano mis influjos,

A ellos muera, ántes que...

ESCENA XVI.

OTAVIANO, MARIENE.--EL TETRARCA.

OTAVIAN.

_(Dentro.)_ Espera,

Aguarda.

TETRARC.

Pero ¡Qué escucho!

_(Sale Mariene huyendo, y Otaviano tras ella.)_

MARIENE.

Será en vano, pues primero

Que logres... Mas ¡cielos justos!

¿Qué es lo que miro?

TETRARC.

Turbado

He quedado.

OTAVIAN.

Yo confuso.

MARIENE.

Y yo confusa y turbada,

Pues entre dos daños, de uno

Doy en otro, y ya no sé

Cuál dejo, ni cuál procuro,

Cuál pierdo, ó cuál solicito,

Cuál hallo, al fin, ó cuál busco;

Pues siempre tengo peligro,

Cuando paro, y cuando huyo.

TETRARC.

Vista tu fuga, á tu honor

Este pecho será muro.

OTAVIAN.

No temas, que de tu vida

Este pecho será escudo.

TETRARC.

Cumple, pues, lo que prometes.

OTAVIAN.

Así verás si lo cumplo.

_(Sacan las espadas.)_

MARIENE.

¡Ay de mí! Para salir

De tan justo ó tan injusto

Duelo, estas luces apague. _(Apaga las luces.)_

TETRARC.

¿Adónde, César perjuro,

Te escondes?

OTAVIAN.

Yo no me escondo.

TETRARC.

No te encuentro, aunque te busco.

MARIENE.

Tente, esposo. ¡Ay infelice

De mí! _(Encuéntranse, los dos y riñen.)_

OTAVIAN.

A mi violento impulso

Muere, aleve.

TETRARC.

Aunque la espada

Perdí, con aqueste agudo

Puñal morirás.

_(Encuentra con Mariene, y la hiere.)_

MARIENE.

¡Ay triste!

Tened piedad, dioses justos,

Pues aquí muero inocente. _(Cae.)_

OTAVIAN.

¡Qué es lo que oigo!

TETRARC.

¡Qué escucho!

OTAVIAN.

Vengaré su muerte.

ESCENA XVII.

TOLOMEO, SOLDADOS, DAMAS, _con luces; y despues_, LIBIA, ARISTÓBOLO,

FILIPO Y POLIDORO.--EL TETRARCA, OTAVIANO.

SOLDS.

Entrad

Todos, que es grande el tumulto.

DAMAS.

Llegad todas.

LIBIA.

A tan grande

Estruendo, romper no excuso

Mi prision.

ARISTÓB.

Y FILIPO.

Señor, ¿qué es esto?

POLIDOR.

No haber gozado el indulto

Marïene como yo.

OTAVIAN.

Dar muerte al hombre más bruto,

Más bárbaro, más sangriento,

Que ha eclipsado el sol más puro.

TETRARC.

Yo no la he dado la muerte.

TODOS.

¿Pues quién?

TETRARC.

El destino suyo,

Pues que muriendo á mis celos,

Que son sangrientos verdugos,

Vino á morir á las manos

Del mayor monstruo del mundo.

ARISTÓB.

_El mayor monstruo los celos_

Son siempre.

TETRARC.

Porque ninguno

De mí la venganza tome,

Vengarme de mí procuro,

Buscando desde esa torre

En el ancho mar sepulcro. _(Vase.)_

OTAVIAN.

Seguidle todos, seguidle.

TOLOM.

Desesperado y confuso

Se arrojó al mar.

OTAVIAN.

Retirad

Aquese cielo caduco,

Y diga en su monumento

Para los siglos futuros

El epitafio: «Aquí yace,

Desfigurado su vulto,

La beldad más milagrosa,

Muerta por celos injustos.»

TOLOM.

Libia, tu mano merezca

Quien al peligro se expuso

De libertarte.

LIBIA.

En llorando

De Mariene el infortunio.

FILIPO.

En que acaba la tragedia,

Donde se cumplió su influjo.

POLIDOR.

Como la escribió su autor;

No como la imprimió el hurto

De quien es su estudio echar

A perder otros estudios.

AMAR DESPUES DE LA MUERTE.

PERSONAS.

DON ÁLVARO TUZANÍ.

DON JUAN MALEC, _viejo_.

DON FERNANDO DE VÁLOR.

ALCUZCUZ, _morisco_.

CADÍ, _morisco viejo_.

DON JUAN DE MENDOZA.

EL SEÑOR DON JUAN DE AUSTRIA.

DON ALONSO DE ZÚÑIGA, _corregidor_.

DON LOPE DE FIGUEROA.

GARCÉS, _soldado_.

DOÑA ISABEL TUZANÍ.

DOÑA CLARA MALEC.

BEATRIZ, _criada_.

INÉS, _criada_.

_Un criado._

_Moriscos y moriscas._

_Soldados cristianos._

_Soldados moriscos._

_La escena es en Granada y en varios puntos de la Alpujarra._

JORNADA PRIMERA.

_Sala en casa de Cadí, en Granada._

ESCENA PRIMERA.

MORISCOS, _con casaquillas y calzoncillos, y_ MORISCAS _con

jubones blancos é instrumentos_; CADÍ Y ALCUZCUZ.

CADÍ.

¿Están cerradas las puertas?

ALCUZC.

Ya el portas estar cerradas.

CADÍ.

No éntre nadie sin la seña

Y prosígase la zambra.

Celebremos nuestro dia,

Que es el viérnes, á la usanza

De nuestra nacion, sin que

Pueda esta gente cristiana,

Entre quien vivimos hoy

Presos en miseria tanta,

Calumniar ni reprender

Nuestras ceremonias.

TODOS.

Vaya.

ALCUZC.

Mé pensar hacer astilias,

Sé tambien entrar en danza.

UNO.

_(Canta.)_ _Aunque en triste cautiverio,_

_De Alá por justo misterio,_

_Llore el africano imperio_

_Su mísera ley esquiva..._

TODOS.

_(Cantando.)_ _¡Su ley viva!_

UNO.

_Viva la memoria extraña_

_De aquella gloriosa hazaña_

_Que en la libertad de España_

_A España tuvo cautiva._

TODOS.

_¡Su ley viva!_

ALCUZC.

_(Cantando.)_ _Viva aquel escaramuza_

_Que hacer el jarife Muza,_

_Cuando darle en caperuza_

_Al españolilio antigua._

TODOS.

_¡Su ley viva!_ _(Llaman dentro muy recio.)_

CADÍ.

¿Qué es esto?

UNO.

Las puertas rompen.

CADÍ.

Sin duda cogernos tratan

En nuestras juntas; que como

El Rey por edictos manda

Que se venden, la justicia,

Viendo entrar en esta casa

A tantos moriscos, viene

Siguiéndonos. _(Llaman.)_

ALCUZC.

Pues ya escampa.

ESCENA II.

DON JUAN MALEC.--DICHOS.

MALEC.

_(Dentro.)_ ¿Cómo os tardais en abrir

A quien desta suerte llama?

ALCUZC.

En vano llama á la puerta

Quien no ha llamado en el alma.

UNO.

¿Qué haremos?

CADÍ.

Esconder todos

Los instrumentos, y abran

Diciendo que solo á verme

Venisteis.

OTRO.

Muy bien lo trazas.

CADÍ.

Pues todos disimulemos.--

Alcuzcuz, corre: ¿qué aguardas?

ALCUZC.

Al abrir del porta, temo

Que ha de darme con la estaca

Cien palos el alguacil

En barriga, é ser desgracia

Que en barriga de Alcuzcuz

El leña, y no alcuzcuz haya.

_(Abre Alcuzcuz, y sale Don Juan Malec.)_

MALEC.

No os receleis.

CADÍ.

Pues, señor

Don Juan, cuya sangre clara

De Malec os pudo hacer

Veinticuatro de Granada,

Aunque de africano orígen,

¡Vos desta suerte en mi casa!

MALEC.

Y no con poca ocasion

Hoy vengo buscándôs: basta

Deciros que á ella me traen

Arrastrando mis desgracias.

CADÍ.

_(Ap. á los moriscos.)_

Él sin duda á reprendernos

Viene.

ALCUZC.

Eso no perder nada.

¿Prender no fuera peor

Que reprender?

CADÍ.

¿Qué nos mandas?

MALEC.

Reportáos todos, amigos,

Del susto que el verme os causa,

Hoy entrando en el cabildo,

Envió desde la sala

Del rey Felipe Segundo

El presidente una carta,

Para que la ejecucion

De lo que por ella manda,

De la ciudad quede á cuenta.

Abrióse, empezó en voz alta

A leerla el secretario

Del cabildo; y todas cuantas

Instrucciones contenia,

Todas eran ordenadas

En vuestro agravio. ¡Qué bien

Pareja del tiempo llaman

A la fortuna, pues ambos

Sobre una rueda y dos alas,

Para el bien ó para el mal

Corren siempre y nunca paran!

Las condiciones, pues, eran

Algunas de las pasadas

Y otras nuevas que venian

Escritas con más instancia,

En razon de que ninguno

De la nacion africana,

Que hoy es caduca ceniza

De aquella invencible llama

En que ardió España, pudiese

Tener fiestas, hacer zambras,

Vestir sedas, verse en baños,

Ni oirse en alguna casa

Hablar en su algarabía,

Sino en lengua castellana.

Yo, que por el más antiguo,

El primero me tocaba

Hablar, dije que aunque era

Ley justa y prevencion santa

Ir haciendo poco á poco

De la costumbre africana

Olvido, no era razon

Que fuese con furia tanta;

Y así, que se procediese

En el caso con templanza,

Porque la violencia sobra

Donde la costumbre falta.

Don Juan, Don Juan de Mendoza

Deudo de la ilustre casa

Del gran marqués de Mondéjar,

Dijo entónces: «Don Juan habla

Apasionado, porque

Naturaleza le llama

A que mire por los suyos,

Y así, remite y dilata

El castigo á los moriscos,

Gente vil, humilde y baja.--

Señor Don Juan de Mendoza

(Dije), cuando estuvo España

En la opresion de los moros

Cautiva en su propria patria,

Los cristianos, que mezclados

Con los árabes estaban,

Que hoy mozárabes se dicen,

No se ofenden, ni se infaman

De haberlo estado, porque

Más engrandece y ensalza

La fortuna al padecerla

A veces, que al dominarla.

Y en cuanto á que son humildes,

Gente abatida y esclava,

Los que fueron caballeros

Moros no debieron nada

A caballeros cristianos

El dia que con el agua

Del bautismo recibieron

Su fe católica y santa;

Mayormente los que tienen,

Como yo, de reyes tanta.--

Sí; pero de reyes moros,

Dijo.--Como si dejara

De ser real, le respondí,

Por mora, siendo cristiana

La de Válores, Cegríes,

De Venegas y Granadas.»

De una palabra á otra, en fin,

Como entramos sin espadas,

Unos y otros se empeñaron...

¡Mal haya ocasion, mal haya,

Sin espadas y con lenguas,

Que son las peores armas,

Pues una herida mejor

Se cura que una palabra!

Alguna acaso le dije

Que obligase á su arrogancia

A que (aquí tiemblo al decirlo)

Tomándome (¡pena extraña!)

El báculo de las manos,

Con él... Pero hasta esto basta;

Que hay cosas que cuesta más

El decirlas que el pasarlas.

Este agravio que en defensa,

Esta ofensa que en demanda

Vuestra á mí me ha sucedido,

A todos juntos alcanza,

Pues no tengo un hijo yo

Que desagravie mis canas,

Sino una hija, consuelo

Que aflige más que descansa.

Ea, valientes moriscos,

Noble reliquia africana,

Los cristianos solamente

Haceros esclavos tratan;

La Alpujarra (aquesa sierra

Que al sol la cerviz levanta,

Y que poblada de villas,

Es mar de peñas y plantas,

Adonde sus poblaciones

Ondas navegan de plata,

Por quien nombres las pusieron

De Galera, Berja y Gavia)

Toda es nuestra: retiremos

A ella bastimentos y armas.

Elegid una cabeza

De la antigua estirpe clara

De vuestros Abenhumeyas,

Pues hay en Castilla tantas,

Y hacéos señores, de esclavos;

Que yo, á costa de mis ánsias,

Iré persuadiendo á todos

Que es bajeza, que es infamia

Que á todos toque mi agravio,

Y no á todos mi venganza.

CADÍ.

Yo para el hecho que intentas...

OTRO.

Yo para la accion que trazas...

CADÍ.

Mi vida y mi hacienda ofrezco.

OTRO.

Ofrezco mi vida y alma.

UNO.

Todos decimos lo mismo.

MORISCA.

Y yo en el nombre de cuantas

Moriscas Granada tiene,

Ofrezco joyas y galas.

_(Vanse Malec y varios moriscos.)_

ALCUZC.

Mé, que solo tener una

Tendecilia en Vevarambla

De aceite, vinagre é higos,

Nueces, almendras é pasas,

Cebolias, ajos, pimientos,

Cintas, escobas de palma,

Hilo, agujas, faldriqueras,

Con papel blanco é de estraza,

Alcamonios, agujetas

De perro, tabaco, varas,

Caniones para hacer plumas,

Hostios para cerrar cartas,

Ofrecer llevarla á cuestas

Con todas sus zarandajas,

Porque me he de ver, si llegan

A colmo mis esperanzas,

De todos los Alcuzcuzes

Marqués, conde ó duque.

UNO.

Calla,

Que estás loco.

ALCUZC.

No estar loco.

OTRO.

Si no loco, es cosa clara

Que estás borracho.

ALCUZC.

No estar,

Que jonior Mahoma manda

En su alacran no beber

Vino, y en mi vida nada

Lo he bebido... por los ojos;

Que si alguna vez me agrada,

Por no quebrar el costumbre,

Me lo bebo por la barba.

_(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en casa de Malec._

ESCENA III.

DOÑA CLARA, BEATRIZ.

D.ª CLAR.

Déjame, Beatriz, llorar

En tantas penas y enojos;

Débanles algo á mis ojos

Mi desdicha y mi pesar.

Ya que no puedo matar

A quien llegó á deslucir

Mi honor, déjame sentir

Las afrentas que le heredo,

Pues ya que matar no puedo,

Pueda á lo ménos morir.

¡Qué baja naturaleza

Con nosotras se mostró,

Pues cuando mucho, nos dió

Un ingenio, una belleza

Adonde el honor tropieza,

Mas no donde pueda estar

Seguro! ¿Qué más pesar,

Si á padre y marido vemos

Que quitar su honor podemos,

Y no le podemos dar?

Si hubiera varon nacido,

Granada y el mundo viera

Hoy, si con un jóven era

Tan soberbio y atrevido

El Mendoza, como ha sido

Con un viejo... Y por hacer

Estoy que llegue á entender

Que no por mujer le dejo;

Pues quien riñó con un viejo,

Podrá con una mujer.

Pero es loca mi esperanza.

Esto es solamente hablar.

¡Oh si pudiera llegar

A mis manos mi venganza!

Y mayor pena me alcanza

Verme ¡ay infelice! así,

Porque en un dia perdí

Padre y esposo, pues ya

Por mujer no me querrá

Don Álvaro Tuzaní.

ESCENA IV.

DON ÁLVARO.--DOÑA CLARA, BEATRIZ.

D. ÁLV.

Por mal agüero he tenido,

Cuando ya en nada repara

Mi amor, haber, bella Clara,

Mi nombre en tu boca oido;

Porque si la voz ha sido

Eco del pecho, sospecho

Que él, que en lágrimas deshecho

Está, sus penas dirá:

Luego soy tu pena ya,

Pues que me arrojas del pecho.

D.ª CLAR.

No puedo negar que llena

De penas el alma esté,

Y andas tú en ellas, porqué

No eres tú mi menor pena.

De tí el cielo me enajena:

¡Mira si eres la mayor!

Porque es tan grande mi amor,

Que tu mujer no he de ser,

Porque no tengas mujer

Tú, de un padre sin honor.

D. ÁLV.

Clara, no quiero acordarte

Cuánto respeto he tenido

A tu amor, y cuánto ha sido

Mi respeto en adorarte;

Sólo quiero en esta parte

Disculparme de que así

Haya entrado hoy hasta aquí,

Antes de haberte vengado;

Porque haberlo dilatado

Es lo más que hago por tí.

Que aunque en las leyes del duelo

Con mujer no se ha de hablar,

Y aunque puedo consolar

Tu pena y tu desconsuelo

Con decir á tu desvelo

Que no llore y que no sienta;

Porque la accion que se intenta

Sin espada (mayormente

Cuando hay justicia presente)

Ni agravia, ofende ni afrenta;

De uno ni otro me aprovecho,

Mas de otra disculpa sí,

Y es decir que entrarme aquí

Antes de haber satisfecho

(Pasando al Mendoza el pecho)

A tu padre, accion ha sido

Cuerda; porque recibido

Está que no se vengó

Bien del ofensor, si no

Le dió muerte el ofendido,

Si no es que su hijo sea

O sea su hermano menor:

Y así para que su honor

Hoy imposible no vea

La venganza que desea,

Una fineza he de hacer,

Que es pedirte por mujer

A Don Juan: y así, colijo

Que en siendo una vez su hijo,

Le podré satisfacer.

Solo á esto, Clara, he venido;

Y si me tuvo hasta aquí

Cobarde en pedirte así,

Haber tan pobre nacido;

Hoy que esto le ha sucedido,

Sólo le pida mi labio

Su agravio en dote: y es sabio

Acuerdo dármele, pues

Ya sabe el mundo que es

Dote de un pobre un agravio.

D.ª CLAR.

Ni yo, Don Álvaro, espero

Acordarte, cuando lloro,

La verdad con que te adoro

Y la fe con que te quiero.

No intento decir que muero

Hoy, dos veces ofendida,

No que á tu aficion rendida,

No que en amorosa calma

Eres vida de mi alma

Y eres alma de mi vida;

Que sólo dar á entender

Quiero en confusion tan brava,

Que quien fuera ayer tu esclava,

Hoy no será tu mujer;

Porque si cobarde ayer

No me pediste, y hoy sí,

No quiero yo que de tí,

Murmurando el mundo, arguya

Que para ser mujer tuya

Hubo que suplir en mí.

Rica y honrada pensé

Yo que áun no te merecia;

Mas como era dicha mia,

Solamente lo dudé:

Mira cómo hoy te daré

En vez de favor castigo,

Haciendo al mundo testigo

Que fué menester, señor,

Que me hallases sin honor

Para casarte conmigo.

D. ÁLV.

Yo lo intento por vengarte.

D.ª CLAR.

Yo lo excuso por temerte.

D. ÁLV.

Esto, Clara, ¿no es quererte?

D.ª CLAR.

¿No es esto, Álvaro, estimarte?

D. ÁLV.

No has de poder excusarte...

D.ª CLAR.

Darme la muerte podré.

D. ÁLV.

Que yo á Don Juan le diré

Mi amor.

D.ª CLAR.

Diré que es error.

D. ÁLV.

Y eso ¿es lealtad?

D.ª CLAR.

Es honor.

D. ÁLV.

Y eso ¿es fineza?

D.ª CLAR.

Esto es fe;

Pues á los cielos les juro

De no ser de otro mujer,

Como mi honor llegue á ver

De toda excepcion seguro.

Solo esto lograr procuro.

D. ÁLV.

¿Qué importa si?...

BEATRIZ.

Mi señor

Sube por el corredor

Con mucho acompañamiento.

D.ª CLAR.

Retírate á este aposento.

D. ÁLV.

¡Qué desdicha!

D.ª CLAR.

¡Qué rigor!

_(Vanse Don Álvaro y Beatriz.)_

ESCENA V.

DON ALONSO DE ZÚÑIGA, DON FERNANDO VÁLOR Y DON JUAN MALEC.--DOÑA CLARA;

DON ÁLVARO, _oculto_.

MALEC.

Clara...

D.ª CLAR.

Señor...

MALEC.

(_Ap._ ¡Ay de mí!

¡Con cuánta pena te encuentro!)

Éntrate, Clara, allá dentro.

D.ª CLAR.

_(Ap. á su padre.)_

¿Qué es esto?

MALEC.

Oye desde ahí.

_(Vase Doña Clara al cuarto donde está Don Álvaro, quedándose tras la

puerta entreabierta.)_

D. ALON.

Don Juan de Mendoza preso

Queda en el Alhambra ya;

Y así preciso será,

En tanto que este suceso

Se compone, que lo esteis

Vos en vuestra casa.

MALEC.

Aceto

La carcelería, y prometo

Guardarla.

VÁLOR.

No lo estareis

Mucho; que pues me ha dejado

El señor Corregidor

(Porque en el duelo de honor

Nunca la justicia ha entrado)

A mí hacer las amistades,

Yo las haré, procurando

El fin.

D. ALON.

Señor Don Fernando

De Válor, con dos verdades

Se sanea una malicia;

Pues que no hay agravio, es ley,

Ni en el palacio del Rey

Ni en tribunal de justicia.

Todos lo somos allí,

Y allí no le puede haber.

VÁLOR.

El medio pues ha de ser

Este...

D. ÁLV.

_(Ap. á D.ª Clara.)_

¿Oyeslo todo?

D.ª CLAR.

Sí.

VÁLOR.

Que en este caso no hay medio

Que le sanee mejor.

Escuchadme.

MALEC.

¡Ay del honor

Que se cura con remedio!

VÁLOR.

Don Juan de Mendoza es

Tan bizarro caballero

Como ilustre, está soltero,

Y Don Juan de Malec, pues,

En quien sangre ilustre dura

De los reyes de Granada,

Tiene una hija celebrada

Por su ingenio y su hermosura.

A nadie toca tomar,

Si satisfaccion desea,

La causa, sino á quien sea

Su yerno. Pues con casar

A Don Juan con Doña Clara,

Estará cierto...

D. ÁLV.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí!

VÁLOR.

Que no pudiendo por sí

Vengarse la ofensa rara,

Pues habiendo á un tiempo sido

Interesado en su honor,

Como tercero ofensor,

Y como su hijo ofendido;

En no teniendo de quién

Estar ofendido pueda,

Por la misma razon queda

Seguro. Don Juan tambien,

No habiendo de darse muerte

A sí mismo en tanto abismo,

Vendrá á tener en sí mismo

Su mismo agravio: de suerte

Que no pudiendo agraviarse

Un hombre á sí, haciendo sabio

Dueño á Don Juan del agravio,

No tiene de quién vengarse,

Y queda limpio el honor

De los dos, pues en efeto

No caben en un sujeto

Ofendido y ofensor.

D. ÁLV.

_(Ap. á D.ª Clara.)_

Yo responderé.

D.ª CLAR.

Detente,

No me destruyas, por Dios.

D. ALON.

Eso está bien á los dos.

MALEC.

Hay mayor inconveniente,

Pues toda nuestra esperanza

Que Clara deshaga entiendo...

D.ª CLAR.

_(Ap.)_ El cielo me va trayendo

A las manos la venganza.

MALEC.

Que mi hija, no sabré

Si hombre que aborreció ya

Con tanta ocasion, querrá

Por marido. _(Sale D.ª Clara.)_

D.ª CLAR.

Sí querré;

Que importa ménos, señor,

Si aquí tu opinion estriba,

Que yo sin contento viva,

Que vivir tú sin honor.

Porque si fuera tu hijo,

La ira me estaba llamando,

Bien muriendo ó bien matando,

Y siendo tu hija, colijo

Que en el modo que pudiere

Te debo satisfacer,

Y así, seré su mujer:

De cuyo efecto se infiere

Que estoy tu honor defendiendo,

Que estoy tu fama buscando.

(_Ap._ Y pues no puedo matando,

Quiero vengarte muriendo.)

D. ALON.

Vuestro ingenio solo pudo

En un concepto cifrar

Conclusion tan singular.

VÁLOR.

Y ya el efecto no dudo.

Escríbase en un papel

Esto que aquí se trató,

Para que le lleve yo.

D. ALON.

Ambos iremos con él.

MALEC.

_(Ap.)_ Quiero usar de aqueste medio,

Miéntras empieza el motin.

VÁLOR.

Todo esto tendrá buen fin,

Pues estoy yo de por medio.

_(Vanse los tres.)_

D.ª CLAR.

Ahora que á un aposento

Se han retirado á escribir,

Podrás, Álvaro, salir.

ESCENA VI.

DON ÁLVARO.--DOÑA CLARA.

D. ÁLV.

Sí haré, sí haré, y con intento

De no volver á ver más

Alma tan mudable en pecho

Tan noble; y el no haber hecho,

Cuando la muerte me das,

Un notable extremo aquí,

No fué respeto, no fué

Temor, gusto sí, porqué

Mujer tan baja...

D.ª CLAR.

¡Ay de mí!

D. ÁLV.

Que á un tiempo, con vil intento,

Fe injusta, estilo liviano,

Ofrece á un hombre la mano

Y á otro tiene en su aposento,

No me está bien que se diga

Que nunca la quise bien.

D.ª CLAR.

La voz, Álvaro, deten,

A que un engaño te obliga;

Que yo te satisfaré

Con el tiempo.

D. ÁLV.

Estas no son

Cosas de satisfaccion.

D.ª CLAR

Podrán serlo.

D. ÁLV.

¿No escuché

Yo que la mano darias

Hoy al de Mendoza?

D.ª CLAR.

Sí;

Pero no sabes de mí

El fin de las ánsias mias.

D. ÁLV.

¿Qué fin? Darme muerte. Advierte

Si hay disculpa que te cuadre,

Pues él agravió á tu padre

Y á mí me ha dado la muerte.

D.ª CLAR.

El tiempo, Álvaro, podrá

Desengañarte algun dia

Que es constante la fe mia,

Y que esta mudanza está

Tan de tu parte...

D. ÁLV.

¿Quién vió

Tan sutil engaño? Dí,

¿No le das la mano?

D.ª CLAR.

Sí.

D. ÁLV.

¿No has de ser su mujer?

D.ª CLAR.

No.

D. ÁLV.

Pues ¿qué medio puede haber...

D.ª CLAR.

No me preguntes en vano.

D. ÁLV.

Clara, entre darle la mano

Y entre no ser su mujer?

D.ª CLAR.

Darle la mano, quizá

Será traerle á mis brazos,

Con que le he de hacer pedazos.

¿Estás satisfecho ya?

D. ÁLV.

No; que si él muere en tus lazos,

Dejará ¡ay Dios! al morir

Muy desvalido el vivir,

Porque son, Clara, tus brazos

Para verdugos muy bellos.

Pero ántes que (ya que sea

Ese tu intento) él se vea

Ni áun para morir en ellos,

Curaré de mis desvelos

Yo con su muerte el rigor.

D.ª CLAR.

Eso ¿es amor?

D. ÁLV.

Es honor.

D.ª CLAR.

Esa ¿es fineza?

D. ÁLV.

Son celos.

D.ª CLAR.

Mira, mi padre escribió.

¡Quién detenerte pudiera!

D. ÁLV.

¡Qué poco menester fuera

Para detenerme yo! _(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en la Alhambra._

ESCENA VII.

DON JUAN DE MENDOZA, GARCÉS.

MENDOZA.

Nunca en razon la cólera consiste.

GARCÉS.

No te disculpes. ¡Qué! Muy bien hiciste

En ponerle la mano;

Que no por viejo el que es nuevo cristiano

Piense que inmunidad el serlo goza

De atreverse á un Gonzalez de Mendoza.

MENDOZA.

Hay mil hombres que en fe de sus estados

Son soberbios, altivos y arrojados.

GARCÉS.

Para aquestos traia el condestable

Don Iñigo (el acuerdo era admirable)

En la cinta una espada,

Y otra que le servia de cayada.

Preguntándole un dia,

Que dos espadas á qué fin traia,

Dijo: «La de la cinta se prefiere

Para aquel que en la cinta la trajere.

Estotra, que de palo me ha servido,

Para quien no la trae y es atrevido.»

MENDOZA.

Muy bien mostró deber los caballeros

Traer para dos acciones dos aceros.

Ya que el triunfo ha salido

De espadas, dáme aquesa que has traido,

Porque á cualquier suceso

No me halle sin espada aunque esté preso.

GARCÉS.

Yo me agradezco haber la vuelta dado

Hoy á tu casa en tiempo que á tu lado

Puedo servirte, si enemigos tienes.

MENDOZA.

Y ¿cómo de Lepanto, Garcés, vienes?

GARCÉS.

Como quien ha tenido

Fortuna de haber sido

En ocasion soldado,

Que haya en faccion tan grande militado

Debajo de la mano y disciplina

Del hijo de aquel águila divina,

Que en vuelo infatigable y sin segundo

Debajo de sus alas tuvo al mundo.

MENDOZA.

¿Cómo el señor Don Juan llegó?

GARCÉS.

Contento

De la empresa.

MENDOZA.

¿Fué grande?

GARCÉS.

Escucha atento.

Con la liga...

MENDOZA.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 15 / 19 段