Si todas cuantas desgracias
Ha inventado la fortuna,
Deidad de los hombres vária,
Se perdieran, todas juntas
Hoy en mí solo se hallaran;
Que soy epílogo y cifra
De las miserias humanas.
Yo que ayer de Marïene
Esposo y galan, con raras
Muestras de amor coroné
De victorias mi esperanza;
Hoy lloro agravios, sospechas,
Temores, desconfianzas
Y... celos iba á decir;
Pero imaginarlos basta.
Yo que ayer de Palestina
Gobernador y monarca,
No cupe ambicioso en cuanto
El sol dora, y el mar baña;
Hoy pobre, triste y rendido,
Entre dos fuertes murallas
Aprisionándome el vuelo,
Tengo abatidas las alas.
Yo que del laurel sagrado
Ayer pretendí las ramas
Siempre verdes, á pesar
De los rayos que las guardan;
Hoy, segur suya mi acero,
Veo que sus pompas tala,
Solamente por llegar
Embotado á mi garganta.
¡Pluguiera al hado! ¡pluguiera
Al cielo que aquí pararan
Sus presagios, y que en mí
Se desmintiera la ingrata
Indignacion de un destino!
Pues muriendo yo á la saña
Del temple infausto, pudiera
Persuadir á la ignorancia,
Que ya de lo que más quise
Ejecutó la amenaza.
Mas ¡ay triste! ¡ay infelice!
Que no soy yo á quien más ama
Mi misma vida, supuesto
Que tambien ella tirana
Me aborrece por ser mia;
Y no con morir acaban
Mis desdichas, que inmortales
Mas allá de morir pasan.
Otaviano... Al pronunciarlo,
Valor y aliento me faltan.
Otaviano adora... ¿Cómo
Lo diré sin que me añada
Dolor á dolor?--Adora
A Marïene; pintada
Dos veces la ví, y dos veces
A él gentil, pues idolatra
Una vez á un sol sin luz,
Y otra á una deidad sin alma.
¡Mal haya el hombre infeliz,
Otra y mil veces mal haya
El hombre que con mujer
Hermosa en extremo casa!
Que no ha de tener la propia
De nada opinion; pues basta
Ser perfecta un poco en todo,
Pero con extremo en nada;
Que es armiño la hermosura
Que siempre á riesgo se guarda:
Si no se defiende, muere;
Si se defiende, se mancha.
No pues mi ambicion, Filipo,
No mi atrevida arrogancia,
No el ser parcial con Antonio,
No mi poder, no mis armas,
Me aflige, me desespera,
Me precipita y me arrastra;
Sino el ser de Marïene
Esposo. ¡Oh caigan, oh caigan
Sobre mi mares y montes!
Aunque si de ofensas tantas
El peso no me derriba,
No me rinde, no me agrava,
El de los montes y mares
No me agobiará la espalda.
Y así, viendo cuánto á instantes
Mi vida cuenta la parca,
Y cuánto á brazo partido
En esta lóbrega estancia
Luchando estoy de mi muerte
Con las sombras y fantasmas;
Viendo, en fin, que apénas hoy
En una pública plaza
Seré horror de la fortuna,
Seré del amor venganza,
Cuando él sea ¡ay infeliz!
(Pues á Jerusalen marcha,
Donde es fuerza que la vea)
En tálamos de oro y grana,
Heredero de mis dichas,
Dueño de mis esperanzas;
Muero de agravios y celos
Que matan, porque no matan.
Dirásme que ¿qué me importa,
Pues con la vida se acaban
Las desdichas? ¡Ay Filipo,
Cuánto esa opinion engaña!
Que amor en el alma vive,
Y si ella á otra vida pasa,
No muere el amor, sin duda,
Puesto que no muere el alma.
El ¿no nace de una estrella,
Ya propicia ó ya contraria?
¿Pues cómo faltará amor,
Miéntras la estrella no falta?
¿Quieres ver cuál es la mia?
Pues si pudiera apagarla
Hoy con el último aliento
Lo hiciera, porque faltara
Del cielo, y otro ninguno
En su gracia ó su desgracia
No naciera como yo,
Porque como yo no amara.
Y en fin, ¿para qué discurre
Mi voz? ¿para qué se cansa?
Otra pena, otro dolor,
Otro tormento, otra ánsia
En el corazon no llevo,
Sino sólo ver que aguarda
Marïene á ser empleo
De otro amor, de otra esperanza.
Sea barbaridad, sea
Locura, sea inconstancia,
Sea desesperacion,
Sea frenesí, sea rabia,
Sea ira, sea letargo,
O cuanto despues mis ánsias
Quisieren; que todo quiero
Que sea, pues todo es nada,
Como no sean mis celos;
Y así, pues que la palabra
Me has dado de obedecerme,
Haz lo que mi amor te encarga.
Vuelve á Jerusalen, vuelve
A la esfera soberana
Del mejor sol de Judea;
Y en diciéndote la fama
Que he muerto, en el mismo instante
Con mortal eclipse apaga
A la tierra el mejor rayo,
Al cielo la mejor llama,
Al campo la mejor flor,
La mejor estrella al alba.
Tolomeo, que quedó
Por capitan de mis guardas,
Y siempre á Mariene asiste
Sin poder seguirme, á causa
De quedar convaleciente
De aquella herida pasada,
Dará la ocasion, á cuyo
Fin, para él es esta carta: _(Dásela.)_
Dél te fía, pues no dudo,
Previstas las circunstancias
De un veneno ó de un dogal,
Que él te guarde las espaldas.
Muera yo, y muera sabiendo
Que Mariene soberana
Muere conmigo, y que á un tiempo
Mi vida y la suya acaban;
Pero no sepa que yo
Soy el que morir la manda:
No me aborrezca el instante
Que pida al cielo venganza.
No te acobarde lo horrible
De una historia tan extraña;
Que cuando murmuren unos
Que hubo quien dejó por manda
Un homicidio, creyendo
Que así sus penas engaña,
Que así sus quejas desmiente,
Que así desdice sus ánsias,
Y que así enmienda sus celos,
Otros habrá que le aplaudan;
Pues no hay amante ó marido
(Salgan todos á esta causa)
Que no quisiera ver ántes
Muerta, que ajena su dama.
FILIPO.
Bien quisiera responderte;
Mas no es posible, que baja
Mucha gente á la prision.
TETRARC.
Por si vienen por mí, salga
Mi valor á recibirlos.
Tú, cobrando la ventaja
Que puedas, parte, Filipo,
Al instante.
FILIPO.
Señor...
TETRARC.
Calla,
Que sé que tienes razon;
Pero no puedo escucharla.
FILIPO.
Ni yo decirla, que llega
Ya la gente.
TETRARC.
Esferas altas,
Cielo, sol, luna y estrellas,
Nubes, granizos y escarchas,
¿No hay un rayo para un triste?
Pues si ahora no los gastas,
¿Para cuándo, para cuándo
Son, Júpiter, tus venganzas? _(Vanse.)_
* * * * *
_Playa de Jaffa._
ESCENA XI.
ARISTÓBOLO, MARIENE, LIBIA, DAMAS Y SOLDADOS JUDÍOS.
_(Tocan cajas.)_
ARISTÓB.
Dáme otra vez los brazos,
Porque coronen tan hermosos lazos
Hoy la esperanza mia.
MARIENE.
Mi vida, hermano, á tu valor se fía:
Publiquen, pues, tus glorias,
Que victorias de amor son mis victorias.
ARISTÓB.
Ya que por la lealtad de Polidoro
(Como te dije) con mi nombre preso,
De un infeliz á otro infeliz suceso,
Pude llegar donde tu luz adoro,
Y donde á tu obediencia y tu decoro
Atenta dignamente
Nuestra nacion, de su alistada gente
General me ha nombrado,
Cumpliré la palabra que te he dado
De morir animoso,
O traerte libre á tu adorado esposo.
MARIENE.
¡Oh, cúmplamela el cielo!
Y pues el campo de cristal y hielo
De aquí á Egipto es tan breve
Por ese pasadizo que de nieve,
O se encrespa ó se eriza,
Cuando el copete de su frente riza,
Presto la nueva espero
De que mi amor desempeñó tu acero.
ARISTÓB.
Si tu amor va conmigo,
Fácil empresa, fácil triunfo sigo.
_(Vuelven á tocar cajas.)_
ESCENA XII.
TOLOMEO.--DICHOS.
TOLOM.
Ya el campo cristalino
Tanto pez de madera, ave de lino,
Admite en sus esferas,
Que parecen las ondas lisonjeras,
Ocupando horizontes,
Una vaga república de montes.
Y pues noble no queda,
Que excusarse á tan alta faccion pueda,
Que me des te suplico
Licencia...
MARIENE.
Antes de oirla, la replico.
Capitan de mis guardas te ha dejado
Mi esposo; su palacio te ha fiado.
No es asistirme á mí ménos ufana
Faccion que esotra.
ARISTÓB.
Dice bien mi hermana;
Y pues el cargo, que os quedeis abona,
Mirad que me mireis por su persona.
TOLOM.
Obedecerte espero.
MARIENE.
Y yo veros partir á todos quiero,
Porque os den para iros,
Agua mis ojos, viento mis suspiros.
_(Vuelven á tocar la caja, y vanse Mariene, Aristóbolo, las damas y los
soldados.)_
ESCENA XIII.
TOLOMEO, LIBIA.
LIBIA.
Permita la ocasion á mi deseo
El que de tu salud ¡oh Tolomeo!
El parabien te dé; si bien pudiera
Dármele á mí mejor de que no hubiera
Marïene admitido
La fineza de ir; que hubiera sido
Doblada la dolencia
Consolar un dolor con una ausencia.
TOLOM.
Agradezca, señora,
El favor toda una alma que te adora;
Y pues como á milagro
Suyo, mi vida á tu deidad consagro,
Crê que el morir sentia,
No, Libia hermosa, no porque moria,
Sino porque sin verte,
Pagaba con dos vidas una muerte.
LIBIA.
Responderte quisiera;
Mas la Reina, que ocupa la ribera,
Me echará ménos: sólo te prevengo
Que ya falseada para vernos tengo
Del jardin esta llave.
TOLOM.
Si ser amor ladron de casa sabe,
Dáme la llave ahora,
Y apénas desdoblar verás, señora,
La falda que arrugó la noche fria,
Sobre la hermosa variedad del dia,
Cuando entre en el jardin, y sean sus flores
Los testigos no más de tus favores,
Siendo sus pompas bellas,
Si flores para tí, para mí estrellas.
LIBIA.
Toma, y advierte no entres (que quejosa
De tí Sirene, y de mi amor celosa
Anda) hasta... Mas no puedo
Proseguir: adios, pues.
TOLOM.
Confuso quedo.
Oye, espera.
LIBIA.
No faltes desta parte;
Que yo, si puedo, volveré á informarte.
_(Vase.)_
ESCENA XIV.
TOLOMEO, _y despues_, FILIPO.
TOLOM.
Aunque en la paz me quedo,
Temer más guerra en mis sentidos puedo
Que tienen mar y tierra,
Pues incluyen más guerra
Que tierra y mar el ánsia y el cuidado
Del que aquí aborrecido y allí amado,
Lidia con su deseo,
Siendo Sirene y Libia...
FILIPO.
_(Dentro.)_ Tolomeo.
TOLOM.
¡Cielos! ¿Llamáronme?
FILIPO.
Sí.
TOLOM.
¿Quién?
_(Sale Filipo con una banda en el rostro.)_
FILIPO.
Un hombre que ha llegado
En un barco que ha volado
Desde el mar de Egipto aquí,
Y que sin ser conocido
De otro (á cuyo fin cubierto
El rostro, ha tomado puerto
En sitio más escondido),
A solas tiene que hablaros.
Seguidme.
TOLOM.
¿No me direis
Quién sois?
FILIPO.
Despues lo sabreis.
TOLOM.
(_Ap._ ¿Quién vió sucesos más raros?)
Guiad, pues.
FILIPO.
Sí haré, que ninguno
Me ha de ver hablar con vos. _(Vanse.)_
_Otro punto de la costa, más retirado._
ESCENA XV.
TOLOMEO, FILIPO.
TOLOM.
Ya estamos solos los dos,
Y el sitio es tan oportuno
Que es apartado lugar.
FILIPO.
Pues leed ese papel;
Que en viendo lo que hay en él,
Tenemos mucho que hablar.
TOLOM.
Cada punto, cada instante
Añadís al corazon
Otra nueva confusion.
FILIPO.
Aun más quedan adelante.
Lêd, que más duda os espera
Por piadoso ó por cruel.
TOLOM.
Del Tetrarca es el papel,
Y dice... _(Lee para sí.)_
FILIPO.
_(Ap.)_ Desta manera,
Descubriendo su intencion,
Lo que hay en él he de ver,
Para ver qué debo hacer.
TOLOM.
Notable es mi confusion.
_(Lee.)_ «A mi servicio conviene,
»A mi honor y á mi respeto,
»Que muerto yo, con secreto
»Deis la muerte á Marïene.»
Hombre, que de asombros lleno
Traes en carta tan sucinta,
Del rejalgar de su tinta,
Conficionado el veneno;
Si conjuracion ha sido
La desta temeridad,
Y á examinar mi lealtad
De parte suya has venido;
No sólo en lo que contiene
Mi honor convendrá[14]; mas piensa
Que he de morir en defensa
De mi reina Marïene.
Y pues traidor, vive Dios,
Eres (que no te encubrieras
El rostro, si noble fueras),
Y estamos solos los dos,
Te tengo de hacer pedazos
Entre mis brazos.
[14] Si el verbo _contiene_ hace relacion, como parece, á la
carta, falta una negacion para que diga Filipo: _No solo no
convendrá mi honor en lo que contiene_, en lo que me previene,
_esa carta, sino que moriré en defensa de la Reina_.
FILIPO.
No harás,
Que yo no esperaba más
Para darte mil abrazos. _(Descúbrese.)_
TOLOM.
¡Filipo! (¡qué es lo que veo!)
¡Tú sospechoso! (¡qué miro!)
Ya con más causa me admiro,
Con más razon no lo creo.
FILIPO.
El Tetrarca para tí
Con esta carta me envía;
Que de los dos solos fía
La accion que contiene en sí.
Muerto él, nos manda que muera
Marïene; pero ya
Que de tu valor está
Vista la fe verdadera,
Quédese el caso encubierto;
Que si él vive, estarlo es bien,
Y si acaso muere, ¿quién
Ha de obedecer á un muerto?
TOLOM.
Dices bien; pero aun es mucha
Mi duda: sepa qué es esto.
¿Quién en tal furor le ha puesto?
FILIPO.
Si quieres saberlo, escucha.
Otaviano enamorado
De un retrato que...
TOLOM.
Detente,
Que por aquí viene gente.
FILIPO.
A los dos nos ha importado
Que no me vean, y así,
Por desmentir la sospecha,
Quédate á hacer la deshecha,
Y vénte despues tras mí;
Que en ese monte te espero,
Y mil prodigios sabrás. _(Vase.)_
ESCENA XVI.
TOLOMEO.
¿Qué tengo que saber más,
Si ya de lo que sé muero?
Mariene era, ya torció
A los jardines el paso;
Y yo suspenso del caso
Que me ha sucedido, no
Sé de una accion tan cruel
Cuántas cosas anticipo.
Vuelvo á seguir á Filipo,
Volviendo á lêr el papel.
ESCENA XVII.
SIRENE.--TOLOMEO.
SIRENE.
Decidme si por aquí
Ha pasado Marïene;
Que en su seguimiento... Pero
Si hubiera visto quién eres,
Ni áun esto te preguntara,
Por no hablarte, por no verte.
TOLOM.
Espera, Sirene, aguarda.
SIRENE.
¿Para qué, tirano aleve,
Ingrato, falso, inconstante?
TOLOM.
Para que sepas, Sirene,
Que los hombres como yo,
Con principales mujeres
Bien pueden no ser amantes,
Pero no el no ser corteses.
Yo, por soldado, no tuve
Inclinacion...
SIRENE.
Cese, cese
Tu voz, que áun satisfacciones
De tí no quiero.
ESCENA XVIII.
LIBIA, _que se queda retirada, escuchando á_ TOLOMEO Y SIRENE.
LIBIA.
_(Ap.)_ ¡Valedme,
Cielos! ¡Qué escucho! Mas ¿cómo
Lo dudo? pues claramente
Dice que la satisface
La que dice que no quiere
Oir satisfacciones.
TOLOM.
Ya
Que aquesta ocasion ofrece
El acaso de encontrarme,
Por mí mismo has de oirme: atiende.
SIRENE.
No haré tal; que cortesana
Yo tambien, no quiero hacerte
El pesar de que no leas
El papel que te divierte
Tan á solas; y así es bien
(Porque él sea el que me vengue,
Mostrando cuán poco ó nada
Mis vanidades lo sienten)
Que pues leyéndole te hallo,
Que leyéndole te deje. _(Vase.)_
ESCENA XIX.
TOLOMEO, LIBIA.
LIBIA.
_(Ap.)_ ¿Qué papel, cielos, será
El que la venga y la ofende?
TOLOM.
Haces bien, pues, aunque vuelva
A lêrle una y muchas veces,
Una y muchas volveré
A dudar lo que contiene.
LIBIA.
_(Ap.)_ Mi sufrimiento ¿qué aguarda?
TOLOM.
_(Lee.)_ «A mi servicio conviene...»
LIBIA.
_(Adelantándose y asiendo á Tolomeo el papel.)_
Suelta, ingrato.
TOLOM.
¿Qué es aquesto?
LIBIA.
Saber qué papel es este.
TOLOM.
Pues no lo has de saber, Libia.
LIBIA.
¿Cómo no?
TOLOM.
Si es que merece
Algo contigo mi honor,
Si me estimas, si me quieres,
Débate yo la fineza
De no verle.
LIBIA.
¿Qué es no verle?
Si lo que á decirte vuelvo
Es que en el jardin no entres,
De cuya puerta la llave
Mi amor te entregó imprudente,
Hasta que una seña mia
Te asegure de Sirene,
Porque quejosa de tí,
Y de mí celosa, suele
Estar en él á deshoras;
¿Cómo, dí, ingrato, pretendes,
Hallándote con la misma
De quien recatarte debes,
Dándola satisfaciones,
Y diciéndola que aqueste
Papel la venga de tí,
Que sin mirarle le deje?
TOLOM.
Aunque tienes razon, Libia,
Vive Dios, que no la tienes.
El papel ni á ella ni á tí
Toca, y en fin no has de verle.
LIBIA.
He de verle.
TOLOM.
Mira...
LIBIA.
Aparta.
TOLOM.
Considera...
LIBIA.
Quita.
TOLOM.
Advierte,
No desatento...
LIBIA.
¿Tú?
TOLOM.
Sí.
LIBIA.
¿De qué suerte?
TOLOM.
Desta suerte.
LIBIA.
¿Tú conmigo tan grosero?
TOLOM.
¿Tú conmigo tan aleve?
LOS DOS.
Suelta el papel.
_(Parten entre los dos el papel.)_
ESCENA XX.
MARIENE, TOLOMEO, LIBIA.
MARIENE.
¿Qué papel?
TOLOM.
_(Ap.)_ ¡Grave mal!
LIBIA.
_(Ap.)_ ¡Desdicha fuerte!
TOLOM.
¿Qué pudiste engendrar, Libia,
Sino áspides y serpientes?
LIBIA.
¿Qué más áspides que celos?
MARIENE.
¿Pues qué atrevimiento es este?
¿Así mi esplendor se agravia?
¿Así mi sombra se ofende?
¿Mi decoro se aventura,
Y mi respeto se pierde?
¿En mi casa, y á mis ojos,
Vuestras acciones se atreven
A profanar un palacio,
Templo de honor tal, que á verle
El sol no entrara, á no entrar
Con disculpa de que viene
A darle la luz; que el sol
Aun no entrara de otra suerte?
Dáme esa parte tú, y tú
Esotra: de ellas conviene
Informar á mi recato.
TOLOM.
Que es una víbora advierte,
Que dividida en mitades,
Con cualquier extremo muerde.
MARIENE.
Véte tú, Libia, de aquí.
LIBIA.
_(Ap.)_ Piedad es el que me ausente,
Por no verla tan airada. _(Vase.)_
ESCENA XXI.
MARIENE, TOLOMEO.
MARIENE.
Tú tambien, ¿qué aguardas? Véte.
TOLOM.
Si por ventura han podido
Mis servicios merecerte
Sola una merced que sea
Capaz de muchas mercedes,
Rompe ese papel, y no
Le leas, señora: atiende
Que cuanto por verle ahora,
Darás despues por no verle.
MARIENE.
¿Qué deseo de mujer
Se rindió al inconveniente?
TOLOM.
El que advertido de mí
Sepa que, á fin diferente
De que llegase á tus manos,
Está inficionado ese
Papel de un mortal veneno,
Tan rigoroso y tan fuerte,
Que matará á quien le mire,
Que es la causa porque el lêrle
A Libia le defendia,
Viendo que entre estos laureles
Era ella quien le habia hallado,
No siendo ella á quien previene
Matar mi fe en tu servicio;
Que hay en él algun aleve,
Con quien se escribe Otaviano.
Y así, que de tí le eches,
Con lágrimas á tus piés,
Te suplico humildemente.
MARIENE.
Quien advierte de un peligro
Nunca suplicando advierte,
Porque el beneficio manda,
Y no ruega: luego mientes;
Que si estos extremos haces
Cuando me acuerdas los bienes,
¿Qué dejas que hacer, qué dejas
Cuando los males acuerdes?
Letra del Tetrarca es,
Con que ya se desvanece
El que fuese tuyo, y ya,
Que viva ó muera, he de lêrle.
TOLOM.
¡Ay infelice de tí!
MARIENE.
Dice á partes desta suerte:
_Muerte_ es la primer razon
Que he hallado: _honor_ contiene
Esta. _Marïene_ aquí
Se escribe. ¡Cielos, valedme!
Que dice mucho en tres voces
_Marïene, honor y muerte_.
_Secreto_ aquí, aquí _respeto_,
_Servicio_ aquí, aquí _conviene_,
Y aquí, _muerto yo_, prosigue.
Mas ¿qué dudo? ya me advierten
Los dobleces del papel
Adonde están los dobleces,
Llamándose unos á otros.
Sé, oh prado, lámina verde,
En que ajustándolos lea.
_(Pone los pedazos en el suelo, y júntalos.)_
_(Lee.)_ _A mi servicio conviene,_
_A mi honor y á mi respeto,_
_Que muerto yo_, ¡hados crueles!
_Deis_... ¡con qué temor respiro!
_Deis la muerte á Marïene._
Bien dijiste que era fiero
Tósigo y veneno fuerte,
Puesto que si no me mata,
Por lo ménos lo pretende.--
¿Quién este papel te dió?
TOLOM.
Filipo, que con él viene
De Egipto. Pero, señora,
Estar satisfecha puedes
De su lealtad y la mia,
Pues los dos...
MARIENE.
Otra vez mientes;
Que ni él ni tú sois leales.
Pues cobardes, pues aleves,
O viva ó muera, no sois,
Como debeis, obedientes
Al precepto de mi esposo.
¿Quién más es cómplice en este
Secreto?
TOLOM.
Nadie, señora.
MARIENE.
Pues mira lo que te advierte
Mi voz, que ninguno sepa,
Ni áun Filipo, que á entenderle
Llegué yo.
TOLOM.
Un mármol seré. _(Vase.)_
ESCENA XXII.
MARIENE.
¡Oh infeliz una y mil veces
La que se ve aborrecida
De la cosa que más quiere!
¿En qué, amado esposo mio,
En qué mi vida te ofende,
Que te pesa de que viva
La que de adorarte muere?
Cuando yo tu libertad
Trato, y á imperios de nieve
Doy, Semíramis de ondas,
Babilonias de bajeles;
Cuando en mi imaginacion,
Despues que vives ausente,
Adorando estoy tu sombra,
Y á mis ojos aparente,
Por burlar mi fantasía,
Abracé el aire mil veces;
¿Tú en una obscura prision,
Funesto mísero albergue,
En vez de abrazar mi imágen,
Estás trazando mi muerte?
O te quiero ó no. Si no
Te quiero, ¿no es más decente
A un noble, que de mujer
Que le olvida no se acuerde?
Y si te quiero, ¿por qué,
Despues de muerto, pretendes
Que muera? ¿No sabré yo,
Sin mandarlo, obedecerte?
Luego olvidando ¡ay de mí!
O queriendo, de una suerte
Ofendes tu vanidad,
O mi gratitud ofendes.
Si del mundo el mayor monstruo
Me está amenazando en ese
Encuadernado volúmen,
Mentira azul de las gentes,
Y tú me matas, será
Bien decirse de tí que eres
El mayor monstruo del mundo.
¡Mas ay! que en llegando á este
Término, no se qué nuevo
Espíritu me enfurece;
Y pues me tocan al alma
Afectos tan diferentes
De los mios, ¡plegue al cielo,
Fementido esposo aleve,
Que el socorro que te envío
Nunca á tomar puerto llegue!
Entre las Sirtes y Scilas
De Egipto á pique le echen
Los zozobrados embates,
Los contrastados vaivenes
De las ráfagas de Eolo,
O los sepulcros de Tétis.
No sólo en tu libertad
Milite, pero de suerte
Irrite á Otaviano, que
Apresurando tu... ¡Tente,
Lengua! no su muerte digas;
Basta que él diga mi muerte;
Que una cosa es ser quien soy,
Y otra ofenderme él. ¡Oh plegue
Al cielo que victoriosa
Tan en su favor navegue
La armada de tu socorro,
Que sobre el puerto de Ménfis
En tan grande estrecho ponga
La confusion de sus gentes,
Que temerosa de que
Las mias sus muros entren
A sangre y fuego, á partido
Reducidas, me lo entreguen
Vivo, para que á mis brazos...!
Pero ¿qué digo? Suspende,
Lengua, otra vez el acento,
Si no es que decir intentes:
«A mis brazos, para que
Vengativa é impaciente
En ellos le haga pedazos.»
--¡Ay de mí! ¡qué fácilmente
De un extremo á otro se pasan
En afectos de mujeres
Las lástimas á ser iras,
Y los favores desdenes!
De mujeres dije; pero
Dije mal, que excluirse deben
Las mujeres como yo
De lo comun de las leyes.
Y pues piadosas en una
Parte y en otra crueles
Mis ánsias lidian, en tanto
Tropel como me acomete
De divididos afectos,
De encontrados pareceres
Y opuestas obligaciones;
¡Déme el cielo industria, déme
Medio el hado, para que
Tanto unas como otras temple,
Que como esposa ofendida,
Y como reina prudente,
Cumpla con el mando, y cumpla
Conmigo, cuando á ver lleguen
Cielo, sol, luna y estrellas,
Astros y signos celestes,
Montes, mares, troncos, plantas,
Hombres, fieras, aves, peces,
Que como reina perdone,
Y como mujer me vengue!
JORNADA TERCERA.
ESCENA PRIMERA.
JUDÍOS, MÚSICOS, _y luego_ MARIENE, SOLDADOS ROMANOS, EL CAPITAN, Y
OTAVIANO.
JUDÍOS.
_(Dentro.)_ Viva Otaviano.
MÚSICOS.
_(Dentro.)_ _Viva._
JUDÍOS.
_(Dentro.)_ Y en los campos de Oriente...
MÚSICOS.
_(Dentro.)_ _Y en los campos de Oriente..._
JUDÍOS.
_(Dentro.)_ Ciñan su augusta frente...
MÚSICOS.
_(Dentro.)_ _Ciñan su augusta frente..._
JUDÍOS.
Sacro el laurel, pacífica la oliva.
_(Tocan cajas destempladas.)_
MARIENE.
_(Dentro.)_ La aclamacion festiva
Convertida en lamento
De mísero concento,
Diga en mi pena fiera
Que muera yo donde mi esposo muera.
SOLDS.
_(Dentro.)_ A tierra, á tierra.
_(Salva y chirimías dentro.)_
CAPITAN.
_(Dentro.)_ Marche,
Inspirado el clarin, herido el parche,
A la ciudad en órden nuestra gente.
_(Salen Otaviano, el Capitan y soldados romanos.)_
OTAVIAN.
Salve, tú, oh gran metrópoli de Oriente,
Jerusalen divina.
Salve, oh tú, emperatriz de Palestina
Y del Asia señora,
Que en el rosado imperio del aurora,
Con luciente voz muda
El sol en su primera edad saluda.
Salve otra vez, y admite
Tu César, cuyo nombre, que compite
Al tiempo y al olvido,
Dos veces al laurel restituido,
Pisa tu arena: una
En favor del poder y la fortuna;
Y otra, por más blasones,
A pesar de traidoras sediciones;
Pues cuando presumias
Que del romano yugo sacudias
La cerviz con haber hoy enviado
A Aristóbolo tanto leño alado
A librar tu Tetrarca,
Yo como en fin caudillo de la parca,
Habiéndole encontrado en el camino,
Y á fuerza del destino
Dejádole su armada
En las costas de Jafa derrotada,
Llego á tí, donde intento
Que el primer escarmiento
Que tu muralla vea,
De tu Tetrarca la cabeza sea;
A cuyo fin, por más infeliz suerte,
Su muerte dilaté, porque su muerte
Le dé terror más fiero,
Y más al filo de este infausto acero[15],
Desagraviando de camino aquella
Que ofendió, soberana deidad bella.
De ese, pues, bajel donde
Más le sepulta el buque que le esconde,
A tierra le sacad con el criado,
Que tambien, por haberme á mí engañado,
Y que él era Aristóbolo fingido,
Ha de morir. ¿Mas qué confuso ruido
_(Vanse los soldados, y suenan á un lado cajas y á otro música.)_
De músicas en una
Parte se escucha? ¿Quién (en otra alguna
Sedicion) cajas toca destempladas,
Repitiendo encontradas,
Allí con voz altiva...?
[15] El puñal de Heródes, que trae ceñido.
JUDÍOS Y
MÚSICOS.
_(Dentro.)_ _Viva Otaviano, viva._
OTAVIAN.
Y allí con voz severa...
MARIENE.
_(Dentro.)_ Y muera yo donde mi esposo muera.
CAPITAN.
De la ciudad abiertas
A tu salva, señor, miro dos puertas
Que de aquí se divisan,
Y várias de un extremo en otro avisan;
Que por una de hombres el festivo
Vulgo, aclamando tu renombre altivo,
A recibirte sale;
Y porque el llanto al regocijo iguale,
Por otra, negros lutos arrastrando,
Y haciendo las mujeres nuevo bando,
Salen tambien diciendo,
En ambos coros uno y otro estruendo...
JUDÍOS Y
MÚSICOS.
_Viva Otaviano, viva_;
_Y en los campos de Oriente_
_Ciñan su augusta frente_
_Sacro el laurel, pacífica la oliva._
MARIENE.
_(Dentro.)_ La aclamacion festiva,
Convertida en lamento
De mísero concento,
Diga de otra manera,
Que muera yo donde mi esposo muera.
ESCENA II.
_Salen, por un lado_, FILIPO, _con una fuente y en ella unas
llaves, y_ TOLOMEO _con otra, y en ella un laurel; y por el lado
opuesto_, MARIENE Y DAMAS, _vestidas de luto, con un velo en el
rostro_; JUDÍOS, MÚSICOS.--DICHOS.
TOLOM.
Pues la ciudad no tiene
Más medio, aunque lo sienta Marïene,
Fuerza es rendirnos. Llega,
Y tú las llaves y el laurel entrega.
FILIPO.
_(A Otaviano.)_
En albricias del fin de penas tantas,
Jerusalen, señor, hoy á tus plantas
Sus llaves rinde...
TOLOM.
Y su laurel y oliva...
LOS DOS.
Diciendo á voces...
TODOS.
Otaviano viva.
MARIENE.
A tus piés infelice
Llega tambien quien afligida dice,
Bien que en cláusula ménos lisonjera,
Que muera yo donde mi esposo muera.
OTAVIAN.
En extremos tan raros,
Que agradeceros tengo y que estimaros
A vosotros;--mas no que agradeceros
_(A Mariene.)_
Ni estimaros á vos, llegando á veros
Con señas tan funestas,
De mis aplausos perturbar las fiestas.--
Marche el campo.
_(Vuelve la espalda, y ella le detiene.)_
MARIENE.
Primero
Me has de escuchar.
OTAVIAN.
Si enternecer no espero
Mis iras, ¿para qué con ellas luchas?
MARIENE.
¿Para qué tú gobiernas si no escuchas?
OTAVIAN.
Dices bien, oirte quiero; mas no ignoro
Que tampoco es respeto ni decoro
Que tapada escucharte haya, sin verte.
MARIENE.
Tambien tú dices bien: ahora advierte.
_(Quítase el velo.)_
OTAVIAN.
_(Ap.)_ ¡Cielos! ¿qué es lo que veo?
¿De cuándo acá tomó cuerpo el deseo?
MARIENE.
_(Ap.)_ ¡Cielos! ¿qué es lo que miro?
Todo el aliento al corazon retiro
Al verme en su presencia descubierta.
OTAVIAN.
_(Ap.)_ ¿No es esta la beldad que adoré muerta?
MARIENE.
_(Ap.)_ Suspensa al verle quedo.
OTAVIAN.
_(Ap.)_ Al mirarla, ni crêr ni dudar puedo.
TOLOM.
_(Ap.)_ ¿Qué extremo es este? ¡Ay infeliz! sin duda
Viene á que el César á vengarla acuda
De aquel rigor. ¿No basta, pena mia,
Presa á Libia tener desde aquel dia,
Sino querer ahora
Descubrir el secreto?
FILIPO.
_(Ap.)_ Pues ignora
A qué fué mi venida,
No hay que temer, segura está mi vida.
MARIENE.
_(Ap.)_ Mal cobarde me aliento.
OTAVIAN.
_(Ap.)_ Mal osado me animo.
MARIENE
_(Ap.)_ Mas ¿por qué me reprimo?
OTAVIAN.
(_Ap._ ¿Pero por qué lo que he de estimar siento?)
Mujer, ¿qué quieres?
MARIENE.
Que me estés atento.
OTAVIAN.
¿Qué aguardas pues?
MARIENE.
Escucha.
(_Ap._ Mucha es mi turbacion.)
OTAVIAN.
_(Ap.)_ Mi pena es mucha,
Pues la muerta ceniza es viva llama.
MARIENE.
Inclito César, cuya heroica fama...
ESCENA III.
SOLDADOS _que traen al_ TETRARCA Y Á POLIDORO.--DICHOS.
UN SOLD.
Con el criado aquí el Tetrarca viene.
TETRARC.
_(Ap á Polidoro.)_
¡Qué miro! ¿con el César Marïene?
¿Pues no bastaba ¡cielos!
Ir á morir, sino á morir de celos?
POLIDOR.
¿Qué son celos? ¡pluguiera
A Baco, para mí celos hubiera,
Y no hubiera un garrote
Que anda desde la nuez hasta el cogote,
Ya haciéndome cosquillas!
OTAVIAN.
Su castigo
Diré despues: prosigue.
MARIENE.