Huyeron, y uno ha quedado

Dellos, que es el que está aquí.

_(Vuelve Crespo.)_

CRESPO.

_(Ap.)_ Cierto es que el que queda allí,

Sin duda es algun soldado.

D. LOPE.

_(Ap.)_ Ni áun este se ha de escapar

Sin almagre.

CRESPO.

_(Ap.)_ Ni este quiero

Que quede sin que mi acero

La calle le haga dejar.

D. LOPE.

Huid con los otros.

CRESPO.

Huid vos,

Que sabreis huir más bien. _(Riñen.)_

D. LOPE.

_(Ap.)_ ¡Vive Dios, que riñe bien!

CRESPO.

_(Ap.)_ ¡Bien pelea, vive Dios!

ESCENA XII.

JUAN, _con espada_.--DON LOPE, CRESPO.

JUAN.

(_Ap._ Quiera el cielo que le tope.)

Señor, á tu lado estoy.

D. LOPE.

¿Es Pedro Crespo?

CRESPO.

Yo soy.

¿Es Don Lope?

D. LOPE.

Sí es Don Lope.

¿Que no habiais, no dijisteis,

De salir? ¿Qué hazaña es esta?

CRESPO.

Sean disculpa y respuesta

Hacer lo que vos hicisteis.

D. LOPE.

Aquesta era ofensa mia,

Vuestra no.

CRESPO.

No hay que fingir;

Que yo he salido á reñir

Por haceros compañía.

ESCENA XIII.

SOLDADOS, EL CAPITAN.--DICHOS.

SOLDS.

_(Dentro.)_ A dar muerte nos juntemos

A estos villanos.

CAPITAN.

_(Dentro.)_ Mirad...

_(Salen los soldados y el Capitan.)_

D. LOPE.

¿Adónde vais? Esperad.

¿De qué son estos extremos?

CAPITAN.

Los soldados han tenido

(Porque se estaban holgando

En esta calle, cantando

Sin alboroto y rüido)

Una pendencia, y yo soy

Quien los está deteniendo.

D. LOPE.

Don Álvaro, bien entiendo

Vuestra prudencia; y pues hoy

Aqueste lugar está

En ojeriza, yo quiero

Excusar rigor más fiero;

Y pues amanece ya,

Orden doy que en todo el dia,

Para que mayor no sea

El daño, de Zalamea

Saqueis vuestra compañía:

Y estas cosas acabadas,

No vuelvan á ser, porqué

Otra vez la paz pondré,

Vive Dios, á cuchilladas.

CAPITAN.

Digo que por la mañana

La compañía haré marchar.

(_Ap._ La vida me has de costar,

Hermosísima villana.)

CRESPO.

_(Ap.)_ Caprichudo es el Don Lope;

Ya haremos migas los dos.

D. LOPE.

Veníos conmigo vos,

Y solo ninguno os tope. _(Vanse.)_

ESCENA XIV.

DON MENDO; NUÑO, _herido_.

D. MEND.

¿Es algo, Nuño, la herida?

NUÑO.

Aunque fuera menor, fuera

De mí muy mal recibida,

Y mucho más que quisiera.

D. MEND.

Yo no he tenido en mi vida

Mayor pena ni tristeza.

NUÑO.

Yo tampoco.

D. MEND.

Que me enoje

Es justo. ¿Que su fiereza

Luego te dió en la cabeza?

NUÑO.

Todo este lado me coge. _(Tocan dentro.)_

D. MEND.

¿Qué es esto?

NUÑO.

La compañía

Que hoy se va.

D. MEND.

Y es dicha mia,

Pues con eso cesarán

Los celos del Capitan.

NUÑO.

Hoy se ha de ir en todo el dia.

ESCENA XV.

EL CAPITAN Y EL SARGENTO, _á un lado_.--DON MENDO Y NUÑO, _al otro_.

CAPITAN.

Sargento, vaya marchando

Antes que decline el dia

Con toda la compañía,

Y con prevencion que cuando

Se esconda en la espuma fria

Del océano español

Ese luciente farol,

En ese monte le espero,

Porque hallar mi vida quiero

Hoy en la muerte del sol.

SARG.

_(Ap. al Capitan.)_ Calla, que está aquí un figura

Del lugar.

D. MEND.

_(Ap. á Nuño.)_ Pasar procura,

Sin que entienda mi tristeza.

No muestres, Nuño, flaqueza.

NUÑO.

¿Puedo yo mostrar gordura?

_(Vanse Don Mendo y Nuño.)_

ESCENA XVI.

EL CAPITAN, EL SARGENTO.

CAPITAN.

Yo he de volver al lugar,

Porque tengo prevenida

Una criada, á mirar

Si puedo por dicha hablar

A aquesta hermosa homicida.

Dádivas han granjeado

Que apadrine mi cuidado.

SARG.

Pues, señor, si has de volver

Mira que habrás menester

Volver bien acompañado;

Porque al fin no hay que fiar

De villanos.

CAPITAN.

Ya lo sé.

Algunos puedes nombrar

Que vuelvan conmigo.

SARG.

Haré

Cuanto me quieras mandar.

Pero si acaso volviese

Don Lope, y te conociese

Al volver...

CAPITAN.

Ese temor

Quiso tambien que perdiese

En esta parte mi amor;

Que Don Lope se ha de ir

Hoy tambien á prevenir

Todo el tercio á Guadalupe;

Que todo lo dicho supe

Yéndome ahora á despedir

Dél, porque ya el Rey vendrá,

Que puesto en camino está.

SARG.

Voy, señor, á obedecerte.

CAPITAN.

Que me va la vida advierte.

ESCENA XVII.

REBOLLEDO, LA CHISPA.--EL CAPITAN, EL SARGENTO.

REBOLL.

Señor, albricias me da.

CAPITAN.

¿De qué han de ser, Rebolledo?

REBOLL.

Muy bien merecerlas puedo,

Pues solamente te digo...

CAPITAN.

¿Qué?

REBOLL.

Que ya hay un enemigo

Ménos á quien tener miedo.

CAPITAN.

¿Quién es? Dílo presto.

REBOLL.

Aquel

Mozo, hermano de Isabel.

Don Lope se le pidió

Al padre, y él se le dió,

Y va á la guerra con él.

En la calle le he encontrado

Muy galan, muy alentado,

Mezclando á un tiempo, señor,

Rezagos de labrador

Con primicias de soldado:

De suerte que el viejo es ya

Quien pesadumbre nos da.

CAPITAN.

Todo nos sucede bien,

Y más si me ayuda quien

Esta esperanza me da,

De que esta noche podré

Hablarla.

REBOLL.

No pongas duda.

CAPITAN.

Del camino volveré;

Que ahora es razon que acuda

A la gente que se ve

Ya marchar. Los dos sereis

Los que conmigo vendreis. _(Vase.)_

REBOLL.

Pocos somos, vive Dios,

Aunque vengan otros dos,

Otros cuatro y otros seis.

CHISPA.

Y yo, si tú has de volver,

Allá ¿qué tengo de hacer?

Pues no estoy segura yo,

Si da conmigo el que dió

Al barbero que coser.

REBOLL.

No sé qué he de hacer de tí.

¿No tendrás ánimo, dí.

De acompañarme?

CHISPA.

¿Pues no?

¿Vestido no tengo yo,

Animo y esfuerzo?

REBOLL.

Sí,

Vestido no faltará;

Que ahí otro del paje está

De jineta, que se fué.

CHISPA.

Pues yo plaza pasaré

Por él.

REBOLL.

Vamos, que se va

La bandera.

CHISPA.

Y yo veo ahora

Por qué en el mundo he cantado:

«Que el amor del soldado

No dura un hora.» _(Vanse.)_

ESCENA XVIII.

DON LOPE, CRESPO, JUAN.

D. LOPE.

A muchas cosas os soy

En extremo agradecido;

Pero sobre todas, esta

De darme hoy á vuestro hijo

Para soldado, en el alma

Os la agradezco y estimo.

CRESPO.

Yo os le doy para criado.

D. LOPE.

Yo os le llevo para amigo;

Que me ha inclinado en extremo

Su desenfado y su brío,

Y la aficion á las armas.

JUAN.

Siempre á vuestros piés rendido

Me tendreis, y vos vereis

De la manera que os sirvo,

Procurando obedeceros

En todo.

CRESPO.

Lo que os suplico,

Es que perdoneis, señor,

Si no acertare á serviros,

Porque en el rústico estudio,

Adonde rejas y trillos,

Palas, azadas y bieldos

Son nuestros mejores libros,

No habrá podido aprender

Lo que en los palacios ricos

Enseña la urbanidad

Política de los siglos.

D. LOPE.

Ya que va perdiendo el sol

La fuerza, irme determino.

JUAN.

Veré si viene, señor,

La litera. _(Vase.)_

ESCENA XIX.

ISABEL, INÉS.--DON LOPE, CRESPO.

ISABEL.

¿Y es bien iros,

Sin que os despidais de quien

Tanto desea serviros?

D. LOPE.

_(A Isabel)_ No me fuera sin besaros

Las manos y sin pediros

Que liberal perdoneis

Un atrevimiento digno

De perdon, porque no el premio

Hace el don, sino el servicio.

Esta venera, que aunque

Está de diamantes ricos

Guarnecida, llega pobre

A vuestras manos, suplico

Que la tomeis y traigais

Por patena, en nombre mio.

ISABEL.

Mucho siento que penseis,

Con tan generoso indicio,

Que pagais el hospedaje,

Pues de honra que recibimos,

Somos los deudores.

D. LOPE.

Esto

No es paga, sino cariño.

ISABEL.

Por cariño, y no por paga,

Solamente la recibo.

A mi hermano os encomiendo,

Ya que tan dichoso ha sido

Que merece ir por criado

Vuestro.

D. LOPE.

Otra vez os afirmo

Que podeis descuidar dél;

Que va, señora, conmigo.

ESCENA XX.

JUAN.--DICHOS.

JUAN.

Ya está la litera puesta.

D. LOPE.

Con Dios os quedad.

CRESPO.

El mismo

Os guarde.

D. LOPE.

¡Ah buen Pedro Crespo!

CRESPO.

¡Ah señor Don Lope invicto!

D. LOPE.

¿Quién os dijera aquel dia

Primero que aquí nos vimos,

Que habíamos de quedar

Para siempre tan amigos?

CRESPO.

Yo lo dijera, señor.

Si allí supiera, al oiros,

Que érais... _(Al irse ya.)_

D. LOPE.

Decid por mi vida.

CRESPO.

Loco de tan buen capricho.

_(Vase Don Lope.)_

ESCENA XXI.

CRESPO, JUAN, ISABEL, INÉS.

CRESPO.

En tanto que se acomoda

El señor Don Lope, hijo,

Ante tu prima y tu hermana

Escucha lo que te digo.

Por la gracia de Dios, Juan,

Eres de linaje limpio

Más que el sol, pero villano:

Lo uno y lo otro te digo,

Aquello, porque no humilles

Tanto tu orgullo y tu brío,

Que dejes, desconfiado,

De aspirar con cuerdo arbitrio

A ser más; lo otro, porque

No vengas, desvanecido,

A ser ménos: igualmente

Usa de entrambos designios

Con humildad; porque siendo

Humilde, con recto juicio

Acordarás lo mejor;

Y como tal, en olvido

Pondrás cosas que suceden

Al reves en los altivos.

¡Cuántos, teniendo en el mundo

Algun defecto consigo,

Le han borrado por humildes!

Y ¡á cuántos, que no han tenido

Defecto, se le han hallado,

Por estar ellos mal vistos!

Sé cortés sobremanera,

Sé liberal y esparcido;

Que el sombrero y el dinero

Son los que hacen los amigos;

Y no vale tanto el oro

Que el sol engendra en el indio

Suelo y que conduce el mar,

Como ser uno bienquisto.

No hables mal de las mujeres:

La más humilde, te digo

Que es digna de estimacion,

Porque, al fin, dellas nacimos.

No riñas por cualquier cosa;

Que cuando en los pueblos miro

Muchos que á reñir enseñan,

Mil veces entre mí digo:

«Aquesta escuela no es

La que ha de ser, pues colijo

Que no ha de enseñarse á un hombre

Con destreza, gala y brío

A reñir, sino á por qué

Ha de reñir; que yo afirmo

Que si hubiera un maestro solo

Que enseñara prevenido,

No el cómo, el por qué se riña,

Todos le dieran sus hijos:»

Con esto, y con el dinero

Que llevas para el camino,

Y para hacer, en llegando

De asiento, un par de vestidos,

El amparo de Don Lope

Y mi bendicion, yo fío

En Dios que tengo de verte

En otro puesto. Adios, hijo;

Que me enternezco en hablarte.

JUAN.

Hoy tus razones imprimo

En el corazon, adonde

Vivirán, miéntras yo vivo.

Dáme tu mano, y tú, hermana,

Los brazos, que ya ha partido

Don Lope, mi señor, y es

Fuerza alcanzarle.

ISABEL.

Los mios

Bien quisieran detenerte.

JUAN.

Prima, adios.

INÉS.

Nada te digo

Con la voz, porque los ojos

Hurtan á la voz su oficio.

Adios.

CRESPO.

Ea, véte presto;

Que cada vez que te miro,

Siento más el que te vayas:

Y haz por ser lo que te he dicho.

JUAN.

El cielo con todos quede.

CRESPO.

El cielo vaya contigo. _(Vase Juan.)_

ESCENA XXII.

CRESPO, ISABEL, INÉS.

ISABEL.

¡Notable crueldad has hecho!

CRESPO.

(_Ap._ Ahora que no le miro,

Hablaré más consolado.)

¿Qué habia de hacer conmigo,

Sino ser toda su vida

Un holgazan, un perdido?

Váyase á servir al Rey.

ISABEL.

Que de noche haya salido,

Me pesa á mí.

CRESPO.

Caminar

De noche por el estío,

Antes es comodidad

Que fatiga, y es preciso

Que á Don Lope alcance luego

Al instante. (_Ap._ Enternecido

Me deja, cierto, el muchacho,

Aunque en público me animo.)

ISABEL.

Éntrate, señor, en casa.

INÉS.

Pues sin soldados vivimos,

Estémonos otro poco

Gozando á la puerta el frio

Viento que corre; que luégo

Saldrán por ahí los vecinos.

CRESPO.

(_Ap._ A la verdad, no entro dentro,

Porque desde aquí imagino,

Como el camino blanquea,

Que veo á Juan en el camino.)

Inés, sácame á esta puerta

Asiento.

INÉS.

Aquí está un banquillo.

ISABEL.

Esta tarde diz que ha hecho

La villa eleccion de oficios.

CRESPO.

Siempre aquí por el Agosto

Se hace. _(Siéntanse.)_

ESCENA XXIII.

EL CAPITAN, EL SARGENTO, REBOLLEDO, LA CHISPA Y SOLDADOS,

_embozados_.--CRESPO, ISABEL, INÉS.

CAPITAN.

_(Ap. á los suyos.)_ Pisad sin ruido.

Llega, Rebolledo, tú,

Y da á la criada aviso

De que ya estoy en la calle.

REBOLL.

Yo voy. Mas ¡qué es lo que miro!

A su puerta hay gente.

SARG.

Y yo

En los reflejos y visos

Que la luna hace en el rostro,

Que es Isabel, imagino,

Esta.

CAPITAN.

Ella es: más que la luna,

El corazon me lo ha dicho.

A buena ocasion llegamos.

Si ya, una vez que venimos,

Nos atrevemos á todo,

Buena venida habrá sido.

SARG.

¿Estás para oir un consejo?

CAPITAN.

No.

SARG.

Pues ya no te le digo.

Intenta lo que quisieres.

CAPITAN.

Yo he de llegar, y atrevido

Quitar á Isabel de allí.

Vosotros á un tiempo mismo

Impedid á cuchilladas

El que me sigan.

SARG.

Contigo

Venimos, y á tu órden hemos

De estar.

CAPITAN.

Advertid que el sitio

Donde habemos de juntarnos

Es ese monte vecino,

Que está á la mano derecha,

Como salen del camino.

REBOLL.

Chispa.

CHISPA.

¿Qué?

REBOLL.

Ten esas capas.

CHISPA.

Que es del reñir, imagino,

La gala el guardar la ropa,

Aunque del nadar se dijo.

CAPITAN.

Yo he de llegar el primero.

CRESPO.

Harto hemos gozado el sitio.

Entrémonos allá dentro.

CAPITAN.

_(Ap. á los suyos.)_ Ya es tiempo, llegad amigos.

_(Lléganse á los tres los soldados, detienen á Crespo y á Inés, y se

apoderan de Isabel.)_

ISABEL.

¡Ah traidor! Señor, ¿qué es esto?

CAPITAN.

Es una furia, un delirio

De amor. _(Llévala y vase.)_

ISABEL.

_(Dentro.)_ ¡Ah traidor!--¡Señor!

CRESPO.

¡Ah cobardes!

ISABEL.

_(Dentro.)_ ¡Padre mio!

INÉS.

_(Ap.)_ Yo quiero aquí retirarme. _(Vase.)_

CRESPO.

¡Cómo echais de ver (¡ah impíos!)

Que estoy sin espada, aleves,

Falsos y traidores!

REBOLL.

Idos,

Si no quereis que la muerte

Sea el último castigo.

_(Vanse los robadores.)_

CRESPO.

¿Qué importará, si está muerto

Mi honor, el quedar yo vivo?

¡Ah! ¡quién tuviera una espada!

Porque sin armas seguirlos

Es en vano; y si brioso

A ir por ella me aplico,

Los he de perder de vista.

¿Qué he de hacer, hados esquivos;

Que de cualquiera manera

Es uno solo el peligro?

ESCENA XXIV.

INÉS, _con una espada_.--CRESPO.

INÉS.

Ya tienes aquí la espada.

CRESPO.

A buen tiempo la has traido.

Ya tengo honra, pues tengo

Espada con que seguiros _(Vanse.)_

* * * * *

_Campo._

ESCENA XXV.

CRESPO, _riñendo con_ EL SARGENTO, REBOLLEDO _y los_ SOLDADOS;

_despues_ ISABEL.

CRESPO.

Soltad la presa, traidores

Cobardes, que habeis cogido;

Que he de cobrarla, ó la vida

He de perder.

SARG.

Vano ha sido

Tu intento, que somos muchos.

CRESPO.

Mis males son infinitos,

Y riñen todos por mí... _(Cae.)_

--Pero la tierra que piso,

Me ha faltado.

REBOLL.

Dadle muerte.

SARG.

Mirad que es rigor impío

Quitarle vida y honor.

Mejor es en lo escondido

Del monte dejarle atado,

Porque no lleve el aviso.

ISABEL.

_(Dentro.)_ ¡Padre y señor!

CRESPO.

¡Hija mia!

REBOLL.

Retírale como has dicho.

CRESPO.

Hija, solamente puedo

Seguirte con mis suspiros. _(Llévanle.)_

ESCENA XXVI.

ISABEL Y CRESPO, _dentro; despues_ JUAN.

ISABEL.

_(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

JUAN.

_(Saliendo.)_ ¡Qué triste voz!

CRESPO.

_(Dentro.)_ ¡Ay de mí!

JUAN.

¡Mortal gemido!

A la entrada dese monte

Cayó mi rocin conmigo,

Veloz corriendo, y yo ciego

Por la maleza le sigo.

Tristes voces á una parte,

Y á otra míseros gemidos

Escucho, que no conozco,

Porque llegan mal distintos.

Dos necesidades son

Las que apellidan á gritos

Mi valor; y pues iguales

A mi parecer han sido,

Y uno es hombre, otro mujer,

A seguir ésta me animo;

Que así obedezco á mi padre

En dos cosas que me dijo:

«Reñir con buena ocasion,

Y honrar la mujer,» pues miro

Que así honro las mujeres,

Y con buena ocasion riño.

JORNADA TERCERA.

_Interior de un monte._

ESCENA PRIMERA.

ISABEL, _llorando_.

Nunca amanezca á mis ojos

La luz hermosa del dia,

Porque á su sombra no tenga

Vergüenza yo de mí misma.

¡Oh tú, de tantas estrellas

Primavera fugitiva,

No des lugar á la aurora,

Que tu azul campaña pisa,

Para que con risa y llanto

Borre tu apacible vista,

O ya que ha de ser, que sea

Con llanto, mas no con risa!

Detente, oh mayor planeta,

Más tiempo en la espuma fria

Del mar: deja que una vez

Dilate la noche esquiva

Su trémulo imperio: deja

Que de tu deidad se diga,

Atenta á mis ruegos, que es

Voluntaria y no precisa.

¿Para qué quieres salir

A ver en la historia mia

La más enorme maldad,

La más fiera tiranía,

Que en vergüenza de los hombres

Quiere el cielo que se escriba?

Mas ¡ay de mí! que parece

Que es crueldad tu tiranía;

Pues desde que te he rogado

Que te detuvieses, miran

Mis ojos tu faz hermosa

Descollarse por encima

De los montes. ¡Ay de mí!

Que acosada y perseguida

De tantas penas, de tantas

Ansias, de tantas impías

Fortunas, contra mi honor

Se han conjurado tus iras.

¿Qué he de hacer? ¿Dónde he de ir?

Si á mi casa determinan

Volver mis erradas plantas,

Será dar nueva mancilla

Al anciano padre mio,

Que otro bien, otra alegría

No tuvo, sino mirarse

En la clara luna limpia

De mi honor, que hoy ¡desdichado!

Tan torpe mancha le eclipsa.

Si dejo, por su respeto

Y mi temor afligida,

De volver á casa, dejo

Abierto el paso á que digan

Que fuí cómplice en mi infamia;

Y ciega y inadvertida

Vengo hacer de la inocencia

Acrêdora á la malicia.

¡Qué mal hice, qué mal hice

De escaparme fugitiva

De mi hermano! ¿No valiera

Más que su cólera altiva

Me diera la muerte, cuando

Llegó á ver la suerte mia?

Llamarle quiero, que vuelva

Con saña más vengativa

Y me dé muerte: confusas

Voces el eco repita,

Diciendo...

ESCENA II.

CRESPO.--ISABEL.

CRESPO.

_(Dentro.)_ Vuelve á matarme.

Serás piadoso homicida;

Que no es piedad el dejar

A un desdichado con vida.

ISABEL.

¿Qué voz es esta, que mal

Pronunciada y poco oida,

No se deja conocer?

CRESPO.

_(Dentro.)_ Dadme muerte, si os obliga

Ser piadosos.

ISABEL.

¡Cielos, cielos!

Otro la muerte apellida,

Otro desdichado hay más,

Que hoy á pesar suyo viva.

_(Aparta unas ramas, y descúbrese Crespo atado.)_

Mas ¿qué es lo que ven mis ojos?

CRESPO.

Si piedades solicita

Cualquiera que aqueste monte

Temerosamente pisa,

Llegue á dar muerte... Mas ¡cielos!

¿Qué es lo que mis ojos miran?

ISABEL.

Atadas atras las manos

A una rigurosa encina...

CRESPO.

Enterneciendo los cielos

Con las voces que apellida...

ISABEL.

Mi padre está.

CRESPO.

Mi hija veo.

ISABEL.

¡Padre y señor!

CRESPO.

Hija mia,

Llégate, y quita estos lazos.

ISABEL.

No me atrevo; que si quitan

Los lazos que te aprisionan,

Una vez las manos mias,

No me atreveré, señor,

A contarte mis desdichas,

A referirte mis penas;

Porque si una vez te miras

Con manos, y sin honor,

Me darán muerte tus iras;

Y quiero, ántes que lo veas,

Referirte mis fatigas.

CRESPO.

Detente, Isabel, detente,

No prosigas; que hay desdichas,

Que para contarlas, no

Es menester referirlas.

ISABEL.

Hay muchas cosas que sepas,

Y es forzoso que al decirlas,

Tu valor se irrite, y quieras

Vengarlas ántes de oirlas.

--Estaba anoche gozando

La seguridad tranquila

Que al abrigo de tus canas

Mis años me prometian,

Cuando aquellos embozados

Traidores (que determinan

Que lo que el honor defiende,

El atrevimiento rinda)

Me robaron: bien así

Como de los pechos quita

Carnicero hambriento lobo

A la simple corderilla.

Aquel Capitan, aquel

Huésped ingrato, que el dia

Primero introdujo en casa

Tan nunca esperada cisma

De traiciones y cautelas,

De pendencias y rencillas,

Fué el primero que en sus brazos

Me cogió, miéntras le hacian

Espaldas otros traidores,

Que en su bandera militan.

Aqueste intrincado, oculto

Monte, que está á la salida

Del lugar, fué su sagrado:

¿Cuándo de la tiranía

No son sagrado los montes?

Aquí ajena de mí misma

Dos veces me miré, cuando

Aun tu voz, que me seguia,

Me dejó; porque ya el viento,

A quien tus acentos fias,

Con la distancia, por puntos

Adelgazándose iba:

De suerte, que las que eran

Antes razones distintas,

No eran voces, sino ruido;

Luégo, en el viento esparcidas,

No eran voces, sino ecos

De unas confusas noticias;

Como aquel que oye un clarin,

Que cuando dél se retira,

Le queda por mucho rato,

Si no el ruido, la noticia.

El traidor pues, en mirando

Que ya nadie hay que le siga,

Que ya nadie hay que me ampare,

Porque hasta la luna misma

Ocultó entre pardas sombras,

O cruel ó vengativa,

Aquella ¡ay de mí! prestada

Luz que del sol participa;

Pretendió ¡ay de mí otra vez

Y otras mil! con fementidas

Palabras, buscar disculpa

A su amor. ¿A quién no admira

Querer de un instante á otro

Hacer la ofensa caricia?

¡Mal haya el hombre, mal haya

El hombre que solicita

Por fuerza ganar un alma,

Pues no advierte, pues no mira

Que las victorias de amor,

No hay trofeo en que consistan,

Sino en granjear el cariño

De la hermosura que estiman!

Porque querer sin el alma

Una hermosura ofendida,

Es querer una mujer

Hermosa, pero no viva.

¡Qué ruegos, qué sentimientos,

Ya de humilde, ya de altiva,

No le dije! Pero en vano,

Pues (calle aquí la voz mia)

Soberbio (enmudezca el llanto),

Atrevido (el pecho gima),

Descortés (lloren los ojos),

Fiero (ensordezca la envidia),

Tirano (falte el aliento),

Osado (luto me vista),

Y si lo que la voz yerra,

Tal vez con la accion se explica,

De vergüenza cubro el rostro,

De empacho lloro ofendida,

De rabia tuerzo las manos,

El pecho rompo de ira:

Entiende tú las acciones,

Pues no hay voces que lo digan;

Baste decir que á las quejas

De los vientos repetidas,

En que ya no pedia al cielo

Socorro, sino justicia,

Salió el alba, y con el alba,

Trayendo la luz por guia,

Sentí ruido entre unas ramas:

Vuelvo á mirar quién sería,

Y veo á mi hermano. ¡Ay cielos!

¿Cuándo, cuándo ¡ah suerte impía!

Llegaron á un desdichado

Los favores mas aprisa?

Él á la dudosa luz,

Que, si no alumbra, ilumina,

Reconoce el daño, ántes

Que ninguno se le diga;

Que son linces los pesares,

Que penetran con la vista.

Sin hablar palabra, saca

El acero que aquel dia

Le ceñiste: el Capitan,

Que el tardo socorro mira

En mi favor, contra el suyo

Saca la blanca cuchilla:

Cierra el uno con el otro;

Este repara, aquel tira;

Y yo, en tanto que los dos

Generosamente lidian,

Viendo temerosa y triste

Que mi hermano no sabía

Si tenía culpa ó no,

Por no aventurar mi vida

En la disculpa, la espalda

Vuelvo, y por la entretejida

Maleza del monte huyo;

Pero no con tanta prisa,

Que no hiciese de unas ramas

Intrincadas celosías,

Porque deseaba, señor,

Saber lo mismo que huia.

A poco rato, mi hermano

Dió al Capitan una herida:

Cayó, quiso asegundarle,

Cuando los que ya venian

Buscando á su capitan,

En su venganza se irritan.

Quiere defenderse; pero

Viendo que era una cuadrilla,

Corre veloz; no le siguen,

Porque todos determinan

Más acudir al remedio

Que á la venganza que incitan.

En brazos al Capitan

Volvieron hácia la villa,

Sin mirar en su delito;

Que en las penas sucedidas,

Acudir determinaron

Primero á la más precisa.

Yo pues, que atenta miraba

Eslabonadas y asidas

Unas ánsias de otras ánsias,

Ciega, confusa y corrida,

Discurrí, bajé, corrí,

Sin luz, sin norte, sin guia,

Monte, llano y espesura,

Hasta que á tus piés rendida,

Antes que me des la muerte

Te he contado mis desdichas.

Ahora que ya las sabes,

Rigurosamente anima

Contra mi vida el acero,

El valor contra mi vida;

Que ya para que me mates,

Aquestos lazos te quitan _(Le desata.)_

Mis manos: alguno dellos

Mi cuello infeliz oprima.

Tu hija soy, sin honra estoy

Y tú libre: solicita

Con mi muerte tu alabanza,

Para que de tí se diga

Que por dar vida á tu honor

Diste la muerte á tu hija.

CRESPO.

Álzate, Isabel, del suelo;

No, no estés más de rodillas;

Que á no haber estos sucesos

Que atormenten y que aflijan,

Ociosas fueran las penas

Sin estimacion las dichas.

Para los hombres se hicieron,

Y es menester que se impriman

Con valor dentro del pecho.

Isabel, vamos aprisa:

Démos la vuelta á mi casa;

Que este muchacho peligra,

Y hemos menester hacer

Diligencias exquisitas

Por saber dél y ponerle

En salvo.

ISABEL.

_(Ap.)_ Fortuna mia,

O mucha cordura, ó mucha

Cautela es esta.

CRESPO.

Camina. _(Vanse.)_

* * * * *

_Calle á la entrada del pueblo._

ESCENA III.

CRESPO, ISABEL.

CRESPO.

¡Vive Dios!, que si la fuerza

Y necesidad precisa

De curarse, hizo volver

Al Capitan á la villa,

Que pienso que le está bien

Morirse de aquella herida,

Por excusarse de otra

¡Y otras mil! que el ánsia mia

No ha de parar, hasta darle

La muerte. Ea, vamos, hija,

A nuestra casa.

ESCENA IV.

EL ESCRIBANO.--CRESPO, ISABEL.

ESCRIB.

¡Oh señor

Pedro Crespo! dadme albricias.

CRESPO.

¡Albricias! ¿De qué, Escribano?

ESCRIB.

El concejo aqueste dia

Os ha hecho alcalde, y teneis

Para estrena de justicia

Dos grandes acciones hoy:

La primera, es la venida

Del Rey, que estará hoy aquí

O mañana en todo el dia,

Segun dicen; es la otra,

Que ahora han traido á la villa

De secreto unos soldados

A curarse con gran prisa,

A aquel Capitan que ayer

Tuvo aquí su compañía.

Él no dice quién le hirió;

Pero si esto se averigua,

Será una gran causa.

CRESPO.

(_Ap._ ¡Cielos!

¡Cuando vengarse imagina,

Me hace dueño de mi honor

La vara de la justicia!

¿Cómo podré delinquir

Yo, si en esta hora misma

Me ponen á mí por juez,

Para que otros no delincan?

Pero cosas como aquestas

No se ven con tanta prisa.)

En extremo agradecido

Estoy á quien solicita

Honrarme.

ESCRIB.

Venid á la casa

Del concejo, y recibida

La posesion de la vara,

Hareis en la causa misma

Averiguaciones.

CRESPO.

Vamos.--

A tu casa te retira.

ISABEL.

¡Duélase el cielo de mí!

¿No he de acompañarte?

CRESPO.

Hija,

Ya teneis el padre alcalde:

El os guardará justicia.

_(Vanse.)_

* * * * *

_Alojamiento del Capitan._

ESCENA V.

EL CAPITAN, _con banda, como herido_; EL SARGENTO.

CAPITAN.

Pues la herida no era nada,

¿Por qué me hicisteis volver

Aquí?

SARG.

¿Quién pudo saber

Lo que era ántes de curada?

Ya la cura prevenida,

Hemos de considerar

Que no es bien aventurar

Hoy la vida por la herida.

¿No fuera mucho peor

Que te hubieras desangrado?

CAPITAN.

Teatro selecto, tomo 2 de 4 · 第 9 / 19 段