El cerúleo firmamento es perturbado con ruidoso trueno cuando nubes
impelidas por contrarios vientos se mueven en las altas regiones del
aire y chocan entre sí: el sonido, sin embargo, no parte del sitio en
que sereno el Cielo se muestre; allí donde las nubes se condensan y
se amontonan es donde se engendra el estampido redoblante del bronco
trueno. Las nubes son cuerpos cuya densidad es extraordinariamente
menor que la de la madera ó de las piedras, pero mayor que la de
la nieve y la del humo, como lo hace patente el hecho de que no se
rinden bajo su propia gravedad como ceden las piedras, y reunen en sí
materiales para la formación del granizo y de la nieve, que el humo no
podría contener.
Unas veces en la ilimitada extensión del espacio producen las nubes
ruido semejante al que ocasionan en los teatros los fluctuantes paños
pendientes de las vigas y columnas de esos edificios; otras veces
lo mismo que si fuesen rotas violentamente por los vientos crepitan
como tenues láminas que se rasgan, y éste es el crujido propio de los
truenos, ó como hojas de papiro que vuelan llevadas por el viento, ó
como ropas colgadas sacudidas por el vendaval; también algunas veces
no chocan las nubes unas con otras, sino corren juntas en la misma
dirección y se tropiezan y rozan con ruido seco y prolongado que
lastima nuestro oído y dura hasta que se desenlazan.
También ocurre otro fenómeno que origina fragoroso estruendo bastante
para ocasionar un horrible temblor en todo el mundo, como si los
fundamentos de éste se derrumbaran por tan violenta acción: cuando
una corriente de viento huracanado se halla contrariada y envuelta
por las nubes, pretende escapar de la prisión, forma torbellinos que
desarrollan mayor energía mientras más obstáculos encuentran en las
nubes, y, por último, en éstas el viento abre una salida por donde huye
precipitadamente con atronador ruido. Y no debe sorprender este hecho,
cuando vemos que el aire contenido en una vejiga que de repente se
rompe, al salir de ella causa una explosión atronadora.
Hay otra razón que explique el fuerte ruido que ocasiona en las nubes
el viento impetuoso: vemos que muchas veces se muestran como divididas
en forma arborescente y tal vez entonces produzca el viento en ellas un
resultado parecido al que origina en las ramas y las hojas de un espeso
bosque. También los vientos pueden acometer de frente y con violencia á
las nubes hasta romperlas; pues podemos comprender que su ímpetu en las
altas regiones sea muy enérgico si tenemos en cuenta que en las capas
inferiores ha de ser más moderada, y no obstante, descuaja los árboles.
Nubes hay, además, acumuladas á manera de ondas que al separarse
batidas por el viento braman horrísonas como río desbordado que halla
obstáculos á su paso, ó como el Océano agitado por una tempestad.
También en ocasiones el fuego del rayo caerá de unas nubes en otras,
y si estas últimas contienen extraordinaria cantidad de vapor acuoso,
aquél se extinguirá con estruendo, así como el hierro incandescente
arrojado al agua en el momento en que extraído es de la forja se apaga
con estridente chirrido; pero si el rayo cae en nube seca ésta se
inflamará con estrépito, lo mismo que monte laurífero en que se prenda
fuego animado por torbellinos de viento impetuoso; porque no hay
combustible que arda en llamas voraces con más crepitante ruido que el
délfico laurel á Febo consagrado.
Muchas veces el hielo y el granizo se forman cuando el viento condensa,
empuja y amontona las nubes, las cuales en este caso ruidosamente se
deshacen en lluvia congelada.
El relámpago se produce mediante la inflamación de moléculas de fuego
procedentes de contrarias nubes; y puede cualquiera representarse este
fenómeno si observa que del choque violento del hierro ó de una piedra
contra otra piedra surgen chispas que brillan á distancia: aunque
el relámpago y el trueno son simultáneos, llega á nuestra vista el
fenómeno óptico antes que á nuestro oído el fenómeno acústico, porque
la marcha de las ondas luminosas es mucho más rápida que la de las
ondas sonoras; y de esta verdad puedes convencerte si observas desde
lejos el trabajo del podador que corta las ramas inútiles de un árbol,
pues verás el ademán del golpe antes que oigas el sonido que éste
ocasione, y de igual modo y por la misma causa ves el relámpago antes
de que oigas el trueno.
Otra explicación puede también darse del relámpago que las nubes colora
con luz trémula durante la tempestad: cuando el viento se introduce en
cualquier nube y mediante agitación continua llega á abrir en el centro
de ella una salida como hace pocos momentos he dicho, en su vertiginosa
movilidad se inflama, porque, según puedes comprobar, todo cuerpo que
en virtud del movimiento alcance una temperatura muy elevada arde; y
aun una bala de plomo se funde cuando voltea por un largo trayecto.
Entonces el aire comprimido, al romper la nube obscura, con estrépito
se desparrama convertido en relámpagos cuyos fulgores ofuscan la
vista; el estruendo atronador llega al oído algún tiempo después que
la luz haya impresionado los ojos, pero tales fenómenos suponen una
aglomeración de nubes impelidas con violencia.