95. _Principio Tonitru quatiuntur cærula Cœli..._

El cerúleo firmamento es perturbado con ruidoso trueno cuando nubes

impelidas por contrarios vientos se mueven en las altas regiones del

aire y chocan entre sí: el sonido, sin embargo, no parte del sitio en

que sereno el Cielo se muestre; allí donde las nubes se condensan y

se amontonan es donde se engendra el estampido redoblante del bronco

trueno. Las nubes son cuerpos cuya densidad es extraordinariamente

menor que la de la madera ó de las piedras, pero mayor que la de

la nieve y la del humo, como lo hace patente el hecho de que no se

rinden bajo su propia gravedad como ceden las piedras, y reunen en sí

materiales para la formación del granizo y de la nieve, que el humo no

podría contener.

Unas veces en la ilimitada extensión del espacio producen las nubes

ruido semejante al que ocasionan en los teatros los fluctuantes paños

pendientes de las vigas y columnas de esos edificios; otras veces

lo mismo que si fuesen rotas violentamente por los vientos crepitan

como tenues láminas que se rasgan, y éste es el crujido propio de los

truenos, ó como hojas de papiro que vuelan llevadas por el viento, ó

como ropas colgadas sacudidas por el vendaval; también algunas veces

no chocan las nubes unas con otras, sino corren juntas en la misma

dirección y se tropiezan y rozan con ruido seco y prolongado que

lastima nuestro oído y dura hasta que se desenlazan.

También ocurre otro fenómeno que origina fragoroso estruendo bastante

para ocasionar un horrible temblor en todo el mundo, como si los

fundamentos de éste se derrumbaran por tan violenta acción: cuando

una corriente de viento huracanado se halla contrariada y envuelta

por las nubes, pretende escapar de la prisión, forma torbellinos que

desarrollan mayor energía mientras más obstáculos encuentran en las

nubes, y, por último, en éstas el viento abre una salida por donde huye

precipitadamente con atronador ruido. Y no debe sorprender este hecho,

cuando vemos que el aire contenido en una vejiga que de repente se

rompe, al salir de ella causa una explosión atronadora.

Hay otra razón que explique el fuerte ruido que ocasiona en las nubes

el viento impetuoso: vemos que muchas veces se muestran como divididas

en forma arborescente y tal vez entonces produzca el viento en ellas un

resultado parecido al que origina en las ramas y las hojas de un espeso

bosque. También los vientos pueden acometer de frente y con violencia á

las nubes hasta romperlas; pues podemos comprender que su ímpetu en las

altas regiones sea muy enérgico si tenemos en cuenta que en las capas

inferiores ha de ser más moderada, y no obstante, descuaja los árboles.

Nubes hay, además, acumuladas á manera de ondas que al separarse

batidas por el viento braman horrísonas como río desbordado que halla

obstáculos á su paso, ó como el Océano agitado por una tempestad.

También en ocasiones el fuego del rayo caerá de unas nubes en otras,

y si estas últimas contienen extraordinaria cantidad de vapor acuoso,

aquél se extinguirá con estruendo, así como el hierro incandescente

arrojado al agua en el momento en que extraído es de la forja se apaga

con estridente chirrido; pero si el rayo cae en nube seca ésta se

inflamará con estrépito, lo mismo que monte laurífero en que se prenda

fuego animado por torbellinos de viento impetuoso; porque no hay

combustible que arda en llamas voraces con más crepitante ruido que el

délfico laurel á Febo consagrado.

Muchas veces el hielo y el granizo se forman cuando el viento condensa,

empuja y amontona las nubes, las cuales en este caso ruidosamente se

deshacen en lluvia congelada.

El relámpago se produce mediante la inflamación de moléculas de fuego

procedentes de contrarias nubes; y puede cualquiera representarse este

fenómeno si observa que del choque violento del hierro ó de una piedra

contra otra piedra surgen chispas que brillan á distancia: aunque

el relámpago y el trueno son simultáneos, llega á nuestra vista el

fenómeno óptico antes que á nuestro oído el fenómeno acústico, porque

la marcha de las ondas luminosas es mucho más rápida que la de las

ondas sonoras; y de esta verdad puedes convencerte si observas desde

lejos el trabajo del podador que corta las ramas inútiles de un árbol,

pues verás el ademán del golpe antes que oigas el sonido que éste

ocasione, y de igual modo y por la misma causa ves el relámpago antes

de que oigas el trueno.

Otra explicación puede también darse del relámpago que las nubes colora

con luz trémula durante la tempestad: cuando el viento se introduce en

cualquier nube y mediante agitación continua llega á abrir en el centro

de ella una salida como hace pocos momentos he dicho, en su vertiginosa

movilidad se inflama, porque, según puedes comprobar, todo cuerpo que

en virtud del movimiento alcance una temperatura muy elevada arde; y

aun una bala de plomo se funde cuando voltea por un largo trayecto.

Entonces el aire comprimido, al romper la nube obscura, con estrépito

se desparrama convertido en relámpagos cuyos fulgores ofuscan la

vista; el estruendo atronador llega al oído algún tiempo después que

la luz haya impresionado los ojos, pero tales fenómenos suponen una

aglomeración de nubes impelidas con violencia.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 285 / 302 题