De este genio he de seguir la senda, y desde luego continuaré la
exposición de mis razonamientos, destinados á patentizar que tienen
todos los seres criados una cierta necesaria duración, porque nada
hay que pueda substraerse á las leyes de la vida. He tratado ya del
alma, que se forma con el cuerpo y no puede ser eterna, y también de
los simulacros ó imágenes que en sueños se nos presentan como sombras
de personas que han existido y nos asustan: ahora el orden exige
que te hable de la creación y descomposición del mundo; acerca de
las atracciones y repulsiones de los cuerpos simples que han podido
originar la Tierra, el Cielo, el Mar, las Estrellas, el Sol y el globo
de la Luna; de qué modo nacieron los animales terrestres y tenemos
representaciones de otros que nunca han existido; de la manera cómo
los individuos de la especie humana comenzaron á comunicarse mediante
la palabra modulada por inflexiones de la voz; de cómo el temor de lo
ignorado engendró en nuestra alma la idea de los dioses y dió motivo
para la invención de los sagrados bosques, lagos, templos, altares y
simulacros de los númenes.
Te explicaré, además, las causas del curso del Sol y de los movimientos
de la Luna y de la energía con que la Naturaleza gobernante los dirige,
para que no entiendas que entre el Cielo y la Tierra han surgido por
libre determinación de ellos mismos y bajo la inspección de dioses con
el fin de favorecer el desarrollo de los animales y de los frutos.
Muchos hombres que llegaron á considerar imposible la existencia de
esas divinidades en las regiones celestes, cuando tratan de conocer
la marcha regular del Universo, y especialmente en lo que se refiere
al etéreo espacio, empujados por su ignorancia se despeñan de nuevo
en las obscuridades profundas de las religiones y consideran cómodo
admitir los tiranos dioses que á su gusto reparten el bien y el mal:
los desgraciados no saben distinguir entre lo que puede ser y lo que no
puede ser, y no conocen que todo lo existente en cierto grado participa
de la potencia universal.