57. _Quojus ergo ingressus vestigia, nunc rationes..._

De este genio he de seguir la senda, y desde luego continuaré la

exposición de mis razonamientos, destinados á patentizar que tienen

todos los seres criados una cierta necesaria duración, porque nada

hay que pueda substraerse á las leyes de la vida. He tratado ya del

alma, que se forma con el cuerpo y no puede ser eterna, y también de

los simulacros ó imágenes que en sueños se nos presentan como sombras

de personas que han existido y nos asustan: ahora el orden exige

que te hable de la creación y descomposición del mundo; acerca de

las atracciones y repulsiones de los cuerpos simples que han podido

originar la Tierra, el Cielo, el Mar, las Estrellas, el Sol y el globo

de la Luna; de qué modo nacieron los animales terrestres y tenemos

representaciones de otros que nunca han existido; de la manera cómo

los individuos de la especie humana comenzaron á comunicarse mediante

la palabra modulada por inflexiones de la voz; de cómo el temor de lo

ignorado engendró en nuestra alma la idea de los dioses y dió motivo

para la invención de los sagrados bosques, lagos, templos, altares y

simulacros de los númenes.

Te explicaré, además, las causas del curso del Sol y de los movimientos

de la Luna y de la energía con que la Naturaleza gobernante los dirige,

para que no entiendas que entre el Cielo y la Tierra han surgido por

libre determinación de ellos mismos y bajo la inspección de dioses con

el fin de favorecer el desarrollo de los animales y de los frutos.

Muchos hombres que llegaron á considerar imposible la existencia de

esas divinidades en las regiones celestes, cuando tratan de conocer

la marcha regular del Universo, y especialmente en lo que se refiere

al etéreo espacio, empujados por su ignorancia se despeñan de nuevo

en las obscuridades profundas de las religiones y consideran cómodo

admitir los tiranos dioses que á su gusto reparten el bien y el mal:

los desgraciados no saben distinguir entre lo que puede ser y lo que no

puede ser, y no conocen que todo lo existente en cierto grado participa

de la potencia universal.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 262 / 302 题