Ni evitan númenes divinos la reproducción de los seres ni se oponen á
que reciba el dulce nombre de padre ningún hombre, ni tienen eficacia
las súplicas dirigidas á Venus, como suponen los ilusos que vierten
sangre de sacrificios en los altares y dedican obsequios á dioses,
mientras que piden abundantes medios para que su matrimonio sea
fecundo. Se fatigan inútilmente con tales súplicas y tales ofrendas: es
inevitable la esterilidad cuando la simiente es muy densa ó demasiado
tenue; si es débil resulta inútil por falta de adherencia; si es crasa
tiene gravedad inconveniente para la invasión de las células apropiadas
y para la identificación consiguiente en ellas. Es indudable que
para la eficacia de las funciones regidas por Venus son necesarias
condiciones de adaptación entre los esposos: no todos los enlaces
producen el mismo resultado: mujeres hay que han sido estériles en
varios himeneos, y al celebrar otro, han podido rodearse de numerosos
juguetones hijos; y también hay hombres que no han logrado sucesión con
varias compañeras, y de un nuevo contrato han conseguido varios hijos
que les alegren su vejez. Estos hechos, por su repetición, prueban que
el humor espermático masculino y femenino debe tener adecuidad y no
ser más craso ni más tenue que lo conveniente para que su conjunción
no sea baldía. Los alimentos contribuyen mucho á la calidad del fluido
generador, pues con unos se forma pesado y denso y con otros suave
y ligero; y, por último, en los efectos de la función influye la
forma de realizarla; según dicen, ésta es más eficaz _more ferarum
quadrapedumque ritu_, porque la eyaculación se facilita cuando el pecho
femenino está inclinado y alzada la región lumbar. Ciertos movimientos
impúdicos son perjudiciales para la generación; hay cansancio inútil,
fuerzas perdidas, la reja del arado fuera del surco, la simiente
arrojada en terreno yermo: hagan lo que gusten las meretrices para
producir mayores alucinaciones y para evitar resultados futuros, pero
nuestras esposas no deben caer en deshonestidades.
La mujer menos hermosa consigue hacerse amar sin la intervención de
dioses y sin las saetas de Venus; pues una conducta morigerada, unos
modales dignos y un cuidado honesto de su persona harán apetecible
su trato; después el hábito creará el amor. Golpes sucesivos, aunque
débiles, triunfan de los cuerpos duros: ¿no ves de qué manera gotas de
agua que sin cesar caen, al cabo de algún tiempo llegan á horadar las
peñas?