Pero aun cuando ya estés dominado por el amor, todavía podrás
librarte de su imperio si quieres dejar de ser esclavo y observar
con ojos serenos los defectos del cuerpo y los vicios del ánimo de
la persona que te subyuga. Bien sé que los hombres ofuscados por la
pasión atribuyen á la beldad amada todas las perfecciones imaginables
que seguramente no tiene; hasta las mujeres viciosas y repugnantes
reciben mimos, respetos, atenciones y caricias de algunos hombres.
Tales individuos se escarnecen los unos á los otros, se aconsejan
mutuamente para pedir á Venus que los libre de su extravagante amor,
y los miserables, que ven el ajeno mal, ni siquiera aciertan á
comprender sus propios errores. Si la mujer amada es muy morena, para
el enamorado es trigueña agraciada; si es sucia y exhala mal olor,
es poco aficionada á afeites; si tiene los ojos azules, es rival de
Palas; si nerviosa y seca, es como la corsa de Menelao; si enana, es
una de las tres Gracias, toda encantos; si larga y desproporcionada,
es la personificación de la majestad; si torpe de lengua, no quiere
hablar; si muda, prudente es; si colérica y charlatana, es luz perenne;
si de enfermiza constitución, es delicada; si peligrosa tos padece,
es una dulce hermosura; si es gorda y de pechos abultados, es Ceres
amante de Baco; si chata, es como los sátiros; si de labios gruesos, es
encantadora. Jamás terminaría si hubiera de relatar todo lo que se dice
en este género.
Pero aun cuando posea todas cuantas bondades quiera suponérsele y tenga
de Venus toda la gracia y la belleza, ¿será la única de su especie? ¿No
habrá vivido antes el mundo sin ella? ¿No estará sujeta á las mismas
necesidades que afligen á las más feas, y la infeliz no se impregnará
de fétidos olores que harán á los fámulos huir, al mismo tiempo que se
burlan furtivamente de la hermosa?
El amante que tiene prohibida la entrada en la casa de su deidad coloca
en las puertas coronas y flores, perfuma el umbral con valiosos
ungüentos para ver si consigue ablandarlo y besa el inflexible quicio;
pero si al cabo llega á penetrar y de ciertos olores siente algún
vestigio, inmediatamente busca un pretexto para ausentarse, olvida las
quejas que por tanto espacio de tiempo lanzara y se acusa de loco por
no haber considerado antes que á ningún mortal pueden suponerse dones
incompatibles con su naturaleza: nuestras beldades saben á qué atenerse
respecto de este asunto, y ocultan con exquisito cuidado á aquellos á
quienes pretenden ligarse con vínculos de amor muy estrechos, todo lo
que se refiere á escenas íntimas de la vida faltas de pulcritud; pero
inútilmente las ocultan, porque sin duda, cualquiera puede suponerlas
mentalmente; quizá por este motivo hay mujeres amables y no fatuas
que en ocasiones dadas te sabrán tolerar algunas faltas propias de la
humana flaqueza.
No siempre, aunque sí algunas veces, la mujer suspira amor sin
fingimiento: en esa ocasión, estrechada al cuerpo de su amante, ofrece
á éste sus húmedos labios y con transportes solicita un largo espacio
en la carrera del amor: de igual modo hay momentos en que todas las
hembras, lo mismo las volátiles que las terrestres, las feroces que
las mansas, con docilidad se someten á los férvidos ardores de sus
compañeros. La Naturaleza impone esta sumisión de la que resultan
fecundos goces. ¿No ves algunas veces que se martirizan aquellos á
quienes une mutuo deleite? ¿No ves en los trivios cómo luchan para
divorciarse canes enlazados por atracciones genéticas? Este caso nunca
se daría si un mutuo instinto de común placer no los hubiera hecho sus
cautivos.