1151. _Et tamen implicitus quoque possis, inque peditus..._

Pero aun cuando ya estés dominado por el amor, todavía podrás

librarte de su imperio si quieres dejar de ser esclavo y observar

con ojos serenos los defectos del cuerpo y los vicios del ánimo de

la persona que te subyuga. Bien sé que los hombres ofuscados por la

pasión atribuyen á la beldad amada todas las perfecciones imaginables

que seguramente no tiene; hasta las mujeres viciosas y repugnantes

reciben mimos, respetos, atenciones y caricias de algunos hombres.

Tales individuos se escarnecen los unos á los otros, se aconsejan

mutuamente para pedir á Venus que los libre de su extravagante amor,

y los miserables, que ven el ajeno mal, ni siquiera aciertan á

comprender sus propios errores. Si la mujer amada es muy morena, para

el enamorado es trigueña agraciada; si es sucia y exhala mal olor,

es poco aficionada á afeites; si tiene los ojos azules, es rival de

Palas; si nerviosa y seca, es como la corsa de Menelao; si enana, es

una de las tres Gracias, toda encantos; si larga y desproporcionada,

es la personificación de la majestad; si torpe de lengua, no quiere

hablar; si muda, prudente es; si colérica y charlatana, es luz perenne;

si de enfermiza constitución, es delicada; si peligrosa tos padece,

es una dulce hermosura; si es gorda y de pechos abultados, es Ceres

amante de Baco; si chata, es como los sátiros; si de labios gruesos, es

encantadora. Jamás terminaría si hubiera de relatar todo lo que se dice

en este género.

Pero aun cuando posea todas cuantas bondades quiera suponérsele y tenga

de Venus toda la gracia y la belleza, ¿será la única de su especie? ¿No

habrá vivido antes el mundo sin ella? ¿No estará sujeta á las mismas

necesidades que afligen á las más feas, y la infeliz no se impregnará

de fétidos olores que harán á los fámulos huir, al mismo tiempo que se

burlan furtivamente de la hermosa?

El amante que tiene prohibida la entrada en la casa de su deidad coloca

en las puertas coronas y flores, perfuma el umbral con valiosos

ungüentos para ver si consigue ablandarlo y besa el inflexible quicio;

pero si al cabo llega á penetrar y de ciertos olores siente algún

vestigio, inmediatamente busca un pretexto para ausentarse, olvida las

quejas que por tanto espacio de tiempo lanzara y se acusa de loco por

no haber considerado antes que á ningún mortal pueden suponerse dones

incompatibles con su naturaleza: nuestras beldades saben á qué atenerse

respecto de este asunto, y ocultan con exquisito cuidado á aquellos á

quienes pretenden ligarse con vínculos de amor muy estrechos, todo lo

que se refiere á escenas íntimas de la vida faltas de pulcritud; pero

inútilmente las ocultan, porque sin duda, cualquiera puede suponerlas

mentalmente; quizá por este motivo hay mujeres amables y no fatuas

que en ocasiones dadas te sabrán tolerar algunas faltas propias de la

humana flaqueza.

No siempre, aunque sí algunas veces, la mujer suspira amor sin

fingimiento: en esa ocasión, estrechada al cuerpo de su amante, ofrece

á éste sus húmedos labios y con transportes solicita un largo espacio

en la carrera del amor: de igual modo hay momentos en que todas las

hembras, lo mismo las volátiles que las terrestres, las feroces que

las mansas, con docilidad se someten á los férvidos ardores de sus

compañeros. La Naturaleza impone esta sumisión de la que resultan

fecundos goces. ¿No ves algunas veces que se martirizan aquellos á

quienes une mutuo deleite? ¿No ves en los trivios cómo luchan para

divorciarse canes enlazados por atracciones genéticas? Este caso nunca

se daría si un mutuo instinto de común placer no los hubiera hecho sus

cautivos.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 257 / 302 题