Voy á elevarme á las cimas del Parnaso, y á recorrer campos hasta ahora
no hollados por ninguna planta; iré á beber grato licor de fuentes
vírgenes, y me apresuraré á coger desconocidas flores, con las que
tejeré para mi cabeza corona insigne mejor que todas las que hasta hoy
las Musas han concedido; primeramente, porque enseño altas verdades, é
intento romper la dura esclavitud con que las religiones han abatido
los ánimos, y, además, porque suavizaré un estudio árido con las
gracias de la poesía, que convierte en agradable cualquier asunto
obscuro; así obraré conforme á razón. De igual modo que los médicos, al
propinar á los niños amarga medicina, untan de sabrosa miel los bordes
de la copa en que la administran, á fin de que, inexpertos y atraídos
por la dulzura que gustan sus labios, sin recelo beban el licor amargo
y deban la vida á traición agradable, así yo, ahora que he de explicar
asuntos ásperos y desabridos para los que no están acostumbrados á
ellos, y fastidiosos para el vulgo, quiero exponerte mi doctrina en
el ameno lenguaje de las Piéredes, y con acento de dulce harmonía,
para que, al buscar recreo en la lectura de mis versos, adquieras
conocimiento de las leyes de la vida y del orden universal[42].
[42] Repetición de los versos 933 á 957 del canto primero.