Pero si los choques son menos rudos, la energía vital puede
resistirlos, calmar el desorden que produzcan sobre el cuerpo atacado,
reconstituir éste, dominar la acción destructora de la muerte, la cual
podría haberse apoderado en un momento de cuasi todo el organismo,
y sostener la vida próxima á desvanecerse. ¿Cómo, si así no fuera,
habría de ocurrir que en ciertas ocasiones los sentidos cercanos á la
extinción pudieran reverter á la vida y consolidar la unidad del alma,
sin ceder al movimiento de inmediata disolución que los empujara?