Ni los movimientos destructores pueden prosperar continuamente hasta
sepultar en sueño eterno la vida, ni tampoco los movimientos creadores
pueden conceder á los cuerpos constante duración; así podemos observar
que unos y otros, desde tiempo inmemorial, mantienen entre sí guerra
abierta con variable éxito, de tal modo, que ya son unos derrotados
ya vencedores; también notamos que se mantiene cierto equilibrio en
los nacimientos y las muertes, y nunca la noche ha ocultado al día,
ni la aurora ha descorrido el velo de las sombras sin que al mismo
tiempo se haya oído el grito desgarrador del niño que viene á la vida
y los sollozos lastimeros de los que otorgan á la amistad los últimos
deberes impuestos por la muerte.