Pero te concederé la existencia ideal de un ser único de singular
forma que no tenga semejante en toda la redondez de la tierra: si
los principios naturales que lo constituyen no fueran infinitos, no
podría ser producido, ni vivir, ni sostenerse. Imaginemos que nuestros
ojos pueden percibir los elementos finitos de ese ente singular que
vagaran en los ámbitos del Universo: ¿cuándo, dónde, con qué fuerza,
de qué modo podrían reunirse adecuadamente aquellos cuerpos simples
dispersos en tan confuso piélago? Según mi parecer, tal asociación no
puede racionalmente concebirse. Así como después de borrasca tormentosa
causante de naufragios el mar arroja á la playa en toda la extensión
del globo remos, timones, antenas, velas, mástiles y flotantes cuerdas,
ante cuya vista los mortales comprenden las traiciones de las pérfidas
ondas y de ellas desconfían más tarde aun cuando las vean plácidas,
argentadas y risueñas, así también los finitos elementos de un ser
revueltos con otros y repelidos por las olas de la materia, nadarían
dispersos eternamente en ellas; y si por un acaso improbable pudieran
juntarse alguna vez, su unión sería momentánea por incapacidad para
sostenerse. Pero la experiencia nos hace ver que es necesaria la
formación de los seres é indispensable su crecimiento; luego es
racional admitir que en toda especie de seres se dan igualmente
elementos infinitos en adecuada proporcionalidad.