Si no fuera así, los ricos trajes del Oriente, la hermosa púrpura de
Melibea, teñida con las conchas de Tesalia y la dorada belleza del pavo
real quedarían olvidados fácilmente por otros colores más brillantes;
el sabor de la miel, el grato aroma de la mirra, el canto del cisne,
y la cítara de Febo con sus melodiosos arpegios, quedarían olvidados
por otros mejores, pues nuevas series de sensaciones más agradables
las unas que las otras habrían de sucederse. Un semejante progreso
indefinido se daría en todas las cosas, y los ojos, los oídos, el
olfato, nunca se acomodarían á un orden de impresiones. Pero como
nada sucede parecido á esto que acabo de indicar, y las cualidades de
los cuerpos tienen límites invariables, es necesario confesar que las
moléculas no pueden adoptar formas infinitas.