Los fluidos que fácilmente se disipan, como el humo, las nubes y
las llamas, han de estar formados de partes exactamente redondas y
pulidas, y poco encorvadas para que puedan agujerear y penetrar las
piedras; esas partículas no tienen entre sí completo enlace, según
nos demuestran los sentidos, y, como puedes fácilmente conocer, las
moléculas de esos cuerpos, si bien agudas, no pueden tener forma de
gancho.