Por lo que se refiere al cuerpo, cuyas necesidades son escasas, debo
decir que no es difícil eximirlo de muchos dolores y proporcionarle
varios placeres en harmonía con las reclamaciones de la Naturaleza: si
no disfrutas de festines nocturnos alumbrados por lámparas igníferas
sostenidas en la mano derecha por estatuas juveniles; si en tu casa
no brilla el oro ni resuena por doradas bóvedas el sonido harmonioso
de las cítaras, aun así podrás tener alguna dicha si te decides á
disfrutar de la frescura de las hierbas junto al río, á la sombra de
los árboles dadivosos de goces que nada cuestan; y principalmente
en los risueños prados, cubiertos durante la primavera de matizadas
florecillas. Lo mismo inquieta la fiebre ardiente de ambición al rico
potentado que vive entre púrpuras y riquezas, que al infeliz que yace
tendido en burdo lecho.