Ahora, escucha y oye verdades que voy á descubrirte, y que, si no me
engaño, son de exposición difícil, pero que exploraré estimulado por
el premio de la gloria é impulsado por suave amor que me inspiran
las Musas; animado por este sentimiento, me elevaré á las cimas del
Parnaso y recorreré campos, hasta ahora no hollados por ninguna
planta; iré á beber grato licor de fuentes vírgenes y me apresuraré
á coger desconocidas flores con las que tejeré para mi cabeza corona
insigne mejor que todas las que hasta hoy las Musas han concedido:
primeramente porque enseño altas verdades é intento romper la dura
esclavitud con que las religiones han abatido los ánimos, y además,
porque suavizaré un estudio árido con las gracias de la poesía que
convierte en agradable un asunto obscuro; así obraré conforme á razón.
De igual modo que los médicos al propinar á los niños amarga medicina,
untan de sabrosa miel los bordes de la copa en que la administran á fin
de que inexpertos y atraídos por la dulzura que paladean sus labios,
sin recelo beban el licor amargo y deban la vida á traición agradable,
así yo ahora que he de explicar asuntos ásperos y desabridos para
los que no están acostumbrados á ellos y fastidiosos para el vulgo,
quiero exponerte mi doctrina en el ameno lenguaje de las Piéredes y con
acentos de dulce harmonía, para que al buscar recreo en la lectura de
mis versos, adquieras conocimiento de las leyes de la vida y del orden
universal.