También aprecia como deleznables los elementos primarios y de igual
naturaleza que las concreciones constituidas; y considera, por tanto,
que están expuestos á fenecer bajo la violencia de ataques exteriores;
¿cuál de aquellos cuerpos ofrecerá entonces resistencia á la acción
destructora de la muerte? ¿el fuego ó el agua? ¿por acaso el oro? ¿cuál
de éstos? ¿la sangre ó los huesos? Ninguno, sin duda; porque todos esos
cuerpos se descomponen como otros muchos que á nuestra vista perecen
todos los días. Y ya queda antes probado que ni las cosas pueden nacer
de nada ni completamente aniquilarse.