Este, sin embargo, y otros muchos ya citados que aunque egregios le
son inferiores y varios que menos renombre han obtenido, hicieron
públicas útiles averiguaciones por su genio desentrañadas, más divinas,
más santas y mucho más conformes con los dictados de la razón que los
oráculos de la Pitonisa coronada con hojas de laurel y apoyada en
el trípode apolónico; pero todos erraron al discurrir acerca de la
naturaleza de las cosas, porque no supieron salvar un escollo que ha
sido causa de varios naufragios.