Y pues no se disipan aquel terror y aquellas tinieblas del espíritu
ni con el lucir del Sol, ni con la brillantez del día, sino con el
estudio reflexivo de la Naturaleza en cuanto ésta se nos ofrece,
sírvanos de exordio este principio: _De nada nunca puede producirse
maravillosamente algo._ Ahora, muchas veces, los mortales, dominados
por el temor, cuando no pueden explicarse las causas de los fenómenos
que se realizan en la tierra ó en la inmensidad del espacio, las
suponen dependientes de la voluntad de númenes; pero cuando se
persuadan de que nada puede formarse de nada, emprenderán obra de
investigación que les hará conocer cómo pueden producirse los seres sin
la intervención de dioses.