Hoy á vuestros sepulcros hace sombra

La bandera del iris, enlazada

Á la de los castillos y leones;

10 Que el odio no es eterno

En los pobres humanos corazones;

Y llegó el día en que la madre España

Estrechase á Colombia entre sus brazos,

Depuesta ya la saña;

15 No sierva, no señora;

Libres las dos como las hizo el cielo.

¡Ah! ¿ni cómo podría page 163

Hallarse la hija siempre separada

Del dulce hogar paterno,

Ni consentir la cariñosa madre

Que tal apartamiento fuera eterno?

5 En esos años de la ausencia fiera,

El recuerdo de España

Seguíanos doquiera.

Todo nos es común: su Dios, el nuestro;

La sangre que circula por sus venas

10 Y el hermoso lenguaje;

Sus artes, nuestras artes; la armonía

De sus cantos, la nuestra; sus reveses

Nuestros también, y nuestras

Las glorias de Bailén y de Pavía.

15 Si á veces distraídos

Fijábamos los ojos

Á contemplar las hijas de Colombia;

En el porte elegante,

En el puro perfil de su semblante,

20 En su mirada ardiente y en el dejo

Meloso de la voz, eran retrato

De sus nobles abuelas;

Copia feliz de gracia soberana,

En que agradablemente se veía

25 El decoro y nobleza castellana

Y el donaire y la sal de Andalucía;

Y entonces exclamábamos: Un nombre page 164

Terrible, España, tienes; ¡pero suena

Qué dulcemente al corazón del hombre!

¡Oh! ¡que esta santa alianza eterna sea,

Y el pendón de Castilla y de Colombia

5 Unidos siempre el universo vea!

Y que al ¡viva Colombia! que repiten

El áureo Tajo, y Ebro y Manzanares,

¡Responda el eco que rodando vaya

Por los tranquilos mares

10 Á la ibérica playa

De ¡viva España! con que el Ande atruena

El Cauca, el Orinoco, el Magdalena!

DON JOSÉ EUSEBIO CARO

EL CIPRÉS

¡Árbol sagrado, que la obscura frente,

Inmóvil, majestuoso,

15 Sobre el sepulcro humilde y silencioso

Despliegas hacia el cielo tristemente!

Tú, sí, tú solamente

Al tiempo en que se duerme el rey del mundo

Tras las altas montañas de occidente,

20 Me ves triste vagando

Entre las negras tumbas,

Con los ojos en llanto humedecidos,

Mi orfandad y miseria lamentando. page 165

Y cuando ya de la apacible luna

La luz de perla en tu verdor se acoge,

Sólo tu tronco escucha mis gemidos,

Sólo tu pie mis lágrimas recoge.

5 ¡Ay! hubo un tiempo en que feliz y ufano

Al seno paternal me abandonaba;

En que con blanda mano

Una madre amorosa

De mi niñez las lágrimas secaba...

10 ¡Y hoy, huérfano, del mundo desechado,

Aquí en mi patria misma

Solitario viajero,

Desde lejos contemplo acongojado

Sobre los techos de mi hogar primero

15 El humo blanquear del extranjero!

Entre el bullicio de los pueblos busco

Mis tiernos padres para mí perdidos;

¡Vanamente!... Los rostros de los hombres

Me son desconocidos.

20 Y sus manes, empero, noche y día

Presentes á mis ojos afligidos

Contino están; contino sus acentos

Vienen á resonar en mis oídos.

¡Sí, funeral ciprés! Cuando la noche

25 Con su callada sombra te rodea,

Cuando escondido el solitario buho

En tus obscuros ramos aletea; page 166

La sombra de mi padre por tus hojas

Vagando me parece,

Que á velar por los días de su hijo

Del reino de los muertos se aparece.

5 Y si el viento sacude impetüoso

Tu elevada cabeza,

Y á su furor con susurrar medroso

Respondes pavoroso;

En los tristes silbidos

10 Que en torno de ti giran,

Á los paternos manes

Escucho, que dulcísimos suspiran.

¡Árbol augusto de la muerte! ¡Nunca

Tus verdores abata el bóreas ronco!

15 ¡Nunca enemiga, venenosa sierpe

Se enrosque en torno de tu pardo tronco!

¡Jamás el rayo ardiente

Abrase tu alta frente!

¡Siempre inmoble y sereno

20 Por las cóncavas nubes

Oigas rodar el impotente trueno!

Vive, sí, vive; y cuando ya mis ojos

Cerrar el dedo de la muerte quiera;

Cuando esconderse mire en occidente

25 Al sol por vez postrera,

Moriré sosegado

Á tu tronco abrazado.

Tú mi sepulcro ampararás piadoso page 167

De las roncas tormentas;

Y mi ceniza entonce agradecida,

En restaurantes jugos convertida,

Por tus delgadas venas penetrando,

5 Te hará reverdecer, te dará vida.

Quizá sabiendo el infeliz destino

Que oprimió mi existencia desdichada,

Sobre mi pobre tumba abandonada

Una lágrima vierta el peregrino.

DON JOSÉ MANUEL MARROQUÍN

LOS CAZADORES Y LA PERRILLA

10 Es flaca sobremanera

Toda humana previsión,

Pues en más de una ocasión

Sale lo que no se espera.

Salió al campo una mañana

15 Un experto cazador,

El más hábil y el mejor

Alumno que tuvo Diana.

Seguíale gran cuadrilla

De ejercitados monteros,

20 De ojeadores, ballesteros

Y de mozos de traílla;

page 168

Van todos apercibidos

De las armas necesarias,

Y llevan de castas varias

Perros diestros y atrevidos,

5 Caballos de noble raza,

Cornetas de monte: en fin,

Cuanto exige Moratín

En su poema _La Caza_.

Levantan pronto una pieza,

10 Un jabalí corpulento,

Que huye veloz, rabo á viento,

Y rompiendo la maleza.

Todos siguen con gran bulla

Tras la cerdosa alimaña,

15 Pero ella se da tal maña

Que á todos los aturrulla;

Y aunque gastan todo el día

En paradas, idas, vueltas,

Y carreras y revueltas,

20 Es vana tanta porfía.

Ahora que los lectores

Han visto de qué manera

Pudo burlarse la fiera

De los tales cazadores,

page 169

Oigan lo que aconteció,

Y aunque es suceso que admira,

No piensen, no, que es mentira,

Que lo cuenta quien lo vio:

5 Al pie de uno de los cerros

Que batieron aquel día,

Una viejilla vivía,

Que oyó ladrar a los perros;

Y con gana de saber

10 En qué parara la fiesta,

Iba subiendo la cuesta

Á eso del anochecer:

Con ella iba una perrilla...

Mas sin pasar adelante,

15 Es preciso que un instante

Gastemos en describilla:

Perra de canes decana

Y entre perras protoperra,

Era tenida en su tierra

20 Por perra antediluviana;

Flaco era el animalejo,

El más flaco de los canes,

Era el rastro, eran los manes

De un cuasi-semi-ex-gozquejo;

page 170

Sarnosa era... digo mal;

No era una perra sarnosa,

Era una sarna perrosa

Y en figura de animal;

5 Era, otrosí, derrengada;

La derribaba un resuello;

Puede decirse que aquello

No era perra ni era nada.

Á ver, pues, la batahola

10 La vieja al cerro subía,

De la perra en compañía,

Que era lo mismo que ir sola.

Por donde iba, hizo la suerte

Que se hubiese el jabalí

15 Escondido, por si así

Se libraba de la muerte;

Empero, sintiendo luego

Que por ahí andaba gente,

Tuvo por cosa prudente

20 Tomar las de Villadiego;

La vieja entonces al ver

Que escapaba por la loma,

¡Sus! dijo por pura broma,

Y la perra echó á correr.

page 171

Y aquella perra extenuada,

Sombra de perra que fué,

De la cual se dijo que

No era perra ni era nada;

5 Aquella perrilla, sí,

¡Cosa es de volverse loco!

No pudo coger tampoco

Al maldito jabalí.

DON MIGUEL ANTONIO CARO

LA VUELTA A LA PATRIA

Mirad al peregrino

10 ¡Cuán doliente y trocado!

Apoyándose lento en su cayado

¡Qué solitario va por su camino!

En su primer mañana,

Alma alegre y cantora

15 Abandonó el hogar, como á la aurora

Deja su nido la avecilla ufana.

Aire y luz, vida y flores,

Buscó en la vasta y fría

Región que la inocente fantasía

20 Adornaba con mágicos fulgores.

page 172

Ve el mundo, oye el rüido

De las grandes ciudades,

Y sólo vanidad de vanidades

Halla doquier su espíritu afligido

5 Materia da á su llanto

Cuanto el hombre le ofrece;

Ya la risa en sus labios no florece,

Y olvidó la nativa voz del canto.

Hízose pensativo;

10 Las nubes y las olas

Sus confidentes son, y trata á solas

El sitio más repuesto y más esquivo.

Á su penar responde

En la noche callada,

15 La estrella que declina fatigada

Y en el materno piélago se esconde.

_¡Vuelve, vuelve á tu centro!_

Natura al infelice

Clama; _¡vuelve!_ una voz también le dice

20 Que habla siempre con él, amiga, adentro,

¡Ay triste! En lontananza

Ve los pasados días,

Y en gozar otra vez sus alegrías

Concentra reanimado la esperanza.

page 173

¡Imposible! ¡Locura!...

¿Cuándo pudo á su fuente

Retroceder el mísero torrente

Que probó de los mares la amargura?

5 Ya sube la colina

Con mal seguro paso;

Del sol poniente al resplandor escaso

El valle de la infancia se domina.

10 ¡Ay! Ese valle umbrío

Que la paterna casa

Guarece; ese rumor con que acompasa

Sus blandos tumbos el sagrado río;

Esa aura embalsamada

Que sus sienes orea,

15 ¿A un corazón enfermo que desea

Su antigua soledad, no dicen nada?

El pobre peregrino

Ni oye, ni ve, ni siente;

De la Patria la imagen en su mente

20 No existe ya, sino ideal divino.

Invisible le toca

Y sus párpados cierra

Ángel piadoso, y la ilusión destierra,

Y el dulce sonreir vuelve á su boca.

page 174

¡Qué muda despedida!

¿Quién muerto le creyera?

¡Mirando está la Patria verdadera!

¡Está durmiendo el sueño de la vida!

DON DIÓGENES A. ARRIETA

EN LA TUMBA DE MI HIJO

5 ¡Espejismos del alma dolorida!...

¡Hermosas esperanzas de la vida

Que disipa la muerte con crueldad!

Para engañar las penas nos forjamos

Imágenes de dicha, y luego damos

10 Á la Ilusión el nombre de Verdad.

Aquí te llamo y nadie me responde:

Sorda y cruel, la tierra que te esconde

Ni el eco de mi voz devolverá.

Así la Eternidad: sombría y muda,

15 El odio ni el amor, la fe y la duda

En sus abismos nada alcanzarán.

Otros alienten la creencia vana

De que es posible á la esperanza humana

De la muerte sacar vida y amor.

20 Si es cruel la verdad, yo la prefiero...

¡Me duele el corazón, pero no quiero

Consolar con mentiras mi dolor!

page 175

¡Hijo querido, la esperanza mía!

Animaste mi hogar tan sólo un día,

No volvemos á vernos ya los dos...

Pues que la ley se cumpla del destino:

Tomo mi cruz y sigo mi camino...

¡Luz de mi hogar y mi esperanza, adiós!

DON IGNACIO GUTIÉRREZ PONCE

DOLORA

El ángel de mi cielo, mi María,

Que á la primera vuelta de las flores

Tres años cumplirá, medrosa un día

10 Buscó refugio en mis abiertos brazos,

Y cuando entre caricias y entre abrazos,

Que prodigué, con paternal empeño,

Hubo al fin disipado sus temores,

Trocando así en sonrisas sus clamores,

15 Cerró los ojos en tranquilo sueño.

En silencio quedó la estancia mía;

Y sintiéndome ansioso

De no turbar el infantil reposo

De mi bien, en mi pecho reclinado,

20 Inmóviles mis miembros mantenía,

Y mi amoroso corazón latía

Al ritmo de su aliento sosegado.

page 176

Sobre su faz serena,

Regadas como límpido rocío

En el cáliz de pálida azucena,

Brillaban gotas del reciente lloro,

5 Y las guedejas de oro

Del undoso cabello

Caían arropando su albo cuello.

Así nos sorprendió mi tierna esposa.

Que á la par temerosa

10 De interrumpir mi sueño de ventura,

Con paso leve recorrió el estrado

Y sin sentirla yo, vino á mi lado.

Aquella dulce calma

Que reinaba entre mí y en torno mío,

15 Llenóme al fin de arrobamiento el alma.

Y se quedó mi mente

Enajenada en éxtasis creciente.

Absorto siempre en ella,

Con íntimo lenguaje la decía:

20 «Eres botón de flor embalsamado

Con aromas del cielo todavía.»

Y al verla así, tan bella,

Con plácido embeleso

Á su rosada frente

25 Fuíme inclinando para darla un beso;

page 177

Pero escuché, de súbito, á mi lado,

Algo como un sollozo;

Y mirando con ojos sorprendidos,

Hallé los de mi esposa humedecidos

5 Por inefable gozo...

«No la despiertes,» díjome sencilla,

Y me acercó su cándida mejilla.

DON JOSÉ MARÍA GARAVITO A.

VOLVERÉ MAÑANA

I

--¡Adiós! ¡adiós! Lucero de mis noches,

--Dijo un soldado al pie de una ventana,--

10 ¡Me voy!... pero no llores, alma mía,

Que volveré mañana.

Ya se asoma la estrella de la aurora,

Ya se divisa en el oriente el alba,

Y en mi cuartel tambores y cornetas

15 Están tocando _diana_.

II

Horas después, cuando la negra noche

Cubrió de luto el campo de batalla,

Á la luz del vivac pálida y triste,

Un joven expiraba.

20 Alguna cosa de _ella_ el centinela

Al mirarlo morir, dijo en voz baja... page 178

Alzó luego el fusil, bajó los ojos

Y se enjugó dos lágrimas.

III

Hoy cuentan por doquier gentes medrosas,

Que cuando asoma en el oriente el alba,

5 Y en el cuartel tambores y cornetas

Están tocando _diana_...

Se ve vagar la misteriosa sombra,

Que se detiene al pie de una ventana

Y murmura: no llores, alma mía,

10 Que volveré mañana.

page 179

CUBA

DON JOSÉ MARÍA HEREDIA

EN EL TEOCALLI DE CHOLULA

¡Cuánto es bella la tierra que habitaban

Los aztecas valientes! En su seno

En una estrecha zona concentrados

Con asombro se ven todos los climas

5 Que hay desde el polo al ecuador. Sus llanos

Cubren á par de las doradas mieses

Las cañas deliciosas. El naranjo

Y la piña y el plátano sonante,

Hijos del suelo equinoccial, se mezclan

10 Á la frondosa vid, al pino agreste,

Y de Minerva al árbol majestuoso.

Nieve eternal corona las cabezas

De Iztaccíhual purísimo, Orizaba

15 Y Popocatepec; sin que el invierno

Toque jamás con destructora mano

Los campos fertilísimos, do ledo

Los mira el indio en púrpura ligera

Y oro teñirse, reflejando el brillo

Del Sol en occidente, que sereno

20 En hielo eterno y perennal verdura page 180

Á torrentes vertió su luz dorada,

Y vió á naturaleza conmovida

Con su dulce calor hervir en vida.

Era la tarde: su ligera brisa

5 Las alas en silencio ya plegaba

Y entre la hierba y árboles dormía,

Mientras el ancho sol su disco hundía

Detrás de Iztaccíhual. La nieve eterna

Cual disuelta en mar de oro, semejaba

10 Temblar en torno de él: un arco inmenso

Que del empíreo en el cenit finaba

Como espléndido pórtico del cielo

De luz vestido y centellante gloria,

De sus últimos rayos recibía

15 Los colores riquísimos. Su brillo

Desfalleciendo fué: la blanca luna

Y de Venus la estrella solitaria

En el cielo desierto se veían.

¡Crepúsculo feliz! Hora más bella

20 Que la alma noche ó el brillante día.

¡Cuánto es dulce tu paz al alma mía!

Hallábame sentado en la famosa

Choluteca pirámide. Tendido

El llano inmenso que ante mí yacía,

25 Los ojos á espaciarse convidaba.

¡Qué silencio! ¡qué paz! ¡Oh! ¿quién diría

Que en estos bellos campos reina alzada

La bárbara opresión, y que esta tierra page 181

Brota mieses tan ricas, abonada

Con sangre de hombres, en que fué inundada

Por la superstición y por la guerra?...

Bajó la noche en tanto. De la esfera

5 El leve azul, obscuro y más obscuro

Se fué tornando: la movible sombra

De las nubes serenas, que volaban

Por el espacio en alas de la brisa,

Era visible en el tendido llano.

10 Iztaccíhual purísimo volvía

Del argentado rayo de la luna

El plácido fulgor, y en el oriente

Bien como puntos de oro centellaban

Mil estrellas y mil... ¡Oh! yo os saludo,

15 Fuentes de luz, que de la noche umbría

Ilumináis el velo,

Y sois del firmamento poesía.

Al paso que la luna declinaba,

Y al ocaso fulgente descendía

20 Con lentitud, la sombra se extendía

Del Popocatepec, y semejaba

Fantasma colosal. El arco obscuro

Á mí llegó, cubrióme, y su grandeza

25 Fué mayor y mayor, hasta que al cabo

En sombra universal veló la tierra.

Volví los ojos al volcán sublime,

Que velado en vapores transparentes, page 182

Sus inmensos contornos dibujaba

De occidente en el cielo.

¡Gigante del Anáhuac! ¿cómo el vuelo

De las edades rápidas no imprime

5 Alguna huella en tu nevada frente?

Corre el tiempo veloz, arrebatando

Años y siglos como el norte fiero

Precipita ante sí la muchedumbre

De las olas del mar. Pueblos y reyes

10 Viste hervir á tus pies, que combatían

Cual hora combatimos, y llamaban

Eternas sus ciudades, y creían

Fatigar á la tierra con su gloria.

Fueron: de ellos no resta ni memoria.

15 ¿Y tú eterno serás? Tal vez un día

De tus profundas bases desquiciado

Caerás; abrumará tu gran ruina

Al yermo Anáhuac; alzaránse en ella

Nuevas generaciones y orgullosas,

20 Que fuiste negarán...

Todo perece

Por ley universal. Aun este mundo

Tan bello y tan brillante que habitamos,

Es el cadáver pálido y deforme

De otro mundo que fue...

25 En tal contemplación embebecido

Sorprendióme el sopor. Un largo sueño,

De glorias engolfadas y perdidas page 183

En la profunda noche de los tiempos,

Descendió sobre mí. La agreste pompa

De los reyes aztecas desplegóse

5 Á mis ojos atónitos. Veía

De emplumados caudillos levantarse

El déspota salvaje en rico trono,

De oro, perlas y plumas recamado;

Y al son de caracoles belicosos

10 Ir lentamente caminando al templo

La vasta procesión, do la aguardaban

Sacerdotes horribles, salpicados

Con sangre humana rostros y vestidos.

Con profundo estupor el pueblo esclavo

15 Las bajas frentes en el polvo hundía,

Y ni mirar á su señor osaba,

De cuyos ojos férvidos brotaba

La saña del poder.

Tales ya fueron

Tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo:

20 Su vil superstición y tiranía

En el abismo del no ser se hundieron.

Sí, que la muerte, universal señora,

Hiriendo á par al déspota y esclavo,

Escribe la igualdad sobre la tumba.

25 Con su manto benéfico el olvido

Tu insensatez oculta y tus furores

Á la raza presente y la futura.

Esta inmensa estructura page 184

Vió á la superstición más inhumana

En ella entronizarse. Oyó los gritos

De agonizantes víctimas, en tanto

Que el sacerdote, sin piedad ni espanto,

5 Les arrancaba el corazón sangriento;

Miró el vapor espeso de la sangre

Subir caliente al ofendido cielo

Y tender en el sol fúnebre velo,

Y escuchó los horrendos alaridos

10 Con que los sacerdotes sofocaban

El grito del dolor.

Muda y desierta

Ahora te ves, Pirámide. ¡Más vale

Que semanas de siglos yazgas yerma,

Y la superstición á quien serviste

15 En el abismo del infierno duerma!

Á nuestros nietos últimos, empero,

Sé lección saludable; y hoy al hombre

Que ciego en su saber fútil y vano

Al cielo, cual Titán, truena orgulloso,

20 Sé ejemplo ignominioso

De la demencia y del furor humano.

EL NIÁGARA

Templad mi lira, dádmela, que siento

En mi alma estremecida y agitada

Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo

25 En tinieblas pasó, sin que mi frente page 185

Brillase con su luz!... Niágara undoso,

Tu sublime terror sólo podría

Tornarme el don divino, que ensañada

Me robó del dolor la mano impía.

5 Torrente prodigioso, calma, calla

Tu trueno aterrador: disipa un tanto

Las tinieblas que en torno te circundan;

Déjame contemplar tu faz serena,

Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.

10 Yo digno soy de contemplarte: siempre

Lo común y mezquino desdeñando,

Ansié por lo terrífico y sublime.

Al despeñarse el huracán furioso,

Al retumbar sobre mi frente el rayo,

15 Palpitando gocé: vi al Océano,

Azotado por austro proceloso,

Combatir mi bajel, y ante mis plantas

Vórtice hirviendo abrir, y amé el peligro.

Mas del mar la fiereza

20 En mi alma no produjo

La profunda impresión que tu grandeza.

Sereno corres, majestuoso; y luego

En ásperos peñascos quebrantado,

Te abalanzas violento, arrebatado,

25 Como el destino irresistible y ciego.

¿Qué voz humana describir podría

De la sirte rugiente page 186

La aterradora faz? El alma mía

En vago pensamiento se confunde

Al mirar esa férvida corriente,

Que en vano quiere la turbada vista

5 En su vuelo seguir al borde obscuro

Del precipicio altísimo: mil olas,

Cual pensamiento rápidas pasando,

Chocan, y se enfurecen,

Y otras mil y otras mil ya las alcanzan,

10 Y entre espuma y fragor desaparecen.

¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo

Devora los torrentes despeñados:

Crúzanse en él mil iris, y asordados

Vuelven los bosques el fragor tremendo.

15 En las rígidas peñas

Rómpese el agua: vaporosa nube

Con elástica fuerza

Llena el abismo en torbellino, sube,

Gira en torno, y al éter

20 Luminosa pirámide levanta,

Y por sobre los montes que le cercan

Al solitario cazador espanta.

Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista

Con inútil afán? ¿Por qué no miro

25 Al rededor de tu caverna inmensa

Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,

Que en las llanuras de mi ardiente patria page 187

Nacen del sol á la sonrisa, y crecen,

Y al soplo de las brisas del Océano

Bajo un cielo purísimo se mecen?

Este recuerdo á mi pesar me viene...

5 Nada ¡oh Niágara! falta á tu destino,

Ni otra corona que el agreste pino

Á tu terrible majestad conviene.

La palma y mirto y delicada rosa

Muelle placer inspiren y ocio blando

10 En frívolo jardín: á ti la suerte

Guardó más digno objeto, más sublime.

El alma libre, generosa, fuerte,

Viene, te ve, se asombra,

El mezquino deleite menosprecia

15 Y aun se siente elevar cuando te nombra.

¡Omnipotente Dios! En otros climas

Vi monstruos execrables,

Blasfemando tu nombre sacrosanto,

Sembrar error y fanatismo impío,

20 Los campos inundar con sangre y llanto,

De hermanos atizar la infanda guerra,

Y desolar frenéticos la tierra.

Vilos, y el pecho se inflamó á su vista

En grave indignación. Por otra parte

25 Vi mentidos filósofos, que osaban

Escrutar tus misterios, ultrajarte,

Y de impiedad al lamentable abismo page 188

Á los míseros hombres arrastraban.

Por eso te buscó mi débil mente

En la sublime soledad: ahora

Entera se abre á ti; tu mano siente

5 En esta inmensidad que me circunda,

Y tu profunda voz hiere mi seno

De este raudal en el eterno trueno.

¡Asombroso torrente!

¡Cómo tu vista el ánimo enajena

10 Y de terror y admiración me llena!

¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza

Por tantos siglos tu inexhausta fuente?

¿Qué poderosa mano

Hace que al recibirte

15 No rebose en la tierra el Océano?

Abrió el Señor su mano omnipotente;

Cubrió tu faz de nubes agitadas,

Dió su voz á tus aguas despeñadas,

Y ornó con su arco tu terrible frente.

20 ¡Ciego, profundo, infatigable corres,

Como el torrente obscuro de los siglos

En insondable eternidad!... ¡Al hombre

Huyen así las ilusiones gratas,

Los florecientes días,

25 Y despierta al dolor!... ¡Ay! agostada

Yace mi juventud; mi faz, marchita; page 189

Y la profunda pena que me agita

Ruga mi frente de dolor nublada.

Nunca tanto sentí como este día

Mi soledad y mísero abandono

5 Y lamentable desamor... ¿Podría

En edad borrascosa

Sin amor ser feliz? ¡Oh! si una hermosa

Mi cariño fijase,

Y de este abismo al borde turbulento

10 Mi vago pensamiento

Y ardiente admiración acompañase!

¡Cómo gozara, viéndola cubrirse

De leve palidez, y ser más bella

En su dulce terror, y sonreirse

15 Al sostenerla mis amantes brazos...

Delirios de virtud... ¡Ay! ¡Desterrado,

Sin patria, sin amores,

Sólo miro ante mí llanto y dolores!

¡Niágara poderoso!

20 ¡Adiós! ¡adiós! Dentro de pocos años

Ya devorado habrá la tumba fría

Á tu débil cantor. ¡Duren mis versos

Cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso,

Viéndote algún viajero,

25 Dar un suspiro á la memoria mía!

Y al abismarse Febo en occidente,

Feliz yo vuele do el Señor me llama, page 190

Y al escuchar los ecos de mi fama,

Alce en las nubes la radiosa frente.

«PLÁCIDO» (DON GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDÉS)

PLEGARIA Á DIOS

¡Ser de inmensa bondad! ¡Dios poderoso!

 vos acudo en mi dolor vehemente...

5 Extended vuestro brazo omnipotente;

Rasgad de la calumnia el velo odioso;

Y arrancad este sello ignominioso

Con que el mundo manchar quiere mi frente.

¡Rey de los Reyes! ¡Dios de mis abuelos!

10 ¡Vos solo sois mi defensor! ¡Dios mío!...

Todo lo puede quien al mar sombrío

Olas y peces dio, luz á los cielos,

Fuego al sol, giro al aire, al norte hielos,

Vida á las plantas, movimiento al río.

15 Todo lo podéis vos; todo fenece,

Ó se reanima á vuestra voz sagrada;

Fuera de vos, Señor, el todo es nada

Que en la insondable eternidad perece;

Y aun esa misma nada os obedece,

20 Pues de ella fué la humanidad creada.

page 191

Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia;

Y pues vuestra eternal sabiduría

Ve al través de mi cuerpo el alma mía

Cual del aire á la clara transparencia,

5 Estorbad que humillada la inocencia

Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, Señor, por la preciosa

Sangre vertida, que la culpa sella

Del pecado de Adán, ó por aquella

10 Madre cándida, dulce y amorosa,

Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa,

Siguió tu muerte como helíaca estrella.

Mas si cuadra á tu suma omnipotencia

Que yo perezca cual malvado impío,

15 Y que los hombres mi cadáver frío

Ultrajen con maligna complacencia...

¡Suene tu voz, y acabe mi existencia!...

¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!

DOÑA GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA

Á WÁSHINGTON

No en lo pasado a tu virtud modelo,

20 Ni copia al porvenir dará la historia,

Ni otra igual en grandeza á tu memoria

Difundirán los siglos en su vuelo. page 192

Miró la Europa ensangrentar su suelo

Al genio de la guerra y la victoria,

Pero le cupo á América la gloria

De que al genio del bien le diera el cielo.

5 Que audaz conquistador goce en su ciencia

Mientras al mundo en páramo convierte,

Y se envanezca cuando á siervos mande;

¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia

Que el que los rige libres sólo es fuerte;

10 Que el que los hace grandes sólo es grande!

AL PARTIR

Modern Spanish Lyrics · 第 10 / 17 段