¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
La noche cubre con su opaco velo,
Como cubre el dolor mi triste frente.
15 ¡Voy á partir!... La chusma diligente
Para arrancarme del nativo suelo
Las velas iza, y pronta á su desvelo
La brisa acude de tu zona ardiente.
¡Adiós, patria feliz, Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela,
20 Tu dulce nombre halagará mi oído.
¡Adiós!... ¡ya cruje la turgente vela...
El ancla se alza... el buque estremecido
Las olas corta y silencioso vuela!
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ECUADOR
DON JOSÉ JOAQUÍN OLMEDO
LA VICTORIA DE JUNÍN
Canto á Bolívar
El trueno horrendo, que en fragor revienta
Y sordo retumbando se dilata
Por la inflamada esfera,
Al Dios anuncia que en el cielo impera.
5 Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta
La hispana muchedumbre,
Que más feroz que nunca amenazaba
Á sangre y fuego eterna servidumbre,
Y el canto de victoria
10 Que en ecos mil discurre, ensordeciendo
El hondo valle y enriscada cumbre,
Proclaman á Bolívar en la tierra
Árbitro de la paz y de la guerra.
Las soberbias pirámides que al cielo
15 El arte humano osado levantaba
Para hablar á los siglos y naciones, page 194
Templos, do esclavas manos
Deificaban en pompa á sus tiranos,
Ludibrio son del tiempo, que con su ala
Débil las toca, y las derriba al suelo,
5 Después que en fácil juego el fugaz viento
Borró sus mentirosas inscripciones;
Y bajo los escombros confundido
Entre las sombras del eterno olvido
¡Oh de ambición y de miseria ejemplo!
10 El sacerdote yace, el dios y el templo.
Mas los sublimes montes, cuya frente
Á la región etérea se levanta,
Que ven las tempestades á su planta
Brillar, rugir, romperse, disiparse;
15 Los Andes... las enormes, estupendas
Moles sentadas sobre bases de oro,
La tierra con su peso equilibrando,
Jamás se moverán. Ellos, burlando
De ajena envidia y del protervo tiempo
20 La furia y el poder, serán eternos
De Libertad y de Victoria heraldos,
Que con eco profundo
Á la postrera edad dirán del mundo:
«Nosotros vimos de Junín el campo;
25 Vimos que al desplegarse
Del Perú y de Colombia las banderas,
Se turban las legiones altaneras,
Huye el fiero español despavorido, page 195
Ó pide paz rendido.
Venció Bolívar: el Perú fué libre;
Y en triunfal pompa Libertad sagrada
En el templo del Sol fué colocada.»
5 ¿Quién es aquel que el paso lento mueve
Sobre el collado que á Junín domina?
¿Que el campo desde allí mide, y el sitio
Del combatir y del vencer desina?
¿Que la hueste contraria observa, cuenta,
10 Y en su mente la rompe y desordena,
Y á los más bravos á morir condena,
Cual águila caudal que se complace
Del alto cielo en divisar su presa
Que entre el rebaño mal segura pace?
15 ¿Quién el que ya desciende
Pronto y apercibido á la pelea?
Preñada en tempestades le rodea
Nube tremenda: el brillo de su espada
Es el vivo reflejo de la gloria;
20 Su voz un trueno; su mirada un rayo.
¿Quién aquel que, al trabarse la batalla,
Ufano como nuncio de victoria,
Un corcel impetuoso fatigando,
Discurre sin cesar por toda parte?...
25 ¿Quién, sino el hijo de Colombia y Marte?
Sonó su voz: «Peruanos,
Mirad allí los duros opresores page 196
De vuestra patria. Bravos colombianos,
En cien crudas batallas vencedores,
Mirad allí los enemigos fieros
Que buscando venís desde Orinoco:
5 Suya es la fuerza, y el valor es vuestro,
Vuestra será la gloria;
Pues lidiar con valor y por la patria
Es el mejor presagio de victoria.
Acometed: que siempre
10 De quien se atreve más el triunfo ha sido:
Quien no espera vencer, ya está vencido.»
Dice; y al punto, cual fugaces carros
Que, dada la señal, parten, y en densos
De arena y polvo torbellinos ruedan,
15 Arden los ejes, se estremece el suelo,
Estrépito confuso asorda el cielo,
Y en medio del afán cada cual teme
Que los demás adelantarse puedan;
Así los ordenados escuadrones,
20 Que del iris reflejan los colores
Ó la imagen del sol en sus pendones,
Se avanzan á la lid. ¡Oh! ¡quién temiera,
Quién, que su ímpetu mismo los perdiera!
Tal el héroe brillaba
25 Por las primeras filas discurriendo.
Se oye su voz, su acero resplandece
Do más la pugna y el peligro crece; page 197
Nada le puede resistir... Y es fama,
¡Oh portento inaudito!
Que el bello nombre de Colombia escrito
Sobre su frente en torno despedía
5 Rayos de luz tan viva y refulgente,
Que deslumbrado el español desmaya,
Tiembla, pierde la voz, el movimiento:
Sólo para la fuga tiene aliento.
Así, cuando en la noche algún malvado
10 Va á descargar el brazo levantado,
Si de improviso lanza un rayo el cielo,
Se pasma, y el puñal trémulo suelta;
Hielo mortal á su furor sucede;
Tiembla y horrorizado retrocede.
15 Ya no hay más combatir. El enemigo
El campo todo y la victoria cede.
Huye cual ciervo herido; y á donde huye
Allí encuentra la muerte. Los caballos
Que fueron su esperanza en la pelea,
20 Heridos, espantados, por el campo
Ó entre las filas vagan, salpicando
El suelo en sangre que su crin gotea;
Derriban al jinete, lo atropellan,
Y las catervas van despavoridas,
25 Ó unas en otras con terror se estrellan.
Crece la confusión, crece el espanto,
Y al impulso del aire, que vibrando page 198
Sube en clamores y alaridos lleno,
Tremen las cumbres que respeta el trueno.
Y discurriendo el vencedor en tanto
Por cimas de cadáveres y heridos,
5 Postra al que huye, perdona á los rendidos.
¡Padre del universo, sol radioso,
Dios del Perú, modera omnipotente
El ardor de tu carro impetüoso,
Y no escondas tu luz indeficiente!...
10 ¡Una hora más de luz!... Pero esta hora
No fué la del Destino. El dios oía
El voto de su pueblo, y de la frente
El cerco de diamantes desceñía.
En fugaz rayo el horizonte dora,
15 En mayor disco menos luz ofrece,
Y veloz tras los Andes se obscurece.
Tendió su manto lóbrego la noche,
Y las reliquias del perdido bando,
Con sus tristes y atónitos caudillos,
20 Corren sin saber dónde espavoridas,
Y de su sombra misma se estremecen;
Y al fin en las tinieblas ocultando
Su afrenta y su pavor, desaparecen.
¡Victoria por la patria! ¡oh Dios! ¡Victoria!
25 ¡Triunfo á Colombia y á Bolívar gloria!
page 199
MÉXICO
DON JOSÉ JOAQUÍN DE PESADO
LA SERENATA
¡Oh, tú, que duermes en casto lecho,
De sinsabores ajeno el pecho,
Y á los encantos de la hermosura
Unes las gracias del corazón,
5 Deja el descanso, doncella pura,
Y oye los ecos de mi canción!
¿Quién en la tierra la dicha alcanza?
Iba mi vida sin esperanza,
Cual nave errante sin ver su estrella,
10 Cuando me inundas en claridad;
Y desde entonces, gentil doncella,
Me revelaste felicidad.
¡Oh, si las ansias decir pudiera
Que siente el alma, desde que viera
15 Ese semblante que amor inspira
Y los hechizos de tu candor!
Mas, rudo el labio, torpe la lira,
Decir no puede lo que es amor.
Del Iris puede pintarse el velo; page 200
Del sol los rayos, la luz del cielo;
La negra noche, la blanca aurora;
Mas no tus gracias ni tu poder,
Ni menos puede de quien te adora
5 Decirse el llanto y el padecer.
Amor encuentra doquier que vuelva
La vista en torno; la verde selva,
Florido el prado y el bosque umbrío,
La tierna hierba, la hermosa ñor,
10 Y la cascada, y el claro río,
Todos me dicen: amor, amor.
Cuando te ausentas, el campo triste
De luto y sombras luego se viste;
Mas si regresas, la primavera
15 Hace sus galas todas lucir:
¡Oh, nunca, nunca de esta ribera,
Doncella hermosa, quieras partir!
DON FERNANDO CALDERÓN
LA ROSA MARCHITA
¿Eres tú, triste rosa,
La que ayer difundía
20 Balsámica ambrosía,
Y tu altiva cabeza levantando
Eras la reina de la selva umbría? page 201
¿Por qué tan pronto, dime,
Hoy triste y desolada
Te encuentras de tus galas despojada?
Ayer viento süave
5 Te halagó cariñoso;
Ayer alegre el ave
Su cántico armonioso
Ejercitaba, sobre ti posando;
Tú, rosa, le inspirabas,
10 Y á cantar sus amores le excitabas.
Tal vez el fatigado peregrino,
Al pasar junto á ti, quiso cortarte:
Tal vez quiso llevarte
Algún amante á su ardoroso seno;
15 Pero al ver tu hermosura,
La compasión sintieron,
Y su atrevida mano detuvieron.
Hoy nadie te respeta:
El furioso aquilón te ha deshojado.
20 Ya nada te ha quedado
¡Oh reina de las flores!
De tu brillo y tus colores.
La fiel imagen eres
De mi triste fortuna:
25 ¡Ay! todos mis placeres,
Todas mis esperanzas una á una
Arrancándome ha ido page 202
Un destino funesto, cual tus hojas
Arrancó el huracán embravecido!
¿Y qué, ya triste y sola,
No habrá quien te dirija una mirada?
5 ¿Estarás condenada
Á eterna soledad y amargo lloro?
No, que existe un mortal sobre la tierra,
Un joven infeliz, desesperado,
Á quien horrible suerte ha condenado
10 Á perpetuo gemir: ven, pues, ¡oh rosa!
Ven á mi amante seno, en él reposa
Y ojalá de mis besos la pureza
Resucitar pudiera tu belleza.
Ven, ven, ¡oh triste rosa!
15 Si es mi suerte á la tuya semejante,
Burlemos su porfía;
Ven, todas mis caricias serán tuyas,
Y tu última fragancia será mía.
DON MANUEL ACUÑA
NOCTURNO
Á Rosario
I
¡Pues bien! yo necesito
20 Decirte que te adoro,
Decirte que te quiero page 203
Con todo el corazón;
Que es mucho lo que sufro,
Que es mucho lo que lloro,
Que ya no puedo tanto,
5 Y al grito en que te imploro
Te imploro y te hablo en nombre
De mi última ilusión.
II
Yo quiero que tú sepas
Que ya hace muchos días
10 Estoy enfermo y pálido
De tanto no dormir;
Que ya se han muerto todas
Las esperanzas mías;
Que están mis noches negras,
15 Tan negras y sombrías,
Que ya no sé ni dónde
Se alzaba el porvenir.
III
De noche, cuando pongo
Mis sienes en la almohada
20 Y hacia otro mundo quiero
Mi espíritu volver,
Camino mucho, mucho,
Y al fin de la jornada
Las formas de mi madre
25 Se pierden en la nada, page 204
Y tú de nuevo vuelves
En mi alma á aparecer.
IV
Comprendo que tus besos
Jamás han de ser míos;
5 Comprendo que en tus ojos
No me he de ver jamás;
Y te amo, y en mis locos
Y ardientes desvarios
Bendigo tus desdenes,
10 Adoro tus desvíos,
Y en vez de amarte menos,
Te quiero mucho más.
V
Á veces pienso en darte
Mi eterna despedida,
15 Borrarte en mis recuerdos
Y hundirte en mi pasión;
Mas si es en vano todo
Y el alma no te olvida,
¡Qué quieres tú que yo haga,
20 Pedazo de mi vida;
Qué quieres tú que yo haga
Con este corazón!
VI
Y luego que ya estaba
Concluido tu santuario, page 205
Tu lámpara encendida,
Tu velo en el altar,
El sol de la mañana
Detrás del campanario,
5 Chispeando las antorchas,
Humeando el incensario,
Y abierta allá á lo lejos
La puerta del hogar...
VII
¡Qué hermoso hubiera sido
10 Vivir bajo aquel techo,
Los dos unidos siempre
Y amándonos los dos;
Tu siempre enamorada,
Yo siempre satisfecho,
15 Los dos una sola alma,
Los dos un solo pecho,
Y en medio de nosotros
Mi madre como un Dios!
VIII
¡Figúrate qué hermosas
20 Las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
Por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
Mi santa prometida.
25 Y al delirar en eso page 206
Con la alma estremecida,
Pensaba yo en ser bueno
Por ti, no más por ti.
IX
Bien sabe Dios que ése era
5 Mi más hermoso sueño,
Mi afán y mi esperanza,
Mi dicha y mi placer;
¡Bien sabe Dios que en nada
Cifraba yo mi empeño,
10 Sino en amarte mucho
Bajo el hogar risueño
Que me envolvió en sus besos
Cuando me vio nacer!
X
Ésa era mi esperanza...
15 Mas ya que á sus fulgores
Se opone el hondo abismo
Que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
Amor de mis amores;
20 La luz de mis tinieblas,
La esencia de mis flores;
Mi lira de poeta,
Mi juventud, adiós!
page 207
DON JUAN DE DIOS PEZA
REIR LLORANDO
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
Enfermos de pesar, muertos de tedio,
Hacen reir como el actor suicida,
Sin encontrar, para su mal, remedio!
5 ¡Ay! ¡Cuántas veces al reir se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
Porque en los seres que el dolor devora
El alma llora cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
10 Si sólo abrojos nuestra planta pisa,
Lanza á la faz la tempestad del alma
Un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
Que las vidas son breves mascaradas;
15 Aquí aprendemos á reir con llanto,
Y también á llorar con carcajadas.
FUSILES Y MUÑECAS
Juan y Margot, dos ángeles hermanos,
Que embellecen mi hogar con sus cariños,
Se entretienen con juegos tan humanos
20 Que parecen personas desde niños.
page 208
Mientras Juan, de tres años, es soldado
Y monta en una caña endeble y hueca,
Besa Margot con labios de granado
Los labios de cartón de su muñeca.
5 Lucen los dos sus inocentes galas,
Y alegres sueñan en tan dulces lazos:
Él, que cruza sereno entre las balas;
Ella, que arrulla un niño entre sus brazos.
10 Puesto al hombro el fusil de hoja de lata,
El kepis de papel sobre la frente,
Alienta al niño en su inocencia grata
El orgullo viril de ser valiente.
Quizá piensa, en sus juegos infantiles,
Que en este mundo que su afán recrea,
15 Son como el suyo todos los fusiles
Con que la torpe humanidad pelea.
Que pesan poco, que sin odios lucen,
Que es igual el más débil al más fuerte,
Y que, si se disparan, no producen
20 Humo, fragor, consternación y muerte.
¡Oh misteriosa condición humana!
Siempre lo opuesto buscas en la tierra:
Ya delira Margot por ser anciana,
Y Juan que vive en paz ama la guerra.
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Mirándolos jugar, me aflijo y callo;
¡Cuál será sobre el mundo su fortuna?
Sueña el niño con armas y caballo,
La niña con velar junto á la cuna.
5 El uno corre de entusiasmo ciego,
La niña arrulla á su muñeca inerme,
Y mientras grita el uno: Fuego, Fuego,
La otra murmura triste: Duerme, Duerme.
Á mi lado ante juegos tan extraños
10 Concha, la primogénita, me mira:
¡Es toda una persona de seis años
Que charla, que comenta y que suspira!
¿Por qué inclina su lánguida cabeza
Mientras deshoja inquieta algunas flores?
15 ¿Será la que ha heredado mi tristeza?
¿Será la que comprende mis dolores?
Cuando me rindo del dolor al peso,
Cuando la negra duda me avasalla,
Se me cuelga del cuello, me da un beso,
20 Se le saltan las lágrimas, y calla.
Sueltas sus trenzas claras y sedosas,
Y oprimiendo mi mano entre sus manos,
Parece que medita en muchas cosas
Al mirar como juegan sus hermanos...
page 210
¡Inocencia! ¡Niñez! ¡Dichosos nombres!
Amo tus goces, busco tus cariños;
¡Cómo han de ser los sueños de los hombres
Más dulces que los sueños de los niños!
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NICARAGUA
DON RUBÉN DARÍO
Á ROOSEVELT
Es con voz de la Biblia ó verso de Walt Whitman
Que habría que llegar hasta ti, ¡cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
Con un algo de Wáshington y mucho de Nemrod.
5 Eres los Estados Unidos,
Eres el futuro invasor
De la América ingenua que tiene sangre indígena,
Que aun reza á Jesucristo y aun habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
10 Eres culto, eres hábil; te opones á Tolstoy.
Y domando caballos ó asesinando tigres,
Eres un Alejandro Nabucodonosor.
(Eres un profesor de Energía
Como dicen los locos de hoy.)
15 Crees que la vida es incendio,
Que el progreso es erupción,
Que en donde pones la bala
El porvenir pones. page 212
No.
Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
Que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
5 Si clamáis, se oye como el rugir de un león.
Ya Hugo á Grant lo dijo: «Las estrellas son vuestras.»
(Apenas brilla alzándose el argentino sol
Y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos;
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mamnón;
10 Y alumbrando el camino de la fácil conquista,0
La Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América nuestra que tenía poetas
Desde los viejos tiempos de Netzhualcoyolt,
Que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
15 Que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió,
Que consultó los astros, que conoció la atlántida
Cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
Que desde los remotos momentos de su vida
Vive de luz, de fuego, de perfume y de amor,
20 La América del grande Moctezuma, del Inca,
La América fragante de Cristóbal Colón,
La América católica, la América española,
La América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América
25 Que tiembla de huracanes y que vive de amor,
Hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive
Y sueña. Y ama y vibra; y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española! page 213
Hay mil cachorros sueltos del león español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo,
El Riflero terrible y el fuerte cazador,
Para poder tenernos en vuestras férreas garras.
5 Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
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VENEZUELA
DON ANDRÉS BELLO
Á LA VICTORIA DE BAILÉN
Rompe el León soberbio la cadena
Con que atarle pensó la felonía,
Y sacude con noble bizarría
Sobre el robusto cuello la melena.
5 La espuma del furor sus labios llena
Y á los rugidos que indignado envía
El tigre tiembla en la caverna umbría,
Y todo el bosque atónito resuena.
10 El León despertó; ¡temblad, traidores!
Lo que vejez creísteis, fué descanso;
Las juveniles fuerzas guarda enteras
Perseguid, alevosos cazadores,
Á la tímida liebre, al ciervo manso;
No insultéis al monarca de las fieras
LA AGRICULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA
15 ¡Salve, fecunda zona,
Que al sol enamorado circunscribes page 215
El vago curso, y cuanto ser se anima
En cada vario clima,
Acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
5 De granadas espigas; tú la uva
Das á la hirviente cuba:
No de purpúrea flor, ó roja, ó gualda,
Á tus florestas bellas
Falta matiz alguno; y bebe en ellas
10 Aromas mil el viento;
Y greyes van sin cuento
Paciendo tu verdura, desde el llano
Que tiene por lindero el horizonte,
Hasta el erguido monte,
15 De inaccesible nieve siempre cano.
Tú das la caña hermosa,
De do la miel se acendra,
Por quien desdeña el mundo los panales:
Tú en urnas de coral cuajas la almendra
20 Que en la espumante jícara rebosa:
Bulle carmín viviente en tus nopales,
Que afrenta fuera al múrice de Tiro;
Y de tu añil la tinta generosa
Émula es de la lumbre del zafiro;
25 El vino es tuyo, que la herida agave
Para los hijos vierte
Del Anáhuac feliz; y la hoja es tuya
Que, cuando de süave
Humo en espiras vagarosas huya, page 216
Solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
El arbusto sabeo,
Y el perfume le das que en los festines
5 La fiebre insana templará á Lieo.
Para tus hijos la procera palma
Su vario feudo cría,
Y el ananás sazona su ambrosía:
Su blanco pan la yuca,
10 Sus rubias pomas la patata educa,
Y el algodón despliega al aura leve
Las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha
En enramadas de verdor lozano,
15 Cuelga de sus sarmientos trepadores
Nectáreos globos y franjadas flores;
Y para ti el maíz, jefe altanero
De la espigada tribu, hinche su grano;
Y para ti el banano
20 Desmaya al peso de su dulce carga;
El banano, primero
De cuantos concedió bellos presentes
Providencia á las gentes
Del ecuador feliz con mano larga.
25 No ya de humanas artes obligado
El premio rinde opimo:
No es á la podadera, no al arado
Deudor de su racimo;
Escasa industria bástale, cual puede page 217
Hurtar á sus fatigas mano esclava:
Crece veloz, y cuando exhausto acaba,
Adulta prole en torno le sucede.
¡Oh! ¡Los que afortunados poseedores
5 Habéis nacido de la tierra hermosa
En que reseña hacer de sus favores,
Como para ganaros y atraeros,
Quiso naturaleza bondadosa!
Romped el duro encanto
10 Que os tiene entre murallas prisioneros.
El vulgo de las artes laborioso,
El mercader que, necesario al lujo,
Al lujo necesita,
Los que anhelando van tras el señuelo
15 Del alto cargo y del honor ruidoso,
La grey de aduladores parasita,
Gustosos pueblen ese infecto caos;
El campo es vuestra herencia: en él gozaos.
¿Amáis la libertad? El campo habita:
20 No allá donde el magnate
Entre armados satélites se mueve,
Y de la moda, universal señora,
Va la razón al triunfal carro atada,
Y á la fortuna la insensata plebe,
25 Y el noble al aura popular adora.
¿Ó la virtud amáis? ¡Ah! ¡Que el retiro,
La solitaria calma page 218
En que, juez de sí misma, pasa el alma
Á las acciones muestra,
Es de la vida la mejor maestra!
¿Buscáis durables goces,
5 Felicidad, cuanta es al hombre dada
Y á su terreno asiento, en que vecina
Está la risa al llanto, y siempre ¡ah! siempre,
Donde halaga la flor, punza la espina?
Id á gozar la suerte campesina;
10 La regalada paz, que ni rencores,
Al labrador, ni envidias acibaran;
La cama que mullida le preparan
El contento, el trabajo, el aire puro;
Y el sabor de los fáciles manjares,
15 Que dispendiosa gula no le aceda;
Y el asilo seguro
De sus patrios hogares
Que á la salud y al regocijo hospeda.
El aura respirad de la montaña,
20 Que vuelve al cuerpo laso
El perdido vigor, que á la enojosa
Vejez retarda el paso,
Y el rostro á la beldad tiñe de rosa.
¿Es allí menos blanda por ventura
25 De amor la llama, que templó el recato?
¿Ó menos aficiona la hermosura
Que de extranjero ornato
Y afeites impostores no se cura?
¿Ó el corazón escucha indiferente page 219
El lenguaje inocente
Que los afectos sin disfraz expresa
Y á la intención ajusta la promesa?
No del espejo al importuno ensayo
5 La risa se compone, el paso, el gesto;
No falta allí carmín al rostro honesto
Que la modestia y la salud colora,
Ni la mirada que lanzó al soslayo
Tímido amor, la senda al alma ignora.
10 ¿Esperaréis que forme
Más venturosos lazos himeneo,
Do el interés barata,
Tirano del deseo,
Ajena mano y fe por nombre ó plata,
15 Que do conforme gusto, edad conforme,
Y elección libre, y mutuo ardor los ata?
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
Alzáis sobre el atónito Occidente
De tempranos laureles la cabeza!
20 Honrad al campo, honrad la simple vida
Del labrador y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
La libertad morada,
Y freno la ambición, y la ley templo.
25 Las gentes á la senda
De la inmortalidad, ardua y fragosa,
Se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa page 220
Vuestra posteridad, y nuevos nombres
Añadiendo la fama
Á los que ahora aclama,
«Hijos son éstos, hijos
5 (Pregonará á los hombres)
De los que vencedores superaron
De los Andes la cima:
De los que en Boyacá, los que en la arena
De Maipo y en Junín, y en la campaña
10 Gloriosa de Apurima,
Postrar supieron al león de España.»
DON JUAN A. PÉREZ BONALDE
VUELTA Á LA PATRIA
Á mi hermana Elodia
¡Tierra! grita en la prora el navegante,
Y confusa y distante,
Una línea indecisa
15 Entre brumas y ondas se divisa.
Poco á poco del seno
Destacándose va, del horizonte,
Sobre el éter sereno
La cumbre azul de un monte;
20 Y así como el bajel se va acercando,
Va extendiéndose el cerro
Y unas formas extrañas va tomando: page 221
Formas que he visto cuando
Soñaba con la dicha en mi destierro.
Ya la vista columbra
Las riberas bordadas de palmares,
5 Y una brisa cargada con la esencia
De silvestres violetas y azahares
En mi memoria alumbra
El recuerdo feliz de mi inocencia,
Cuando pobre de años y pesares
10 Y rico de ilusiones y alegría,
Bajo las palmas retozar solía
Oyendo el arrullar de las palomas,
Bebiendo luz y respirando aromas.
Hay algo en esos rayos brilladores
15 Que juegan por la atmósfera azulada,
Que me habla de ternuras y de amores
De una dicha pasada;
Y el viento al suspirar entre las cuerdas
Parece que me dice:--¿No te acuerdas?...
20 Ese cielo, ese mar, esos cocales,
Ese monte que dora
El sol de las regiones tropicales...
¡Luz! ¡luz al fin! los reconozco ahora;
Son ellos, son los mismos de mi infancia,
25 Y esas playas que al sol del mediodía
Brillan á la distancia,
¡Oh inefable alegría!
Son las riberas de la patria mía.
page 222
Ya muerde el fondo de la mar hirviente
Del ancla el férreo diente;
Ya se acercan los botes desplegando
Al aire puro y blando
5 La enseña tricolor del pueblo mío.
¡Á tierra! ¡á tierra! ¡Ó la emoción me ahoga,
Ó se adueña de mi alma el desvarío!
Llevado en alas de mi ardiente anhelo,
Me lanzo presuroso al barquichuelo
10 Que á las riberas del hogar me invita.
Todo es grata armonía: los suspiros
De la onda de zafir que el remo agita,
De las marinas aves
Los caprichosos giros,
15 Y las notas süaves
Y el timbre lisonjero,
Y la magia que toma,
Hasta en labios del tosco marinero,
El dulce son de mi nativo idioma.
20 ¡Volad, volad veloces,
Ondas, aves y voces!
Id á la tierra en donde el alma tengo,
Y decidle que vengo
Á reposar, cansado caminante,
25 Del hogar á la sombra un solo instante.
Decidle que en mi anhelo, en mi delirio
Por llegar á la orilla, el pecho siente page 223
De Tántalo el martirio;
Decidle, en fin, que mientra estuve ausente
Ni un día, ni un instante la he olvidado,
Y llevadle este beso que os confío,
5 Tributo adelantado
Que desde el fondo de mi ser le envío.
¡Boga, boga remero! ¡Así! ¡Llegamos!
¡Oh, emoción hasta ahora no sentida!
Ya piso el santo suelo en que probamos
10 El almíbar primero de la vida.
Tras ese monte azul, cuya alta cumbre
Lanza reto de orgullo
Al zafir de los cielos,
Está el pueblo gentil donde al arrullo
15 Del maternal amor rasgué los velos
Que me ocultaban la primera lumbre.
¡En marcha, en marcha, postillón; agita
El látigo inclemente!
Y á más andar el coche diligente
20 Por la orilla del mar se precipita.