10 Pasó un día y otro día,

Un mes y otro mes pasó,

Y un año pasado había,

Mas de Flandes no volvía

Diego, que á Flandes partió.

15 Lloraba la bella Inés

Su vuelta aguardando en vano,

Oraba un mes y otro mes

Del crucifijo á los pies

Do puso el galán su mano.

20 Todas las tardes venía

Después de traspuesto el sol,

Y á Dios llorando pedía

La vuelta del español,

Y el español no volvía.

25 Y siempre al anochecer, page 97

Sin dueña y sin escudero,

En un manto una mujer

El campo salía á ver

Al alto del _Miradero_.

5 ¡Ay del triste que consume

Su existencia en esperar!

¡Ay del triste que presume

Que el duelo con que él se abrume

Al ausente ha de pesar!

10 La esperanza es de los cielos

Precioso y funesto don,

Pues los amantes desvelos

Cambian la esperanza en celos,

Que abrasan el corazón.

15 Si es cierto lo que se espera,

Es un consuelo en verdad;

Pero siendo una quimera,

En tan frágil realidad

Quien espera desespera.

20 Así Inés desesperaba

Sin acabar de esperar,

Y su tez se marchitaba,

Y su llanto se secaba

Para volver á brotar.

25 En vano á su confesor

Pidió remedio ó consejo

Para aliviar su dolor;

Que mal se cura el amor

Con las palabras de un viejo. page 98

En vano á Ibán acudía,

Llorosa y desconsolada;

El padre no respondía;

Que la lengua le tenía

5 Su propia deshonra atada.

Y ambos maldicen su estrella,

Callando el padre severo

Y suspirando la bella,

Porque nació mujer ella,

10 Y el viejo nació altanero.

Dos años al fin pasaron

En esperar y gemir,

Y las guerras acabaron,

Y los de Flandes tornaron

15 Á sus tierras á vivir.

Pasó un día y otro día,

Un mes y otro mes pasó,

Y el tercer año corría;

Diego á Flandes se partió,

20 Mas de Flandes no volvía.

Era una tarde serena,

Doraba el sol de occidente

Del Tajo la vega amena,

Y apoyada en una almena

25 Miraba Inés la corriente.

Iban las tranquilas olas

Las riberas azotando

Bajo las murallas solas,

Musgo, espigas y amapolas page 99

Ligeramente doblando.

Algún olmo que escondido

Creció entre la hierba blanda,

Sobre las aguas tendido

5 Se reflejaba perdido

En su cristalina banda.

Y algún ruiseñor colgado

Entre su fresca espesura

Daba al aire embalsamado

10 Su cántico regalado

Desde la enramada obscura.

Y algún pez con cien colores,

Tornasolada la escama,

Saltaba á besar las flores,

15 Que exhalan gratos olores,

Á las puntas de una rama.

Y allá en el trémulo fondo

El torreón se dibuja

Como el contorno redondo

20 Del hueco sombrío y hondo

Que habita nocturna bruja.

Así la niña lloraba

El rigor de su fortuna,

Y así la tarde pasaba

25 Y al horizonte trepaba

La consoladora luna.

Á lo lejos por el llano

En confuso remolino

Vió de hombres tropel lejano page 100

Que en pardo polvo liviano

Dejan envuelto el camino.

Bajó Inés del torreón,

Y llegando recelosa

5 Á las puertas del Cambrón,

Sintió latir zozobrosa

Más inquieto el corazón.

Tan galán como altanero

Dejó ver la escasa luz

10 Por bajo el arco primero

Un hidalgo caballero

En un caballo andaluz;

Jubón negro acuchillado,

Banda azul, lazo en la hombrera,

15 Y sin pluma al diestro lado

El sombrero derribado

Tocando con la gorguera;

Bombacho gris guarnecido,

Bota de ante, espuela de oro,

20 Hierro al cinto suspendido,

Y á una cadena prendido

Agudo cuchillo moro.

Vienen tras este jinete

Sobre potros jerezanos

25 De lanceros hasta siete,

Y en adarga y coselete

Diez peones castellanos.

Asióse á su estribo Inés

Gritando:--¡Diego, eres tú!-- page 101

Y él viéndola de través

Dijo--¡Voto á Belcebú,

Que no me acuerdo, quién es!--

Dió la triste un alarido

5 Tal respuesta al escuchar,

Y á poco perdió el sentido,

Sin que más voz ni gemido

Volviera en tierra á exhalar.

Frunciendo ambas á dos cejas

10 Encomendóla á su gente,

Diciendo:--¡Malditas viejas

Que á las mozas malamente

Enloquecen con consejas!--

Y aplicando el capitán

15 Á su potro las espuelas

El rostro á Toledo dan,

Y á trote cruzando van

Las obscuras callejuelas.

IV

Así por sus altos fines

20 Dispone y permite el cielo

Que puedan mudar al hombre

Fortuna, poder y tiempo.

Á Flandes partió Martínez

De soldado aventurero,

25 Y por su suerte y hazañas

Allí capitán le hicieron.

Según alzaba en honores page 102

Alzábase en pensamientos,

Y tanto ayudó en la guerra

Con su valor y altos hechos,

Que el mismo rey á su vuelta

5 Le armó en Madrid caballero,

Tomándole á su servicio

Por capitán de lanceros.

Y otro no fué que Martínez

Quien ha poco entró en Toledo,

10 Tan orgulloso y ufano

Cual salió humilde y pequeño.

Ni es otro á quien se dirige,

Cobrado el conocimiento,

La amorosa Inés de Vargas,

15 Que vive por él muriendo.

Mas él, que olvidando todo

Olvidó su nombre mesmo,

Puesto que hoy Diego Martínez

Es el capitán Don Diego,

20 Ni se ablanda á sus caricias,

Ni cura de sus lamentos;

Diciendo que son locuras

De gentes de poco seso;

Que ni él prometió casarse

25 Ni pensó jamás en ello.

¡Tanto mudan á los hombres

Fortuna, poder y tiempo!

En vano porfiaba Inés

Con amenazas y ruegos; page 103

Cuanto más ella importuna

Está Martínez severo.

Abrazada á sus rodillas

Enmarañado el cabello,

5 La hermosa niña lloraba

Prosternada por el suelo.

Mas todo empeño es inútil,

Porque el capitán Don Diego

No ha de ser Diego Martínez

10 Como lo era en otro tiempo.

Y así llamando á su gente,

De amor y piedad ajeno,

Mandóles que á Inés llevaran

De grado ó de valimiento.

15 Mas ella antes que la asieran, 15

Cesando un punto en su duelo,

Así habló, el rostro lloroso

Hacia Martínez volviendo:

«Contigo se fué mi honra,

20 Conmigo tu juramento; 20

Pues buenas prendas son ambas,

En buen fiel las pesaremos.»

Y la faz descolorida

En la mantilla envolviendo,

25 Á pasos desatentados 25

Salióse del aposento.

page 104

V

Era entonces de Toledo

Por el rey gobernador

El justiciero y valiente

Don Pedro Ruiz de Alarcón.

5 Muchos años por su patria

El buen viejo peleó;

Cercenado tiene un brazo,

Mas entero el corazón.

La mesa tiene delante,

10 Los jueces en derredor,

Los corchetes á la puerta

Y en la derecha el bastón.

Está, como presidente

Del tribunal superior,

15 Entre un dosel y una alfombra

Reclinado en un sillón,

Escuchando con paciencia

La casi asmática voz

20 Con que un tétrico escribano

Solfea una apelación.

Los asistentes bostezan

Al murmullo arrullador,

Los jueces medio dormidos

Hacen pliegues al ropón,

25 Los escribanos repasan

Sus pergaminos al sol,

Los corchetes á una moza page 105

Guiñan en un corredor,

Y abajo en Zocodover

Gritan en discorde son

Los que en el mercado venden

5 Lo vendido y el valor.

Una mujer en tal punto,

En faz de grande aflicción,

Rojos de llorar los ojos,

Ronca de gemir la voz,

10 Suelto el cabello y el manto,

Tomó plaza en el salón

Diciendo á gritos: «¡Justicia,

Jueces; justicia, señor!»

Y á los pies se arroja humilde

15 De Don Pedro de Alarcón,

En tanto que los curiosos

Se agitan al rededor.

Alzóla cortés Don Pedro

Calmando la confusión

20 Y el tumultuoso murmullo

Que esta escena ocasionó,

Diciendo:

--Mujer, ¿qué quieres?

--Quiero justicia, señor.

--¿De qué?

--De una prenda hurtada.

25 --¿Qué prenda?

--Mi corazón.

--¿Tú le diste? page 106

--Le presté.

--¿Y no te le han vuelto?

--No.

--¿Tienes testigos?

--Ninguno.

--¿Y promesa?

--¡Sí, por Dios!

Que al partirse de Toledo

5 Un juramento empeñó.

--¿Quién es él?

--Diego Martínez.

--¿Noble?

--Y capitán, señor.

--Presentadme al capitán,

Que cumplirá si juró.--

10 Quedó en silencio la sala,

Y á poco en el corredor

Se oyó de botas y espuelas

El acompasado son.

Un portero, levantando

15 El tapiz, en alta voz

Dijo:--El capitán Don Diego.--

Y entró luego en el salón

Diego Martínez, los ojos

Llenos de orgullo y furor.

20 --¿Sois el capitán Don Diego,

Díjole Don Pedro, vos?--

Contestó altivo y sereno

Diego Martínez: page 107

--Yo soy.

--¿Conocéis á esta muchacha?

--Ha tres años, salvo error.

--¿Hicísteisla juramento

De ser su marido?--

--No.

5 --¿Juráis no haberlo jurado?

--Sí juro.--

--Pues id con Dios.

--¡Miente!--clamó Inés llorando

De despecho y de rubor.

--Mujer, ¡piensa lo que dices!...

10 --Digo que miente, juró.

--¿Tienes testigos?

--Ninguno.

--Capitán, idos con Dios,

Y dispensad que acusado

Dudara de vuestro honor.--

15 Tornó Martínez la espalda

Con brusca satisfacción,

É Inés, que le vió partirse,

Resuelta y firme gritó:

--Llamadle, tengo un testigo.

20 Llamadle otra vez, señor.--

Volvió el capitán Don Diego,

Sentóse Ruiz de Alarcón,

La multitud aquietóse

Y la de Vargas siguió:

25 --Tengo un testigo á quien nunca page 108

Faltó verdad ni razón.

--¿Quién?

--Un hombre que de lejos

Nuestras palabras oyó,

Mirándonos desde arriba.

5 --¿Estaba en algún balcón?

--No, que estaba en un suplicio

Donde ha tiempo que expiró.

--¿Luego es muerto?

--No, que vive.

--Estáis loca, ¡vive Dios!

10 ¿Quién fué?

--El CRISTO de la Vega

Á cuya faz perjuró.--

Pusiéronse en pie los jueces

Al nombre del Redentor,

Escuchando con asombro

15 Tan excelsa apelación.

Reinó un profundo silencio

De sorpresa y de pavor,

Y Diego bajó los ojos

De vergüenza y confusión.

20 Un instante con los jueces

Don Pedro en secreto habló,

Y levantóse diciendo

Con respetuosa voz:

«La ley es ley para todos,

25 Tu testigo es el mejor,

Mas para tales testigos page 109

No hay más tribunal que Dios.

Haremos... lo que sepamos;

Escribano, al caer el sol

Al CRISTO que está en la vega

5 Tomaréis declaración.»

VI

Es una tarde serena,

Cuya luz tornasolada

Del purpurino horizonte

Blandamente se derrama.

10 Plácido aroma las flores

Sus hojas plegando exhalan,

Y el céfiro entre perfumes

Mece las trémulas alas.

Brillan abajo en el valle

15 Con suave rumor las aguas,

Y las aves en la orilla

Despidiendo al día cantan.

Allá por el _Miradero_

Por el Cambrón y Visagra

20 Confuso tropel de gente

Del Tajo á la vega baja.

Vienen delante Don Pedro

De Alarcón, Ibán de Vargas,

Su hija Inés, los escribanos,

25 Los corchetes y los guardias;

Y detrás monjes, hidalgos,

Mozas, chicos y canalla. page 110

Otra turba de curiosos

En la vega les aguarda,

Cada cual comentariando

El caso según le cuadra.

5 Entre ellos está Martínez

En apostura bizarra,

Calzadas espuelas de oro,

Valona de encaje blanca,

Bigote á la borgoñona,

10 Melena desmelenada,

El sombrero guarnecido

Con cuatro lazos de plata,

Un pie delante del otro,

Y el puño en el de la espada.

15 Los plebeyos de reojo

Le miran de entre las capas,

Los chicos al uniforme

Y las mozas á la cara.

Llegado el gobernador

20 Y gente que le acompaña,

Entraron todos al claustro

Que iglesia y patio separa.

Encendieron ante el CRISTO

Cuatro cirios y una lámpara,

25 Y de hinojos un momento

Le rezaron en voz baja.

Está el CRISTO de la Vega

La cruz en tierra posada,

Los pies alzados del suelo page 111

Poco menos de una vara;

Hacia la severa imagen

Un notario se adelanta,

De modo que con el rostro

5 Al pecho santo llegaba.

Á un lado tiene á Martínez,

Á otro lado á Inés de Vargas,

Detrás al gobernador

Con sus jueces y sus guardias.

10 Después de leer dos veces

La acusación entablada,

El notario á Jesucristo

Así demandó en voz alta:

--«_Jesús, Hijo de María,

15 Ante nos esta mañana

Citado como testigo

Por boca de Inés de Vargas,

¿Juráis ser cierto que un día

Á vuestras divinas plantas

20 Juró á Inés Diego Martínez

Por su mujer desposarla?_»

Asida á un _brazo_ desnudo

Una _mano_ atarazada

Vino á posar en los autos

25 La seca y hendida palma,

Y allá en los aires «¡Sí JURO!»

Clamó una voz más que humana.

Alzó la turba medrosa

La vista á la imagen santa... page 112

Los labios tenía abiertos,

Y una mano desclavada.

CONCLUSIÓN

Las vanidades del mundo

Renunció allí mismo Inés,

5 Y espantado de sí propio

Diego Martínez también.

Los escribanos temblando

Dieron de esta escena fe,

Firmando como testigos

10 Cuantos hubieron poder.

Fundóse un aniversario

Y una capilla con él,

Y Don Pedro de Alarcón

El altar ordenó hacer,

15 Donde hasta el tiempo que corre,

Y en cada un año una vez,

Con la mano desclavada

El crucifijo se ve.

DON ANTONIO DE TRUEBA

CANTOS DE PÁJARO

Tengo yo un pajarillo

20 Que el día pasa

Cantando entre las flores

De mi ventana; page 113

Y un canto alegre

Á todo pasajero

Dedica siempre.

Tiene mi pajarillo

5 Siempre armonías

Para alegrar el alma

Del que camina...

¡Oh cielo santo,

Por qué no harán los hombres

10 Lo que los pájaros!

Cuando mi pajarillo

Cantos entona,

Pasajeros ingratos

Cantos le arrojan:

15 Mas no por eso 15

Niega sus armonías

Al pasajero.

Tiende las leves alas,

Cruza las nubes

20 Y canta junto al cielo

Con voz más dulce:

«Paz á los hombres

Y gloria al que en la altura

Rige los orbes!»

25 Y yo sigo el ejemplo

Del ave mansa

Que canta entre las flores

De mi ventana,

Porque es sabido page 114

Que poetas y pájaros

Somos lo mismo.

LA PEREJILERA

Al salir el sol dorado

Esta mañana te vi

5 Cogiendo, niña, en tu huerto

Matitas de perejil.

Para verte más de cerca

En el huerto me metí,

Y sabrás que eché de menos

10 Mi corazón al salir.

Tú debiste de encontrarle,

Que en el huerto le perdí.

«Dámele, perejilera,

Que te le vengo á pedir.»

DON JOSÉ SELGAS Y CARRASCO

LA MODESTIA

15 Por las flores proclamado

Rey de una hermosa pradera,

Un clavel afortunado

Dió principio á su reinado

Al nacer la primavera.

20 Con majestad soberana

Llevaba y con noble brío

El regio manto de grana, page 115

Y sobre la frente ufana

La corona de rocío.

Su comitiva de honor

Mandaba, por ser costumbre,

5 El céfiro volador,

Y había en su servidumbre

Hierbas y malvas de olor.

Su voluntad poderosa,

Porque también era uso,

10 Quiso una flor para esposa,

Y regiamente dispuso

Elegir la más hermosa.

Como era costumbre y ley,

Y porque causa delicia

15 En la numerosa grey,

Pronto corrió la noticia

Por los estados del rey.

Y en revuelta actividad

Cada flor abre el arcano

20 De su fecunda beldad,

Por prender la voluntad

Del hermoso soberano.

Y hasta las menos apuestas

Engalanarse se vían

25 Con harta envidia, dispuestas

Á ver las solemnes fiestas

Que celebrarse debían.

Lujosa la Corte brilla:

El rey, admirado, duda, page 116

Cuando ocultarse sencilla

Vió una tierna florecilla

Entre la hierba menuda.

Y por si el regio esplendor

5 De su corona le inquieta,

Pregúntale con amor:

--«¿Cómo te llamas?»--«Violeta,»

Dijo temblando la flor.

--«¿Y te ocultas cuidadosa

10 Y no luces tus colores,

Violeta dulce y medrosa,

Hoy que entre todas las flores

Va el rey á elegir esposa?»

15 Siempre temblando la flor,

Aunque llena de placer,

Suspiró y dijo: «Señor,

Yo no puedo merecer

Tan distinguido favor.»

El rey, suspenso, la mira

20 Y se inclina dulcemente;

Tanta modestia le admira;

Su blanda esencia respira,

Y dice alzando la frente:

«Me depara mi ventura

25 Esposa noble y apuesta; page 117

Sepa, si alguno murmura,

Que la mejor hermosura

Es la hermosura modesta.»

Dijo, y el aura afanosa

5 Publicó en forma de ley,

Con voz dulce y melodiosa,

Que la violeta es la esposa

Elegida por el rey.

Hubo magníficas fiestas,

10 Ambos esposos se dieron

Pruebas de amor manifiestas,

Y en aquel reinado fueron

Todas las flores modestas.

DON PEDRO A. DE ALARCÓN

EL MONT-BLANC

¡Heme al fin en la cumbre soberana!...

15 ¡Nieve perpetua..., soledad doquiera!...

¿Quién sino el hombre, en su soberbia insana,

Á hollar estos desiertos se atreviera?

Aquí enmudece hasta la voz del viento...;

Profundo mar parece el horizonte...,

20 Única playa el alto firmamento...,

Anclada nave el solitario monte.

¡Nada en torno de mí!... ¡Todo á mis plantas! page 118

Obscuros bosques, relucientes ríos,

Lagos, campiñas, páramos, gargantas...

¡Europa entera yace á los pies míos!

¡Y cuán pequeña la terrestre vida,

5 Cuán relegado el humanal imperio

Se ve desde estos hielos donde anida

El _Monte Blanco_, el rey del hemisferio!

¡De aquí tiende su cetro sobre el mundo!

El Danubio opulento, el Po anchuroso,

10 El luengo Rhin y el Ródano profundo,

Hijos son de los hijos del Coloso.

Debajo de él... los Alpes se eslabonan

Como escabeles de su trono inmenso:

Debajo de él... las nubes se amontonan

15 Cual humo leve de quemado incienso.

¡Sobre él... los cielos nada más! La tarde

Le invidia al verlo de fulgor ceñido...

Llega la noche, y aún su frente arde

Con reflejos de un sol por siempre hundido.

20 Allá turnan con raudo movimiento

Una y otra estación... Él permanece

Mudo, inmóvil, estéril. ¡Monumento

De la implacable eternidad parece!

Ni el oso atroz ni el traicionero lobo

25 Huellan jamás su excelsitud nevada...

Huérfano vive del calor del globo...

¡En él principia el reino de la nada!

Por eso, ufano de su horror profundo,

Dichoso aquí mi corazón palpita... page 119

¡Aquí solo con Dios..., fuera del mundo!

¡Solo, bajo la bóveda infinita!

¡Y qué süave, deleitosa calma

Brinda á mi pecho esta región inerte!...

5 Así concibe fatigada el alma

El tardo bien de la benigna muerte.

¡Morir aquí! De los poblados valles

No retornar á la angustiosa vida:

No escuchar más los lastimosos ayes

10 De la cuitada humanidad caída:

Desparecer, huyendo de la tierra,

Desde esta cima que se acerca al cielo:

Por siempre desertar de aquella guerra,

De eterna libertad tendiendo el vuelo...

15 Tal ansia acude al corazón llagado,

Al mirarte, ¡oh _Mont-Blanc!_, erguir la frente

Sobre un mísero mundo atribulado

Por el cierzo y el rayo y el torrente.

¡Tú nada temes! De tu imperio yerto

20 Sólo Dios es señor, fuerza y medida:

¡Cómo el ancho Océano y el Desierto,

Tú vives sólo de tu propia vida!

La tierra acaba en tu glacial palacio;

Tuya es la azul inmensidad aérea:

25 Tú ves más luz, más astros, más espacio...;

¡Parte eres ya de la mansión etérea!

¡Adiós! Retorno al mundo... Acaso un día

Ya de la tierra el corazón no lata,

Y sobre su haz inanimada y fría page 120

Tiendas tu manto de luciente plata...

Será entonces tu reino silencioso

Cuanto hoy circunda y cubre el Oceano...

¡Adiós!... Impera en tanto desdeñoso

5 Sobre la insania del orgullo humano.

EL SECRETO

«_¡Yo no quiero morirme!_»

--Dice la niña,

Tendiendo hacia su madre

Dos manecitas

10 Calenturientas,

Cual dos blancos jazmines

Que el viento seca...

Un silencio de muerte

La madre guarda...

15 ¡Ay! ¡si hablara, vertiera

Mares de lágrimas!

Besa á la niña,

¡Y aun le fingen sus labios

Una sonrisa!

20 Del cuello de la madre

La hija se cuelga

Y, pegada á su oído,

Pálida y trémula,

Con sordo acento,

25 Dícele horrorizada:

--«_Oye un secreto:_ page 121

_¿Sabes por qué á morirme

Le temo tanto?

Porque luego me llevan,

Toda de blanco,

5 Al cementerio...,

¡Y de verme allí sola

Va á darme miedo!_»

--«_Hija de mis entrañas!_

(Grita la madre)

10 _Dios querrá que me vivas...;

Y, aunque te mate,

Descuida, hermosa;

Que tú en el cementerio

No estarás sola._»

DON GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

RIMAS

II

15 Saeta que voladora

Cruza, arrojada al azar,

Sin adivinarse dónde

Temblando se clavará;

Hoja que del árbol seca

20 Arrebata el vendaval,

Sin que nadie acierte el surco

Donde á caer volverá;

Gigante ola que el viento page 122

Riza y empuja en el mar,

Y rueda y pasa, y no sabe

Qué playa buscando va;

Luz que en cercos temblorosos

5 Brilla, próxima á expirar,

Ignorándose cuál de ellos

El último brillará;

Eso soy yo, que al acaso

Cruzo el mundo, sin pensar

10 De dónde vengo, ni adónde

Mis pasos me llevarán.

VII

Del salón en el ángulo obscuro,

De su dueño tal vez olvidada,

Silenciosa y cubierta de polvo

15 Veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

Como el pájaro duerme en las ramas,

Esperando la mano de nieve

Que sabe arrancarlas!

20 ¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio

Así duerme en el fondo del alma,

Y una voz, como Lázaro, espera

Que le diga: «Levántate y anda!»

LIII

Volverán las obscuras golondrinas

25 En tu balcón sus nidos á colgar, page 123

Y, otra vez, con el ala á sus cristales

Jugando llamarán;

Pero aquellas que el vuelo refrenaban

Tu hermosura y mi dicha á contemplar,

5 Aquellas que aprendieron nuestros nombres...

Ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas

De tu jardín las tapias á escalar,

Y otra vez á la tarde, aun más hermosas,

10 Sus flores se abrirán;

Pero aquellas, cuajadas de rocío,

Cuyas gotas mirábamos temblar

Y caer, como lágrimas del día...

Ésas... ¡no volverán!

15 Volverán del amor en tus oídos

Las palabras ardientes á sonar;

Tu corazón de su profundo sueño

Tal vez despertará;

Pero mudo y absorto y de rodillas,

20 Como se adora á Dios ante su altar,

Como yo te he querido... desengáñate,

¡Así no te querrán!

page 124

LXXIII

Cerraron sus ojos

Que aun tenía abiertos;

Taparon su cara

Con un blanco lienzo;

5 y unos sollozando,

Otros en silencio,

De la triste alcoba

Todos se salieron.

La luz, que en un vaso

10 Ardía en el suelo,

Al muro arrojaba

La sombra del lecho;

Y entre aquella sombra

Veíase á intervalos

15 Dibujarse rígida

La forma del cuerpo.

Despertaba el día

Y á su albor primero

Con sus mil rüidos

20 Despertaba el pueblo.

Ante aquel contraste

De vida y misterios,

De luz y tinieblas,

Medité un momento:

25 «_¡Dios mío, qué solos

Se quedan los muertos!_»

page 125

De la casa en hombros

Lleváronla al templo,

Y en una capilla

Dejaron el féretro.

5 Allí rodearon

Sus pálidos restos

De amarillas velas

Y de paños negros.

Al dar de las ánimas

10 El toque postrero,

Acabó una vieja

Sus últimos rezos;

Cruzó la ancha nave,

Las puertas gimieron,

15 Y el santo recinto

Quedóse desierto.

De un reloj se oía

Compasado el péndulo,

Y de algunos cirios

20 El chisporroteo.

Tan medroso y triste,

Tan obscuro y yerto

Todo se encontraba...

Que pensé un momento:

25 «_¡Dios mío, qué solos

Se quedan los muertos!_»

page 126

De la alta campana

La lengua de hierro,

Le dió, volteando,

Su adiós lastimero.

5 El luto en las ropas,

Amigos y deudos

Cruzaron en fila,

Formando el cortejo.

Del último asilo,

10 Obscuro y estrecho,

Abrió la piqueta

El nicho á un extremo.

Allí la acostaron,

Tapiáronle luego,

15 Y con un saludo

Despidióse el duelo.

La piqueta al hombro,

El sepulturero

Cantando entre dientes

20 Se perdió á lo lejos.

La noche se entraba,

Reinaba el silencio;

Perdido en las sombras,

Medité un momento:

25 _«¡Dios mío, qué solos

Se quedan los muertos!»_

page 127

En las largas noches

Del helado invierno,

Cuando las maderas

Crujir hace el viento

5 Y azota los vidrios

El fuerte aguacero,

De la pobre niña

Á solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia

10 Con un son eterno;

Allí la combate

El soplo del cierzo.

¡Del húmedo muro

Tendida en el hueco,

15 Acaso de frío

Se hielan sus huesos!...

¿Vuelve el polvo al polvo?

¿Vuela el alma al cielo?

¿Todo es vil materia,

20 Podredumbre y cieno?

¡No sé: pero hay algo

Que explicar no puedo,

Que al par nos infunde

Repugnancia y duelo,

25 Al dejar tan tristes,

Tan solos los muertos!

page 128

DON VICENTE W. QUEROL

EN NOCHE-BUENA

Á mis ancianos padres

I

Un año más en el hogar paterno

Celebramos la fiesta del Dios-Niño,

Símbolo augusto del amor eterno,

Cuando cubre los montes el invierno

5 Con su manto de armiño. 5

II

Como en el día de la fausta boda

Ó en el que el santo de los padres llega,

La turba alegre de los niños juega,

Y en la ancha sala la familia toda

10 De noche se congrega. 10

III

La roja lumbre de los troncos brilla

Del pequeño dormido en la mejilla,

Que con tímido afán su madre besa;

Y se refleja alegre en la vajilla

15 De la dispuesta mesa.

IV

Á su sobrino, que lo escucha atento,

Mi hermana dice el pavoroso cuento, page 129

Y mi otra hermana la canción modula

Que, ó bien surge vibrante, ó bien ondula

Prolongada en el viento.

V

Mi madre tiende las rugosas manos

5 Al nieto que huye por la blanda alfombra;

Hablan de pie mi padre y mis hermanos,

Mientras yo, recatándome en la sombra,

Pienso en hondos arcanos.

VI

Pienso que de los días de ventura

10 Las horas van apresurando el paso,

Y que empaña el oriente niebla obscura,

Cuando aun el rayo trémulo fulgura

Último del ocaso.

VII

¡Padres míos, mi amor! ¡Cómo envenena

15 Las breves dichas el temor del daño!

Hoy presidís nuestra modesta cena,

Pero en el porvenir... yo sé que un año

Vendrá sin Noche-Buena.

VIII

Vendrá, y las que hoy son risas y alborozo

20 Serán muda aflicción y hondo sollozo.

No cantará mi hermana, y mi sobrina

No escuchará la historia peregrina

Que le da miedo y gozo.

page 130

IX

No dará nuestro hogar rojos destellos

Sobre el limpio cristal de la vajilla,

Y, si alguien osa hablar, será de aquellos

Que hoy honran nuestra fiesta tan sencilla

5 Con sus blancos cabellos.

X

Blancos cabellos cuya amada hebra

Es cual corona de laurel de plata,

Mejor que esas coronas que celebra

La vil lisonja, la ignorancia acata,

10 Y el infortunio quiebra.

XI

¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo

La sublime bondad de vuestro rostro,

Mi alma a los trances de la vida templo,

Y ante esa imagen para orar me postro,

15 Cual me postro en el templo.

XII

Cada arruga que surca ese semblante

Es del trabajo la profunda huella,

Ó fue un dolor de vuestro pecho amante.

La historia fiel de una época distante

20 Puedo leer yo en ella.

XIII

La historia de los tiempos sin ventura

En que luchasteis con la adversa suerte, page 131

Y en que, tras negras horas de amargura,

Mi madre se sintió más noble y pura

Y mi padre más fuerte.

XIV

Cuando la noche toda en la cansada

5 Labor tuvisteis vuestros ojos fijos,

Y, al venceros el sueño á la alborada,

Fuerzas os dió posar vuestra mirada

En los dormidos hijos.

XV

Las lágrimas correr una tras una

10 Con noble orgullo por mi faz yo siento,

Pensando que hayan sido por fortuna,

Esas honradas manos mi sustento

Y esos brazos mi cuna.

XVI

¡Padres míos, mi amor! Mi alma quisiera

15 Pagaros hoy la que en mi edad primera

Sufristeis sin gemir lenta agonía,

Y que cada dolor de entonces fuera

Germen de una alegría.

XVII

Modern Spanish Lyrics · 第 8 / 17 段