sin advertirlo, por distracción... como sólo pueden hacerlo los que no
quieren.
DANIEL
¡Ahora salimos con que no te quiero!
ARACELI
No, Daniel, no; aquello se fué...
DANIEL
Eres injusta conmigo.
ARACELI
¡Injusta!
DANIEL
Me acusas sin razón. Yo te quiero con amor firmísimo, lleno de lealtad.
Pero recuerda, Araceli, que si yo tengo veinte años más que tú, el
cariño que me lleva á ti y el cariño que te acerca á mí, no pueden ser
iguales.
ARACELI
¡Estás cansado de amar!
DANIEL
De amar no estoy cansado, pues que tu amor basta á hacerme dichoso; de
lo que sí estoy fatigado es de las impaciencias de la pasión, de las
grandes «chiquilladas» de la pasión, de todo cuanto hay en ella de
intemperante y ostentoso.
ARACELI
Eso tiene un nombre: se llama desilusión.
DANIEL
Desilusión, sí; pero desilusión de lo pequeño, de lo accidental, de lo
que en modo alguno daña á la esencia del amor. Tú tienes ahora
veinticinco años; yo ¡ay! también los tuve, los cumplí hace tiempo... y
entonces, que mi sangre ardía, la posesión de una mujer no me bastaba:
necesitaba que mis amigos la conociesen, la llevaba á los bailes, la
obligaba á beber, la arrastraba de orgía en orgía como á una presa; no
concebía el amor sin exhibición, sin escándalo... Pero, mira... la vida
fué pasando... y cuando los cabellos empezaron á blanquear, el alma tuvo
frío.
ARACELI
Y ahora tienes frío.
DANIEL
Sí, mucho...
ARACELI
De muy distinto modo me hablabas cuando nos conocimos.
DANIEL
¡Y es natural! Diez años pasaron desde entonces; diez años, en los
cuales, sobre mi corazón ha nevado mucho. La vida está dispuesta de modo
que la primavera de un alma coincida generalmente con el otoño de otra
alma. ¡Siempre fué así!... En las comedias del teatro humano, el Tiempo
representó siempre el papel de protagonista.
ARACELI
¡Y para esto me arrancaste de mi casa!... ¡Para engañarme así!
(_Llorosa._)
DANIEL
¿Engañarte yo, Araceli?
ARACELI
Sí. Entonces mis padres acababan de casarme con un hombre viejo, feo,
entregado en cuerpo y alma á sus negocios, á cuyo lado mis quince años,
llenos de impaciencias, se ahogaban. Y tú me dijiste: «Ven, sígueme,
huyamos... yo soy la alegría...»
DANIEL
¡Y lo era! (_Con amargura._)
ARACELI
«Yo soy la locura... déjalo todo, renuncia á todo; viajaremos,
conoceremos todos los placeres, nos asomaremos á todos los paisajes; mis
labios, que tienen sed de amor, colgarán una túnica de besos sobre tus
hombros; yo he aprendido una risa y una canción que nadie sabe...» ¡Eso
me decías, Daniel, acuérdate, eso me decías!... ¡Y me volví loca!... Y
ahora resulta que mentías...
DANIEL
¡No mentía!
ARACELI
O, cuando menos, te engañabas. Tú también eres frío, tú también eres
indiferente y egoísta y cansino, ¡como el otro!... (_Con brusca
explosión de cólera._) ¡Pues no y no y no!... ¡Aquello, nunca!... Yo te
juro que aquel muerto vivir de mi primera juventud, no volverá á
repetirse. ¡Te lo juro!... Para eso, para ser dichosa, fue para lo que
me puse fuera de la ley. La vida se va... la siento ir... ¡se va!... Es
como una vena rota... y no quiero perderla sin haberla vivido...
DANIEL
Habla más bajo, Araceli.
ARACELI
Estoy en mi casa.
DANIEL
Pero no es necesario que los criados se enteren de lo que hablamos aquí.
ARACELI
No me importa.
DANIEL
Yo creía que debía importarte.
ARACELI
Y yo creo que estoy en mi casa, repito, y que tengo derecho á hacer en
ella mi gusto...
DANIEL
Indudablemente.
ARACELI
A no ser que me eches de aquí.
DANIEL
Jamás; quien probablemente se irá de aquí, seré yo.
MANOLO
Araceli, Daniel... ¿qué va á ser esto?
ARACELI
Usted lo ha oído todo.
MANOLO
¿Pero se han vuelto ustedes locos?
DANIEL
¡Al contrario! Todos estamos muy cuerdos, porque cada cual defiende lo
suyo, lo que más quiere. Por eso, para no molestar nos mutuamente,
repito que me iré.
ARACELI
Nadie te ha despedido.
DANIEL
Indirectamente, sí.
ARACELI
Eso, no; yo no te despedí. (_Orgullosa._) Ahora, claro es, tú eres libre
y, como tal, dueño de hacer lo que más te agrade.
DANIEL
Por eso me iré; ya no te convengo porque no te divierto, y debo
marcharme. Mi delicadeza lo entiende así.
ARACELI
¡Si estaba viendo llegar este rompimiento! ¡Si me lo anunciaba el
corazón!... (_Llora._)
MANOLO
(_Colérico_). Haces muy mal en decir lo que dices.
DANIEL
¿Que he dicho?
MANOLO
Araceli no merece que la trates de ese modo.
DANIEL
Mira, chiquito... (_Nervioso._)
MANOLO
¡Nada, lo sostengo! ¡No lo merece!
ARACELI
Déjele usted, Manolo; ¡es inútil!
MANOLO
Tú no puedes tratar así á Araceli; tú tienes la obligación de hacerla
dichosa.
DANIEL
¿La obligación?
MANOLO
La obligación, sí. Tú, que la arrancaste de su hogar, del hogar donde
vivía mal ó bien, pero decorosamente, la debes toda clase de respetos...
DANIEL
Creo que te ha hecho daño el coñac que hemos bebido.
MANOLO
¡Daniel!
DANIEL
Me parece que sí.
MANOLO
Piensa lo que gustes. Pero, repito, que á Araceli no la consideras lo
que merece... y que delante de mí...
DANIEL
Acaba.
ARACELI
Manolo... no... no se disguste usted...
MANOLO
Que delante de mí no permito que la insultes.
DANIEL
(_Fríamente_). Está bien.
ARACELI
Bueno, basta... (_Conciliadora._) La cuestión terminó ya.
MANOLO
Hay sinrazones que hacen hervir la sangre...
ARACELI
Yo le suplico á usted...
MANOLO
No tiene usted nada que suplicarme.
ARACELI
(_Cogiendo el mantón_). Yo vuelvo en seguida. Voy á vestirme.
MANOLO
¿Va usted al baile por fin?
ARACELI
Sí. Creo que es lo mejor.
ESCENA VI
DANIEL, MANOLO
DANIEL
¿Qué ha sido eso?
MANOLO
¿El qué? ¿Lo que te he dicho?
DANIEL
Sí.
MANOLO
No sé... los nervios, los nervios, que no siempre vibran del mismo
modo... Perdona... O será el coñac, como tú dices. (_Nervioso._)
DANIEL
No, no es eso.
MANOLO
¿No?
DANIEL
No; no es cuestión de nervios, ni cuestión de bebida...
MANOLO
¡De lo que sea!
DANIEL
No es fácil que yo me equivoque. (_Pausa._) La causa de tu
apasionamiento la sospecho... la conozco. (_Pausa._) Tú estás enamorado
de Araceli. (_Pausa larga._) ¿No es cierto?
MANOLO
No es.
DANIEL
Sí es.
MANOLO
Te aseguro que no.
DANIEL
Ahora es cuando empiezas á parecerme desairado. Me gustó tu arrebato de
hace un momento porque había en él sinceridad juvenil. La juventud sólo
sabe pelear así, cara á cara... Pero has reflexionado, y la reflexión
envejece á los hombres.
MANOLO
¿Y aunque estuviese enamorado de Araceli, ¡qué importa!... si ella no lo
sabe?
DANIEL
Luego la quieres... Sé franco; la franqueza es siempre, siempre, una
valentía. Luego la quieres...
MANOLO
No sé si la quiero.
DANIEL
Pero te gusta.
MANOLO
¡Mucho!
DANIEL
Si eso me lo dijeses teniendo yo los años que tú tienes, esta
conversación acabaría á cuchilladas. Pero, no... ya, no... Pasó la edad
de los celos homicidas, la edad terrible... Si Araceli se va, si Araceli
quiere á su placer, es decir... si se quiere á sí misma más que á mí,
¿para qué retenerla?
MANOLO
(_Irónico_). Haces bien.
DANIEL
Y tú eres quien me la quita. (_Colérico._)
MANOLO
¿Yo?
DANIEL
Sí, sí... ¡Oh!
MANOLO
¡Ojalá! Ya ves si soy sincero; ¡ojalá!... Pero no es así; en todo caso
será ella quien te deja.
DANIEL
Es que ella no hubiese hablado así, si tú no hubieras estado presente.
MANOLO
Piensa lo que gustes.
DANIEL
(_Con repentina cólera_). Manuel... ¡eres un miserable!
MANOLO
¿Qué dices?
DANIEL
Que eres un miserable.
MANOLO
Es que si te crees con derecho á insultarme...
DANIEL
Lo tengo.
MANOLO
Yo me reservo el derecho de partirte la cara.
DANIEL
Y yo... ¡Mira!... Manuel... ¡No me saques fuera de mí!... (_Avanzando
amenazador._)
ESCENA VII
DICHOS y ARACELI
ARAGELI
(_Que aparece disfrazada con el mantón de Manila y con un antifaz en la
mano_). Ya estoy lista. ¿Qué tal?
DANIEL
(_Dominándose_). Muy bien.
MANOLO
Está usted guapísima.
ARACELI
(_A Daniel y sonriendo_). ¿El mantón, verdad?
DANIEL
Todo influye.
MANOLO
Pero, tenía usted razón; el mantón, efectivamente, es magnífico.
ARACELI
Precioso; ¿qué hora será?
MANOLO
Poco más de las once.
ARACELI
Entonces, llego á tiempo. Desde aquí voy á casa de Filomena, que está
aguardándome, y desde allí, al Real.
MANOLO
Allí nos veremos. Si me concede usted el vals...
ARACELI
Con mucho gusto. (_A Daniel, que habrá vuelto á sentarse junto á la
chimenea._) ¿Vienes?
DANIEL
(_Con dulzura y melancolía_). No, hija mía.
ARACELI
Decídete y te espero. Anda, ¿quieres?...
DANIEL
No, no... ¿para qué?
ARACELI
En un momento te vistes.
DANIEL
Los bailes ya no me divierten. Perdona...
ARACELI
Como gustes...
DANIEL
Sí, déjame; prefiero leer. (_Dentro suena una estudiantina que pasa
tocando un alegre paso doble. La música se acerca y luego se aleja
gradualmente._)
ARACELI
(_Con alegría infantil_). ¡Una estudiantina, una estudiantina!... (_Ella
y Manolo corren hacia la ventana y miran._)
MANOLO
¡La juventud pasa!
ARACELI
¡Y pasa llamándonos, invitándonos á seguirla!... ¡Qué hermosa la
juventud, que lleva consigo la alegría!... (_Pausa. Los tres escuchan._)
MANOLO
(_A Araceli_). ¡La alegría! ¿Verdad que arrastra?
ARACELI
Sí. ¡Qué hermosa es! Mire usted, estoy llorando... La alegría es eso: es
llorar y es reir, sin saber por qué... ¡Vámonos, vámonos!...
MANOLO
Ya, apenas se oye...
ARACELI
Vámonos. (_A Manolo._) ¿Quiere usted acompañarme hasta que encuentre un
coche?
MANOLO
Estoy á sus órdenes.
ARACELI
(_A Daniel_). Entonces, hasta luego.
DANIEL
O hasta nunca... (_Tranquilo._)
ARACELI
¿Hasta nunca?
DANIEL
Sí. Porque aunque yo esté aquí cuando tú vuelvas, las almas sólo se
despiden una vez, y yo he sentido que en este momento, nuestras almas,
Araceli, acaban de decirse «adiós». (_Pausa._)
ARACELI
(_A Manolo_). ¿Me da usted su brazo?
MANOLO
(_Desde la puerta, á Daniel._) Buenas noches.
(_Araceli mira á Daniel con intención cruel y hace mutis riendo á
carcajadas._)
ESCENA VIII
DANIEL, luego MARIANO
DANIEL
(_Sentado ante la chimenea_). ¡Se fué!... Cuando á mí me querían, yo no
quise á nadie; ahora, que quiero... ya es tarde para hacerme querer.
(_Se cubre el rostro con las manos y llora._)
MARIANO
(_Por la izquierda_). Señor... (_Al verle llorando queda suspenso._)
TERMINA EL ACTO PRIMERO
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ACTO SEGUNDO
Otro gabinete elegante. Al foro y á la derecha, puertas. La chimenea y
la ventana, con objeto de dar variedad á la escena, aparecen á la
izquierda.
Es de noche.
Al levantarse el telón, Teresa acaba de arreglar la chimenea y se dirige
hacia el foro para recibir á Daniel, que está medio ciego y camina con
pasos inseguros. Daniel se sienta junto á la chimenea, y sentado
permanece durante todo el acto.
ESCENA PRIMERA
TERESA, DANIEL
TERESA
Ya sabía yo, don Daniel que era usted quien llegaba.
DANIEL
¿Por la voz me conociste, Teresita? (_Risueño._)
TERESA
Sí, señor marqués, fué por la voz y por el modo de andar. Venga usted
por aquí... (_Le lleva hacia la chimenea._)
DANIEL
¡Ah, sí!... Ya... ¿Porque arrastro los pies?
TERESA
Los arrastra usted un poquito, muy poco...
DANIEL
¿Tú no sabes por qué, Teresa?
TERESA
No, señor marqués.
DANIEL
Porque la tierra nos quiere mucho á los viejos, y se agarra á nuestros
pobres pies cansados... y tira de nosotros... ¡Necesario será irse
pronto con ella!
TERESA
¿Quién piensa en morir? Ea, siéntese usted... Esta noche no dirá usted
que la chimenea está fría.
DANIEL
No, por cierto, que su calor parece quemarme las mejillas. ¡Brrr!...
¡Qué frío hace!... De poco aprovechan los guantes con este tiempo;
¡heladitas traigo las manos! (_Pausa._) ¿Y la señorita?
TERESA
En su cuarto.
DANIEL
¿Pero, está bien?
TERESA
Sí, señor.
DANIEL
Eso es lo principal. ¡Vaya!... ¿Y el señorito Paco?
TERESA
En las habitaciones de la señorita. (_Confidencial._) Creo que están
riñendo.
DANIEL
¿Sí? ¡Lo siento mucho!
TERESA
No vaya usted á decir nada, don Daniel... que ustedes, los cortos de
vista, lo dicen todo, sin duda porque no ven el efecto que causa lo que
dicen...
DANIEL
No, mujer. ¿Y por qué riñen?
TERESA
Porque el señorito Paco quiere llevar á la señorita al baile, y ella no
quiere ir.
DANIEL
Hace bien la señorita. Los bailes son estúpidos; en ellos se pierde el
tiempo, el dinero, la salud... ¡todo lo que más vale! ¿Y qué se saca de
los bailes?... Nada... ó casi nada. ¿Verdad, Teresa?
TERESA
Verdad, don Daniel.
DANIEL
Tú, que también habrás perdido en los bailes de máscaras muchas noches,
¿no piensas como yo?
TERESA
Lo mismo, señor marqués.
DANIEL
¡Naturalmente!... Lo que parece imposible es que hayamos necesitado
llegar á viejos para saberlo.
TERESA
¿Quiere usted que llame á la señorita?
DANIEL
No, déjala. Supongo que la cena no se habrá retrasado por mí...
TERESA
No, señor. Ya sabe usted que aquí nunca hay hora fija para cenar.
Además, hoy tenemos invitados.
DANIEL
¿Y han venido?
TERESA
¿No les oye usted?... En el comedor están.
DANIEL
¿Quiénes son? ¿Les conozco yo?
TERESA
¡Pues digo!... Don Nicolás, don Ángel, la señorita Raquel, la señorita
Luisa... y otra joven que no conozco. La han tomado con el
_champagne_...
DANIEL
Les apruebo el gusto.
TERESA
Llegaron hace poco más de una hora y ya llevan descorchadas seis ó siete
botellas. Lo que esos cenen después, que me lo claven en la frente.
¿Quiere usted que les llame?.
DANIEL
¡No, no!...
TERESA
No sé si ha reparado usted, don Daniel, en que le dije que hay en el
comedor dos hombres y tres mujeres.
DANIEL
Sí.
TERESA
Pues entonces...
DANIEL
¿Y qué quieres decir con eso?
TERESA
¿No cae usted?
DANIEL
No caigo.
TERESA
¡Que sobra una mujer!
DANIEL
Pues sobra, hija mía, porque yo... ¡á la vista está!... yo, ¡como si no
estuviese aquí! Oye, Teresa...
TERESA
Diga usted.
DANIEL
¿Está bien cerrada esa ventana?
TERESA
Sí, señor, está bien cerrada. Además, con los burletes no entra ni pizca
de aire; traiga usted la mano, verá usted...
DANIEL
Basta que tú lo digas. Es raro... ¡tengo un frío esta noche! (_Pausa._)
Aunque yo creo que eso del frío, más que del tiempo, depende de la edad,
¿no te parece?
TERESA
Iba yo á decirlo.
DANIEL
¡Es claro!... Cuando somos jóvenes, ya puede nevar aprisa en la calle,
que llevamos el verano dentro. En cambio, cuando llegamos á viejos y el
fastidio nieva y nieva... y nieva... dentro del alma, ¿para qué sirve el
sol?
TERESA
Ahí tiene usted á la señorita. Hasta después. (_A Araceli y á Paco._)
Con permiso...
ESCENA II
ARACELI, PACO, DANIEL
PACO
(_Campechanamente_). Adiós, marqués.
DANIEL
¡Hola, muchacho!... ¿Y tú, Araceli?
ARACELI
¿Y tú?
DANIEL
Muy bien. Acabo de llegar.
PACO
Creíamos que no vendrías.
ARACELI
Y lo sentíamos.
DANIEL
Ya sabéis que yo nunca falto á cenar los lunes, y menos los lunes
festivos. Teresa me ha dicho que tenéis invitados...
PACO
Sí. Ángel y Nicolás han venido con tres amigas suyas; pensábamos comer
aquí y luego marcharnos al Real... pero ahora resulta que la señorita
Araceli no quiere ir al baile.
DANIEL
Ya...
PACO
¿Qué te parece?
DANIEL
¡Toma!... ¡Qué sé yo!
PACO
Pues yo sí que lo sé: es una estupidez.
ARACELI
No es una estupidez, Paco; es, sencillamente, que no tengo ganas de
bailar. ¡Oye, Daniel, fíjate!...
PACO
¿Pero qué vas á explicarle á él?
ARACELI
¿Y por qué no?... Mira, Daniel, óyeme tú, porque estos señoritos que
todavía no han salido de la infancia, no nos entienden.
PACO
Como que tenéis veinte ó treinta ó cuarenta años más que nosotros... ¡Es
claro!
ARACELI
(_Con amargura_). Sí... soy vieja para ti.
PACO
¡Lo eres!... Yo te quiero, me gustas... ¡Naturalmente! ¿No te parece,
Daniel?... Araceli me gusta, porque si no me gustase no estaría yo
aquí... pero comprendo que no pensamos del mismo modo; cada cual
interpreta la vida á su manera... ¡y eso me aburre! Yo no sé si es
cuestión de temperamento ó cuestión de edad... Ahora, por ejemplo, yo
quiero ir al baile; esos amigos han venido á buscarme; podemos pasar una
buena noche... Y la digo: «Anda, Araceli, ponte un mantón y vámonos...»
¿Hay nada más natural?
DANIEL
Efectivamente...
PACO
¿Me faltarán mujeres que llevar al baile? Y, sin embargo, la prefiero á
ella. ¡Si debías estar orgullosa!
ARACELI
Y lo estoy, y te lo agradezco...
PACO
Lo demuestras muy mal.
ARACELI
Pero, Paco... los hombres, con poneros el frac, ya estáis arreglados.
Nosotras, no. Para ir al baile, yo necesito vestirme de cabeza á pies,
ponerme el corsé nuevo, que me lastima mucho las caderas, peinarme
bien... Y para hacer todo esto es indispensable tener buen humor, ganas
de lucir, de divertirse... y yo esta noche no me siento bien... me
duele la cabeza... (_A Daniel._) Creo que tengo calentura...
PACO
¡Eso faltaba!
DANIEL
(_Pulsando á Araceli_). No, las manos un poco ardientes... pero, no...
no hay fiebre...
PACO
¡Estamos divertidos!
ARACELI
¿Qué quieres, hijo mío?
PACO
¿Eh, Daniel?... ¡Estoy divertido! Supongo que cuando conociste á
Araceli, ésta no sería así.
DANIEL
No era así, no.
PACO
Sería, probablemente, todo lo contrario.
ARACELI
Todo lo contrario... ¡Desgraciadamente!
PACO
(_Irónico_). ¡Ah, vamos!... Le querrías más que á mí...
ARACELI
¡No, hombre!
PACO
Sí, mujer, le querrías mucho más que á mí, y por eso eras con él mucho
más complaciente que lo eres conmigo... ¡Delicioso!... ¿Pues sabes lo
que digo?
ARACELI
¿Qué dices, Paco? (_Resignada._)
PACO
Que esta casa es mía, y que tú eres mía... y que yo pago todo esto para
mí, para divertirme, para usarlo cuando me parezca.
ARACELI
Eres grosero.
PACO
¡Déjame en paz!
ARACELI
Hay momentos en que te desconozco. Si tantas ganas tienes de ir al
baile, vete; yo no me enfado.
PACO
¡Pero si quiero ir contigo, imbécil! ¿Es que no lo entiendes? ¡Quiero ir
contigo... y emborracharme!... (_Con énfasis cómico._) Porque si á ti te
gustan los amores tranquilos y las copitas de coñac bebidas
pacíficamente en tu casita, delante de una chimenea, á mí me gusta
bailar y dormir en la delegación y beber el _champagne_ en cubo... ¿te
has enterado?...
ARACELI
Ya lo sé, hombre, ya lo sé...
PACO
(_A Daniel_). ¿No te parece?
DANIEL
Psch... sí...
PACO
Vamos, ya... tú crees que ella tiene razón.
DANIEL
No... tampoco. Araceli, á mi juicio, tiene razón, pero tú también
defiendes un deseo justo... (_Riendo con amargura._) ¡Qué vida... qué
incomprensible vida esta, en la que todos, así el golpeado, como el que
golpea, tienen razón!
PACO
Es muy cómodo decir: «Hoy no tengo ganas de salir», y quedarse en casa.
O bien: «Hoy el cuerpo me pide retozo; llévame al campo...» Y el hombre,
entretanto, convertido en figura decorativa, hecho un mamarracho, á
disposición de la señora... ¡Eso, que se te quite de la cabeza! Tú
vienes al baile porque yo deseo que vengas, ni más ni menos... porque
tienes la obligación de divertirme, porque para eso vivimos juntos.
ARACELI
Bueno, Paco, iré... (_A Daniel._) ¿Tú ves qué suplicio?
PACO
Pues, deprisita, deprisita... ¡que se hace tarde! (_Dentro y por la
derecha resuenan grandes carcajadas._)
VARIAS VOCES
(_Dentro_). ¡Viva! ¡Viva!
PACO
(_Riendo_). ¡Oye... cómo están ya esos!
ARACELI
Pero me dejarás ir como yo quiera...
PACO
¿Cómo?
ARACELI
Con capuchón.
PACO
¿Tú eres tonta!... ¿Pero cómo quieres que te lleve de capuchón, hecha
una cursi?
ARACELI
¡Si es que no puedo apretarme el corsé!
PACO
Pues, ó te vistes bien, ó no vienes.
DANIEL
Déjala, hombre, que vaya á su gusto.
PACO
¡No quiero!... Yo, con mamarrachos, no voy al baile. La llevo para
lucirla, eso es, no para que se rían de mí. Te pones el mantón azul, y
te calzas bien, y te peinas bien... y la dices á Teresa que te traiga
flores... ¡Ya lo sabes...!
ESCENA III
DICHOS y DON NICOLÁS
DON NICOLÁS
(_Desde dentro_). ¡Paco!... ¡Paco!... (_Aparece por la derecha con una
copa y una botella de «champagne»_). ¿Qué, no queréis una copa?... Pero,
¿cómo no vais allí?...
PACO
Ahora vamos.
DON NICOLÁS
Señor marqués... beso á usted las manos... (_Da muestras de hallarse
ligeramente embriagado._)
DANIEL
¡Hola, Nicolás!
DON NICOLÁS
(_Dirigiéndose á Araceli y á Paco_). Apostaría algo bueno á que estaban
ustedes riñendo...
ARACELI
No estábamos riñendo, no; porque yo no riño con Paco; es él, quien
quiere reñir conmigo.
DON NICOLÁS
Pero como usted no quiere... ¡Pues no hay riña! ¡Claro!... Ea, tomad,
tomad una copa; esto no es _champagne_, ¿sabes?
PACO
¿No?
DON NICOLÁS
El tabernero se ha equivocado; esto no es _champagne_; esto es sangre de
dioses. ¡Bebe!
PACO
Venga.
DON NICOLÁS
Somos unos descorteses, Paco... lo somos porque hemos bebido antes que
Araceli. ¡Qué demonio!... Y es que tú, maldito, estás borracho.
PACO
¿Yo?... ¡Sí!
DON NICOLÁS
Estás borracho. Y Daniel, donde le ves, también está borracho...
(_Riendo._) Y no se levanta de ahí por no caerse... (_Riendo más._)
Bueno... ahora usted, Araceli... ahora bebe usted.
ARACELI
Gracias, Nicolás, yo no quiero beber.
DON NICOLÁS
¿No quiere usted beber?
ARACELI
Ahora, no; luego.
DON NICOLÁS
¿Y por qué luego?... Luego también... ahora y luego, siempre... ¡se debe
beber siempre!... Y si está usted enamorada, con más motivo; los amores
son como las fresas, con vino están mejor.
ARACELI
Gracias, gracias... no deseo.
DON NICOLÁS
¿No quiere usted? Conformes; no insisto; en estos casos, la insistencia
es descortesía. Pero tú, Daniel, sí beberás... tú eres de los míos.
DANIEL
Sí, hombre.
DON NICOLÁS
Va. ¡Ole! En el _champagne_ que este hombre ha bebido podríamos
naufragar los tres.
PACO
(_A Araceli_). Niña... me voy con éste al comedor; que te vistas en
seguida...
ARACELI
Ya sabes lo que te he dicho...
PACO
¡No, con capuchón, no! Te vistes como he dicho.
DON NICOLÁS
¿Qué... qué? ¿A ver qué es eso? ¡Que yo me enteré!
ARACELI
Nicolás, déme usted la razón.
DON NICOLÁS
(_Ofreciéndola la botella_). Tome usted...
ARACELI
¿No piensan ustedes ir al baile?
DON NICOLÁS
Sí.
ARACELI
¿No se trata de pasar una buena noche, sea como sea?
DON NICOLÁS
Exactamente.
ARACELI
¿Y no es cierto que á usted no le importa que la mujer que usted lleve
vaya vestida de este ó aquel modo?
DON NICOLÁS
Crea usted que eso del vestido en noches como esta, me tiene
completamente sin cuidado. ¡Mejor si va desnuda!
ARACELI
Pues Paco no es así.
DON NICOLÁS
Pero, hombre... ¡parece mentira!... ¿No me ves á mí?... ¡Deja que la
mujer vaya á su gusto, hombre!... Si al fin ha de ser lo que ella
quiera...
PACO
Me parece que no...
DON NICOLÁS
¡Mírele usted!... Si debe usted estar orgullosa de verle así, tan
enamorado.
ARACELI
¿Enamorado?
DON NICOLÁS
Y dije poco: loco... loco está por usted...
ARACELI
Dice que soy una vieja...
DON NICOLÁS
Hombre, tanto como una anciana, no... pero tampoco diré que es usted una
niña... ¿Verdad, Daniel, tú que la conociste joven?
DANIEL
Para mí siempre será una niña.
DON NICOLÁS
¡Ole! (_A Paco._) Esa frase también merece una copa. Bebe... (_A Paco._)
Ahora, vámonos al comedor. (_A Araceli y á Daniel._) ¿No queréis venir?
ARACELI
Luego iré yo.
DON NICOLÁS
Usted manda. Tú, ¡eh!... tú, Daniel... ¿Vienes?
DANIEL
Después...
DON NICOLÁS
(_Riendo_). ¡No puede levantarse!... Está... ¡cómo está! (_Dando á
entender que Daniel está borracho._) Vente tú, Paquito, vente conmigo...
PACO
(_A Araceli_). Ya sabes...
DON NICOLÁS
¡Déjala, hombre!... ¡Déjala!... (_Confidencial._) Te advierto que la
Raquel está divina... ¡hay que comérsela!... (_Salen por la derecha._)
ESCENA IV
ARACELI y DANIEL
ARACELI
¿Le has oído, Daniel?
DANIEL
Le he oído.
ARACELI
¿Y qué piensas de él?
DANIEL
¡Psch!...
ARACELI
Claro... tú, ¿qué vas á decirme? Eres amigo suyo.
DANIEL
No, si callo no es por eso; es... ¡porque no sé qué decir! Creo que, en
este caso, al hombre más experto le sucedería lo mismo.
ARACELI
¡Ah, Daniel, mi viejecito!... De todos los amores que pasaron por mi
vida, el tuyo es el único que no ha dejado en mi carne ni en mi espíritu
una sensación de brutalidad. Así, después de los años pasados, me
pareces, más que un amante perdido, un hermano mayor, un segundo
padre... algo muy mío que me quiere con cariño familiar... Cuando Paco,
á quien yo le había hablado de nuestros amores, me dijo que habíais
viajado juntos por el extranjero y que erais muy amigos, tuve una
alegría inmensa. «Vendrá á verme», pensé. Y al saber más tarde que aún
estabas soltero, hasta creí que te recobraba... «El me quiere--decía
yo--, es el único hombre capaz de quererme, aunque ya no me encuentre
bonita»...
DANIEL
¡Pobrecilla!
ARACELI
¿Tú sabes qué difícil y qué angustioso es para nosotras parecer bonitas,
cuando ya vamos perdiendo la voluntad de serlo?
DANIEL