GABRIELA
Nos encontramos en la estación de Madrid y hemos hecho el viaje juntos.
RAMONA
(_Pensativa_). ¡Qué casualidad!
GABRIELA
¿Hace mucho tiempo que no le ves?
RAMONA
Mucho, mucho. Años...
DON PABLO
(_Sin mirarlas_). Ese Joaquín Cervera es el escultor... ¿verdad?
GABRIELA
El mismo.
DON PABLO
Ya decía yo que el apellido me «sonaba».
GABRIELA
¿Le conoce usted?
DON PABLO
De nombre, nada más.
RAMONA
(_A Gabriela y con tristeza_). ¡Qué casualidad!
GABRIELA
¡Si vieras qué cambiado está el pobre!
RAMONA
¿Sí?
GABRIELA
No es ni la sombra de lo que fué. Pálido, triste... Tiene los cabellos
casi blancos...
RAMONA
¡Pobre Joaquín! Nos conocimos hace diez años, ya sabes... cuando yo
todavía era una niña. Luego emigró á Londres y no hemos vuelto á vernos.
GABRIELA
Pues si le vieses ahora, no le conocerías.
DON PABLO
(_Pavoneándose_). Los buenos mozos duramos poco. ¡Es una lástima!
RAMONA
¿Y ha venido aquí por muchos días?
GABRIELA
A pasar el verano.
DON PABLO
¿Supongo que no pensarás engañarme?
RAMONA
¡No seas necio! (_Aparte á Gabriela._) Ya hablaremos. (_Alto._) Ven, te
enseñaré mi mirador. (_Se acercan á la ventana._)
GABRIELA
¡Pero esto es delicioso!
RAMONA
Admirable. Lo mejor de la colonia veraniega se hospeda aquí.
GABRIELA
Y mujeres... ¿hay muchas?
RAMONA
Pocas. ¿Vienes sola?
GABRIELA
Sola; á probar fortuna.
DON PABLO
Hará usted fortuna. Yo, á la edad de usted, siempre iba solo, y me
llovían los _pedidos_.
RAMONA
Aquí tenemos diversiones de todas clases: patines, teatro de fantoches,
tómbola, columpios, Tío-Vivo y una orquesta de cíngaros que _suena_ de
media en media hora.
GABRIELA
Magnífico.
RAMONA
¡Mira quién va por allí!
GABRIELA
¡Chica! ¡El marquesito!
RAMONA
Y á ella también la conoces. (_Dentro suena un vals, pero muy «piano»,
para que no interrumpa el diálogo._)
GABRIELA
Creo que sí...
RAMONA
Sí... es la de González, aquella francesa rubia que Antonio Buendía y el
duque Martín dejaron desnuda en un merendero.
GABRIELA
¡Ya recuerdo! (_Ríe._)
RAMONA
¿Y la cara que puso don Cleto cuando lo supo?
GABRIELA
¡Sí, mujer!... ¿No he de acordarme? (_Ríen como locas._)
DON PABLO
(_Que habrá acabado de vestirse_). ¡Pobre don Cleto!
GABRIELA
(_Sin dejar de reir_). ¿También le conoce usted de nombre?
DON PABLO
A ese, ni de nombre.
GABRIELA
Como le compadece usted...
DON PABLO
Por espíritu de clase.
RAMONA
(_A Gabriela_). ¡Vamos á bailar!
GABRIELA
¿Y si rompemos algún mueble?
RAMONA
Lo paga Pablito.
GABRIELA
Entonces, vamos. ¡Cuidado, don Cleto!... Digo... ¡Don Pablo!
(_Bailan sin dejar de reir._)
DON PABLO
¡Es igual!
RAMONA
Eso creo yo...
ESCENA IV
DICHOS y el CAMARERO
CAMARERO
¿Puedo pasar?
RAMONA
Adelante. (_Dejan de bailar._)
DON PABLO
(_A Gabriela_). En una habitación donde hay un hombre con dos mujeres,
se puede entrar siempre, ¿verdad?
GABRIELA
¿Está usted seguro?
DON PABLO
Cuando el hombre tiene mi edad...
GABRIELA
También tiene usted razón. (_Cesa la música._)
CAMARERO
(_Que habrá recogido el equipaje de Gabriela_). La señorita puede pasar
cuando guste á su habitación.
GABRIELA
Perfectamente.
CAMARERO
Es la de aquí al lado. El número seis. (_Señala á la derecha._)
GABRIELA
Bien.
RAMONA
¡Me alegro! Así estaremos más juntas.
CAMARERO
¿La señorita va á cenar aquí?
GABRIELA
Sí. Es decir... espere usted. No sé qué hacer... ¿Tú has cenado ya?
RAMONA
Sí, pero no te importe. ¿Estás cansada del viaje?
GABRIELA
No.
RAMONA
Entonces te aconsejo que vayas á _Pum-Pum_; un café-concierto. Se come
muy bien.
GABRIELA
El caso es...
RAMONA
¿Qué?
GABRIELA
Que necesitaría cambiarme de traje.
RAMONA
¡Ah, naturalmente! Allí va un público muy selecto.
DON PABLO
De traje y de ropa interior.
GABRIELA
Por eso... ¡qué fastidio! (_Al camarero._) No, no; mire usted, no salgo:
cenaré aquí.
CAMARERO
Pues, cuando quiera.
GABRIELA
En seguida. ¡Ah! Oiga usted: un caballero vendrá preguntando por mí.
Hágale usted subir.
CAMARERO
Será usted servida. (_Vase._)
ESCENA V
RAMONA, GABRIELA, DON PABLO
DON PABLO
(_Consultando su reloj_). Me parece que no voy á esperar á Santiago.
RAMONA
Créeme que si no volvieses á verle en toda tu vida, no perdías nada.
GABRIELA
¿Quién es ese Santiago?
RAMONA
Un niño rico, un pisaverde que le trae sorbido el seso á éste. (_Por don
Pablo._) ¡Hija mía! En cuanto ve á Santiago, Pablo se transforma;
diríase que le quitan veinte años de encima. Las consecuencias luego,
las pago yo. Porque, donde le ves, tiene mal vino.
GABRIELA
¿Hola... sí?
RAMONA
Le da por reñir y por no darme dinero.
DON PABLO
¡Como que los borrachos nunca pierden el tino!
GABRIELA
Hace usted mal, Pablo, en disgustar á Ramona, que es tan buena.
DON PABLO
¡Pero si no la doy disgustos!
RAMONA
Todos los que puede; y como los días, en verano, son tan largos...
GABRIELA
Te da muchos. Veamos: ¿por qué esta noche, en lugar de irse con su
amigo, no sale usted con Ramoncita?
DON PABLO
Porque ella no quiere.
RAMONA
Porque no quieres tú.
DON PABLO
¡No empecemos!... Gabriela: sea usted imparcial y juzgue por sí misma.
La manzana de nuestra discordia es ésta. (_Coge el vestido de que se
hizo mención en otro lugar._) La niña... se ha empeñado en ir á la
_kermesse_ con este traje.
RAMONA
Un traje precioso, que lo firmaría Paquín.
DON PABLO
Un traje de titiritera, un semidesnudo que llamaría la atención de todo
el mundo y me pondría en berlina.
GABRIELA
(_Conciliadora_). Pues, mujer... ponte otro vestido.
RAMONA
¿Yo?... ¡Está fresco!
DON PABLO
No la conoce usted.
GABRIELA
Tiene la cabeza dura...
DON PABLO
Como la de un martillo.
RAMONA
No, te equivocas; yo no soy testaruda por temperamento, sino por
cálculo. Hay que saber entender á estos caballeros ricos que «nos
entretienen». Si te blandeas con ellos, te comen por los pies.
DON PABLO
¿Qué tiene que ver el dinero con lo que aquí discutimos?
RAMONA
Mucho. Porque el dinero siempre es mal educado, grosero. Tú, á pesar de
tu buena crianza, no puedes olvidar que eres el amo.
DON PABLO
¡Naturalmente!
RAMONA
El que paga.
DON PABLO
¡Naturalmente!...
GABRIELA
Bien, basta... No hay motivos para reñir. ¡Qué atrocidad! ¡Ni que
estuvieseis casados!...
DON PABLO
Así es. Pero de cuándo en cuándo necesito recordar á Ramoncita que yo no
sirvo a nadie de juguete.
RAMONA
Lo mismo digo.
GABRIELA
¡Demonio! Bastante habéis hablado ya.
DON PABLO
Por mi parte...
RAMONA
¡Y se queda tan fresco! ¡Hipócrita!... ¿Pero ves qué tíos estos?...
(_Furiosa._)
DON PABLO
Bonita palabra.
RAMONA
Sí, sois unos tíos.
DON PABLO
Ramona...
RAMONA
¡Unos tíos!...
DON PABLO
Calla... calla... ¡Si no puedes negar lo que eres, si no puedes
negarlo!... A la lengua se te sube el barro que llevas en el alma, y,
sin querer, lo escupes...
RAMONA
Sí, barro escupo: el que tú... y otros como tú echasteis sobre mí: fango
de egoísmos, fango de traiciones. Buena y limpia, como hecha de luz, era
yo cuando niña. La suciedad que ahora hay en mí, ¿de quién la recibí, si
no de vosotros? Vosotros me enseñasteis el lenguaje de la plazuela. ¿No
sabías que, como el trueno sigue á la luz, así la primera blasfemia
responde al primer desengaño?... ¡Y aún crees que voy á ser juguete
vuestro... tuyo!... ¡Imbécil, imbécil, imbécil!... (_Llora._)
GABRIELA
Ramona... Ramoncita...
DON PABLO
(_Correcto_). ¡Muy bonito! El relámpago, el trueno... y ahora la lluvia.
¡Mejor es callar!
RAMONA
(_A Gabriela_). Creen que á nosotras se nos conquista con dinero... ¿Qué
te parece?... ¡Ja, ja!... ¡Con dinero!
DON PABLO
¿No?
RAMONA
¡No! Se nos conquista con delicadezas... ¿te enteras?... Con
delicadezas... con palabras... Y para jugar con una mujer,
¡desengáñate!, es preciso cogerla por el corazón.
DON PABLO
(_Ya de buen humor_). Voy creyendo que las mujeres agradecéis más una
bofetada á tiempo que una orla de brillantes.
RAMONA
¡Qué lástima de tiro, hijo mío!...
DON PABLO
¡Y los billetes de Banco que me ha costado aprender una lección tan
sencilla! Bueno; _au revoir_; me marcho. Gabriela, perdone usted el mal
rato que acabamos de darla...
GABRIELA
¿Se va usted sin hacer las paces con Ramona?
DON PABLO
Por hechas. ¿Usted cree que yo tomo estas cosas en serio?... ¡Quiá!
RAMONA
Yo, felizmente, hago lo mismo.
DON PABLO
(_A Gabriela_). Las mujeres sois siempre menores de edad.
GABRIELA
¿A dónde va usted ahora?
DON PABLO
Al Casino.
GABRIELA
¿A jugar?
DON PABLO
Y á perder.
RAMONA
¿Llevas mucho dinero?
DON PABLO
El suficiente para que el banquero no cese de bendecirme en toda la
noche.
GABRIELA
Prefiere usted los juegos de azar á los juegos de amor. ¡Hace usted mal,
don Pablo!
DON PABLO
Achaques de la edad. Yo soy muy positivista.
RAMONA
¿Pero tú creías que éste se ocupa en hacer el amor?
DON PABLO
Lo compro hecho. Es más cómodo.
GABRIELA
Pero menos poético.
DON PABLO
Pero más cómodo.
RAMONA
Y para ti la comodidad...
DON PABLO
Sobre todas las cosas. (_A Gabriela._) Repito... (_A Ramona._)
Fierecilla... ¡Ah! Si viene Santiago le dices...
RAMONA
No te molestes; me parece que le tienes ahí.
ESCENA VI
DICHOS y SANTIAGO, que entrará tarareando una canción y sin llamar
SANTIAGO
(_Ya dentro_). ¿Se puede?
RAMONA
¡Hola!... ¿Y lo pregunta usted desde dentro?
SANTIAGO
Adiós, Pablito... Ramona...
RAMONA
(_A Gabriela_). Santiago Rivas, uno de nuestros primeros... desocupados.
Mi amiguita Gabriela Rey, que acaba de llegar...
SANTIAGO
¿De Madrid?
GABRIELA
De Madrid.
SANTIAGO
Encantadora... sí, señor... encantadora...
GABRIELA
Muy amable...
SANTIAGO
Es una de las manos más bonitas que han pasado por la mía. Permítame
usted... (_La besa._)
RAMONA y GABRIELA
¡Santiago!
SANTIAGO
(_A Gabriela._) No me guarde usted rencor; en mis labios no hay veneno.
Además, vengo medio loco.
DON PABLO
¿Pues qué sucede?
SANTIAGO
Ya te contaré.
GABRIELA
(_A Ramona_). Es simpático.
SANTIAGO
Aquí no puede ser. Es una historia para hombres solos.
RAMONA
¿Una nueva conquista?
SANTIAGO
Un proyecto de conquista.
RAMONA
¿Joven?
SANTIAGO
Veinte años.
RAMONA
¿Rica?
SANTIAGO
Rica.
DON PABLO
¿No se tratará de Victoria?
SANTIAGO
¡Quiá! Esa, pasó. Anoche quise verla y anduve rondando su calle, y como
había luz en su cuarto, empecé á llamarla á gritos: «¡Victoria...
Victoria!...» Y en la quietud de la calle, ancha y silenciosa, el eco
respondía: «¡Victoria... Victoria!» Hasta que llegó un guardia y me
dijo: «Caballero, por bien que le hayan salido á usted sus asuntos,
hágame el favor de callar. Son las dos de la madrugada.»
GABRIELA y RAMONA
¡Tiene gracia!
SANTIAGO
Y me fuí. Pero la de ahora sí que es guapa... ¡Oh!...
DON PABLO
Ya me contarás...
GABRIELA
¿Conque esas tenemos? Una mujer joven, rica... ¡muy bien!
RAMONA
Una verdadera novia, por lo visto; una muchacha decentita....
SANTIAGO
¿Decente?... ¡Quiá!... ¿Pero usted me cree capaz de enamorarme «de eso»
que llaman una mujer decente?...
RAMONA
¡Hombre!
SANTIAGO
¡No las quiero! Una mujer así es una cadena metida en un corsé.
RAMONA y GABRIELA
¡Qué disparates dice! (_Horrorizadas._)
DON PABLO
¡Tiene razón! (_Riendo._) ¡Tiene razón!
SANTIAGO
¡Claro es!... Para los incasables como yo, las solteritas que buscan
marido, no sirven, y las casadas fieles, tampoco. Yo, en cuestiones de
amor, soy mariposa, soy anarquista. ¡Viva la anarquía! Ea, tú, Pablo...
¡hale! Paso de camino...
DON PABLO
Andando.
SANTIAGO
A no ser que estas señoritas... A Ramona la veo en traje de casa.
RAMONA
Yo no salgo.
SANTIAGO
¿Y usted?
GABRIELA
Acompaño á Ramona.
SANTIAGO
Tiene usted ojos apasionados, ojos italianos... ojos de ensueño... ¡Eh,
tú, Pablito!... ¿No te parece?... Ojos de ensueño. Usted debe de ser un
alma errante, un alma viajera...
GABRIELA
(_Riendo_). Sí, sí... ¡Pero ya no viajo!...
SANTIAGO
¿Ha descarrilado usted alguna vez?
GABRIELA
Muchas.
SANTIAGO
También yo.
GABRIELA
Y esos viajes sentimentales suelen costar á las mujeres muchas lágrimas.
SANTIAGO
Y á los hombres mucho dinero. Estamos de acuerdo. (_Se dan las manos
riendo._)
DON PABLO
¿Acabarás de charlar?
RAMONA
¿A dónde van ustedes, por fin?
DON PABLO
Desde aquí al Casino.
SANTIAGO
Nos esperan. Luego iremos á _Pum-Pum_.
DON PABLO
¡Es un programa!
SANTIAGO
Luego... ¡quién sabe!... Misterio. Pero, ¿qué importa, cuando en el
misterio está la poesía?
DON PABLO
(_Que habrá estado frotándose las sortijas con su pañuelo_). ¡Por vida
de los moros!...
SANTIAGO
¿Qué es?
DON PABLO
Que se me ha caído el brillante del solitario.
RAMONA, GABRIELA
A ver, á ver... (_Todos rodean á don Pablo. Los artistas cuidarán de dar
á esta escena la mayor animación posible._)
DON PABLO
Menos mal que no fue en la calle.
RAMONA
¡Qué lástima!
GABRIELA
¡Hermosa piedra!
DON PABLO
Vale dos mil francos.
SANTIAGO
¿A ver? Trae acá. Yo entiendo mucho de estas cosas. ¡Sí, en efecto;
hermoso ejemplar! ¡Qué oriente! ¡Me conviene! (_Se la traga._)
RAMONA, DON PABLO
¡¡Qué haces!!
GABRIELA
¡Este hombre tiene los demonios en el cuerpo!
SANTIAGO
¡Ya pasó!...
DON PABLO
¿Pero estás en tu juicio? (_Todos ríen._)
SANTIAGO
¡Llevo dos mil francos en las entrañas! ¡Dos mil francos!... Bien podéis
decir ahora que «en el fondo», á pesar de mi frivolidad aparente, valgo
mucho.
RAMONA
¡Qué trasto de hombre!
GABRIELA
¡Es divino!...
SANTIAGO
Ahora es cuando me voy. (_A don Pablo._) Te advierto que no tengo el
menor interés en que me acompañes.
DON PABLO
¡Ah, pero yo sí! No te dejo en toda la noche.
SANTIAGO
¿No quieres separarte de tu solitario?
DON PABLO
Ni un momento.
SANTIAGO
¡Pues ya está la fiesta armada!
GABRIELA
Será buena.
SANTIAGO
¡Oh, dejará memoria! Porque os advierto que la digestión de una piedra
preciosa exige...
RAMONA, GABRIELA
¿Qué?
SANTIAGO
Mucho vino de Oporto.
DON PABLO
Te pago el digestivo.
SANTIAGO
Vamos. Gabriela... ¿irá usted á _Pum-Pum_? ¡No deje usted de ir!...
GABRIELA
Quién sabe... probablemente.
SANTIAGO
Porque he de confesarla á usted...
DON PABLO
(_Empujándole_). ¡Que van á dar las diez!...
SANTIAGO
¡Huyamos!... Ya sabes que los digestivos hechos á base de vino de
Oporto, se toman por botellas y de media en media hora... (_Salen
riendo._)
RAMONA
Andad, andad...
GABRIELA
¡Qué par! ¡Como pellejos se van á poner!
ESCENA VII
RAMONA, GABRIELA. (Las actrices procurarán dar á esta breve escena un
fuerte calor de emoción y de intimidad.)
RAMONA
¡Por fin! (_Cierra la puerta._)
GABRIELA
Tu don Pablo es notable: es el tipo del _bon vivant_, del desaprensivo.
RAMONA
¡Vaya, bendito de Dios! ¡Me aburre!... Como me aburren todos...
GABRIELA
Reconoce, al menos, que es uno de esos hombres excepcionales que, por
intuición, sin duda, saben retirarse un momento antes de empezar á
estorbar.
RAMONA
Razón tienes. Porque deseosa estaba de quedarme á solas contigo para
hablar de Joaquín.
GABRIELA
¿Pero, le quieres todavía?
RAMONA
Todavía. Siempre...
GABRIELA
¡Qué buena eres!
RAMONA
Le quiero como tú quisiste á Leonardo. (_Besándola._) ¿Verdad? En vano
tú, como yo, hemos pasado de unos brazos á otros; el recuerdo del primer
hombre, del único hombre que quisimos, persiste en nosotras triunfador,
imborrable.
GABRIELA
Es como un perfume.
RAMONA
Como una luz.
GABRIELA
Otros hombres hemos conocido más graciosos, más elegantes, más ricos...
pero _Aquél_, el amado, se sobrepone á todos.
RAMONA
A todos.
GABRIELA
Es la magia del pasado, la fuerza del recuerdo... Y es que una sola
idea, cuando es grande, basta para llenar toda una vida.
RAMONA
Es cierto. Háblame de Joaquín.
GABRIELA
Pregunta.
RAMONA
¿Vendrá?
GABRIELA
Esperándole estoy, y el camarero lo sabe. Joaquín te quiere mucho;
durante todo el viaje me ha hablado de ti.
RAMONA
¿Por qué no se ha hospedado aquí?
GABRIELA
Porque su familia le esperaba.
RAMONA
¿Pero, se ha casado? (_Con asombro y dolor._)
GABRIELA
¿No lo sabías?
RAMONA
¡No! ¡Oh! ¡Casado! ¿Y tiene hijos?
GABRIELA
También.
RAMONA
¡No sabía nada! ¡Qué dolor!... ¡Oh! Ya, entre él y yo, ¡qué abismo!...
GABRIELA
Y todo eso le ha envejecido, le ha puesto triste...
RAMONA
(_Hablando consigo misma_). ¡Casado! ¡Qué abismo!... (_Pausa._)
GABRIELA
¡Y Joaquín llega á tiempo! (_Riendo._)
RAMONA
¿Cómo?
GABRIELA
Yo me entiendo...
RAMONA
¿Lo dices porque acabo de reñir con Pablo?... ¡Tonta! ¡Era igual!...
Demasiado sabes que, lo que amamos mucho, siempre llega á nosotras á
tiempo. (_Pausa._)
GABRIELA
Oye... Alguien viene.
RAMONA
Sí...
GABRIELA
Me parece que han llamado en mi cuarto. Sí... No te emociones demasiado,
porque es él. (_Se dirige á la puerta._)
RAMONA
¡Él!...
GABRIELA
(_Abriendo la puerta_). El mismo. Entra, Joaquín.
ESCENA VIII
RAMONA, GABRIELA, JOAQUÍN
JOAQUÍN
¡Ramona!
RAMONA
¡Joaquín de mi alma! (_Se abrazan con efusión vivísima. Ella llora._)
GABRIELA
¡Nada! ¡Lo mismo que en las comedias!
JOAQUÍN
Antes de venir á verte he vacilado mucho.
RAMONA
¿Por qué?
JOAQUÍN
Por coquetería.
RAMONA
No comprendo.
GABRIELA
¡Mujer, qué torpe eres!... Porque temía que le hallases demasiado
viejo.
JOAQUÍN
Sí, demasiado viejo.
RAMONA
¡Qué tontería!... Joaquín, mi Joaquín, tú, para mí, siempre serás el
mismo... el mismo...
JOAQUÍN
Con diez años más. Cuando nos conocimos, ¿verdad?, yo era casi un real
mozo. Ahora, confiésalo, soy un amante bueno para visto de noche ó entre
dos luces.
RAMONA
Bobo, bobito...
JOAQUÍN
Tengo cuarenta años.
RAMONA
Ya lo sé.
JOAQUÍN
Soy lo que la gente llama «un hombre de cierta edad».
GABRIELA
O, como si dijésemos, _de la Edad Media_.
RAMONA
¿Qué me importan tus años?
JOAQUÍN
Pero... ¿y mi cara?
RAMONA
Tampoco. ¡No, hijo mío! No era una belleza, era un alma lo que yo amé en
ti. (_A Gabriela y bromeando._) Sin embargo, sí... tenías razón: ha
cambiado mucho.
GABRIELA
¡Y tanto! Tiene el pelo gris.
RAMONA
Y la frente más grande.
GABRIELA
Y los ojos más tristes.
RAMONA
Sí, ¡y más pequeños!
JOAQUÍN
¡Pues sí que estáis cortándome un trajecito!
GABRIELA
¡Y eso que te queremos!
JOAQUÍN
Que si me odiaseis...
RAMONA
¿Y los dientes? (_Haciendo ademán de tocarle la boca._) ¿No te falta
ninguno?
JOAQUÍN
Afortunadamente. Esos se salvaron todos. (_Pausa._) Di... ¡qué elegante
estás!... ¿Quién es ahora tu amor?
RAMONA
Calla. ¡Oh! No hablemos del presente.
JOAQUÍN
Sí, el presente es feo: mírame á mí.
RAMONA
¡Pobrecillo!... (_Pausa larga._) ¿Te acuerdas de nuestro cuartito?
JOAQUÍN
Aquí (_por la frente_) lo llevo retratado.
RAMONA
¡Y qué apuros pasábamos para comer!
JOAQUÍN
Fué un idilio de hambre.
RAMONA
¿Y cuando tú tenías que quedarte acostado para que yo te lavase la ropa
en un barreño? (_Ríe._)
JOAQUÍN
¡Qué bonito era aquello!
GABRIELA
(_Burlándose_). Precioso... precioso...
RAMONA
¿Y nuestra alcobita?... ¡Ah, las alcobas! (_Dirigiéndose á Gabriela._)
Todas las alcobas donde he dormido después han dejado en mi memoria una
impresión de disgusto, de asco... Sólo aquélla, á pesar de su pobreza,
reaparece en mi memoria como algo azul, algo muy alegre, blanco... lleno
de sol... (_Abrazándole con brusca vehemencia._) Joaquín, mi Joaquín...
¿por qué te casaste?
JOAQUÍN
Mi Ramona... (_Pausa._)
GABRIELA
Bien; me parece llegado el momento de imitar el discreto ejemplo de don
Pablo. Buenas noches.
JOAQUÍN
(_Levantándose_). Entonces, yo me voy también.
GABRIELA
¿Por qué?
RAMONA
No, tú no te vas...
JOAQUÍN
¿Y si ese don Pablo, amigo tuyo, vuelve?
GABRIELA
No hay cuidado. Yo ahora voy á cambiarme de traje, luego me marcho á
_Pum-Pum_...
RAMONA
(_Con gran alegría_). ¡Eso es! ¡Admirablemente pensado!
GABRIELA
Y una vez allí, y mientras el solitario que se tragó Santiago aparece ó
no, yo os respondo de que don Pablo no vuelve por aquí en toda la noche.
JOAQUÍN
Pero, seamos prudentes: ¿y si por casualidad viniese?
RAMONA
Mi alcoba tiene una puerta que comunica con la habitación de Gabriela.
Mirad... (_Los tres miran por la puerta de la derecha._)
GABRIELA
¡Pues, no digas más!... ¡Ah! Los arquitectos, poniendo con sabia
previsión puertas de escape en las alcobas, dieron á las mujeres un
medio para que los pobres maridos nunca sepan nada. Adiós, Joaquinito.
JOAQUÍN
Adiós, Gabriela.
GABRIELA
Hasta mañana; y... ¡no paséis miedo!
RAMONA
Confiamos en ti.
GABRIELA
Perded cuidado. Creo que no puedo hacer más por vosotros, ¿eh?...
RAMONA
Eres un ángel.
JOAQUÍN
Un ángel.
GABRIELA
Adiós, hasta mañana.
(_Vase. Ramona cierra cuidadosamente la puerta. Después, ella y Joaquín
se miran y, sin hablar, se abrazan._)
ESCENA IX
RAMONA, JOAQUÍN
JOAQUÍN
Otra vez juntos... solos...
RAMONA
Después de diez años.
JOAQUÍN
A través de los años y de las aventuras, me siguió tu recuerdo. ¡Oh!
Tengo tantas, tantas cosas que decirte, que no sé por cuál empezar.
Ramona, Ramona mía...
RAMONA
¡Tuya!... ¡Siempre!...
JOAQUÍN
¿Te acuerdas de nuestra estancia en el pueblo?
RAMONA
Mi casa, la casa donde nací...
JOAQUÍN
Aquella casita blanca, oculta entre árboles muy verdes, donde murió tu
abuelo, donde murió tu padre... y donde quizá, cuando seas vieja, vayas
á morir tú...
RAMONA
Esa casita que, por haberse marchado tantos camino de la otra vida,
parece una estación...
JOAQUÍN
Sí, en esa casita blanca... ¡quién pudiera vivir contigo, sin
ambiciones, olvidado de todos!...
RAMONA
Poeta; ¿y tu mujer... y tus hijos?
JOAQUÍN
¡Oh, deja!... No hablemos del presente. Tenías razón: el presente es
feo.
RAMONA
Habla... sigue, Joaquín... Aunque me engañes, sigue...
JOAQUÍN
No, no te engaño: es mi alma romántica, mi alma sincera, la que en estos
momentos se derrama por mis labios. Al verte, te quiero como te quise
entonces... lo mismo, y es que el pasado vuelve. ¿Qué me importa tu
historia? La Ramona que tengo ahora delante es _aquélla_, la de los años
mozos; años de locura, de inconsciencia, en que no nos cabía en la boca
la risa. En mi largo combate por la gloria y por el pan, salí
triunfante. ¡Lo gané todo! Honores, posición, esposa, hijos... y, sin
embargo, en mi alma, de donde contigo voló la alegría primera, una voz
clamaba, clamaba perpetuamente, y esa voz decía: «Dame más, dame más...
otra cosa, otra... rebusca... ¿ó es que no hay bajo el cielo más que lo
que me diste?...»
RAMONA
Como yo.
JOAQUÍN
Como tú...
RAMONA
Sí... pero ya estamos muy separados. No, Joaquín, no... no hay que
hacerse ilusiones: el pasado no vuelve...
JOAQUÍN
Vuelve, sí... ¿cómo dudas? Tu pasado soy yo; mi pasado eres tú... la
casualidad nos reúne, aunque sea momentáneamente, y mira cómo, de
pronto, lo que fué nos sale al paso y nos cierra el camino. Otra vez
solos... juntos...
RAMONA
Pero... ¿y mi vida? ¿Esta sucia vida que me rodea?
JOAQUÍN
¿Y qué?... ¿Que vives en el pecado?... ¿Y qué?... Si en los días negros
de quebranto y de fastidio nadie fué á consolarte, ¿quién podrá acusarte
con justicia?... El cuerpo tiene hambre y come; las almas solitarias,
las almas aburridas, padecen hambre de ideal y pecan; que el pecado,
Ramona, es pan para las almas que se aburren.
RAMONA
Eres el mismo... el mismo...
JOAQUÍN
Y tú, la misma... Más hermosa, tal vez...
RAMONA
¡Oh, no!...
JOAQUÍN
Sí, son tus ojos... son tus cabellos... tus cabellos negros, que yo besé
tanto...
RAMONA
¡Pobre cabeza mía!... (_Acariciándole._) Pobre cabeza mía... ¡qué
viejecita está!...
JOAQUÍN
Sufrió mucho.
RAMONA
Mucho.
JOAQUÍN
Pero, aunque esté fea, quiérela, porque pensó mucho en ti. (_Pausa._)
RAMONA
¡Qué mala es la vida!
JOAQUÍN
No...
RAMONA
¡Qué triste!...
JOAQUÍN
No, no creas.
RAMONA
¡Sí, qué triste!...
JOAQUÍN
Te equivocas. ¿Por qué?...
RAMONA
¿Dirás que es alegre?
JOAQUÍN
Tampoco... ¡qué sé yo!... La vida no es una lágrima; tampoco es una
carcajada; es... una sonrisa. (_Pausa larga._)
RAMONA
El pasado vuelve, dijiste... ¿y si tuvieses razón? (_Se levantan._)
_JOAQUÍN_
¡Ah! No lo dudes.
RAMONA
Nos conocimos en un merendero, una noche de verano, una noche como
esta...
JOAQUÍN
Noche lírica de luna y de amor...
RAMONA
¡Cómo lo recuerdo! ¡Cómo revive aquella escena en mi memoria! ¡Con qué
nitidez la veo!... Es algo para mí coherente, tangible como un bajo
relieve...
JOAQUÍN
Todo está igual... menos yo...
RAMONA
Menos tú... Pero yo, dentro de mi espíritu, te veo como eras entonces:
con tus cabellos rizosos y negros, con tus ojos luminosos, con tus
mejillas frescas, llenas de sangre...
JOAQUÍN
¡Ay!
RAMONA
¿Quieres?... ¿Di?... ¿Quieres?...
JOAQUÍN
¿Qué?
RAMONA
Reconstituir la escena.
JOAQUÍN
¿Cómo?
RAMONA
Apagando la luz.
JOAQUÍN
¡Oh!... ¡Qué triste es eso!
RAMONA
¿Triste? ¿Por qué?
JOAQUÍN