Yo le vi á mediodía, en la calle de Alcalá, frente á las Cal

TEATRO GALANTE

EDUARDO ZAMACOIS

TEATRO GALANTE

Nochebuena.--El pasado vuelve.

Frío.

[imagen no disponible: colofón]

MADRID

Antonio Garrido, Editor.--Goya, 86

1910

Es propiedad.

Queda hecho el depósito

que marca la ley.

IMPRENTA ARTÍSTICA ESPAÑOLA. SAN ROQUE, 7.--MADRID

[imagen no disponible]

SINFONÍA

MI PRIMER ESTRENO

Esa terrible enfermedad que los autores noveles desconocen--la inocencia

es heroica--y que yo llamo «el miedo á estrenar», me mantuvo durante

muchos años alejado del teatro. Así, para decidirme á tan grave andanza,

fué preciso que los buenos amigos que entonces formaban la dirección del

teatro Romea me pidiesen una obra, asegurándome, entre veras y burlas,

que la derrota no debía intimidarme, ya que, desde Eurípides á Rostand,

no nació de mujer dramaturgo genial ni modesto fabricante de comedias

que no hubiera fracasado alguna vez. Vencido por estas discretas

razones, acepté el compromiso; lo acepté lleno de júbilo... y también de

miedo; porque, como el amor, el teatro es algo que simultáneamente

asusta y atrae.

Sin otras vacilaciones, aquella misma noche tracé el plan de lo que mi

obra _Nochebuena_ había de ser; y al otro día, á las nueve de su mañana,

me senté á escribir. ¡Memorable jornada! Trabajé sin vacilaciones,

febrilmente, como empujado por el asunto; no podía detenerme; las

escenas, atrailladas, tiraban vigorosamente unas de otras, y todas de

mí. ¡Ni siquiera interrumpí mi labor para almorzar!... ¡Qué angustia!...

Mi frente quemaba; la mano me dolía. No importa: adelante, pronto, hacia

el final. A las seis y media en punto de la tarde, la comedia estaba

escrita.

Dos días después comenzaron los ensayos «de mesa», y muy luego, merced á

la diligencia de los actores, la obra «bajó á la concha».

¡Ah! Yo, que he asistido á tantos ensayos, creía entonces aventurarme

por un mundo nuevo. ¡Qué emoción tan rara, tan intensa, tan exquisita,

la de «ver» y «oir», hechas carne y voz, las ideas que horas antes sentí

discurrir cautelosamente por mi cerebro! ¡Cómo se abultaban y afirmaban

las escenas, cómo el arte flexible de los comediantes daba relieve á

ciertas frases y cómo, entre ellos, las pausas adquirían un valor

precioso, definitivo, nunca imaginado por mí!... Sí; es preciso haber

ensayado--porque en los ensayos, al autor le parece hablar consigo

mismo--para comprender que el arte del comediante es un arte diabólico

que á veces aligera lo que parecía pesado, y otras, magnifica y llena

de luz lo que, sobre el papel, se nos antojaba menguado y obscuro, y

deslíe, en fin, por toda la obra, una emoción nueva, penetrante,

caliente y triunfadora, de humanidad.

Esto ocurría en los últimos días de 1908.

Llegó, al cabo, la noche del 23 de Diciembre, fecha de mi estreno. Los

periódicos habían propalado la noticia de mi aventura; grandes carteles

decían mi nombre, y en insolentes letras rojas, que me abrasaban las

pupilas, el título de mi comedia: _Nochebuena_. La lluvia que caía,

abundante, contribuyó, sin duda, más que yo mismo, á «llenar» el teatro;

invadía las localidades un público nutrido y selecto; el temible «todo

Madrid» de los estrenos allí estaba saludándose familiarmente con la

mano, desde un extremo á otro del pequeño salón. Un acomodador vino á

decirme, con una sonrisa de felicitación, «que no había billetes».

Y yo, lejos de regocijarme vanidosamente, me acongojaba pensando que

todos aquellos espectadores habían adquirido en la taquilla el derecho á

rechazar mi obra y á significarme con sus siseos ó la corrección glacial

de su silencio, que «lo había hecho muy mal...»

La batalla iba á empezar. El batiente de una puerta se cerró con

estrépito, y oí una voz que gritaba imperativa:

--¡Que no entre nadie! ¡Aquí no debe entrar nadie!...

Aquella orden me dió á comprender que entre el público reunido allí

para juzgarme, y yo, reo confeso del grave delito de escribir comedias,

había un abismo. Con lo que mis zozobras empeoraron. Para disfrazar un

poco mi inquietud, traté de fumar; ¿dónde había puesto las cerillas?...;

las busqué inútilmente, metiendo varias veces la mano en el mismo

bolsillo; no las hallé; el cigarro concluyó por romperse entre mis dedos

trémulos...

Los comediantes, mis amigos, mis defensores, mis aliados fervorosos en

aquella hora terrible, me rodearon.

--No se asuste usted--repetían--; hay que ser valiente; aquí estamos

nosotros...

Yo les abrazaba, sintiéndome unido á ellos por uno de esos cariños

fraternales que sólo sabe tejer entre los hombres el peligro.

Ramona Valdivia, la excelente actriz, vestida ya para salir á escena, me

estrechó las manos. ¡Pobrecilla!... Las suyas, frías estaban como las de

una muerta.

--No tenga usted miedo--dijo--; ya verá usted; la obra es muy bonita...

Y yo, inconsciente, ridículo, grotesco tal vez, replicaba tuteándola:

--Tú... eres la que no debe tener miedo. Si tú... si usted... no me

salva, soy perdido.

Cerca de mí andaban también Adriana Corona y Pilar Ezquerra y Amparo

Montalt... y todas eran á prodigarme palabras de energía y de

optimismo.

Moreno, el apuntador, estaba en la concha; el electricista, en su sitio;

un traspunte pasó diciendo la frase:

--¡Prevenidos! ¡Se va á empezar!...

Especie de alerta que obliga á santiguarse á las mujeres.

Hubo un silencio; sonó un timbre; el telón se alzó lentamente sobre el

resplandor de la batería... y ante mis ojos quedó abierto, como una

fauce fiera y enorme, ese abismo donde tantas obras y tantos autores han

perecido.

A mi alrededor, las actrices se persignaban, y luego, valerosamente,

salían á escena. Iban resueltas, llenas de entusiasmo, vibrantes de

orgullo, como soldados que corriesen á la defensa de una barricada; y

todo mi amor y todo mi agradecimiento las seguía.

La primera escena «pasó» bien; después, cierta frase obtuvo un murmullo

de estimación; poco á poco, la obra iba conquistando simpatías,

enlazando los ánimos en el hilo de la misma emoción, imponiéndose. Al

fin, el aplauso tan deseado estalló.

Pero yo no lo oí.

--¿Qué dicen? ¿Qué quieren?--repetía furioso.

Y Jerónimo Gómez, que me acompañaba, exclamó riendo:

--Pero, ¿se ha quedado usted tonto, hombre de Dios? ¿No oye usted que

aplauden?...

Así era, en efecto; lo que no impidió que aquella memorable jornada

dejase en mi ánimo, más que el disculpable engreimiento de una pequeña

vanidad satisfecha, una emoción de miedo. No obstante, he vuelto á

estrenar; porque el teatro, ya lo dije antes, es como el amor, que

asusta, pero atrae...

El título de TEATRO GALANTE que doy al presente volumen, responde á la

índole especial de las tres obras en él reunidas. Recuerdo que la

crítica creyó ver en ellas mi propósito de formar un género

particularísimo, atrayente, de aventureros y cortesanas. Confieso que no

hay tal: el artista, cuando produce, no puede ser deliberadamente ni

religioso, ni escéptico, ni conservador, ni iconoclasta, sino que, al

producir, lo hace sin prejuicio alguno, según su temperamento, ó, mejor

aún, conforme el estado especial por que atravesaban sus nervios en el

momento febricitante de la producción. Por lo que no es raro verles

contradecirse á cada paso, ni más ni menos que la misma Naturaleza,

maestra en toda laya de inconsecuencias y paradojas.

Así, si las heroínas de mis pobres comedias pertenecen á ese

_demi-monde_ que tentó á Dumas, fué porque, al coger la pluma, la

inspiración, caprichosa y arisca siempre, derivó hacia él. Diciendo

esto, no trato de disculparme, sí de consignar un hecho. En último

término, seguro estoy de que entre Ellas, «las deseadas de una noche»,

el artista puede descubrir grandes bellezas, por lo mismo que, bajo la

frivolidad de sus sombreros empenachados y de sus vestidos de encajes,

late sagrado, perenne, el inmenso dolor de no ser estimadas...

Y la Belleza es, generalmente, espuma de Dolor.

=Eduardo Zamacois=

_Madrid, Abril, 1910._

NOCHEBUENA

COMEDIA EN UN ACTO

Estrenada en el TEATRO ROMEA la noche del 23

de Diciembre de 1908

REPARTO

PERSONAJES ACTORES

ALICIA, veinticinco años Srta. Valdivia.

ELENA, veinticinco ídem Sra. Ezquerra.

VICTORIA, diez y ocho ídem » Montalt.

ÁNGELES, cuarenta y cinco

ídem (viste de negro y con

gran modestia) » Corona.

CONSUELO (criada joven) » Esterg.

MARTA » Envid.

ROBERTO, cuarenta años (hombre

de mundo) Sr. Brochado[A].

[A] Habiéndose separado poco después de la compañía el señor Brochado,

se encargó de este papel el Sr. Palacios.

ÉPOCA ACTUAL

_Derecha é izquierda, las del actor_

Se recomienda á las actrices una gran distinción de ademanes, y en sus

trajes y sombreros una elegancia algo llamativa.

[imagen no disponible]

* * * * *

NOCHEBUENA

ACTO ÚNICO

Gabinete en casa de Alicia. A la izquierda y al fondo, puertas. A

la derecha, un balcón. Chimenea encendida á la izquierda. Teléfono.

Los muebles serán elegantes y muy modernos. Decorarán la pared

cuadros de bazar, retratos, etc. Un verdadero gabinete de

_cortesana_, en donde todo será bonito, un poco barroco y frívolo,

con esa frivolidad de las casas amuebladas de prisa.

Al levantarse el telón no hay nadie en escena. Luego aparecen por

la izquierda Alicia y Marta; detrás, Ángeles, que se sentará junto

á la chimenea y guardará durante las dos primeras escenas una

actitud indiferente.

Es de día.

ESCENA PRIMERA

ALICIA, ÁNGELES, MARTA

ALICIA

(_Risueña, envolvente_). Pues ya le digo á usted: hoy, imposible...

Demasiado sabe usted cómo vivimos todas nosotras los quince últimos días

de mes.

MARTA

Sí, sí...

ALICIA

De milagro, ¿verdad?... Además, estas fiestas pascuales traen consigo

tantos gastos...

MARTA

Entonces, dice usted que vuelva...

ALICIA

A primeros de año.

MARTA

¿El día dos?

ALICIA

Sí; es decir, espere usted: el día dos es...

MARTA

Sábado.

ALICIA

Justamente. Sábado, domingo... Venga usted el cinco: el martes.

MARTA

Bien, bien.

ALICIA

Vaya usted tranquila, ¿eh?...

MARTA

¡Por Dios, señorita Alicia, acuérdese usted de mí!

ALICIA

Sí, mujer.

MARTA

Ya sabe usted que son cuatrocientas veinticinco pesetas.

ALICIA

Sí.

MARTA

Doscientas pesetas del sombrero violeta con amazonas blancas.

ALICIA

Cien pesetas del negro.

MARTA

Cien del azul.

ALICIA

Y veinticinco por la compostura de la gorrilla. Estamos de acuerdo.

MARTA

Eso es. Conque, señorita, la deseo á usted una Nochebuena muy buena, muy

alegre.

ALICIA

Gracias, Marta. Que pase usted felices Pascuas.

MARTA

Un recadito al señor marqués.

ALICIA

Gracias.

MARTA

Y... ¡hasta el año que viene!

ALICIA

El día cinco.

MARTA

Ya lo sé, el martes... Adiós, señorita Alicia. (_Ya desde la puerta, á

Ángeles._) Páselo usted bien.

ÁNGELES

(_Displicente_). Adiós.

ALICIA

Adiós, adiós... (_Levantando la voz._) ¡Consuelo!... Acompaña á esta

señora.

(_Alicia se detiene á retocarse los cabellos ante un espejo. Pausa._)

ÁNGELES

Bien ha machacado, bien. ¡Pensé que no se iba!

ESCENA II

ALICIA, ÁNGELES, CONSUELO

CONSUELO

(_Aparece por la puerta del fondo_). Señorita, esta tarjeta.

ALICIA

¿Nada más?

CONSUELO

Con seis botellas de _champagne_.

ALICIA

Eso, ya es algo.

CONSUELO

¿Quiere usted verlas?

ALICIA

¿Para qué? Déjalas en el comedor. Oye... ¿se fué el hombre que las

trajo?

CONSUELO

Sí, señorita.

ALICIA

¿Le diste propina?

CONSUELO

Dos pesetas.

ALICIA

Bien. (_Se dirige hacia la chimenea._)

ÁNGELES

¿De quién son esas botellas?

ALICIA

Del marqués. (_Le da la tarjeta._)

ÁNGELES

¡Ya!...

ALICIA

(_A Consuelo, que habrá permanecido cerca de la puerta y que hará ademán

de marcharse_). Oye, Consuelo...

CONSUELO

Señorita.

ALICIA

Da luz. (_Vase Consuelo._)

ESCENA III

ALICIA y ÁNGELES, sentadas delante de la chimenea.

ÁNGELES

¿Recibiste muchos regalos?

ALICIA

Muchos. Un pavo, dos capones, y de mazapanes, turrones y almendras,

quince ó veinte kilos. Tengo buenos amigos.

ÁNGELES

¡Bah, los hombres!

ALICIA

¡Psch!...

ÁNGELES

Para la mujer que, como tú, está en moda, no hay hombre malo. Pero,

después, después...

ALICIA

Es verdad. (_Recobrando su vivacidad._) El frío promete pegar de firme

esta noche. ¡Demonio!... Luego, esta chimenea maldita no calienta.

ÁNGELES

Yo prefiero el brasero clásico.

ALICIA

Y acaso tengas razón.

ÁNGELES

Además, estas chimeneas gastan mucho.

ALICIA

Bastante.

ÁNGELES

¿Cuánto te cuesta la tuya?

ALICIA

No sé... unas dos pesetas diarias...

ÁNGELES

¡Qué horror!

ALICIA

Sí... Pero, ¡bah!... Una chimenea abriga más, mucho más que una amistad,

y suele costar bastante menos. (_Ríe._)

ÁNGELES

¡A quién se lo vienes á decir! (_Pausa._) ¿Dónde cenas esta noche?

ALICIA

Aquí.

ÁNGELES

¿Con tu marqués?

ALICIA

Sí. También espero á Roberto; pero si viene estando el otro, Consuelo le

despedirá. Es cosa convenida. El marqués se marchará entre doce y una de

la mañana, como siempre, y á las dos vendrá Ricardito.

ÁNGELES

Tu bebé.

ALICIA

Mi _Bebé_; el niño de mi alma, mi juguete.

ÁNGELES

¡Tu juguete!... (_Ríe con risa desengañada y bondadosa._) ¡Tu

juguete!... Yo también, á tus años, tuve juguetes de esos.

ALICIA

¿Y se rompieron?

ÁNGELES

Todos.

ALICIA

Ricardo no es de esos. Me quiere; yo, que conozco bien á los hombres, te

lo aseguro. Me quiere. ¡Si le vieses!... ¡Pobre _Bebé_! Cuando riño con

él y le amenazo con despedirle, se echa á llorar.

ÁNGELES

¡Con tal que luego, cuando seas tú la que llore, él no se ría!...

ALICIA

No.

ÁNGELES

¿Qué edad tiene?

ALICIA

Diez y ocho años. ¡Un amorcillo!

ÁNGELES

¿Estudiante?

ALICIA

Sí.

ÁNGELES

¿Y de acá? (_Haciendo resbalar el pulgar sobre el índice._)

ALICIA

Ni un céntimo.

ÁNGELES

(_Sonriendo_). Sí, mozo y pobre, debe de ser bueno. Sí, mira... acaso

aciertes... Porque en diez y ocho años no ha tenido tiempo de aprender á

ser hombre. ¡Y eso que en esto, como en todo, hay precocidades, «niños

prodigios...»

ALICIA

Ya, ya...

ÁNGELES

¿Nunca te ha pedido dinero?

ALICIA

Nunca.

ÁNGELES

Porque también los hay...

ALICIA

También. (_Pausa._) Te advierto que siento hacia Ricardo, más que un

verdadero amor de amante, una pasión espiritual de madre, de protectora.

Me gustaría aconsejarle, orientarle, dirigir su vida, servirle á la vez

de timón y de escudo. Tú conoces las fiebres sensuales de los diez y

ocho años. Pues bien: muchas noches esquivo sus labios y le obligo á

trabajar. «¿Te sabes tus lecciones de mañana?--le digo--. ¿No?... Pues á

estudiarlas ahora mismo. Quiero que estudies, que subas, que brilles en

tu carrera. No olvides que soy más vieja que tú y que, el tiempo

andando, puedo necesitar de ti.» Y el pobrecillo coge sus libros...

ÁNGELES

¿Pero tiene sus libros aquí?

ALICIA

Los suyos, los que su padre le compró, claro es que los tiene en su

casa. Pero yo le he comprado otros iguales. (_Ríe._)

ÁNGELES

¡Loca!...

ALICIA

Sí, estoy loca por él y en él vivo. ¿Pero hay nada más hermoso, más

consolador que vivir fuera de nosotras mismas?... Mientras él estudia,

yo, sentada á su lado, leo y pienso en la dulzura de tener un hijo.

Algunas veces interrumpe su trabajo para preguntarme: «Y después?»

«¿Cómo _después_?--le contesto fingiéndome muy irritada--; después te

marchas á tu casa.» ¡Pobre _Bebé_, y qué esfuerzo me cuesta despedirle!

Pero no quiero verle pálido ni caído. Su madre, su misma madre, estoy

cierta de que no le cuida más que yo. ¿No te reirás, Ángeles?

ÁNGELES

No, no... ¿por qué?

ALICIA

¿No te reirás si te digo que, donde más me gusta besar á Ricardo es en

los cabellos?

ÁNGELES

No, hija mía; tus confesiones no pueden moverme á risa.

ALICIA

Ya lo sé.

ÁNGELES

¡Disparate! ¡Al contrario!... ¿No comprendes que todas esas emociones

que ahora constituyen para tu almita joven una novedad, son, para mi

alma, ya vieja y desengañada, un recuerdo?

ALICIA

Tal vez...

ÁNGELES

Por el camino que tú ahora recorres, pasé yo cantando hace treinta años.

Yo también, pobre Alicia, tuve «mi amor», «mi Ricardo»... y como tú, yo

le animaba á estudiar, á ser hombre, á ser rico...

ALICIA

¿Y murió?

ÁNGELES

Peor que eso. Se cansó de mí. (_Todo esto lo dirá Ángeles gravemente,

pero sin llorar._)

ALICIA

Tienes razón; fué mucho peor.

ÁNGELES

En fin... ¡Bien está así!... Porque esos desengaños tempranos son para

nuestro espíritu una especie de vacuna moral que luego nos preserva de

esos grandes golpes que, juntamente con la vejez, con los años blancos,

nos trae la vida. Yo no tengo alegrías, es cierto, pero tampoco sufro

penas graves. Mi Antonio...

ALICIA

¡Es verdad!... Perdona, no me había acordado de preguntarte por él...

ÁNGELES

Mi Antonio es un pobre pintor de puertas y ventanas, ya lo sabes... Te

he dicho que es jorobado, ¿verdad?... Tampoco es un niño... ¡No me

importa!... Yo, que conocí en mis verdes primaveras á tantos reales

mozos, me es indiferente... es más... acaso me gusta... que mi

compañero de ahora sea feo y desdichado.

ALICIA

¡Eres original!

ÁNGELES

Sí, porque así me quiere más y le hallo más mío. Es un inferior, bueno y

dócil, á quien domino con un simple fruncimiento de cejas. En mi casa,

con sus techos abohardillados y sus suelos desnudos, en mi pobre casa

fría, yo soy la reina. Ahora, cuando yo llegue, encontraré la lumbre

encendida, la mesa puesta... y un beso, lleno de lealtad, para mis

labios. ¡Oh!... A mí, que fuí tan caprichosa, sólo me interesa de los

hombres la bondad; acaso porque la experiencia me ha enseñado que

únicamente los hombres muy feos suelen ser buenos...

ALICIA

Nosotras también somos buenas, ¿verdad?

ÁNGELES

Si no hubiésemos sido inocentes, si no hubiésemos creído en la lealtad

del que nos burló, ¿estaríamos donde estamos? Mira... Las mujeres sólo

se inclinan á ser malas cuando empiezan á creer que los hombres son

buenos.

ALICIA

¡Cómo me gustaría vivir sola, sin ver á nadie, á nadie!

ÁNGELES

(_Burlona_). Nada más que á Ricardo.

ALICIA

Claro es...

ÁNGELES

¡Naturalmente! Pero no te fíes, porque la vida tiene ironías terribles.

A tu edad soñamos con el amor de un Adonis, y luego, en la vejez,

gracias que contemos con la amistad de un jorobado.

(_Suena un timbre._)

ALICIA

Ahí está el marqués.

ÁNGELES

Me voy.

ALICIA

No, no... espera.

ÁNGELES

Me parece que no es tu marqués.

ALICIA

Aguarda... calla... (_Pausa._)

ÁNGELES

(_Bajando la voz_). Es voz de mujer.

ALICIA

Sí.

ÁNGELES

¿Tienes muchos acreedores?

ALICIA

Muchos... oye... (_Pausa._) Discuten...

ÁNGELES

Ya, quien sea se fué.

ALICIA

Saldremos de dudas. (_Apoya un timbre._)

ESCENA IV

ALICIA, ÁNGELES, CONSUELO

CONSUELO

¿Llamaba usted?

ALICIA

¿Quién era?

CONSUELO

(_Sonriendo_). La modista.

ALICIA

Quería...

CONSUELO

Sí.

ALICIA

¡Es horrible!

ÁNGELES

¿La debes mucho?

ALICIA

No... ¡qué sé yo!... Unas doscientas pesetas.

ÁNGELES

Vamos...

ALICIA

¡Y se la ocurre cobrar hoy, precisamente hoy...

ÁNGELES

¡Es lógico!... ¡Hoy, que es Nochebuena!

ALICIA

Sí... ¡hoy, que no tengo una peseta!

CONSUELO

Yo la dije que no estaba usted en casa; pero ella había visto en el

perchero el impermeable de la señorita, y repuso: «¡Quiá, niña, esa no

cuela!» «¿Cómo que no cuela?»--la repliqué yo. Y ella dice: «¿Y esto?»

ALICIA

¡Claro!

CONSUELO

Entonces, voy y la digo, bajando la voz, así como si depositara en ella

una confianza muy grande... ¿Usted me comprende? (_Ríe._)

ÁNGELES

¡No eres tonta, no!

CONSUELO

Conque la digo... «Bueno, la señorita Alicia está en casa, pero no se la

puede molestar ahora... porque hay un señor, ¡que es título!... Venga

usted otro día.» Y se fué... se fué echando demonios por la boca.

ÁNGELES

A la portera se lo habrá ido á contar.

ALICIA

¡Canastos con la gente!... Se han creído que soy una sucursal del Banco.

CONSUELO

¿Me necesitan ustedes para algo?

ÁNGELES

¿Qué hora será?

ALICIA

(_Consultando el reloj de su pulsera_). Van á dar las ocho. (_A

Consuelo._) ¿Cómo va la cena?

CONSUELO

Ya está hecha.

ALICIA

¿Y la cocinera?

CONSUELO

Se marchó á media tarde.

ALICIA

¿Y Concha?

CONSUELO

También.

ALICIA

¡Y sin decirme nada! ¡Valiente frescura! Estas criadas con familia son

insoportables. ¡Ah! Te lo aseguro... En lo sucesivo, todos mis

servidores han de ser incluseros. (_A Consuelo._) Ya sabes que el

marqués cena conmigo.

CONSUELO

Sí, señorita.

ALICIA

Coge el veladorcito del comedor y ponlo aquí, delante de la chimenea.

Despacha volando, que es muy tarde.

CONSUELO

¿Pongo dos cubiertos?

ALICIA

¿Pues no acabas de oir que el marqués cena aquí?

CONSUELO

¡Ah! Voy en seguida. (_Vase._)

ALICIA

(_A Ángeles_). Ven; para no estorbar á la muchacha, nos sentaremos ahí.

(_Se sientan á la derecha. Mientras hablan, Consuelo entra y sale,

aderezando la mesa._)

ÁNGELES

¡Qué lindas zapatillas llevas!

ALICIA

(_Con terror cómico_). ¡Cállate, por Dios!

ÁNGELES

¿Por qué?

ALICIA

Podría aparecer el zapatero.

ÁNGELES

¡Cómo! ¿No están pagadas?

ALICIA

No.

ÁNGELES

¡Demonio de chiquilla!

ALICIA

¿Qué quieres?

ÁNGELES

¿Y la alfombra?

ALICIA

¿Eh?

ÁNGELES

¿Tampoco está pagada?

ALICIA

Tampoco.

ÁNGELES

(_Con admiración cómica_). ¡Hija mía, te admiro!

ALICIA

¿Me admiras?

ÁNGELES

Sinceramente. Puedes decir que vives sobre un volcán.

ALICIA

No comprendo cómo hay personas que no tengan trampas.

ÁNGELES

¿Pero, las hay?...

ALICIA

Eso me pregunto yo. Porque el presente es algo tan flaco, tan

inconsistente, que no sólo vive de lo pasado, sino que necesita pedirle

prestado, y pedirle mucho, al porvenir.

ÁNGELES

Así es. Di... ¿Nos veremos mañana?

ALICIA

Quédate á cenar.

ÁNGELES

Con mucho gusto, pero no puedo; ya sabes que Antonio está esperándome.

ALICIA

¡Que espere! Quédate. Aunque el marqués venga, puedes acompañarnos.

Luego te vas.

ÁNGELES

Si precisamente me gustaría cenar aquí por eso, por acompañarte; porque

me parece que tu marqués no vendrá.

ALICIA

¿Crees?

ÁNGELES

Creo que no vendrá. Es Nochebuena.

ALICIA

¿Y qué?

ÁNGELES

Que es una noche excepcional en la que los maridos no suelen salir de

casa.

ALICIA

No me lo digas.

ÁNGELES

¡Toma! (_Pausa. Suenan del lado del balcón y muy distantes, cual si

pasasen por la calle, zambombas y tambores._) ¿Oyes? ¡Nochebuena!

ALICIA

¡Sí, el marqués vendrá, le conozco bien! Vendrá tosiendo y renegando del

reúma, pero vendrá. Y si no viene, ¡peor para él! Vendrá Roberto... y

después vendrá Ricardo...

ÁNGELES

Mujer prevenida...

ALICIA

Vale por muchas.

(_Suena un timbre._)

ÁNGELES

Han llamado.

ALICIA

Ahí está el marqués. Quédate. ¿Te quedarás?...

ÁNGELES

No, no...

ALICIA

No te dejo salir... No te dejo salir...

ESCENA V

ALICIA, ÁNGELES, ELENA, VICTORIA, que aparecen con gran algazara de

voces y risas

ELENA

¡Alicia!

ALICIA

Elena...

VICTORIA

Somos nosotras.

ALICIA

¿Qué tal? ¡Qué buena sorpresa! (_Se besan._)

ELENA

¿Cómo sigue usted?... (_A Ángeles._)

ÁNGELES

A sus órdenes. (_Se dan las manos._)

ELENA

Muchas gracias.

ALICIA

(_A Victoria, por Ángeles_). ¿Ustedes se conocen?

VICTORIA

No recuerdo...

ALICIA

Mi amiga Victoria, mi amiga Ángeles...

ÁNGELES

Tengo una verdadera satisfacción...

ALICIA

Sentaos, sentaos... ¿De dónde venís ahora?...

VICTORIA

De correr medio Madrid.

ALICIA

¿En coche?

ELENA

¡Quiá! A pie...

VICTORIA

A pie, democráticamente. ¿Tú no has salido hoy?

ALICIA

Ni ayer.

ELENA

Haces mal. Las calles están animadísimas; si llegas á venir con

nosotras, pasas un buen rato.

VICTORIA

¿Tienes cigarrillos?

ALICIA

Sí.

VICTORIA

Vengan.

ALICIA

¿Cómo los queréis? Los hay de varias pintas: turcos... egipcios...

VICTORIA

Nos es igual. ¿Para qué echárnoslas ahora de «exquisitas», si no hay

hombres delante?

ÁNGELES

Tiene usted razón.

ALICIA

(_Que habrá vuelto á sentarse_). Tomad. (_Todas fuman menos Elena._)

VICTORIA

Enciende tú.

ELENA

Gracias, yo no fumo.

ALICIA

Pues, si he de ser franca con vosotras, debo deciros que en estos días

no me atrevo á salir á la calle porque tengo varios _enemigos_...

¿comprendéis?

VICTORIA

Perfectamente.

ALICIA

Vulgo, _ingleses_...

ELENA

Ni media palabra más.

VICTORIA

¡Pero es una tontería dejar de salir á la calle por que se tengan

acreedores!... ¿Qué haría yo entonces?

ELENA

¿Y yo?

VICTORIA

Acabaríamos por envidiar la suerte de las monjas.

ÁNGELES

Todo anda muy mal; no hay dinero.

VICTORIA

(_A Elena, y con marcado interés_). Oye... Mariano, el marquesita, ¿te

llevó dinero anoche?

ELENA

¡No!

VICTORIA

Yo le vi á mediodía, en la calle de Alcalá, frente á las Calatravas, y

al pasar á su lado, muy disimuladamente, le tiré un pellizco. Verás...

Sigo andando, y al llegar á la esquina de Fornos, mi buen Mariano me

alcanza. «¿Cómo estás, Victoria?» «Vaya usted al cuerno--le digo--; lo

que ha hecho usted con mi amiga es una porquería.»

ELENA

Se quedaría tan fresco. ¡Es una lechuga!

VICTORIA

¡Quiá! Se puso un poco colorado y me dijo: «¿Verás á Elena?»--«Sí que

la veré.»--«Pues dila que esta noche (por anoche) la mandaré doscientas

pesetas.»

ELENA

¿Tú las has visto?... ¡Pues yo tampoco!

VICTORIA

¡Qué indecente!

ALICIA

Gentuza...

ÁNGELES

La culpa de todo la tiene la falta de dinero.

VICTORIA

Sí, señora; la madre del cordero es esa.

ELENA

Yo no soy vieja, y, sin embargo, recuerdo que antes los hombres no eran

así: tenían más alegría, más dinero... ó más coraje para gastarlo... ¡No

sé!

ÁNGELES

Todo va de mal en peor.

ALICIA

Yo tampoco soy vieja, y... ¡qué diablos!, el primer año que estuve en

Madrid ahorré más de cinco mil duros; y ahora, en cambio, tengo la mitad

de mis trajes empeñados.

VICTORIA

Y la otra mitad se la debes á la modista. ¡Todas iguales!

ELENA

Yo conozco á la _Valenciana_, y á Pepa _la Sorda_, que ya están ricas y

que seguramente no valieron de jóvenes más que nosotras.

ÁNGELES

¿Y Julia, la _Senadora_?

VICTORIA

¿Y Antonia, la _Estiráa_?

ELENA

¡Toma! Y, como esas, un ciento. ¿Y fué ninguna de ellas más guapa que tú

ó que yo ó que ésta?... (_Por Alicia._) Aquí, doña Ángeles, puede

decirlo...

ÁNGELES

Yo creo que los hombres fueron y serán siempre iguales.

VICTORIA

¡Alegrémonos por nuestras hijas!...

ÁNGELES

Sí, iguales... y eso que á mi edad, como podéis suponer, ya nadie me

mira. Pero comprendo que los hombres que para mí son de hielo, para

vosotras sean de brasa. ¡Natural! Lo que sucede ahora es que hay mucha

hipocresía, mucho vicio oculto...

ALICIA

Muchísimo.

ELENA

Ángeles dice bien. No es que ahora haya menos alegría ó menos dinero ó

menos calaveras; los hombres no pueden ser peores de lo que son. Lo que

ocurre es que hay una epidemia de señoras _diletantis_, que aman por

_sport_.

ALICIA

¿Ve alguna de nosotras al conde Ramiro?... No. Desde que se puso en

relaciones con la esposa de...

ELENA

Calla. ¡Y qué lástima de hombre! No he conocido otro más generoso.

VICTORIA

¿Y Perico López?

ELENA

Otro que tal. ¿Y Víctor Aguado?

ALICIA

Lo mismo.

ÁNGELES

Y como esos, otros cien y otros cien. Es lo que yo digo: antes había

menos hipocresía; antes, los hombres necesitaban una distracción y la

buscaban entre nosotras. Ahora...

VICTORIA

Ahora la rebuscan entre las esposas de sus amigos.

ÁNGELES

Ni más ni menos.

ALICIA

¡Decimos que no hay hombres! ¿Sabéis por qué?

VICTORIA

Porque nos les quitan las solteritas ociosas y las malas casadas.

ELENA

¡Como esas no piden dinero!

ALICIA

Pues las prefieren, aunque no sean tan guapas ni tan agradables como

nosotras.

VICTORIA

¿Pero quién iba á pensar que nuestro porvenir iban á echarlo á perder

las mujeres decentes?

(_Todas ríen._)

ELENA

(_Mirando su reloj_). ¡Horror! Las ocho y media.

VICTORIA

A mí me aguardan á las nueve.

ELENA

Y á mí.

ÁNGELES

Yo, también me voy.

(_Todas se levantan._)

ALICIA

(_A Elena_). ¿Esperas á Juanito?

ELENA

Sí. ¿Y tú?

ALICIA

Yo ceno con el marqués.

VICTORIA

¿Aquí?

ALICIA

Sí. Cuando llamasteis creí que era él.

VICTORIA

Yo también ceno en casa.

ÁNGELES

(_A Alicia_). Me parece que tu marqués no viene.

ALICIA

(_Displicente_). ¡Y dale! Pues, si no viene el marqués, vendrá Roberto.

¡Tanto monta!

VICTORIA

¿Pero á cuántos amigos esperas esta noche?

ALICIA

A dos.

ÁNGELES

¡Embustera! A tres...

VICTORIA

¡Y luego me llaman loca á mí!

ELENA

(_A Alicia_). Haces bien, hija mía. Parodiando una frase de Dumas, á

propósito del matrimonio, podríamos decir que la vida es para la mujer

una cruz tan pesada, que para llevarla necesitamos que nos ayuden tres

hombres... y, á veces, más...

VICTORIA

¡Y con todos nunca tenemos dinero! ¡Ea, vámonos!

ALICIA

Adiós, preciosa. Vaya, adiós.

ELENA

Adiós. (_A Ángeles._) ¿Usted se queda?

ÁNGELES

No. Saldremos juntas.

ELENA

(_A Alicia_). ¿Vas mañana á Apolo?

ALICIA

No sé todavía.

VICTORIA

Vé, mujer.

ALICIA

Ya veremos. ¿Tienes palco?

ELENA

Sí.

VICTORIA

También hay que ir á Eslava. Preparan una Inocentada estupenda.

ELENA

Bien, adiós.

ÁNGELES

Hasta mañana.

ALICIA

Adiós...

(_Suena el timbre._)

ÁNGELES

Tu marqués.

ALICIA

O Roberto.

VICTORIA

O un representante de las islas Británicas. ¡Maldito archipiélago!...

(_Pausa. Se oye un murmullo como de lucha y el ruido de una silla que

cae al suelo._)

CONSUELO

(_Desde dentro y sin que haya enfado en su voz_). ¡Demonio de hombre!

Estése usted quieto. ¡Estése usted quieto!...

ALICIA

Debe de ser Roberto.

VICTORIA

Quien sea trae prisa.

(_Todas avanzan un poco hacia el proscenio, en actitud expectante._)

ESCENA VI

DICHAS y ROBERTO. (Viste gabán y sombrero de copa. Trae una zambomba

descomunal.)

ROBERTO

¡Alicia!... ¡Mi Alicia!... (_Toca la zambomba. Todas ríen._)

ALICIA

¡Es incorregible!

VICTORIA

¡Y pensar que tiene cuarenta años!

ELENA

¡Tocando la zambomba! ¡Un diputado á Cortes!

ROBERTO

(_Entregando la zambomba á Ángeles con gravedad cómica_). Señora...

¿Pero vivís todas aquí?... ¿Estoy en Citeres ó en la isla de Itaca? ¡Yo

pierdo el seso, con la alegría!... Permitidme, nuevo Telémaco, que os

estreche sobre mi corazón... (_Las abraza con efusión exagerada._)

ELENA

¡Eres un botarate!

ROBERTO

Que está loco por ti... y por ti... y por ti también.

VICTORIA

Por todas.

ROBERTO

(_Siempre con ademán reposado y enfático_). Tú lo dijiste, en dos

palabras de suprema elocuencia: «¡Por todas!...» ¡Qué penetración tan

admirable, tan rápida! ¡Hijas mías! (_Vuelve á abrazarlas._)

VICTORIA

(_Tocando la zambomba_). ¡Música, música!...

ROBERTO

Y tú, Alicia...

ALICIA

(_Aparentando enfado_). ¡Déjame en paz!

ROBERTO

Alicia la dulce, Alicia la cordera...

ALICIA

Te digo que no me hables.

ROBERTO

¿Estás irritada conmigo?

ALICIA

Mucho.

ROBERTO

¿Por qué?

ALICIA

No tengo ganas de conversación.

ROBERTO

¿Me despides así, tan secamente, porque en la penumbra del pasillo he

cometido la ligereza de pellizcar á tu criada?

ALICIA

¡Ah! ¿Conque la pellizcaste?

ROBERTO

Completamente.

ALICIA

¡Me encanta tu frescura!

ROBERTO

¿O es porque adivinas que vengo á decirte que no puedo cenar contigo?

ALICIA

Sí que lo vas arreglando.

ROBERTO

¡Pobrecilla!... Ya veo la mesa, la mesita blanca... con dos cubiertos...

Uno para tí para mí el otro...

ALICIA

Pues, la verdad; aunque sé lo zascandil que eres, te esperaba.

ROBERTO

¿Lo veis?... Me esperaba... ¿lo oís?... ¡Me esperaba! Y su corazón

brincaba gozoso con mi recuerdo. ¡Pero, señor!... ¿Es posible que á mi

edad se inspiren todavía pasiones así?...

VICTORIA

¡Admirable!

ELENA

¡Demonio de hombre! ¡Revienta si habla en serio!

ALICIA

¿Pero te quedas ó no?

ROBERTO

Imposible, Alicia.

ALICIA

¿Cenas en tu casa?

ROBERTO

Sí.

ALICIA

¡Qué lástima!

ROBERTO

Compadéceme. Un odioso banquete de familia.

ÁNGELES

Le compadecemos á usted.

ROBERTO

Hay motivos: la esposa á la derecha, los suegros enfrente... (á los

suegros, ya es sabido, siempre les tenemos enfrente) y repartidos

alrededor de la mesa familiar, cuñadas, sobrinitas... ¡No quiero

pensarlo!... Pero, en fin (_abrazando á Alicia_), mañana vendré..

ALICIA

¿Por la tarde?

ROBERTO

Sí.

ALICIA

¿A las cuatro?

ROBERTO

A las cuatro.

ALICIA

¡Pero, suelta!... Hombre más pegajoso...

ROBERTO

Vendré, vendré más enamorado de ti que nunca... y en tus ojos tomaré el

desquite de lo que hoy he de sufrir. Hoy, mañana... es igual... ¿no es

cierto?... ¡Igual! Con una mujer como tú, es Nochebuena todo el año.

VICTORIA

(_Riendo_). ¡Tiene razón!... ¡Delicioso!

ELENA

¡Música, música!

VICTORIA

Va, va. (_Repica la zambomba._)

ROBERTO

Y, con esto, me voy.

ALICIA

¿Sin ni siquiera sentarte?...

ROBERTO

Imposible. Tengo un coche abajo y dentro del coche á mi mujer.

ALICIA, ELENA, VICTORIA

¡A tu mujer!

ROBERTO

A la legítima.

ALICIA

¿Pero estas loco?

ROBERTO

De la cabeza á los pies.

ÁNGELES

¡Sí que lo está!

ROBERTO

La he dicho que aquí vivía mi abogado.

VICTORIA

¿Y para quién era la zambomba?

ROBERTO

Para el hijo del abogado. He venido por que me moría de tristeza...

ELENA

Se te conoce.

ROBERTO

Porque yo me ahogo si no respiro, siquiera una vez al día, ese aire de

tolerancia que se respira aquí. ¡Ea, salud!... (_Hace ademán de irse._)

VICTORIA

Oye...

ROBERTO

Di.

VICTORIA

¿Me llevas una noche al teatro?

ELENA

Y á mí.

ROBERTO

Mañana os espero en la Zarzuela.

VICTORIA

Yo no voy á la Zarzuela.

ROBERTO

¿Por qué?

VICTORIA

Porque le debo un palco á un revendedor.

ROBERTO

Te pondré en paz con tu revendedor.

VICTORIA

Pero, de ir, ha de ser con mi novio.

ROBERTO

¡Ah! ¿Pero tienes novio?

ALICIA

Y muy simpático.

VICTORIA

Es actor.

ROBERTO

¡Malo!... En general, todos los artistas son unos botarates...

ELENA

Sí, que tú...

ROBERTO

Les conozco; unos botarates aficionados al juego, al vino, á las

mujeres... pero, en el fondo, ¡eso sí!, buenas personas; ingenuos,

generosos... ¡todo corazón!... Sí, llévale; yo disfruto viendo cómo se

aman los demás.

ALICIA

¡Es un santo!

VICTORIA

Más música. (_Tocando la zambomba._)

ROBERTO

(_A Alicia_). Adiós, cuerpo bonito, carita de rosa.

ELENA

Nos vamos todas.

ROBERTO

¡No será conmigo!

VICTORIA

¡Será detrás de ti!

ROBERTO

Eso es diferente.

ELENA

Pierde cuidado; no te comprometeremos. Bajas delante.

ROBERTO

Sí, dadme tiempo á que me suba al coche. ¡Adiós, gabinete inolvidable;

mesa querida, adiós!...

ELENA, VICTORIA

(_Empujándole_). Anda, anda... Ya has dicho bastantes tonterías.

ALICIA

¿Y la zambomba?

VICTORIA

Me la llevo yo.

ROBERTO

(_Desde dentro_). Hasta mañana.

ALICIA

Hasta mañana.

(_Detrás de Roberto salen Elena y Victoria._)

ÁNGELES

(_Besando á Alicia_). Hasta mañana. Diviértete mucho.

ALICIA

Adiós, Ángeles. Te deseo una buena noche.

(_Un momento la escena queda sola._)

ESCENA VII

ALICIA, sola

¡Se marcharon, al fin!... ¡Oh!... ¡Cuánta conversación, cuánto hablar de

frivolidades que á una no le interesan! ¡Cuánto fingir!... (_Coge un

periódico y se sienta delante de la chimenea. Atiza la lumbre. Mira el

reloj de su pulsera._) Las ocho y media dadas. ¡Que tarde!... ¿No

vendrá? (_Lee._) Esperemos. (_Dentro y lejos, como en la calle, resuena

un recio estrépito de zambombas, tambores, panderetas y almireces.

Algarabía desacorde y sin ritmo, como de gentes que van borrachas._)

UNA VOZ CANTA:

¡Ande, ande, ande

la marimorena!

¡Ande, ancle, ande

que hoy es Nochebuena!...

OTRA VOZ:

En la garganta tienes

un lunarcito,

en la garganta quiero

darte un besito[B].

[B] Conviene que esta Voz sea de mujer. La actriz encargada de cantar

puede elegir la copla y la tonadilla que guste.

_Y el coro repetirá, á modo de estribillo:_

¡Ande, ande, ande

la marimorena!

¡Ande, ande, ande

que hoy es Nochebuena!...

(_Luego las voces cesan y el ruido de los instrumentos va debilitándose,

cual si se alejase por la calle. Ensáyese bien esto, por que de ello

depende el encanto melancólico de la escena._)

ALICIA

Noche triste, noche maldita... maldita, porque es de recuerdos... ¡Ay,

mi madre!... Y mis veinte años... mis años de ilusión... ¿dónde

fueron?... (_Exaltándose._) Daría... ¡oh!... No sé qué daría por no

estar sola... (_Pausa. Suena el timbre del teléfono._) ¡Ah! Una voz que

viene de lejos, un consuelo... (_Maneja el aparato._) ¿Quién?...

¿Quién?... Perdone, Central. ¡Ah!... ¿Casino de Madrid?... Ya...

¿Cómo?... Más alto... ¡No se oye!... ¿Qué dice? Las portadas del

periódico... ¿Eh?... ¿Pero usted cree que esto es una redacción?...

¡Oiga usted, Central! Central... Central... (_Apoyando el timbre. El

timbre del teléfono vibra otra vez._) ¡Central!... ¡Ah! ¿Es el Casino de

Madrid? A ver si ahora nos entendemos... Bueno, bueno... bien... usted

perdone, Central, usted perdone... ¡Casino de Madrid! Sí, aquí es...

¿Con quién hablo?... ¡Ah, eres tú, Luisito?... ¿Cómo estás?... Yo, muy

guapa... ¡Ja, ja, ja!... ¡No seas bruto!... ¿Eh?... Digo que no seas

bruto. Bien. (_Ríe._) Sí, recibí las botellas... muy buena marca... no

lo he probado aún, pero supongo que será excelente. Oye... oye... te

advierto que te espero, tengo un apetito horrible... ¿Cómo? ¿Que no

puedes venir á cenar conmigo?... ¿Cenas en tu casa?... Ya podías

habérmelo dicho antes... ¡Evidentemente!... Eso no se hace... ¿eh? No,

señor; no se hace, porque si tú tienes compromisos, yo también los

tengo... Si viene alguien, le recibiré... ¡No faltaba más! No admito

explicaciones, no las admito... Te vas al infierno... Ni quiero reñir ni

dejo de querer; haz lo que gustes... No sé si podré... ¡que no sé si

podré!... No, mañana no, y menos por la tarde... Sí... Adiós...

(_Separándose del teléfono._) ¡Maldita sea!... (_Apoya un timbre.

Pausa._)

ESCENA VIII

ALICIA Y CONSUELO

CONSUELO

¿Llama usted?

ALICIA

Dame de cenar.

CONSUELO

¿Cena usted sola?

ALICIA

Sola.

CONSUELO

¿No viene el señor marqués?

ALICIA

No.

CONSUELO

¿Y el señorito Roberto?

ALICIA

Tampoco.

CONSUELO

¿Cómo? ¿Ha reñido usted con ellos?

ALICIA

No.

CONSUELO

Entonces...

ALICIA

¿Qué quieres?... El marqués está casado, Roberto también está casado...

y los «señores» tienen que cumplir con la familia. ¿Sabes? ¡Ironías de

la suerte!... Esta noche, la más triste de todas las del año, es

precisamente la única noche en que la Fatalidad, que tiene cara de

clown, nos obliga á dormir solas.

CONSUELO

Es verdad... sí...

ALICIA

(_Con gran apasionamiento_). Ya sabes cómo _nosotras_ llamamos á los

hombres que nos pagan... Siempre les desprecié con toda mi alma,

siempre... Jamás comprendí que hombres discretos, hombres de mundo,

pudiesen hallar contentamiento en la comedia de amor que nosotras, en su

obsequio y por su dinero, representábamos. ¡Les creía imbéciles!...

Pero, no, no lo son; ahora les comprendo, y como les comprendo, les

disculpo... ¡hasta piedad me inspiran!... Es que los infelices, en medio

de su vivir ordenado, se aburren, y sus pobres almas tiemblan de frío.

No, ellos no creen en nosotras, pero lo fingen... y su propio

fingimiento les distrae con el espejismo de un amor real... ¡Oh! Ahora

como nunca comprendo su fastidio, su fastidio mortal... su miedo á estar

solos. (_Pausa. Consuelo permanecerá de pie, en actitud resignada.

Alicia se dispone á leer el periódico._)

CONSUELO

Entonces... ¿quiere usted cenar ahora?

ALICIA

Sí... sí... no tengo ganas, pero, en fin, cenaré... ¡Sola, qué rabia!

CONSUELO

¿Quiere usted ostras?

ALICIA

Sí. ¿Hay langostinos?

CONSUELO

También.

ALICIA

Bueno; pues, de todo un poco. Hay que vivir...

CONSUELO

Los bocadillos de langosta tienen muy buena cara.

ALICIA

¡Vengan los bocadillos de langosta!

(_Se levanta y se sienta á la mesa. Suena un timbre._)

CONSUELO

¿Será el señorito Ricardo?

ALICIA

No le espero ahora. Que pase quien sea.

CONSUELO

¿Si es un hombre?

ALICIA

Como si es mujer.

CONSUELO

(_Risueña_). Con tal que no sea un acreedor...

ALICIA

(_Impacientándose_). ¡Aunque sea un acreedor! No importa. ¡Aunque sea el

verdugo!...

(_Pausa. Consuelo sale y vuelve con una carta._)

CONSUELO

Tome usted.

ALICIA

(_Rompe el sobre_). ¡Oh!... ¡No viene!... ¡Oh! No viene... (_Pausa._)

CONSUELO

¿Una mala noticia?

ALICIA

¡Bah!... Sí... ¡No viene! (_Aparte._)

CONSUELO

Presumo de quién es.

ALICIA

Del señorito Ricardo.

CONSUELO

Del mismo. ¿No puede venir?

ALICIA

No.

CONSUELO

Cena con sus padres, ¿verdad usted?

ALICIA

Con sus padres. ¡Mala sombra!...

CONSUELO

¡Es natural, señorita! En una noche como esta, ya se sabe; la familia...

ALICIA

¡Claro! La familia... Y los que, como yo, rompieron con la familia para

ser libres, cenan solos...

(_Pausa. Alicia permanece absorta._)

CONSUELO

(_Suspirando con disimulo_). ¡Ay!...

(_Pausa larga._)

ALICIA

Consuelo...

CONSUELO

Señorita.

ALICIA

¿Tú también tienes familia?

CONSUELO

Sí, señorita.

ALICIA

¿Padre y madre?

CONSUELO

Madre, nada más.

ALICIA

¿Y hermanos?

CONSUELO

Tres, más pequeños que yo.

ALICIA

Les querrás mucho...

CONSUELO

Mucho, sí, señorita; ¡figúrese usted!

ALICIA

¡Claro!... Como yo querría á los míos... si no se avergonzasen de que

yo les quisiera... (_Pausa. Vuelve á leer la carta de Ricardo._) ¿No

puede venir! ¡Qué fatalidad!... (_Pausa._) ¿Y tú, Consuelo, vas á cenar

conmigo?

CONSUELO

Como la señorita disponga.

ALICIA

No; ¿para qué sacrificarte?... Tú también tendrás gusto en cenar con los

tuyos, ¿verdad?

CONSUELO

Antes iba á decírselo á usted: puesto que ni el marqués, ni don Roberto,

ni el señorito Ricardo vienen... si no le hago á la señorita mucha

falta...

ALICIA

Ni poca ni mucha. ¡Para lo que he de comer!

CONSUELO

Puedo irme más tarde.

ALICIA

(_Levantándose_). No, tonta, vete ahora. Es igual... yo me serviré. Toma

diez pesetas, para que les compres algún juguete á tus hermanos.

CONSUELO

¡Ay, muchas gracias, señorita!

ALICIA

Llévate, además, todo el turrón que quieras.

CONSUELO

Muchas gracias.

ALICIA

Llévate también la llave, para que yo, mañana, no tenga que levantarme á

abrirte. Anda, date prisa, que van á dar las nueve.

CONSUELO

Como usted quiera.

ALICIA

Anda, anda...

ESCENA IX

ALICIA, sola

(_Un momento permanece indecisa. Luego hace mutis y reaparece con dos

platos que coloca sobre la mesa_). Cenemos. (_Vuelve á resonar en la

calle estrépido de tambores, de panderetas y de voces._)

VOCES

Esta noche es Nochebuena

y no es noche de dormir;

vente conmigo, serrana,

que me quiero divertir...

UNA VOZ

La niña que yo quiero

tiene una cama,

más blanca que las nieves

del Guadarrama...

CORO

¡Ande, ande, ande

la marimorena!...

¡Ande, ande, ande

que hoy es Nochebuena!...[C].

[C] NOTA IMPORTANTE.--Como el autor reconoce que la melancolía suprema

de esta ultima escena es para «sentida» más que para «dicha», propone á

la actriz encargada del papel de «Alicia» dos desenlaces: Uno,

representar la comedia según aparece escrita; otro, no bien el coro

acabe de cantar, dejar la copa de champagne que iba á llevarse á los

labios y, sin decir palabra, como quien no puede reprimir más tiempo su

dolor, romper á llorar desoladamente, mientras el telón cae lento.

ALICIA

¡Qué estrépito! Si parece que va á hundirse la casa... ¡En fin!... Una

noche en que no necesito inventar conversaciones espirituales, ni fingir

caricias, ni reirme sin ganas... ¡Nochebuena!... ¡Qué diablos! No sé de

qué me quejo... Y en mi pueblo, los que se acuerden de mí dirán: «¿Qué

hará esa?...» ¡Si me vieran!... (_Descorcha una botella de champagne._)

Bueno; bebamos; me emborracharé. El vino se lleva los recuerdos, y una

noche sin recuerdos... ¡Nochebuena!... (_Bebe. Otra vez resuenan

tambores y almireces._)

TELON LENTO

EL PASADO VUELVE

COMEDIA EN UN ACTO

Estrenada en el TEATRO ROMEA la noche del 30 de Enero de 1909

REPARTO

PERSONAJES ACTORES

RAMONA (veinticinco años. Hetera

de mucho rumbo y distinción) Srta. Valdivia.

GABRIELA (ídem, íd. Viste traje

de viaje) Sra. Ezquerra.

JOAQUÍN CERVERA (cuarenta

años. Tipo artista, desembarazado

de ademanes y elegante

sin atildamiento. Más

que un viejo es un hombre

envejecido, usado por la

vida. Creo que, para caracterizar

este personaje, el

actor no necesita ponerse

peluca; le bastará con empolvarse

un poco los cabellos) Sr. Palacios.

DON PABLO (cincuenta años.

Aristócrata alegre y mundano.

Lo que nosotros llamamos

un desaprensivo, y

los franceses _un bon vivant_) » Castilla.

SANTIAGO (treinta años. Carácter

regocijado y frívolo) » Sampayo.

UN CAMARERO » Palacios (A.).

La acción se desarrolla en verano y en una playa de moda.--Epoca actual.

_Derecha é izquierda, las del actor._

* * * * *

EL PASADO VUELVE

ACTO ÚNICO

Gabinete lujoso en un Hotel de viajeros: un armario, un lavabo con

espejo, etc. Al fondo y á la izquierda, una ventana abierta sobre un

jardín y que, desde el primer momento, aparecerá bañada en luna. Muy

cerca de la ventana, un diván. Al fondo y á la derecha, una puerta. A la

derecha, otra. En un ángulo cualquiera, y colocados uno encima de otro,

dos baúles. Detalle es éste que dará á la escena una gran expresión de

gabinete alquilado y provisional. Arrojado de cualquier modo sobre un

mueble, habrá un traje de mujer vistoso y llamativo.

Al levantarse el telón se hallan en escena Ramona y don Pablo. Ella

asomada á la ventana, como quien espera. Viste bata blanca. El, en

mangas de camisa, aparece abrochándose las botas, ó peinándose, etc.,

con mucha calma.

Es de noche.

ESCENA PRIMERA

RAMONA y DON PABLO. Este, durante todo el diálogo, demostrará un

imperturbable buen humor

RAMONA

Acaban de sonar las nueve. Ya no puede tardar. ¿A qué hora dijeron que

llegaba el expreso?

DON PABLO

A las nueve menos cinco.

RAMONA

Ya ves.

DON PABLO

Pero no hay que fiarse. En Portugal, como en España, los trenes caminan

á paso de camello. ¡No podemos negar nuestro abolengo africano!

RAMONA

Sentiría que Gabriela no viniese hoy; lo sentiría de veras; más que

nunca. (_Nerviosa._)

DON PABLO

¿Pues?

RAMONA

Entre otras razones, porque adivino que esta noche voy á fastidiarme

horrorosamente.

DON PABLO

Será porque te da la gana.

RAMONA

O porque tú no me dejas divertir.

DON PABLO

(_Incomodado momentáneamente._) ¡Y vuelta con la misma! ¿No te dije que

te llevaba á la _kermesse_?

RAMONA

¿Y qué?

DON PABLO

¿Entonces?...

RAMONA

Que si voy, será con el vestido que yo quiera. (_Aludiendo al que habrá

sobre un mueble._)

DON PABLO

¡Ah! Lo que es eso, de ningún modo. ¡Un traje con el que, á cien leguas,

vas oliendo á _cocota_!

RAMONA

¿Y no lo soy?

DON PABLO

Pero, yendo conmigo, no hace falta que lo recuerdes. ¡Bueno fuera!...

RAMONA

Terminemos la conversación, ¿quieres?... Terminemos la conversación.

¡Eres un estúpido!

DON PABLO

Y tú una poca vergüenza.

RAMONA

Tal para cual.

DON PABLO

Verdaderamente. (_Recobrando su buen humor._)

RAMONA

(_Con ira reconcentrada_). ¡Necio! Si no fuera por...

DON PABLO

Sí, por... porque mi cartera nunca está vacía, ¿eh?...

RAMONA

¡Eso!

DON PABLO

Me es igual; cada uno de nosotros dispone de una fuerza, de un arma. Tú

tienes belleza, es cierto, pero yo tengo dinero.

RAMONA

La belleza vale más que el dinero.

DON PABLO

Según. A la hora del amor, sí. Pero á la hora de almorzar, desengáñate:

¡oros son triunfos!...

(_Ella vuelve á asomarse á la ventana. El, para demostrarla que no está

enfadado, empieza á silbar una canción. Pausa._)

RAMONA

¡Por fin!

DON PABLO

¿Eh?

RAMONA

¡Ahí está, ahí viene! (_Palmoteando de alegría._) ¡Gabriela... Gabriela!

¡Sube!... Por ahí...

DON PABLO

¿Es guapa?

RAMONA

Bastante más que tú. (_Rencorosa._)

DON PABLO

Ya lo veremos.

RAMONA

¡Pero, hombre de Dios! ¿No acabas de vestirte?

DON PABLO

Voy, mujer... voy.

RAMONA

¡Me desesperas!... ¿O es que no te importa que Gabriela te vea así?

DON PABLO

¡Bah!... Siendo amiga tuya, supongo que no será esta la primera vez que

ve á un hombre en mangas de camisa. (_Con alegría irónica._) ¿O es que

empiezas á tener celos de mí? (_Hace ademán de abrazarla._)

RAMONA

¡Quita! (_Sale precipitadamente por la puerta del fondo. Ramona, desde

dentro._) ¡Gabriela, chiquilla! ¡Bienvenida!...

ESCENA II

DON PABLO, RAMONA, GABRIELA y un CAMARERO cargado con el equipaje de

esta última

GABRIELA

(_A don Pablo_). Buenas noches.

DON PABLO

(_Inclinándose cómica y ceremoniosamente_). A los pies de usted.

CAMARERO

(_A Gabriela_). Voy á preparar á usted su habitación.

GABRIELA

Muy bien.

CAMARERO

¿Puedo dejar esto aquí un momento?

RAMONA

Sí, sí.

GABRIELA

(_A Ramona_). Gracias. (_Al camarero._) Tome usted, tome usted... para

el cochero... una propinilla.

CAMARERO

Gracias, señorita. (_Vase._)

ESCENA III

RAMONA, GABRIELA, DON PABLO

RAMONA

(_A Gabriela_). Ahora voy á presentaros. He esperado á que el camarero

se marchase para hacerlo con cierta solemnidad.

GABRIELA

¡Qué graciosa! (_Las dos ríen y se abrazan._)

RAMONA

Gabriela, mi amiga... casi mi hermana. Pablito... (_enfática_) ó, mejor

dicho, don Pablo; mi esposo en Portugal.

DON PABLO

Como si dijésemos, un esposo para quince días.

GABRIELA

¿Nada más? (_Riendo._)

DON PABLO

Nada más. Ser amante _oficial_ de una mujer bonita y no ser engañado, es

muy difícil, Hay, por consiguiente, que retirarse antes de que el dulce

peligro asome.

GABRIELA

Es usted encantador.

DON PABLO

Muchas gracias. Usted me permitirá que continúe embelleciéndome.

RAMONA

¡Dos horas hace que está así!

DON PABLO

Hija mía... á mi edad, todas las precauciones son pocas. (_Vuelve al

tocador._)

GABRIELA

Está usted en su casa. (_A Ramona y bajando un poco la voz._) ¿Sabes

quién ha venido conmigo en el tren?

RAMONA

¿Quién?

GABRIELA

Joaquín Cervera.

RAMONA

Teatro galante · 第 1 / 5 段