El invierno entraba áspero, y nuestra gente, por lo que habia padecido

en el sitio y la extrema necesidad que pasaba, estaba muy descontenta,

por lo cual invié á llamar á Tassis para que recogiendo el trigo que

se pudiese hallar en la Tuvent, lo llevase dentro de la villa. Y

considerando que habia mucho tiempo que no llovia, y que ordinariamente

hácia la fin del otoño, como no llueva, el Rin está más baxo que en

todo el año, y por consiguiente los demas brazos de él, y más con los

vientos orientales; venido, le ordené que buscase vado, no dudando de

que le hallaria (por tener alguna experiencia de aquel rio, del tiempo

del Duque de Alba, el cual me invió de guarnicion á Deventer con el

coronel Mondragon), y hallándole, que pasase y tentase si por detras

podria ganar los fuertes que el enemigo habia dexado, y en caso que

no, se entrase por la Veluva adelante á executar las contribuciones

que habian prometido y no pagado, y para este efecto le proveí de más

gente de la que él tenía. Avisóme que habia hallado el vado, y que

pasaba y seguia la órden que yo le habia dado. Hubo dificultad en el

pasar, porque por el rio venian ya los hielos grandes, por los cuales

se perdieron algunos de nuestra caballería, la infantería pasaba en

barcas y á ancas de caballos, muy poco á poco, y con mucho trabajo.

Hacia una niebla tan espesa, que impedia que los de los fuertes del

enemigo no los viesen, mas oyendo algun ruido, inviaron cuarenta ó

cincuenta soldados á reconocer, y hallaron que los primeros de nuestra

infantería habian pasado, y que hecho fuego, se estaban calentando al

rededor de él, y por la escuridad de la niebla estuvieron muy cerca

unos de otros ántes de verse. Nuestros soldados desesperadamente

cerraron con ellos, sin capitanes, porque todos estaban de la otra

parte del rio ocupados con Tassis en hacer pasar la gente, fuéronlos

siguiendo hasta hacerlos meter en su fuerte, y con el mesmo ánimo

cerraron con él, y ayudándose los unos á los otros con las picas y

alabardas lo mejor que pudieron, le entraron, y degollaron más de cien

hombres. En aquel tiempo aclaró el dia, y los dos fuertes más cercanos

de él, viendo lo sucedido y no teniendo tanta fortaleza ni provision

de gente como el ganado, viendo que nuestra gente se preparaba para

acometerlos (que ya habia pasado alguna más y acudido á la arma con los

oficiales), alzaron los capelos para rendirse, y visto por los soldados

de los otros fuertes, desamparándolos, se metieron en otros dos que

estaban el rio abaxo. Tassis se fué á la tierra y sacó artillería y

los sitió. Entendido lo sucedido por el Conde de Murs y el Wilers,

que estaban en Arnem, con la caballería que pudieron juntar en aquel

contorno, vinieron al socorro sin infantería, por no tenerla, habiendo

perdido mucha en el sitio de Zutphen, y la que quedó inviado á reposar

y rehacerse á Holanda y á Utrecht; y así no hicieron ningun efecto, no

pudiendo pasar por no tener el hielo tanta firmeza que pudiese sostener

los caballos; y los dos fuertes sitiados, padeciendo necesidad, se

rindieron, de manera que el fuerte que el enemigo queria tomar por

batería, minas, fuerza y hambre, tomó Tassis con otros siete ó ocho,

de aquel modo. Hecho esto, los del país vinieron en contribucion y

púsose un recibidor para ella á voluntad de Tassis, que yo no me

quise entremeter en ello, por no ser de mi gobierno. Avisé de todo

lo sucedido á su Alteza, suplicándole mandase poner una persona para

esto, y el caballero Cicoña invió por recibidor al comisario Gramay,

que lo ha manejado hasta la fin, sin que entrase en mis manos un

solo real, ni por mi órden se distribuyese, que es bien al contrario

de lo que despues dieron á entender á su Alteza, diciendo que yo en

aquellas contribuciones me aprovechaba de cuarenta ó cincuenta mil

tallares cada mes; y despues se averiguó que ántes habia yo prestado al

recibidor para deshacer las trincheas y fuertes que los enemigos habian

hecho al rededor del nuestro. Y de esta manera es cuanto me van ahora

calumniando de las contribuciones de Frisa, de las cuales y de todas

las demas que se han sacado en todo mi gobierno ha habido recibidores

puestos por los mesmos del país; y si alguna cosa yo he tomado de su

mano, ha sido de las contribuciones que vienen del enemigo, ganadas

á fuego y sangre, y esto con órden de mi general, dadas al comisario

Francisco Vazquez de Umaña, que aquí tenía los libros del sueldo del

Rey, donde está escrito, y así se hallará que nunca he tocado á las

contribuciones, que no haya sido para el puro servicio de su Majestad,

al cual yo he acudido con mi persona y hacienda, ordinariamente sin

hacer falta, y no lo he dexado en las ocasiones urgentes, como lo

han hecho mis secretos émulos, que algunos de ellos nunca se han

hallado en ninguna, ántes ofreciéndose, han buscado que negociar en

esa Córte por huir de ella. He hecho esta pequeña disgresion por ser

lo que digo la causa de mi discurso, no por hacer historia, sino por

mi justificacion y descargo, y así va con más verdad que adornado de

estilo. Tornando pues á lo de Zutphen, digo, que despues de sucedido

lo que ántes dixe, no se entendia sino en proveer aquella tierra,

que se hacia con gran trabajo, por haber metido gran guarnicion el

enemigo en Locchun y Desburg; y estando yo en la villa de Oldenzel,

vinieron el conde Herman de Berghes y su hermano Oswolt al servicio

del Rey, habiendo ántes tomado licencia y pasaporte de los enemigos,

segun el concierto que yo habia hecho con ellos; y tenian tanto deseo

de servir á su Majestad, que me importunaban cada hora que les tomase

el juramento de fidelidad, lo cual por cortesía deferia yo, hasta

que su Majestad los proveyese de algun cargo; y ellos me han hecho

siempre merced de darme crédito en cuanto les he aconsejado, y así los

he siempre servido fielmente; llegaron á Oldenzel con peligro de los

enemigos, que sabiendo que habian de hacer este viaje, los pusieron

emboscada en el camino. Significando yo á su Alteza que la villa de

Zutphen era la verdadera entrada para la Holanda, y siendo aquella

provincia el nido de los rebeldes, si deseaba ver el fin de la guerra,

entrase en ella, y que para hacerlo con más comodidad sería necesario

tomar la villa de Arnem, que era fácil de hacer por estar señoreada

de montañas y haberse las villas de Nimega y Desburg, vecinas á ella,

reducido entónces al servicio de su Majestad; incitado de esta manera

su Alteza y pareciéndole bien, quiso ántes mi parecer por escrito. Con

esto fué y vino muchas veces el capitan Frias, el cual, á lo último, en

la negociacion y viajes, se perdió y estuvo mucho tiempo en prision.

Al fin se resolvió ántes de intentar á Arnem de inviar al conde Cárlos

á sitiar la villa de Grave, y entre tanto invié á Tassis á hacer un

fuerte junto á la villa de Arnem, adonde se divide el rio Isel del

Rin, á la punta de los dos rios llamada Iseloort; hízole, aunque no muy

perfecto, si bien tal que daba mucho estorbo al enemigo, y estándole

haziendo, salieron los de Arnem á escaramuzar con los nuestros, y

Anníbal Gonzaga, á quien se habia dado la compañía de Maximiano du

Bois, acompañado de infantería, cerró con los enemigos y los rompió y

mató algunos, y entre ellos quedó por muerto medio desnudo el Conde de

Solms, ahora por los Estados gobernador de Celanda, que retirándole

los de Arnem, le curaron con cuidado y teniendo más de cincuenta

heridas, las más de ellas mortales, segun me han dicho, sanó, y no

es la peor cabeza que los Estados tienen hoy en su servicio. Habíase

resuelto su Alteza, como ganase á Grave, de venir en persona con el

exército á Nimega, y que Tassis y yo con la gente de esta provincia nos

llegaríamos á la villa de Arnem y haríamos un fuerte cerca de un molino

de viento que estaba el rio abaxo, y que él vendría de la otra parte

por la Veluva. En este tiempo proveyó su Alteza á Mons de Altapena del

gobierno de Geldres, concertámonos los dos de juntarnos en Zutphen

para buscar medio de entretener aquella guarnicion. Y partiendo yo de

Gruninghen para este efecto, llegué á Zutphen con los condes Herman

y Oswolt, y avisé á Mons de Altapena de cómo habia llegado allí,

rogándole que viniese porque tenía necesidad de volverme luégo á Frisa.

Respondióme, en lugar de venir, que era necesario que me llegase yo

allá, con toda la gente de guerra que habia traido conmigo y la más

que pudiese sacar de Zutphen, porque el coronel Schenck y el Conde de

Murs habian sitiado un fuerte y le batian. El coronel, hombre de poca

conciencia y acostumbrado á rapiñas, habia dexado el servicio de los

enemigos y venídose al del Rey, como queda dicho, habiendo hecho ántes

obras de sus manos y apoderádose de la señoría de Bliembek, quitándola

á un pariente suyo legítimo heredero de ella que la poseia; y así por

lo que habia hecho con sus compañeros, como por mantener esta tiranía,

se vino al servicio del Rey. Y su Alteza le empleó en el socorro que

se invió al Conde de Rinamburgh ántes que yo viniese á Frisa; peleó

en el camino con el Conde Holac, y sucedióle bien, y así le hallé en

Frisa cuando fuí á gobernarla, adonde su Alteza le invió á llamar

para el sitio de Tornay, con la corneta de Adam Vanlanghen, haciéndole

coronel de mil caballos; mas él y sus soldados se gobernaron tan mal

en aquella jornada, que le despidió la gente, dexando en servicio al

dicho Vanlanghen, de que se resintió mucho, por ser el primero desgusto

que recibió. Tenía en Bliembeck una compañía de arcabuceros á caballo,

con la cual se hacia contribuir de todos los alrededores, y venía

conmigo algunas veces con ella á los socorros cuando el enemigo tenía

sitiado á Bronckorst. Los de Nimega, ántes de su reduccion al servicio

del Rey, todos los soldados que le tomaban, luégo se los ahorcaban,

y por esta causa era enemigo mortal de la villa; y por hacerla mayor

despecho hizo un fuerte en el rio Wael, que pasa por ella, con que la

impedía la navegacion. Cuando este fuerte se hizo, ya la villa trataba

de reducirse, como lo hizo, mandaron romper el fuerte, y pareciéndole

á él que habia sido causa de la reduccion de la villa á su Majestad,

pretendia el gobierno, no sólo de ella, mas de toda la provincia de

Gheldres. Dióle su Alteza á Mons de Altapena, y á él ni aquello ni

ménos el regimiento del Baron de Anholt, que tambien pedia; y el

caballero Cicoña le quitó las contribuciones que él habia puesto en los

países, por lo cual le fué fuerza despedir la compañía que tenía, y él

se fué al sitio de Ambers, donde estaba su Alteza, á procurar que le

diesen algun cargo ó entretenimiento, contentándose con una compañía de

caballos y servir aquí en Frisa. Lo cual tampoco no hubo lugar, pero

diéronle cien escudos de entretenimiento. Mas no satisfecho de esto,

trató secretamente con el Conde de Murs de volverse al servicio del

enemigo, y así lo hizo, adonde prosiguió la enemistad que con la villa

de Nimega ántes tenía, y lo mesmo contra Mons de Altapena, por haber

alcanzado el gobierno que él pretendia. Y la primera cosa que despues

siendo enemigo hizo, fué sitiar este fuerte por hacerle despecho.

He dicho todo esto de él, porque á las personas tales, aunque sean

viciosas y de mala vida, siendo hombres de guerra y de efecto, no los

deben poner en desesperacion, porque con ella hacen mucho mal, como él

hizo: y así los condes de Berghes y yo volvimos en gran diligencia al

socorro de este fuerte, dexando todo el bagaje é impedimento atras;

y yo iba con tanta más voluntad, por haber tenido dos ó tres dias

ántes carta de su Alteza, con órden de que procurase en todas maneras

de sacar al Schenck en campaña y pelear con él; y como se ofrecia la

ocasion de efectuar lo que se me habia mandado, apresuré el camino y

fuí derecho á Iseloort, donde habia gente nuestra, y pasando el Rin,

llegué á Huessen, villa del Duque de Cleves en la Wethua; y caminando

hácia Nimega, vino á encontrarme Mons de Altapena, avisándome que el

Conde de Murs y Schenck se habian retirado sabiendo mi venida y dexado

el fuerte; rogándome con mucha instancia que me llegase á Nimega,

dexando la gente que yo traia al rededor de aquella villeta, junto á

la cual tenian los enemigos un fuerte á la orilla del rio, el cual

él y los de Nimega me rogaron que ántes que me volviese con la gente

le tomase, ofreciendo que me darian artillería y municiones. La que

me dieron era suficiente, pero la pólvora tan poca, que no me atreví

á batirle. Reconocíle, y vi que por la zapa vendriamos más presto á

ganarle que por batería, porque aunque estaba hecho con mucha faxina

y árboles, el foso era seco ó con muy poca agua y arenisco, y que

zapando lo que habia desde la agua hasta la faxina, vendria todo á

caer abaxo. Invié á Tassis por una parte, para que guiase su trinchea

derecha al fuerte, y yo con los Condes por otra, y cuando venimos

con nuestras trincheas á entrar en el foso y á zapar lo que he dicho

que habia de la agua á las faxinas, se rindieron los del fuerte, y á

la entrada del foso dieron una pedrada al conde Federico, que habia

venido de Buxmer á ver á sus hermanos, y entre ellos cayó sin habla,

de suerte que pensamos ser muerto, y mataron al capitan Claraute del

regimiento de Mons de Billí, hombre de valor y de virtud. Yo tenía por

cosa cierta que Schenck viniera á socorrer este fuerte, pues estaba en

Arnem, que no está más de allí de una hora de camino, y tenía consigo

toda la gente con que habia sitiado el fuerte de Nimega; no vino ni

supe por qué. Y tratando con Mons de Altapena del entretenimiento de

la gente de la guarnicion de Zutphen, que era la causa de mi venida de

Gruninghen, me dixo que era necesario entrar en la Veluva á executar

las contribuciones y á procurar sacar más. Respondíle que tenía mucho

que hacer en Gruninghen, que aunque la Veluva era de su gobierno,

le sirviera en aquello de muy buena voluntad, pero que era fuerza

partirme. Pidióme la gente y á Tassis para hacerlo, concedíselo, y

partíme para Oldenzel, y Tassis entró hácia Utrecht para el efecto. El

Conde de Murs, Schenck y Mons de Wilers, gobernador que era del país

de Utrecht, juntaron sus fuerzas y fueron contra él. Tassis llevaba

la mejor y más experimentada gente que el Rey tenía en estas partes,

así caballería como infantería, y lo mostraron bien, porque estando

alojado junto á la villa de Rhenen, en un villaje llamado Hameronghen,

adonde de improviso acudió el enemigo, hallándole con la caballería

separado de la infantería, y pareciéndole buena ocasion, dexó tambien

su infantería atras y acometió á nuestra caballería. Valióle á Tassis

mucho el consejo que yo le habia dado, que si viniese á pelear, tuviese

un cuerpo entero de caballería para acudir á las necesidades; que esto,

despues de Dios, fué causa de la victoria. Rota esta caballería con la

nuestra, y la infantería, que ya llegaba, cargaron en la infantería del

enemigo, de manera que pocos soldados de ella quedaron vivos. El Conde

de Murs y Schenck se escaparon, y el de Wilers quedó preso, con quien

en nuestra joventud habia yo tenido estrecha amistad, y así le compré

de los soldados que le habian tomado y le traxe conmigo, y despues su

Alteza me hizo gracia de permitir su rescate, que fué dándome doce mil

florines. Despues de esto sucedió que inviando el conde Guillermo de

Nassao dos compañías de caballos, una de arcabuceros y otra de lanzas

(de esta era capitan Mons de Bordas, caballero frances, y de la de

arcabuceros Bernalt Cessin) á tomar las vacas de la Drent, y tocándose

arma en Steenvick, donde estaba mi compañía de lanzas, con ella y

algunos garabies del regimiento de Mons de la Mota, saliendo Mendo á

ellos en un paso estrecho, los acometió y rompió, prendiendo al capitan

frances mal herido, de que murió despues, que el conde Guillermo lo

sintió mucho. Siendo este invierno grandes las heladas, los de Frisa no

querian pagar las contribuciones, como siempre han hecho, si no es á

fuego y á sangre; ofreciéndose esta ocasion, invié á Zutphen á llamar á

Tassis, ordenándole que traxese la más gente de aquella guarnicion que

pudiese, y á los dos hermanos condes de Berghes, á Mons de la Coquela

y á Mons de Rinavelt, y que juntos entrasen en Frisa á executar las

contribuciones, como lo hicieron. Los enemigos, temiéndose de esto, se

habian juntado con mucha cantidad de trineos, con los cuales llevaban

parte de su gente y vituallas. Tassis, sin saber esto, quiso entrar

en la Bildt, que es un pedazo de tierra de aquella provincia ganado

de la mar con diques, y la gente que habita en ella muy rica. Mas

como comenzaba á deshelar, le fué necesario dar la vuelta, y de manos

á boca topó con el enemigo que le venía siguiendo, el cual, como vió

volver los nuestros, se apoderó del Cassar Huysum, junto á Liewerdt.

Tassis se puso al rededor de este lugar con la caballería, y los demas

acometieron al enemigo dentro de él, y le deshicieron, matándole

mucha gente, y tambien hubo algunos heridos y muertos de nuestra

parte, habiéndose peleado bien de ambas. Y habiendo el Conde Hoswolt

muerto y quitado la bandera á un alférez del enemigo, el pobre señor

volteándola, con el contento de lo que habia hecho, se la revolvió

el viento á la cabeza, y uno de los nuestros, pensando ser enemigo

segun dicen, le dió con una pica ó alabarda por el colodrillo y le

mató. Fué muy sentida su muerte, porque daba esperanzas de venir á ser

grande hombre, por ser muy diestro á caballo, de gran valor, bondad

y discrecion. Murió tambien el capitan Enrique Wandelde, muy buen

soldado nuestro. Y porque deshelaba mucho, se dieron priesa á volverse

á Gruninghen, adonde yo estaba, trayéndome preso á Steynmalts, teniente

del conde Guillermo, que era el que gobernaba la gente enemiga, hombre

muy noble, vasallo del Rey de Dinamarca; y dos ó tres dias despues vino

allí un mensajero, no sabiendo lo sucedido, que iba en su busca á Frisa

con carta del Rey y otras de su padre, parientes y amigos, las cuales

abrí por la ocasion que diré; pero la del Rey, por su respeto, se la

invié cerrada, y leyéndola, me la volvió luégo abierta, la cual ni las

demas no contenian otra cosa sino que se volviese luégo á Dinamarca,

porque el Rey tenía necesidad de su persona. Corria entónces fama por

las villas marítimas de Alemania que este rey, incitado de algunos

príncipes y señores della pretendia la corona imperial, y quitarla al

que la tiene. Y pensando por esta via saber algo de ello, le invié este

prisionero sin ningun rescate, escribiéndole que por no estorbar su

servicio, ni el bien ni acrescentamiento de aquel caballero teniéndole

preso, en viendo su real carta, se le inviaba, porque otro ninguno

le diese libertad sino su Majestad, suplicándole que recibiese aquel

pequeño presente del menor ministro y vasallo que el Rey, mi señor,

tenía. El caballero se presentó al suyo, así preso como iba, y dándole

libertad, se acordó el Rey que teniendo yo en Holanda la armada de

mar á mi cargo, le hice otro semejante servicio de unos navíos de

su reino que me pidió, y así me quiso honrar escribiéndome con un

presente real que me invió, de parte del cual se sirvió su Alteza, y

con parte quedé yo. Mucho importa en tales ocasiones ganar semejantes

voluntades, porque vienen despues á ser de mucho momento en el servicio

del príncipe á quien se sirve, pues tienen necesidad unos de otros, y

así es bien tenerlos gratos, que por esta razon supe de este rey algo

de lo que deseaba, y avisé dello á quien convenia. Al principio del

verano vino su Alteza al sitio de Grave con todo lo necesario, que

al fin es el verdadero camino de hacer la guerra, y no á remiendos,

adonde me mandó que le viniese á ver para lo de Arnem, y así lo hice. Y

estando todo concertado, despues de sitiado Grave me llegó nueva de la

muerte de mi mujer, á quien habia dexado enferma en Gruninghen; dióme

su Alteza licencia para ir á su enterramiento y exequias. Batida la

tierra, la tomó su Alteza, y dexando la empresa de Arnem, que era tan

necesaria y provechosa, se fué á sitiar á Venlo, que estaba á cargo

de Schenck, y con asistencia de los burgeses la tomó. Y de allí se

fué á sitiar á Nus, tierra del Arzobispo de Colonia, que poco ántes

habia tomado por inteligencia el Conde de Murs; batióla, y tomándola

por asalto, la quemó, y volvióse por el Rin abaxo con su exército á

tomar á Rimbergh, del mismo arzobispo, que habia ocupado el de Murs,

adonde yo, siendo de vuelta de Gruninghen, llegué con alguna gente

de mi cargo. Díxome su Alteza que se espantaba de que en tal tiempo

pidiese mi nacion alojamiento, siendo el más propio que se podia desear

para hacer guerra. Hablé sobre ello á algunos capitanes, los cuales me

respondieron que no sabian nada, y que estaban prestos para todo lo

que su Alteza les mandase: no quiero decir lo que sobre esto podria,

por muchas causas.

* * * * *

Despues de la muerte del Príncipe de Orange, la Reina de Inglaterra

habia inviado á los Estados á Milort Roberto, conde de Lecestre, por

su Capitan General; y con los ingleses é irlandeses que trajo, y la

gente de los Estados, formó un exército, con el cual se vino hácia

Arnem. Hubo nueva en nuestro exército que algunos herreruelos que se

levantaban por la Reina, habian de pasar para juntarse con el Lecestre

por esta Señoría de Linghen. Entróse en consejo sobre ello, y su Alteza

me mandó que con la gente de mi cargo, luégo á la hora partiese y

procurase deshacer esta caballería por cualquiera via que pudiese. Fuí,

é invié luégo corredores hácia donde decian que estaban, y de algunos

que se tomaron se entendió que de sí mesmos se deshacian por falta de

dineros, y que ya cada uno se habia ido á su casa. Volvíme hácia Grol,

y allí supe cómo Lecestre venía á sitiar á Desburgh, adonde estaba una

compañía del Baron de Billí de guarnicion, puse otra de mi regimiento

y provision de pólvora con ella. Lecestre la sitió y batió por dos

partes, y como no habia terrapleno, sino casamuro, le fué fácil hacer

entrada, y queriendo dar asalto, se rindieron los de dentro. Su Alteza,

por más avisos que teniamos, no movia el exército de Rymbergh, ni se

acercaba al lugar. Los enemigos tenian en el Rin algunos navíos de

guerra, y su Alteza venía algunas veces hasta Wesel con artillería á

batirlos. En frente de Wesel está Burick, tierra del Duque de Cleves,

en la cual, contra la voluntad de los moradores, se metió dentro á

induccion del Elector de Colonia, por tener en brida á Wesel, que es

otra Ginebra en lo que toca á la cristiandad y desobediente á su señor.

Propuso su Alteza hacer allí un puente y fuertes para guardalle. Esto,

y el largo sitio de la villa de Rymbergh, ha costado á su Majestad

muchos millares de escudos sin merecerlo la tierra, por ser la más

flaca que hay en todos los Países Baxos que tenga guarnicion; y si su

Alteza la acometiera, sin duda la ganára solamente con la zapa en muy

pocos dias, que aunque Schenck tenía mucha gente dentro, no se fiaba,

y habia hecho una puerta falsa hácia el rio, para salvarse por agua

de noche si fuera acometido. Estando su Alteza en Burick, me mandó

venir á juntar con él y que me adelantase á hablarle. Pasando junto

al castillo de Ulft, donde estaba enfermo el Conde, padre de estos

señores, no pudiendo yo hacer ausencia de la gente, me hizo merced

de venir adonde yo estaba, y me dixo que él via en sí no ser largos

sus dias, y que me encomendaba sus hijos, que les sirviese de padre;

y así por su valor y virtud, y la promesa que hice al padre, me han

obligado á serles muy aficionado servidor; murió dentro de pocos dias.

Despues yo fuí á Burick á ver lo que su Alteza me mandaba, adonde

vino nueva que el Conde de Lecestre iba caminando á sitiar á Zutphen;

entróse en consejo sobre ello, y todos los de él fueron de parecer

de socorrerla, sino fué uno, partióse su Alteza con la más escogida

gente que tenía en el exército para hacerlo, mandándome que hiciese

el oficio de Maestro de Campo general. Aloxé el exército á la segunda

jornada junto á Bredevord, de donde su Alteza sacó todo el grano que

habia en aquella villa para meter en Zutphen, y de allí le aloxé junto

á Borkeló, tierra del país de Munster, y á su Alteza en ella con una

compañía de alemanes de las de mi cargo, para su guardia. Antes que el

exército fuese del todo aloxado allí, le vino aviso cómo los enemigos,

que estaban aloxados de esta parte del rio, se habian pasado de la otra

con el Conde Lecestre; y con esta nueva, se hizo consejo con algunos de

nosotros, así á caballo como estábamos, y su Alteza nos propuso que su

voluntad era de irse á Zutphen, y pidiéndome parecer, dixe que yo no

tenía nueva ni de Tassis ni de mi teniente, que habia inviado dentro

con mi compañía, pero que si era como le avisaban, sería una cosa muy

honrosa mostrarse donde los enemigos habian estado, para dar á entender

que los venía á buscar. Resolvióse de ir, escogiendo la mayor parte de

la caballería, y pasando por junto á Locchum, me mandó que le mostrase

el aloxamiento que habia tenido y donde fue la batalla, y yo se lo

dixe, como en esta relacion queda dicho. Supliquéle que mandase inviar

adelante al capitan Mario con su compañía á descubrir cierto camino

estrecho y lleno de arboledas que se habia de pasar ántes de llegar

á Zutphen; que por haber estado este caballero allí con su compañía

de guarnicion y ser gran cazador, sabía todos los pasos. Fué y halló

que el conde Guillermo de Nassao se estaba todavía, con la gente de

su cargo, alojado de esta parte del rio, en una montañuela, y bien

fortificado, como despues se vió, en frente de la cual tenía una puente

de barcas para comunicarse con el exército que estaba de la otra parte.

Entró su Alteza sin estorbo en la tierra, fué á la iglesia, y habiendo

hecho oracion, subió á la torre para desde allí ver el campo enemigo,

que se iba acercando á nuestro fuerte, adonde yo habia hecho pasar á

Tassis para rehacer las alas de él. El enemigo habia inviado un capitan

escoces para fortificarse en una de ellas, el cual dió de manos á boca

con nuestra gente, que trabajaba, rompieron al escoces, y preso le

traxeron á su Alteza, de quien, siendo hombre práctico, se supo toda

la intencion del enemigo. Y en siendo dia, su Alteza entró en consejo,

donde propuso que él se queria quedar allí, que todos nos volviésemos

al exército y le proveyésemos de lo necesario. Yo le respondí que

no convenia que un Príncipe, y General se encerrase, y que fuera de

esto, para las provisiones que él pedia y cosas semejantes haria su

Alteza más en una hora que ninguno de los que allí estaban en un mes;

y que sería hacer agravio á tantos hombres principales como tenía

cerca de su persona, tan suficientes para ello, y más estando allí el

gobernador de la provincia, á quien de derecho tocaba. Replicóme que,

pues yo era de aquella opinion, me quedase allí, y así lo hice, y él

se fué á Borkeló. Y aunque yo habia avisado que reconociesen muy bien

el camino por donde pasaban, y que por evitar el peligro tomasen otro

del que habiamos traido, no hicieron ni lo uno ni lo otro, y así pasó

con grandísimo peligro, porque el Conde Lecestre, sabiendo que habia

entrado dentro y que no podia estar allí mucho tiempo, le tenía hecha

una grande emboscada con caballería é infantería, segun que despues fuí

avisado. Los enemigos tuvieron aviso de que llevaba mucha infantería,

y así le dexaron pasar sin acometerle. Llegado á su alojamiento, me

invió la gente de mi cargo con algunas victuallas, porque toda la que

él habia traido, y áun los de su Córte, habian comido á discrecion,

ó sin ella, dentro de la tierra á costa de los burgeses, y él (no sé

con qué consejo ó parecer) se partió con todo el exército á buscar á

los herreruelos, que poco ántes yo le habia dicho y asegurado haberse

de ellos mesmos deshecho é ídose á sus casas. Y dexando en Oldenzel á

Mons de Altapena con las banderas, y parte del exército, con los demas

se vino á esta villa de Linghen, y de aquí á Haesluyn á buscar aquella

gente con gran diligencia trabajando mucho los soldados, y llegó al

lugar donde supo de cierto ser así lo que yo le habia dicho.

* * * * *

Como vino á noticia de Lecestre la partida de su Alteza, hizo pasar

de esta parte del rio alguna gente de su exército para que se juntase

con los Frisones y se acercase á la tierra, y comenzase las trincheas,

como lo hicieron; y lo mismo hizo él contra el fuerte. Avisé luégo á

su Alteza dello, y que tenía necesidad de ser socorrido. Volvióse á

su alojamiento de Borkeló, y de allí invió al Marqués del Guasto con

alguna infantería española, alemana y valona, y con cantidad de carros

cargados de vituallas para meter dentro de Zutphen, sin avisarme ni

su Alteza ni el Marqués de su venida. Los enemigos, sabiéndolo, le

salieron al camino de la montaña que los Frisones habian fortificado,

adonde todavía tenian el puente. El Marqués (no sé con qué consejo)

habia dexado la metad de la caballería en la campaña de Locchum, y

con la infantería acompañado los carros hasta allí, donde halló los

enemigos, y á su llegada se vió en peligro de perderse. Yo, como oí

tirar, vine á la puerta de la villa, y viendo que se peleaba, y que en

tales ocasiones se va algunas veces desproveido, hice sacar un carro

con pólvora y balas, sin que nadie me lo pidiese, y llegó á tan buen

tiempo, que ya con el contínuo tirar, los soldados no tenian ninguna

en los flascos. Entendí despues que sabiendo su Alteza lo que pasaba,

sacó lo restante del exército en campaña confusamente, y el sargento

mayor hizo escuadron de ella, y su Alteza echaba la culpa á Propercio,

ingeniero, de no haberse él hallado, en lo que daba á entender que,

no sólo en su oficio, pero en cosas graves y de mayor importancia,

le daba mano y crédito. Sabido lo que habia pasado se volvió á su

alojamiento. Pero hasta entónces, segun dicen, estuvo muy congoxado, y

como yo supe tambien lo que era, hice tocar arma y adelantéme á caballo

á hablar al Marqués, y tras mí salió Tassis; hallé á los enemigos y á

los nuestros en escuadron tan cerca, que no habia sino un camino en

medio. En este tiempo vino la caballería que habia dexado el Marqués

en campaña, y tambien iba llegando la gente que salió de Zutphen.

El Marqués me preguntó qué se haria, yo le dixe que estábamos tan

cerca del enemigo, que mal podriamos apartarnos sin pelear, y que era

de parecer que se hiciese, dando yo con la gente de Zutphen por un

costado, y él acometiendo por la frente. Preguntó lo mismo á Tassis, y

conformóse su respuesta con la mia. Él nos respondió que no traia órden

de pelear, sino meter el socorro. En este mesmo punto acometió el Conde

Lecestre á nuestras alas del fuerte de la otra parte del rio, donde

estaban el Conde Herman y Mons de la Coquela, que la defendian, donde

hubo una muy grande escaramuza, y buenas cosas en ella; adonde estaba

el Marqués se oia la escaramuza, y no se pensaba sino que era dentro

de la tierra, y nosotros que la suya era tambien dentro de ella, cosa

que me daba mucha pena, temiendo que por haber yo sacado la gente, no

se hubiesen rebelado contra la poca que habia quedado, ó que el enemigo

no la hubiese acometido por la parte de sus trincheas que tenian hechas

hácia la puerta del Pescado. Volví un poco atras, viendo que el Marqués

no queria pelear, y sabido que no habia peligro en la tierra, me volví

luégo á juntar con él, y hallé que Anníbal Gonzaga y George Crescia

habian cerrado con los enemigos, con sus compañías desordenadamente,

por pasos dificultosos, donde se perdió el Crescia, y á Anníbal Gonzaga

le dieron una gran cuchillada en el cuello por ir sin celada, que no

fué poco escapar de ella; cayó, y despues le retiró nuestra caballería.

La demas caballería nuestra se venía retirando con poca órden, á

favorecerse de los escuadrones de infantería, yo procuré detenella

con ayuda de Nicolo Basta y Evangelista de las Cuevas, que hacia el

oficio de Comisario general, y no pudiendo hacer lo que deseaba, saqué

mi compañía aparte, que tambien se retiraba con los demas; y la

caballería del enemigo no pasó más adelante, y toda la demas caballería

hizo alto, y yo me fuí á la infantería. El enemigo, viendo que los

que habian salido de Zutphen les hacian daño por un lado, teniendo

un camino hondo casi por foso, se comenzó á retirar. Del escuadron

de los españoles se desmandaron algunas picas, y por aquel camino

hicieron daño al enemigo y señaláronse algunos de ellos valerosamente.

El Marqués, viendo al enemigo retirado, se retiró tambien, dexando

en la villa la provision que los carros habian traido. Su Alteza

procuró de hacer otra escolta ántes de partirse del alojamiento donde

estaba, y sabiendo que se peleaba, dándole mucha pena, quiso venir

al socorro, y entendiendo lo sucedido, se aquietó, y vino en persona

con todo el exército formado, y dexando los escuadrones, entró en la

tierra. Y aquel mesmo dia habia el enemigo batido un fuertezuelo que

los nuestros habian hecho á una de nuestras alas, y le dieron asalto,

donde perdieron mucha gente sin tomarle. Habiendo su Alteza puesto

la provision dentro, se salió, y haciendo una manera de consejo, me

ordenó que me quedase todavía en aquella tierra; y considerando que no

teniendo un real para la gente de guerra y las cosas que son menester

en tales ocasiones, le respondí que ella estaba en gobierno de otro, y

el Gobernador de la provincia allí presente, á quien su Alteza, siendo

servido, la podia encomendar; que cuanto á mí, me parecia haber hecho

harto en haberla ganado y sustentado con tanto derramamiento de sangre,

y que habiéndola puesto en manos de mi Generalísimo y del Gobernador de

la provincia, con razon me podia tener por excusado, y más habiendo el

campo del enemigo mudado ya de alojamiento y dado muestra de quererse

retirar; pero si su Alteza gustaba de que yo quedase, me descargase

del gobierno que tenía, que lo haria de muy buena voluntad. Y no

agradándole mi respuesta, por más que la peticion era tan fundada en

razon, me respondió que si no gustaba de ello, que otro lo haria, y

así salí de la tierra y me fuí con él á Borkeló, adonde le supliqué

que miéntras estaba allí el exército sin hacer nada, fuese servido

de acometer la villeta de Locchum, asegurándole de que la ganaria.

Dióme buenas esperanzas de hacerlo, pero segun entendí despues, hubo

algunos que le mudaron de voluntad, diciendo que yo le queria empeñar

y otras cosas semejantes, y así se resolvió de no hacerlo. Dexó con

Tassis á Propercio, el cual comenzó á hacer ciertas fortificaciones,

gastando en ellas seis ó siete mil escudos sin ningun provecho, porque

la primera creciente del rio se llevó todo cuanto habia hecho; y si

yo quedára allí, no habia memoria de dar un real, ni dexára para uno

ni otro. Resolviéndose su Alteza de partirse y volverse á Brabante,

me mandó que fuese á Gruninghen á dar órden á lo necesario, y que

despues volviese, porque queria que quedase con el exército al rededor

de Wesel. Fuí luégo, y por haber pasado malas noches en Zutphen, me

dió una enfermedad tan grande que estuve desahuciado por tres médicos,

sin ninguna esperanza de vida. Avisé á su Alteza del estado en que me

hallaba, inviándole atestacion de los médicos y burgomaistres de la

villa de Gruninghen, suplicándole que pusiese en el exército alguna

persona entre tanto, que si Dios me daba vida, como pudiese caminar,

iria luégo. Y como nunca han faltado algunos en esa Córte, más para

hacerme mal que bien, ménos entónces, pues hubo quien dixo á su

Alteza que él tenía la culpa por haberme hecho tantas mercedes, y que

aunque estuviera á la muerte, no habia de dexar de ir, mandándomelo

él. Diciendo tambien estos mis amigos que yo habia prometido á su

Alteza provisiones y victuallas, lo cual nunca hice, ántes estando en

Bredevord, cuando íbamos á Zutphen, le dixe que no hacia bien en ir tan

desproveido de ellas como iba, y con el celo que yo debo al servicio

de mi Rey y al suyo, se lo dixe algo ásperamente, como podrá decir el

conde Cárlos, que lo oyó; y en el alojamiento que yo hice al rededor

de Borkeló habia tanta provision de trigo, que no sólo bastó para

toda la caballería que habia en el exército, mas para batir y vender

hasta los de su Córte, como lo hicieron. Su Alteza dexó el exército al

rededor de Wesel á cargo de Mons de Altapena, hizo acabar el puente

sobre el Rin y hacer dos fuertes, uno de una parte y otro de otra, para

guardarle. Y viendo el Conde Lecestre que su Alteza era partido de

Zutphen, prosiguió el sitio del fuerte. Y Tassis y Propercio sacaron la

gente y lo que habia en él y le dexaron. Pusieron allí los enemigos

luégo muy buena guarnicion y provision, y queriéndose el Conde tambien

retirar con su exército, ántes de partir procuró con engaño meter en

la villa de Deventer guarnicion, y así puso á Mons de Stenley, coronel

de irlandeses, con su regimiento, y con él otras compañías inglesas.

El Stenley, hallándose ofendido del Conde Lecestre y de otros de su

nacion, y lo que yo más creo, por tener buen celo al servicio de Dios,

siendo muy católico, dió á entender á Tassis, que estaba en Zutphen,

que queria reducirse al servicio de su Majestad, y dalle aquella

su tierra sin recompensa alguna. Y estando asegurado Tassis de su

voluntad, me vino á avisar á Gruninghen, díxele que no se podia tratar

de ello sin licencia de nuestro superior, y que haria bien en irse á

Brusélas á dar cuenta de todo á su Alteza. Hallóme con la enfermedad en

el estado que he dicho, y él se informó de los médicos que me curaban.

Partióse para Brusélas, y no sólo traxo órden de tratar con el Stenley,

pero de hacer su residencia en Gruninghen, teniéndome ya por muerto.

Acabó Tassis su concierto, y el Stenley le metió una noche dentro con

la gente que consigo llevaba, y ántes estuvo hecho escuadron en la

plaza que los de la villa lo entendiesen: á las compañías de ingleses,

que estaban allí, dexaron salir libremente, y á los burgeses no se

les hizo mal ninguno. Estaba con el Stenley el capitan Roland Yorch,

inglés, el cual se partió de Deventer, al punto que Tassis entró, para

el fuerte de Zutphen, y avisando de lo sucedido en Deventer, puso

tanto miedo á la guarnicion, que les hizo salir de allí, de manera que

el Stenley no sólo dió la villa de Deventer á su Majestad, pero fué

causa que aquel fuerte tambien se ganase. Este caballero ha servido

despues acá con su regimiento, tan fielmente como todos saben; y al

Roland dió su Alteza una compañía de caballos, con la cual sirvió á

su Majestad hasta la muerte, la cual, segun dicen, procedió de tósigo

que un cocinero suyo le dió. Como entendió su Alteza lo sucedido en

Deventer, ordenó que un oficial del pagador fuese con dinero para

pagar la gente que allí estuviese, y en Zutphen el comisario Francisco

Vazquez hiciese las libranzas y que Tassis las firmase. Yo me estaba en

Gruninghen, adonde padecia lo que Dios sabe por darles satisfaccion;

y temiendo que el de Villers, que yo tenía preso en mi casa, no

tuviese comunicacion con algunos de los malos de la villa, de que fué

siempre bien proveida, le invié al castillo de Linghen, ordenando al

Drosarte que no le dexase tratar con ningun extranjero si no fuese en

su presencia, y que le tuviese estrechamente guardado; pero él era

tan astuto y mañoso, que ganó la voluntad del Drosarte, el cual le

trató con tanta libertad y familiaridad, que tuve mala sospecha de él.

Levantaban los Estados en aquel tiempo cierta cantidad de herreruelos,

los cuales, viniendo de Alemania, habian de pasar por Cloppenburg, y

cerca de este país de Linghen. El Conde de Murs, ó que tuviese alguna

inteligencia con el de Villers, ó que en efecto fuese llamado de

esta caballería, juntaba cerca de Suvol toda la suya y la infantería

que podia. Yo tenía proveidas y avisadas todas las guarniciones que

estuviesen á punto para cuando él se moviese, teniendo muchas espías

y hombres á caballo á trechos para avisarme con tiempo, y no me ponia

en campaña por no tener dineros que dar á la gente y por conservar

los trigos que áun no estaban maduros, pareciéndome que, segun la

órden que yo habia dado á las espías, sería avisado con tiempo; y

entendiendo que el Conde marchaba, marché tambien hácia Covorden con

la gente que pude sacar del país de Gruninghen y de la guarnicion de

Steenvick, y pensando tener lugar de juntarme con la gente que estaba

en la Tuvent, hallamos al enemigo alojado en el villaje de Ulsent,

camino forzoso que yo habia de hacer para ir allá, y adelantéme con la

gente que traia conmigo á un villaje llamado Emmelinken, á una buena

legua de donde él estaba, y entendiendo que partia de allí caminando

hácia Linghen, y tomando el camino del alojamiento que con la suya

habia tenido aquella noche, invié á Mendo con parte de mi compañía á

tocarle arma á la retroguardia para entretenerle porque no hiciese

diligencia; y la infantería que yo tenía, la invie por los pantanos

para más seguridad suya, dando órden de acudir todos á Oetmarsum,

adonde yo iba; y allí hallé á Mario Martinengo con toda la caballería

que estaba alojada en la Tuvent, y la compañía de D. Rodrigo de Castro,

que estaba de guarnicion en Linghen, que yo habia inviado á llamar

para cierto efecto del servicio del Rey, que me hizo temer más el

suceder allí alguna desgracia; y así luégo como llegué á Oetmarsum,

ordené al capitan Mario que con su compañía y la de D. Rodrigo se

partiesen luégo á la hora por otro camino del que el enemigo llevaba,

caminasen en diligencia, y se metiesen en Linghen. El Conde de Murs,

por las armas que Mendo le habia tocado, no pudo caminar más que hasta

la abadía de Oetmarsum; y caminando de noche derecho á Linghen, supo

como el capitan Mario habia entrado ya en ella, y así, por disimular la

inteligencia que tenía dentro, si la habia, tomó á la mano izquierda

hácia Meppen, dexando el rio Ems á la derecha. Yo, habiendo reposado

un poco la gente, y recogiendo la demas infantería, que estaba alojada

en la Tuvent, le iba siguiendo lo más cerca que podia; y como llegué á

Linghen, supe como el Conde se habia apoderado de la villa de Meppen,

so color de pedir victuallas y entrar á comprarlas. Por lo cual

despaché luégo parte de la gente que tenía, á entrarse tambien en la

villeta de Haesluyn, ambas del país Munster, para impedirle el paso

de Alemania y de las victuallas. Dexáronla entrar con asistencia de

un caballero del país, que se halló allí acaso; puse tambien la demas

gente en puestos donde se le podia hacer daño al enemigo y apretar más

la villa. Despaché luégo con toda diligencia á su Alteza, suplicándole

que me declarase si podia poner artillería en campaña para batir al

Conde de Murs en aquella tierra, por ser del imperio, y esto por tres

y cuatro mensajeros, sin tener respuesta ni resolucion ninguna de lo

que habia de hacer. Mas no por eso dexaba de hacer de léjos al enemigo

la guerra que podia, que en diversas veces Mendo le mató mucha gente.

Y entendiendo por mis espías que trataban de salirse y escaparse de

noche, avisé de ello al Conde de Barlaymont, que gobernaba por entónces

el país de Gheldres, y la gente que estaba cerca del Rin, por muerte de

Mons de Altapena, su hermano, y acudió con parte de ella. Y el Conde de

Benthen, cuñado del de Murs, y de una mesma religion, le avisó de la

venida del de Barlaymont; y así determinó el de Murs de salvarse con

la caballería de noche, no osando aventurar la infantería. Yo habia

dado órden al capitan Mario, que gobernaba en Haesluyn, que tuviese

siempre gente á las puertas de Meppen, y que, como sintiese que el

enemigo se retirase, hiciese pegar fuego á una casa, para que, con la

gente que yo tenía conmigo, con aquella seña le saliese al camino, lo

cual podia hacer en media hora, y estar en el puesto una ántes que él

llegase, y que él caminase luégo á la hora á juntarse conmigo, que

era fácil, porque tenía ménos camino que andar que el enemigo; pero

los que él habia puesto en centinela se descuidaron de manera, que

el enemigo salió de Meppen sin ser sentido dellos, llevando preso

consigo al Drosarte. Fuí avisado tarde de su salida por un villano, y

con todo eso le seguí con la gente que tenía conmigo, y por hallarme

con poca, por no haber llegado la de Mario, no hacia más que procurar

entretenerle como, podia hasta que llegase, matando algunos de los que

se quedaban atras. El Conde de Barlaymont venía caminando apriesa,

pero no pudo llegar á tiempo; yo le seguí hasta el villaje de Ulsen,

y poco despues llegó el de Barlaymont, pero el enemigo estaba ya tan

adelante, que se hubiera hecho poco servicio en seguirle más. Fué una

ocasion muy buena, perdida por un descuido. Yo me volví á Linghen á

procurar de apretar á Meppen, porque estando en manos del enemigo, era

de grande estorbo para el camino de Gruninghen. La infantería que quedó

dentro, viéndose desamparada de la caballería, se resolvió de tratar

conmigo, y así sobre mi palabra, vinieron dos de sus capitanes, el uno

escocés y el otro valon, y concertamos que si dentro de cierto término

no eran socorridos, que dexarian la villa y se volverian á Holanda.

En este tiempo llegó aquí Mateo Serrano, un entretenido, con cartas

de su Alteza, por las cuales me mandó tomar á mi cargo las villas de

Deventer y Zutphen y que metiese guarnicion en ellas, queriendo emplear

los irlandeses en el viaje de Inglaterra, y poner á Tassis con su

regimiento en Buryk y en los fuertes que su Alteza habia dexado allí

al rededor, y dábame el Serrano tanta priesa, que me fué fuerza inviar

al Conde Herman á Deventer á tratar con el Stenley su salida de allí.

Yo me quedé esperando que el enemigo socorriese á Meppen, ó que ellos

rindiesen la villa, segun el tiempo que habian prometido. Mas los

diputados del país de Munster, que estaban aquí, con dones y promesas

hicieron tanto, que al fin ellos no lo cumplieron, temiendo los de

Munster que viniendo en nuestras manos no se la volverian, teniéndola

su Majestad como ganada en guerra. Yo, habiendo esperado el término

puesto, me partí para Deventer, por la gran priesa que el Serrano

me daba, y llegué en un dia, con ser jornada que vale por dos, y en

partiéndome yo de allí, los enemigos se acordaron con los de Munster y

los dexaron la villa. Salió Stenley de Deventer, y Tassis de Zutphen,

en las cuales tierras puse guarnicion de la gente de mi cargo. Su

Alteza me mandó que señalase los gobernadores en ellas que yo quisiese,

que él los aprobaria é inviaria las patentes, y así nombré al Conde

Herman para ambas, que estando tan cerca una de otra, podia bien tener

cuenta con ellas; y en su ausencia gobernaba en Zutphen el teniente

coronel de Mons de Billí. Y demas de esto, su Alteza me mandó que

fuese á Burick á tener cargo de toda aquella ribera del Rin. No quise

replicar en ello, y por no darle desgusto fuí luégo. Habia Schenck poco

ántes tomado la villa de Bona, cuatro leguas de Colonia, rompiendo

una puerta que salia al rio, donde habia puesto buena guarnicion. El

Elector habia pedido asistencia á su Alteza para volver á cobrarla, y

el Nuncio del Papa, que estaba con él, solicitaba lo mesmo. Su Alteza

invió alguna gente para este efecto, y por cabeza della al Príncipe de

Simay, el cual estando yo en Burick, me invió á rogar con Tassis que me

llegase á Bruck, donde estaba, para tomar mi parecer en lo que se habia

de hacer en aquella guerra. Fuí, y Tassis conmigo, y llegados allí

tuvimos nueva que Schenck habia salido de Bona por esta parte del rio

con mucha gente y artillería, á batir dos navíos de guerra del Rey, que

yo habia inviado á Colonia y estaban pegados á la ciudad. Hízolo así,

y los capitanes de los navíos sacaron la gente en barcas dexándolos

batir como quisieron; y por no ser la artillería gruesa, no los hizo

mucho daño. Vino el Príncipe de Simay con caballería é infantería á

ponerse por la otra parte del rio, arrimado á la tierra, hácia donde

los navíos estaban, sin hacer más efecto, por estar el rio en medio y

no tener barcas para pasar, que tirarse mosquetazos unos á otros. Y

así, retirándose el Schenck á Bona con la artillería que habia traido

para batir los navíos, el Príncipe pasó el rio con barcas y se fué á

alojar á Ducque, burgo que está de la otra parte de la ciudad, el rio

en medio. La primavera comenzaba á venir y el invierno á aplacarse,

que hasta entónces no se podia estar en campaña por el cruel tiempo

que hacia, y Schenck, temiendo que el Príncipe no hiciese lo que yo le

advertia y rogaba, y era que se fortificase en frente de Bona, haciendo

un fuerte con sus alas, á imitacion de el de Zutphen, se fortificó. Y

como yo habia venido allí sin órden de su Alteza, me quise volver á mi

gobierno, ó á Burick, que no lo habia hecho ántes porque el Nuncio y el

Príncipe me aseguraban que me harian venir órden para mi quedada allí;

pero no viniendo tan presto como yo deseaba, me resolví de partirme en

uno de los navíos de armada. Pidiéronme el Nuncio y el Príncipe que

les dexase á Tassis allí, y así lo hice. Y acuerdóme haberles dicho

á ambos á mi partida que con el regimiento de Mons de Sant Valamont,

que habia llegado aquel dia, acometiesen luégo el fuerte que Schenck

hacia, que aún no estaba en defensa; decíalo por ser la mayor parte

de aquel regimiento de la nacion francesa, que al principio es de

mucho más servicio que despues, y tambien lo dixe por no dar lugar al

Schenck á que fortificase más el fuerte, y tardáronse de efectuarlo. Y

yendo allá se resolvieron, no sé por qué causa, de hacer fuertecillos

al rededor, sin acometerle de otra manera que, á mi parecer, se podia

hacer. Los fuertecillos que hicieron eran tales, que saliendo el

enemigo del suyo, ó los dexaban, ó les degollaban la gente que habia

dentro. Yendo Tassis á reconocer el rio arriba, donde hacia otro

fuerte, estando cinco ó seis de los enemigos escondidos en unas viñas

que allí habia, el uno de ellos le dió un arcabuzazo por la cabeza, de

que murió luégo, que fué gran pérdida, porque si Dios le diera vida,

hiciera muchos servicios á su Majestad, siendo hombre de mucho valor y

buena intencion. Llegando yo á Burick, entendiendo que Rhymbergh estaba

muy mal proveida, salí en campaña con la gente de Tassis y alguna de

la villa de Gheldres, y me puse en la abadía de Camp, de donde tenía

tan apretada la villa, que era fuerza al enemigo venir á socorrer ó

perderla. Mas dándome cierta enfermedad, me constriñó á venir á Burick,

adonde recibí órden duplicada de su Alteza para que fuese á Bona; y

una de ellas me traxo un caballero inglés, teniente de la compañía de

caballos del capitan Roland Yorck, que estaba de guarnicion en la villa

de Deventer, el cual habia ido á la Córte á solicitar la compañía, por

la muerte de su capitan, y volvia mal satisfecho, segun yo colegí por

sus palabras, y su Alteza me escribia en su carta que tuviese cuidado

con él, porque no le contentaba su manera de hablar ni proceder; y

así, entreteniéndole conmigo dos ó tres dias, despaché un mensajero al

Conde Herman, diciéndole que estuviese sobre aviso. Llegado á Deventer,

fué con un su hermano á hablar al Conde, á quien halló comiendo, y

ofreciéndole que se sentase á su mesa y le hiciese compañía, él comenzó

á hablar ásperamente, y echando mano á la espada acometió al Conde tan

denodado, que si no fuera por los que estaban con él á la mesa, sin

duda le matára; mas, levantándose con presteza, tomó sus armas y mató

á ambos hermanos, sin que jamas se haya sabido la causa que les movió

á hacerlo. Teniendo órden de su Alteza de ir al sitio de Bona, aunque

la enfermedad me tenía en la cama, por no poder ir á caballo ni en

coche, me puse en un navío de armada, y así llegué allá. El Príncipe

de Simay no habia hecho otra cosa en aquel sitio, sino comenzar á hacer

trincheas, aunque tenía artillería para batir la tierra y exército

suficiente para la empresa. Y como llegué, se entró en consejo para

lo que se habia que hacer, que esperándome no habian comenzado más de

lo que digo. Antes de mi venida los enemigos habian hecho salidas,

degollado alguna gente, quemado cuarteles, roto una compañía de hombres

de armas y tomado preso á Mons de Conroy, haciendo su deber como muy

valiente caballero; y estuvo preso hasta que la tierra se rindió. En el

consejo que se tuvo dixe: que tierra que no estuviese del todo cercada

y no tomada en veinte y cuatro horas, era difícil de ganar si los de su

parte la quieren socorrer y los de dentro defender; y que mi parecer

era que primero se acometiesen los fuertes que Schenck habia hecho de

la otra parte del rio, porque tomándolos, podrian pasar los navíos

de armada el rio arriba, y estorbando el socorro, tomar la tierra, y

no de otra manera, como se vió claramente en lo que despues sucedió,

que viendo Schenck ir el sitio de véras, dexando al Baron de Polvitz

por gobernador, se salió della; y levantada gente en el Palatinato,

embarcándola el rio abaxo, entró de noche en Bona. Así se resolvió

de acometer los fuertes; tomáronse uno ó dos que estaban el rio

arriba, sitióse el grande con gran peligro, batióse y ordenóse de dar

asalto; y porque de la otra parte del rio se descubria todo el fuerte,

mandó el Príncipe poner tres piezas para dar asistencia á los que le

diesen, tirando á quien se pusiese á la defensa, que todos estaban

descubiertos. Ordenóse que el tercio de Cárlos Spineli llevase la

avanguardia, pero que no arremetiesen hasta que se les diese órden. Los

alemanes lo hicieron sin ella, y el capitan D. Alexandro de li Monti,

que estaba señalado para dar el asalto, viendo los alemanes ir á él, se

movió tambien, y los unos y los otros confusamente, lo cual fué causa

que los de dentro se defendieron é hicieron retirar á nuestra gente.

Quexábase Cárlos Spineli de que don Alexandro se hubiese movido sin

órden, diciendo algunos que el moverse sin ella á cosa semejante no era

bien hecho. Pero si ellos se halláran en el puesto de D. Alexandro, que

es un cuerdo y valiente caballero, hicieran lo mesmo para no permitir

que se les quitase la avanguardia, como lo hizo. Prosiguiendo el sitio

de este fuerte, acercándose con trincheas, los alemanes de Aquemburg,

que llevaban la suya á la ala dél, estando cerca de ella, hablaron con

los de dentro, que eran de su nacion, y los traxeron á nuestra parte,

y ocuparon la ala que éstos guardaban, por donde los del fuerte no

podian entrar ni salir, á cuya causa padecian. El Príncipe se pasó

hácia el fuerte dexándome á mí con la gente al rededor de Bona, porque

se entendia que Schenck la queria socorrer por tierra. Los del fuerte

trataron con el Príncipe y se rindieron, y sin avisarme, los invió el

rio abaxo hácia Holanda. El conde Federico de Berghes, á quien yo habia

dexado en Burick, no los dexó pasar, por no llevar pasaporte ni carta

mia, de que se sintió el Príncipe, y pudiera excusar este fastidio

si fuera servido de mandarme que lo escribiese al Conde; pero nunca

falta quien incita á la disension ántes que á la concordia, como lo

procuraron hacer entre él y mí, mas no pudieron tanto, que yo dexase

de serle muy servidor, y él de tenerme por tal. Despues de tomado el

fuerte y pasado los navíos de armada el rio arriba, se apretó más la

tierra con la zapa, y llegados al foso, le hallamos muy hondo y hechas

en él casasmatas. La intencion que el Príncipe tenía era de henchir

el foso, y haciéndolo, fuera obra larga, pero segura. Los enemigos no

dexaban casi cada dia de hacer salidas, y algunas con daño nuestro,

principalmente donde estaban los loreneses de Mons de Sant Valamont,

que con éstos tenian los de dentro particular tema y enemistad. Vino

en este tiempo nueva al Príncipe que su Alteza inviaba al Conde de

Mansfelt, queriéndole emplear á él, por ventura, en otra parte. El

Conde, considerado, dilató su venida por respecto del Príncipe, y él se

dió priesa á concluir con la tierra ántes que llegase, y halló buena

ocasion para ello, porque los de dentro, cansados ya de estar allí,

dician que por un Schenck, que habia tomado esta empresa á cargo, no

querian llegar al extremo peligro del sitio; y por esto no quisieron

tener órden, así en las municiones de guerra como en las de boca,

por tener tanto mayor ocasion de rendirse, principalmente despues

que supieron la venida del Conde de Mansfelt; pareciéndoles que el

Príncipe, por no dexar devenir al cabo de su empresa, les haria mejor

partido que otro, comenzaron á tratar con él, y así, teniendo ambas

partes gana de acordarse, se hizo brevemente, saliendo la gente de

guerra con sus armas y bagaje. Pidieron rehenes para la seguridad de

su camino y personas, é inviaron á Rhymbergh, si bien me acuerdo, dos

caballeros napolitanos, Federico de Afflitto y Cola María Carachiolo,

capitanes del tercio de Carlo Spineli. Hubo alguna dificultad sobre la

seguridad de volver los navíos que habian de llevar el bagaje, y como

estaban á mi cargo, tenía cuidado de mirar por ellos. Mas habiendo por

ventura entre los enemigos un capitan llamado Gerit Heryunge, que fué

el que ostinadamente defendió á Locchum, por haberle yo conocido por

hombre cortés y de verdad, y haber tenido, siendo yo gobernador de

Harlem, de donde era natural, grande amistad con su padre y parientes,

prometiéndome que me los volveria, me fié de su palabra, y él la

cumplió honradamente. Su Alteza, entendiendo la rendicion de esta

tierra, mandó que el Príncipe se retirase, y que la gente de guerra

fuese á cargo del Conde de Mansfelt á sitiar á Watendonck, y así el

Conde, para este efecto, se fué á la villa de Venló á esperar allí la

gente. Los de aquella villa y el coronel Wuentin, gobernador de ella,

eran los que solicitaban aquel sitio, por la mala vecindad que los de

aquella villa les hacian. Y yo, tomando licencia del Príncipe, me volví

con los navíos de armada á Burick, adonde supe la venida del Conde de

Mansfelt á Venló, y porque era fuerza partirme para Gruninghen, le

fuí á besar las manos y á tomar su licencia. Y tratándome del sitio

de Watendonck y de las comodidades que tenía para él, le dixe, como

su servidor, considerando el tiempo, que era principio de invierno,

muy lluvioso, y el puesto de la tierra, de sí mismo pantanoso, la

necesidad y mala voluntad de la gente de guerra que venía de Bona, y la

comodidad y asistencia que le daban, que no le haria Dios poca merced

si salia con aquella empresa, y que cuanto á lo demas que le ordenaba

su Alteza que hiciese acabado aquello, me parecia imposible, por las

razones que por escripto le dí luégo, y que sin duda el que dió á

entender aquello á su Alteza debió de ser alguno que ignoraba el país

donde se habia de efectuar, ó mal intencionado. Sitió su Excelencia

la villa de Watendonck, y con hallar las dificultades que yo le habia

dicho, con su buena diligencia y valor, y la ayuda de Dios, salió con

la empresa sin proseguir más adelante. Yo me partí para Gruninghen,

dexando al conde Federico en mi lugar en Burick. Llegado que fuí hallé

los trabajos y fastidios que siempre, porque en mi ausencia á toda

aquella provincia la habia puesto en contribucion el enemigo y estaba

á su devocion, perdida la poca que ántes tenian á los de la parte del

Rey; ayudándolos á esto el burgomaestre Bal, por presentes que le

dieron los Anabaptistas, de que aquel país está lleno. Poco despues

su Alteza proveyó el gobierno de Gheldres en el Marqués de Varambon,

encargándole tambien lo del Rin; y por muerte del Tassis, encomendó su

regimiento á Juan Tissilinghe, capitan de él. En este tiempo proveyó su

Alteza al Baron de Chassé la Drosartía de Linghen, con patente, no sólo

de Drosarte, pero de gobernador del castillo, villa y país de Linghen,

que era quitarme enteramente lo que tenía por patente y habia dias que

servia. Supliqué á su Alteza que si su voluntad era que yo no gozase

del gobierno, conforme á las patentes que tenía y juramento que habia

hecho, que me descargase del todo de él, y le proveyese en quien fuese

servido; que el que no hallaba bueno para el todo, ménos mereceria

parte, y que no recibiria al Baron en Linghen, sino fuese descargándome

del juramento que habia hecho. Y así su Alteza le recompensó en otras

cosas. Y viendo cómo todo andaba, más quisiera yo que le proveyera

esto, con las condiciones que le pedia, para irme á servir á S. M. en

otra parte.

* * * * *

En esto tuve avisos de Holanda, de personas de quien me fiaba, que

se habia resuelto en los consistorios herejes, por mejor plantar

su herejía en el estado de Cleves, riberas del Rin y aquí, que les

convenia hacer enloquecer al duque Juan, Príncipe católico y bueno, y

á su mariscal Terhorst, dotado de muchas virtudes, que como tal, les

impedia en aquel estado sus maldades, y procurar ganar los fuertes

del Rin y echarme á mí de este gobierno. Avisé de ello á su Alteza,

al duque Juan y á su Mariscal, y tambien, por otra parte, al conde

Cárlos de Mansfelt, que andaba con el exército de su Majestad la

vuelta del Rin, para que por su parte tambien les avisase lo mesmo.

Y no pasaron tres meses que sucedió, como me advirtieron, en lo de

los fuertes del Rin. El remedio que se puso fué encomendarlos á un

comisario de muestras, y así se perdieron luégo, habiendo costado el

hacerlos y entretenerlos hasta entónces tantos millares de ducados á

su Majestad; y en todo lo sucedido, se conoce bien el deseo que han

tenido de echarme de este gobierno. No sé si la resolucion de estos

herejes fué verdad que entre ellos se tomase ó no; mas por lo sucedido

se le puede dar algun crédito. Estando en Gruninghen propuse de hacer

dos fuertes para poder facilitar la entrada en Frisa, porque los de

aquel país se rebelaban cada dia y no querian pagar las contribuciones,

el uno en las Salinas que el de Nienoort tenía junto á Niezijl, y

el otro junto al castillo de Nienoort. Hiciéronse á costa de los de

Frisa, aunque estaban en el país de Gruninghen por sobrellevar á los

de esta villa, y cargarlos á las gritanias frisonas vecinas, porque

los demas no se podian executar. Miéntras estos fuertes se hacian, el

conde Guillermo juntó su gente, y en lugar de venirme á buscar con

la comodidad de los navíos que tenía, se embarcó y fué hácia Reyden,

donde habia una iglesia fortificada, y un fuertezuelo orillas de la

mar, frontero de la villa de Emden, con intencion de sitiar estas dos

plazas, y para quitarme el medio de poderlas socorrer, acometió primero

una esclusa pequeña llamada Suasterfilk, que yo tenía reparada con

un parapeto solamente para asegurar las victuallas, que secretamente

venian de Emden y de Hogebonde, su país. Y entendiendo el camino que

habia tomado el Conde, saqué la gente que pude de la que tenía en

uno de estos fuertes que se hacian; y con la diligencia posible, fuí

derecho á la esclusa, y hallé que la estaban batiendo; y habiéndome

adelantado para reconocer cómo estaba el enemigo, hallé que tenía su

gente de una y otra parte de la esclusa, y que habiendo menguado la

mar, no se podian juntar los unos con los otros, y si la infantería que

yo llevaba pudiera caminar tanto como la caballería, estaba el Conde

y su artillería á peligro de perderse, y conociéndolo él, ofreció tan

buenos partidos al cabo de escuadra que estaba dentro, que se rindió á

mi vista. Y viendo que por aquella parte no podia hacer efecto, volví

á Gruninghen á juntar más gente para procurar por diques rotos con

barcas socorrer á Reyden, porque el Conde habia ya plantado artillería

y no eran para sufrirla, que nunca los de Gruninghen querian que los

fuertes fuesen tales que les estorbase á su intencion, y así, habiendo

ya pasado parte de la gente los malos pasos que he dicho, se rindieron.

No quedó por mi diligencia que fuesen socorridos, sino por la flaqueza

de los fuertes, que procedia de la mala provision que siempre he tenido

para hacerlos como convenia, y sacarlo del país no podia por estar

á la voluntad de los de Gruninghen, que no querian gastar lo que es

menester para hacer fuertes que pueden esperar artillería, y ha sido

forzoso el complacerlos siempre cuanto he podido, porque, segun es su

humor, ha de venir de la mano de Dios saberlos contentar; y así ningun

gobernador ha querido ni podido vivir con ellos, y si yo lo he hecho,

sabe Dios con cuánto trabajo y fastidio. En este tiempo sucedieron dos

cosas: la una que un caballero del país de Gruninghen, llamado Clante,

pidió á los Estados que le consintiesen levantar un regimiento de la

manera y condiciones que el de Nienoort habia levantado el suyo, y

habiéndoselo concedido y juntado la gente hácia Emden, buscaba donde

poderla mantener. Y temiendo no diese en la señoría de Wedde, fuí

hácia allá con alguna gente, y el Clante marchó con su regimiento por

el país donde el Duque de Alba, de buena memoria, rompió al conde

Ludovico de Nassao, y fué á dar hácia Aschendorp y Rheyden, territorio

de Munster, donde pensaba sacar contribucion. Y siendo avisado de esto,

tomé cuantos carros pude por todos aquellos lugares, en los cuales

puse toda la infantería á cargo del conde Federico, y la caballería

llevábamos el conde Herman y yo con sus dos hermanos pequeños, y así

caminamos con toda la diligencia posible por la Bretanga. Tuve aviso

que esta gente estaba en Rheyden, y así caminamos á ella, la cual,

siendo avisada de mi venida, por otro camino más corto, que el Drosarte

de Wedde ni ningun villano me habian advertido, que á haberlo hecho,

no se me escapaba ninguno, se retiraba apriesa, y yo la iba siguiendo

tambien con la caballería, de que avisé al conde Federico, el cual

quedaba atras con la infantería, que se diese priesa á caminar, y él,

por hacer más diligencia, hizo subir á los soldados en los caballos

de los carros, y así con ellos me fué siguiendo, y yo al enemigo,

y estando ya cerca de él, hallaron en un lugar del Conde de Emden

unos navíos, y embarcados en ellos, se fueron por el rio Ems abaxo,

y llegando nuestra infantería, comenzó á arcabucear los navíos, y

no pudiendo gobernarlos, se pegaron á la otra parte de la ribera, y

saltando en tierra se fueron huyendo hácia Loeort. Vino á anochecer en

aquel tiempo, que á tener dia, yo los siquiera siempre, que ya tenía

dos navíos en que pasar, y pensando que hubieran de hacer noche en

algun lugar, y que á la mañana tuviera tiempo de seguirlos, me alojé

en Weenermoer, lugar del conde Juan de Emden, por estar la gente que

traia conmigo muy cansada; mas el Conde dexó pasar al enemigo por el

puente de Loeort á media noche, donde corre otro rio que se junta allí

con el Ems. Y así se salvó el Clante con más miedo que daño, que fué

causa de que pocos dias despues se le deshizo la gente, y él me hizo

decir que si le queria recibir en servicio del Rey, que me declararia

algunas cosas de mucha importancia. Traté esto con el magistrado de

Gruninghen, y procuré que le permitiesen entrar en la villa á hablar

conmigo; diósele salvo conducto, y venido, no le quise oir sino en

presencia de los burgomaestres en mi casa. Y preguntándole yo qué era

lo que me queria avisar, me dixo haber visto cartas de algunos de aquel

magistrado para los enemigos ofreciendo la reduccion de la villa á su

parte y dexar la del Rey. Y haciéndole instancia que me los nombrase,

hacia grande dificultad; mas apretándole yo, nombró dos de los que

estaban presentes, y constantemente juró ser verdad, obligándose á

la prueba, de lo cual quedé maravillado por tener mejor opinion de

ellos. Hice salir del lugar al Clante porque no fuese causa de algun

desórden, y se le encargué al conde Herman para que le inviase con

escolta á una casa que tiene en el país de Clart. Y avisé á su Alteza

diciéndole que era necesario que me asistiese de más gente y medios,

porque de otra manera todo lo de acá se perdia. Y algunos ministros

que estaban cerca de su persona decian á esto que yo escribia muchas

veces que Frisa se perdia, y nunca se acababa de perder. Y pidiendo

algunos españoles é italianos para mezclarlos con alemanes, se burlaban

de que pidiese estas naciones para Frisa. Y así tomaban siempre los

avisos de esta provincia para acudir al remedio de ella. Con todo

esto, su Alteza mandó venir aquí al capitan Juan de Contreras Gamarra

con su compañía de arcabuceros á caballo, y al coronel Paton con su

regimiento. Y habiendo pasado el Rin el coronel Schencks, que estaba

en el fuerte que habia hecho contra Nimega, fué avisado de ello, y

los vino á buscar con toda la gente que tenía junta, para con ella

emprender la villa, y vino á dar sobre nuestra gente al tiempo que

se comenzaban á juntar para venir aquí. Halló poca resistencia en

la infantería, y defendiéndose el Contreras cuanto pudo, fué herido

y preso, y algunos de sus soldados con él, y escapáronse el Paton y

sus capitanes. Tenía el Schencks particular enemistad con el Paton,

por haber dado la villa de Gheldres en manos de Mons de Altapena, por

cierta cuestion que habian tenido los dos. Llegado al fuerte con los

prisioneros, se partió para hacer lo que habia pensado de Nimega.

Y habiendo ya entrado en la villa bien adelante, los de ella, con

asistencia de algunos soldados que estaban dentro, le echaron fuera;

y queriendo saltar en uno de los navíos en que habia traido la gente,

cayó en el rio armado á prueba, y se ahogó. Los de la villa le sacaron

luégo, y echo cuartos, le pusieron en la muralla, y su gente salvó los

navíos en que habia venido. Así acabó aquel hombre, que por un desden

habia dexado el servicio del Rey y hecho tanto mal, y hubiera sido

mucho más si viviera. En este tiempo estaba la infantería española

tan mal pagada, que se temia no se alterase; y así procuró su Alteza

dividirlos, inviando aquí el tercio de don Francisco de Bobadilla, el

cual gobernaba Manuel de Vega, dándoles un tercio de paga para venir,

que es cuanto se les dió en nueve ó diez meses que aquí estuvieron.

Y así fuí forzado á alojar parte de las compañías en tierras donde

pudiesen sustentarse, y parte en el país de Gruninghen, asistidos

y ayudados por los de la villa y país; y de esta manera estuvieron

todo un invierno, sin suceder otra cosa, salvo que estando una parte

de este tercio en un lugar llamado Emelcamp, una legua de Covorden,

se alteraron los soldados, y el capitan Prado que gobernaba aquella

gente, el capitan Juancho de Ugarte y otros capitanes, salieron al

ruido, y tomando algunos de los que se iban juntando, los hicieron dar

garrote, con que se apaciguaron. Su intencion era de juntarse todos é

ir adonde estaba mi compañía de lanzas y apearla, y con los caballos

hacer otra de ellos, y así volverse á Brabante á pedir su dinero. El

conde Guillermo, temiendo ser acometido al verano con estos españoles

y la gente de mi cargo, procuró socorro de más gente, y le vino con el

Conde de Chesteyn con caballería é infantería, y así se puso en campaña

y yo hice lo mesmo, y para darle ocasion de venir á buscarme y salir

del villaje de Colmer, adonde se habia fortificado, acometí un fuerte

suyo llamado Emeltil, batíle con dos piezas que saqué de Gruninghen,

y ganado, de allí fuí al fuerte de Lopeslague, que yo habia hecho el

año ántes, pensando acometer el de Niezijl del enemigo y procurar

sacarle en campaña, que estaba cerca de allí en el villaje de Colmer,

que acometerle en él era imposible, por estar en sitio fuerte y bien

reparado; y así me alojé con la gente junto al fuerte que yo habia

hecho, entre el dique y un brazo de mar que venía á él, sobre el cual

brazo entendí en hacer un dique para que las victuallas y lo demas

necesario pudiese venir de Gruninghen con más facilidad, y los de ella

ayudaron con madera y gente, porque con él ganaban una buena cantidad

de tierra; y haciendo un dique desde el fuerte hasta el otro dique de

Gruninghen, excusaban el entretener una legua de diques, de que les

procedia grandísimo provecho, y á nosotros gran comodidad; y con la

gente del Maestre de Campo Manuel de Vega (que en aquel puesto le habia

venido la patente) y con la mia, se trabajó de manera que cerramos el

brazo de mar, y se hizo el camino hasta el otro dique, siendo muchos de

opinion que no lo pudiéramos acabar. Estando alojados de esta manera

el enemigo y yo, siempre nos haciamos emboscadas los unos á los otros,

escaramuzando con los de su campo ó con los del fuerte, que el enemigo

habia bien proveido de gente y lo demas necesario para la defensa de

él, no pudiendo yo salir con mi intento por más que lo procuré. Sucedió

que estando en aquel puesto hubo gran tormenta en la mar, con aguas

vivas y viento nordeste; invié á llamar á Durán, ayudante del sargento

mayor, y le dixe que era necesario salir de aquel puesto luégo, porque

la mar creceria de manera que los echaria de allí con daño. Respondióme

que ya estaba la gente bien acomodada, y en efecto lo estaba, y que

hácia el enemigo no habia puesto seguro donde nos pudiésemos poner,

y que recular atras sería darle á entender que nos huiamos. Dexélo

así, queriendo más estar al peligro que recular, y con la tormenta

creció la mar de manera que sucedió lo que yo habia dicho, y con gran

trabajo y peligro se salvó la gente, pero no todo el bagaje, y algunos

que se tardaron perecieron, pasando el dique nuevamente hecho, que

por estar imperfecto, la agua le sobrepujaba. Alojé la gente en la

abadía de Grotawert, y de allí la saqué á lo seco y alojarla adonde

podia. A los españoles torné á inviar á sus presidios, porque en

este tiempo los enemigos habian dado á entender á los de la villa de

Gruninghen que su Alteza me habia ordenado que metiese dentro de ella

este tercio de españoles, y así no dexaban entrar dentro á ninguno,

sino con grande dificultad, y dexando las armas á la puerta. Con

semejantes artificios y mentiras se ha perdido aquella tierra, teniendo

sospecha de que yo me queria amparar della, lo cual los enemigos y

los malos de dentro procuraban estorbar por todas las vias posibles,

y como buenos y malos estaban tan resueltos de no tener guarnicion,

era tanto más dañosa la desconfianza que tenian de mí. Conociendo

esto, supliqué muchas veces á su Alteza, y algunas á su Majestad, que

se sirviese de mí en otra parte. Estando en este sitio vino órden al

conde Herman de levantar un regimiento de infantería alemana, dándole

por plaza de muestra esta señoría de Linghen, diciéndole que hallaria

allí el dinero para este efecto. Partió con su hermano Federico, y

no hallando el dinero como se le habia prometido, por lo que tocaba

á su reputacion, habiendo ya divulgado en Alemania la merced que su

Alteza le habia hecho, resolvió de dar una escalada á la villeta de

Cloppenburg con ayuda de algunos soldados de esta guarnicion; sucedióle

bien, y los de Munster le dieron cierta suma de dinero porque saliese

de allí y levantase su regimiento en otra parte. Recibiólo porque

ya le comenzaban á faltar victuallas, y los de los contornos no se

las podian proveer. Yo le dí esta villeta, en la cual sin daño della

ni costa del país hizo su regimiento, y teniéndole ya cumplido el

dinero, los comisarios no le venian á pasar muestra, y faltábale ya

el que para entretener la gente los de Munster le habian dado; y si

yo no acudiera con diligencia á hacérsela pasar con algun dinero del

Rey que tenía, sin ninguna duda de este regimiento sucediera lo que

de los dos hermanos Francisco y Mauricio, duques de Saxa, que despues

de haber arruinado este país y vecinos, se deshicieron por no haber

acudido á tiempo á pasarles muestra. El Conde levantó este regimiento

y le puso en servicio en muy pocos dias, con la diligencia y valor

que siempre ha servido á su Majestad, y ahora le tiene su hermano.

Tambien en este tiempo sucedió que Cristóbal Lechuga, sargento mayor

del tercio de Manuel de Vega, llevándose mal con su maestre de campo,

sin que él lo entendiese, un hermano y un pariente suyo, que servian

en el tercio, hicieron una mina á la barraca del Maestre de Campo

para volarle; pegaron fuego á la pólvora, la cual en lugar de hacer

efecto contra él, le hizo contra los que la habian hecho, quemando al

pariente, que no pudo retirarse, y el hermano se escondió y salvó;

hallando muchos que le escondieron, alabando su hecho, y más si

sucediera bien, por ser el Maestre de Campo malquisto en su tercio. Y

esto ha sido causa de haberle su Majestad proveido en otro, pidiéndolo

los soldados cuando se amotinaron, y su Alteza se lo concedió. Cosa de

mala consecuencia para el servicio del Rey. El Sargento mayor probó

su inocencia y salió libre de ello. Padeciendo este tercio por no

tener ya más medio para entretenerle, solicitaban en esa Córte con

el Conde de Mansfelt, que gobernaba estos Estados en ausencia de su

Alteza, que habia ido á Francia, el Maestre de Campo y los capitanes

de salir de aquí y volverse á Bravante; y para este efecto inviaron

uno de los capitanes del tercio. Concedióselo su Excelencia, y á mí

me mandó que fuese con este tercio á ganar un castillo fuerte que los

enemigos habian tomado en el país de Reklinchausen, territorio del

arzobispado de Colonia, y que de allí le viniese á hablar á Brusélas.

Caminé derecho donde se me mandaba, y los del castillo, sabiendo que

yo marchaba, se concertaron con los del Elector, y llegado yo delante,

sabiendo el concierto y no hallando allí ninguno del Elector que me

diese asistencia ni victuallas, pasé derecho á Bravante por el Rin

entre Duyseldorp y Keysersuverdt y me adelanté á Brusélas, adonde

hallé á Mons de Linden, gobernador de Charlamont, que se habia ido á

quexar á su Excelencia de no haber yo querido ir contra el castillo

que he dicho. Yo respondí haberlo hecho, dando cuenta de lo sucedido.

Advertí tambien á su Excelencia en consejo, del estado en que dexaba

mi gobierno, principalmente la villa de Gruninghen, en la cual habia

muchos que tenian inteligencia con el enemigo, y entre ellos algunos

del Magistrado, recibiendo cartas y avisos, como he dicho, de lo cual

quexándome yo al Magistrado, ofreciéndome de probarlo con algunos de

él y hombres de la villa, que eran buenos y fieles, y esto diversas

veces, y nunca lo han querido remediar. Antes el síndico me respondió

una vez, queriéndolos apretar sobre esto, que estando él en Bravante

habia visto y oido cosas peores, que no se remediaban, ni tampoco

ellos lo querian hacer. Avisé, como he dicho, á su Excelencia diversas

veces de la poca seguridad que habia en aquella tierra, de lo cual

fueron los burgomaestres avisados no sé por qué via. Estando en córte

procurando con el Conde de Mansfelt remedio para estas cosas, volvió

su Alteza de Francia, á quien, como á su Excelencia, dí cuenta de todo

lo que pasaba en mi gobierno y de la necesidad que tenía de remedio.

Habiéndole particularmente avisado de que por las villas de Deventer

y Zutphen podria su Alteza hacer grandes progresos entrando por el

país de Utrecht en Holanda, lo cual los enemigos sentirian en extremo;

y que el pueblo de aquellas provincias, acordándose de los daños que

habian recibido en tiempo pasado, se reducirian á su Majestad ántes

que pasar otra vez por ellos, y que ya que su Alteza no quisiese hacer

esta entrada y efecto, por lo ménos proveyese estos dos lugares de

manera que se pudiesen sustentar teniendo el socorro aparejado con

tiempo, que pues los holandeses habian tomado el manejo de la guerra,

no dudaba que estas dos plazas importantes, y no fuertes, serian las

primeras acometidas por lo que les importaban. Prometióme de dar

órden y toda asistencia, como adelante diré, avisándole asimesmo por

cosa cierta que el enemigo se preparaba con todas sus fuerzas para

acometerlas, suplicándole que diese presto remedio; donde no, que

el enemigo sin duda haria su efecto por la poca comodidad que habia

de hacer resistencia sin su ayuda. Algunos que estuvieron presentes

dixeron despues que yo me quexaba siempre de que la Frisa se perdia

por falta de asistencia, y que nunca se acababa de perder, como otras

veces habian dicho. Supliquéle que miéntras se preparaba el socorro

me diese licencia por ocho dias para llegarme á Luxemburg á algunos

negocios mios; diómela con promesa de que allí se me inviaria todo el

despacho que le pedia muy á mi contento, y al cabo el despacho fué

mandarme volver á mi gobierno sin dineros ni gente más de lo que habia

traido cuando salí dél. Volví á avisarle que le aseguraba de la pérdida

del país si no se proveia como le habia significado, y al Conde de

Mansfelt lo mesmo. Volvió á mandarme que me partiese á la hora para mi

gobierno, porque tenía el mesmo aviso que yo le habia dado. Y así, por

obedecer y no perder tiempo en réplicas, me partí habiendo protestado

de que mi venida sin dineros ni gente haria más daño que provecho,

habiéndose confiado la soldadesca y pueblo de que yo no volveria sin

lo necesario para la defensa del país y sustento de la gente. Al fin me

vine casi desesperado, solo con mis criados y alguna poca escolta que

tomé en Gheldres, hasta el Rin, y le pasé al fuerte de Rees, y metíme

en Anholt inviando para mi escolta por gente de mi gobierno, y venida,

me fuí á Zutphen. Estando yo allí invió su Alteza al que gobernaba

aquella tierra, y al conde Herman, que gobernaba á Deventer, dineros

para comprar victuallas por estar aquellas dos tierras desproveidas de

ellas. Preguntando en Zutphen al Gobernador la provision que tenía de

pólvora, me respondió que la tenía buena, porque habia hallado en la

casa donde aloxaba el coronel Tassis una buena cantidad, la cual habia

puesto con la demas que habia en la municion. Ordenéle que con toda

diligencia se proveyese de faxina y de cestones, y que trabajase de

la puerta del Pescado hasta la del Rio, que era por donde el enemigo

le podia hacer daño, y sin que él me la pidiese le puse dentro una

compañía de infantería más, y hecho esto, me partí para Deventer. En

estas dos tierras hubo mucho descontento entre los soldados de verme

volver sin dinero ni gente, y yo los consolaba con la promesa de su

Alteza. Y habiendo proveido en Deventer, me partí á dar una vuelta á

Gruninghen, que es donde más me temia por las causas que he dicho. El

enemigo, entre tanto, formó su exército bien sustancial, y no obstante

los avisos que yo habia dado á su Alteza desde Gheldres, como el

capitan Nicoló Basta, gobernador de ella, puede certificar, y desde

Zutphen y Deventer, como el conde Herman y Loqueman pueden decir, que

convenia que su Alteza juntase luégo su gente para socorrerme, y no lo

hizo hasta que la villa fué sitiada. Habiendo el enemigo tomado ántes

el fuerte de la otra parte del rio, que tanta sangre habia costado

el sustentarle, inviando soldados mancebos en hábito de mujeres, los

cuales, con las armas que llevaban escondidas debaxo de las faldas, le

ganaron. Plantó treinta y tres piezas de artillería, y con cada una

tiró tres tiros, con los cuales el Gobernador le rindió la tierra.

Quexándome yo de él poco despues á su Alteza, que era ya llegado con

alguna gente junto al Rin, á una abadía llamada Mariembon, é yendo

á visitar el fuerte de Rees, que gobernaba Mons de Rinavel, dixo su

Alteza que sabía que Loqueman estaba en Rees, y que habia estado

aquel dia en aquel fuerte, que le avisasen que se guardase de parecer

delante de él, y que procurase ganar amigos, lo cual habia hecho ántes

á mucha costa de los soldados de su regimiento, cobrando el remate de

su descuento. Despues de la muerte de su Alteza este gentil-hombre,

procurando descargarse ante el Conde de Mansfelt, fué dado por libre

sin saber yo el descargo que habia dado. Él, con la gente que salió de

aquella tierra, se fué á Deventer, y el conde Herman tomó de ella la

que la pareció que le podia ayudar y asistir, inviándome la demas. El

enemigo marchó á sitiar á Deventer, plantó su artillería, y batióle

terriblemente por la parte que no habia terrapleno; confiándose en el

rio de Isel y en un arroyo que hacia foso por toda aquella parte. El

Conde se puso á la defensa, donde con un ladrillo de los que volaban

de la batería fué herido en el rostro, de que perdió un ojo y á grande

peligro de perder el otro. Para dar el asalto hizo venir el enemigo

un puente sobre barcas el rio abaxo, y le puso á la punta del arroyo;

y aunque nuestra arcabucería mató muchos de los marineros que le

guiaban, todavía le pusieron por donde quisieron dar asalto; y pasando

á la batería alguna gente, pusieron en ella una bandera, que los

nuestros hicieron retirar della fácilmente por no ser asistidos de los

demas que estaban ordenados para dar el asalto, hallando dificultad

al entrar en el puente, porque de una parte y de otra los bordes eran

hechos de tablas, más altos que el puente, y con más seguridad y ménos

daño podia estar nuestra gente peleando mano á mano con el enemigo

en aquel puesto, que no estar en él sujeta á la furiosa batería que

despues de retirada su gente de ella hizo. Herido el Conde y otros

capitanes y soldados, comenzaron, contra la voluntad del Conde, á

tratar con el enemigo, á quien rindieron la villa no teniendo nueva de

ser socorridos.

* * * * *

Comentario del coronel Francisco Verdugo, de la guerra de Frisia, en xiv años que fue gobernador y capitan general de aquel estado y ejercito por el rey don Felipe II, nuestro señor · 第 21 / 44 题