y cerca de las plazas fuertes y por todos lados, se descubrían los
infatigables jefes de que en varias ocasiones hemos hecho mención, y
otros que por primera vez se manifestaban o sucedían a los que acababan
gloriosamente su carrera en defensa de la patria. Seríanos imposible
meter en nuestro cuadro la relación de tan innumerables y largas lides.
[Marginal: Pasa Macdonald a Francia. Le sucede Decaen.]
Mirando los franceses con mucho desvío tan mortífera e interminable
lucha, gustosamente la abandonaban y salían de la tierra. Macdonald,
duque de Tarento, regresó a Francia partiendo de Figueras el 28 de
octubre. Era el tercer mariscal que había ido a Cataluña, y volvía sin
dejarla apaciguada. Tuvo por sucesor al general Decaen.
Apenas podía moverse del lado de Gerona el ejército francés del
principado, teniendo que poner su principal atención en mantener libres
las comunicaciones con la frontera. No más le era permitido menearse
a la división de Frère, perteneciente al cuerpo de Suchet, la cual,
conforme hemos visto, ocupaba la Cataluña baja, dándole bastante en
que entender todo lo que por allí ocurría y en parte hemos relatado.
De suerte que la situación de aquella provincia, en cuanto a la
tranquilidad que apetecían los franceses, era la misma que al principio
de la guerra, y una misma la necesidad de mantener dentro de aquel
territorio fuerzas considerables que guarneciesen ciertos puntos y
escoltasen cuidadosamente los convoyes.
[Marginal: Convoy que va a Barcelona.]
Solo por este medio se continuaba abasteciendo a Barcelona, y Decaen
preparó en diciembre uno muy considerable en el Ampurdán con aquel
objeto. Tuvo aviso de ello Lacy y, queriendo estorbarlo, puso en
acecho a Rovira, colocó a Eroles y a Miláns en las alturas de San
Celoni, dirigió sobre Trentapasos a Sarsfield y apostó en la Garriga
con un batallón a D. José Casas. Las fuerzas que Decaen había reunido
eran numerosas ascendiendo a 14.000 infantes y 700 caballos con ocho
piezas, sin contar unos 4000 hombres que salieron de Barcelona a su
encuentro. Las de Lacy no llegaban a la mitad, y así se limitó dicho
general a hostilizar a los franceses durante su marcha emprendida
desde Gerona el 2 de diciembre. Padeció el enemigo en ella bastante,
y Sarsfield se mantuvo firme contra los que le atacaron y venían de
la capital. Los nuestros, ya que no pudieron impedir la entrada del
convoy, recelando se retirase Decaen por Vic, trataron de cerrarle
el paso de aquel lado. Para ello mandó Lacy a Eroles que ocupase la
posición de San Feliú de Codinas, y él se situó con Sarsfield en las
alturas de la Garriga. Se vieron luego confirmadas las sospechas de
los españoles, presentándose el 5 en la mañana los enemigos delante
del último punto con 5000 infantes, 400 caballos y cuatro piezas.
Rechazolos Lacy vigorosamente y siguieron el alcance hasta Granollers
Don José Casas y Don José Manso, por lo que tuvieron todas las fuerzas
de Decaen que tornar por San Celoni y dejar libre y tranquila la ciudad
y país de Vic.
[Marginal: Aragón.]
Útil era para defender a Valencia esta continuada diversión de la
Cataluña, pero fue más directa la que se intentó por Aragón. Aquí,
conforme a órdenes de Blake, se habían reunido el 24 de septiembre
en Ateca, partido de Calatayud, [Marginal: Durán y el Empecinado.]
Don José Durán y Don Juan Martín el Empecinado. Temores de esto y
las empresas en aquel reino y en Navarra de Don Francisco Espoz y
Mina [Marginal: Mina.] habían motivado la formación en Pamplona y sus
cercanías de un cuerpo de reserva bastante considerable, pues que las
fuerzas que en ambos parajes mandaban los generales Reille y Musnier
no bastaban para conservar quieto el país y hacer rostro a tan osados
caudillos.
[Marginal: Tropas que reúnen los franceses en Navarra y Aragón.]
Entre las tropas francesas que se juntaban en Navarra, contábase una
nueva división italiana que atravesando las provincias meridionales
de Francia y viniendo de la Lombardía, apareció en Pamplona el 31 de
agosto. La mandaba el general Severoli y se componía de 8955 hombres
y 722 caballos; permaneció el septiembre en aquella provincia, mas al
comenzar octubre pasó a reforzar las tropas francesas de Aragón.
Además de los de Severoli habían ido a Zaragoza tres batallones,
también italianos, procedentes de los depósitos de Gerona, Rosas y
Figueras, los cuales, para unirse a la división de Palombini, que
con Suchet se había dirigido sobre Valencia, rodearon y metiéronse
en Francia para entrar camino de Jaca en Aragón por lo peligrosa que
les pareció la ruta directa. Y, sea dicho de paso, de 21.288 infantes
y 1905 jinetes, unos y otros italianos, que fuera de los de Severoli
habían penetrado en España desde el principio de la guerra, ya no
quedaban en pie sino unos 9000 escasos.
Los tres batallones que iban de Cataluña no se unieron inmediatamente
al ejército invasor de Valencia: quedáronse en Aragón para auxiliar a
Musnier. Habían llegado a este reino antes de promediar septiembre,
y uno de ellos fue destinado a reforzar la guarnición enemiga de
Calatayud.
[Marginal: Atacan a Calatayud Durán y el Empecinado.]
Aquí tuvieron luego que lidiar con los ya mencionados Don José Durán y
Don Juan Martín, quienes desde Ateca habían resuelto acometer a los
franceses alojados en aquella ciudad. No tenía el Empecinado consigo
más que la mitad de su gente, habiendo quedado la otra bajo Don Vicente
Sardina en observación del castillo de Molina. Al contrario Durán, a
quien acompañaba lo más de su división junto con D. Julián Antonio
Tabuenca y Don Bartolomé Amor, que mandaba la caballería, jefes ambos
muy distinguidos. Uno y otro tuvieron principal parte en las hazañas
de Durán, que nunca cesó de fatigar al enemigo, habiendo tenido entre
otros un reencuentro glorioso en Ayllón el 23 de julio.
Ascendía el número de hombres que para su empresa reunieron Durán y
el Empecinado a 5000 infantes y 500 caballos. El 26 de septiembre
aparecieron ambos sobre Calatayud, desalojaron a los franceses de la
altura llamada de los Castillos, y les cogieron algunos prisioneros,
encerrándose la guarnición en el convento fortificado de la Merced,
cuyo comandante era Mr. Muller. Durán se encargó particularmente de
sitiar aquel punto, e incumbió a la gente del Empecinado observar las
avenidas del puerto del Frasno, en donde el 1.º de octubre repelió el
último una columna francesa que venía de Zaragoza en socorro de los
suyos, y tomó al coronel Gillot que la mandaba.
Cercado el convento, y sin artillería los nuestros, se acudió para
rendirle al recurso de la mina, y aunque el jefe enemigo resistió
cuanto pudo los ataques de los españoles, tuvo al fin el 4 de octubre
que darse a partido, [Marginal: Hacen prisionera la guarnición.]
quedando prisionera la guarnición que constaba de 566 soldados, y con
permiso los oficiales de volver a Francia bajo la palabra de honor de
no servir más en la actual guerra.
[Marginal: Viene sobre ella Musnier.]
Muy alborotado Musnier, gobernador de Zaragoza, con ver lo que amagaba
por Calatayud, y con que hubiese sido rechazada en el Frasno la primera
columna que había enviado de auxilio, reunió todas sus fuerzas de la
izquierda del Ebro, y llegó, a petición suya, de Navarra con el mismo
fin, destacado por Reille, el general Bourke, que avanzó lo largo de la
izquierda del Jalón. [Marginal: Se retiran.] Musnier asomó a Calatayud
el 6 de octubre, pero los españoles se habían ya retirado con sus
prisioneros, quedando solo allí, según lo estipulado, los oficiales, a
quienes sus superiores formaron causa por haber separado su suerte de
la de los soldados.
Viendo los franceses que se habían alejado los nuestros de Calatayud,
retrocedieron, tornando Bourke a Navarra y los de Musnier a la Almunia.
Ocuparon de seguida y nuevamente la ciudad los españoles.
[Marginal: División de Severoli en Aragón.]
Semejante perseverancia exigió de los franceses otro esfuerzo que
facilitó la llegada a Zaragoza de la división de Severoli en 9 de
octubre. Venía esta a instancias de Suchet, incansable en pedir
auxilios que directa o indirectamente cooperasen al buen éxito de la
campaña de Valencia. Musnier partió con la mencionada división vía
del Frasno, y uniéndose a la caballería de Klicki entró en Calatayud.
[Marginal: Se separan Durán y el Empecinado.] Durán y el Empecinado
habían vuelto a evacuar la ciudad, retirándose en dos diferentes
direcciones. Para perseguirlos tuvieron los enemigos que separarse,
yendo unos a Daroca y Used, y otros a Ateca, camino de Madrid.
[Marginal: Mina.]
No persistieron mucho en el alcance, llamados a la parte opuesta a
causa de una súbita irrupción en las Cinco Villas de Don Francisco
Espoz y Mina. Habían los franceses acosado de muerte a este caudillo
durante todo el estío, irritados con la sorpresa de Arlabán. Y él,
ceñido de un lado por los Pirineos, del otro por el Ebro, sin apoyo
ni punto alguno de seguridad, sin más tropas que las que por sí había
formado, y sin más doctrina que la adquirida en la escuela de la propia
experiencia, burló los intentos del enemigo y escarmentole muchas
veces, algunas en la raya y aun dentro de Francia.
Arreció en especial el perseguimiento desde el 20 de junio hasta el 12
de julio. 12.000 hombres fueron tras Mina entonces; más acertadamente
dividió este sus batallones en columnas movibles con direcciones y
marchas contrarias, incesantes y sigilosas, obligando así al enemigo a
a dilatar su línea a punto de no poderla cubrir convenientemente, o a
que, reunido, no tuviese objeto importante sobre que cargar de firme.
[Marginal: Ponen los franceses su cabeza a precio.]
Desesperanzados los franceses de destruir a Mina a mano armada,
pusieron a precio la cabeza de aquel caudillo. 6000 duros ofreció por
ella el gobernador de Pamplona, Reille, en bando de 24 de agosto, 4000
por la de su segundo Don Antonio Cruchaga, y 2000 por cada una de las
de otros jefes. Reuniéronse a medios tan indignos los de la seducción
y astucia. [Marginal: Tratan de seducirle.] A este propósito, y por el
mismo tiempo, personas de aquella ciudad, y entre otras Don Joaquín
Navarro, de la diputación del reino, con quien Mina había tenido
anterior relación, enviaron cerca de su persona a Don Francisco Aguirre
Echechurri para ofrecerle ascensos, honores y riquezas si abandonaba
la causa de su patria y abrazaba la de Napoleón. Mina, que necesitaba
algún respiro, tanto más cuanto de nuevo se veía muy acosado, entrando
a la sazón en Navarra la división de Severoli y otras fuerzas, pidió
tiempo para contestar sin acceder a la proposición, alegando que tenía
antes que ponerse de acuerdo con su segundo Cruchaga. Impacientes de
la tardanza los que habían abierto los tratos, despacharon en seguida
con el mismo objeto, primero a un francés llamado Pellou, hombre
sagaz, y después a otro español conocido bajo el nombre de Sebastián
Iriso. Deseoso Mina de ganar todavía más tiempo, indicó para el 14 de
septiembre una junta en Leoz, cuatro leguas de Pamplona, adonde ofreció
asistir él mismo con tal que también acudiesen los tres individuos que
sucesivamente se le habían presentado, y además el Don Joaquín Navarro
y un Don Pedro Mendiri, jefe de escuadrón de gendarmería. Accedieron
los comisionados a lo que se les proponía y, en efecto, el día señalado
llegaron a Leoz todos excepto Mendiri. La ausencia de este disgustó
mucho a Mina, quien a pesar de las disculpas que los otros dieron
concibió sospechas. Vinieron a confirmárselas cartas confidenciales
que recibió de Pamplona, en las cuales le advertían se le armaba una
celada, y que Mendiri recorría los alrededores acechando el momento
en que deslumbrado Mina con las ofertas hechas, se descuidase y diese
lugar a que cayeran sobre él los enemigos y le sacrificasen.
Airado de ello, el caudillo español arrestó a los cuatro comisionados,
y se alejó de Leoz llevándoselos consigo. Desfiguraron después el
suceso los franceses y sus allegados, calificando a Mina de pérfido:
traslucíase en la acusación despecho de que no se hubiese cumplido
la alevosía tramada. Con todo, habiendo venido los comisionados bajo
seguro, y no pudiéndose evidenciar su traición o complicidad, hubiérale
a Mina valido más el soltarlos que dar lugar a que debiesen su
libertad, como se verificó, a los acasos de la guerra.
[Marginal: Penetra Mina en Aragón.]
Poco después de este suceso y de haber Severoli y otras tropas salido
de Navarra, fue cuando penetró dicho Mina en Aragón, conforme arriba
enunciamos. El 11 de octubre atacó en Ejea un puesto de gendarmería
cuyos soldados lograron evadirse en la noche siguiente, con pérdida en
la huida de algunos de ellos. Marchó luego Mina sobre Ayerbe, y el 16
forzó a la guarnición francesa a encerrarse en un convento fortificado
que bloqueó; mas en breve tuvo que hacer frente a otros cuidados. El
comandante francés que en ausencia de Musnier gobernaba a Zaragoza,
[Marginal: Ataca a Ejea.] sabedor de la llegada de los españoles a
Ejea, destacó una columna para contenerlos. Encontrose en el camino
Ceccopieri, jefe de ella, con los gendarmes poco antes escapados; y
juzgando ya inútil la marcha hacia Ejea, cambió de rumbo y se dirigió
a Ayerbe en busca de Mina. Mas, llegado que hubo a esta villa, en
cuyas alturas inmediatas le aguardaban los españoles, pareciole más
prudente después de un fútil amago, retirarse y caminar la vuelta
de Huesca. Envalentonáronse con eso los nuestros y no pudieron los
contrarios verificar impunemente su marcha como se imaginaban. Mina,
empleando sagacidad y arrojo, los estrechó de cerca y rodeó, por manera
que tuvieron que formar el cuadro. Así anduvieron siempre muy acosados
[Marginal: Coge una columna francesa en Plasencia de Gállego.] hasta
más allá de Plasencia de Gállego, en donde, opresos con la fatiga y
el mucho guerrear, y acometidos impetuosamente a la bayoneta por Don
Gregorio Cruchaga, vinieron a partido: 640 soldados y 17 oficiales
fueron los prisioneros; muchos de ellos heridos, gravemente el mismo
comandante Ceccopieri. Habían muerto más de 300.
Azorado Musnier, y temiendo hasta por Zaragoza, tornó precipitadamente
a aquella ciudad, en donde ya más sereno trató de marchar contra Mina y
de quitarle los prisioneros, obrando de concierto con los gobernadores
y generales franceses de las provincias inmediatas. ¡Trabajo y
combinación inútil! Mina escabullose maravillosamente por medio de
todos ellos, y atravesando el reino de Aragón, Navarra y Guipúzcoa,
[Marginal: Embarca los prisioneros en Motrico.] embarcó al principiar
noviembre en Motrico todos los prisioneros a bordo de la fragata
inglesa Iris y de otros buques, después de haber también rendido la
guarnición francesa de aquel puerto.
[Marginal: Distribuye Musnier la división de Severoli.]
Concíbese cuán incómodos serían para Suchet tales acontecimientos, pues
además de la pérdida real que en ellos experimentaba, distraíanle
fuerzas que le eran muy necesarias. Con impaciencia había aguardado
la división de Severoli, y en vano por algún tiempo pudo esta
incorporársele. Musnier ni aun con ella tenía bastante para cubrir
el Aragón, y mantener algún tanto seguras las comunicaciones. Una de
las dos brigadas en que dicha división se distribuía se vio obligado
a colocarla al mando de Bertoletti en las Cinco Villas, izquierda del
Ebro, y la otra al de Mazzuchelli en Calatayud y Daroca.
[Marginal: Abandonan los franceses a Molina.]
Tuvo la última que acudir en breve a Molina, cuyo castillo se hallaba
de nuevo bloqueado por Don Juan Martín. Llegó en ocasión que el
comandante Brochet estaba ya para rendirse. Le libertó Mazzuchelli
el 25 de octubre, mas no sin dificultad, teniendo empeñada con el
Empecinado en Cubillejos una refriega viva en que perdieron los
enemigos mucha gente. Abandonaron de resultas estos, habiéndole antes
volado, el castillo de Molina.
[Marginal: Nuevas acometidas del Empecinado.]
Don Juan Martín, solo o con la ayuda o de Durán o de tropas suyas
bajo Don Bartolomé Amor, continuó haciendo correrías. Rindió el 6
de noviembre la guarnición de la Almunia, compuesta de 150 hombres,
hizo rostro a varias acometidas, batió la tierra de Aragón, cogió
prisioneros y efectos, interceptó a veces las comunicaciones con
Valencia, vía de Teruel.
[Marginal: De Durán.]
Por su parte Durán, cuando obraba separado, tampoco permanecía
tranquilo: en Manchones, y sobre todo el 30 de noviembre en Osonilla,
provincia de Soria, alcanzó ventajas. Regresó después a Aragón, y
reincorporándose por nueva disposición de Blake con el Empecinado,
[Marginal: Ambos bajo las órdenes de Montijo.] se pusieron ambos el 23
de diciembre en Milmarcos, provincia de Guadalajara, bajo las órdenes
del conde del Montijo, que trayendo igualmente 1200 hombres debía
mandar a todos.
[Marginal: Ballesteros en Ronda.]
En grado tan sumo como el que acabamos de ver, divertían los nuestros
en Cataluña y Aragón las huestes del enemigo, entorpeciéndole para
su empresa de Valencia. También cooperó a lo mismo lo que pasaba
en Granada y Ronda. Allí, privado el tercer ejército de la fuerza
que había sacado Mahy, se encontraba muy debilitado, y hubieran
probablemente acometido los franceses y amenazado a Valencia del
lado de Murcia, sin el desembarco que ya indicamos de Don Francisco
Ballesteros en Algeciras. Tomó este general tierra el 4 de septiembre,
teniendo enlace su expedición con el plan de defensa que para Valencia
había trazado Don Joaquín Blake. Sentó Ballesteros sus reales en
Jimena, y medidas que adoptó, unas de conciliación y otras enérgicas,
reanimaron el espíritu de los serranos.
[Marginal: Acción contra Rignoux.]
Para procurar apagarle, vino inmediatamente sobre el general español el
coronel Rignoux, a quien de Sevilla habían reforzado. Amagó a Jimena,
y Ballesteros evacuó el pueblo con intento de atraer y engañar al
enemigo, lo cual consiguió. Porque Rignoux, adelantándose ufano sobre
San Roque, fue de súbito acometido por costado y frente, y deshecho
con pérdida de 600 hombres. Tomó entonces el mariscal Soult contra
Ballesteros disposiciones más serias; [Marginal: Avanza Godinot.] y
mandando al general Godinot que avanzase de Prado del Rey con unos
5000 hombres, dispuso que se moviesen al propio tiempo la vuelta de
la sierra los generales Semellé y Barroux, yendo el primero de Vejer
y el último del lado de Málaga. Componían juntas todas estas fuerzas
de 9 a 10.000 hombres, y jactábanse ya de envolver las de Ballesteros.
[Marginal: Retírase Ballesteros.] Mas este se retira a tiempo y con
destreza, abrigándose el 14 de octubre del cañón de Gibraltar. Los
franceses llegaron al campo de San Roque, y se extendieron por la
derecha a Algeciras, cuyos vecinos se refugiaron en la Isla Verde.
[Marginal: Vanas tentativas de Godinot.]
Malográndosele así a Godinot el destruir a Ballesteros, quiso, sin
dejar de observarle, explorar la comarca de Tarifa, y aun enseñorearse
por sorpresa de esta plaza. No anduvo en ello tampoco muy afortunado.
El camino que tomaron sus tropas fue el del Boquete de la Peña, orilla
de la mar, paso angosto que, dominado por los fuegos de los buques
británicos, no pudieron los franceses atravesar, teniendo el 18 de
octubre que retroceder a Algeciras. Aun sin eso nunca hubiera Godinot
conseguido su intento. [Marginal: Tarifa socorrida.] La guarnición de
Tarifa había sido por entonces reforzada con 1200 ingleses al mando
del coronel Skerret, que vimos en Tarragona, y con 900 infantes y 100
caballos españoles bajo las órdenes del general Copons.
[Marginal: Retírase Godinot.]
En el intermedio renovaron los rondeños sus acostumbradas excursiones,
molestaron por la espalda a los enemigos y les cortaron los víveres;
de los que escaso Godinot, hubo de replegarse, picándole Ballesteros
la retaguardia. Se restituyó a Sevilla el general francés, y
reprendido por Soult, que ya le quería mal desde la acción de Zújar
por no haber sacado de ella las oportunas ventajas, alborotósele el
juicio [Marginal: Se mata.] y se suicidó en su cama con el fusil de un
soldado de su guardia. Había antes mandado en Córdoba, y cometido tales
tropelías, y aun extravagancias, que mirósele ya como a hombre demente.
[Marginal: Sorprende Ballesteros a los franceses en Bornos.]
No desaprovechó Ballesteros la ocasión de la retirada de los enemigos,
y esparciendo su tropa para disfrazar una acometida que meditaba,
juntola después en Prado del Rey; marchó en seguida de noche y
calladamente, y sorprendió el 5 de noviembre en Bornos, derecha del
Guadalete, al general Semellé, a quien ahuyentó y tomó 100 prisioneros,
mulas y bagajes.
[Marginal: Juan Manuel López.]
Fatigado Soult de tan interminable guerra, trató de aumentar el terror
poniendo en ejecución contra un prisionero desvalido el feroz decreto
que había dado el año anterior. Llamábase aquel Juan Manuel López: era
sargento, con veinte años de servicio, de la división de Ballesteros,
y arrebatáronle desempeñando una comisión, que le había confiado su
general, para recoger caballos y acabar con ciertos bandoleros que, so
capa de patriotas, robaban y cometían excesos. Las circunstancias que
acompañaron a la causa que se le formó hicieron muy horrible el caso.
Negábase a juzgar a López la junta criminal de Sevilla, obligola Soult
mandándole al mismo tiempo que, a pesar de estar prohibida por el rey
José la pena de horca, la aplicase ahora en lugar de la de garrote.
La junta absolvió sin embargo al supuesto reo. Muy disgustado Soult,
ordenó que se volviese a ver la causa, sin conseguir tampoco su odioso
intento. Irritado el mariscal cada vez más, creó una comisión criminal
compuesta de otros ministros, quienes también absolvieron a López,
declarándole simplemente prisionero de guerra. La alegría fue entonces
universal en Sevilla, y mostráronlo abiertamente por calles y plazas
todas las clases de ciudadanos. Pero, ¡o atrocidad!, todavía estaba el
infeliz López recibiendo por ello parabienes, [Marginal: Crueldad de
Soult.] cuando vinieron a notificarle que una comisión militar escogida
por el implacable Soult acababa de condenarle a la pena de horca sin
procedimiento ni diligencia alguna legal. Ejecutose la inicua sentencia
el 29 de noviembre. Desgarra el corazón crudeza tan desapiadada y
bárbara; e increíble pareciera a no resultar bien probado que todo un
mariscal de Francia se cebase encarnizadamente en presa tan débil, en
un soldado, en un veterano lleno de cicatrices honrosas.
RESUMEN
DEL
LIBRO DECIMOSÉPTIMO.