sucede a Santocildes. — Posición de aquel ejército. — Lo atacan los
franceses. — Se retira. — Combates en la retirada. — Se repliegan los
franceses. — Posición de Wellington en Fuenteguinaldo. — Se combinan
para socorrer a Ciudad Rodrigo Dorsenne y Marmont. — La socorren y
atacan a Wellington. — Combate del 25 de septiembre. — Combates del
27. — Nuevas estancias de Wellington. — Se retiran los franceses. —
Wellington en Freineda. — Se prepara a sitiar a Ciudad Rodrigo. — Coge
Don Julián Sánchez al Gobernador francés de aquella plaza. — Carta
de Don Carlos de España al de Salamanca. — 5.º ejército español. —
Severidad de Castaños. — Pedrezuela y su mujer. — El Corregidor Ciria.
— Temprano el partidario. — Combínanse para una empresa en Extremadura
ingleses y españoles. — Acción gloriosa de Arroyomolinos. — Otra vez el
6.º ejército. — Medidas desacordadas de Abadía. — Invaden de nuevo los
franceses a Asturias. — 7.º ejército. — Lo manda Mendizábal. — Porlier.
— Entra en Santander. — Don Juan López Campillo. — Longa, el Pastor
y Merino. — Mina. — Decreto suyo de represalias. — Sucesos militares
en Valencia. — Pasa Suchet el Guadalaviar el 26 de diciembre. — Mahy
con parte de las tropas se retira al Júcar. — Blake con las otras a
Valencia. — Acordonan los franceses la ciudad. — Reflexiones. — Vana
tentativa de Blake el 28 para salvar su ejército. — Briosa conducta
del coronel Michelena. — Desasosiego en Valencia y reflexiones. —
Convocación de una Junta. — Reuniones tumultuarias. — Las contiene
Blake y disuelve la Junta. — Adelanta Suchet los trabajos de sitio.
— Se retira Blake al recinto interior de la ciudad. — Empieza el 5
de enero el bombardeo. — Pocas precauciones tomadas. — Destrozos.
— Tibieza de Blake para animar a los habitantes. — Desecha Blake
la propuesta de rendirse. — División en el modo de sentir de los
habitantes. — Estado crítico de la plaza. — Disienten los jefes acerca
de tratar con los enemigos. — Capitula Blake el 9. — Entra Suchet en
Valencia. — Blake. — Parte que da. — Recompensas de Napoleón a Suchet y
a su ejército. — Providencias severas de Suchet. — Frailes llevados a
Francia y arcabuceados. — Conducta del clero y del Arzobispo. — De los
Valencianos. — Avanza Montbrun a Alicante. — Posición del general Mahy.
— Se aleja Montbrun. — Suchet. — Toma a Denia. — Situación del 2.º y
tercer ejército. — El general Soult en Murcia. — Le ataca Don Martín de
la Carrera. — Muerte gloriosa da este. — Honores que se le tributan.
— Sitio de Peñíscola. — La toman los franceses. — Conducta infame del
gobernador García Navarro. — Serranía de Ronda y Tarifa. — Movimientos
de Ballesteros. — Sitian los franceses a Tarifa. — Gloriosa defensa.
— Levantan los franceses el sitio. — Ciudad Rodrigo. — Cerca Lord
Wellington la plaza. — La asaltan los aliados y la toman. — Gracias y
recompensas. — Nuevas esperanzas.
HISTORIA
DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
LIBRO DECIMOSÉPTIMO.
Mientras iba sobre Valencia denso nublado, sin que bastaran a disiparle
ni los esfuerzos de aquella provincia, ni de las inmediatas, será bien
que veamos lo que ocurría por el occidente de España y lugares a él
contiguos.
[Marginal: Lord Wellington en Fuenteguinaldo.]
Cruzado que hubo Lord Wellington el río Tajo, siguiendo en julio el
movimiento retrógrado del mariscal Marmont, caminó al norte y sentó sus
reales el 10 de agosto en Fuenteguinaldo, con visos de amagar a Ciudad
Rodrigo.
Permaneció, no obstante, inmoble hasta promediar septiembre, de lo
que se aprovechó el francés, ansioso de extender el campo de su
dominación, para atacar al 6.º ejército español; lisonjeándose de
deshacerle, y verificar quizá en seguida una incursión rápida en el
reino de Galicia.
Tocaba ejecutar el plan al general Dorsenne, que mandaba en jefe
las tropas y distritos llamados del norte; y favorecíanle, en su
entender, no solo la inacción de Lord Wellington, sino también mudanzas
sobrevenidas en el gobierno de las fuerzas españolas.
[Marginal: Sexto ejército español.]
Vimos cuán atinadamente capitaneaba el 6.º ejército Don José
Santocildes, y cuánto le adestraba de acuerdo con el jefe de estado
mayor D. Juan Moscoso. En virtud de tan loable porte parecía que
hubiera debido continuar en el mando. No lo permitió la suerte aviesa.
[Marginal: Abadía sucede a Santocildes.] Reemplazole en breve Don
Francisco Javier Abadía. Se atribuyó la remoción al general Castaños,
que conservaba, si bien de lejos, la supremacía del 6.º ejército, y
susurrose que le impelieron a ello inspiraciones de ajenos celos, u
otros motivos no menos reprensibles. Abadía se presentó a sus tropas a
mediados de agosto.
[Marginal: Posición de aquel ejército.]
Situábase en aquel tiempo el mencionado ejército del modo siguiente: la
vanguardia, bajo Don Federico Castañón, en San Martín de las Torres y
puente de Cebrones; la 3.ª división, del cargo del brigadier Cabrera,
en la Bañeza; la 2.ª, ahora a las órdenes del conde de Belveder, en el
puente de Órbigo; se alojaba en Astorga una reserva, y permanecía en
Asturias, como antes, la 1.ª división. Indicamos en otro lugar el total
de la fuerza, que más bien que disminuido se había desde entonces
aumentado.
No cesó esta de hostilizar al enemigo, a pesar de lo ocurrido en
primeros de julio que ya referimos, siendo de notar la sorpresa que el
16 de agosto hicieron algunos destacamentos de la guarnición francesa
del pueblo de Almendra, en donde cogieron más de 130 prisioneros.
[Marginal: Lo atacan los franceses.]
Fue el 25 del citado mes cuando Dorsenne intentó acometer a los
nuestros, que se dispusieron a retirarse, viniendo sobre ellos
superiores fuerzas. Abadía, como recién llegado y sin conocimiento a
fondo de la disciplina de sus soldados, recelábase del éxito; por lo
que con moderación laudable dejó a Santocildes y a Don Juan Moscoso la
principal dirección de las operaciones.
Tuvieron estas por mira efectuar una retirada en parte excéntrica, por
cuyo medio se consiguiese no agolpar las tropas a un solo punto, cubrir
las diversas entradas de Galicia, algunas de Asturias, y establecer
comunicaciones a la derecha con los portugueses que mandaba en
Tras-os-Montes el general Silveira. Maniobra útil en aquella ocasión, y
muchas veces conveniente en las guerras nacionales, [Marginal: (* Ap.
n. 17-1.)] según expresa, y con razón, Mr. de Jominy.[*]
[Marginal: Se retira.]
Los franceses avanzando acometieron primero la división que se
alojaba en la Bañeza; la cual, después de sostener briosamente una
arremetida de los lanceros enemigos, se replegó en buen orden sobre
Castrocontrigo, y de allí, según se le tenía mandado, a la Puebla de
Sanabria. En seguida, y por la tarde de dicho día 25, atacaron los
franceses la vanguardia y la 2.ª división, las cuales se enderezaron
al punto de Castrillo, para unirse con la reserva.
[Marginal: Combates en la retirada.]
Juntos los tres últimos cuerpos, o sean divisiones, tomaron el 26
la ruta del puerto de Foncebadón, excepto el regimiento 1.º del
Ribero, que reforzado después con el 2.º de Asturias, defendió el 27
valerosamente el puerto de Manzanal.
En este día también penetró el francés por Foncebadón, defendiéndose
largo tiempo Castañón y la reserva en las alturas colocadas entre Riego
y Molinaseca. Aquí, no menos que en Manzanal, fueron escarmentados los
enemigos, pues tuvieron mucha pérdida y contaron entre los muertos al
general Corsin y al coronel Barthez, quedando a los nuestros por trofeo
el águila del 6.º regimiento de infantería.
Sin embargo, engrosados los contrarios, pasaron adelante y se
derramaron por el Bierzo. Abadía, al propio tiempo que sentó su cuartel
general en el Puente de Domingo Flórez, cubriendo a Galicia por este
lado, retiró de Villafranca la artillería, camino de Lugo, destacó
hacia allí fuerzas que amparasen las alturas de Valcarce, y colocó en
Toreno, para cerrar las avenidas inmediatas de Asturias, los cuerpos
que habían combatido en Manzanal.
De resultas de estas medidas, de la buena defensa que en los puertos
habían hecho los españoles, y a causa de los temores que infundía
Galicia por su anterior resistencia, detúvose Dorsenne y no avanzó
más allá de Villafranca del Bierzo, desesperanzado de poder realizar
en aquel reino pronta y venturosa irrupción. Saquearon, sí, sus
tropas los pueblos del tránsito, y al retirarse, en los días 30 y
31 de agosto, se llevaron consigo varias personas en rehenes por el
pago de pesadas contribuciones que habían impuesto. Abadía de nuevo
ganó terreno, y hasta entonces portose de modo que su nombramiento
no produjo en el ejército trastorno ni particular novedad, habiendo
obrado, según apuntamos, en unión con su antecesor. ¡Ojalá no hubiera
nunca olvidado proceder tan cuerdo!
[Marginal: Se repliegan los franceses.]
El avanzar de nuestras tropas, y un amago de las de la Puebla de
Sanabria, aceleraron la retirada de Dorsenne, que se limitó a conservar
y fortalecer a Astorga. Aguijole también para ello el mariscal Marmont,
que necesitaba de ayuda en un movimiento que proyectaba sobre el Águeda
y sus cercanías.
[Marginal: Posición de Wellington en Fuenteguinaldo.]
En aquellas partes, firme Lord Wellington en Fuenteguinaldo,
hacía resolución de rendir por hambre a Ciudad Rodrigo, escasa de
vituallas. Con este objeto, y persuadido del triunfo, a no ser que
acudiese al socorro gran golpe de gente, formó una línea que desde
el Azaba inferior se prolongaba por el Carpio, Espeja y El Bodón a
Fuenteguinaldo. Asiento el último punto del cuartel general, reforzole
con obras de campaña, y situó en él la 4.ª división: destacó a la
derecha del Águeda la división ligera, y puso en las lomas de la
izquierda del mismo río la 3.ª con la caballería, apostando una
vanguardia en Pastores, a una legua de Ciudad Rodrigo. El general
Graham, que de la Isla de León había pasado a este ejército, y
sucedido a Sir Brent Spencer en calidad de 2.º de Wellington, regía
las tropas de la izquierda, alojadas en la parte inferior del Azaba,
ocupando la superior, en donde formaba el centro, Sir Stapleton Cotton
con casi todos los jinetes. De los españoles solo había Don Julián
Sánchez, y también Don Carlos de España, enviado por Castaños para
alistar reclutas en Castilla la Vieja y mandar aquellos distritos:
ambos jefes recorrían el Águeda río abajo. Destinose la 5.ª división
inglesa a observar el punto de Perales, permaneciendo a retaguardia
de la derecha. Servía de reserva la 7.ª en Alamedilla. Lo restante de
la fuerza anglo-portuguesa, se acordará el lector que la dejó Lord
Wellington a las órdenes del general Hill en el Alentejo, para atender
a la defensa de la izquierda del Tajo, y a las ocurrencias de la
Extremadura española.
[Marginal: Se combinan para socorrer a Ciudad Rodrigo Dorsenne y
Marmont.]
El movimiento que intentaba Marmont sobre el Águeda, y para el que
hubo de contar con el general Dorsenne, dirigíase a socorrer a Ciudad
Rodrigo, cuyos apuros crecían demasiadamente. Abrió el mariscal francés
su marcha desde Plasencia el 13 de septiembre, tomando antes varias
precauciones, como construir un reducto en el puerto de Baños, asegurar
los puentes y barcas de ciertos ríos, y poner al general Foy con la 6.ª
división en vela del camino militar y pasos de la sierra.
Yendo a encontrarse Dorsenne y Marmont, cada uno por su lado,
juntáronse el 22 cerca de Tamames. Con el primero hallábase ya
incorporada una división que mandaba el general Souham, la cual
pertenecía a las fuerzas que habían entrado últimamente en España
cuando las italianas de Severoli. Y sin riesgo de error puédese
computar que las tropas enemigas que marchaban ahora la vuelta de
Ciudad Rodrigo, ascendían a 60.000 hombres, 6000 de caballería con gran
número de cañones.
[Marginal: La socorren y atacan a Wellington. Combate del 25 de
septiembre.]
Próximos los franceses, no hizo Lord Wellington ademán alguno para
impedir la introducción de socorros en la plaza, y solo aguardó al
enemigo en la posición que ocupaba. Vino aquel a atacarla el 25. Trabó
el combate con 14 escuadrones el general Wathier por la parte inferior
del Azaba, que guarnecía Graham, y arrolló los puestos avanzados, los
cuales, volviendo en sí y apoyados, recobraron el terreno perdido.
No era esta tentativa más que un amago. Encaminábase la principal
atención de los contrarios a embestir la 3.ª división inglesa situada
en las lomas que se divisan entre Fuenteguinaldo y Pastores. Puso
Marmont para ello en movimiento de 30 a 40 escuadrones, guiados por el
general Montbrun, y mucha artillería, debiendo favorecer la maniobra 14
batallones. Lord Wellington dudó un instante si atacarían los enemigos
aquella posición por el camino real que va a Fuenteguinaldo o por los
pueblos de Encina y El Bodón. Cerciorado de que sería por el camino
real, dispuso reforzar en gran manera aquel punto. Los ingleses allí
apostados, si bien al principio solos y en corto número, se defendieron
denodadamente contra la caballería y artillería enemigas, y recobraron
dos piezas abandonadas en una embestida.
No habían aún llegado los infantes franceses, mas, advirtiendo
Wellington que se aproximaban, y calculando que probablemente
concurrirían al sitio del ataque antes de los principales refuerzos
británicos, llamados de partes más lejanas, resolvió abandonar
las lomas asaltadas y retirar a Fuenteguinaldo las tropas que
las defendían. Verificaron estas el repliegue formando cuadros y
en admirable ordenanza, sin que la pudiesen romper los arrojados
acometimientos de la caballería francesa. Quedó solo como cortada la
pequeña vanguardia que cubría el alto de Pastores y mandaba el teniente
coronel Williams; pero este oficial, lejos de atribularse, mantúvose
reposado y con acertada inteligencia subió el Águeda la orilla derecha
arriba hasta Robledo, en donde repasó el río logrando por la tarde
unirse felizmente al grueso del ejército en Fuenteguinaldo.
Aquí, en el mismo día, estableció su centro Lord Wellington, alterando
la anterior posición con la derecha del lado del puerto de Perales
y la izquierda en Nave de Haver. Apostó a Don Carlos de España y la
infantería española junto al Coa, enviando la caballería bajo Don
Julián Sánchez a retaguardia del enemigo.
[Marginal: Combates del 27.]
Reunieron el 26 los franceses toda su gente, y examinado que hubieron
la estancia de Fuenteguinaldo, creyéronla tan fuerte que desistieron
de atacarla. No lo pensaba así Wellington, por lo cual retrocedió
tres leguas, poniendo el 27 la derecha en Aldeia Velha, la izquierda
en Bismula y el centro en Alfayates, antiguo campo romano y hoy villa
de Portugal, en sitio alto, cercada de viejos muros. En este día dos
divisiones de los franceses, siguiendo la huella de los aliados,
trabaron vivos reencuentros, y la cuarta de los ingleses perdió y
recobró dos veces a Aldeia da Ponte.
[Marginal: Nuevas estancias de Wellington.]
No satisfecho aún Wellington con su última posición, y ateniéndose a un
plan general de operaciones anteriormente trazado, retirose una legua
atrás a estancias que se dilataban por la cuerda del arco que forma el
Coa cerca de Sabugal, dejando a la derecha la sierra das Mesas, y a
la izquierda el pueblo de Rendo, en cuyo sitio presentó batalla a los
franceses, que esquivaron estos, cumplido su deseo de socorrer a Ciudad
Rodrigo.
En los combates del 25 y 27 perdieron los ingleses unos 260 hombres,
no más los franceses. Vio en aquellos días por primera vez el fuego,
y se distinguió, el príncipe de Orange, que allí asistía en calidad
de ayudante de campo de Lord Wellington, exponiendo su persona por
la independencia de un país muy desamado, dos siglos antes, de sus
ilustres y belicosos abuelos los Guillermos y Mauricios. Así anda y
voltea el mundo.
[Marginal: Se retiran los franceses.]
Separáronse a poco los dos generales franceses, no pudiendo mantenerse
unidos por celos, falta de subsistencias y por amagos que tenían de
otros lugares. Dorsenne se retiró hacia Salamanca y Valladolid; Marmont
a tierra de Plasencia.
[Marginal: Wellington en Freineda.]
También Lord Wellington tomó nuevos acantonamientos, sentando en
Freineda su cuartel general. Vínole bien no le hubiesen los franceses
atacado el 25 con todo su ejército, ni embestido el 26 la posición
de Fuenteguinaldo. Las muchas fuerzas que consigo traían hubiéranle
podido causar gran menoscabo. Tan cierto es que en la guerra representa
la fortuna papel muy principal.
[Marginal: Se prepara a sitiar a Ciudad Rodrigo.]
Dio entonces Lord Wellington comienzo a los preparativos que exigía la
formalización del sitio de Ciudad Rodrigo. Le dejó para su empresa,
según ya indicamos, sumo despacio lo que ocurría en las demás partes de
España, y tampoco le perjudicaron las operaciones de los partidarios
que andaban cerca, singularmente las de Don Julián Sánchez.
[Marginal: Coge D. Julián Sánchez al gobernador francés de aquella
plaza.]
Entre otros hechos de este, por entonces notables, cuéntase el acaecido
el 15 de octubre en las cercanías de Ciudad Rodrigo. Sacaban los
enemigos su ganado a pastar fuera, y deseoso Sánchez de cogerle, armó
una celada con 360 infantes y 130 jinetes en ambas orillas del Águeda
corriente abajo. A la propia sazón que acechaban los nuestros y se
preparaban a la sorpresa, salió de la plaza a hacer un reconocimiento
con 12 de a caballo el gobernador francés Renaud, y emparejando parte
de los emboscados con él y su escolta, apoderáronse de su persona por
la izquierda del río, al paso que por la derecha apresaron los otros
unas 500 reses de ganado vacuno y cabrío. Desesperábase Renaud por
su infortunio, y Don Julián tratando de consolarle, le dio una cena
acompañada de música y tan espléndida como permitían las circunstancias
de su vario e inestable campo.
[Marginal: Carta de Don Carlos de España al de Salamanca.]
También molestaba España a los enemigos, e irritado de que el general
Mouton, comandante de unas tropas que entraron en Ledesma, hubiese
arcabuceado a 6 prisioneros nuestros 24 horas después de haberlos
cogido, hizo otro tanto con igual número de franceses, escribiendo en
12 de octubre al gobernador de Salamanca Thielbaud una carta en que
se leían las cláusulas siguientes:[*] [Marginal: (* Ap. n. 17-2.)]
«Es preciso que V. E. entienda y haga entender a los demás generales
franceses que siempre que se cometa por su parte semejante violación
de los derechos de la guerra, o que se atropelle algún pueblo o
particular, repetiré yo igual castigo inexorablemente en los oficiales
y soldados franceses... y de este modo se obligará al fin a conocer
que la guerra actual no es como la que suele hacerse entre soberanos
absolutos, que sacrifican la sangre de sus desgraciados pueblos para
satisfacer su ambición o por el miserable interés, sino que es guerra
de un pueblo libre y virtuoso, que defiende sus propios derechos y la
corona de un rey a quien libre y espontáneamente ha jurado y ofrecido
obediencia, mediante una constitución sabia que asegure la libertad
política y la felicidad de la nación.» ¡Esto decía España en 1811!
[Marginal: 5.º Ejército español.]
A la derecha de Lord Wellington, D. Francisco Javier Castaños con el
5.º ejército, y auxiliado por las tropas del general Hill, dio no poco
que hacer a los franceses.
[Marginal: Severidad de Castaños.]
Aunque se extendía el mando de aquel jefe al 6.º ejército, y después
comprendió también el del 7.º, su autoridad inmediata aparecían por
lo común solo en Extremadura y puntos vecinos. Mostrose Castaños allí
riguroso con desertores, infidentes y otros reos, lo que desdecía de
su carácter al parecer blando. Bien es verdad que hubo ocasión en que
ejerció la justicia contra delincuentes cuya conducta estremece aún
y pone espanto. [Marginal: Pedrezuela y su mujer.] Fue horrible el
caso de José Pedrezuela y de su mujer María Josefa del Valle. Barba
el primero algún tiempo del coliseo del Príncipe de Madrid, fingiose
comisionado regio del gobierno legítimo, y desempeñó el supuesto cargo
en Piedralaves y Ladrada, pueblos de tierra de Toledo. Los habitantes
y guerrillas de la comarca le obedecían ciegamente en la creencia
de ser enviado por el gobierno de Cádiz. La ocupación enemiga daba
favor al engaño. El Pedrezuela y su esposa fueron convictos de haber
condenado a suplicios bárbaros, sin facultad ni debido juicio, a más
de 13 personas. Ejecutaba aquel las sentencias por sí mismo, o las
hacía ejecutar a media noche en un monte o heredad, cosiendo a sus
víctimas a puñaladas, o matándolas de un fusilazo en el oído. Iba a
veces la muerte acompañada de otros horrores, y si bien se probaron
solo 13 asesinatos, se imputaban a los reos fundadamente más de 60.
La mujer, hembra de ferocidad exquisita, condenaba en ausencia del
marido y superaba a este en saña y encarnizamiento. Querían cohonestar
sus crueldades con el patriotismo, y sacrificaron a varios sujetos
respetables, entre otros a D. Marcelino Quevedo, asesor de las
guerrillas de la provincia de Toledo. Alucinados así los pueblos, y
contenidos por el respeto que tributaban al gobierno legítimo, se
sometieron al pseudo-comisionado por espacio de tres meses. Descubierta
a lo último la falsía y enredo, diose orden de prender a matrimonio
tan sanguinario y bien apareado, y mandó Castaños formarles causa.
Vista esta, condenaron los jueces al marido a la pena de horca, y a ser
en seguida descuartizado; a la mujer a la de garrote. Ajusticiáronlos
el 9 de octubre en Valencia de Alcántara. Digno castigo, aunque tardío,
de tamaños crímenes.
[Marginal: El corregidor Ciria.]
Si no de color más subido, eran también sobrado feos los que se
achacaban a Don Benito María de Ciria, capitán retirado y actual
corregidor del rey José en Almagro. Llamábanle el Nerón de la Mancha.
Obtuvo tal nombre por las extorsiones que causó, por los varios
inocentes que llevó al cadalso. Le prendió el 29 de septiembre, cerca
de aquella ciudad, el capitán Don Eugenio Sánchez, al tiempo que su
jefe el sargento mayor Don Juan Vaca, de la partida, o sean húsares
francos de Don Francisco Abad [Chaleco], atacaba la guarnición enemiga,
la deshacía y tomaba bastantes prisioneros. Un consejo de guerra
reunido por Castaños condenó a Ciria a la pena de garrote, ejecutada
el 25 de octubre en el mismo Valencia de Alcántara. Pero apartemos los
ojos de escenas tan melancólicas, deplorables efectos de disensiones
civiles.
[Marginal: Temprano el partidario.]
Otros hechos verdaderamente nobles y sin rastro de duelo realizábanse,
entre tanto, por aquellos pasajes. No nos detendrán los muchos y
diversos de las guerrillas, aunque sí merece honrosa mención el
partidario D. Antonio Temprano, quien el 8 del citado octubre, a las
puertas mismas de Talavera, libertó al coronel inglés J. Grant, cogido
antes prisionero en el Acehúche.
[Marginal: Combínanse para una empresa en Extremadura ingleses y
españoles.]
Combate de mayores resultas y muy glorioso pasará a delinear nuestra
pluma. Habían los enemigos tratado de estrechar el corto ámbito que
ocupaba el 5.º ejército en Extremadura, con la mira de privarle de los
limitados recursos que sacaba de allí, y aumentar los suyos propios,
también harto circunscriptos. Con tan doble objeto colocose en Cáceres
y se extendió hasta las Brozas el general Girard, asistido de una
columna de 4000 infantes y 1000 caballos, perteneciente al 5.º cuerpo
francés, que seguía bajo el general Drouet enseñoreando las márgenes
de Guadiana. Esta operación habíanla los franceses diferido, recelosos
de empeñar choque no solo con los españoles, sino igualmente con los
anglo-portugueses de Hill. Mas la inmovilidad de los últimos, metidos
allá en el Alentejo sin ayudar a los nuestros, dio aliento a los
enemigos para extenderse por los puntos arriba indicados. Hambreando
de ese modo a los españoles, y no pudiendo la junta de la provincia,
establecida en Valencia de Alcántara, ni siquiera suministrar las más
indispensables raciones, acudió Don Francisco Javier Castaños a Lord
Wellington y le propuso un movimiento en unión con las tropas aliadas.
[Marginal: Acción gloriosa de Arroyomolinos.]
Accedió el general inglés a los deseos del español, y en consecuencia
marchó Hill la vuelta de nuestra Extremadura. Tomó este consigo la
mayor parte de su fuerza, que según dijimos ascendía a 14.000 hombres,
y el 23 de octubre asomó ya por Alburquerque. Se le juntó el 24 en
Aliseda Don Pedro Agustín Girón, segundo de Castaños y comandante de
la columna destinada a obrar con los ingleses, la cual se componía de
5000 hombres, distribuidos en dos trozos, a las órdenes inmediatas del
conde de Penne Villemur y de Don Pablo Morillo.
Continuando en Cáceres la fuerza principal de Girard, tenía
destacamentos en algunos pueblos y señaladamente 300 caballos en
Arroyo del Puerco, los cuales se recogieron el 25 a Malpartida por
avanzar Penne Villemur con la caballería española. Quisieron los
aliados atacarlos en aquel pueblo, mas los enemigos se replegaron a
Cáceres, cuya ciudad también abandonó el general francés dirigiéndose a
Torremocha.
Prosiguieron los nuestros su camino y el 27 se reunieron todos en
Alcuéscar, en donde supieron con admiración que Girard se mantenía en
Arroyomolinos, distante una legua corta. Pendía la confianza de los
franceses de la persuasión en que siempre estaban de que el inglés no
se metería muy adentro en España, y también de la fidelidad con que los
habitantes guardaron el secreto de nuestra marcha.