El 19 llegó Lord Wellington al Guadiana acompañado de las dos

divisiones con las que, según dijimos, había salido de sus cuarteles

del norte. Visitó el mismo día el campo de la Albuera, y ordenó

al mariscal Beresford que no hiciese sino observar al enemigo y

perseguirle cautelosamente. Fue luego enviado dicho mariscal a Lisboa

con destino a organizar nuevas tropas. Hubo quien atribuyó la comisión

a la sombra que causaban los recientes laureles; otros, al parecer más

bien informados, a disposiciones generales y no a celosas ni mezquinas

pasiones; debiéndose advertir que las dotes que adornaban al Beresford

antes se acomodaban a organizar y disciplinar gente bisoña que a

guiar un ejército en campaña. El general Hill, de vuelta en Portugal,

recobrada ya la salud, volvió a tomar el mando de la 2.ª división

británica, encomendada en su ausencia a Beresford, con las demás tropas

anglo-portuguesas que por lo común maniobraron a la izquierda del Tajo.

No viéndose Soult acosado, parose en Llerena y llamó hacia sí todas

las tropas de las Andalucías que podían juntársele sin detrimento de

los puntos fortificados y demás puestos que ocupaban. Se esmeró al

propio tiempo en acopiar subsistencias, que no abundaban, y su escasez

produjo disgusto y quejas en el campo, pues los naturales, desamparando

en lo general sus casas, procuraban engañar al enemigo y deslumbrarle

para que no descubriese los granos que, siendo en aquella tierra

guardados en silos, ocultábanse fácilmente al ojo lince del soldado que

iba a la pecorea. Por la espalda incomodaban asimismo al ejército de

Soult partidarios audaces que se interponían en el camino de Sevilla

y cortaban la comunicación, teniendo para aventarlos que batir la

estrada, y destacar a varios puntos algunos cuerpos sueltos.

[Marginal: Empréndese de nuevo el sitio de Badajoz.]

Dispuso Wellington que una gran parte del ejército aliado se

acantonase en Zafra, Santa Marta, Feria, Almendral y otros pueblos

de los alrededores, con la caballería en Ribera y Villafranca de

Barros. El 18 había ya la división de Hamilton renovado, por la

izquierda de Guadiana, el bloqueo de Badajoz, a cuya parte acudió

también la nuestra, que antes mandaba Don Carlos de España y ahora

Don Pedro Agustín Girón, segundo de Castaños. Dudose algún tiempo si

se emprendería entonces el sitio formal, no siendo dado apoderarse

en breve de la plaza, y temible que en el entretanto tornasen los

franceses a socorrerla. No obstante, decidiose Wellington al asedio,

y el 22 convino, después de madura deliberación con los ingenieros y

otros jefes, en seguir el ataque resuelto para la anterior tentativa,

si bien modificado en los pormenores.

De consiguiente, el 25 la 7.ª división británica, del mando de Houston,

embistió a Badajoz por la derecha de Guadiana, y el 27 la 3.ª reforzó

la de Hamilton, colocada a la izquierda del mismo río. Empezose el 29

a abrir la trinchera contra el fuerte de San Cristóbal, divirtiendo al

propio tiempo la atención del enemigo con falsos acometimientos hacia

Pardaleras. Del 30 al 31 comenzaron igualmente los sitiadores un ataque

por el mediodía contra el castillo antiguo.

Abierta brecha al este en San Cristóbal, tentaron los ingleses,

creyéndola practicable, asaltar el fuerte, y se aproximaron a su

recinto teniendo a la cabeza al teniente Forster. De cerca vio este que

se habían equivocado, pero hallándose ya él y los suyos en el foso

y animados, quisieron en vano trepar a la brecha, repeliéndolos el

enemigo con pérdida: entre los muertos contose al mismo Forster.

En el castillo tampoco se había aportillado mucho el muro a pesar de

los escombros que se veían al pie. El 9 repitiose otro acometimiento

contra San Cristóbal, si bien no con mayor fruto. Desde entonces

convirtiose el sitio en bloqueo, con intención Wellington de levantarle

del todo. No se comprende como se empezó siquiera tal asedio,

careciendo allí los ingleses de zapadores, y desproveídos hasta de

cestones y faginas.

[Marginal: Gran quema en los campos.]

Entonces fue cuando de resultas de una hoguera encendida por artilleros

portugueses, acampados al raso no lejos de Badajoz, en la margen

izquierda del Guadiana, se prendió fuego a las heredades y chaparros

vecinos, cundiendo la llama con violencia tan espantosa que en el

espacio de tres días se acercó a Mérida, ciudad que se preservó de

tamaña catástrofe por hallarse interpuesto aquel anchuroso río. Duró el

fuego quince días, y devoró casas, encinares, dehesas, las mieses ya

casi maduras, todo cuanto encontró.

[Marginal: Vuelve a avanzar Soult.]

Reforzado Soult más y más, determinó ponerse en movimiento la vuelta de

Badajoz, y abrió su marcha el 12 de junio, juntándosele por entonces el

general Drouet que se había encaminado con los restos del 9.º cuerpo

por Ávila y Toledo sobre Córdoba, y de allí torciendo a su derecha

había venido a dar a Belalcázar y al campo de los suyos en Extremadura.

Incorporáronse estas fuerzas con el 5.º cuerpo, que empezó desde luego

a gobernar dicho Drouet. Tenía por mira Soult libertar a Badajoz, pero

no osando, aunque muy engrosado, ejecutarlo por sí solo, quiso aguardar

a que se le acercase Marmont, en marcha ya para el Guadiana.

[Marginal: El mariscal Marmont viene sobre el Guadiana.]

Apenas había tomado a su cargo este mariscal el ejército de Portugal,

cuando le dio nueva forma, distribuyendo en seis divisiones sus tres

anteriores cuerpos. Su conato, luego que abasteció a Ciudad Rodrigo,

se dirigió principalmente, según las órdenes de Napoleón, a cooperar

con Soult en Extremadura, habiendo acudido allí la mayor parte del

ejército combinado. Cuatro divisiones del de Marmont partieron de Alba

de Tormes el 3 de junio, y las otras dos habíanse todavía quedado

hacia el Águeda, atento el mariscal francés a explorar los movimientos

de Sir Brent Spencer, que mandaba, en ausencia de Wellington, las

tropas del Coa. Pero habiendo hecho Marmont un reconocimiento el 6,

y persuadido de que el general inglés no le incomodaría, y que solo

seguiría paralelamente el movimiento de las tropas francesas, salió

en persona para Extremadura, acompañado del resto de su fuerza, con

dirección al puerto de Baños. Cruzó el Tajo en Almaraz, habiendo echado

al intento un puente volante, y su ejército, puesto ya en la orilla

izquierda, marchó en dos trozos, uno de ellos por Trujillo a Mérida,

otro sesgueando a la izquierda sobre Medellín.

[Marginal: Retírase Wellington sobre Campomayor.]

Cuando Wellington averiguó que Soult avanzaba, apostose en la Albuera

para contenerle y empeñar batalla. Mas después, noticioso de que

Marmont estaba ya próximo a juntarse al otro mariscal, con razón no

quiso continuar en una posición en que tenía a la espalda a Badajoz y

Guadiana, sobre todo debiendo habérselas con fuerzas tan considerables

como las de los dos mariscales reunidos, y por tanto abandonó la

Albuera, descercó a Badajoz, y repasando el Guadiana, se acogió el 17

a Elvas. Lo mismo hicieron los españoles vadeando el río por Jurumeña.

Aproximáronse de consiguiente sin obstáculo Marmont y Soult, y se

avistaron el 19 en el mismo Badajoz.

[Marginal: Júntasele su ejército del norte de Portugal.]

Había Sir Brent Spencer en el entre tanto marchado a lo largo de

la raya de Portugal, pasado el Tajo en Vila Velha, y reunídose a

Wellington en las alturas de Campomayor. Preparábase aquí el último a

pelear extendiéndose su ejército por los bosques deleitosos de ambas

orillas del Caya. Constaba en todo su fuerza de 60.000 hombres. Otros

tantos tenían los enemigos, quienes haciendo el 22 reconocimientos por

Elvas y Badajoz, se abstuvieron de comprometerse; no considerando fácil

deshacer a los aliados situados ventajosamente.

[Marginal: Blake se separa del ejército aliado.]

De estos se había separado Blake el 18, seguido por el ejército

expedicionario, la división de Ballesteros, la de Girón y caballería

de Penne Villemur, no bien avenido con la supremacía de Wellington,

por lo que se ofreció a hacer una correría al condado de Niebla. Dio

el general en jefe su aprobación a la propuesta, y Blake, caminando

por dentro de Portugal, repasó el Guadiana en Mértola el 23. En el

tránsito padecieron nuestras tropas muchas escaseces a causa de las

marchas rápidas que hicieron; y desmandáronse muy reprensiblemente los

soldados de Ballesteros, molestando sobremanera y maltratando a los

naturales.

[Marginal: Su desgraciada tentativa contra Niebla.]

Parecía que Blake llevaba la mira en su expedición de ponerse sobre

Sevilla, casi abandonada en aquel tiempo, y no defendiéndola sino

escasas tropas francesas y unos pocos jurados españoles, gente en la

que no confiaba el extranjero. Para que no se malograra tal empresa,

conveniente era marchar aceleradamente, pues de otro modo, volviendo

Soult pie atrás, apresuraríase a ir en socorro de la ciudad. Pero

Blake, sin motivo plausible, detúvose y resolvió antes apoderarse de

Niebla, villa a la derecha del Tinto, rodeada de un muro viejo y de

un castillo cuyas paredes, en especial las de la torre del homenaje,

son de un espesor desusado. Cabecera de la comarca y en buen paraje

para enseñorearla, habíanla los franceses fortalecido cuidadosamente,

aprovechándose de sus antiguos reparos, entre los que se descubrieron

[según nos ha dicho el mismo duque de Aremberg, principal promotor de

aquellos trabajos] bastantes restos de la dominación romana. Mandaba

ahora allí el coronel Fritzherds al frente de 600 suizos.

Encomendose el ataque a la división de Zayas, y tuvo comienzo en la

noche del 30 de junio. Mas no había cañones de batir, y las escalas,

aunque añadidas y empalmadas, resultaron cortas; con lo que se desistió

del intento y, sin conseguir cosa alguna en Niebla, perdió Blake la

ocasión de hacer una correría a Sevilla y sembrar entre los enemigos el

desasosiego y la tribulación.

Tan solo produjo su movimiento el buen efecto de alejar parte de la

fuerza enemiga de las cercanías de Badajoz; la cual viniendo sobre

Blake al condado, le obligó a retirarse el 2 de julio, y repasar el

Guadiana el 6 en Alcoutim, desde donde, meditando el general español

otra empresa a levante, se dirigió a Villarreal de San Antonio y

Ayamonte; reembarcándose el 10 con la fuerza expedicionaria y una parte

de la división primitivamente al mando de Don Carlos de España. La de

Ballesteros permaneció en el condado; y Don Pedro Agustín Girón con

algunos infantes, y el conde de Penne Villemur asistido de la mayor

parte de la caballería, se quedaron por las márgenes del Guadiana

acercándose a Extremadura.

[Marginal: Cometa.]

En este tiempo los calores fueron excesivos y abrasadores,

atribuyéndolo algunos a la presencia de un cometa resplandeciente que

se dejó ver en la parte boreal de nuestro hemisferio durante muchos

meses, y tuvo suspensa la atención de la Europa entera. Percibíase

en Cádiz por el día, y alumbraba de noche al modo de una luna la más

clara, acompañado de larga y rozagante cabellera. Tales apariciones

aterraban a los pueblos de la antigüedad, siendo pocos los astrónomos y

contados los filósofos [*] [Marginal: (* Ap. n. 14-4.)] que conociesen

en aquella era la verdadera naturaleza de estos cuerpos. En los

siglos modernos la antorcha de la ciencia, empuñada en este caso por

el gran Newton y el ilustre Halley,[*] [Marginal: (* Ap. n. 14-5.)]

ha difundido gran luz sobre las leyes que dirigen los movimientos y

revoluciones de los cometas, y disipado en parte los vanos temores de

la crédula y tenebrosa ignorancia.

[Marginal: Soult retrocede a Sevilla.]

Según insinuamos la correría de Blake al condado, aunque malograda,

desvió de la Extremadura una porción de las tropas francesas. Soult

salió de Badajoz el 27 de junio, y tornó a Sevilla, dirigiendo una

división, a las órdenes del general Conroux, por Fregenal la vuelta de

Niebla. Al retirarse avitualló de nuevo la plaza de Badajoz, y voló los

muros de Olivenza, recinto que los ingleses habían abandonado cuando se

pusieron detrás del Guadiana. Quedó a la izquierda de estos el general

Drouet con el 5.º cuerpo.

[Marginal: Correrías de Morillo.]

Guardó la derecha algunos días el mariscal Marmont, cuyas espaldas eran

a menudo molestadas por partidarios españoles. Quien más inquietó al

enemigo hacia aquella parte fue Don Pablo Morillo, a la cabeza de la

2.ª división del 5.º ejército, que en vez de maniobrar unido con el

cuerpo principal campeó sola y destacada de acuerdo con el general en

jefe. Sorprendió en junio Morillo en Belalcázar al coronel Normant,

matole 48 hombres y le cogió 111. Lo mismo hizo en Talarrubias el 1.º

de julio, tomando al comandante 4 oficiales y 149 soldados. Acosado

entonces por tres columnas enemigas, sorteó sus movimientos con bien

entendidas, aunque penosas marchas y contramarchas, por lo intrincado

de la Sierra Morena. Envió salvos al tercer ejército los prisioneros,

que cruzaron sin tropiezo todo el país ocupado por los franceses, y,

defendiéndose contra los que le iban al alcance, revolvió en seguida

contra otros que se alojaban en Villanueva del Duque: escarmentolos el

22, y combatiendo siempre, entró en Cáceres el 31 y se abrigó de los

suyos después de una correría de dos meses, feliz y gloriosa.

[Marginal: Repasa el Tajo Marmont.]

Tales inquietudes y otras no menos continuas, así como lo devastado

del país, dificultaban al mariscal Marmont las provisiones, teniéndole

que venir convoyadas hasta de Madrid por fuertes escoltas, hostigadas

siempre, a veces dispersas. Por tanto, fortificando los antiguos

castillos de Medellín y Trujillo, apostó aquí la división del general

Foy con gran parte de la caballería, y el 20 de julio, repasando el

mismo mariscal el Tajo, se colocó en rededor de Almaraz y Plasencia.

[Marginal: También Wellington.]

Wellington también cruzó aquel río, vía de Castelo Branco,

contramarchando al mismo son ambos ejércitos, y solo dejó al general

Hill en Arronches y Estremoz para cubrir el Alentejo. Don Francisco

Javier Castaños, con la fuerza entonces corta del 5.º ejército, se

acuarteló en Valencia de Alcántara y sus cercanías, explorando la

caballería bajo el mando de Penne Villemur las comarcas vecinas. Íbanse

así tornando los respectivos ejércitos y cuerpos a los puntos desde

donde habían partido, y de cuya inmediata y peculiar conservación

estaban antes como encargados.

[Marginal: Fin de este libro.]

Y vemos que en estos seis o siete meses primeros del año de 1811 hubo

desde Tarifa corriendo por el mediodía y ocaso hasta el Duero plazas

perdidas y tomadas, batallas ganadas, fieros trances. Los aliados por

una parte perdieron a Badajoz; pero por la otra recobraron a Almeida

y libertaron el reino de Portugal, inclinándose de este modo a su

favor la balanza de los sucesos. Cometiéronse faltas, y no solo las

cometieron los españoles, cometiéronlas también ingleses y franceses,

pudiéndose inferir de nuestra relación cuánto pende de la fortuna la

fama de los generales más esclarecidos, absolviendo por lo común el

mundo, si aquella es propicia, de enormes e indisculpables yerros.

RESUMEN

DEL

LIBRO DECIMOQUINTO.

Operaciones militares a los extremos de los ejércitos combinados

anglo-hispano-portugueses. — Ronda. — Murcia y Granada. — Pasa

Sebastiani a Francia. — Galicia y Asturias. — Evacuación de Asturias.

— Acción de Cogorderos. — 7.º Ejército: Porlier a su frente. —

Partidas de este distrito. — Sorpresa de un convoy en Arlabán, por

Mina. — Ejército francés del norte de España. — Cataluña, Aragón y

Valencia. — Sitio de Tortosa. — La toman los franceses. — Sensación

que causa en Cataluña. — Sentencia contra el gobernador Alacha. —

Toman los franceses el castillo del Coll de Balaguer. — Providencias

de Suchet. — Vuelve a Aragón. — Alborotos en Tarragona. — El marqués

de Campoverde nombrado general de Cataluña. — Asoma Macdonald a

Tarragona. — Se retira. — Reencuentro con Sarsfield en Figuerola. —

Nuevos alborotos en Tarragona. — Nuevo congreso catalán. — Disuélvese

luego. — Providencias de Suchet en Aragón contra las partidas. —

Facultades nuevas y más amplias que Napoleón da a Suchet. — Vistas

con este motivo de Suchet y Macdonald. — Pasa Macdonald a Barcelona.

— Quema de Manresa. — Proclama de Campoverde. — Movimientos de este

general. — Tentativa malograda contra Barcelona. — Sorpresa y toma de

Figueras por los españoles. — Marcha a Figueras del barón de Eroles. —

Ocupa a Olot y Castelfullit. — Estado crítico de los franceses. — Va

también Campoverde a Figueras. — No consigue sino en parte socorrer

el castillo. — Vacilación de Suchet. — Medidas de precaución que toma

en Aragón. — Resuélvese a sitiar a Tarragona. — Principia el cerco.

— Llega Campoverde a Tarragona. — Atacan y toman los franceses con

dificultad el fuerte del Olivo. — Sale Campoverde de la plaza: se

encarga el mando de ella a Don Juan Senén de Contreras. — Encarnizada

defensa de los españoles. — Tropas que llegan de Valencia. — Diversión

de Eroles y otros fuera de la plaza. — Toman los franceses el arrabal.

— Quejas contra Campoverde. — Tentativa infructuosa de este para

socorrer la plaza. — Tropas inglesas que se presentan delante del

puerto. — No desembarcan. — Otras ocurrencias desgraciadas. — Baten

los franceses la ciudad. — La asaltan. — La entran. — Gloriosa

resistencia de los sitiados. — Muerte de D. José González. — Horrible

matanza. — Reflexiones. — Suerte de Contreras y noble respuesta. —

Ceremonia religiosa a que asiste Suchet. — Resuelve Campoverde evacuar

el Principado. — Deserción. — Suchet pasa a Barcelona. — Actos suyos

crueles. — Torna Suchet a Tarragona. — Desiste Campoverde de evacuar

el Principado. — Se embarcan los valencianos. — Sucede a Campoverde en

el mando Don Luis Lacy. — Lacy y la Junta del Principado en Solsona.

Su buen ánimo. — Marcha admirable del brigadier Gasca. — Suchet trata

de atacar la montaña de Monserrat. — Es elevado a mariscal de Francia.

— Eroles en Monserrat. — Descripción de este punto. — Le ataca y toma

Suchet. — Macdonald estrecha a Figueras. — Se rinde el castillo. — No

por eso cesa la guerra en Cataluña. — Suchet pasa a Aragón, inquieto

siempre este reino. — Valencia. Convoca Bassecourt un congreso. — Se

disuelve. — Don Carlos O’Donnell sucede a Bassecourt. — Operaciones

militares del 2.º ejército, o sea de Valencia. — Sucede el marqués del

Palacio a O’Donnell. — Castilla la Nueva. — Juntas y guerrilleros. —

El Empecinado. — Villacampa. — Ataque contra el puente de Auñón. —

Diversos movimientos y sucesos. — Otros guerrilleros. — Malos y crueles

tratamientos. — Más partidarios. — Resultas importantes de este género

de guerra. — Situación de José. — Desengaños que recibe. — Estado de su

ejército y hacienda. — Diversiones que José promueve. — Ilusiones de

José. — Desazonaba su lenguaje a Napoleón. — Disgusto de José. — Su

viaje a París. — Nacimiento del Rey de Roma. — Vuelve José a Madrid.

— Escasez de granos. — Providencias violentas del gobierno de José.

— Trata José de componerse con el gobierno de Cádiz. — Emisarios que

envía. — Inutilidad de los pasos que estos dan.

HISTORIA

DEL

LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN

de España.

LIBRO DECIMOQUINTO.

[Marginal: Operaciones militares a los extremos de los ejércitos

combinados anglo-hispano-portugueses.]

A los opuestos y distantes extremos de los puntos en donde se

ejecutaban las grandes y principales maniobras del ejército

anglo-portugués y anglo-español, descubríanse por un lado las montañas

de Ronda y el tercer ejército, acantonado en la raya de Granada y

Murcia, y por el otro Galicia y Asturias, con el ahora llamado 6.º

ejército. En ambas partes pudiera haberse molestado mucho al enemigo,

si se hubiese sacado ventaja de los medios que proporcionaba el país,

señaladamente Galicia, y de la favorable oportunidad que ofrecía el

agolparse de las huestes francesas hacia la raya de Portugal. Pero,

por desgracia, ciñéronse solo los esfuerzos a divertir la atención del

enemigo, y a ponerle en la necesidad de emplear tropas que bastasen a

observar y contener a las nuestras.

[Marginal: Ronda.]

La serranía de Ronda, foco importante de insurrección, dividía, por

decirlo así, el cuerpo francés sitiador de Cádiz del de Sebastiani,

alojado en Granada. Gobernaba aquellas montañas, como antes, el

general Valdenebro, presidente de la junta de partido; mas por lo

común guiaban de cerca a los serranos caudillos naturales del país.

Begines de los Ríos, con la primera división del 4.º ejército, apoyaba

los movimientos de los habitadores y contribuía a mantener el fuego.

Peleábase sin cesar, y ni las fuerzas que los franceses conservaban

siempre en la misma sierra, ni las columnas que a veces destacaban de

Sevilla, Granada o sitio de Cádiz eran suficientes para reprimir la

insurrección. El paisanaje dispersábase cuando le atacaban numerosas

fuerzas, y reconcentrábase cuando estas se disminuían, apellidando

guerra por valles y hondonadas con instrumentos pastoriles, o usando de

otras señales como de fogatas y cohetes. Inventaron los rondeños mil

ardides para hostigar a sus contrarios, y en Gaucín subieron cañones

hasta en los riscos más escarpados. Las mujeres continuaron mostrándose

no menos atrevidas que los hombres, y en vano tentó el enemigo domar

tal gente y tales breñas: desde principios de este año de 1811 hasta

agosto anduvo la lid empeñada, y entonces animola, como veremos más

adelante, la venida del general Ballesteros.

[Marginal: Murcia y Granada.]

No son muy de referir los acontecimientos que ocurrieron por el mismo

tiempo en el tercer ejército, que antes componía parte del que llamaron

del centro. Sucedió a Blake, cuando pasó a ser regente, el general

Freire, quien, en diciembre de 1810, tenía asentados sus reales en

Lorca y puesta su vanguardia en Albox, Huéscar y otros pueblos de los

contornos. Franceses y españoles registraban a menudo el campo, y en

febrero de 1811 quisieron los primeros internarse en Murcia, como para

hacer juego con los movimientos de Soult en Extremadura. Extendiéronse

hasta Lorca, ciudad que evacuó Freire, no llevando Sebastiani más allá

sus incursiones, acometido de una consunción peligrosa.

Retirados los franceses, tornaron los nuestros a sus anteriores puestos

y renovaron sus correrías y maniobras. Fue de las más notables la que

practicaron el 21 de marzo. Don José O’Donnell, jefe de estado mayor,

dirigiose con una división volante sobre Huércal Overa, y destacó a

Lubrín al conde del Montijo, asistido de ocho compañías. Los enemigos

allí alojados resistieron al conde, mas retirándose a poco, camino de

Úbeda, viéronse perseguidos y experimentaron una pérdida de 180 hombres

con algunos prisioneros.

Menguado cada día más el 4.º cuerpo francés, tuvo el general Sebastiani

que ordenar la reconcentración de sus fuerzas cerca de Baza,

aproximándolas por último a Guadix el 7 de mayo. De resultas, avanzó

Freire y colocó su vanguardia en la Venta del Baúl, destacando por su

derecha, camino de Úbeda y Baeza, a Don Ambrosio de la Cuadra, con una

división y las guerrillas de la comarca.

Este movimiento, hecho con dirección a parajes por donde pudieran

cortarse los comunicaciones de las Andalucías, alteró a los franceses

que acudieron aceleradamente de Jaén, Andújar y otras guarniciones

inmediatas para contener a Cuadra y atacarle. Trabose el primer

reencuentro el 15 de mayo en la misma ciudad de Úbeda. Tres veces

acometieron los enemigos y tres veces fueron rechazados, obligándolos a

huir la caballería española, que trató de cogerlos por la espalda. Los

franceses perdieron mucha gente, sirviéndoles de poco un regimiento de

juramentados, que a los primeros tiros se dispersó. Afligió sobremanera

a los nuestros la muerte del comandante del regimiento de Burgos, Don

Francisco Gómez de Barreda, oficial distinguido y de mucho esfuerzo.

También el 24 intentaron los enemigos desalojar a los españoles

de la Venta del Baúl, mandados estos por Don José Antonio Sanz.

Cargó intrépidamente el francés, mas no pudo conseguir su objeto,

impidiéndoselo un barranco que había de por medio y el acertado fuego

de nuestra artillería, que manejaba Don Vicente Chamizo. Se limitó de

consiguiente la refriega a un vivo cañoneo, que terminó por retirarse

los franceses a Guadix y a la cuesta de Diezma.

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (4 de 5) · 第 5 / 26 段