CAPÍTULO XXXII.

_Conspiracion de Guadix, y su castigo: fin de la carrera del Zagal._

Apenas se halló Boabdil de vuelta en su capital, cuando apareció

Fernando en la vega con siete mil caballos y veinte mil infantes.

Habia salido de Córdoba para socorrer á Salobreña; pero teniendo en

su marcha aviso de haberse levantado el sitio, habia vuelto camino

de Granada, para completar la desolacion de esta infeliz ciudad con

nuevos estragos. En esta entrada, que duró quince dias, se acabó de

destruir lo poco que habia quedado de la primera tala, y fue tan

general la ruina, que no quedó cosa verde ni animal con vida en la

superficie de la tierra.

Hecha esta nueva tala, partió el Rey con su ejército para contener

una conspiracion que acababa de manifestarse en las ciudades de

Baza, Almería y Guadix, cuyos naturales trataban secretamente con el

Rey moro para sacudir el yugo cristiano, y volver á su obediencia.

El marqués de Villena, instruido de estos movimientos, se presentó

repentinamente en Guadix con una fuerza competente, y sacando la

poblacion fuera de los muros, con pretesto de hacer alarde de los

habitantes que eran aptos para llevar las armas, los excluyó de

la ciudad, cerrándoles las puertas. Cuando llegó á Guadix el Rey,

le rodearon estos infieles suplicándole que los restituyese á sus

casas y familias. Fernando, sin dejar de oir sus quejas, les hizo la

proposicion siguiente. “De dos cosas una; que os vais con vuestras

mujeres é hijos donde querais, y yo os mandaré poner en salvo, ó

me entregareis á todos los que tuvieron parte en esta traicion,

para que haga justicia de ellos; y sabed que no se me ha de escapar

ninguno”[36]. La resolucion del Rey no dejaba á los moros otra

alternativa sino irse, pues los mas eran cómplices en la conspiracion

que se habia descubierto; por lo que partieron con sus familias y

bienes para morar en otras partes. Igual partido ofreció el Rey á

los moros de Baza y Almería, los cuales, la mayor parte, pasaron al

África; los demas, no queriendo dejar la tierra, fueron distribuidos

en varias aldeas y lugares indefensos[37].

[36] Cura de los Palacios.

[37] Garibay, lib. 13, cap. 39. Pulgar, lib. III, cap. 132.

Estando la atencion del Rey Católico ocupada con Guadix, se le

presentó alli el Rey anciano Muley Audalla, llamado el Zagal. Con

tanto revés, con tantos y tan amargos desengaños, estaba el triste

Monarca disgustado é impaciente. En el gobierno de su pequeño

territorio de Andarax y de sus dos mil subditos, habia experimentado

mas trabajos, que en el gobierno de todo el reino de Granada. Aquel

prestigio que le hacia estimar de su nacion, se habia desvanecido

desde el punto que los moros vieron su estandarte unido al de

Fernando. Volviendo de aquella indecorosa campaña que habia hecho con

sus doscientos hombres, llegó á Andarax para sufrir el último golpe

de la fortuna. Sus vasallos, instruidos de los triunfos de Boabdil,

corrieron á las armas, se juntaron tumultuariamente, y declarándose

en favor del jóven Rey, amenazaron con la muerte al Zagal[38]. El

desventurado Monarca, habiéndose con bastante trabajo substraido á

su furor, y no quedándole ya deseos de reinar, venia á suplicar al

Rey tomase sus posesiones, y le diese el equivalente que fuese de su

voluntad, pues queria irse con los suyos al África. Accedió Fernando

á sus deseos, y quedándose con veinte y tres poblaciones entre villas

y aldeas, le entregó la cantidad de cinco millones de maravedis, y

un salvo conducto para su viage. Habiendo asi enagenado su pequeño

reino, juntó el Zagal sus tesoros y efectos, que valian mucho, y

embarcándose con su familia y otras muchas que le siguieron, pasó á

Berbería[39].

[38] Cura de los Palacios, cap. 97.

[39] Conde, part. IV. cap. 41.

Y ahora, extendiendo la vista mas allá de la época en que termina

esta Crónica, sigamos los pasos del Zagal hasta el fin de su

carrera. Su corto y turbulento reinado y su desastroso fin pudieran

servir de aviso á la ambicion desenfrenada, sino fuera cierto que

contra este género de ambicion son inútiles asi el ejemplo como el

precepto. Cuando llegó al África, el Rey de Fetz, sin tener con él

piedad ni consideracion alguna, lo hizo prender y arrojar en una

prision como si fuera su vasallo. Acusado de haber sido la causa de

las disensiones y acabamiento del reino de Granada, y probada esta

acusacion á satisfaccion del Rey de Fetz, se le condenó á oscuridad

perpetua; y por medio de una plancha de cobre caldeado que se le pasó

por delante de los ojos, se le privó enteramente de la vista. Sus

riquezas, que acaso habian sido la causa secreta de un tratamiento

tan cruel, fueron confiscadas por su opresor, que se apoderó de

ellas, dejando en el mundo al Zagal ciego, destituido y sin recursos.

En este infeliz estado fue el desgraciado Monarca explorando su

camino por las regiones de Tingitania, hasta llegar á la ciudad de

Velez de Gomera. El Rey de Velez, que en algun tiempo habia sido su

aliado, mostró compadecerse de su suerte, le dió alimento y ropas, y

le permitió permanecer tranquilo en sus dominios. La muerte, que tan

á menudo arrebata al próspero y dichoso, cuando empieza á probar los

gustos que le dispensa su fortuna, suele por el contrario reservar al

miserable, para que apure hasta las heces la copa de la amargura. El

Zagal arrastró por muchos años una existencia triste en la ciudad de

Velez, vagando por ella ciego y desconsolado, compadecido de algunos,

despreciado por los demas, y llevando sobre el vestido un pergamino

con un letrero en arábigo que decia: Este es el desventurado Rey de

Andalucía[40].

[40] Mármol, de Rebelione Maur. lib. I. cap. 16. Pedraza, hist.

Granat. p. 3. c. 4. Suarez, hist. de los obispados de Guadix y

Baza, c. 40.

[Ilustración]

Crónica de la conquista de Granada (2 de 2) · 第 33 / 84 题