_Conspiracion de Guadix, y su castigo: fin de la carrera del Zagal._
Apenas se halló Boabdil de vuelta en su capital, cuando apareció
Fernando en la vega con siete mil caballos y veinte mil infantes.
Habia salido de Córdoba para socorrer á Salobreña; pero teniendo en
su marcha aviso de haberse levantado el sitio, habia vuelto camino
de Granada, para completar la desolacion de esta infeliz ciudad con
nuevos estragos. En esta entrada, que duró quince dias, se acabó de
destruir lo poco que habia quedado de la primera tala, y fue tan
general la ruina, que no quedó cosa verde ni animal con vida en la
superficie de la tierra.
Hecha esta nueva tala, partió el Rey con su ejército para contener
una conspiracion que acababa de manifestarse en las ciudades de
Baza, Almería y Guadix, cuyos naturales trataban secretamente con el
Rey moro para sacudir el yugo cristiano, y volver á su obediencia.
El marqués de Villena, instruido de estos movimientos, se presentó
repentinamente en Guadix con una fuerza competente, y sacando la
poblacion fuera de los muros, con pretesto de hacer alarde de los
habitantes que eran aptos para llevar las armas, los excluyó de
la ciudad, cerrándoles las puertas. Cuando llegó á Guadix el Rey,
le rodearon estos infieles suplicándole que los restituyese á sus
casas y familias. Fernando, sin dejar de oir sus quejas, les hizo la
proposicion siguiente. “De dos cosas una; que os vais con vuestras
mujeres é hijos donde querais, y yo os mandaré poner en salvo, ó
me entregareis á todos los que tuvieron parte en esta traicion,
para que haga justicia de ellos; y sabed que no se me ha de escapar
ninguno”[36]. La resolucion del Rey no dejaba á los moros otra
alternativa sino irse, pues los mas eran cómplices en la conspiracion
que se habia descubierto; por lo que partieron con sus familias y
bienes para morar en otras partes. Igual partido ofreció el Rey á
los moros de Baza y Almería, los cuales, la mayor parte, pasaron al
África; los demas, no queriendo dejar la tierra, fueron distribuidos
en varias aldeas y lugares indefensos[37].
[36] Cura de los Palacios.
[37] Garibay, lib. 13, cap. 39. Pulgar, lib. III, cap. 132.
Estando la atencion del Rey Católico ocupada con Guadix, se le
presentó alli el Rey anciano Muley Audalla, llamado el Zagal. Con
tanto revés, con tantos y tan amargos desengaños, estaba el triste
Monarca disgustado é impaciente. En el gobierno de su pequeño
territorio de Andarax y de sus dos mil subditos, habia experimentado
mas trabajos, que en el gobierno de todo el reino de Granada. Aquel
prestigio que le hacia estimar de su nacion, se habia desvanecido
desde el punto que los moros vieron su estandarte unido al de
Fernando. Volviendo de aquella indecorosa campaña que habia hecho con
sus doscientos hombres, llegó á Andarax para sufrir el último golpe
de la fortuna. Sus vasallos, instruidos de los triunfos de Boabdil,
corrieron á las armas, se juntaron tumultuariamente, y declarándose
en favor del jóven Rey, amenazaron con la muerte al Zagal[38]. El
desventurado Monarca, habiéndose con bastante trabajo substraido á
su furor, y no quedándole ya deseos de reinar, venia á suplicar al
Rey tomase sus posesiones, y le diese el equivalente que fuese de su
voluntad, pues queria irse con los suyos al África. Accedió Fernando
á sus deseos, y quedándose con veinte y tres poblaciones entre villas
y aldeas, le entregó la cantidad de cinco millones de maravedis, y
un salvo conducto para su viage. Habiendo asi enagenado su pequeño
reino, juntó el Zagal sus tesoros y efectos, que valian mucho, y
embarcándose con su familia y otras muchas que le siguieron, pasó á
Berbería[39].
[38] Cura de los Palacios, cap. 97.
[39] Conde, part. IV. cap. 41.
Y ahora, extendiendo la vista mas allá de la época en que termina
esta Crónica, sigamos los pasos del Zagal hasta el fin de su
carrera. Su corto y turbulento reinado y su desastroso fin pudieran
servir de aviso á la ambicion desenfrenada, sino fuera cierto que
contra este género de ambicion son inútiles asi el ejemplo como el
precepto. Cuando llegó al África, el Rey de Fetz, sin tener con él
piedad ni consideracion alguna, lo hizo prender y arrojar en una
prision como si fuera su vasallo. Acusado de haber sido la causa de
las disensiones y acabamiento del reino de Granada, y probada esta
acusacion á satisfaccion del Rey de Fetz, se le condenó á oscuridad
perpetua; y por medio de una plancha de cobre caldeado que se le pasó
por delante de los ojos, se le privó enteramente de la vista. Sus
riquezas, que acaso habian sido la causa secreta de un tratamiento
tan cruel, fueron confiscadas por su opresor, que se apoderó de
ellas, dejando en el mundo al Zagal ciego, destituido y sin recursos.
En este infeliz estado fue el desgraciado Monarca explorando su
camino por las regiones de Tingitania, hasta llegar á la ciudad de
Velez de Gomera. El Rey de Velez, que en algun tiempo habia sido su
aliado, mostró compadecerse de su suerte, le dió alimento y ropas, y
le permitió permanecer tranquilo en sus dominios. La muerte, que tan
á menudo arrebata al próspero y dichoso, cuando empieza á probar los
gustos que le dispensa su fortuna, suele por el contrario reservar al
miserable, para que apure hasta las heces la copa de la amargura. El
Zagal arrastró por muchos años una existencia triste en la ciudad de
Velez, vagando por ella ciego y desconsolado, compadecido de algunos,
despreciado por los demas, y llevando sobre el vestido un pergamino
con un letrero en arábigo que decia: Este es el desventurado Rey de
Andalucía[40].
[40] Mármol, de Rebelione Maur. lib. I. cap. 16. Pedraza, hist.
Granat. p. 3. c. 4. Suarez, hist. de los obispados de Guadix y
Baza, c. 40.
[Ilustración]