_Sumision del Zagal á los Reyes de Castilla._
No parece sino que las malas nuevas se comunican mas presto que las
buenas, y que las desgracias se eslabonan, y llaman unas á otras.
Despues de la rendicion de Baza, apenas pasaba dia que no tuviese
el Rey anciano aviso de alguna nueva pérdida; ya era una fortaleza
formidable que entregaba sus llaves al Rey cristiano, ya un pueblo
floreciente que le abria sus puertas, ó ya un valle risueño que
pasaba bajo su dominio; por manera, que los estados del Zagal
quedaban ahora reducidos á una pequeña parte de las Alpujarras, y á
las ciudades de Guadix y Almería.
La contrariedad de su fortuna, y la mengua de su gloria, tenian
abatido y cuidadoso al triste Monarca, cuando se le presentó su
primo el príncipe Cidi Yahye, que conforme á la obligacion contraída
con los Soberanos, venia á persuadir al Zagal que se sometiese á
los vencedores. Pasando desde luego al objeto de su mision, le
representó Cidi la triste situacion de las cosas, y la imposibilidad
de restablecer el imperio sarraceno en España. “La suerte, decia, se
ha declarado contra nosotros; nuestra ruina está ordenada de arriba.
Acordaos de la prediccion de los astrólogos cuando nació Boabdil;
ésta que creimos cumplida cuando se perdió la batalla de Lucena, es
ya evidente que se refiere á la perdicion total del reino: asi lo van
manifestando los sucesos, y asi es la voluntad del cielo.” El Zagal,
que le oia con mucha atencion y sin mover pestaña, despues de haber
estado un rato pensativo y sin responder, dijo, lanzando un triste
y profundo suspiro: “¡Alá huma su bahana hu! ¡hágase la voluntad de
Dios! Ya veo que asi lo quiere Alá, y que cuanto le place se cumple.
Si él no hubiera decretado la caida del reino de Granada, esta espada
y este brazo le hubieran defendido”[32].
[32] Conde, tomo III. cap. 40.
“¿Qué resta, pues, añadió Cidi Yahye, sino sacar el mejor partido
que permitan las circunstancias, y salvar de la ruina general
alguna pequeña parte de vuestros dominios? Concertaos con los Reyes
de Castilla, confiad en su justicia y generosidad, y no dudeis
en cederles como á amigos lo que al fin os habian de quitar como
enemigos.”
Vencido por estas razones, y humillándose al rigor de su fortuna,
accedió el altivo Zagal á las proposiciones de su primo; y
aquella rica porcion del imperio que poseia, con tantas villas y
fortalezas, y con las montañas que se extienden desde Granada hasta
el mediterráneo, con sus fértiles valles semejantes á esmeraldas
engastadas en una cadena de oro, pasaron al dominio del cristiano,
juntamente con las populosas ciudades de Guadix y Almería, las dos
mas preciosas joyas de su corona.
Los Soberanos para compensar esta cesion, recibieron al Zagal por
amigo y aliado, y le concedieron en herencia perpetua el territorio
de Alhamin en las Alpujarras, con las sabinas de Malaha; se le dió
el título de Rey de Andarax, con dos mil mudejares por vasallos, y
una renta de cuatro millones de maravedises al año[33]; todo lo cual
habia de poseer como vasallo de la corona de Castilla.
[33] Cura de los Palacios, cap. 94.
Dadas estas disposiciones, partió de Baza el Rey don Fernando y pasó
á Almería, para tomar posesion de las tierras y villas nuevamente
adquiridas, pues estaba concertado que se le hiciese alli la entrega
formal de todas ellas. Al llegar cerca de esta ciudad, salió el Rey
moro con el príncipe Cidi Yahye y otros caballeros á recibirle. Para
cumplir esta ceremonia se revistió el Zagal de una humildad violenta;
pero se descubrieron en su semblante señales de impaciencia; y era
evidente que al humillarse ante Fernando, no creia hacer mas que
someterse á la voluntad del cielo; no obstante, cuando llegó cerca
del Rey, se apeó de su caballo, y le pidió la mano para besarla; pero
aquel, guardando la consideracion debida al título real que el moro
habia tomado, no consintió este homenage, y abrazándole benignamente,
le dijo que volviese á cabalgar[34].
[34] Cura de los Palacios, cap. 93.
Formalizado el concierto acordado entre los dos príncipes, quedó
Fernando dueño de Almería y de todas las demas posesiones del
Zagal; y este anciano guerrero, despidiéndose del vencedor, partió
con algunos pocos partidarios en busca de su pequeño territorio de
Andarax, para ocultar alli á los ojos del mundo su humillacion, y
consolarse con una sombra de Soberanía.
[Ilustración]