_Escaramuzas entre moros y cristianos delante de Baza; y decision de
los sitiados en defensa de la ciudad._
En vista del estrago y confusion que habia causado en el campo un
solo temporal, y con la experiencia de los males á que está expuesto
un ejército sitiador, deseaba el Rey hacer algun partido á los moros
de Baza, y terminar aquella empresa. Con este objeto envió mensageros
á Mohamed Ben Hazen, ofreciendo libertad personal y seguridad de
bienes á los habitantes, y á él mercedes ilimitadas, si luego se le
entregaba la ciudad. Pero los brillantes ofrecimientos de Fernando,
lejos de deslumbrar al veterano alcaide, sirvieron para inspirarle
mayor confianza, pareciéndole síntomas de temor ó debilidad. Las
noticias exageradas que habia recibido de los daños ocasionados en el
real por la inundacion reciente, y del descontento de la tropa por
la falta de víveres, le confirmaron en esta opinion. Asi pues, dió
á las proposiciones del Rey una negativa cortés pero terminante; y
queriendo entretanto animar la guarnicion, les aseguraba que en breve
las fortunas del invierno y la hambre, pondrian á los cristianos
en la inevitable necesidad de abandonar el sitio; por lo que les
exhortaba á ser constantes en la defensa de la ciudad, y que saliesen
con espíritu y ardimiento á pelear con el enemigo. Asi, en efecto,
lo hicieron; y animados por su alcaide, casi todos los dias daban
batalla á los sitiadores, atacaban las guardias avanzadas, y movian
escaramuzas muy reñidas, en que perecian de la una y de la otra parte
muchos de los caballeros y soldados mas valientes.
En una de estas salidas subieron á lo alto de la sierra hasta
trescientos de á caballo y dos mil peones, para sorprender á los
cristianos que estaban ocupados en los trabajos. Su venida fue tan
repentina, que las tropas que estaban de guardia para proteger las
obras, no tuvieron lugar de apercibirse: muchos de ellos, escuderos
del conde de Ureña, fueron muertos; los demas huyeron la sierra
abajo, perseguidos por los moros, hasta encontrar con las gentes
del conde de Tendilla y de Gonzalo de Córdoba. El valeroso Conde,
abrazado con su rodela y sostenido por Gonzalo, se puso al frente
de sus tropas, detuvo á los fugitivos, é hizo rostro al enemigo. La
carga de los moros fue terrible; y turbados los cristianos empezaban
á remolinarse, cuando sobrevino don Alonso de Aguilar con algunas
compañías, y se renovó la pelea en las asperezas al pié de la
sierra. Los moros eran inferiores en el número, pero se aventajaban
á los cristianos en ligereza, y en la costumbre que tenian de pelear
en lugares fragosos. Con todo esto fueron al fin batidos, y huyeron
perseguidos por don Alonso hasta los arrabales de la ciudad, dejando
gran número de muertos en el campo.
Tal fue uno entre infinitos encuentros ásperos que ocurrian cada
dia, con pérdida de muchos buenos caballeros, sin beneficio
conocido de una ni de otra parte. Los moros, sin embargo de tantas
pérdidas y reveses, continuaban haciendo salidas diariamente con
admirable vigor y esfuerzo, y la pertinacia de su resistencia
parecia crecer á proporcion de sus apuros. Éstos se hacian de
hora en hora mas sensibles; la caja militar estaba ya agotada, y
no habia dinero con que pagar el sueldo de la tropa. Para suplir
esta falta, fue menester discurrir nuevos recursos; y el veterano
Mohamed apelando á la generosidad del pueblo, le manifestó las
necesidades de la guarnicion. Con esto los ciudadanos consultaron
entre sí, y recogiendo toda la vajilla de oro y plata que tenian,
la entregaron al alcaide. “Tomad esto, le dijeron, y haced moneda,
ya sea vendiéndolo, ó ya empeñándolo, porque no falte con que pagar
á nuestros defensores.” Las mugeres de Baza, tambien, animadas de
una noble emulacion, se desprendieron de sus brazaletes, manillas
y zarzillos, y todo lo pusieron en manos del alcaide, diciendo: “He
aqui los despojos de nuestra vanidad; dispon de ellos de modo que
contribuyan á la defensa de nuestras casas y familias. Si Baza se
salva, no serán menester joyas para celebrar tan alegre evento; si
Baza se pierde, ¿para qué quieren adornos los cautivos?”
Con estas contribuciones pudo Mohamed pagar el sueldo de las tropas,
y proseguir en la defensa de la ciudad. El generoso desprendimiento
y decision del pueblo de Baza, no tardó en llegar á noticia de
Fernando; y sabiendo el político Monarca la persuasion en que
estaban los caudillos moros de que el ejército cristiano tendria que
retirarse de sus muros, determinó darles una prueba convincente de la
falacia de sus esperanzas. Escribió, pues, á la Reina doña Isabel,
rogándola que con los caballeros de su corte y toda su servidumbre,
se pusiese en camino para el real, y fijase alli su residencia
durante el invierno. Por este medio se convencerian los moros de la
inalterable resolucion tomada por los Soberanos, de perseverar en
el sitio hasta la rendicion de la ciudad, y vendrian en partido de
entregarla.
[Ilustración]