CAPÍTULO XV.

_De la situacion en que se hallaban respectivamente el Rey Católico,

Boabdil y el Zagal, y de la incursion de éste en tierra de

cristianos._

Toda la parte occidental del reino de Granada reconocia ya el dominio

de los Reyes Católicos: el puerto de Málaga obedecia sus leyes; y los

belicosos naturales de la serranía de Ronda les rendian vasallage,

subyugados y sumisos: aquellas soberbias fortalezas, que tanto tiempo

habian señoreado los valles de Andalucía, desplegaban ahora el

estandarte de Castilla y Aragon; y las atalayas que coronaban todas

las alturas, estaban desmanteladas, ó guardadas por las tropas del

Rey Católico.

Mientras que en esta parte del territorio moro se establecia el

imperio de los cristianos, en la parte central, que es lo que

rodea á Granada, se mantenia el Rey chico Boabdil gobernando como

vasallo de la corona de Castilla. Este desgraciado príncipe no

perdia ocasion de propiciar á los conquistadores de su pátria con

actos de sumision, y con demostraciones en que no podia tener parte

el corazon. Apenas supo la toma de Málaga, envió sus mensageros

á felicitar al Rey, acompañando regalos de caballos suntuosamente

enjaezados, telas de seda y oro, y perfumes orientales; todo lo cual

fue admitido benignamente; y Boabdil, con poca advertencia, se figuró

haber ganado un lugar distinguido en los afectos de Fernando. Pero

la política de Boabdil algunas ventajas, aunque pasageras, producia

á sus vasallos: el territorio que reconocia su dominio estaba libre

de las calamidades de la guerra; el labrador cultivaba en paz sus

campos, y la vega de Granada, volviendo á florecer, se manifestaba

en su primitiva lozanía. Restablecido el comercio, prosperaba el

traficante, y en las puertas de la ciudad habia un tránsito continuo

de caballerías cargadas con los productos de todos los climas. Pero

el pueblo de Granada, aunque apreciaba estas ventajas, aborrecia en

secreto los medios con que se habian conseguido, y miraban á Boabdil

casi como apóstata é infiel.

Los moros que aun no se habian sometido al dominio cristiano,

fundaban ahora sus esperanzas en el anciano Rey Muley Audalla el

Zagal. Este príncipe, aunque no reinaba en la Alhambra, todavia se

hallaba con mayores fuerzas que su sobrino: sus dominios se extendian

desde Jaen, por los confines de Murcia, hasta el mediterráneo, y

comprendian las ciudades de Baza y Guadix, y el importante puerto

de Almería, que en algun tiempo habia rivalizado con Granada por

su poblacion y riquezas. Tenia ademas bajo su jurisdiccion una gran

parte de las Alpujarras, ó serranía de Granada. Esta region montuosa

es el centro del poder y riqueza de los moros. Su grande elevacion y

su fragosidad la hacian casi inaccesible á los enemigos; pero en el

seno de aquellos riscos se abrigaban unos valles deliciosos, donde

reinaba una temperatura suave y una pródiga fertilidad. Por todas

partes brotaban manantiales y fuentecillas, que creciendo en ciertas

estaciones con las aguas que bajaban de Sierra nevada, cubrian de

verdor y frescura las faldas de aquellos cerros, y formaban al fin

arroyos caudalosos, que corrian serpeando por entre plantíos de

moreras, almendros, higueras y granados. Aqui tambien se producia

la seda mas fina de toda España, se cultivaban grandes viñedos,

y se criaban numerosos rebaños con los ricos pastos que ofrecian

los valles y las quebradas. Aun en la parte mas árida y estéril

proporcionaban estos montes inmensas riquezas, por la diversidad de

minerales de que estaban impregnados. En fin, las Alpujarras eran

un raudal copioso que acrecentaba en gran manera las rentas de los

Monarcas de Granada: sus naturales eran robustos y guerreros, y al

llamamiento del Rey salian de aquellos lugares hasta cincuenta mil

hombres de pelea.

Tal era la porcion de este imperio que tocó al anciano Muley el

Zagal. La guerra aun no habia llegado á esta poderosa comarca, pues

le servian de barrera contra sus estragos los elevados riscos y

áridos peñascos que la defendian. Mas no por eso dejó el Zagal de

añadirle nuevas defensas, mandando reparar todas las fortalezas, á

fin de hacer alli el último esfuerzo contra los progresos de los

cristianos. Entretanto, conociendo la necesidad de acometer alguna

empresa para conservar en su punto al afecto y fidelidad de sus

vasallos, ordenó una correría por el territorio enemigo, cuya manera

de guerrear sabia él ser la mas grata á los moros, para quienes tenia

mas atractivos un corto botin arrebatado á fuerza de armas, que todos

los provechos de un comercio pacífico y seguro.

Reinaba entonces la mayor tranquilidad en la frontera de Jaen, y

los alcaides de las fortalezas cristianas vivian descuidados, y

seguros de toda agresion, por tener tan cerca á su aliado Boabdil, y

contemplar distante á su fogoso tio el Zagal. De repente salió este

príncipe de Guadix con una fuerza escogida, atravesó rápidamente las

montañas que se extienden detras de Granada, y fue á dar como un rayo

en la campiña de Alcalá la Real. Primero que cundiese la alarma, ni

pudiese la comarca acudir á su defensa, habia hecho en ella el Zagal

un estrago enorme, saqueando y quemando aldeas, arrebatando ganados,

y llevándose gran número de cautivos. Reuniéronse las gentes de la

frontera; pero ya estaba muy lejos el enemigo, que volviendo á pasar

las montañas, entró triunfante por las puertas de Guadix, cargado de

despojos cristianos, y conduciendo una numerosa cabalgada. Con esta y

otras empresas semejantes fomentaba el Zagal el espíritu guerrero de

sus vasallos, granjeaba su opinion y afecto, y disponia los ánimos á

resistir una invasion que se esperaba por parte del Rey Católico.

[Ilustración]

Crónica de la conquista de Granada (2 de 2) · 第 16 / 84 题