APÉNDICE.

De las obras pias de las Islas.

Bajo esta denominacion hay un caudal existente, que si bien algunos

quieren presentarlo como cosa de poco momento é importancia, no falta

quien propale ser una riqueza inmensa; y si bien conviene despreciar

á los que solo intentan disminuir ese capital, es tambien prudente

oir con prevencion las exajeraciones de los otros y las frases con

que las hacen. Esas obras pias son unos pequeños bancos donde acuden

á tomar fondos bajo las garantías que se convienen los que para sus

negocios necesitan ausilios pecuniarios, se administran por vecinos

que deben ser cofrades de las respectivas corporaciones á cuyo cargo

se hallan, bajo ciertas reglas, reglamentos ó estatutos que marcan las

respectivas obligaciones, y todos no son mas que unos ejecutores de

las últimas voluntades de los testadores que les legaron sus fondos

para los usos que tuvieron por conveniente señalar.

Las obras pias de Manila ó fundaciones de testadores particulares,

forman un conjunto de capitales de bastante consideracion. Destinados

sus fondos para el jiro, se gravaron sus productos con pensiones y

cargas para objetos del culto divino y beneficencia pública: merecen

por lo tanto toda la consideracion del Gobierno, por las ventajas que

de ellas puede reportar la agricultura é industria de las Islas. Si

el jiro limitado y privilejiado de Manila con Nueva-España no

hubiera estado reducido á un comercio meramente pasivo de tránsito

ó de transporte, esos establecimientos al paso que se han hecho

ricos, ellos mismos hubieran dado á aquel comercio una opulencia

verdadera. De la enorme utilidad de 200 á 500, y aun mas, por 100 que

dejaban en Acapulco los negocios de la Nao, la mayor parte era para los

negociantes estranjeros de la India y China, cuyos efectos surtian casi

en su totalidad el cargamento de las Naos: otra gran parte era para

obras pias, pues hubo años que se pagó el 50 por 100 de las cantidades

que adelantaban; de forma que á favor de los comerciantes de Manila

quedaba un beneficio tan reducido, cual demostraria un cálculo que

se hiciese de los muchos millones de pesos que se han importado en

Filipinas de Nueva-España por las Naos, y del poco valor respectivo

que en moneda y fomento ha quedado á los comerciantes de Manila.

En la época del establecimiento de esas fundaciones no se conocia

otro comercio que el de Acapulco, India y China, que aunque dividido

en tres jiros, era una sola negociacion, porque la mayor parte de los

acopios hechos con dinero de obras pias en estos dos últimos mercados,

daban su resultado en Nueva-España; por manera que habiendo cesado

totalmente el comercio con Nueva-España, han cesado al mismo tiempo los

jiros de la India y China, y quedado estos reducidos á solo objetos

del consumo del pais. Este comercio sin embargo, aunque no bajo el

pie lucrativo que antes, podrá resucitarse cuando los negocios de

España se arreglen con las repúblicas de América, sea reconociéndose

solemnemente su independencia, ó sea abriendo tratados de comercio,

mas nunca volverá á ser lo que fue.

Los fundadores de esas obras pias no preveyeron que podia llegar

un dia en que cesase la comunicacion y comercio de Filipinas con

Nueva-España, y dieron sus reglas de administracion limitadas á

aquellas tres clases de jiros, cuya cesacion repentina ha dejado

ociosos esos fondos y espuestos á mil continjencias. Algunas de esas

fundaciones solo pueden disponer de una pequeña parte de ellos para

premios terrestres, á otras (y es lo mas jeneral) no les está esto

permitido por sus estatutos ó disposiciones de los fundadores, y en

este estado de cosas es de necesidad que el Gobierno interponga su

autoridad, asi para que los objetos de las fundaciones tengan debido

cumplimiento en el modo mas posible, como para que se obtengan ó se

dé una conmutacion de jiros, y se empleen esos fondos en beneficio

y fomento de la agricultura, industria y fábricas del pais, que ya

hubieran recibido de ellos un incremento incalculable si las grandes

ventajas y utilidades del comercio de Acapulco, no hubiera llamado

tanto la atencion de los fundadores hácia ese destino.

Debe ser tambien una máxima política del Gobierno protejer esos

establecimientos de la capital, cuyos caudales en el caso de una guerra

súbita ó de una revolucion estraordinaria en el interior de las Islas,

pueden sacarle de un apuro en el estremo de no poder contar ni con

las contribuciones del pais, ni con los ingresos de la aduana y rentas.

De Las Islas Filipinas · 第 26 / 46 题