De todo lo relacionado, aunque muy lijeramente, cualquiera conocerá
la importancia de las provincias de Filipinas, su estension, riqueza y
elementos que en si encierra aquel pais para engrandecerse sobremanera:
verá igualmente que el sistema judicial está montado bajo un pie el
mas anómalo, complicado y aun perjudicial; que nada es mas fácil
que reducirlo al órden natural que debe tener; y que en hacienda
no hay las debidas economías, ya por los sueldos innecesarios que
se pagan, como por el crecido y aun exorbitante número de empleados
sobrantes que existen, aumento que tienen, y que si no se pone pronto
y eficaz remedio á este daño, quedará aquel pais reducido á un estado
de empleados y nada mas; clase que en toda nacion debe disminuirse
cuanto sea posible, para que abundando en brazos las otras laboriosas
y productivas, la agricultura, la industria y el comercio, tengan
el mayor impulso y fomento, y de aqui el desarrollo completo de la
riqueza y prosperidad pública, con las demas conocidas felicidades
de un estado floreciente.
Filipinas con su hermoso y tan feraz suelo, cual ningun otro, y
con tres y medio millones de habitantes, reune los elementos todos
que pueden juzgarse necesarios para que sea un pais de felicidad y
riqueza. Mas de trecientos años han pasado ya desde que el inmortal
Legaspi fijó en aquellas apartadas rejiones el estandarte de la cruz,
y se conquistaron para España aquellas Islas [23]. Tiempo y sobrado es
ya de que se piense en su felicidad, de que se remuevan los obstáculos
que á ella se oponen, y con pruebas nada dudosas ni equívocas se
patentice y haga ver á aquellos habitantes, nuestros hermanos, que
deseamos su prosperidad tanto como la nuestra; ó mejor dicho, que
reputamos su bien estar como nuestro, y que á su acrisolada lealtad,
no desmentida hasta hoy, corresponde la madre patria ocupándose en
mejorar su suerte y condicion; como indefectiblemente sucederá por
la ley especial que se les dará, sin perjuicio de que sus justas
reclamaciones sean oidas y atendidas, para cerciorarles de que la
madre patria anhela y trabaja tanto cuanto puede encarecer, para
asegurar la felicidad de sus provincias en Filipinas.
Finalmente, despues de tanto cuanto se ha espuesto sobre vicios y
defectos en la administracion, asi de justicia como de la hacienda
en aquellas posesiones, y remedios que desde luego podian emplearse
para cortar abusos, remediar males, y dar impulso á la prosperidad de
las Islas, resta aun añadir, que si se quiere y desea la felicidad de
aquellas provincias; si de buena fe se apetece su paz, tranquilidad y
público sosiego, teniendo en cuenta que aun ha de pasar algun tiempo
[24] hasta que las Córtes puedan ocuparse de los trabajos que presente
el Gobierno para formular las leyes especiales para Ultramar, muy
útil, muy conveniente y provechoso seria para perfeccionar aquellos
trabajos, pedir á nuestras provincias ultramarinas bases sobre qué
fundar las nuevas disposiciones que tienen que formularse, discutirse
y sancionarse. Personas notables por su capacidad, luces y talentos, no
menos que por sus riquezas, tienen Filipinas y las preciosas Antillas;
pues bien, fórmese en cada una de estas posesiones una reunion de
personas escojidas por sus talentos, honrosos antecedentes, y de
garantias por sus capitales, y bajo la presidencia de los capitanes
jenerales gobernadores, mándeseles que se dediquen y ocupen en
formular y discutir los fundamentos principales, los principios ó
bases de las reformas mas adecuadas para garantir su seguridad, su
propiedad, y establecer las mejoras que las luces del siglo reclaman,
y han de conducir á aquellas provincias al mas saludable y cumplido
desarrollo de su prosperidad.
Estos trabajos facilísimos de ejecutar por este método, ademas
de adelantar y mucho los que el Gobierno por si debe hacer,
facilitarian sobremanera el pronto arreglo de aquellas leyes. El
comercio hablaria en su ramo segun sus necesidades; los majistrados
en el suyo manifestarian los vicios y defectos de que adolece,
y remedios que podrian emplearse para la mas pronta y recta
administracion de justicia; las autoridades de hacienda harian otro
tanto, y los reverendos arzobispos y obispos por el clero dirian
sobre la necesidad del pacto espiritual y medios que convendria
adoptar para su estabilidad, mejor distribucion y propagacion de
nuestra fe, pues en Filipinas hay aun mucho que conquistar en esta
parte; los ayuntamientos propondrian sobre sus atribuciones lo mas
conveniente, sin olvidar que sobre pesos y medidas es urjentísimo
dar una ley que regule tan interesante materia; pues en Filipinas,
en unas cosas rijen pesos y medidas de España, en otras las de China,
y en otras las particulares adoptadas por el pais, como sucede en la
medicion de tierras; y últimamente, por los públicos intereses en los
importantes ramos de la agricultura é industria, los propietarios que
los representasen, pedirian disposiciones análogas á su estabilidad y
fomento. Cada uno en su línea presentaría razones y datos estimables
en informes de importancia y consideracion, y con muy poco ó ningun
trabajo se encontraria el Gobierno con un cúmulo de noticias las mas
seguras para no errar ni aventurar nada en tan interesante materia,
y las provincias de Ultramar en esta solicitud del Gobierno, veria
la mejor disposicion y deseos de labrar su felicidad por unos medios
tan sencillos como los mas análogos para el acierto; pues de esa
reunion ó consejo de personas escojidas para el caso, era imposible
que viniesen otras proposiciones que las únicas y solas en su clase
para perfeccionar la obra de su rejeneracion política, cual se necesita
en el estado de ilustracion que tienen ya aquellos paises.
He concluido mi tarea, y solo me resta suplicar á los lectores, y
especialmente á mis amigos de Filipinas, reciban con la benignidad
que de su ilustracion espero, esta muestra de mis desvelos por la
mejor felicidad de nuestros hermanos de Ultramar, como me lo prometo
de su acreditada induljencia. Valencia 30 de Diciembre de 1841.