Aunque esta materia parece ajena de este papel, no es asi, y los
lectores se convencerán de esta verdad, sabiendo que desde el arzobispo
y tres obispos sufragáneos, hasta el último párroco, tienen todos una
asignacion ó sueldo fijo, que cobran, como cualquier otro empleado
del Gobierno, de las cajas de la hacienda nacional: por lo tanto si
se fuese á tratar de sus facultades, jurisdiccion y atribuciones,
seguramente que este no era el lugar mas á propósito para ello;
pero cuando nada se va á decir sobre tales puntos, y únicamente se
los va á considerar como unos partícipes que son en la distribucion
de los caudales públicos, ninguna ocasion mas adecuada para tratar
la materia que al concluir la 2.a parte de esta memoria, relativa
toda ella á la hacienda nacional, y solicitar las correspondientes
economías, como se han indicado en las demas clases.
El único cabildo eclesiástico que hay en Filipinas se halla en Manila,
y consta de cinco dignidades, tres canonjías, dos raciones y dos medias
raciones, capellanes de coro, &c.; dotadas con bastante profusion tales
prebendas, nada mas justo que reformar sus asignaciones, teniendo
presente para ello las que anteriormente disfrutaban en tiempos de
la Nao de Acapulco, y sabiendo que emancipadas las Américas, aquellas
dotaciones han sido aumentadas con poca razon y justicia. Este aumento
de asignacion anual á las prebendas, tengo entendido se verificó
á pretesto de la pérdida ó quebranto que sufrieran por la falta
del importe de boleta que tenian en la Nao cuando esta concluyó,
la cual vendian al comercio, y con ello tenian un sobresueldo; mas
la misma pérdida y quebranto sufrieron los rejidores perpétuos del
ayuntamiento de Manila, cuyas plazas compraban por gruesas cantidades,
y ni se les han satisfecho por el Gobierno sus capitales, ni se les ha
indemnizado de otro modo sus pérdidas reales y efectivas: ademas de
los rejidores, igual derecho de boleta tenian las viudas y huérfanos
de militares y otras personas necesitadas, y tampoco han recibido
indemnizacion alguna por tal pérdida, y acaso su único recurso para
su subsistencia, cuando las prebendas tenian y les quedaron otros
ausilios para mantener con decoro á los que las sirviesen; con que
ó aquel aumento por tal razon es injusto, ó si es justo, la misma
indemnizacion se debe á los rejidores, viudas, huérfanos y demas
clases que percibian el ausilio de boleta.
Los prebendados tienen su dotacion fija, la intencion libre, y ademas
una parte de productos de las cantidades que rinden las obras pias que
administra el cabildo y la mitra, y cuyos réditos distribuye entre sus
individuos, con arreglo á las fundaciones: la intencion libre para
aplicar misas por quien se las pague (que nunca falta ni faltará en
un pais tan católico como Filipinas), es otro recurso y no de poca
importancia, porque la limosna de las misas tampoco es escasa; y por
último, la parte que perciben de réditos ó productos de las obras pias,
es el tercer recurso ó ausilio que viene á completarles una pingüe
renta, que muy bien podria sufrir alguna reforma en beneficio del
erario, y reducirles su dotacion á lo que antes era, nivelando con
justicia á las clases todas que contaban con la parte de boleta en la
Nao; pérdida que todos sufrieron, y que solo se ha indemnizado á la
clase que menos lo necesitaba: asi, pues, es de rigurosa justicia que
se haga la rebaja correspondiente en la asignacion de esas prebendas,
y quede reducida á lo que era antes de la pérdida de la Nao, ó al
primitivo señalamiento de renta.
Los párrocos, asi regulares como seculares, la única reforma que
necesitan en cuanto á dotacion que perciben del erario, único concepto
bajo el cual se los considera aqui, es que se les nivele é iguale,
y se dé una regla fija sobre sus estipendios y asignaciones, teniendo
en cuenta el lucrativo pie de altar de algunos; pues estando todos
esclusivamente dedicados al servicio espiritual á un mismo ministerio,
hay una enorme desigualdad en el goce de asignacion: es la razon
porque en unas provincias se les pagan en dinero, en otras mitad en
dinero y mitad en especie (arroz), y en otras una parte en dinero
y dos en especie, ó vice-versa, con mucha variedad en el cuanto de
cada cosa; y si esta medida en un principio pudo ser, como de hecho
puede asegurarse lo fue, muy benéfica para interesar á los párrocos
en que ayudaren y estimularen á los indios á fomentar la agricultura,
ya en el dia es perjudicial, porque la parte en especie que deben
percibir los párrocos, vale un duplo ó mas de lo que les corresponde,
y valia cuando se fijaron esas asignaciones, y esto es perjudicar
á los contribuyentes sin favor del estado. Sobre este particular
ha habido varias reclamaciones, y aun se ha intentado mas de una
vez nivelarlos y fijar una cuota determinada por medio de una regla
jeneral para todas las provincias, y aunque en algunas se haya hecho
la variacion, no en todas sucedió lo propio, prevaleciendo antiguos
vicios ó abusos. Es, pues, de necesidad que la asignacion que el
estado paga á los párrocos, sea igual en todas las Islas, y que nada
se les pague en especie. Los indios deben ser libres en la venta de
sus frutos como y cuando lo tengan por conveniente; cualquiera otra
regla, sobre injusta, no puede menos de ser gravosa al erario.
En cuanto al aumento ó disminucion de estipendios, nada puede decirse
con datos fijos, ó sin temor de padecer equivocaciones que pueden
ser de trascendencia: únicamente advertiré que los párrocos que son
destinados á misiones, que es á formar pueblos nuevos, atrayendo y
catequizando á los indios infieles que en varios puntos de las Islas
existen, están escasamente dotados, y si no fuese por los ausilios de
otros relijiosos y sus amigos ó bienhechores, difícilmente podrian
subsistir, y con todo eso aun tienen que dedicar muchos dias para
preparar y cultivar un pedazo de terreno, formando un poco de siembra
de arroz para facilitarse el pan para el año, y dedicarse á la caza
de venados, para hacerlos cecina ó salon, que en el pais llaman tapa,
y por este medio comen alguna carne, pues son muchas las estrecheces
que pasan y no es fácil remediárselas.
Tambien debe decirse que los párrocos de pueblos pequeños padecen
muchas privaciones, porque su pie de altar nada les produce, y
merecian, asi como los destinados á misiones, alguna consideracion en
el señalamiento de sus estipendios, que podia aumentárseles rebajándose
alguna cosa á los párrocos de pueblos mayores, ó que pasen de 2000
tributos; en estos, aunque sus gastos son mas considerables, por tener
que mantener uno, dos ó mas coadjutores, sin embargo su pie de altar
es mas pingüe, no faltan limosnas para misas, y los estipendios suben
bastante, de los que puede rebajárseles alguna parte para atender á
los párrocos pobres y misioneros. De que concluyo, parece fundada esta
reforma, y aun justa, en beneficio de nivelar del mejor modo posible,
y sin recargo del erario, la distribucion de la hacienda entre los
párrocos; pues dedicados todos á tan alto é importante ministerio,
nada mas justo que facilitarles los medios mas análogos á conservar
la decencia y decoro de su estado cual corresponde, con la mas justa
proporcion que sea posible, pudiendo efectuarse en la forma indicada,
y asi continuar hasta que el aumento de poblacion reclame que se
varie el método que se establezca.
Tales son los fundamentos que puedo suministrar sobre la administracion
y distribucion de la hacienda pública en Filipinas, y me persuado que
(aun cuando mal coordinados y no muy completos, porque la cortedad
de mis luces no da de sí otra cosa, la estrechez con que me he
propuesto redactarlos no admite mayores digresiones, y el habérseme
estraviado algunos papeles interesantes, me impiden suministrar mas
datos) presentan noticias de alguna importancia para que se pueda
formar alguna idea del mérito de aquellas Islas, y el Gobierno tomar
algunas medidas sobre la reforma que el estado de las Islas Filipinas
demanda para felicidad de ellas, estension y fomento de sus rentas,
y establecer justas economías, conteniendo se aumenten los empleados,
y procurando reducirlos á los puramente precisos é indispensables, si
se han de hacer los ahorros posibles, que si en todos tiempos deben
procurarse, en los actuales de escasez y penuria por lo atrasado
del estado, es mas recomendable, preciso y necesario todo jénero de
economía justa y racional.