Las oficinas tituladas tesorería y contaduría jeneral de ejército y
hacienda pública, las primeras de las Islas, el tribunal y audiencia
de cuentas ó contaduría mayor, la intendencia jeneral de ejército
y superintendencia jeneral subdelegada de la hacienda pública,
rentas del tabaco y vino, aduana, correos y secretaría del superior
gobierno, aunque merecian ser tratadas cada una en párrafo separado,
se traen todas en globo á este lugar, porque en todas ellas solo
hay un vicio que combatir, á saber: el escesivo número de empleados
propietarios, escedentes, supernumerarios, &c., que hay en todas
ellas, y la necesidad de una limpia, que reduciéndolos á los puramente
precisos, útiles y necesarios, descargue el tesoro público de tanto
sueldo, pension y rentas que no debia pagar, porque si con veinte
buenos empleados puede estar cubierto el servicio, ¿por que ha de
mantener el estado ciento ó doscientos? Esto y solo esto es el plan
de reforma que estas oficinas necesitan; la culpa de este abuso,
de este desórden, y aun si se quiere de esta iniquidad, no es de los
infelices pretendientes que obtaron y consiguieron esas colocaciones,
sino del gobierno, que debiendo saber le bastaban veinte empleados,
por ejemplo, fue nombrando á cientos, sin cuenta y razon, proveyendo
supernumerarios y futuras contra ley espresa de Indias [21], gravando
y perjudicando aquel erario, y no poniendo todo el esmero y celo en
administrarlo cual debia.
Sin embargo de lo dicho en globo de todas las oficinas para el
fin únicamente de manifestar se hallan provistas con profusion de
empleados, debo tambien tratar, aunque lijeramente, de algunas en
particular, porque adoleciendo de algunos vicios, deben denunciarse
y procurarse su remedio.
Tal sucede, por ejemplo, en la contaduría y tesorería jeneral de
ejército y hacienda pública, las primeras oficinas, como se ha dicho:
el contador y tesorero jeneral son dos jefes que recaudan, administran
y distribuyen juntos, ligados mancomunadamente y en el ramo informativo
los liga igual mancomunidad, segun antiquísimas instrucciones,
las que si en su oríjen y muchos años despues pudieron ser útiles y
buenas, ya son defectuosas y aun perjudiciales, porque este método
atrasa el servicio, y da lugar y oríjen á disputas, disensiones y
aun escándalos entre ambos jefes, como en mi tiempo lo he visto;
por lo que la separacion de estas oficinas y su establecimiento en
nueva planta y forma, marcando á cada uno sus atribuciones, es de tal
urjencia y necesidad, que seria molesto y aun tiempo perdido detenerse
á demostrar una verdad de que el Gobierno debe tener datos precisos y
exactos; y por lo que tengo entendido que ya se ocupó de esto en otro
tiempo, y hoy deben estar separadas esas oficinas; mas no teniendo
una certeza de ello, he emitido mi pobre parecer en el particular.
En el tribunal y audiencia de cuentas, ó sea contaduría mayor, si con
el aumento de manos que ha recibido desde mi ausencia no ha puesto al
corriente sus negocios, no sé para cuando se conseguirá esto; bien que
no es la culpa de los empleados, sino de los deudores de la hacienda,
dedicados á entorpecer y dilatar el pago de lo que adeudan por cuantos
medios están á su alcance: asi es que hay una regular existencia de
espedientes de juicios de cuentas que cuentan muchos años de actuarse,
aunque por trámites desusados, desconocidos, y por lo tanto ilegales,
como que se encaminan únicamente á demorar el pago de lo que deben,
con perjuicio y daño del erario, como deberá saber el Gobierno por
las relaciones que el contador mayor remitirá anualmente del estado
de los juicios de cuentas, con espresion de lo que se debia, lo que
se ha cobrado, y lo que aun se resta á deber, con relacion de las
dilijencias para todo practicadas.
Sobre este punto siempre ha habido atrasos de consideracion en Manila;
muchos pudiera citar, pues como asesor que fui del tribunal mas de
tres años sin sueldo alguno (y cuya plaza tan útil y necesaria no
tuvo á bien aprobar S. M.), tengo noticias muy exactas sobre el caso,
y un cuaderno de providencias que dicté, que algo probaria lo que
en el caso dijese; mas como ya he dicho que mi objeto no es acusar
á nadie, sino denunciar abusos en jeneral, y proponer remedios,
concluyo en este particular diciendo, que si no se toma una medida
enérjica y obligatoria, con estrecha responsabilidad efectiva y no
nominal, el tesoro cada dia perderá mas y mas, y sufrirá quebrantos,
como siempre los sufrió, y comprueba ser asi la Real cédula de 29
de Octubre de 1807, por la que S. M. estrañó tantas cosas sobre la
administracion de la hacienda pública en Filipinas en aquella fecha,
cuantos son los puntos y estremos que abraza esa Real cédula dictada
y dirijida á cortar abusos, y poner en mejor estado la recaudacion
y administracion de las rentas del estado. Esta Real disposicion,
como digna de tenerse á la vista, y muy conducente á las reformas
que conviene hacer, pues siguen los mismos ó mayores abusos, irá en
copia al final, señalada con el número 2, por tener un tanto de ella
casualmente entre mis papeles.
Las oficinas de la superintendencia de la hacienda pública, bien
consideradas las ocupaciones y tareas, y que el capitan jeneral,
como gobernador, tiene un secretario y una secretaría que pudieran
despachar aquellas, seria muy útil y provechoso suprimirlas y ahorrar
sus sueldos, y refundirlas en las oficinas de gobierno, ejerciendo las
funciones de superintendente jeneral subdelegado el capitan jeneral,
como lo fue por muchos años, habiendo acreditado la esperiencia que
la reunion de toda la autoridad superior en la primera que manda las
armas, es ventajoso para aquellos paises; pues es sabido que cuanto
mas se divida y comparta la autoridad, es menos potente, tiene menos
prestijio y fuerza moral, y por consiguiente como menos poderosa,
menos respetada, y mas espuesta á desaires, que por pequeños que
sean, mancillan el carácter de los primeros funcionarios de un
estado. Ademas, las economías que esto proporcionaria son tambien de
bastante bulto y peso para el efecto de esta reforma.
Al hablar de las rentas del tabaco y vino, ya se indicó que abundan de
empleados, por lo que solo resta indicar que en la primera únicamente
deben aumentarse elaboratorios y almacenes para manufacturar y
conservar cuanto se pudiese trabajar y tener siempre abundantes
surtidos de todas menos, no solo para remesar á la Península, sino
para vender al estranjero, y satisfacer cuantos pedidos hiciese el
comercio para esportar, pues como artículo de comercio puede tambien
ser muy útil como ya se indicó. Esto ocuparia muchas familias, y
les facilitaria subsistencias; ademas de lo muy provechoso y útil al
tesoro nacional, que indudablemente aumentaria sus ingresos.
En la aduana habia mucho que decir, pero se deja al silencio por no
incurrir en alguna inexactitud, porque sobre este establecimiento hay
parte interesada que puede y debe promover las útiles reformas que crea
le convienen. El comercio de Manila se ha quejado confidencialmente
muchas veces del retraso que sufren los negocios y otros perjuicios
que esperimenta por el método con que se hallan montadas las oficinas
de aquella aduana, en donde de sol á sol y sin escepcion de feriados
ni festivos deberia estar constantemente corriente el despacho;
mas sobre todo, el comercio es quien debe representar y pedir para
remover los obstáculos que le perjudiquen, y plantear la marcha de
reformas adecuadas á sus necesidades.
Ultimamente, es de notar y saberse que en todas las oficinas hay un
crecido y aun exorbitante número de escribientes indios que gozan
dotacion desde cuatro pesos á doce cada mes; clase que yo juzgaria
prudente suprimir, pues todo empleado debe saber que lo es para
ocuparse de lo que se le confie y ponga á su cuidado, y escribir
por sí y sin necesidad de sirvientes cuanto demande el negociado de
su atribucion. Solo los jefes deberian tener cada uno un escribiente
aventajado para copiar correctamente sus trabajos; pero que todas las
mesas tengan una, y algunas dos plazas de escribientes, y ademas, como
sucede en alguna oficina, haya mesas, que podremos llamar de trabajos
jenerales, puesto que se juntan seis, ocho y aun mas á copiar, como
mesa de escuela, no solo es chocante, sino engorroso y perjudicial,
por las sumas que sus sueldos absorven. Esos indios mejor ocupados en
tareas de su clase, serian otros tantos brazos útiles á la industria y
agricultura de las Islas, en lo cual prestarian mas útiles servicios
al estado, que no en la miserable holganza en que viven, esclavos
del escaso sueldo que gozan.
Sobre correos ya se ha dicho que el esponente con otro compañero de
diputacion formuló varias reflexiones para dirijir una esposicion
al trono con motivo de haber llegado á entender la reforma gravosa
que en esta renta se introducia, aprobándose una oficina principal
de un modo brillante y costoso sobre escasos productos y puramente
eventuales, como se verá comprobado por dichas observaciones, que
como se ha dicho, irán en copia al final, señalada con el núm. 1.o
Algo mas quisiera estenderme sobre el caso, mas no atreviéndome á
aventurar nada sin datos exactos, suspendo ampliar mis reflexiones en
este asunto, por evitar que luego se interpretasen de siniestras, hijas
de mala fe, ó al menos de una crasa ignorancia, cuando precisamente
en este asunto, sin ver el espediente que produjo la aprobacion
de esa oficina brillante, y aun sin hacer uso de lo practicado
anteriormente, no podria presentárseme cosa mas fácil que montar ese
establecimiento de un modo que sin gravar al erario, fuese útil á los
dependientes que debian ocuparse en él; mas esto no es de este lugar
ni de mi incunvencia, al Gobierno toca examinar la planta que tiene,
y conocidos sus vicios, reformarlos del modo mas económico y justo.
Resulta, pues, de todo lo dicho en este párrafo, que las oficinas
de la hacienda pública de Filipinas necesitan de una reforma
grande, y dejar reducido el número de empleados á los puramente
precisos, útiles y necesarios: que por ahora no hay necesidad de
conceder empleos á persona alguna para aquellas Islas, pues hay un
sobrante de empleados muy considerable: que hay poca economía en la
administracion, y que debe reformarse y procederse en ella con mas
atencion y cuidado que hasta aqui: que debe desaparecer ese sistema
ruinoso de libranzas, sustituyéndose á ese método de traer dinero á
la Península la construccion de buques de guerra; pues el arsenal, la
infinita multitud de maderas de construccion que producen las Islas
y demas requisitos para el caso, todo lo posee Manila en tan alto y
aventajado grado, cual puede desearse: que en la provision de vacantes
que ocurran en todo jénero de empleos, y cuando ya no haya escedentes
ó supernumerarios que colocar, debe ser atendido el mérito, aptitud
y servicios de los empleados en aquellas provincias, y darse lugar
en la escala que debe establecerse á los hijos de los españoles [22]
que despues de muchos años de servicios en las Islas, han fallecido
dejando á la posteridad su buen nombre, y á sus familias poco menos
que en la indijencia: y por último, que las rentas del tabaco y vino
deben ocupar un lugar muy preferente en el ánimo del Gobierno, para
sacar de ellas todas las ventajas de que son susceptibles, mandando se
les dé toda la amplitud y estension que deben tener en beneficio de la
riqueza del pais y aumento de las utilidades para el tesoro público,
adoptando para todo las medidas justas y prudentes que pueden conducir
al logro de objetos tan importantes.
§. VIII.
ALMACENES DE PROVISION, FALUAS DEL MINISTERIO, HOSPITAL MILITAR Y
REAL BOTICA.
Los almacenes jenerales de provisiones de Manila, muy útiles en su
oríjen, son ya en el dia en estremo gravosos al erario por su nulidad,
y perjudiciales al fomento de la riqueza comun de los vecinos. Se
hallan bajo la inmediata inspeccion, gobierno y responsabilidad de
un guarda-almacen mayor, inmediato subalterno de los señores contador
y tesorero jeneral, ministros de la hacienda pública.
Estos almacenes no tienen ya en el dia motivo alguno que acredite ni
autorice su estabilidad por la utilidad que prestan; al contrario,
cuanto pueda decirse todo es poco para cerciorar la necesidad de
suprimirlos enteramente, pues es indudable que en las actuales
circunstancias (que no hay temor retrocedan, y si esperanzas de
que mejoren) ninguna ventaja traen al tesoro público, y suprimidos
ofrecen economías y ahorros considerables, y establecido el sistema de
contratas particulares para cualquier cosa que se ofrezca, verificadas
en subastas públicas anualmente para aquellos efectos de necesidad;
y cuando fuesen necesarias las de otros artículos cuyo uso es menos
frecuente, se lograria el fin de tener provision de cuanto fuese
necesario, sin irrogar gastos de almacenaje, ni sufrir pérdidas
por lo que se deteriora ó echa á perder. No hay ya que temer falten
licitadores para todo que hagan los remates para suministrar cuantos
artículos puede necesitar el Gobierno para sus atenciones, y sobre los
que se halla establecido el sistema de acopios: la agricultura y la
industria de las Islas, si no tan florecientes como fuera de desear,
han tomado una aptitud majestuosa, y Manila y sus estramuros reunen
ya capitalistas muy suficientes para llenar el objeto.
Por este medio se proporcionaria un camino mas de ocupacion y utilidad
á esos capitales, y al erario economías considerables, que es abrir
una puerta mas á la prosperidad y riqueza de las Islas. Ademas, la
calidad de los artículos de acopio y consumo recibirian mejoras en
beneficio de los consumidores, y el erario ahorraria ademas de los
gastos de almacenaje, los de conduccion que paga de los artículos que
por su cuenta se acopian en las provincias, y de su riesgo se conducen
á almacenes; y en el acopio de arroz en las provincias cosecheras
donde se colecta para almacenes, cesarian algunas vejaciones que en
ello suelen cometerse, y los indios adquiririan la perfecta libertad
de poder vender sus cosechas cuando y como tuviesen por conveniente:
porque es de saber que se les obliga á venderlo á título de para
almacenes de provision, contra su voluntad y por los precios que el
comprador suele designar, y con medidas, que si algunas son legales,
no todas son perfectas.
Ultimamente, la supresion de los tales almacenes es de necesidad;
porque entre los muchos beneficios de todas clases que reportaria
este medida merecen contarse, principalmente el cortar ciertos abusos
que hay, y aun fraudes que pueden cometerse, y librar de quebrantos
y pérdidas á la hacienda pública, como alguna vez ha sucedido,
sufriendo daños en los efectos almacenados, ya por malversacion de los
almaceneros ó ya por descuido ó abandono, dando lugar á inutilizarse
ó perderse en todo ó en parte los efectos acopiados. Este asunto
demanda mas atencion de la que parece.
No es de menor utilidad la estincion de las falúas llamadas del
ministerio, y que anualmente gastan de tres á cuatro mil duros, sin
que dejen provecho alguno, ni reporte el erario utilidad de ninguna
especie de su servicio: mas creo que este punto ya se resolvió en 1839;
pero no teniendo noticia cierta de que asi sea, por si no se hubiese
aplicado el oportuno remedio, se hace mencion de este gasto inútil,
supérfluo, y cuanto de el se quiera decir.
El hospital militar y la llamada real botica son dos establecimientos
que pueden considerarse como una mina bien esplotada, ó como un
comercio lucrativo siempre, y nunca de pérdidas.
Se hallan como los almacenes bajo la inspeccion de los señores
ministros de la hacienda pública, tesorero y contador: el primero
dotado de un contralor, un administrador, tres médico-cirujanos,
un escuadron de practicantes y sirvientes, desde el mayordomo hasta
el último criado, y por último con una botica que es lo principal de
la mina.
Las estancias de los enfermos, oí cierto tiempo salian al estado á
razon de 28 á 30 rs. vn. por estancia: á la vista de Manila se halla
el hospital de Cavite, en donde los enfermos no gozan menos que en
Manila de aseo, buena asistencia y mejor trato; pero por contrata solo
le cuesta al estado cada estancia dos tercios menos que las otras;
es decir, 10 rs. vn.: ¿por que esta notable diferencia? Allá lo saben
los que lo manejan, y algo tambien sé yo, pero no es este el lugar
ni el tiempo de decirlo.
Este establecimiento podria y deberia suprimirse, para darle nueva
forma, poniéndole por asiento renovado en subastas públicas por el
tiempo que se estimase, procurando que los periodos no escediesen de
cinco años ni bajasen de tres, aunque si fuera dable volverle á la
planta que tenia cuando la hacienda pública le tomó por su cuenta,
seria mas económico al erario y mas provechoso á los pobres enfermos.
De cualquiera de los dos modos que se montase serian ventajosos para la
hacienda nacional los resultados, y mas porque consecuencia lejítima
era que la real botica desapareciese, y con ella se quitase á la
contaduría mayor ese juicio de cuentas de la botica y sus emanaciones:
cuentas que es imposible ajustarlas cual corresponde, y menos ponerlas
en el punto de vista conveniente para cerciorarse de la lejitimidad de
sus ingresos y egresos con la debida claridad; porque si el boticario
dice tales y cuales medicinas que se vendieron al público, tanto;
tal cantidad por las que se consumieron en el establecimiento, tal
por las que se deterioraron, inutilizaron ó se perdieron enteramente:
¿quien puede averiguar y saber lo cierto? ¿quien puede tachar esto,
aunque particularmente sepa lo contrario? pues ¿y la puerta al fraude
que tiene abierta el boticario por tantos conceptos para gozar cuanto
quiera si se dejase llevar de la ambicion ó de un mal deseo? ¿quien
podrá juzgar de todo esto? nadie: y si al boticario agrada especular
de su cuenta y comprar medicinas bajo el nombre de un tercero, que
sabe ha de comprar el hospital y ser él el abaluador, ¿que puerta no
se le abre para ganar cuanto quiera y vender sus drogas al precio que
guste ponerlas? Son muchas las anomalías de este establecimiento,
con conocida esposicion de gravar al erario: asi, pues, esa botica
debe desaparecer, porque si en su oríjen pudo ser de utilidad y mucha,
segun se montó, ya en el dia segun su planta es por judicialísima y
gravosa al erario.
Si en un principio no hubo mas botica en Manila que la del hospital,
y las que despues establecieron en sus conventos los regulares,
y las que mucho ha cesaron, en el dia hay otras cinco, que aun
cuando sola una (la del convento hospital de S. Juan de Dios) se
halla rejenteada con los requisitos legales necesarios, ello es que
existen cinco, y que todas despachan, y se lucran estraordinariamente,
y si la del hospital militar se abriese al público, como las otras,
podrian sacarse de ella para pago de sueldos de los empleados que
tiene y medicinas de valde para el consumo de la casa; mas el estar
cerrada al público le priva de estas ganancias.
Por último, es tambien de notar en este lugar, que sin embargo de estar
cerrada al público esta botica, hay vecinos con cartas de privilejio,
por medio de la cual se proveen de sus medicamentos. Esta carta es
una órden que en mi tiempo daban los señores contador ó tesorero de
la hacienda, y con ella el boticario despachaba las recetas que el
agraciado solicitaba: para cobrar el importe de estas recetas, que se
hacia por años, las pasaba el boticario con su cuenta y visto bueno
del contralor del hospital á las oficinas principales de la hacienda,
y los señores ministros comisionaban un empleado de su confianza que
fuese realizando esas recetas: todo anomalía, todo injusticia si se
quiere, y todo rutina, abuso y despotismo, que es necesario destruir
y crear órden, regularidad y estricta justicia.
§. IX.