RENTA DEL TABACO.

La renta que mantiene las Islas, la que no puede subrogarse con

otra, y la que bien establecida y administrada produciria ventajas y

rendimientos incalculables, es la renta del tabaco. Tres millones y

medio de habitantes, todos sin escepcion de sexo ni edad consumidores

de tabaco, y cada uno de los cuales, compensadas las clases y por un

cálculo bajísimo, se puede regular de consumo cuatro pesos fuertes

al año por persona, producirian una contribucion de catorce millones

de duros, que sacarian de la tierra y de las artes para dar al mismo

tiempo un gran fomento al comercio. Este cálculo no es una paradoja,

es una realidad y verdad práctica; porque el uso del tabaco es tan de

primera necesidad para los indios, que puede sobre ese objeto formarse

el mismo cálculo que se formaria sobre el consumo del pan en España,

ó sobre otro artículo de mayor necesidad si lo hay.

El tabaco de Filipinas por su calidad, y segun el gusto y opinion de

los consumidores nacionales y estranjeros, ocupa el primer lugar,

despues del de la Habana, entre todas las clases de tabacos que se

cultivan en Asia y América, y el precio ventajoso que el tabaco de

Manila conserva constantemente en los mercados de la India, China,

Batavia, Islas Marianas, Cabo de Buena-Esperanza y otros puntos,

sobre todos los de otras procedencias, justifica ese concepto, asi

como los crecidos derechos con que las mas de esas aduanas lo han

recargado. De modo que tambien por su calidad especial ofrecia esa

planta un artículo importantísimo y vasto de comercio. Sin embargo,

se indicarán las causas que impiden conseguir las ventajas espuestas

como ramo de estanco y como ramo de comercio.

El establecimiento de esta renta en unas provincias de las Islas y

no en otras, especialmente en las ultramarinas, respecto de la isla

de Luzon, ocasiona tres clases de graves perjuicios. 1.o La falta

en el erario de la contribucion de los pueblos exentos del estanco,

cuyo privilejio mantiene tambien una desigualdad é injusta condicion

entre súbditos de un mismo gobierno. 2.o La falta de consumo que

en las provincias del estanco ocasiona el contrabando abundante que

las provincias exentas hacen á favor del fácil trasporte por mar y

de la estension de las costas no pobladas de la isla de Luzon, que

tanto favorece los desembarcos. Y 3.o El aumento de gastos en mucha

parte infructuosos que en el resguardo de mar hace la renta. Estos

daños son tan evidentes, que estando en el dia sujeta al estanco una

mitad poco menos de aquella poblacion en Filipinas, solo produce la

renta una cuarta ó quinta parte de lo que por un cálculo razonable

debia producir.

Se ha proyectado en otros tiempos estender ese estanco á todas las

provincias del Archipiélago; pero no se ha llevado á efecto, porque

las autoridades han considerado que los productos de varias islas no

compensarian los gastos de administracion y resguardo del ramo; pero

este cálculo es muy errado, porque ademas de que esa falta de productos

es un mal pasajero en los primeros años del establecimiento de los

estancos, y hasta que estos no se regularicen, la sola prohibicion de

sembrar libremente tabaco en las islas exentas hasta hoy, estinguiria

el foco del gran contrabando que se hace en las provincias de la isla

de Luzon, y este solo aumentaria un doble cuando menos los consumos

de los estancos de ésta. Ventaja real y efectiva, grande y jeneral,

que ha debido anteponerse al mezquino ahorro que vanos temores ó

cálculos poco meditados han podido presentar.

Otra causa hay perjudicialísima al consumo del tabaco en Filipinas, que

es la poca intelijencia, solemnidad é imparcialidad con que se procede

en los aforos al recibo de la hoja de los cosecheros por la renta. Un

acto tan importante, del cual depende el que la renta se utilice

ó pierda centenares de miles de pesos, está confiado á aforadores

particulares, que se dicen peritos, y empleados estacionarios en

los paises de las siembras, y que relacionados con los cosecheros

hacen sobre ese punto lo que quieren, si ya no es que esa funcion sea

oríjen de fraudes y sobornos. Los defectos del tabaco en un pais de

jeneral consumo son bien conocidos del público, y porque los conoce,

es porque se retrae lo posible de su compra, y prefiere malo por

malo el del contrabando, que siempre es mas barato. Se queja, pues,

con razon de que en ese acto abandonado á los aforadores, hay mas

bien falta de imparcialidad y de buena fe, que de intelijencia,

y de consiguiente se remediarian los abusos en el recibo de la hoja

del tabaco, nombrándose cada año, y en el momento de la necesidad,

nuevos empleados de otra esfera, que por espresa comision pasen

de Manila á las provincias al reconocimiento y recibo de la hoja,

y cuya ilustracion é intelijencia pueda descubrir y destruir todas

las artes y manejos que se empleasen en estos casos, y economizarse

los sueldos de trecientos pesos anuales que se dan á los titulados

alumnos de aforadores, creados pocos años hace con el fin de que

instruyéndose en el cargo de aforadores, sirvan al caso á la renta

cuando sea necesario; pero esta medida sola no llena el objeto en

la forma establecida, porque viven entre los cosecheros, están con

ellos en estrechas relaciones, y no puede de este modo conseguirse

el fin de procurar evitar fraudes; ademas de que pueden economizarse

los pesos que se invierten en sus sueldos.

Considerado el tabaco como ramo de comercio en Filipinas, puede

decirse que hasta mi salida de las Islas no tenia objeto de espendio

y fomento. En la India, China, Batavia y otros puntos del Asia y

la América, es artículo de puro lujo consumible por pocos, y las

cantidades que se estraen son de tan poca consideracion, que la renta

en Manila ha podido suministrarlas sin perjuicio de su consumo en

las provincias, ni de sus acopios nada aumentados por tal razon. La

España consumidora casi jeneral y única de ese artículo, proporcionará

á las Islas Filipinas las ventajas de un grande ramo de comercio, á

la navegacion mercante un fomento y ejercicio lucrativo, al erario y

la nacion ahorros considerables por las cantidades que salen para el

estranjero, y á los consumidores la satisfaccion de mejorar de objeto

en sus inclinaciones, porque no convendré jamás en que un tabaco puro,

suave y aromático, como el de Filipinas, reconocido asi por todas

las naciones que lo han gustado, dejase de ser preferido en España

al que jeneralmente se consume del estranjero, que dificilmente podrá

llevarlo á otra parte si se jeneraliza el de Manila.

En el tabaco, como en los manjares, hay cierto gusto nacional. El

chino, el malabar, el malayo, prefieren el uso del tabaco de sus

cosechas, pareciéndoles á cada uno de ellos detestable el tabaco de

los otros. En España no hay cosecha, el gusto se ha formado por la

costumbre y la necesidad, y por estos mismos medios puede variarse

y aun mejorarse, porque es indudable que el tabaco de Manila, como

planta escede en buena calidad á otras muchas de su clase, y que

todo lo demas es capricho, ilusion ó prevencion. Todos los mercados

de España y algunos de otras naciones de Europa se resistieron en

un principio al consumo del azúcar de Filipinas, por la novedad de

su olor y de su grano, y despues el conocimiento de que sus ventajas

esenciales son mayores que sus calidades accidentales, le han hecho de

un consumo jeneral y apetecido, y es en el dia uno de los principales

frutos que constituyen su riqueza.

El tabaco crece en Filipinas en todas partes, y la produccion de

este ramo de agricultura es indefinida, y á precios mas bajos que

los que se cosechan en otros paises. La navegacion, aunque larga,

es bien conocida y apetecida por el comercio. Los fletes no pueden

esceder de un peso por arroba, lo que se acredita por las conducciones

hechas hasta aqui, de modo que se hallan naturalmente establecidos los

elementos de un gran ramo de comercio entre Filipinas y España, sin

que se advierta sobre este punto necesidad de otra precaucion que la

de que la hoja de tabaco de Manila sea precisamente conducida dentro

de cajones emplomados y cerrados herméticamente, como se trasporta

el té de China, á fin de que no se disipe su aroma ni disminuya su

fuerza, como sucede al de la Habana y otros en las navegaciones.

De todo lo espuesto sobre esta renta, las reformas y bases que para su

fomento, el de la agricultura y comercio deberia adoptar el Gobierno,

parece son como mas adecuadas:

1.a Que se estienda el estanco del tabaco en Filipinas á todas

las provincias exentas de él, sin escepcion alguna, valiéndose

aquel gobierno de los medios suaves y de lenidad con que se hizo la

conquista y adquisicion de aquellos paises, y nunca, ó en muy raro

caso, de la autoridad ó de la fuerza; mas llegado este caso, debe

con toda enerjía hacer respetar sus disposiciones y mandatos.

2.a Que el reconocimiento y aforo de la hoja que la renta compra á los

cosecheros, se haga ante una junta nombrada anualmente de empleados

de la capital de la mayor confianza é intelijencia en el ramo, con

asistencia del alcalde mayor de la provincia, ante la fe del escribano

público, si lo hay, y de no, se elijirá persona para el caso que

estienda y autorice las dilijencias de la junta: concluido el acto,

deberia quemarse en seguida ante la misma junta todo el tabaco que

hubiese resultado inútil. Todo esto, practicado en la forma dicha,

sobre garantir el buen empleo de los intereses de la renta, destruiria

cualquier oculto manejo que los pudiese perjudicar, y las formalidades

prescritas darian cierta importancia al acto, muy necesaria y propia

para que se respeten cual corresponde los fondos públicos.

3.a y última. Que por contratas de fletamentos de buques, como se

ha establecido, pero en buques españoles, renovadas anualmente, se

traiga á España todo el tabaco que se necesite para el consumo de

la Península, pagándose con el importe de la recaudacion de ramos

de hacienda remisibles á España y sobrantes anuales de las cajas de

Manila, y haciendo desaparecer ese sistema ruinoso de libranzas.

Asi establecido el plan, serian de mucha consideracion las utilidades

que la nacion sacaria anualmente de este ramo, y no de menos bulto

é importancia el fomento que recibirian la agricultura y comercio

de Filipinas, y de mas entidad de lo que se pueden describir los

auxilios con que las provincias asiático-españolas contribuirian al

erario público, porque cesaria ademas la contribucion que pagamos al

estranjero por su tabaco de Kentuqui y Virjinia; cosa chocante y aun

escandalosa, pues somos tributarios del estranjero por un artículo

del cual con nuestras provincias ultramarinas podemos abastecer al

mundo con mejor jénero y á mas cómodo precio; y sin embargo de que la

Providencia y el arrojo y valor español nos hizo dueños tres siglos

ha de esas minas de tabaco, seguimos hasta hoy siendo tributarios al

estranjero por esta produccion, porque no se ha sabido, ó no se ha

querido sacar el partido que se debe de nuestras propias producciones.

Mucho mas podria añadirse en esta materia; mas basta lo indicado

para oportuno recuerdo de lo que en esta parte nos conviene y lo que

necesitamos hacer, pues supérfluo seria, y aun molesto, detenerse á

demostrar cosas que se hallan en este punto muy al alcance de todos.

§. VI.

De Las Islas Filipinas · 第 21 / 46 题