EMPLEADOS.

Tomándose la molestia de cotejar las nóminas de empleados que existian

en Filipinas en 1820, con los que hoy existen, se verá desde luego

que se han duplicado ó acaso triplicado, sin que por eso esté mas

espedito y corriente el curso de los negocios; por lo que el número de

empleados debe reducirse á los puramente precisos y necesarios, y que

desde luego cese ese semillero de ellos, por el cual bajo el dictado

de pensionistas con trecientos pesos anuales, se han enviado allá á

esperar colocacion á muchos que deberian aun estar aprendiendo..... lo

que les importaria saber, mas que no obtar á empleos tan imajinarios

como el dictado de su colocacion para aquellos paises, donde han

gravado al tesoro público, sin serle de utilidad en mucho tiempo

los que llegan á aprovechar. Agréguese á esto que luego que vaca un

empleo se provee en la Península, las mas veces sin atencion á escala,

méritos y servicios, y cualquiera conocerá el disgusto que esto debe

causar, y lo mal servidos que están los empleos, hasta que el tiempo

y la esperiencia enseñó á los nuevos agraciados lo que ignoraban

cuando alli fueron. Pudiera citar ejemplos, pero esto seria salir

de mi propósito y lastimar personas que de ningun modo es mi ánimo

rebajarles cosa alguna de su carácter y concepto.

Convengo en que es una prerogativa del Gobierno supremo la provision

de empleos, y mas los de pura gracia, como los de jefes; pero este

gobierno, para que el epiteto de justo que se le dá fuese real y

efectivo, parece que alguna vez, sino todas, deberia consultar la

escala de empleados, pesar los servicios de cada uno, y al que por

sus mayores méritos, aptitud, conocimientos y mas elevada categoría

correspondiese el ascenso, dárselo; único medio de que entrando la

emulacion noble entre los empleados de todas clases, la administracion

se confiriese á los mas beneméritos en todos conceptos, y las rentas

fuesen bien manejadas y dirijidas, y obtuviesen el fomento de que

son susceptibles como en Filipinas; pues hasta el dia puede decirse

que aquella hacienda está en mantillas, ó es una cosa naciente y que

marcha por rutinas antiquísimas, y solo se halla modificada por el

mayor número de manos que hoy ocupa.

Por otra parte, de esa abundancia de empleados tan innecesaria

y que grava al tesoro público, resultan otros daños de no menor

consideracion: tales son el cúmulo de jente desocupada que tan poco

favorece al público sosiego; que existiendo siempre en todas las

oficinas escedentes, agregados y supernumerarios para una vacante que

ocurre, hay ciento á quien colocar de efectivos, con notorio perjuicio

de la escala y de los beneméritos hijos de los españoles, que son

tambien acreedores á que se les atienda segun su aptitud y mérito y

antecedentes de sus padres, como demandan principios de política,

de pública conveniencia y de rigurosa justicia: y por último, en

esta parte es de decirse que si en la administracion de la hacienda

pública ha de haber el buen órden que se debe observar y las posibles

economías, mucho mas en los actuales tiempos de escasez y penuria

por lo recargado del estado, ni uno ni otro se conseguirá aumentando

empleados todos los dias, siempre innecesarios, y teniendo un número

escesivo de agregados, que sobre perjudicar la escala de los de número,

absorve sumas de entidad anualmente por los sueldos que disfrutan.

Otra reforma en esta parte y no de menor importancia es, que no

se concedan pensiones algunas en la Península, pagaderas por las

cajas de Filipinas, y que se retiren las concedidas: algo hay ya

adelantado sobre esto, mas no es todo lo que deberia haber. En buen

hora que las viudedades, retiros y pensiones de los que han servido

y fallecido en Filipinas se paguen como es justo por sus cajas; pero

estas personas, si vienen á España, deberian en justicia venir con

ellas sus pensiones, con la baja correspondiente de la diferencia

del valor de la moneda. Esto que parece una pequeñez, es el primer

paso para establecer las economías que deben hacerse en aquel erario;

economías que reclaman las circunstancias, y que de ellas resultará

cortar antiguos abusos introducidos en esta parte.

La disminucion de empleados á los puramente precisos y necesarios, es

otra base cardinal de reformas y economía, si se estiman en su justo

valor los sacrificios que los pueblos hacen cuando contribuyen con

su sudor al pago de las cargas del estado, pues reducir estas cuanto

sea posible, es aliviar las cargas del pueblo, y enriquecer la nacion.

§. IV.

De Las Islas Filipinas · 第 19 / 46 题