CAPÍTULO XVII _bis_

Participación de los histólogos españoles en el Congreso médico

internacional de 1903 celebrado en Madrid. -- Comunicaciones de

algunos profesores extranjeros y nacionales. -- Demostración

hecha por Simarro de un método nuevo de coloración de las

neurofibrillas. -- Partiendo de este interesante proceder,

doy casualmente con una fórmula sencillísima y constante

de impregnación de las neurofibrillas, de los axones y

terminaciones nerviosas centrales y periféricas. -- Historia de

las tentativas encaminadas al hallazgo de la nueva fórmula y

ulteriores perfeccionamientos de la misma. -- Gracias al nuevo

recurso técnico, consigo confirmar y consolidar definitivamente

descubrimientos anteriores y cosechar numerosos hallazgos.

Fué el año 1903 uno de los de mayor actividad del recién creado

_Laboratorio de Investigaciones biológicas_. Una fiebre de trabajo,

sólo comparable con la sufrida en 1889 y 1890, se apoderó de mí,

embargando todas mis facultades. Nada menos que 14 comunicaciones,

algunas equiparables por su volumen á libros, dí á la estampa

en dicho año, cuya segunda mitad considero como la cúspide de

mi actividad inquisitiva. Y todavía pude, durante la canícula,

disponer de tiempo bastante para emprender, en compañía de mi mujer

y hermanas, un viaje de turista por la encantadora Italia, con

acompañamiento del indispensable aparato fotográfico, y haciendo

escala en Génova, Milán, Turín, Pavía, Venecia, Florencia, Roma,

Pisa, Nápoles y otras admirables ciudades de la patria del arte.

Á tan inusitado alarde de energías contribuyeron poderosamente

dos sucesos afortunados: Primeramente, las sesiones del _Congreso

internacional de Medicina_, celebrado en Madrid durante la primavera

del citado año; y después, allá por el mes de Octubre, el encuentro

fortuito de cierta fórmula de impregnación de las células y fibras

nerviosas, singularmente fecunda en nuevas revelaciones.

El mencionado Congreso internacional obligó, naturalmente, á

movilizar todas las fuerzas de los aficionados españoles á las tareas

del Laboratorio. Importaba desempeñar un papel lo menos desairado

posible y hubo de echarse el resto, como suele decirse.

Al certamen de Madrid concurrieron numerosos sabios extranjeros

(Behring, Metchnikoff, Waldeyer, Frank, Veratti, van Gehuchten,

Henschen, Unna, Donaggio, etc.) y no pocos médicos nacionales é

hispano-americanos.

Encargado de la presidencia de la _Sección de Anatomía y

Antropología_, tuve harto trabajo, durante aquellos días de

incesante ajetreo, con organizar y dirigir las sesiones, ultimar

las comunicaciones de los discípulos y mías, disponer veladas

de demostraciones microscópicas, concurrir á banquetes y otros

festejos oficiales, etc. Procuramos todos, en fin, hacer grata á los

forasteros ilustres la estancia entre nosotros.

Entre los congresistas eminentes que tomaron parte en los trabajos

de mi sección, merecen mención especial, no sólo por su renombre

mundial, sino por el interés de sus comunicaciones, Mr. Henschen,

profesor de Estocolmo, que disertó, en una de las cátedras de San

Carlos, sobre casos clínicos de _ceguera mental_ y las lesiones

concomitantes del lóbulo occipital (tema íntimamente relacionado

con mis estudios histológicos acerca de _la fisura calcarina_); el

profesor Unna, de Hamburgo, dermatólogo insigne, creador de notables

métodos de coloración de los tejidos epitelial y conjuntivo, el cual

en brillante conferencia pública tuvo la galantería de atribuirme

la prioridad del descubrimiento de las _células del plasma_ (mis

_corpúsculos cianófilos_ hallados en los _sifilomas_); el maestro

de Lovaina Mr. A. van Gehuchten, antiguo amigo, que presentó al

Congreso las primicias de cierto proceder de demostración del

trayecto de las raíces motrices (proceder de la _degeneración

retrógrada tardía_); el Dr. E. Veratti, joven de mucho talento,

discípulo y ayudante de Golgi, de cuyas ideas y métodos se confesó

en varias notas y discusiones entusiasta defensor; el joven profesor

de Módena A. Donaggio, que impresionó agradablemente en las sesiones

demostrativas, exhibiendo bellísimas preparaciones del _armazón

interior_ de las neuronas (las _neurofibrillas_ de Bethe) coloreado

mediante técnica de su invención, que no creyó prudente divulgar;

y, en fin, otros varios concurrentes distinguidos de que no guardo

memoria.

Entre los congresistas españoles --aludo, naturalmente, á la

_Sección anatómica y antropológica_-- merecen mención especial:

el profesor Antón, que pronunció elocuente conferencia acerca de

algunos problemas antropológicos; y muy señaladamente el Dr. L.

Simarro, quien en presencia de numerosos sabios extranjeros mostró,

en el _Laboratorio de Investigaciones biológicas_, magníficas

preparaciones de la red neurofibrillar impregnadas con un método

original de que trataremos ulteriormente. De menos interés fueron

las comunicaciones presentadas por otros congresistas, incluyendo

las mías, una de las cuales[204], de índole polémica, versó sobre

las aventuradas _teorías reticularistas_ de A. Bethe (cuyo método

acababa yo de ensayar). Con ella me propuse, sobre todo, promover y

animar la disensión sobre el importante problema de las conexiones

interneuronales y la fina estructura del protoplasma nervioso,

cuestiones por entonces de palpitante actualidad.

[204] _Cajal_: Consideraciones críticas sobre la teoría de Bethe

acerca de la estructura y conexiones de las células nerviosas.

_Trab. del Lab. de invest. biol._, tomo II, 1903. (Con 8 figuras).

En esta comunicación se exponen (y los trabajos posteriores de

numerosos sabios nos han dado la razón) dos asertos críticos de

cierto interés, á saber:

_a_) Que, dadas las conexiones reales y la morfología de las

neuronas, las _neurofibrillas_ no pueden ser estimadas, según

piensan Bethe y Apáthy, como la única substancia conductriz del

protoplasma nervioso.

_b_) Que el método de Bethe, por no colorear las arborizaciones

pericelulares y colaterales nerviosas, es improcedente para el

estudio de las conexiones interneuronales.

En las sesiones de demostración exhibí muchas preparaciones

escogidas, concernientes á la estructura de la médula espinal,

cerebro y cerebelo; preparaciones teñidas concordantemente por los

dos métodos de Golgi y Ehrlich (cestas nerviosas pericelulares,

colaterales y bifurcaciones nerviosas, etc.) á fin de persuadir á

los congresistas de la absoluta objetividad de mis interpretaciones

referentes al modo de terminar las fibras nerviosas en la substancia

gris.

En fin, para ser completo, por lo que hace á mi personal intervención

en dicho certamen, mencionaré todavía mi conferencia, pronunciada en

el gran anfiteatro de San Carlos con asistencia de numerosos sabios

extranjeros, y honrada, además, con la presencia del Presidente del

Consejo de Ministros, Sr. Fernández Villaverde. Versó mi lección

sobre el _plan estructural del tálamo óptico_[205].

[205] _Cajal_: Plan de estructura del tálamo óptico. Conferencia

dada en la Facultad de Medicina de Madrid el 28 de Abril de

1903 con ocasión del _Congreso médico internacional_. Madrid,

1903. (Con 5 esquemas, copias de las tablas murales dibujadas al

efecto).

Contiene este trabajo una síntesis de nuestros estudios sobre el

tálamo con la interpretación fisiológica general de los nuevos

hallazgos.

Entre otros conceptos, se afirma que el tálamo encierra dos

órdenes de focos nerviosos ó estaciones intermediarias: los

focos _motores centrífugos_ residentes, por lo común, en el

plano inferior (_cuerpo de Luys_, _substancia nigra_, etc.), que

reciben colaterales de la vía piramidal y cuerpo estriado; y los

focos _sensoriales centrípetos_, situados en el piso superior y

en relación con las vías sensitivas ó sensoriales aferentes, etc.

El segundo acontecimiento aludido no puede referirse sin retroceder

algo en el curso del tiempo y exponer algunos antecedentes técnicos.

Notorio es que, en ciencia como en arte, cada época tiene su

preocupación dominante, á la cual pocos logran sustraerse. Ultimado,

ó al menos notablemente impulsado el conocimiento de la morfología

neuronal y del comportamiento genérico de los apéndices axónicos

y dendríticos, la mirada de la mayoría de los neurólogos volvióse

hacia la íntima estructura del protoplasma nervioso. Al par de otros

observadores, yo fuí también arrastrado por la corriente.

Ciertamente, el problema estructural y la solución propuesta por

los años de 1900 á 1903 eran cosas viejas. Desde hacía muchos

lustros, Max Schutze, Schwalbe, Ranvier, y, en más recientes

tiempos, A. Dogiel (1898), hubieron de percibir, dentro del cuerpo

de las células nerviosas, cierta enigmática urdimbre compuesta

de finas y granulosas hebras, prolongadas hasta las expansiones

protoplásmicas. Pero los métodos de la época eran insuficientes para

esclarecer satisfactoriamente el comportamiento de dicho esqueleto

intraprotoplásmico. Semejantes sutilísimos filamentos, ¿constituyen

red ó marchan independientes? ¿Prolónganse dentro de los axones hasta

las arborizaciones terminales mismas? En fin, ¿existen motivos para

estimarlos como vías intracelulares, especialmente diferenciadas para

la propagación del impulso nervioso?

La respuesta definitiva á estas preguntas implicaba inexcusablemente

el encuentro de algún proceder de teñido intensamente selectivo del

referido esqueleto. Con relación á las células nerviosas de algunos

invertebrados (_hirudo_, _pontobdella_, etc.), un sabio húngaro, Mr.

Apáthy[206], de Clausenburg, tuvo la fortuna de tropezar (1897) con

este ansiado recurso analítico (fórmula especial de fijación asociada

al cloruro de oro) y de percibir y demostrar por primera vez, intensa

y vigorosamente teñidas en violado, las consabidas _neurofibrillas_

ó _fibrillas elementales conductrices_. Intensa emoción produjeron

las bellísimas preparaciones mostradas por dicho sabio en diversos

Congresos. Todos creímos que al fin se había esclarecido el enigma de

la fina estructura neuronal.

[206] _S. Apáthy_: Das leitende Element der Nervensystems und

seine topographischen Beziehungen zu den Zellen. _Mittheil. a. d.

Zool. Station zu Neapel._ Bd. 12. H. 4, 1897.

Desgraciadamente, el método complicadísimo imaginado por Apáthy no

era aplicable á los vertebrados. Su inconstancia, además, dejaba

tamañitas las fórmulas más azarosas de la técnica histológica.

Cuantos neurólogos lo emplearon, fracasaron lamentablemente.

Y cuando ya, en descenso la ola del entusiasmo, pensábase que

aquellas elegantes redes intracelulares eran quizá algo privativo

de los vermes, apareció en el palenque otro investigador de grandes

arrestos. Fué el fisiólogo A. Bethe[207], á la sazón profesor de

Strasburgo, quien puso la cuestión nuevamente á la orden del día,

sorprendiéndonos con importante Memoria, donde, auxiliado por un

método especial (combinación de un mordiente, el _molibdato amónico_,

con un colorante, el _azul de toluidina_), demostró las fibrillas ó

_neurofibrillas_ de los vertebrados, señaladamente las contenidas

en las voluminosas células de la médula, ganglios, cerebelo, etc.

Fascinados por la importancia y novedad de las revelaciones de Bethe,

todos quisimos colaborar en la empresa, esperanzados de nuevas y

estupendas conquistas.

[207] _A. Bethe_: Ueber die Neurofibrillen u. der Ganglienzellen

von Wirbelthieren und Beziehungen zu Golginetzen. _Arch. f.

mikros. Anat._, etc. Bd. 55, 1900.

Mas el sino adverso continuaba influyendo. El enrevesado proceder de

A. Bethe no estaba al alcance de todo el mundo. Como el de Apáthy,

sólo floreció en el Laboratorio de su autor ó en las manos de

poquísimos iniciados. En cuanto á mí, logré á fuerza de paciencia

algunas mediocres é insuficientes coloraciones. Y atribuyendo

el fiasco á la impericia del principiante, demandé cortésmente

al ingenioso creador del método alguna preparación típica para

confrontarla con las mías.

Semanas después recibía, cuidadosamente embaladas, cual objeto

precioso, dos preparaciones: una, del cerebelo; otra, de la médula

espinal del conejo.

--Estos preparados son excepcionalmente buenos --escribíame el

profesor de Strasburgo--. Han sido ejecutados por el más aventajado

de mis discípulos. Ponga usted cuidado en su manejo y devuélvamelos

lo antes posible, porque no dispongo de otros por ahora.

¡Oh decepción!... ¡Las joyas técnicas, aquellos preparados

inestimables desembalados con emoción y examinados con el corazón

palpitante, no sobrepujaban á los míos!... Ciertamente, dentro del

protoplasma nervioso advertíanse las neurofibrillas impregnadas

de violado; pero tan pálidas en el seno granuloso de la ganga

del citoplasma, que resultaba imposible reconocer netamente

su disposición real y sus conexiones con las demás texturas

extracelulares. ¡Y sobre tales imágenes había construído Bethe

formidable edificio teórico! En vano me afanaba en buscar el trayecto

exterior de tan sutiles filamentos. Sin embargo de lo cual, el sabio

de Strasburgo nos hablaba, con sorprendente aplomo, del enlace

substancial de aquéllos con la red pericelular de Golgi, red á su vez

caprichosamente interpretada (con olvido ó menosprecio de todas las

terminantes revelaciones de los métodos de Golgi y Ehrlich) como la

porción terminal de las fibras nerviosas. Á la verdad, poco exigente

se mostraba el fisiólogo alemán en cuanto al objetivismo de los datos

sobre que asentar magnas conclusiones.

Ardía yo en deseos de contemplar las susodichas neurofibrillas

en preparaciones irreprochables. Desilusionado de las técnicas

aleatorias é insuficientes de Apáthy y Bethe; imposibilitado, además,

de ensayar la de Donaggio, conservada en secreto, y persuadido,

en fin, de que para la coloración vigorosa de tan sutiles hebras

era inexcusable recurrir á las reducciones metálicas, entreguéme

porfiadamente, desde 1901, á numerosos ensayos de impregnación;

aprovechando unas veces la reacción del _óxido de plata amoniacal_,

descubierta por Fajersztajn (1901); otras, la del cloruro de oro en

presencia del _tanino y del ácido pirogálico_; algunas, en fin, las

_sales haloides_ de plata y los reductores fotográficos introducidos

en la técnica por Simarro (1900). Fruto inicial, aunque poco

importante, de aquella obstinada labor, fueron ciertas fórmulas

de coloración de los cilindros-ejes y de la mielina[208]. Pero el

esqueleto neurofibrillar y las terminaciones nerviosas centrales,

objetivo principal de mis afanes, resistíanse obstinadamente.

[208] _Cajal_: Pequeñas comunicaciones técnicas, etc. _Revista

trimestral micrográfica_, Tomo V, 1900.

Á tan empeñadas probaturas incitábame, no tanto la esperanza de topar

con un proceder fácil de demostración de la urdimbre intraneuronal,

cuanto el ansia de descubrir fórmula de impregnación susceptible

de provocar coloraciones intensas, al par que _perfectamente

transparentes_, de las células y fibras nerviosas. Anhelaba

contrastar una vez más las bellas revelaciones del cromato de plata

con las de otro recurso al que no pudiera reprocharse el defecto

de traducir el soma celular y sus expansiones en siluetas opacas,

sin vislumbre de estructura. En fin, me ilusionaba la esperanza de

procurarme un arma poderosa que esgrimir contra muchos novadores

técnicos, inclinados irresistiblemente al vicio anárquico de negar,

en nombre de una nueva verdad, las verdades descubiertas por otros.

Después de infructuosas tentativas con las técnicas precedentes,

consagré en 1903 particular atención al método del Dr. Simarro[209],

primer autor que logró teñir las neurofibrillas mediante las sales de

plata.

[209] _L. Simarro_: Nuevo método histológico de impregnación

por las sales fotográficas de plata. _Revista trimestral

micrográfica_, tomo V, 1900.

Consta la técnica del ilustre neurólogo español de seis

operaciones esenciales: 1.ª Envenenamiento de los animales,

durante varios días, con dosis crecientes de bromuro ó de yoduro

de potasio. 2.ª Inmersión por varios días (dos á diez) de trozos

de médula espinal en solución al 1 por 100 de nitrato de plata,

al objeto de provocar en los tejidos la formación de _yoduro_ ó

_bromuro argénticos_ ú otras combinaciones argéntico-orgánicas.

Cuando los animales no son envenenados, el nitrato sólo produce,

naturalmente, cloruro y albuminatos argénticos. 3.ª Induración

rápida de las piezas en alcohol é inclusión subsiguiente en

celoidina para efectuar secciones microtómicas, operaciones que

se practican en la obscuridad. 4.ª Exposición de los cortes á la

luz como si fueran papeles fotográficos. 5.ª Revelación de las

secciones en el cuarto obscuro, mediante un reductor fotográfico,

por ejemplo: el ácido pirogálico, la hidroquinona, etc.,

adicionados de sulfito sódico y de un álcali enérgico. En fin,

fijado en hiposulfito de sosa.

El haloide argéntico (bromuro, yoduro ó simplemente el cloruro),

seleccionado por las células y fibras nerviosas, conviértese

por reducción en depósito metálico finísimo, de matiz pardo ó

rojo. Según el autor del método, las neurofibrillas aparecerían

solamente en las piezas _bromuradas_ ó _yoduradas_. En las

simplemente cloruradas parece no haberlas visto.

Por desgracia, y por lo que toca á la presentación de las

neurofibrillas, el ingenioso método del sabio español dista mucho

de ser constante. Y, cuando por raro caso, lógranse resultados

excelentes, el depósito argéntico escoge de manera casi exclusiva

el armazón de las grandes y medianas células de la médula espinal

y bulbo raquídeo. Imposible obtener coloraciones neurofibrillares

en el cerebro, cerebelo, ganglios y terminaciones nerviosas.

Los axones mismos imprégnanse con gran irregularidad. Mis

primeras tentativas, pues, siguiendo la técnica puntualizada

por el Dr. Simarro, fueron poco afortunadas. Estábamos, al

parecer, condenados á no disponer jamás de un recurso analítico

constante y general para el teñido del esqueleto neurofibrillar.

Recuérdense los azarosísimos resultados de las técnicas de Apáthy

y Bethe.

Antes de abandonar dicho método, resolví analizarlo

escrupulosamente, variando sus momentos operatorios y

determinando, si ello era posible, las causas de su desalentadora

inconstancia. Á este propósito, comencé por modificar una de las

condiciones, ó sea el envenenamiento de los animales. En vez de

yoduros y bromuros, usé diversas sales metálicas, sólo venenosas

á dosis casi masivas (ferrocianuro de potasio, ferricianuro,

sulfato de cobre, etc.); varié metódicamente el tiempo de

permanencia de las piezas en la estufa, así como la proporción

del nitrato de plata; prescindí de la acción de la luz y de los

reveladores alcalinos, usando los llamados por tratadistas de

fotografía _reductores físicos_, etc.

De este esmerado análisis experimental obtuve ya tres enseñanzas

valiosas. 1.º Que la coloración neurofibrillar no tiene nada que

ver con el envenenamiento de los animales, puesto que se obtiene

lo mismo en los envenenados con sales de cobre y hierro que en

los no intoxicados. 2.º Que se precisa el concurso del calor, no

bastando la inmersión de las piezas en el nitrato de plata, por

veinticuatro ó cuarenta y ocho horas, sino el uso de la estufa á

37° durante cuatro días, ó con temperatura del verano (22° á 27°)

por ocho ó nueve. (Esta influencia del calor fué ya sospechada,

aunque no precisada, por Simarro, cuando mentaba la _madurez de

la emulsión_ de bromuros y yoduros). 3.º Que, en fin, en las

preparaciones de Simarro (solarizadas y reveladas como placas

fotográficas) existen entremezcladas perjudicándose mutuamente,

dos reacciones, de naturaleza diferente: una constante, y poco

instructiva, la provocada por la luz sobre cloruros y demás

combinaciones argentico-protéicas (teñido en negro granuloso

ó pardo de las _estrangulaciones de Ranvier_, _estrías de

Fromman_, coloración parcial de los _gruesos axones_, etc.);

y otra eventual, afotogénica, muy instructiva, consistente en

la impregnación en tono rojo ó café de las neurofibrillas y

nucleolos y motivada probablemente por el depósito selectivo de

plata coloidal.

Pero si los yoduros y bromuros impresionados por la luz no

concurren á la _reacción neurofibrillar_, ¿cuál es la combinación

argéntica eficaz? ¿Será el cloruro de plata? Ello parecía

improbable, porque los cloruros, en presencia de los reductores

alcalinos, no generan plata coloidal, sino precipitaciones

groseras. ¿Cuál es, pues, esta materia enigmática y en qué

condiciones se produce?

Todos estos ensayos é inducciones produjeron un solo efecto:

simplificar la técnica del sabio español, descartando la enfadosa

operación del envenenamiento de los animales y evitando la acción

perturbadora de la luz. Mas, á pesar de todo, malográronse mis

esperanzas de prestar á la coloración neurofibrillar constancia,

vigor y generalidad. Comparables en principio con las de Simarro, mis

preparaciones no decían nada nuevo.

Por entonces (Agosto de 1903) y á guisa de sedante del cerebro

sobreexcitado, emprendí el citado viaje de placer por la seductora

Italia. Aquellas nobles y excelsas visiones de arte causáronme vivo

deleite; pero, de vez en cuando retornaban, distrayéndome de mis

contemplaciones, inquietudes de Laboratorio. Ante los cuadros de

un Museo ó al pie de ruinas gloriosas, acometíanme obsesionantes

hipótesis necesitadas de contraste experimental, proyectos técnicos,

al parecer, henchidos de promesas.

Cierto día, ya iniciado el viaje de regreso y vibrante el cerebro por

el recio trepidar del tren, apoderóse de mí, con el imperio de idea

fija, cierta sencillísima hipótesis que explicaba satisfactoriamente

las irregularidades del método de Simarro y encerraba en germen,

caso de confirmarse, un recurso analítico tan simple como eficaz.

Hoy no acierto á comprender cómo tan trivial pensamiento tardó tanto

en ocurrírseme. ¡Cuánta verdad es que las más sencillas soluciones

acuden siempre las últimas y que la imaginación constructiva, antes

de hallar el buen camino, la ansiada _fórmula económica_ que diría

Mach, comienza por perderse en lo complicado!...

He aquí la idea elemental y fecunda que tanto coqueteó antes de

entregarse: _La substancia enigmática generadora de la reacción

neurofibrillar, debe de ser pura y sencillamente el nitrato de plata

caliente incorporado á los coloides del protoplasma y susceptible

de precipitarse en estado coloidal y en virtud de procesos físicos

sobre el esqueleto neurofibrillar._ Cosa rara, una vez surgida en

mi mente, la citada concepción se me presentó como verdad inconcusa

y necesaria. Ni por un momento recelé que el laboratorio pudiera

desmentirme.

Es que la hipótesis explicaba llana y satisfactoriamente todos los

hechos contradictorios y resolvía todas las dificultades prácticas.

Por ejemplo: lo irregular y caprichoso de la reacción neurofibrillar,

en el proceder de Simarro, comprendíase bien, recordando que el

alcohol primero, la mezcla de éter y alcohol después, la celoidina

más tarde, y en fin, los baños reveladores, sustraían casi del todo

el _nitrato de plata indispensable á la reacción_, sólo retenido de

vez en cuando y accidentalmente por el cuerpo de las neuronas más

voluminosas, ó por los cortes notablemente espesos. Pero lo mejor de

la susodicha hipótesis consistía en que señalaba comodísimo remedio á

las mencionadas irregularidades del teñido. Todo se reducía á reponer

en los cortes el nitrato de plata perdido, ó mejor aún, reducir

en masa las piezas recién sacadas del nitrato, evitando la acción

perturbadora del alcohol y la influencia acaso nociva también de la

luz[210].

[210] Con las reflexiones y conjeturas precedentes no pretendo

sentar doctrina definitiva acerca del mecanismo íntimo de

la reacción neurofibrillar, que, aun hoy y á pesar de los

penetrantes análisis quimico-físicos de Liesegang, permanece en

gran parte enigmática. Me limito solamente á señalar el camino

seguido por mi pensamiento hasta caer, más ó menos casualmente,

en la nueva fórmula de impregnación.

Por lo demás, mi concepción acerca del íntimo mecanismo de la

coloración neurofibrillar en los procederes de Simarro y mío,

ha sufrido variaciones al compás de las nuevas investigaciones

técnicas. Al principio, creí que había perfeccionado

decisivamente el método del sabio español, ó dicho más

exactamente, sacado á luz y desarrollado un germen fecundo, casi

ahogado por otras reacciones poco útiles y aun perjudiciales

(las acciones fotogénicas sobre los haloides argénticos). Pero,

después, caí en la cuenta de que el proceso de la coloración

es muy complicado, entrando en él principios de orden físico,

por entonces indeterminables. Á corregir mi juicio, contribuyó

el reconocer que era imposible conseguir en los cortes una

coloración neurofibrillar comparable, ni aun de lejos, con las

logradas sobre los bloques nerviosos, no obstante adicionar á

las secciones del método de Simarro la sal argéntica perdida,

ó seccionar las piezas, recién extraídas del baño argéntico,

mediante el microtomo de congelación. Sin duda actúan en el

proceso fenómenos de atracción selectiva entre los _gel_ de

las neuronas, de una parte, y los corpúsculos ambientes de

plata coloidal; atracciones sólo posibles, ó sólo prácticamente

vigorosas, al abrigo del aire y en el seno de gruesas masas

nerviosas formadas de proteínas en estado coloide.

Parecida opinión, con desarrollos y puntos de vista interesantes

que no puedo detallar aquí, sostiene Liesegang, gran autoridad

en fotoquímica, quien ha consagrado dos profundos análisis

al mecanismo físico de acción de mi fórmula de impregnación.

En tales estudios, además de demostrar palmariamente que el

principio de mi proceder nada tiene de común con el de la

reacción de Simarro, expone cierta luminosa hipótesis sobre

la acción de los que él llama _gérmenes de reducción_. Con el

concurso de los fijadores, ciertas substancias reductrices

residentes en el protoplasma nervioso, formarían, á expensas

del nitrato de plata ambiente, gérmenes infinitesimales de

plata reducida, los cuales atraerían vivamente el metal

coloidal producido por la acción del revelador. Véanse los

notables trabajos de Liesegang, singularmente el titulado:

Die Kolloidchemie der histologischen Silberfärbungen.

_Sonderabdruck der Kolloidchemische Beiheften._ Bd. III. Dresden,

1911.

Dejo dicho que la precedente hipótesis perseguíame como una obsesión.

Devorábame la impaciencia. Y ansiaba hallarme en el Laboratorio para

poner en práctica mis proyectos. Génova, Niza, Mónaco, Marsella,

todas las rientes y luminosas ciudades de la prestigiosa _Côte

d’azur_ desfilaron por mi retina sin dejar huella apenas en mi

espíritu.

Á mi llegada á Madrid caí sobre los animales de experimentación

guardados en mi Laboratorio como el león sobre su presa. Varios

eran mis proyectos, no todos viables, según se vió después. Contra

mis previsiones, la adición de nitrato de plata á los cortes del

método de Simarro (después de la celoidina, etc.) no mejoró nada

los resultados[211]. En cambio, los dió excelentes otro de mis

proyectos, encaminado á reforzar y retener el nitrato de plata

libre de las piezas, á saber: _a_, inmersión directa de los trozos

nerviosos en nitrato de plata; _b_, estufa cuatro días; _c_,

reducción, en bloque y en la obscuridad, de la sal argéntica mediante

baño de ácido pirogálico, con ó sin adición de formol; _d_, lavado;

_e_, alcohol; encastramiento en celoidina y, en fin, secciones

microtómicas.

[211] Aun hoy, no obstante reiterados ensayos, no he conseguido

teñir regularmente las neurofibrillas en las secciones,

cualquiera que sea el fijador empleado, á menos de recurrir, á

la fórmula de Bielschowsky. Modernamente, ha indicado Liesegang

un medio --adición de un coloide (solución espesa de goma, por

ejemplo) al reductor físico-- con el cual se obtienen algunos

resultados, aunque de ningún modo comparables á los conseguidos

según el _modus operandi_ común.

Como se ve, en lugar del _desarrollo químico_ usado por Simarro,

susceptible de actuar solamente sobre las sales haloides argénticas,

previa acción de la luz, yo me serví de un _reductor físico_ (según

el lenguaje de los tratadistas de fotografía) incapaz de ennegrecer

los cloruros, pero capaz de provocar en el seno de las neuronas la

formación de plata coloidal naciente.

Grandes fueron mi emoción y sorpresa. Desde los primeros ensayos,

las neurofibrillas de casi todas las células nerviosas de la médula,

bulbo, ganglios, cerebro y cerebelo, sin contar numerosos tipos de

arborizaciones axónicas terminales, aparecieron espléndidamente

impregnadas con matiz pardo, negro ó rojo ladrillo, perfectamente

transparente. Muchas dendritas perseguíanse á placer al través de

la enmarañada urdimbre de la substancia gris, gracias al intenso

tono pardo obscuro de sus hacecillos neurofibrillares. Según era

de prever, la inoportuna reducción de cloruros y albuminatos

argénticos (_estrías de Fromman_, _estrangulaciones_, etc.) brillaba

por su ausencia. En fin, y ésta era la más valiosa ventaja, dicha

coloración, además de lograrse en todos los centros nerviosos,

resultaba absolutamente constante á condición de ajustarse

severamente á mi formulario.

Recuerdo todavía la exclamación admirativa con que, semanas después

del hallazgo, recién publicada una nota explicativa de la fórmula, me

participaba van Gehuchten el resultado de su primer ensayo sobre el

cerebro del conejo. «Je n’ai pas dormi!» Tampoco yo dormí en varios

días, vibrante el cerebro con la concepción de nuevos planes de

trabajo y afanado además con la ingrata tarea de precisar, á fuerza

de experimentos, las condiciones óptimas de la reacción.

Cierta nota preventiva precipitadamente redactada[212] para unos

_Archivos médicos_, recientemente fundados por el Dr. Cortezo y el

Dr. Pittaluga, completada después por extensa y reposada monografía

cuajada de grabados[213], divulgaron rápidamente los resultados

obtenidos, que fueron confirmados y ampliados notablemente por

multitud de sabios extranjeros. Entre los confirmadores de la primera

hora, á quienes el método rindió pingüe cosecha de hechos nuevos,

recordamos á van der Stricht, van Gehuchten, Michotte, Besta,

Azoulay, Nageotte, Lugaro, Holmgren, Retzius, v. Lenhossék, Schäffer,

Humberto Rossi, Ottorino Rossi, Levi, Pighini, Legendre, Medea,

Perroncito, London, G. Sala, etc., etc.

[212] _Cajal_: Sobre un sencillo procedimiento de impregnación

de las fibrillas interiores del protoplasma nervioso. _Archivos

latinos de Medicina y Cirugía_, núm. 20, Octubre de 1903.

[213] _Cajal_: Un sencillo método de coloración del retículo

protoplásmico y sus efectos en diversos centros nerviosos. _Trab.

del Lab. de Invest. biol._, 1903. (Con 38 grabados).

De este trabajo salió á luz, en forma de libro, una traducción

francesa del Dr. Azoulay, con algunas adiciones importantes.

Con singular fortuna aplicaron en España la nueva fórmula mi

hermano, R. Illera, Dalmacio García y muy singularmente mi ayudante

el Dr. Tello[214], quien en la exploración á que sometió los centros

de los vertebrados inferiores, á más de recoger copiosa cosecha

de hechos nuevos, descubrió el curioso fenómeno de la alteración

neurofibrillar por invernación (_transformación fusiforme_, etc.).

[214] _Tello_: Sobre la existencia de neurofibrillas colosales en

las neuronas de los reptiles. _Trab. del Lab. de Invest. biol._,

tomo II, Diciembre de 1903.

_Idem_: Las neurofibrillas en los vertebrados inferiores. _Trab.

del Lab. de Invest. biol._, tomo III, 1904.

No obstante sus excelencias y su capacidad de revelar el retículo

hasta en los más pequeños elementos del cerebro y cerebelo, el método

adolecía aún de algunas lagunas. El nitrato de plata posee mediana

aptitud fijadora, y el _modus operandi_ primeramente adoptado tiñe

muy á menudo pálida y desigualmente los axones. Pero, haciendo

preceder la nitratación argéntica de las piezas de un fijado, por

veinticuatro horas, en alcohol sólo, en formol y mejor aún en el

alcohol adicionado de algunas gotas de amoníaco, corrígese tan

grave defecto, lográndose coloraciones enérgicas y regulares de

los cilindros-ejes gruesos y finos, así como de la mayoría de las

arborizaciones nerviosas centrales y periféricas. Esta nueva fórmula

tiene, además, la ventaja de ser aplicable á todos los vertebrados y

de producir imágenes excelentes en los animales recién nacidos ó en

fase embrionaria.[215]

[215] _Cajal_: Algunos métodos de coloración de los

cilindros-ejes, neurofibrillas y nidos nerviosos. _Trab. del Lab.

de Invest. biol._, tomo III, 1904.

He aquí la fórmula definitiva:

1.º Fijación de las piezas en alcohol amoniacal. (Para 50

centímetros cúbicos de alcohol de 40° añadíanse 5 á 10 gotas de

amoníaco).

2.º Inmersión de las mismas, durante cinco á seis días, en

nitrato de plata al 3 por 100 (ó al 1 ½, según los casos)

conservado en estufa á 37° y en la obscuridad durante cuatro á

seis días.

3.º Después de lavado superficial de los trozos nerviosos,

reducción por veinticuatro horas, también en la obscuridad ó

bajo luz tenue, en el siguiente reductor físico (incapaz de

desarrollar los cloruros): ácido pirogálico, 1; agua, 90; formol,

10.

4.º Lavado rápido de las piezas que se induran en alcohol. En

fin, celoidina y secciones microtómicas.

Más adelante aconsejamos todavía otras fórmulas, simples

variantes de la anterior, con aplicación á casos especiales.

Confío en que perdonará el lector los prolijos detalles expuestos

sobre las indagaciones metodológicas de 1903. Pero el asunto

justifica la extensión. Sobre que la nueva técnica fué la señal

de larga serie de trabajos de laboratorio publicados durante

ocho ó diez años, al escribir estos recuerdos no puedo olvidar

que soy preferentemente leído por aficionados á las tareas del

Laboratorio. Ellos sabrán disculparme y acaso agradecerme ciertas

minucias descriptivas. Creo, además, que nada anima tanto al novel

investigador como la narración sincera de las tentativas practicadas,

de las sinuosidades y extravíos de la labor experimental, en fin, de

los ardides puestos en juego durante el largo proceso inquisitivo

hasta alcanzar la solución anhelada; verá que aun las más infelices

conjeturas contienen á veces gérmenes de acción provechosa y suelen

recordar las hazañas del Cid, ganando batallas después de muerto;

observará, en fin, que el éxito representa casi siempre función y

premio de la atención ahincada y del trabajo perseverante. Cuando

sepa hasta qué punto influye el azar --el azar bien aprovechado,

naturalmente-- en los venturosos hallazgos, repetirá sin duda, lleno

de orgullosa confianza, la conocida exclamación de Corregio ante un

cuadro de Rafael «_Anch’ io son’ pittore_».

En el caso mencionado el fruto logrado debióse enteramente

al esfuerzo analítico insistente y á infatigable paciencia.

Naturalmente, conforme suele ocurrir con todas las invenciones,

mi modesto hallazgo partió de los hechos experimentales señalados

por mis antecesores: de los ensayos de Fajersztajn[216], que me

proporcionaron el uso del formol como coadyuvante reductor del

ácido pirogálico; de la fórmula colorante de Bethe, de quien tomé

el líquido fijador (alcohol amoniacal) y, sobre todo, del proceder

fotográfico de Simarro, punto de partida de mis investigaciones, y

á cuyo autor se deben estos dos progresos cardinales: haber probado

el primero la posibilidad de teñir las neurofibrillas con los

compuestos argénticos y haber introducido en la técnica histológica

los reductores fotográficos.

[216] _Fajersztajn_: Ein neues Silberimpregnationverfahren als

Mittel zur Färbung der Axencylinder. _Neurol. Centralbl._, núm.

3, 1.º Febr. 1901.

Singular coincidencia. Poco después de publicada mi fórmula,

obtenida, según dejo dicho mediante el análisis experimental de

la reacción de Simarro, el alemán Bielschowsky[217] arribaba á

parecidos resultados, sirviéndose también del nitrato de plata,

pero tomando como punto de partida el método de Fajersztajn. En

adelante, la técnica neurológica contó, pues, con dos recursos

analíticos, igualmente fáciles y fecundos: el de Bielschowsky,

especialmente aplicable al encéfalo humano y señaladamente á sus

lesiones anatomo-patológicas, y el mío, singularmente apropiado

para la exploración estructural de los centros nerviosos de los

mamíferos y vertebrados inferiores, ganglios sensitivos y simpáticos,

terminaciones nerviosas y desarrollo embrionario.

[217] _Bielschowsky_: Die Silberimpregnation der Neurofibrillen.

_Neurol. Centralbl._ H. 22, 1.º Nov. 1903.

[Ilustración]

Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2) · 第 24 / 58 题