CAPÍTULO XVI _bis_

Aquejado de una crisis cardíaca, resuelvo vivir en el campo,

donde organizo mi Laboratorio. -- En mi casita de Amaniel

sorpréndeme la noticia de la concesión del _premio internacional_

llamado _de Moscou_. -- Felicitaciones calurosas de los amigos

y compañeros, homenajes entusiastas de los discípulos y fiesta

conmemorativa en la Universidad. -- Mi discurso á la juventud

en la solemnidad académica. -- Por iniciativas de la Prensa,

el Gobierno acuerda crear un Laboratorio de investigaciones

biológicas. -- Algunos trabajos emprendidos durante el bienio de

1900 y 1901.

El año de 1900 ocurrió un suceso que tuvo capital influencia en mi

porvenir científico. El _Congreso internacional de Medicina_, reunido

en París, tuvo la bondad de adjudicarme el importante y codiciado

_premio internacional_ (6.000 francos). Instituído por la ciudad de

Moscou para conmemorar el Congreso médico celebrado pocos años antes

en tal ciudad, dicho galardón debía otorgarse al trabajo médico ó

biológico más importante publicado en el mundo entero, durante cada

trienio ó intervalo entre dos Asambleas médicas. Y á propuesta del

Dr. Albrecht, de Viena, y con el voto unánime de los miembros del

_Comité directivo_, se convino en galardonar con él mis modestas

investigaciones. En la misma sesión acordóse también celebrar en

Madrid el siguiente Congreso de 1903.

Según refirieron testigos presenciales, el entusiasmo de los

delegados y congresistas de los países latinos fué grande y

sincero. Los plácemes á nuestros representantes oficiales y los

vivas á España atronaban la sala. En nombre de nuestro país y de la

ciencia española, el Dr. Calleja, balbuciente de emoción, pronunció

elocuente y sentidísimo discurso de gracias. Fué casi --permítaseme

lo excesivo del comentario-- una fiesta cordial de la raza hispana;

porque del inesperado triunfo se congratularon, con noble y generosa

unanimidad, todos los congresistas de España y de las Repúblicas

hispano-americanas.

Cuando allá por el mes de Agosto de dicho año, sucedía esto en París,

hallábame yo veraneando en mi recién construída casita de los Cuatro

Caminos, prosiguiendo tranquilamente mis atrayentes exploraciones

sobre la estructura cerebral.

Aunque el hecho carezca de importancia, permítaseme explicar por

qué escogí para la edificación de mi casa de campo un barrio pobre,

habitado casi exclusivamente por obreros.

Durante el otoño é invierno de 1899, mi salud dejaba harto que

desear. Invadióme la neurastenia, acompañada de palpitaciones,

arritmias cardíacas, insomnios, etc., con el consiguiente abatimiento

de ánimo. Semejantes crisis cardíacas atacan frecuentemente á las

personas nerviosas fatigadas, sobre todo durante esa fase de la vida

en que declina la madurez y asoman los primeros desfallecimientos

precursores de la vejez. Fuera de que mi carácter, aun en las

épocas de salud floreciente, propendió siempre, según dejo dicho,

á la soledad y al recogimiento. Yo he sido siempre un melancólico,

empeñado en conquistar la alegría y el sueño con la cháchara jovial

del café y con las fatigas y emociones del Laboratorio. Naturalmente,

mis dolencias agriaron aun mi natural triste é hipocondríaco. Y,

por reacción fisiológica y moral, acometióme violenta pasión por

el campo. Todo mi afán cifrábase en disponer de quinta modesta y

solitaria, rodeada de jardín, y de cuyas ventanas se descubrieran, de

día, las ingentes cimas del Guadarrama, y de noche, sector celeste

dilatadísimo, no mermado por aleros ni empañado por chimeneas. Aparte

la ansiada _ración de infinito_, deseaba oponer á mi _spleen_, á

guisa de contraste sentimental, la oleada de bulliciosa alegría que

se desborda los domingos y tardes soleadas desde las guardillas de

Madrid hasta los democráticos merenderos de Amaniel. Allí, lejos del

tumulto cortesano, trabajaría á mi sabor durante los meses estivales,

rodeado de árboles y flores y en medio de un vivero de animales

de Laboratorio --las pobres víctimas de la Ciencia--, amén de los

humildes seres que gratuita y pródigamente nos ofrece cualquier

cercado (lagartijas, lombrices, orugas, caracoles, etcétera). Allí,

en fin, sumergido en aquella calma sedante, aplacaríanse mis nervios

y tejería en paz la tela de mis ideas.

Poco hay que escoger en los alrededores de Madrid para nido de un

espíritu romántico, enamorado de cuadros pintorescos. Sólo las

frondosas hondonadas y las vertientes vecinas del puente de Amaniel,

con espléndidas vistas á la Moncloa, al Guadarrama y á El Escorial,

prometían adecuado marco á mi casita, que á ser posible hubiera

emplazado en lo alto del Guadarrama.

Compré, pues, en dicha barriada de los Cuatro Caminos huerta no muy

extensa, y mandé construir modesta quinta, circundada de jardín,

emparrado é invernadero liliputienses, escalonados en cuesta y

expuestos al sol del mediodía. Y procediendo á lo temerario puse

todos mis ahorros en la obra. Los libros de texto, tan maldecidos

por el padre de familia, y obsesión permanente del Marqués de

Villaviciosa --conste que los míos se vendían á 30 reales--,

transfiguráronse en ladrillos y baldosas y sublimáronse después en

flores, frutas, abejas y palomas.

Mi curación honró poco á la Farmacopea. Una vez más triunfó el

mejor de los médicos: el instinto, es decir, la incansable _vis

medicatrix_. Porque luego de instalado con la familia en la

campestre residencia, mi salud mejoró notablemente. Al fin alboreó

en mi espíritu, con la nueva savia, hecha de sol, oxígeno y aromas

silvestres, alentador optimismo. Y, por añadidura, llovieron sobre mí

impensadas satisfacciones y venturas.

Fué, pues, como decía antes, en mi modesto cigarral de Amaniel,

situado en la calle de Almansa y frontero del canalillo (que con

sus puentes rústicos y algo de imaginación evocan los románticos

canales de Venecia), donde me sorprendieron el sentido telegrama

de felicitación del doctor Calleja y las benévolas y esperadas

ampliaciones noticieriles de la Prensa.

Grande fué mi alegría al recibir la fausta nueva y más al advertir

que la honra venía acompañada de algunos miles de francos, dádiva

no despreciable para un bolsillo exhausto. «_Ce qui ne gâte rien_»

como dicen los franceses. Y quedaran colmadas las medidas del

deseo, si deberes elementales de cortesía no me hubieran obligado á

contestar á miles de telegramas de felicitación, tarjetas postales y

cartas congratulatorias. Aquel chaparrón de plácemes --cordialmente

agradecidos, naturalmente-- duró más de un mes, obligándome á aplazar

_sine die_ mis favoritas ocupaciones y á exprimir mi pobre magín

--casi vacío de fórmulas corteses-- en aderezar y matizar en lo

posible las obligadas expresiones de agradecimiento y las inevitables

manifestaciones de modestia.

Entre las felicitaciones, debo recordar, por la calidad de sus

autores, el sentido telegrama de S. M. la Reina Cristina; la carta

afectuosa del Presidente del Consejo de Ministros, D. Francisco

Silvela; la no menos cariñosa del Ministro de Fomento, el Mensaje del

Ayuntamiento de Zaragoza, etc., etc. Ni es lícito pasar por alto los

artículos encomiásticos de la Prensa política y profesional. En mi

memoria viven, con rasgos indelebles, la elocuente biografía escrita

para el _Heraldo_ por mi eminente compañero, el Dr. Amalio Gimeno; la

primorosa Crónica de _El Imparcial_ ofrendada por Mariano de Cavia,

el maestro del buen decir y del patriótico pensar; los artículos

laudatorios de _El Liberal_, _La Época_ y _La Correspondencia_, etc.;

y, en fin, cierto panegírico, tan entusiasta como cariñoso, inserto

por mi amigo el Dr. Márquez en un periódico médico.

Y omito la visita de Comisiones, los banquetes oficiales, los

homenajes privados[188], los ágapes de los amigos.

[188] No quisiera dejarme en el tintero el delicado y tiernísimo

rasgo de los esposos Tolosa Latour, ángeles tutelares de la

infancia, quienes, después de consultar los gustos de mis hijos,

obsequiáronles con lindos juguetes y hasta con objetos de valor

(un _kodak_, las obras de Campoamor, caja de música, etc.), para

que asociaran en su memoria el recuerdo del impensado triunfo del

padre con las dulzuras de un deseo satisfecho.

Aun pecando de prolijo, séame permitido mencionar todavía algunas

distinciones y consagraciones oficiales.

S. M. la Reina me agració, por iniciativa del Gobierno, con la _Gran

Cruz de Isabel la Católica_, cuyas insignias costearon generosos los

estudiantes de la Facultad de Medicina, en la cual, dicho sea de

pasada, se celebró solemne sesión conmemorativa. Meses después se me

concedía la _Gran Cruz de Alfonso XII_ y se me nombraba Consejero de

Instrucción pública.

Pero el homenaje de que guardo más profundo agradecimiento fué la

fiesta académica celebrada, meses después, en el paraninfo de la

Universidad, con asistencia de los profesores y alumnos. En ella

pronunciaron elocuentes y sentidísimos discursos el Ministro de

Fomento, que se dignó honrar el acto con su presencia; el Rector, Sr.

Fernández y González; y, en fin, D. Julián Calleja y D. Alejandro San

Martín.

Mi ingénita cortedad sufrió entonces durísima prueba. Aquel chaparrón

de elogios exagerados, en cuyo fondo latía noble sentimiento de

patriótico regocijo, me emocionó profundamente. Previendo que, en

tan difíciles circunstancias, mi corazón habría de paralizar mi

pobre palabra, dí las gracias en discurso escrito, que fué bastante

celebrado y mereció la honra de ser reproducido, acompañado de

agradables comentarios, por la Prensa política y profesional.

He aquí los principales párrafos de esta oración, que reproduzco

porque, además de contener algunos datos autobiográficos (motivos

de mi actuación científica, etc.), reflejan con bastante fidelidad

los anhelos fervientes de resurgimiento intelectual que el reciente

infortunio nacional había despertado en la juventud universitaria

española:

«Señores: El homenaje tan cariñoso como sincero que el Claustro

de la ilustre Universidad de Madrid, presidido por el jefe

supremo de la enseñanza y dignísimo representante del Gobierno

de S. M., ha querido rendirme en el día de hoy, me coloca en

un trance apuradísimo. La más elemental cortesía me obliga á

mostrarme agradecido á la inusitada honra que me dispensáis;

pero me impone también, con la obligación de contestaros, un

sosiego de espíritu y una quietud del corazón, de todo punto

incompatibles con la solemnidad del acto y su extraordinaria

significación en mi vida profesional. Permitidme, pues, que en

esta ocasión, rompiendo con la costumbre, para evitar la emoción

paralizante de la palabra hablada, recurra á la palabra escrita.

El cerebro turbado por la emoción es como el lago agitado por

la tormenta: éste no refleja bien las estrellas del cielo y los

árboles de sus orillas; aquél no acierta á traducir las ideas y

los sentimientos surgidos en la mente. Existen sin duda ánimos

de tal temple, que saben sentir y pensar á un tiempo; yo tengo,

desgraciadamente, el cerebro esclavo del corazón, y sólo me

permito pensar á hurtadillas de éste.

Sírvanme, pues, estas cuartillas de antifaz que oculta semblante

demudado ó descompuesto. Parapetado tras de ellas, os diré sin

más preámbulos, que vuestros sinceros y entusiastas plácemes me

llegan á lo más vivo é íntimo del alma, y que los inusitados

testimonios de consideración y simpatía con que os habéis

complacido en enaltecerme y confundirme, quedarán grabados

perennemente en mi memoria, en el archivo de los recuerdos

sagrados, junto á las placenteras memorias de la edad juvenil, y

entretejidos con la imagen adorada de mi madre.

... Exageráis sin duda el alcance de mis trabajos y la fortuna

de mi obra científica. No rayan tan alto ni van tan lejos como

vuestra benevolencia imagina. Aunque bien se me alcanza que lo

extremado de vuestros encomios encamínase á fin más alto: al

premiar al modesto investigador de hoy, habéis querido sobre todo

estimular la investigación científica del mañana. Con patriótica

previsión os proponéis, sin duda, lo que podríamos llamar _la

ejemplaridad del aplauso_. Patente hoy á los ojos de la juventud

estudiosa la generosidad del Gobierno y de la Universidad para

conmigo, cuantos sientan en sí el acicate de la emulación,

podrán decir: «Si esto se hace con Cajal, humilde explorador de

la naturaleza viva, ¿qué no harán con nosotros si alcanzamos la

fortuna de igualar algún día á los más eminentes impulsores del

progreso científico?».

Habéis cariñosamente aludido á lo singular de mis facultades y

á lo peregrino de mis aptitudes para el cultivo de la Ciencia;

y en todo ello habéis mostrado más bondad que justicia. No soy

en realidad un sabio, sino un patriota; tengo más de obrero

infatigable que de arquitecto calculador... La historia de

mis méritos es muy sencilla: es la vulgarísima historia de

una voluntad indomable resuelta á triunfar á toda costa. Al

considerar melancólicamente, allá en mis mocedades, cuánto

habían decaído la Anatomía y Biología en España y cuán escasos

habían sido los compatriotas que habían pasado á la historia de

la Medicina científica, formé el firme propósito de abandonar

para siempre mis ambiciones artísticas, dorado ensueño de mi

juventud, y lanzarme osadamente al palenque internacional de la

investigación biológica. Mi fuerza fué el sentimiento patriótico;

mi norte el enaltecimiento de la toga universitaria; mi ideal,

aumentar el caudal de ideas españolas circulantes por el mundo,

granjeando respeto y simpatía para nuestra Ciencia, colaborando,

en fin, en la grandiosa empresa de descubrir la Naturaleza, que

es tanto como descubrirnos á nosotros mismos.

Lo conseguido constituye, por tanto, ofrenda de amor á mi país,

fruto del culto ferviente á la gloriosa aula española; pero obra

incompleta, mezquina, que deploro sinceramente sea tan inferior

á vuestros homenajes, tan desproporcionada con las tradiciones

de la Universidad, y tan indigna de los merecimientos de nuestro

infortunado país.

... Harto modestos son los lauros conquistados; mas si en

algo los estimáis, bríndolos de todo corazón á la Universidad

española, como ofrenda del discípulo reverente al _alma mater_,

y con ese noble orgullo con que el soldado consagra á la Virgen,

que le amparó en trances difíciles, el humilde trofeo ganado en

playas remotas.

Y bien miradas las cosas, os devuelvo lo que en justicia os

pertenece. Hijo soy de la Universidad; á ella le debo lo que

sé y todo lo que valgo; ella me enseñó á amar la Ciencia y á

reverenciar á sus cultivadores; ella me guió y alentó en mis

primeros ensayos experimentales, ofreciéndome generosamente, en

la medida de sus pobres recursos, los medios materiales para

mis trabajos; ella, en fin, al mostrarme un pasado espléndido

y glorioso al través de un presente poco consolador, despertó

en mi ánimo juvenil la fibra del patriotismo, sugiriéndome la

inquebrantable resolución de consagrar mi vida á las tareas

redentoras del Laboratorio, para reanudar en suma, hasta

donde mis fuerzas alcanzaran, la casi olvidada tradición de

originalidad de la Medicina española.

Afortunadamente, la Universidad española de hoy siente ya ansias

de vida y de renovación, y desea caminar resueltamente por la

vía del progreso. Revélase en algunos de sus maestros, atenidos

antes á su misión meramente docente, loable emulación por sacudir

la tutela intelectual extranjera, y por cooperar, con propio y

personal esfuerzo, á la conquista pacífica de la naturaleza y del

arte. Por fortuna, nuestras aulas, calificadas más de una vez

de fortalezas de la autoridad de los textos y de la rutina del

pensamiento, se han abierto ya al oreo vivificador del espíritu

crítico y del pensar universal, y en ellas brilla con luz propia

lucida pléyade de estadistas, científicos, humanistas y literatos

ilustres.

Prosigamos todos con ardor creciente en esta tarea salvadora;

trabajemos para que la Universidad sea lo que debe ser, tanto

fábrica de ideas como foco de educación y cultura nacionales.

Hoy más que nunca urge este supremo llamamiento al heroísmo del

pensar hondo y del esfuerzo viril. Me dirijo á vosotros, los

jóvenes, esperanza del mañana. En estos últimos luctuosos tiempos

la patria se ha achicado; pero vosotros debéis decir: «Á patria

chica, alma grande». El territorio de España ha menguado; juremos

todos dilatar su geografía moral é intelectual. Combatamos

al extranjero con ideas, con hechos nuevos, con invenciones

originales y útiles. Y cuando los hombres de las naciones

más civilizadas no puedan discurrir ni hablar en materias

filosóficas, científicas, literarias ó industriales, sin tropezar

á cada paso con expresiones ó conceptos españoles, la defensa de

la patria llegará á ser cosa superflua; su honor, su poderío y su

prestigio estarán firmemente garantidos, porque nadie atropella á

lo que ama, ni insulta ó menosprecia lo que admira y respeta.

He nombrado á la patria y deseo que, en tan solemne ocasión, sea

ésta la última palabra de mi desaliñado discurso. Amemos á la

patria, aunque no sea más que por sus inmerecidas desgracias.

Porque «el dolor une más que la alegría», ha dicho Renan.

Inculquemos reiteradamente á la juventud que la cultura superior,

la producción artística y científica originales constituyen labor

de elevado patriotismo. Tan digno de loa es quien se bate con el

fusil como el que esgrime la pluma del pensador, la retorta ó

el microscopio. ¡Honremos al guerrero que nos ha conservado el

solar fundado por nuestros mayores! Pero enaltezcamos también al

filósofo, al literato, al jurista, al naturalista y al médico,

que defienden en el noble palenque de la cultura internacional

el sagrado depósito de nuestra tradición intelectual, de nuestra

lengua y cultura, en fin, de nuestra personalidad histórica y

moral, tan discutida y á veces tan agraviada entre los extraños.»

En aquella ocasión, la prensa, siempre buenísima conmigo, prestóme

servicio inestimable. En sus bondadosos elogios, exageró, sin duda,

la penuria de mis medios instrumentales, y la desproporción entre

mis recursos económicos y los resultados obtenidos. En todo caso,

sus campañas, tanto más agradecidas cuanto más espontáneas, crearon

cierto estado de opinión, recogido diligente y generosamente por

el Gobierno de D. Francisco Silvela, quien propuso al Consejo de

Ministros, después de amable consulta con el interesado, la fundación

de un _Instituto de investigaciones científicas_, donde el humilde

laureado de París pudiera desarrollar ampliamente y sin cortapisas

económicas sus trabajos biológicos. Singularmente entusiastas del

pensamiento mostráronse, y así me lo manifestaron, el Ministro

de Instrucción pública, García Alix, y F. Villaverde, á la sazón

encargado de la cartera de Hacienda.

Decidido el Gobierno á realizar prontamente el pensamiento, tramitóse

inmediatamente la indispensable consulta al Consejo de Estado --las

Cortes estaban cerradas-- y se consignaron para la compra de material

é instalación del Laboratorio 80.000 pesetas, dejando para las

Cortes la legalización del proyecto, así como la aprobación de los

créditos de material y personal. Con verdadera munificencia fijó el

Sr. Silvela la gratificación del Director en 10.000 pesetas, cifra

excesiva que, á mis ruegos, fué rebajada por el Conde de Romanones,

sucesor del Sr. García Alix, cuando en 1901 subió al Poder la

situación liberal. Obtenida la sanción de los Cuerpos Colegisladores,

el nuevo Centro de estudios, designado _Laboratorio de

Investigaciones biológicas_, instalóse provisionalmente en un hotel

de la calle de Ventura de la Vega. Meses después, y por iniciativa

del nuevo Ministro de Instrucción pública, trasladóse definitivamente

al Museo del Dr. Velasco. Á título de ayudante, prestóme su concurso

el Dr. Sala Pons, alumno brillante de la escuela de Barcelona, del

cual he hablado ya, con ocasión de enumerar los colaboradores de

mi _Revista trimestral micrográfica_. En fin, transcurridos dos ó

tres años, aumentóse la plantilla con otro ayudante y un preparador

competente en las artes del dibujo.

[Ilustración: Fig. 97.--Conjunto de la arborización terminal del

nervio coclear en los ganglios acústicos del gato.-- A, tronco del

nervio; B, rama ascendente; C, rama descendente y posterior. Nótese

el diverso comportamiento de cada rama.]

Excusado es decir que la creación del referido Laboratorio satisfizo

plenamente mis aspiraciones. Sobre proporcionarme instrumental

copioso y modernísimo, hizo desaparecer el _déficit_, que, no

obstante los recursos de la Facultad y la generosidad del Dr. Busto,

me ocasionaban la compra de libros y Archivos científicos, y sobre

todo la publicación de mi _Revista trimestral_, de que vino á ser

continuación el nuevo Anuario titulado _Trabajos del Laboratorio de

Investigaciones biológicas_. Excelente papel, grabados y litografías

sin tasa, extensión ilimitada del texto en proporción con el original

disponible, fueron las ganancias materiales logradas; y como

provechos docentes la colaboración cada día más intensa y reiterada

de mis ayudantes y discípulos. Séame lícito notar que en los citados

_Trabajos_, creados en 1902, han visto la luz hasta hoy más de 140

monografías originales, lo que me da el derecho y la satisfacción de

pensar que el sacrificio hecho por el Estado no ha sido estéril para

el progreso de la Ciencia y el crédito de España en el extranjero.

Todo lo cual demuestra algo que tengo manifestado ya en otra

parte[189], á saber: que no hay país en donde el trabajo honrado

y los esfuerzos en pro de la Investigación sean más cordial y

_prácticamente_ agradecidos que en España. Estoy por decir, si se

me apura, que nuestro calumniado país es acaso la nación europea en

donde el cultivo de la Ciencia constituye más saneado y decoroso

negocio.

[189] _R. Cajal_: Reglas y Consejos sobre la Investigación

biológica, 4.ª edición, 1916.

Durante el bienio de 1900 y 1901, dí á la estampa algunos trabajos

dignos de ser notados, además de las ya mentadas comunicaciones sobre

la corteza acústica y olfativa. He aquí algunos de ellos:

1.º _Disposición terminal de las fibras acústicas ó del nervio

coclear_[190] (figura 97).--Se demuestra en este trabajo que

las fibras del coclear exhiben dos clases de arborizaciones:

las _terminales_ ó conos de Held, espesas y pobres en ramas,

que se aplican sobre las células del foco ventral; y las

_colaterales_, representadas por ramitas finas, que constituyen

plexos delicados, situados entre las células. Se señalan,

también, diferencias en la disposición de las ramas terminales,

según la profundidad en el foco ventral (B y C), y se consignan

algunas inducciones fisiológicas sacadas de los nuevos hechos de

estructura de los ganglios acústicos. En la figura 97 puede verse

el conjunto de la arborización terminal del citado nervio.

[190] _Cajal_: Disposición terminal de las fibras del nervio

coclear. _Revista trimestral micrográfica_, núms. 2, 3 y 4. Con 2

figuras, 1900.

[Ilustración: Fig. 98.--Corte que muestra la terminación de la

vía central sensitiva en el ratón.-- A, foco sensitivo ó lateral

del tálamo; B, vía sensitiva; E, cuerpo de Luys; G, pedúnculo

cerebral; F, fascículo lenticular de Forel; J, campo de Forel; _a_,

arborizaciones terminales de las fibras sensitivas.]

2.º _Contribución al estudio de la vía sensitiva central y

de la estructura del tálamo óptico_[191].--Algunos autores

(Monakov, Dejerine, Mahaim, etc.), habían sospechado que las

fibras del lemnisco interno ó vía sensitiva poseían una estación

intermediaria en el tálamo; pero la existencia de semejante

interrupción no había podido ser anatómicamente demostrada.

[191] _Cajal_: Contribución al estudio de la vía sensitiva

central y de la estructura del tálamo óptico. (Con 4 grabados).

_Revista trimestral micrográfica_, tomo V, 1900.

Nuestras observaciones en el tálamo de ratas y ratones probaron

definitivamente que las fibras del lemnisco interno se terminan

todas, á favor de arborizaciones libres complicadas, en el

espesor del _foco talámico ventral_ (Nissl) ó _núcleo lateral_

(Kölliker) (A). Dentro de cada arborización yace un islote de

células, cuyos axones dirígense hacia el cerebro, engendrando la

vía _sensitiva superior ó talámico-cortical_. En la figura 98, A,

B, mostramos estos interesantes hallazgos.

Por primera vez se demuestra también en este trabajo la presencia

de fibras centrífugas ó _cortico-talámicas_, que, naciendo en la

corteza cerebral y cruzando el cuerpo estriado, se arborizan en

los susodichos islotes talámicos.

Otro hecho nuevo se consigna además: La mayoría de los autores

que se han ocupado del _cordón de Forel_ lo reputan nacido en

el cuerpo estriado (Dejerine, etc.) ó de procedencia óptica

(Kölliker). Nuestras investigaciones probaron incontestablemente

que sus fibras representan colaterales de la vía piramidal,

nacidas detrás del cuerpo de Luys, y dirigidas, por encima de la

_substancia nigra_ y en sentido anteroposterior, á la región de

la _calota_ (véase la fig. 98, F).

En fin, se precisa además el origen y la terminación de las

fibras exógenas del _núcleo de Luys_, señaladas por Mirto y

Kölliker (E).

_Textura del lóbulo olfativo accesorio_[192].--Gudden, Gansen y

Kölliker descubrieron en los roedores un departamento superior

del bulbo olfatorio que consideraron como un lóbulo peculiar

de este centro, pero sin asignarle propiedades estructurales

específicas.

[192] _Cajal_: Textura del lóbulo olfativo accesorio. (Con 5

figuras). _Trab. del Lab. de invest. biol._, tomo I, 1901.

Nuestras investigaciones probaron que dicho foco posee una

estructura propia distinta de la del resto del lóbulo y que en él

penetra un manojo particular de fibras olfativas. Prescindiendo

de pormenores descriptivos, nos concretaremos á decir que dicho

lóbulo, por lo fino y delicado de su organización, podría

compararse con la foseta central de la retina; es decir, que

representaría el lugar de la máxima acuidad olfativa de los

roedores. En la figura 99, D, reproducimos un corte donde se ve

penetrar el fascículo olfativo especial.

[Ilustración: Fig. 99.--Sección en el cavia del lóbulo olfativo

accesorio; D, cordón especial destinado á este núcleo; _a_,

arborizaciones de estas fibras olfativas; _b_ y _c_, células

especiales de esta región del bulbo.]

_Significación probable de las células de axon

corto_[193].--Después de revisar la repartición y conexiones

de tales neuronas en los diversos focos nerviosos, se concluye

que no pueden estimarse como anillos intercalares obligados

entre las fibras aferentes y las neuronas de axon largo, sino

como cadenas laterales anejas á las vías principales, á quienes

proporcionarían energía nerviosa almacenada. En suma, tales

elementos vendrían á ser algo así como condensadores de potencial

destinado á aumentar la tensión del impulso nervioso en las vías

principales aferentes y eferentes. Trabajos ulteriores recaídos

sobre la retina de vertebrados é invertebrados (insectos,

cefalópodos, etc.) nos confirman en tal opinión.

[193] _Cajal_: Significación probable de las células de axon

corto. _Trab. del Lab. de invest. biol._, tomo I. (Con 3

esquemas), 1901.

_Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior_[194].--Entre

los hallazgos comunicados en este trabajo, tengo por más

importantes los siguientes:

[194] _Cajal_: Estructura del tubérculo cuadrigémino posterior,

cuerpo geniculado interno y vías acústicas centrales. _Trab. del

Lab. de invest. biol._, tomo I. (Con 6 grabados), 1901.

1.º La demostración de que, en los roedores, una buena parte

de las fibras del _lemnisco externo_ ó vía acústica central se

bifurcan, suministrando una rama posterior arborizada en el

núcleo del tubérculo distal y otra anterior ramificada en el

_cuerpo geniculado interno ó posterior_ (fig. 100, A, _a_, _b_).

[Ilustración: Fig. 100.--Figura esquemática encaminada á mostrar

el comportamiento en los roedores del _lemnisco externo_, ó vía

acústica secundaria.-- A, lemnisco externo; B, tubérculo cuadrigémino

posterior; C, cuerpo geniculado interno; D, cuerpo geniculado

externo; _e_, vía acústica talamo-cortical ó terminal; _b_,

bifurcación de la vía acústica secundaria.]

2.º Descubrimiento de que la _vía acústica central_ descripta por

diversos autores, y sobre todo por Held, no marcha directamente

al cerebro, sino que se termina en el cuerpo geniculado interno,

á favor de arborizaciones libres en contacto con neuronas, cuyos

axones forman la vía acústica superior ó _tálamo cortical_ (fig.

100, C).

3.º Aportación de nuevos datos estructurales acerca del _cuerpo

geniculado interno_ y _corteza del tubérculo cuadrigémino

posterior_ (núcleo, corteza lateral, comisuras, etc.). Imposible

dar aquí detalles de estas aportaciones. En la figura 100

reproducimos cierto esquema donde aparecen las vías esenciales

del _cuerpo geniculado interno_, _tubérculo cuadrigémino

posterior_ y otros centros del _tálamo_.

[Ilustración: Fig. 101.--Corte del cuerpo mamilar y regiones

limítrofes del bulbo y protuberancia.-- A, foco mamilar externo; B,

pedúnculo del cuerpo mamilar; C, vía sensitiva ó lemnisco interno; D,

vía olfativa de proyección; P, protuberancia.]

En fin, en 1901 dí á la estampa otras comunicaciones de menor

envergadura: una de carácter técnico[195], en donde se describen

varios métodos destinados á teñir el disco de cemento de los

tubos nerviosos centrales, la mielina y los cilindros-ejes; y

otra de asunto fotográfico, con la presentación de dos aparatos

estereoscópicos imaginados para el examen de grandes pruebas

panorámicas[196].

[195] _Cajal_: Pequeñas comunicaciones técnicas. _Revista

trimestral micrográfica_, tomo V, fasc. 3, 1901.

[196] _Cajal_: Recreaciones estereoscópicas y binoculares. _La

Fotografía_, 1901. (Con 5 grabados).

Las investigaciones efectuadas durante el bienio 1900-1901, tuvieron

desarrollo y complemento en las emprendidas en 1902 y 1903.

Preocupado de la organización de los ganglios centrales del cerebro,

y codicioso de aumentar mi haber con nuevos hallazgos en esta _terra

ignota_, proseguí con mi habitual ardor la tarea analítica que recayó

muy señaladamente sobre la textura del _septum lucidum_[197], la

fina anatomía del _tálamo óptico_[198], con particular consideración

de la estructura de los _cuerpos de Luys_, _tubérculos mamilares_ y

_tuber cinereum_, y de cierto foco enigmático, _anejo de la cinta

óptica_[199].

[197] _Cajal_: Estructura del _septum lucidum_. _Trab. del Lab.

de invest. biol._, tomo I. (Con 19 grabados), 1902.

[198] _Cajal_: Estudios talámicos. _Trab. del Lab. de invest.

biol._, tomo II. (Con 20 grabados), 1903.

[199] _Cajal_: Sobre un foco gris especial relacionado con la

cinta óptica. _Trab. del Lab. de invest. biol._, tomo II. (Con 2

grabados), 1903.

Corrió mi actividad después por los dominios de los _pedúnculos

cerebelosos_, dilucidando algunos puntos obscuros de sus conexiones

y vías secundarias[200]; abordé, mediante los métodos de Marchi y

Golgi, las relaciones entre el cerebro y el _tubérculo cuadrigémino

anterior_ y _tálamo óptico_[201] (existencia de una vía especial

llamada _córtico-bigeminal_), y aporté, finalmente, algunas menudas

contribuciones metodológicas tocantes á la coloración de los tubos

nerviosos modulados[202] y manipulación de los cortes[203].

[200] _Cajal_: La doble vía descendente nacida del pedúnculo

cerebeloso superior. _Trab. del Lab. de invest. biol._, tomo II.

(Con 4 grabados), 1903.

[201] _Cajal_: Las fibras nerviosas de origen cerebral del

tubérculo cuadrigémino anterior y tálamo óptico. _Trab. del Lab.

de invest. biol._, tomo II. (Con 10 grabados), 1903.

[202] _Cajal_: Método para colorear la mielina en las

preparaciones del método de Marchi. _Trab. del Lab. de invest.

biol._, tomo II, 1903.

[203] _Cajal_: Un consejo útil para evitar los inconvenientes de

la friabilidad y arrollamiento de los cortes en los preparados de

Golgi y Marchi. _Trab. del Lab. de invest. biol._, tomo II, 1903.

[Ilustración: Fig. 102.--Esquema destinado á mostrar, en dirección

sagital, las conexiones de algunos focos del tálamo.-- A, foco

mamilar externo; B, núcleo dorsal del tálamo; D, ganglio de la

habénula; E, cuerpo interpeduncular; _f_, haz de Vicq d’Azyr; _g_,

fascículo de Meynert; _e_, pedúnculo del cuerpo mamilar; _h_,

fascículo de la calota de Gudden; _i_, _stria thalami_; F, núcleo

segmental dorsal.]

Haré gracia al lector del contenido de estos trabajos, que, dada su

aridez descriptiva, ni aun en resumen me atrevo á referir. Baste,

por ahora, declarar que las citadas comunicaciones sobre el _septo

lucido_ y regiones basales del _tálamo_, esto es, los _cuerpos

mamilares_, el _tuber cinereum_, etc., contienen la descripción de

numerosos focos y vías nerviosas inadvertidos de los neurólogos, amén

del esclarecimiento de bastantes problemas de conexión interfocal.

Uno de ellos aparece dilucidado en la figura 101, B, donde mostramos

que el _pedúnculo del cuerpo mamilar_ (B) no nace, sino que se

termina mediante arborizaciones libres en ambos _focos mamilares_.

El conjunto de las conexiones de los _cuerpos mamilares_ (A) con los

demás núcleos del tálamo y bulbo, así como las relaciones del _núcleo

dorsal del tálamo_ (B) con el cerebro (_m_, _n_) y el bulbo olfativo

(_b_, _i_) han sido reproducidos en la figura 102.

Con el análisis de los focos centrales del cerebro puse remate á

lo que podríamos llamar mi programa de morfología neuronal y de

roturación de las tierras encefálicas y medulares, más ó menos

cultivadas. En la segunda mitad de 1903 abrióse para mí nuevo ciclo

de investigaciones. En adelante, mi atención fué atraída, de manera

predilecta, por el seductor problema de la organización íntima de la

célula nerviosa y del cilindro-eje.

[Ilustración]

Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2) · 第 23 / 58 题