Mi producción en 1898 y 1899. -- Abatido por el desastre
colonial, amengua mi fuerza productiva. -- Literatura de la
regeneración: su infecundidad en la corrección de los vicios
nacionales. -- Teoría de los entrecruzamientos nerviosos y
estructura del _kiasma óptico_ en la serie animal. -- Otros
trabajos menos importantes.
Mi obra científica durante el año de 1898, fué bastante parca y pobre
en hechos nuevos. Compréndese fácilmente: fué el año de la funesta
guerra con los Estados Unidos; guerra preparada por la codicia
de nuestros industriales exportadores, la rapacidad de nuestros
empleados ultramarinos y el orgullo y egoísmo de nuestros políticos.
Á ella dieron ocasión, sin duda, defectos hereditarios del carácter
nacional, entre otros, un errado sentimiento del honor y cierta
puntillosidad caballeresca, excusable en los individuos, absurda y
antinacional en los pueblos; pero más que nada nos arrastró á la
catástrofe la vergonzosa ignorancia en que vivían nuestros políticos
de la magnitud y eficiencia reales de las propias y de las ajenas
fuerzas. Porque, aunque parezca absurdo, por entonces, diputados,
periodistas, militares, etc., creían de buena fe que nuestros
instrumentos bélicos --buques de madera y ejército de enfermos--,
podían medirse ventajosamente con los formidables de que disponía
el enemigo. Que lo malo de un país no consiste en su debilidad, sino
en que ésta sea ignorada de quienes tienen inexcusable obligación de
conocerla.
Justo, sin embargo, es reconocer que tan peligroso desconocimiento de
la realidad internacional tuvo excepciones. Prescindiendo del pueblo
--quien, por haber vertido estérilmente su sangre en dos cruelísimas
campañas, anhelaba la paz á todo trance-- existían, hasta en el
Ministerio, hombres, como Sagasta y Moret, que vieron el abismo á que
el egoísmo de los plutócratas y la inconsciencia de las autoridades
militares nos conducían. Y, sin embargo...
¡Pena da recordar cómo á políticos tan perspicaces y cultos
como Moret, Sagasta y Canalejas, penetrados de la salvadora
verdad[162], faltóles en la hora suprema el valor cívico necesario
para proclamarla, imponiéndose enérgicamente á las opiniones y
sentimientos de la Corona, del Ejército y de la Prensa! ¡Tan
peligroso y arduo resultaba patentizar á los ojos del pueblo, como
lo hizo austeramente Pí y Margall, que una nación de 90 millones de
habitantes, con riquezas inmensas, recursos industriales y aprestos
bélicos inagotables, había de aplastar irremediablemente á un país
pobrísimo, de 17 millones de almas, y anemiado, además, por cuatro
asoladoras guerras civiles!
[162] El tan elocuente como malogrado estadista D. José
Canalejas, acababa por entonces de regresar de un viaje de
estudio por los Estados Unidos, de cuyos increíbles progresos,
asombroso poder y prosperidad industrial y financiera, hablaba en
privado como de algo insuperable y monstruoso; y, sin embargo,
llegada la hora del conflicto, inspirándose acaso en los
escrúpulos de Moret, reservó juicios y avisos que, proclamados
pública y solemnemente en la prensa, hubieran quizás logrado
modificar los extraviados sentimientos de la opinión.
Pero no renovemos tristes recuerdos y volvamos á nuestro asunto.
El recuerdo del desastre colonial hállase vinculado en mi memoria,
por asociación cronológica, á la redacción de un trabajo de
tendencias filosóficas acerca de la organización fundamental de las
_vías ópticas_ y la probable _significación de los entrecruzamientos
nerviosos_[163], una de las disposiciones anatómicas más singulares y
enigmáticas de los vertebrados.
[163] _S. R. Cajal_: Estructura del quiasma óptico y teoría
general de los entrecruzamientos nerviosos. _Revista trimestral
micrográfica_, tomo III, 1898, con 18 grabados.
[Ilustración: Fig. 69.--El Dr. Olóriz y el que escribe estas líneas,
distrayendo sus ocios con el juego del ajedrez (verano de 1898).]
Estábamos á la sazón veraneando en compañía del inolvidable Olóriz,
en el pintoresco pueblo de Miraflores de la Sierra. Vecinos eran los
pequeños hoteles en que nos albergábamos, y así, nuestras sendas
familias formaban como una sola. Á menudo, fatigados de paliquear ó
de leer, nos entregábamos al juego del ajedrez, al que D. Federico
era muy aficionado. (En recuerdo del llorado maestro, inserto aquí
una fotografía íntima, sacada por uno de mis hijos durante cierta
partida empeñadísima) (fig. 69). Al atardecer, ahitos de lecturas
ó vibrantes con las peripecias del juego, solíamos descongestionar
el cerebro paseando por la carretera que, serpenteando al pie de
la Najarra, remóntase á la Morcuera, para morir en el maravilloso
Monasterio del Paular. Durante tan saludables correrías, placíame
comunicar á mi compañero el fruto de mis meditaciones. Y alentado y
autorizado con la aprobación del amigo, estaba á punto de terminar
la redacción de mi trabajo, cuando en nuestro apacible retiro cayó
como una bomba la nueva infausta de la destrucción de la escuadra de
Cervera y de la inminente rendición de Santiago de Cuba.
La trágica noticia interrumpió bruscamente mi labor, despertándome
á la amarga realidad. Caí en profundo desaliento. ¿Cómo filosofar
cuando la patria está en trance de morir?... Y mi flamante teoría de
los entrecruzamientos ópticos quedó aplazada _sine die_.
Aquel desfallecimiento de la voluntad --que fué general entre las
clases cultas de la nación-- sacóme del laboratorio, llevándome meses
después, cuando la conciencia nacional sacudió su estupor, á la
palestra política. La prensa solicitaba apremiantemente la opinión
de todos, grandes y chicos, acerca de las causas preparatorias de la
dolorosa caída, con la panacea de nuestros males. Y yo, al igual de
muchos, jóvenes entonces, escuché la voz de la sirena periodística. Y
contribuí modestamente á la vibrante literatura de la regeneración,
cuyos elocuentes apóstoles fueron, según es notorio, el gran Costa,
Macías Picavea, Paraíso y Alba. Más adelante sumáronse á la falange
de los veteranos algunos literatos brillantes: Maeztu, Baroja, Bueno,
Valle-Inclán, _Azorín_, etc.
En el coro de lamentaciones patrióticas, mis palabras fueron acaso
las más estridentes y apasionadas. Sólo lo acerbo del desengaño podía
excusar mis vehemencias. Había soñado con un renacimiento espiritual
que incorporara definitivamente nuestra patria á la comunidad de las
grandes naciones europeas, colaborando con ellas en la magna empresa
de la civilización; y en mi despertar doloroso, encontréme con que
España continuaba, sin posible remedio, su desconsoladora secular
decadencia. ¡Qué amargo desencanto!...
Creo sinceramente que mis declaraciones de _El Liberal_, _Vida
Nueva_ y de otros diarios[164], contenían algunas censuras justas y
apuntaban tal cual remedio atinado. Sin embargo, hoy, á la distancia
de dieciocho años, no puedo releer aquellas ardientes soflamas sin
sentir algún rubor. Me disgustan algunas recriminaciones exageradas
ó injustas, el tono general declamatorio y cierto aire patriarcal
y autoritario impropio de un humilde obrero de la ciencia. ¿Qué
autoridad tenía un pobre profesor, ajeno á los problemas sociales y
políticos, para censurar y corregir?
[164] Como remedios morales apuntábamos: renunciar al matonismo
internacional, á la ilusión de tomar por progreso real lo que
no es más que reflejo pálido de la civilización extranjera;
desterrar el empleo de adjetivos hiperbólicos, de que tan
pródigos fuimos siempre con nuestras medianías; y en fin,
crear á todo trance cultura original. En el orden pedagógico,
proponíamos: el pensionado de profesores y doctores aventajados
en el extranjero; la incorporación á nuestros claustros de
investigadores de renombre mundial; el abandono del régimen
enervador del escalafón, sustituído por el sistema alemán de
reclutamiento del profesorado, etc., etc.
Fuera de que la retórica no detuvo nunca la decadencia de un país.
Los regeneradores del 98 sólo fuimos leídos por nosotros mismos:
al modo de los sermones, las austeras predicaciones políticas
edifican tan sólo á convencidos. La masa permanece inerte. ¡Triste
es reconocer que la verdad no llega á los perezosos, porque no leen
ni sienten, y deja fríos, cuando no irritados, á los vividores y
logreros!
Advierto que recaigo en enfadosas digresiones. Anudando el hilo
de mi narración, repito que el desenlace de la tragedia colonial
interrumpió mis meditaciones sobre la significación del _kiasma_
de los vertebrados. Mas, al fin, las aguas volvieron á su cauce. Y
recobrando el equilibrio me incorporé al tajo con sin igual ardor.
Humillado mi patriotismo de español, quedó vivo y pujante, y aún diré
que exaltado, mi patriotismo de raza. Y dí cima, al fin, al aludido
trabajo, sin perjuicio de planear nueva labor para lo futuro.
Encierra la susodicha Memoria sobre el _kiasma_ dos partes: la
primera, exclusivamente anatómica, conservará siempre su valor; la
otra, de tendencias psicológicas, sustenta concepciones que fueron
blanco, y lo son aún, de vivas discusiones.
La indagación anatómica fué motivada por dos Memorias, radicalmente
revolucionarias, entonces recientes, de Michel y de Kölliker.
Prodúcese á veces entre los científicos algo así como cansancio
de la verdad consagrada. El furor iconoclasta y revisionista gana
hasta á los viejos. ¡Es tan tentador para el amor propio dejar
mentirosas varias generaciones de sabios!... Algo de esto debió
pasar por el espíritu de Michel cuando proclamó, contra lo que
desde la época de Newton era general creencia, é imponen además
postulados fisiológicos indeclinables, que el _kiasma óptico_
del hombre y vertebrados superiores (_visión binocular de campo
común_), _consta exclusivamente de fibras ópticas entrecruzadas_; en
consecuencia, el clásico _cordón óptico homolateral_, que junta cada
ojo con el hemisferio cerebral de su mismo lado, sería mera ilusión
anatómica[165].
[165] _Michel_: Lehrbuch der Augenheilkunde, 2 Auf., 1890.
Á pesar del aparato de pruebas histológicas con que el citado sabio
autorizó sus osadas afirmaciones, la tesis de Michel causó general
estupefacción. Pero lo más grave fué, que algunos investigadores
de renombre, y sobre todo el venerable Kölliker[166], la ampararon
con su prestigio y hasta procuraron fortalecerla con nuevas
demostraciones anatómicas. Los dibujos del maestro de Würzburgo,
calcados sobre irreprochables preparaciones del método de Weigert,
parecían concluyentes. Quedábamos, pues, privados del indispensable
_cordón homolateral_, y, por consiguiente, incapacitados para
explicar cómo, recibiendo el cerebro dos imágenes visuales casi
idénticas (exigencia de la visión del relieve), sólo percibimos una.
[166] _A. Kölliker_: Handbuch der Gewebelehre des Menschen, Bd.
II, 1896.
Ocupado yo entonces en el análisis de los centros visuales de los
mamíferos, tan insólita conclusión prodújome invencible repugnancia.
Ello no podía ser, no debía ser; á menos que la naturaleza,
divorciada de toda ley de armonía, se complazca en lo superfluo ó
en lo absurdo. Y, acudiendo á la observación, me propuse estudiar
á fondo el asunto, abordándolo con los métodos más apropiados;
cuanto más, que por entonces me rondaban por la imaginación
algunas conjeturas encaminadas á esclarecer el enigma de los
entrecruzamientos nerviosos. Claro es que antes de hilvanar mi teoría
necesitaba saber, á punto fijo, si existían ó no en el kiasma del
hombre y primates, fibras homolaterales.
Puse, pues, manos á la obra, auxiliándome de copioso material de
estudio (peces, batracios, reptiles, aves y mamíferos). Y, en
sustitución del método de Weigert usado por Kölliker (cortes finos
seriados en donde las fibras aparecen truncadas y difícilmente
perseguibles), me serví del de Ehrlich, al azul de metileno, y del de
Marchi (degeneraciones secundarias tras la ablación de un ojo). Ambos
procederes permiten allegar datos decisivos para el esclarecimiento
del problema: el primero, por consentir el examen de cortes muy
espesos donde los axones del kiasma pueden seguirse durante
larguísimos trayectos; y el segundo, porque revela con claridad
en los cortes seriados, á favor de ristras de gotas grasientas
ennegrecidas, el trayecto real de las fibras visuales nacidas en cada
retina.
El resultado de tales pesquisas fué absolutamente conforme con la
doctrina tradicional. Entrambos recursos demostraron en los mamíferos
de _visión binocular_ la existencia de robustísima vía óptica
homolateral; en los animales donde se indica apenas dicho campo
visual común (conejo, cavia, ratón, etc.), la presencia de algunas
fibras homolaterales, predominando enormemente las cruzadas; y, en
fin, en los vertebrados de campo visual diferente (peces, batracios,
reptiles y aves, donde la visión es panorámica), la existencia de un
entrecruzamiento total. El error de Michel y de Kölliker nació, como
nacen siempre los errores histológicos, de haber exigido del método
(el de Weigert) más de lo que buenamente podía dar, completando lo
truncado de sus revelaciones con interpretaciones aventuradísimas.
Exactos eran los dibujos, pero erradas las conclusiones.
De pasada y para hacer bueno el adagio de que en las ciencias
experimentales cuando se busca con fe y perseverancia siempre
se encuentra algo fuera de programa, tropecé con un hecho
interesante. El kiasma de algunos roedores (conejo, por ejemplo)
encierra, además de los conocidos conductores _cruzados_ y
_directos_, ciertos tubos _bifurcados_, esto es, fibras que,
brotadas en la retina (células gangliónicas), divídense en
dos ramas (fig. 70), destinadas á entrambas cintas ópticas.
Para Kölliker (que en vista de mi trabajo rectificó después
noblemente su opinión) y para otros autores que trataron de
interpretar fisiológicamente el inesperado hallazgo, las citadas
fibras bifurcadas provendrían de la región retiniana llamada
_mácula lútea_, territorio correspondiente á la _foseta central
del hombre_ y primates. Por lo demás, tales dicotomías fueron
confirmadas ulteriormente en el gato y ciertos animales por el
maestro bávaro.
[Ilustración: Fig 70.--Trozo del kiasma óptico del conejo. Método de
Ehrlich.-- A, nervio óptico; B, trozo de _kiasma_ con el arranque de
la _cinta óptica_; _a_, bifurcaciones de tubos nerviosos.]
Fijado ya el primer punto importante, ó sea la realidad indiscutible
del cruce parcial de las vías ópticas primarias, era llegada la hora
de ver cuál de las conjeturas imaginadas acerca de la significación
de los entrecruzamientos cuadraba mejor con las variantes de
organización del kiasma y retina en la serie animal, y con los datos
y postulados de la fisiología de la visión.
Planteemos el problema tal como lo planteaba entonces mi curiosidad.
Notemos de pasada que para la ciencia anatómica de entonces --cerrada
de horizontes y atenida á la mera descripción morfológica--, no había
tal problema. El anatómico puro, como el zoologista descriptivo, es
ajeno á toda inquietud filosófica. Con proclamar que el cruzamiento
óptico constituye ley anatómica de los vertebrados, queda plenamente
satisfecho. Inercia mental incomprensible, porque si la anatomía y la
histología deben aspirar á la jerarquía de verdaderas ciencias, es
fuerza que, al modo de la Química ó de la Astronomía, se preocupen de
la evolución de los fenómenos y se tornen de cada vez más dinámicas y
más causales.
Por sentir yo de esta suerte pude abandonar esa conformidad pasiva
y como beatífica, obra del hábito y apagadora de toda curiosidad
etiológica. Sorprendíme profundamente de una cosa de que nadie se
mostraba al parecer sorprendido. Y el kiasma óptico se me presentó
como algo absurdo ó inútil, que agravia nuestro sentido de la
simetría y del ahorro, puesto que merced á aquél los conductores
ópticos alargan inútilmente su trayecto y crean en los centros
infinitas complicaciones compensadoras.
«¿No fuera más sencillo --me preguntaba-- que cada cordón óptico
desembocara directamente en los centros cerebrales de su lado, ya
que la impresión recibida por cada retina provoca predilectamente
reacciones motrices en las regiones correspondientes de la cabeza,
tronco y extremidad superior?»
Pero las incongruencias aparentes continúan en el encéfalo y
bulbo. También la vía _piramidal_ del cerebro ó de los movimientos
voluntarios, los _cordones sensitivos_ llegados de la médula y del
bulbo, los manojos centrífugos nacidos en el cerebelo, se entrecruzan
total ó casi totalmente.
¡Y luego, la absoluta generalidad, la irreductible pertinacia de
tales _decusaciones_, iniciadas en los peces y proseguidas tenazmente
hasta el hombre!... En realidad, no faltan en ningún animal de
visión lenticular, es decir, provisto de ojos sencillos, en los
cuales la imagen sintética es proyectada por una lente convergente.
Recientemente, hemos reconocido dicho cruce hasta en los cefalópodos,
cuyo ojo obedece también á la norma estructural del vertebrado.
«Quizás --discurría-- el cruce fundamental de las vías ópticas está
fatalmente ligado al mecanismo físico de la visión. Busquemos,
pues, en este mecanismo la razón lógica de tal organización.
Una vez averiguada, nada será más fácil que explicar, á título
de disposiciones compensadoras y correctoras, las decusaciones
primordiales de las vías motrices y sensitivas.»
Y dando de mano á otras conjeturas, se apoderó de mí, obsesionante,
el siguiente pensamiento: _Todo tendría llana explicación, admitiendo
que la percepción correcta de un objeto implica la congruencia de las
superficies cerebrales de proyección ó representativas de cada punto
del espacio_. Por tanto, para que la percepción mental se unifique y
concuerde exactamente con la realidad exterior, ó, en otros términos,
para que la imagen aportada por el ojo derecho, se continúe con
la aportada por el ojo izquierdo, es de todo punto necesario el
entrecruzamiento lateral de las vías ópticas: _cruce total_ en los
animales de _visión panorámica_; _cruce parcial_ en los animales
dotados de _campo visivo común_.
Los siguientes esquemas explican claramente la precedente teoría.
[Ilustración: Fig. 71.--Esquema destinado á mostrar la incongruencia
de la proyección mental de las imágenes de ambos ojos, en el supuesto
de que no existiera entrecruzamiento de los nervios ópticos.-- L,
lóbulos ópticos.]
El primer esquema (fig. 71) muestra la forma y dirección de
la imagen óptica mental, en el supuesto de que no hubiese
cruzamiento de los nervios ópticos. La incongruencia de ambas
imágenes salta á la vista: la proyectada por el ojo derecho no
conviene con la del izquierdo, y sería imposible que el animal
pudiera sintetizar ambas imágenes en una representación continua.
El horizonte se le presentaría como una vista panorámica formada
con dos fotografías: derecha é izquierda, invertidas lateralmente.
Examinemos ahora la imagen mental resultante del entrecruzamiento
de los nervios ópticos, entrecruzamiento adoptado por la
naturaleza en los ojos lenticulares. La figura 72, C revela con
la mayor evidencia que, gracias á dicho cruce, ambas imágenes,
derecha é izquierda, se corresponden, componiendo un panorama
continuo y desapareciendo la inversión lateral.
[Ilustración: Fig. 72.--Esquema destinado á mostrar el efecto del
entrecruzamiento total de los nervios ópticos en un vertebrado
inferior (pez, anfibio, reptil, ave ó mamífero de visión panorámica).
Obsérvese que, gracias á este cruzamiento, las dos imágenes mentales
forman un todo continuo.-- O, nervios ópticos cruzados; C, centros
ópticos primarios y secundarios; M, vía motriz cruzada; S, vía
sensitiva central cruzada; R, raíces motrices de la médula espinal;
G, ganglios raquídeos y raíces sensitivas.]
Las cosas pasan algo diversamente en los mamíferos, en donde la
doble proyección visual copia la misma región del espacio. En
dichos animales existe, según es sabido, el _cordón homolateral_
(figura 73, _d_). Á causa de esta vía óptica, la duplicidad de
la sensación visiva, inevitable _à priori_ dado el campo visual
común, ha sido ingeniosamente eludida, gracias á la concurrencia
en el mismo grupo de pirámides cerebrales, de aquellas fibras
ópticas homolaterales y oposito-laterales, correspondientes
á puntos homólogos de ambas retinas, y portadoras, por
consiguiente, del mismo detalle de la imagen.
[Ilustración: Fig. 73.--Esquema destinado á mostrar en el hombre y
mamíferos de campo visual común la imagen mental formada por síntesis
de las dos representaciones del objeto, transmitidas por ambos
nervios ópticos.-- _d_, fascículo óptico homolateral; _c_, fascículo
cruzado; _g_, ganglio geniculado externo y pulvinar; _Rv_, región
visual del cerebro, con la forma de la proyección mental.]
En todo caso, según aparece en la figura 73, la aparición
del haz directo no supone abandono de los beneficios del
entrecruzamiento; éstos subsisten, porque decusada la vía óptica
principal, siempre resulta que la imagen proyectada en el cerebro
derecho se continúa con la dibujada en el izquierdo (_Rv_).
En fin, en la figura 72, M mostramos que el reparto en ambos
cerebros de la representación visiva mental (el izquierdo
donde se proyectan los objetos situados á nuestra derecha, y
el derecho donde se pintan los de la izquierda), ha motivado
correlativamente el entrecruzamiento de la vía motriz principal
voluntaria, así como el de las vías sensitivas y sensoriales
primarias de la médula y bulbo (S). Y esto ocurre tanto en los
animales de visión panorámica como en el hombre y primates. La
mira perseguida por el organismo ha sido doble: primeramente
coordinar en un solo hemisferio cerebral las impresiones
sensoriales (acústica, olfativa, visual, táctil, etc.)
llegadas por el mismo lado del espacio, á fin de abreviar las
consiguientes vías de asociación, y después, y merced al cruce
de las vías motrices voluntarias, compensar el efecto de las
_decusaciones_ sensoriales para reaccionar predilectamente, con
el aparato muscular correspondiente, por el lado de la excitación
periférica.
[Ilustración: Fig. 74.--Esquema destinado á mostrar las distintas
especies de fibras de asociación de la corteza y el camino tomado
por los residuos de la sensación para confluir en el recuerdo.--
I, imagen mental en el centro cortical de la visión; R, recuerdo
archivado en el foco correspondiente de representación; _d_ y _c_,
fibras directas y cruzadas, mediante las cuales la imagen sensorial
bilateral es llevada á una región monolateral de la corteza; _Rm_,
región motriz del cerebro; _Ro_, región de representación óptica;
_Ra_, región de representación acústica; _o_, región cortical
olfativa; _Ik_, fibras de asociación iconokinéticas; _Im_, fibras de
asociación ideokinéticas; _Iioa_, fibras de asociación interideales ó
acústico-visuales; _Iiao_, fibras de asociación acústico-olfativas.]
En fin, como postulados generales interpretativos de la
organización cerebral señalamos estos cuatro: a) _Unidad de
función espacial_, ó sea que cada grupo de neuronas cerebrales
corresponde exclusivamente á un punto del espacio y nunca á dos.
b) _Simetría concéntrica sensorial._ Cada hemisferio simboliza
una mitad vertical y lateral de la superficie cutánea sensible,
incluyendo en ella los sentidos y los aparatos sensibles
orgánicos y musculares. c) _Ley de asimetría conmemorativa_.
Las esferas sensoriales y motrices de la corteza cerebral
son simétricas, pero no las zonas representativas ó ideales
(_centros de asociación_ de Flechsig), las cuales residen
íntegramente en cada hemisferio (fig. 74, R). Justifícase así la
creación del cuerpo calloso (_c_) y de otras vías comisurales
é intrahemisféricas, destinadas á concentrar en cada foco
conmemorativo isodinámico y monolateral los residuos sensoriales
brotados de entrambos centros perceptivos.
Sirva de explicación la figura 74, donde mostramos con la
disposición probable de los centros perceptivos la justificación
teórica del cuerpo calloso.
En la aludida Memoria sobre el _kiasma óptico_ se desarrollan
también, por incidencia, algunas consideraciones sobre el
posible mecanismo cerebral de la _percepción del relieve_; y á
título de aplicación de las mismas, descríbense algunas pequeñas
invenciones estereoscópicas, tales como: cierto aparato destinado
á contemplar á distancia el relieve de la doble imagen proyectada
por la linterna (aparato fundado en el principio de los prismas
de Nicol y de la polarización por reflexión); y determinada
disposición mecánica, con igual fin concebida, y destinada á
producir eclipses alternativos de la imagen estereoscópica,
proyectada en un telón.
Mis ideas sobre el móvil utilitario de los entrecruzamientos
alcanzaron éxito lisonjero de publicidad. Extractadas ó reproducidas
íntegramente por muchas revistas extranjeras, merecieron además
la honra de una buena traducción alemana, bajo la forma de libro,
del Dr. Bresler; versión amablemente prologada por el célebre
profesor Pablo Flechsig, de Leipzig. No obstante sus defectos, que
no desconozco[167], mi teoría sugirió interesantes trabajos. Entre
otras investigaciones, provocó la ya mentada de Kölliker[168],
rectificadora de anteriores errores; la de Havet[169], francamente
confirmatoria, recaída en el _kiasma de los crustáceos_, y la
muy interesante del Dr. Márquez[170], donde los postulados de
mi concepción fueron ingeniosa y afortunadamente aplicados al
esclarecimiento de los cruces de algunos nervios motores del globo
ocular.
[167] La sinceridad me obliga á confesar que en mi trabajo se
contienen doctrinas de valor muy desigual. Hoy, á la distancia de
veinte años y aparecidas numerosas investigaciones sobre el tema,
estimo como concepción sólidamente fundada la explicación del
cruce fundamental de los nervios ópticos; probable y plausible
nada más el corolario relativo á la decusación compensadora
de las vías motrices y sensoriales, y francamente aventurados
ciertos análisis y conclusiones tocantes á las condiciones
histológicas de la percepción del relieve, etc.
[168] _Kölliker_: Neue Beobachtungen zur Anatomie des _Chiasma
opticum_. Würzburg, 1899.
[169] _Havet_: _Revista trimestral micrográfica_, tomo IV, 1899.
[170] _Márquez_: Nuevas consideraciones acerca de los
entrecruzamientos motores del aparato de la visión. _Revista
trimestral micrográfica_, tomo X, 1900.
Conforme era de presumir, los hechos positivos consignados en mi
trabajo acogiéronse con aplauso y apreciáronse en todo su valor por
los sabios especialistas. Mas en cuanto á la teoría propiamente
dicha, los dictámenes discreparon. Ciertos sabios aprobaron
provisoriamente la explicación utilitaria de los entrecruzamientos,
en espera de mejor concepción; otros, como Lugaro, la criticaron con
respeto, aceptando, empero, algunos de sus postulados y proponiendo
otra hipótesis; alguno la rechazó de plano, sin aducir razones
serias ni exponer concepción más plausible; cierto médico vienés
la encomió hasta la hipérbole, alzando en su entusiasmo al modesto
anatómico español á la altura de los más geniales pensadores; en fin,
dos sabios, inglés el uno y alemán el otro, publicaron años después
mi teoría como fruto de propias meditaciones: género de homenaje
que, por involuntario é impersonal, hallé singularmente grato. De
cualquier modo, repito, ninguno de mis impugnadores antiguos ó
modernos ha logrado imaginar explicación más sencilla y satisfactoria
del cruce fundamental de las vías ópticas en los vertebrados
inferiores y del cruce parcial de las mismas en el hombre y
mamíferos.
De los demás trabajos del año 1898, me contentaré con exponer los
títulos y las conclusiones:
_Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de
Varolio_[171].--Contiene nuevos pormenores sobre las colaterales
y bifurcaciones pontales de la _vía piramidal_, y cierta teoría
poco feliz acerca del modo de acción de este sistema vector de
los movimientos voluntarios.
[171] Algunos detalles más sobre la anatomía del puente de
Varolio y consideraciones acerca de la doble vía motriz. _Revista
trimestral micrográfica_, núm. 2, Junio de 1898. Con una figura.
_La estructura del cono terminal de la médula espinal_[172]
encierra multitud de detalles descriptivos nuevos tocantes al
comportamiento de la substancia blanca, raíces posteriores,
substancia gris, etcétera, al nivel del extremo caudal del eje
cerebro-raquídeo de los mamíferos, detalles en cuya exposición no
podemos entrar.
[172] Estructura fina del cono terminal de la médula espinal.
_Revista trimestral micrográfica_, Septiembre de 1898. Con tres
grabados.
_La red superficial de las células nerviosas centrales_[173]
confirma en los mamíferos á favor del método de Ehrlich
modificado, el encuentro de Golgi, reivindicando de pasada
la prioridad esencial del hecho y añadiendo algunas minucias
descriptivas, etc.
[173] La red superficial de las células nerviosas centrales.
_Revista trimestral micrográfica._ Con un grabado.
[Ilustración]