CAPÍTULO XIV

Las teorías y los hechos. -- Firmeza y constancia de los hechos

histológicos. -- Carácter instrumental de las hipótesis. --

Conviene de cuando en cuando cultivarlas, pero sin fiarse mucho

de ellas. -- Inducciones fisiológicas sacadas de la morfología

neuronal. -- Explicación histológica del hábito, del progreso

mental en la escala zoológica, del talento y del genio. --

Conjeturas sobre el mecanismo del sueño, atención y asociación.

-- Exquisita economía reinante en las creaciones de la vida;

leyes de ahorro, de espacio, de materia y de tiempo de conducción.

Cuantos cultivan, con más ó menos fortuna, la histología, ó sus ramas

afines, la bacteriología y la embriología, habrán oído alguna vez,

atajando entusiasmos expositivos, comentarios tan desalentadores como

los siguientes:

«¡Magnífica lucubración! Pero, ¿será verdad tanta belleza? Eso afirma

la histología de hoy; ¿lo mantendrá también la histología de mañana?

En plena evolución la biología, ¿quién se acordará, dentro de un

siglo, de las actuales doctrinas histológicas?»

Respondamos con franqueza. Quienes profieren tales frases, además de

mostrar supina ignorancia acerca del carácter esencialmente objetivo

de las ciencias micrográficas, confunden lastimosamente el hecho de

observación, noción fija y perenne, con la interpretación teórica,

esencialmente mudable y acomodaticia.

Desconfiar de la realidad de las adquisiciones histológicas

vale tanto como suponer que la especie nueva descubierta por el

naturalista corre riesgo de inmediata desaparición; que el ganglio,

la glándula ó el vaso discernidos por el anatómico, están en trance

de evaporarse; ó que, en fin, el astro sorprendido por el astrónomo,

hállase amenazado de súbita extinción. La naturaleza del instrumento

de observación, ¿puede cambiar la índole de los hechos?

Se argüirá acaso que, á pesar de todo, en las ciencias histológicas

los hechos se discuten alguna vez. Ciertamente, la actitud

revisionista y un poco escéptica hallábase plenamente justificada

hace cincuenta ó sesenta años, cuando la fina anatomía, aún en

cierne, carecía de métodos de coloración precisos y terminantes. Mas

hoy, por fortuna, las cosas han mejorado radicalmente. Sobre que

la crítica científica se ha hecho más exigente y escrupulosa, no

concediendo su _exequatur_ sino á los hechos estructurales conjunta

y concordantemente revelados por técnicas muy diferentes, los

métodos actuales de coloración, los llamados _métodos selectivos_,

proporcionan imágenes tan claras, nítidas y enérgicamente

contrastadas con el fondo incoloro, que fuera absurdo abrigar la

menor duda acerca de su preexistencia.

No. En nuestra época, los hechos morfológicos aportados por

investigadores serios y competentes, por quienes, á la hora de

describir ó dibujar la imagen microscópica, abstiénense prudentemente

de todo subjetivismo, no son jamás negados ni regateados.

Naturalmente, andando el tiempo, podrá variar su perspectiva ideal,

así como el alcance fisiológico de los mismos, pero sin menoscabo

de su objetivismo. Á la hora presente, discútense de preferencia

(y se discutirán mientras la ciencia de la vida no alcance la

plenitud ideal de sus datos ni se remonte á la esfera de las causas

eficientes) las hipótesis fisiológicas y las teorías biológicas

generales (mecanismo de la herencia, de la adaptación y variación, de

la sexualidad, del papel fisiológico de los órganos y tejidos, etc.).

Pero, repito, el dato histológico de primera mano, bien descrito y

precisado, constituye algo fijo y absolutamente estable, contra lo

cual ni el tiempo ni los hombres podrán nada.

Para dejar bien sentada esta doctrina, citaré un ejemplo concreto

tomado de mis modestas investigaciones neurológicas. Aludo á la

concepción neuronal defendida actualmente por la gran mayoría de los

histólogos.

Imaginemos que se descubre un método de coloración exquisitamente

selectivo, en cuya virtud aparece tendido entre mis _nidos_, _fibras

trepadoras_ ó _musgosas_, de una parte, y _el cuerpo_ y _dendritas

neuronales_, de otra, un sistema sutilísimo de hebras anastomóticas

absolutamente invisibles con los procederes actuales. En tal

supuesto, las hojas no representarían las últimas proyecciones del

árbol; las arborizaciones nerviosas y espinas dendríticas señaladas

por mí resultarían, en vez de _terminales_, _preterminales_.

¿Habríase perdido algo con este transcendental progreso?

¿Evaporaríanse por eso los _nidos_, las _pláculas_ y _cálices

finales_, las _ramificaciones_ de los axones, las _espinas_ de las

dendritas y otras muchas disposiciones de contacto? De ninguna

manera. Dichas formas conservarían íntegramente su valor objetivo y

su carácter de hechos anatómicos generales. Sólo una cosa debería

ser corregida: la interpretación fisiológica. Desde el punto de

vista utilitario, tales disposiciones no podrían justificarse ya por

la necesidad de asegurar el paso de las corrientes, multiplicando

las superficies de contacto. Por consiguiente, la hipótesis de la

transmisión por _contigüidad_ sería reemplazada por otra: la de

la propagación por _continuidad_. Y se impondría la averiguación,

siguiendo otros derroteros, de la significación dinámica de las

susodichas estructuras. Una vez más haríase patente el carácter

provisorio de nuestras interpretaciones teóricas y la necesidad

inexcusable de renovarlas y perfeccionarlas al compás de los nuevos

descubrimientos.

Precisamente por temor á estas posibles decepciones (la historia de

la biología está llena de ellas), soy adepto ferviente de la religión

de los hechos. Se ha dicho infinitas veces, y nosotros lo hemos

repetido también[152], que «los hechos quedan y las teorías pasan»;

que todo investigador que, confiando harto en la solidez y excelencia

de las concepciones generales, desdeña la contemplación directa de la

realidad, corre riesgo de no dejar huella permanente de su actividad;

que los hechos constituyen exclusivamente nuestro haber positivo,

nuestros bienes raíces y nuestra mejor ejecutoria; que, en fin, en

la eterna mudanza de las cosas, ellos sólo se salvarán --y con ellos

acaso una parte, la mejor de nuestra propia personalidad-- de los

ultrajes del tiempo y de la indiferencia ó de la injusticia de los

hombres.

[152] _Cajal_: Reglas y consejos sobre la investigación

biológica. Discurso de recepción de la Academia de Ciencias, 1894.

Todo esto es evidente; pero también es cierto que, sin teorías é

hipótesis, nuestro caudal de hechos positivos resultaría harto

mezquino, acrecentándose muy lentamente. La hipótesis y el dato

objetivo están ligados por estrecha relación etiológica. Aparte su

valor conceptual ó explicativo, entraña la teoría valor instrumental.

Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella

es nuestra mejor herramienta intelectual; herramienta, como todas,

susceptible de mellarse y de enmohecerse, necesitada de continuas

reparaciones y sustituciones, pero sin la cual fuera casi imposible

labrar honda brecha en el duro bloque de lo real.

Para el anatómico, el histólogo y el embriólogo, amarrados al duro

banco del análisis, la elaboración doctrinal obedece además á

tendencias lógicas y sentimentales casi irrefrenables. Dificilísimo

es contrarrestar el impulso de la imaginación postergada, que

reclama á gritos su turno de acción. Nos la impone además el juego

mismo de nuestro mecanismo pensante, esencialmente práctico y

finalista, el cual nos plantea á diario el problema de las causas

mecánicas y de los móviles utilitarios. Reconocida una disposición

estructural ó morfológica, surge invariablemente en nuestra mente

esta interrogación: ¿Qué servicio fisiológico ó psicológico presta

al organismo? En vano el buen sentido, en pugna con las citadas

tendencias, ataja nuestra curiosidad, advirtiéndonos que el problema

ha sido planteado prematuramente, mucho antes de allegados todos los

datos indispensables. Tan discreta reflexión, si nos vuelve acaso

más circunspectos, no paraliza, empero, el proceso teórico. Sigue

impertérrita la fantasía, construyendo sobre arena, como si ignorase

la irremediable caducidad de su obra.

Todo esto es profundamente contradictorio, pero es fatalmente humano.

Nunca fueron buenos amigos la razón y el sentimiento. Quienes sienten

tales anhelos especulativos, conocen de sobra cuán efímera suele ser,

en biología, la obra de los grandes sistematizadores. Y no obstante...

* * * * *

Todo el precedente preámbulo, del cual pido perdón al lector, se

encamina á disculpar, en lo posible, mis escarceos especulativos

--pocos por fortuna-- y explicar el cómo un fanático irreductible

de la religión de los hechos, ha caído, de vez en cuando, en la

debilidad de sacrificar al ídolo de la teoría deslumbrante, no

obstante hallarse íntimamente persuadido de su irreparable fugacidad,

y á despecho de haber declarado repetidamente «que, si por azares de

la suerte, nos vemos compelidos á forjar hipótesis, procuremos al

menos no creer demasiado en ellas».

Desahogada un poco mi conciencia con esta espontánea confesión,

pasaré brevemente á relatar algunas de las lucubraciones imaginadas

durante el trienio susodicho. Y vaya por delante la declaración

de que entre las conjeturas é hipótesis de mi cosecha las hay que

me parecen estimables, y cómodamente defendibles aún hoy, después

de veinte años de progresos incesantes; y las hay, en cambio,

francamente inverosímiles, temerarias é inaceptables. Sobre las

primeras insistiré, naturalmente, más que sobre las segundas,

merecedoras sólo de olvido. En fin, algunas pocas de la primera

categoría entran, á juicio mío, en la jerarquía de leyes empíricas

sólidamente fundadas.

Mi primer trabajo de tendencia teórica fué el que, con el título

de _Consideraciones generales sobre la morfología de la célula

nerviosa_, fué enviado al Congreso internacional de Medicina,

celebrado en Roma (1894).

Tratábase, sobre todo, en esta comunicación, de indagar las leyes

de la evolución del sistema nervioso en la serie animal, y de

marcar, en lo posible, cuáles centros, durante los innúmeros

incidentes del desarrollo, han conservado potencialmente la prístina

plasticidad, siendo capaces de adaptarse estructuralmente á las de

cada vez más variadas y complejas condiciones del Cosmos, y cuáles

son los centros, propiamente animales, como anquilosados por un

automatismo milenario y que, rebeldes á toda acomodación, cancelaron

irrevocablemente su historia.

En obsequio á la brevedad enumeremos rápidamente las principales

conclusiones de esta comunicación[153].

[153] _Cajal_: _Consideraciones generales sobre la morfología

de la célula nerviosa._ Comunicación enviada al Congreso médico

internacional celebrado en Roma en 1894. Publicado en las _Actas

del Congreso_ y en la _Veterinaria española_, núm. 5, 2 de Junio

de 1894.

_a_) La _ontogenia_ del tejido nervioso reproduce, de modo

abreviado, con algunas simplificaciones y saltos, la _filogenia_

del mismo, y eso tanto con relación á la neuroglia como á la

célula nerviosa.

_b_) Desde el punto de vista del desarrollo filogénico, se

advierte en todo vertebrado la presencia simultánea de dos

sistemas nerviosos: el _sensorial y sensitivo_ (ganglios

periféricos, retina, bulbo olfatorio, médula espinal, cerebelo,

tálamo, cuerpo estriado, etc.), que ha terminado su desarrollo

por diferenciación, progresando sólo por extensión; y el _sistema

nervioso cerebro-cortical_ (corteza gris y circunvoluciones

cerebrales), que continúa perfeccionándose en la serie animal,

tanto por extensión como por diferenciación estructural y

morfológica de sus elementos.

_c_) La ley del progreso morfológico, asociada á creciente

adaptación funcional, se traduce en las neuronas por la creación

y estiramiento de nuevos apéndices, y, por consiguiente, por la

multiplicación y diversificación de las conexiones intercelulares.

_d_) Afirmación, sobre la base de numerosas observaciones

comparativas, de que la dimensión del cuerpo de la célula

nerviosa y el diámetro del axon no guardan relación con la

especialización fisiológica, sino que son proporcionales á la

riqueza y extensión de la arborización nerviosa terminal, y por

consiguiente, á la amplitud y diversidad de las conexiones.

_e_) Comparando la morfología y la abundancia relativa de

colaterales nerviosas y protoplásmicas de las pirámides

cerebrales en la escala de los vertebrados, llégase á este

resultado: la excelencia intelectual, y sus más nobles

expresiones, el genio y el talento, no dependen de la talla ó del

caudal de las neuronas cerebrales, sino de la copiosidad de sus

apéndices de conexión, ó en otros términos, de la complejidad de

las vías de asociación á cortas y á largas distancias. Que la

abundancia de la substancia blanca denota riqueza de conexión y,

por tanto, superior jerarquía intelectual fué tesis defendida

ya hace tiempo por Meynert y Flechsig, quienes, naturalmente,

no pudieron basarla, en ausencia de métodos selectivos de las

expansiones celulares, sino en la grosera estructura de la

substancia gris y blanca, mostradas por procederes poco eficaces

(métodos al carmín, hematoxilina, el de Weigert, etc.).

_f_) Explicación de la habilidad profesional, ó sea del

perfeccionamiento funcional acarreado por el ejercicio (educación

física, actos de hablar, escribir, tocar el piano, maestría

en la esgrima, etc.), tanto por el robustecimiento progresivo

de las vías nerviosas (conjetura sugerida por Tanzi y Lugaro)

excitadas por el paso de la onda, como por la creación de

nuevos apéndices celulares (crecimiento de nuevas dendritas

y alargamiento y ramificación de colaterales nerviosas, no

congénitas), susceptibles de mejorar el ajuste y la extensión de

los contactos, y aun de organizar relaciones absolutamente nuevas

entre neuronas primitivamente inconexas.

Esta última hipótesis, bastante verosímil, y que se presta, según

adivinará el lector, á desenvolvimientos retóricos y psicológicos

muy agradables, fué también enunciada, y decorada con algunos

ejemplos y comparaciones, en nuestra conferencia de Londres del

mismo año[154].

[154] _Cajal_: Croonian Lecture, 1894.

Naturalmente, al _administrar_ psicológicamente los primores de la

morfología celular, no excluíamos, ni mucho menos, la parte que,

andando el tiempo, habría de ser atribuída, á los efectos de explicar

histológicamente el hábito, el talento y el genio, á la sutilísima

urdimbre del protoplasma nervioso, cuya complejidad, siempre en

aumento, no había llegado aún á la soberana culminación de hoy.

(Ignorábanse entonces las _neurofibrillas_, el _aparato endocelular

de Golgi_, y estaba muy fresco todavía el descubrimiento de los

_grumos_ de Nissl).

* * * * *

Animado de igual espíritu, lancé en 1897 á la publicidad otro

trabajo sintético, encaminado á inquirir los postulados de carácter

utilitario que, en un último esfuerzo inductivo, aparecen rigiendo

las infinitas variantes de forma, tamaño, posición y dirección de las

neuronas y de las fibras conductrices. Digamos de pasada, que sobre

el mismo asunto tuve la honra de pronunciar una conferencia en el

Ateneo de Madrid. (Por cierto que, como premio á esta disertación,

así como de un curso completo explicado en 1897 y 1898, sobre mis

modestas investigaciones científicas, el ilustre Presidente del

Ateneo, D. Segismundo Moret, que siempre me distinguió con sus

bondades, y, _la Junta directiva_, celosa en estimular y honrar á

todo entusiasta cultivador de la ciencia ó del arte, otorgáronme el

título de _socio de mérito_).

El trabajo aludido[155], que lleva por título: _Leyes de la

morfología y dinamismo de las células nerviosas_, contiene, además

de la nueva fórmula de la _polarización dinámica_, de que hemos

tratado ya en el capítulo IX, una indagación acerca del porqué

utilitario de esas curiosas variantes, al parecer caprichosas,

del punto de emergencia del axon (recuérdese que éste brota, en

ocasiones, de una dendrita, á más ó menos distancia del soma). En

sus páginas, procúranse también dilucidar los móviles utilitarios

perseguidos por el organismo con la _dislocación ó emigración_ del

soma, durante la ontogenia y la filogenia. Sabido es que, al estudiar

comparativamente un tipo celular en la serie animal, sorpréndense, no

sólo variaciones de conformación, dependientes de la diversa riqueza

de sus conexiones, sino notables mudanzas de posición estratigráfica

(dislocación de las células ganglionares raquídeas, emigración

hacia adelante ó hacia atrás de los elementos bipolares, amacrinos

y gangliónicos de la retina; alteraciones topográficas de ciertos

corpúsculos de la corteza cerebelosa, del bulbo olfatorio, etc.).

Prescindiendo de la situación de ambos factores de la articulación

interneuronal (dendritas y arborización nerviosa final), que

representa algo fijo y constante, cabe afirmar que todo es variable y

acomodaticio en la actitud y topografía de las células nerviosas.

[155] _Cajal_: Leyes de la morfología y dinamismo de las células

nerviosas. _Revista trimestral micrográfica_, núm. 1, Marzo de

1897. Con 14 grabados.

Ahora bien; todas las referidas libraciones de situación y

morfología, y hasta la fórmula misma de la _polarización axípeta_,

parecen regirse, y en cierto modo explicarse, desde el punto de vista

teleológico, por estos tres postulados económicos:

_a_) Ahorro de materia (construcción de la vía más corta entre

dos territorios asociados).

_b_) Ahorro de tiempo de conducción (consecuencia dinámica de la

ley anterior).

_c_) Economía de espacio. Evítanse todos los huecos inútiles,

situándose el núcleo y, por tanto, el soma neuronal, allí donde

hay escasez de arborizaciones protoplásmicas ó nerviosas.

Con ayuda de estos principios compréndense también muchas

singularidades de la posición y dirección de las vías nerviosas

(diversa topografía de la substancia blanca en la médula y

cerebro, forma y orientación de las bifurcaciones axónicas,

marcha de las colaterales, etc.). Excusado es decir que, lejos

de excluirse, los precedentes postulados, combínanse entre

sí, representando el producto estructural algo así como una

transacción amistosa entre los mismos. He aquí el problema

arquitectónico que parece haberse planteado el organismo:

construir, _con el mínimo de materia y el menor espacio posible,

la máquina nerviosa más ricamente diferenciada y de reacciones

más súbitas, enérgicas y eficaces_: caso particular, en suma, de

la ley física tan conocida, del _efecto máximo con el esfuerzo

mínimo_.

En los trabajos anteriores, la elaboración especulativa sigue

muy de cerca al hecho de observación. Los mencionados conceptos

generales (ley del progreso morfológico neuronal, hipótesis acerca

de la adaptación funcional, normas económicas reguladoras de la

disposición del soma, etcétera), representan legítimas inducciones ó

hipótesis plausibles. Todas ellas son susceptibles de corroborarse _à

posteriori_, confrontándolas con la infinita variedad de las formas

neuronales.

Esta severa y saludable adaptación al dato empírico no resplandece,

por desgracia, en otra comunicación publicada en 1895 acerca del

_mecanismo histológico de la asociación, ideación y atención_[156].

Salvo algún concepto que considero atinado, en toda esta

aventuradísima lucubración campea, muy á su sabor y talante, la loca

de la casa.

[156] _Cajal_: Algunas conjeturas sobre el mecanismo anatómico

de la asociación, ideación y atención. _Revista de Medicina y

Cirugía prácticas._ Madrid, 1895.

Se trata de probar en este opúsculo la posibilidad de explicar,

por cambios morfológicos de las células neuróglicas, el mecanismo

(en lo orgánico) de algunos actos mentales.

Se expone, además, la teoría del _alud nervioso_ y la de la

_unidad de sensación_.

Las ideas aprovechables son: la noción de _unidad de impresión_

y muy particularmente la ley del _alud nervioso_, que se formula

así: toda impresión periférica, recogida por la arborización

protoplásmica (sensitiva ó sensorial) de una sola célula, propágase

en _avalancha_ hacia los centros; ó, en otros términos, el número de

neuronas interesadas en la conducción crece progresivamente desde

la periferia hasta el cerebro, en cuyas circunvoluciones (_focos

sensoriales terciarios_) reside la base del cono conductor. De esta

ley anatomo-fisiológica, basada en numerosas investigaciones sobre

la organización de las _vías visual_, _acústica_, _olfativa_, etc.,

sacaron excelente partido Tanzi y Lugaro para esclarecer el mecanismo

probable de la _alucinación_, _asociación de ideas_ y otros procesos

psicológicos importantes.

Por lo contrario, estimo hoy, de acuerdo con el juicio de muchos

autores de antaño, como conjetura francamente inadmisible la

pretendida participación de la _neuroglia_ en los actos mentales

de la _atención y asociación de ideas_ (en la faz fisiológica ó

somática, naturalmente de estos procesos).

Á fin de comprender, y en cierto modo excusar, tesis tan

estrambótica, séame lícito recordar que allá por el año 1893, el

ilustre profesor Matías Duval imaginó, fundándose en mis trabajos

sobre las conexiones neuronales, cierta ingeniosa hipótesis

histológica, explicativa del sueño y de la vigilia. A juicio del

sabio francés, las expansiones de las células nerviosas gozan de la

propiedad de contraerse, al modo de los _amibos_, encogiéndose en

el sentido de la longitud. Durante la fase de actividad mental, las

ramillas nerviosas se estirarían, entrando en contacto y adhesión

íntimos con el soma neuronal; de este modo el impulso pasaría

fácilmente desde una célula á otra. Lo contrario ocurriría durante

el sueño: desarticuladas las proyecciones nerviosas á causa de la

retracción de reposo, suspenderíase la actividad funcional.

La seductora concepción de Duval fué acogida benévolamente por varios

histologistas. Algunos patólogos, _verbi gratia_, Mr. L’Épine,

la aplicaron al esclarecimiento del mecanismo histológico de los

estados hipnóticos, distracción, etc. En fin, en algunas escuelas

(Demoor, Stefanowska, Querton, Manoumelian, Deyber, etc.), procuróse

contrastar la hipótesis en el terreno experimental, explorando las

variaciones de forma ofrecidas por las dendritas (de las espinas

de éstas, sobre todo) consecutivamente al envenenamiento con la

morfina, cloroformo, éter, etc., y á la acción del frío, de la

fatiga, la excitación eléctrica, etc.

Por desgracia, en el terreno de la observación y experimentación,

la concepción del _amiboidismo nervioso_ no halló apoyo suficiente.

Con razón la criticaron diversos autores (Kölliker, Lugaro, Azoulay,

nosotros, Soukhanoff, Reusz, etc.).

En vista del fracaso, yo me pregunté si la referida actividad

amiboide, encaminada á reestablecer los contactos ó á suspenderlos,

no podría atribuirse á la neuroglia (_glia_ de la substancia gris,

naturalmente), cuyas expansiones irregulares, erizadas de espinas,

ofrecen aspecto francamente protoplásmico. Puesto que, según

la opinión, altamente verosímil, de mi hermano, los astrocitos

neuróglicos desempeñan papel aislador del impulso nervioso --para

lo cual se interponen entre las neuronas que no deben entrar en

contacto--, ¿no cabría imaginar que, durante la fase de reposo

(sueño, inactividad mental, etc.), tales apéndices se estiran ó

relajan, impidiendo, por consiguiente, contactos, y al contrario,

durante la fase de actividad se retraen, facilitando la aplicación

íntima de las ramillas nerviosas á los somas y dendritas, y por

tanto, el paso de las corrientes? De este modo, reputaba posible el

esclarecimiento histológico, no sólo del tránsito de la vigilia al

sueño, y al revés, sino el paso del estado de reposo mental al de

atención expectante, amén del complicadísimo proceso de la asociación

de ideas.

Huelga decir que tan osada concepción, cuya ingenuidad me hace hoy

sonreir, carece de fundamentos objetivos. Alegaba, sin embargo,

como indicio harto deleznable, el hecho de apreciarse en la _glia_

cerebral, en relación con el modo de muerte y las perturbaciones

fisiológicas precedentes, notables variaciones en la riqueza, espesor

y longitud de las expansiones neuróglicas[157]. Empero, de la

efectividad de estos cambios no se sigue necesariamente su conexión

causal con las diversas fases de la actividad pensante. Además,

al otorgar graciosamente á la neuroglia la jerarquía de aparato

conmutador de los contactos, regido por la voluntad ó por impulsos

inconscientes, postulábase un hecho cardinal, todavía no descubierto

ni siquiera sospechable en el estado actual de la ciencia: la

existencia en la neuroglia de terminaciones nerviosas específicas

promotoras de la contracción de las proyecciones gliomatosas.

[157] Estas variaciones, que constituyen fenómeno real, son

fácilmente comprensibles dentro del concepto fisiológico moderno

de la _glia_. Actualmente, gracias á las investigaciones de

numerosos observadores, entre los cuales me complazco en citar

al Dr. Achúcarro, considérase la neuroglia de la substancia

gris como una _glándula vascular sanguínea_. Su protoplasma,

lleno de granos secretores (los _gliosomas_ de Fieandt), sufre

naturalmente esas oscilaciones de dimensión y forma propias de

toda célula glandular, según que se halle en fase de secreción ó

elaboración, ó en fase de excreción ó de expulsión.

Nada más acerca de mi estrafalaria especulación. Y si, faltando á

mi promesa de brevedad, he entrado aquí en algunos desarrollos, ha

sido para advertir al lector de los peligros que lleva consigo la

imitación de las teorías á la moda, ó la frívola vanidad de forjar á

ultranza hipótesis psicológicas.

Tales concepciones caen rápidamente en merecido olvido, porque la

ciencia sólo se interesa por las ideas susceptibles de contraste

experimental y sugerentes de acción. La mía, inspirada por la de

Duval, corrió la misma suerte que la del sabio francés; peor aún, ya

que la teoría del _amiboidismo nervioso_, plausible en principio,

suscitó algunos trabajos estimables, mientras que la del amiboidismo

neuróglico, justamente desdeñada, no dió ocasión á ninguno.

* * * * *

Para cerrar este capítulo, mencionaré dos sucesos fecundos en

consecuencias para el estímulo y prosecución de mi obra científica.

Fué el primero la creación, á costa de no pocos sacrificios

pecuniarios, de mi _Revista trimestral micrográfica_[158], al objeto

de publicar rápidamente, y sin hacer antesala en las Redacciones de

las revistas nacionales y extranjeras, los trabajos micrográficos

del Laboratorio de la Facultad de Medicina, y de estimular al mismo

tiempo los ensayos de mis discípulos. En dicha publicación vieron

la luz varias de las comunicaciones enumeradas en el presente

capítulo y casi todas las aparecidas después, hasta 1901, fecha en

que, con recursos oficiales, fundé el Anuario titulado _Trabajos

del Laboratorio de investigaciones biológicas_. Según presumirá el

lector, mi _Revista trimestral_ no perseguía éxitos financieros.

Contaba, ciertamente, en España con algunos suscriptores generosos,

que pusieron patriótico empeño en sostenerla; pero los _abonados_ del

extranjero escaseaban, no sólo por ignorancia de nuestro idioma, sino

porque yo regalaba mi publicación á casi todos los micrógrafos de

nombradía.

[158] El primer fascículo vió la luz en Marzo de 1897.

Los primeros fascículos de dicha _Revista_ fueron casi exclusivamente

redactados por su director. Poco después, creado un germen de

escuela, ayudáronme eficazmente, entre otros discípulos entusiastas,

mi hermano Pedro Ramón Cajal, á la sazón Catedrático de Histología

de Cádiz, que contribuyó nada menos que con ocho extensas

monografías, recaídas sobre variados temas de neurología comparada

(peces, reptiles, aves y batracios); el malogrado alumno interno

R. Terrazas[159], con sus interesantes estudios de _neurogénesis

cerebelosa_ y los referentes al _tejido cartilaginoso_; el joven

mallorquín Blanes Viale, alumno aventajadísimo (muerto también en

flor, antes del término de la carrera), con cierta concienzuda

indagación acerca del _bulbo olfatorio_; Sala Pons, antiguo discípulo

de Barcelona, con sus estudios relativos á la _corteza cerebral de

las aves y médula espinal de los batracios_; Olóriz Aguilera, cuya

colaboración en mis indagaciones sobre la _estructura ganglionar_

dejo ya consignada; Carlos Calleja, por entonces ayudante de la

Facultad, y autor de valiosa comunicación acerca de la _corteza

cerebral olfativa_; y en fin, Isidoro Lavilla, actual Catedrático de

Valladolid, que aportó dos estudios importantes: uno sobre el _gran

simpático intestinal_ y otro concerniente á los _focos acústicos_ de

los mamíferos.

[159] Este brillante discípulo murió, apenas graduado de doctor,

á consecuencia de una fiebre tifoidea contraída en el primer

partido de que fué médico titular.

El segundo acontecimiento, muy lisonjero para mí, fué mi elección

espontánea de miembro de la _Real Academia de Ciencias_, de Madrid.

Esta designación tiene su anécdota, que referiré, porque honra mucho

al patriotismo é independencia de la sabia Corporación.

Uno de los más conspicuos académicos, á la sazón recién llegado de

Berlín, contó á sus compañeros que el gran Virchow, entonces en todo

el resplandor de su gloria, habíale sorprendido con una pregunta á

que no pudo responder: «¿En qué se ocupa ahora Cajal? ¿Continúa sus

interesantes descubrimientos?»

Confuso y algo avergonzado nuestro prócer académico, de que en

Berlín inspirara interés la labor de un español de quien él no

sabía palabra, procuró, de regreso á la península, satisfacer su

curiosidad. Y de sus conversaciones con el sabio astrónomo D. Miguel

Merino, el inolvidable secretario perpetuo, surgió el acuerdo de

iniciar y defender mi candidatura para cierta vacante, á la sazón

en litigio. Tengo, pues, el singular privilegio de ser académico á

_propuesta_ de R. Virchow y de D. Miguel Merino.

La redacción del discurso de ingreso, ocurrida en 1897[160], dióme

ocasión de exponer, _ex abundantia cordis_, algunas reglas y consejos

destinados á despertar en nuestra distraída juventud docente el

gusto y la pasión hacia la investigación científica. Puse especial

empeño en hacer amables y atractivas las tareas del laboratorio,

y para lograrlo empleé un lenguaje llano, sincero y rebosante de

entusiasmo comunicativo y de ferviente patriotismo. Y el éxito

superó á mis esperanzas. Tan lisonjera acogida halló mi fogosa

arenga en el público universitario y en la prensa, que, agotada

rápidamente la tirada oficial del discurso, mi excelente amigo el

Dr. Lluria, supliendo mi dejadez, estimó necesario reeditarla por su

cuenta, destinando generosamente la nueva y copiosísima tirada á ser

gratuitamente distribuída entre los estudiantes y diversos centros de

enseñanza. Años más tarde, yo mismo, requerido vivamente por algunas

entidades docentes y ciertos lectores entusiastas, hube de publicar,

con nuevas ampliaciones y mejoras, la tercera edición (la cuarta

hállase actualmente en prensa).

[160] _Cajal_: Reglas y consejos sobre la investigación

biológica. _Discurso de ingreso en la Real Academia de

Ciencias_, etc., 5 de Diciembre de 1897. Este discurso incluye

la contestación del doctor Calleja, decano de la Facultad de

Medicina, quien, aparte elogios exagerados y amables de ritual

acerca de mi obra científica, expone en brillante forma algunas

atinadas y prudentes reflexiones sobre el tema.

Y si la índole de mi folleto, pensado y escrito exclusivamente para

España, y enderezado, por tanto, á corregir, acaso con excesiva

viveza, vicios, rutinas y abandonos genuinamente españoles, no

me lo vedara, habría á estas fechas saboreado la satisfacción de

verlo traducido á varios idiomas, por ser muchas las solicitudes

de versión á lenguas extrañas, cortésmente denegadas. Acaso algún

día, si me asisten salud y vagares suficientes, corrija el texto,

universalizándolo en lo posible y purgándolo de ciertos pasajes

que sonarían inoportuna ó estridentemente en el oído de franceses,

ingleses ó alemanes, ciudadanos de felices naciones donde la ciencia

no requiere, para ser celosa y abnegadamente cultivada, el empleo de

ciertos excitantes.

Ya en vena de enumerar distinciones y honores, recordaré también que

en 1897 fuí elegido numerario de la _Real Academia de Medicina_, de

Madrid; que esta misma ilustre Corporación me galardonó, meses antes,

con el premio Rubio (1.000 pesetas), á causa de la publicación de una

obra de texto, entonces reciente, _Elementos de Histología_; que en

1896 la _Société de Biologie_, de París, recompensó espontáneamente

mis trabajos, adjudicándome el premio _Fauvelle_ (1.500 francos);

que por la misma época, la famosa Universidad de Würzburgo[161],

con ocasión de la inauguración del nuevo Palacio Universitario,

me otorgó, en compañía de algunos Profesores ilustres, el grado

de doctor _honoris causa_; que años antes (1895), la _Sociedad

Fisico-Médica_ de la misma ciudad bávara, por iniciativa, sin

duda, de mi ilustre amigo el Dr. A. Kölliker, nombróme _miembro

corresponsal_; que, en fin, con igual distinción honráronme,

por entonces, la _Academia de Medicina_ de Berlín, la _Sociedad

de Psichatría_ de Viena, la _Sociedad de Biología_ de París, la

_Sociedad Frenática Italiana_, la _Academia de Ciencias_ de Lisboa,

etc.

[161] Según registra la _Neue Würzburger Zeitung_, diario

que dió cuenta detallada de la fiesta, la ceremonia de la

inauguración del suntuoso edificio del _Alma Julia_ fué muy

solemne. Asistieron varios Ministros de la Corona, el Rector,

los Decanos de las cuatro Facultades y representantes de todas

las Universidades alemanas. Pronunciáronse muchos discursos,

entre ellos uno muy elocuente del Rector, profesor von Leube. Al

final del acto, fueron proclamados los _doctores honorarios_,

participando conmigo de esta honra, por la Facultad de Medicina,

el ilustre maestro de Estocolmo Dr. G. Retzius y el gran

renovador de la Química orgánica Dr. Fischer, de Leipzig.

[Ilustración]

Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2) · 第 19 / 58 题