La _Sociedad Real_ de Londres me encarga la _Croonian Lecture_.
-- Mi conferencia ante dicha Sociedad. -- Banquetes oficiales y
otros agasajos. -- Visita á los Institutos científicos de Londres
y gira á las Universidades de Cambridge y Oxford. -- Se me nombra
Doctor en Ciencias, _honoris causa_. -- Impresión personal acerca
de la ciencia inglesa y la organización de sus Centros docentes.
Allá por Febrero de 1894 llegó á mis manos una comunicación del Dr.
Foster, Secretario de la _Sociedad Real_ de Londres, invitándome, por
acuerdo de tan ilustre Corporación, á pronunciar el discurso llamado
_Croonian Lecture_. Tratábase de una conferencia sobre asuntos
biológicos, remunerada con 50 libras esterlinas, é instituída por
cierto sabio inglés con la mira de traer á Londres á un investigador
nacional ó extranjero, autor de algún descubrimiento señalado.
Prácticas en todo, las Corporaciones científicas inglesas, no
se satisfacen con estimular de lejos la investigación personal,
adjudicando al conquistador de una nueva verdad el diploma honorífico
de rúbrica; desean, además, conocer al autor, oir de sus labios la
exposición de sus trabajos y, sobre todo, examinar y comprobar _de
visu_ los métodos de indagación con ayuda de los cuales el hecho
nuevo fué descubierto. Respondiendo á finalidad tan discretamente
utilitaria, las Academias inglesas han creado muchos premios, todos
debidos á iniciativa particular.
El acuerdo de la referida _Sociedad Real_ cogióme de sorpresa. Estaba
en realidad confundido y avergonzado por la lisonjera invitación,
dudando entre aceptarla de plano ó declinarla cortésmente, temeroso
de no corresponder de modo decoroso á la honra que se me dispensaba.
En disculpa de mis vacilaciones, importa notar que la _Real Sociedad
de Londres_ constituye la Institución científica más importante de
la Gran Bretaña y acaso de todo el mundo. Á ella han pertenecido los
sabios y pensadores más ilustres de Inglaterra. Para un profesor
francés ó alemán merecer el título de _Fellow_ de tan prestigiosa
Institución, poder añadir en las tarjetas las codiciadas iniciales
F. R. S., representa suprema aspiración, de muy pocos satisfecha.
Además, la _Croonian Lecture_ había sido siempre encomendada á
investigadores de primera fuerza, entre los cuales recuerdo ahora
al ilustre Kölliker[127]. En fin, para colmo de contrariedad, una
de mis hijas cayó, por aquellos días, enferma de bastante cuidado,
y mi instinto de padre se inquietaba, resistiéndose á abandonar
á la paciente, no obstante los alentadores vaticinios que, para
tranquilizarme, hacía el Dr. Hernando, médico de cabecera y amigo
generoso de mi familia, según dejo dicho páginas atrás.
[127] Por carta del profesor de Würzburgo, se me informaba
amablemente del carácter de la ceremonia, y se me aconsejaba
imprimir á mi oración un giro esencialmente fisiológico. El
ilustre Kölliker había pronunciado la _Croonian Lecture_ en Mayo
de 1862; en ella disertó acerca de las «Terminaciones nerviosas
en los músculos».
Las piadosas seguridades del compañero, la entereza de mi mujer
que me aconsejaba aceptar á todo trance la invitación, una carta
sumamente agradable de M. Foster y otra no menos halagadora del
profesor Ch. Sherrington, acabaron por decidirme. Este último
reclamaba amablemente, á título de neurólogo, el derecho de
hospedarme en su casa, á lo que me instó vivamente también el
Secretario de la _Sociedad Real_.
Comencé, pues, en medio de mis inquietudes, á redactar en francés
la Conferencia, pues no dominaba el inglés lo bastante para
expresarme decorosamente en este idioma; reuní después mis mejores
preparaciones del _cerebelo_, _médula espinal_, _retina_, _cerebro_,
_bulbo olfatorio_, etc., y previa licencia de mis superiores
jerárquicos, emprendí el viaje á Inglaterra. Al pasar por París,
saludé cordialmente á mi ilustre amigo Mr. Matías Duval y tuve el
gusto de conocer personalmente á mi traductor, el Dr. Léon Azoulay,
quien, lleno de bondad, revisó y corrigió el dudoso francés de mis
cuartillas. En fin, arribado á Londres, púseme á disposición de la
_Sociedad Real_.
Como me anunció ya el simpático Secretario de dicha Academia,
la hospitalidad que merecí de Ch. Sherrington y de su admirable
compañera fué agradabilísima y llena de atenciones y finezas. No
fué menos benévola y cordial la acogida dispensada al modesto
investigador español por Mr. Foster y otros ilustres miembros de la
consabida Sociedad, entre los cuales recuerdo á Mr. Schäfer, á M.
Klein, á Bourdon-Sanderson, á Horsley, á Mott y, en fin, al eximio
Presidente Sir W. Thomson (Lord _Kelvin_), descubridor, según es
notorio, de la telegrafía transatlántica, y uno de los hombres más
campechanos, sencillos y modestos que he conocido. Á la verdad, la
llaneza y cordialidad de trato de aquellos sabios, los más eminentes
de Inglaterra; su total ausencia de empaque y de orgullo profesional;
la placidez y alegría de sus pláticas privadas, en contraste con la
elevación y profundidad de su obra científica, teníanme embobado.
En su hidalga generosidad, Mr. Sherrington, á la sazón profesor de
Fisiología en una de las Facultades de Medicina de Londres (creo
que en el _Bartholomew’s Hospital_), tuvo empeño, no solamente en
agasajarme y guiarme al través de la formidable Babel inglesa,
sino en prestarme eficaz y directo concurso en la preparación de
mi Conferencia. Á este propósito, efectuó con los preparados más
demostrativos de mi colección, soberbias microfotografías, destinadas
á la proyección, amén de proporcionarme todo lo necesario para
dibujar en colores varios esquemas de gran tamaño.
Con tales elementos demostrativos, la lección resultó, á despecho de
mi emoción, bastante clara y persuasiva. Si no falla mi memoria, fué
pronunciada el 8 de Marzo, en el palacio llamado _Burlington House_,
casa social de la Sociedad Real. Comprendió mi discurso lo más
fundamental de mis pesquisas en orden á la morfología y conexiones
de las células nerviosas de la médula espinal, ganglios, cerebelo,
retina, bulbo olfatorio, etc. Y para ponerme á tono con el auditorio,
donde predominaban fisiólogos y médicos, y satisfacer al mismo
tiempo el gusto inglés, que exige á cada cosa un valor práctico ó
doctrinal, terminé mi oración desprendiendo de los hechos expuestos
algunas interpretaciones fisiológicas y aun psicológicas más ó menos
verosímiles[128]. De ellas trataré en otro lugar.
[128] Esta conferencia fué publicada con el título de «La fine
structure des centres nerveux», en _Proceedings of the Royal
Society_, vol. 55, 1894. Contiene muchos grabados, copias de
los esquemas utilizados para la lección dada ante la _Sociedad
Real_. La Prensa inglesa dió también cuenta de ella, publicando
extractos bastante precisos. El lector curioso podrá consultar,
entre otras Revistas, _The Ilustrated London News_ de 7 de Abril
de 1894.
Mencionemos un detalle que tiene su valor. Para no perder la
hilación del discurso, cada oyente tenía en las manos, según
costumbre inglesa, un resumen impreso de lo más importante de aquél.
Ni debo olvidar otra particularidad reveladora de la exquisita
cortesía anglo-sajona: sobre el estrado presidencial, ocupado por
Lord Kelvin y varias autoridades académicas, flameaban entrelazadas
las banderas inglesa y española.
Terminado el acto, fuí calurosamente felicitado. Entre los que
estrecharon efusivamente mi mano, reconocí con satisfacción al
ministro de España, D. Cipriano del Mazo, acompañado del Secretario,
del simpático hijo de D. Facundo Riaño, agregado entonces de
Embajada, y de algunos más representantes distinguidos de la colonia
española. Fué un día de grata y noble emoción, de los que viven en la
memoria asociados al dulce sentimiento de la patria.
Sucediéronse luego en serie ininterrumpida numerosos agasajos,
donde se puso de realce la afectuosa esplendidez de la hospitalidad
anglo-sajona. Imposible fuera recordar todas las invitaciones
recibidas y los banquetes celebrados.
Mención particular merece, sin embargo, el banquete de la Sociedad
Real, al cual asistieron muchos invitados llegados de Cambridge y
Oxford. Á la hora del _champagne_, brindóse calurosamente en honor
de las ciencias inglesa y española, y se hicieron votos por la
confraternidad cordial é intelectual de ambas naciones. Recuerdo
todavía parte del elocuente discurso de Mr. Foster, orador agudo y
ocurrente, que sazonaba sus frases con esa fina sal del _humour_
anglo-sajón, casi desconocida entre nosotros. Dijo, entre otras cosas
halagadoras para España y para mí, «que gracias á mis trabajos,
el bosque impenetrable del sistema nervioso se había convertido
en parque regular y deleitoso, y que mis investigaciones habían
establecido _colaterales de conexión_ y _placas motrices_ entre
las almas de España y de Inglaterra, antes apartadas por siglos de
incomprensión y desvío.»
Más íntimo y menos solemne fué el banquete celebrado en casa del Dr.
Paget, donde tuve el gusto de conocer á los neurólogos y médicos más
famosos de la capital inglesa.
Recuerdo asimismo la deliciosa gira al _cottage_ de mi amigo el
Dr. Schäfer, profesor de Fisiología é Histología de una de las
Facultades médicas de Londres. En esta quinta, rodeada de praderas y
bosquecillos, que animaban el juego de los niños y la voz autoritaria
de las _nurses_, tuve la primera visión de la holgura, comodidad
y elegancia del _home_ inglés, así como del decoro con que en la
opulenta Albión viven los sabios y educan á sus hijos.
Ingrato fuera en este momento omitir la fiesta familiar y el
espléndido banquete celebrados en la Embajada española, con
asistencia de lo más distinguido de la colonia (figuraba entre los
invitados el sabio y venerable Gayangos). Llegada la hora de los
brindis, el anfitrión, D. Cipriano del Mazo, después de encomiar
hasta la paradoja mis escasos merecimientos, entonó un cántico
elocuentísimo á la ciencia y filosofía hispanas. Sus vibrantes y
sentidas palabras nos conmovieron á todos, y á mí, especialmente, que
apenas tuve la serenidad suficiente para agradecer sus elogios[129].
[129] Entre otras frases, hiperbólicamente corteses, recuerdo
ruboroso la siguiente: «En mis repetidos viajes por el mundo,
tres veces he sido vivamente impresionado: una, en presencia
de las cataratas del Niágara; otra, en Roma, contemplando el
Coliseo, y otra, oyendo la conferencia de Cajal ante la Sociedad
Real.»
Claro es que, terminados recepciones y banquetes, dediqué algunos
días á admirar las curiosidades y bellezas de la estupenda capital
inglesa: sus suntuosos y artísticos monumentos, el puerto y los
muelles del Támesis, el _Museo británico_, la _Ciudad de Cristal_,
los parques incomparables, etc. No sin viva emoción contemplé en
Westminster la estatua de Newton y el sepulcro de Darwin.
Excusado es decir que, aprovechando los buenos oficios de mi huésped,
que se desvivía por complacerme, giré también visitas instructivas á
las principales Instituciones docentes de la ciudad, entre otras, al
_King’s College Hospital_, al _Bartholomew’s Hospital_, al _London
Hospital_, Centros todos de enseñanza médica, al _Royal College of
Surgeons_, en fin, á la _Royal Medical and Chirurgical Society_.
Sin embargo, lo que más atrajo mi atención fueron los laboratorios.
En ellos tuve la fortuna de presenciar experimentos fisiológicos
de Ferrier, de Horsley y de Mott, y de examinar las preparaciones
histológicas de Schäfer y de Sherrington. Á este propósito no holgará
dar algunos detalles:
En los laboratorios ingleses estaba entonces muy en boga aplicar
el método de las _degeneraciones secundarias_, asociado á la
llamada _coloración_ de Marchi (teñido de las piezas nerviosas en
ácido ósmico, etc.). Este proceder, que empleaban con la mira de
precisar el origen y curso de las principales vías que asocian el
cerebro y cerebelo con el bulbo y médula espinal, exige, según
es sabido, como condición previa, la ejecución de arriesgadas y
difíciles vivisecciones en monos ó perros. Una de las practicadas
por el profesor Ferrier en el macaco, impresionóme profundamente,
así por la maestría de la manipulación como por la brillantez del
resultado: tratábase de la extirpación total de ambos lóbulos
occipitales del cerebro. Gracias á la habilidad incomparable del
operador y á las exquisitas asepsia y hemostasia logradas, el animal
sobrevivió á tan radical mutilación y fué posible explorar, en su
día, las degeneraciones secundarias sobrevenidas. Verdad es que los
fisiólogos ingleses y particularmente Ferrier, el sabio eminente que
comparte con Hirtzig y Munk el descubrimiento de las _localizaciones
cerebrales_, son prodigiosos experimentadores.
Cuando un profesor extranjero de cierta notoriedad viaja por
Inglaterra y se pone al habla con sus sabios, es de rigor convidarle
á visitar las prestigiosas é históricas Universidades de Cambridge
y Oxford, donde, según es notorio, se adoctrinan la juventud dorada
y la aristocracia intelectual de la raza anglo-sajona. Y si el
forastero distinguido ha sido designado además para la _Croonian
Lecture_ ó ha sido agraciado con alguna otra merced académica,
entonces suele proponérsele el honor de conferirle en Oxford ó en
Cambridge, según los estudios del candidato, el grado de Doctor en
Ciencias, _honoris causa_, ceremonia académica que se celebra con
gran solemnidad.
Tal me ocurrió á mí. Ya desde los primeros días de mi estancia
en Londres recibí atentas misivas del _Vice chancellor_ de la
Universidad de Cambridge y del infatigable Secretario M. Foster (que
pertenecía al Claustro de dicho Centro), requiriéndome amablemente
para que aceptase honor tan señalado.
Á este propósito, varios profesores, entre ellos el citado Secretario
de la _Sociedad Real_, me condujeron á la histórica ciudad del Cam,
alojándome en un espléndido pabellón del _King’s College_. Y después
de descansar un día visitando y admirando la estupenda capilla gótica
del colegio, sus excelentes laboratorios, amplias aulas, riquísimas
colecciones, extensos campos de juego dilatados por ambas márgenes
del río, etc., etc., llegó la hora de la solemne fiesta académica.
Celebróse, si mal no recuerdo, el 5 de Marzo, días antes de mi
Conferencia de la _Sociedad Real_, en el magnífico salón de actos del
_Senate House_. Conocida la devoción inglesa por la tradición, ocioso
parece advertir que la ceremonia se desarrolló con arreglo á los más
rancios cánones. Á ella asistieron el V. Canciller, las autoridades
locales y académicas, el claustro de Doctores y muchos internos de
los colegios aristocráticos adscritos á la Universidad. Maestros y
alumnos vistieron los tradicionales trajes de doctor, consistentes en
una especie de toga ú hopalanda roja y un birrete especial, en cuya
cúspide sobresale apéndice piramidal de base cuadrada.
Rindiendo á su vez homenaje á la costumbre, el candidato, un poco
azorado, vistió también la original indumentaria. Hubo música de
Beethoven y discurso latino del _orator_, á estilo medioeval[130].
Acabado el discurso de ritual, el Vicecanciller, dirigiéndose
al candidato, declaró que, atendiendo á sus merecimientos, la
Universidad le otorgaba el _Grado de doctor en Ciencias_. Durante el
acto hube de estampar mi firma --con pluma de ave, para no romper ni
aun en cosa nimia los usos tradicionales-- en el gran libro de honor
donde figuraban los nombres de todos los graduados _ad honorem_. Y,
en fin, acabada la solemnidad académica, celebróse un gran banquete
en el _King’s College_, seguido un día después de una comida íntima
y familiar en el precioso hotel que extramuros de la villa poseía el
Dr. Foster.
[130] He aquí la curiosa oración del _orator_ oficial, que se
repartió impresa durante la ceremonia. Contiene algunos datos
biográficos que hube de facilitar yo mismo para este efecto.
Hodie laudis genus novum libenter auspicati, Hispanae gentis
civem nunc primum salutamus. Salutamus virum de physiologiae
scientia optime meritum, qui inter flumen Hiberum montesque
Pyrenaeos duo et quadraginta abhinc annos natus et fluminis
eiusdem in ripa Caesaraugustae educatus, primum ibidem, deinde
Valentiae, deinceps Barcelonae munere Academico functus, tot
honorum spatio feliciter decurso, nunc denique in urbe, quod
gentis totius caput est, histologiae scientiam praeclare
profitetur. Fere decem abhinc annos professoris munus Valentiae
auspicatus, fore auguratus est, ut intra annos decem studiorum
suorum in honorem etiam inter exteras gentes nomem suum
notesceret. Non fefellit augurium; etenim nuper etiam nostras ad
oras a Societate Regia Londinensi honoris causa vocatus, muneri
oratorio, virorum insignium nominibus iampridem ornato, in hunc
annum destinatus est. Omitto opera eius maiora de histologia
et de anatomia conscripta; praetereo etiam opuscula eiusdem
quadraginta intra lustra duo in lucem missa; haec enim omnia ad
ipsa scientiae penetralia pertinent. Quid vero dicam de artificio
pulcherrimo quo primum auri, deinde argenti ope, in corpore
humano fila quaedam tenuissima sensibus motibusque ministrantia
per ambages suas inextricabiles aliquatenus explorari poterant?
In artificio illo argenti usum, inter Italos olim inventum, inter
Hispanos ab hoc viro in melius mutatum et ad exitum feliciorem
perductum esse constat. Si poeta quidam Romanus regione in eadem
penitus, si Valerius Martialis, inquam, qui expertus didicit fere
nihil in vita sine argento posse perfici, hodie ipse adesset,
procul dubio popularem suum verbis suis paululum mutatis non sine
superbia appellaret:--
«Vir Celtiberis non tacende gentibus
Nostraeque laus Hispaniae,...
Te _nostri Hiberi ripa_ gloriabitur,
Nec me tacebit Bilbilis»[131].
Duco ad vos virum et in Hispania et inter exteras gentes laudem
meritu adeptum, histologiae professorem insignem, SANTIAGO RAMÓN
Y CAJAL.
[131] Martial, i 49, 1-2; 61, 11-12.
De mi visita á Oxford, la admirable ciudad gótica, inestimable
joya medioeval, donde cada casa es un relicario histórico y cada
colegio compite en riqueza y grandiosidad con una mansión real,
sólo diré que, ante tantas maravillas, estaba como embelesado.
¡Qué Bibliotecas, qué Museos, qué Capillas góticas, qué amplitud,
riqueza y comodidad en las habitaciones destinadas á los colegiales!
En parangón del _King’s College_, filigrana del renacimiento, del
_Baliol College_, del _Corpus Christi College_ y del _Magdalen
College_, exquisitos modelos del estilo gótico, ó del grandioso
_John’s College_, medio oculto entre cortinas de yedra, etcétera, el
mejor de nuestros edificios docentes oficiales semeja destartalado
y sórdido caserón. Huelga expresar que fuí muy atendido por los
profesores, y singularmente por el sabio Bourdon-Sanderson. Acerca
de este maestro, me es grato expresar que tan encantado quedé de la
actividad y sabia organización de su laboratorio de Fisiología, como
de sus talentos y demás prendas personales.
Para evitar enfadosas prolijidades, omito la narración de otras
muchas cosas que, tanto en Oxford como en Cambridge, excitaron mi
admiración ó despertaron mi interés. Mencionaré no más dos fiestas de
carácter docente, de que guardo grato recuerdo.
Como obsequio á los profesores de Fisiología forasteros congregados
en Cambridge, con ocasión de la citada solemnidad, el sabio Langley,
que ha ilustrado su nombre con importantes descubrimientos relativos
á la actividad del _Gran simpático_, invitónos á presenciar uno
de sus favoritos experimentos. Tratábase de un gato envenenado
con nicotina, en el cual, con insuperable habilidad, había dicho
profesor puesto al descubierto casi todos los ganglios de la cadena
simpática de un lado. Estos ganglios, no obstante su pequeñez,
mostrábanse clarísimos, limpios de sangre y libres de las vísceras
torácicas y abdominales, que habían sido pulcramente, y sin daño de
su integridad, apartadas lateralmente y sujetas con pinzas y cordones
asépticos. El cómo, después de tan formidable traumatismo, latía
todavía el corazón y se conservaban casi íntegras todas las funciones
vitales del animal, constituye para mí misterio impenetrable. Aplicó
á seguida la excitación farádica á los ganglios (lo que equivale
prácticamente á estimular aisladamente las fibras simpáticas, porque
la cocaína paraliza el cuerpo de las células nerviosas), y la
contracción de los músculos lisos de los pelos (_arrectores pili_),
desarrollada en fajas cutáneas ó anillos regulares y sucesivos,
demostró elegantemente, no sólo que cada ganglio inerva un área
especial periférica, sino que esta zona cutánea tiene significación
metamérica, á semejanza de las áreas de distribución de los ganglios
sensitivos.
Á la otra fiesta, igualmente instructiva, aunque de índole mundana
y social, asistí por feliz casualidad. Acertó por aquellos días
á celebrarse en Cambridge lo que allí se llama una _conversación
científica_, especie de tertulia interuniversitaria, destinada
á la exposición popular de los descubrimientos efectuados por
los profesores ingleses y á promover entre ellos ese espíritu
de solidaridad intelectual que tanto se echa de menos entre
los investigadores de las naciones latinas. Á este propósito,
congregáronse en un gran salón del _King’s College_ profesores
llegados de todos los centros científicos del Reino Unido,
acompañados de sus familias y de numerosos invitados. Antes de
la sesión, cada investigador dispuso en una mesa el instrumental
necesario para sus demostraciones. Los histólogos y embriólogos
aportaron sus preparaciones microscópicas; los físicos, sus
recientes invenciones científicas; los químicos, muestras de las
substancias descubiertas y esquemas del mecanismo de su producción;
los bacteriólogos, cultivos de las nuevas especies microbianas y
preparaciones de los gérmenes patógenos; los astrónomos, dibujos
y fotografías --singularmente espectrales-- de los astros, etc.
De esta suerte, los sabios, además de conocerse personalmente,
participan de las inquietudes espirituales de sus colegas y ayúdanse
recíprocamente en la resolución de los problemas de actualidad.
En cuanto al público lego, así como á los alumnos, reciben el
inestimable beneficio de una ciencia fresca, viva, variada y
doblemente sugestiva, por llevar consigo el incentivo de la novedad
y ser declarada por la palabra autorizada, cálida y entusiasta de
su creador. Añadamos todavía que, terminadas las demostraciones
científicas, hízose un poco de música, acabando la sesión á beneficio
de la gente moza, que se entregó á las delicias del baile.
Aunque el tema es harto conocido y sobre él se han escrito
muchos libros, quisiera decir algo acerca de las Instituciones
universitarias inglesas y de sus frutos docentes. Á la verdad, un mes
de estudios apresurados y superficiales, durante cuyo tiempo vime
obligado, por imperio de las circunstancias, á poner más atención en
la exposición de trabajos propios que en la apreciación de la obra
ajena, no me permiten formular un juicio firme y documentado. Me
limitaré á mera impresión personal, basada parte en lo que ví y parte
en las manifestaciones de profesores conocedores del problema de la
enseñanza superior.
Mi opinión podría sintetizarse en esta frase: en Inglaterra las
Instituciones docentes hállanse admirablemente organizadas para
fabricar _hombres_, pero no para forjar _sabios_. Y, sin embargo
el sabio abunda y alcanza, á menudo, las más altas cimas de
la originalidad genial. Pero en dicha nación, los científicos
y pensadores más eminentes deben poco á la Universidad: son
temperamentos privilegiados que se abren camino, á pesar de la
deficiente é incompleta organización de los Centros docentes.
Porque el investigador no representa aquí, como en Alemania, el
producto directo de la Escuela, sino el fruto indirecto del cultivo
de la personalidad y del robustecimiento de todas las energías
del espíritu. Con algunas restricciones, cabría afirmar que en el
país teutón la organización docente suple al hombre, mientras que
en Inglaterra el hombre suple á la organización. Falta saber si,
tratándose de una raza tan admirablemente dotada como la inglesa,
no rendiría aún mejores frutos el método alemán de instruir mucho
educando poco, que el método anglo-sajón de educar mucho y de
instruir sobriamente. Acaso está el ideal, como muchos piensan, en un
perfecto equilibrio entre ambos tipos culturales.
Que las Universidades y Colegios mayores ingleses, con su carácter
de Instituciones privadas, su plena libertad de programas, su
potestad de escoger maestros hasta entre los desprovistos de título
profesional, y su estrecha sujeción á las demandas esencialmente
utilitarias de la clientela, etc., dejan algo que desear en punto
á la función de formar investigadores, confiésanlo paladinamente
los mismos maestros ingleses, muchos de los cuales debieron
refinar su adaptación técnica y su instrucción teórica en las más
renombradas Escuelas oficiales alemanas. Algunos de ellos hiciéronme
notar chocantes deficiencias. En efecto, al ojear los programas
de estudios de algunas Facultades médicas, noté con sorpresa
que en la mayoría de ellas toda la labor docente se inspira en
el _practicismo_ y el _profesionalismo_, hasta el punto de que
importantes disciplinas teóricas incluídas en el plan de estudios de
las Universidades francesas, alemanas, italianas y hasta españolas,
faltan por completo ó se les consagra insignificante atención. Á
esta causa hay que atribuir la escasez relativa de histólogos,
anatomo-patólogos, embriólogos y bacteriólogos de Inglaterra por
comparación con Alemania ó Francia. Semejante estado de cosas tiende,
sin embargo, á desaparecer. Nos consta que, durante los últimos
años, se han colmado muchas lagunas en los cuadros de enseñanza,
muy particularmente en la organización de las Universidades de
tipo moderno, creadas en Londres, Liverpool, Manchester, etcétera,
costeadas casi enteramente por el Estado é inspeccionadas
directamente por él. En estas novísimas escuelas, sin descuidar la
adaptación al mejor rendimiento profesional, se ha concedido ya á la
ciencia pura ó teórica --que en el fondo es la más exquisitamente
práctica de todas, ya que encierra los gérmenes de toda futura
aplicación á los fines de la vida-- el debido desarrollo, á imitación
de los programas de los Centros docentes similares de Alemania.
* * * * *
Terminada la misión que me condujo á las islas británicas y
satisfecha mi curiosidad científica y artística, dispuse el viaje
de regreso, no sin reiterar antes á mis generosos huéspedes el Dr.
Sherrington, al Dr. Foster y á otros profesores que me colmaron de
atenciones, la ofrenda de mi cordial gratitud.
¡Qué desencanto al llegar á nuestro Madrid, donde, por incomprensible
contraste, se ofrecen la máxima cultura española con los peores
edificios docentes! Habituada la retina á la imagen de tantos
esplendores y grandezas, infundíame tristeza pensar en nuestra ruin y
antiartística Universidad, en el vetusto y antihigiénico Colegio de
San Carlos, en las lobregueces peligrosas del Hospital Clínico, en el
liliputiense Jardín Botánico del Paseo de Trajineros y en el Museo de
Historia Natural, siempre errante y fugitivo ante el desahucio de la
Administración.
Causóme también desilusión el ver á nuestros estudiantes aislados,
sin espíritu corporativo, desperdigados en ruines, insalubles y
sórdidas casas de huéspedes, y entregados á una libertad muy parecida
al abandono; y á los profesores mismos, encastillados en sus Cátedras
como lechuzas en campanario, desconociéndose entre sí y ajenos por
completo á los nobles anhelos de una colaboración orgánica, como si
no formaran parte de un mismo cuerpo ni conspiraran al mismo fin...
* * * * *
Al pisar el umbral de mi casa, latíame tumultuosamente el corazón.
Por incidentes imprevistos, no pude avisar mi llegada. ¿Cómo
encontraría á mi hija? El optimismo de las cartas maternas, ¿no
sería quizás piadoso ardid encaminado á prestarme ánimo durante mi
arriesgada misión?... Por fortuna, los vaticinios de Hernando se
habían confirmado. Aunque muy débil y quebrantada, la enferma entraba
ya en franca convalecencia.
Cuando al siguiente día, rodeado de la alegría y bullicio de los
niños, desembalé los regalos comprados en Londres, advertí con
sorpresa que se me habían adelantado en el obsequio: La señora de D.
Facundo Riaño, la hija del sabio Dr. P. Gayangos, con una delicadeza
de sentimientos que nunca olvidaré, había, durante la ausencia
del padre, consolado á los pequeños obsequiándoles con preciosos
juguetes. También prodigó á mi esposa --fatigada y doliente por un
mes de insomnios-- atenciones y solicitudes inestimables. ¡Bien haya
aquella santa mujer, hija y esposa de sabios, cuyas virtudes le
granjearon la estima y veneración de cuantos tuvieron la dicha de
tratarla!...
[Ilustración: Mi familia en 1894, dos años después de mi traslado á
Madrid.]
[Ilustración]