CAPÍTULO XI

Peligros de Madrid para el hombre de laboratorio. -- Tentaciones

del diletantismo científico, literario y artístico. -- Mis oreos

espirituales: paseos por los alrededores de Madrid, y la peña del

Café Suizo. -- Nuevas investigaciones sobre la estructura del

cerebro. -- Comienzo la publicación de mi obra de conjunto sobre

la textura del sistema nervioso de los vertebrados.

Madrid es ciudad peligrosísima para el provinciano laborioso y ávido

de ensanchar los horizontes de su inteligencia. La facilidad y agrado

del trato social, la abundancia del talento, el atractivo de las

Sociedades, cenáculos y tertulias, donde ofician de continuo los

grandes prestigios de la política, de la literatura y del arte; los

variados espectáculos teatrales y otras mil distracciones, seducen y

cautivan al forastero, que se encuentra de repente como desimantado

y aturdido. En su vida hase operado radical metamorfosis: la abeja

se ha convertido en mariposa, cuando no en zángano. La filosofía, el

arte, la literatura, hasta la política y los deportes, tiran del alma

con mil hilos invisibles y tenaces. Al obrero atareado, ha sucedido

el ameno sibarita intelectual.

Además, el instrumento cerebral forjado durante muchos años de

soledad y recogimiento, se _desdiferencia_ y embota cual herramienta

tocada de orín: la especial mentalidad, traída del rincón

provinciano, va poco á poco igualándose con la mentalidad de todo el

mundo. Los callos se pierden y las manos se enguantan. Y el tiempo se

va en admirar é imitar.

En vano pretendemos hacer alto en la pendiente, abandonar

resueltamente el camino de Sibaris ó de Atenas, retroceder, en fin,

á los severos hábitos de antaño: movidos por el pundonor, llegamos

hasta planear hermosos programas de acción. Mas, desgraciadamente,

todo se malogra...--No queda tiempo para nada --exclamamos con

amargura.

Sin embargo, yo me propuse á todo trance cerrar los oidos al cántico

de la sirena cortesana, y defender mi tiempo, trabajando tanto como

en provincias. Y lo conseguí por fin, no sin provocar frialdades, ni

impedir que se me aplicasen los epítetos de _hurón, estrafalario y

orgulloso_.

--«Pero quién conoce, quién trata, quién puede pedir un favor á

Cajal» --exclamaba cierto clínico eminente en un corro de médicos,

molesto acaso por no tener confianza bastante para hacerme

determinada recomendación. Á mí me asombraba este juicio de los

compañeros, y más aún que echaran á mala parte mi sistemático

arrinconamiento. Sorprende, en efecto, que personas conocedoras y

hasta celebradoras de mis modestos frutos de Laboratorio censurasen

precisamente aquellos hábitos y cualidades morales, absolutamente

indispensables para el logro de tales frutos.

Estoy muy lejos de pretender --lo he dicho ya varias veces-- que el

hombre de ciencia sea un cartujo; antes bien, estimo necesarios los

pasatiempos, las excursiones, el teatro, el Ateneo, la literatura,

las tertulias, etc. Mas todo á su hora, con medida y como quien toma

un reconstituyente; cuando lo pida el ánimo, en fin, y no cuando lo

deseen los demás. Será egoísmo, pero egoísmo disculpable, porque sin

él no hay labor seria posible.

Precisamente, y por compensación de la excesiva concentración

de la vida de Laboratorio, he cultivado siempre en Madrid dos

distracciones: los paseos al aire libre por los alrededores de la

villa, y las tertulias de café.

¡Los alrededores de Madrid! No es cosa que yo los descubra ahora,

vindicando una vez más al calumniado Manzanares y á la austera meseta

castellana. Menester es tener sentido cromático de oruga para echar

siempre de menos el verde mojado y uniforme de los países del Norte,

y menospreciar la poesía penetrante del gris, del amarillo, del pardo

y del azul. Ni es cierto tampoco que, en el paisaje de la Corte,

falte la jugosa nota del verde. Lejos de ser páramos y eriales, los

alrededores de Madrid -- el Retiro, la Moncloa, la Casa de Campo,

Amaniel, la Dehesa de la Villa, el Pardo, etc.--, son de lo más

frondoso y pintoresco que poseemos en España. Vivimos en las faldas

de una sierra, cuyo elegante perfil embellece nuestro horizonte y

cuyas auras purifican nuestro ambiente. Y en la primavera y otoño

la llanura castellana se ofrece cubierta de césped y salpicada de

flores. En ninguna parte posee el paisaje contrastes más variados,

según las estaciones. Cualquiera que sea la preocupación del

espíritu, siempre hallaremos un rincón solitario cuya apacible

belleza apague las vibraciones del dolor y abra nuevo cauce al

pensamiento. ¡Cuántos pequeños descubrimientos asócianse en mi

memoria á tal sendero solitario de la Moncloa ó á un fresno ribereño

del Manzanares, ó alguna colina de Amaniel ó de la Dehesa de la

Villa, espléndidos miradores desde los cuales ostenta el Guadarrama,

asomado entre pinos, toda su serena majestad!

Pero además del paisaje físico, conviene también al hombre de

laboratorio el paisaje moral, la amena tertulia, donde, al calor de

la amistad y de la confianza, broten, variadas y espontáneas, las

flores del ingenio.

Á la verdad, en mis primeras tentativas exploratorias por las

tertulias matritenses, fuí poco afortunado. Hallé desde luego, en

el Café de Levante, una peña de antiguos camaradas, en su mayoría

médicos militares, que yo había conocido durante la campaña cubana.

Entre estos simpáticos compañeros reinaba franqueza fraternal,

y á ratos su conversación era viva, chispeante é instructiva.

Pero un hado adverso nos perseguía: casi todos los días, fatal,

irremediablemente, los comentarios derivaban hacia la murmuración

contra los superiores jerárquicos ó hacia el escalafón de Sanidad

Militar; ese escalafón maldito, destructor de todo estímulo noble

y de toda ambición generosa, rémora de la justicia, asilo de la

gandulería y una de las mayores calamidades que padecemos en España.

Harto ya de oir hablar del «_salto del tapón_, de _ascensos y cruces

inmerecidas_, de _carreras escandalosas_, de _retiros en buena

edad_», etc., cuadréme un día y les dije sobre poco más ó menos:

--Señores, todo eso que ustedes cuentan sobre las cruces pensionadas,

los ascensos de gracia y el escalafón, resulta muy interesante

para la familia; pero en el mundo deben existir otras cosas quizás

más interesantes todavía. Bueno es hablar de las estrellas de la

bocamanga; pero de vez en cuando convendría platicar también de las

estrellas del cielo y de las células, esas estrellas de la vida;

laudable es preocuparse de ascender en la carrera; pero no estaría de

más que procurásemos asimismo ascender algo, mediante el estudio y

la reflexión, en el concepto de la propia estima; está perfectamente

eso de prepararse para la vejez apacible y suculento retiro; pero

hallo más urgente y honrado aún trabajar, durante la juventud, para

merecerlo.

Á mis amistosos consejos contestaron con bromas y chirigotas; los

más formales prometieron, sin embargo, enmendarse, aportando para lo

sucesivo temas más variados y amenos; pero, transcurrida la semana,

el hábito restableció su imperio, y reincidimos lamentablemente

en los consabidos comentarios tocantes á los ascensos, camarillas

y escalafón. ¡El mal carecía de remedio! Aquellos beneméritos

compañeros, no exentos ciertamente de talento, aunque petrificados

por la ociosa vida de campamentos, cuarteles y casinos, sólo leían la

_Gaceta_ y el _Boletín de Sanidad Militar_.

Con pena abandoné el trato de camaradas que evocaban en mi memoria

trances de guerra y juveniles aventuras transatlánticas, y busqué

otra tertulia donde esparcir el ánimo y vivificar las ociosas

barbecheras cerebrales.

Creo que fué San Martín quien me presentó á la _peña_ del Café Suizo,

reunión de rancio y glorioso abolengo, pues en ella habían figurado

políticos, literatos y hasta financieros insignes.

Aunque desde el aspecto político y literario la citada _peña_

había venido á menos, gozaba todavía por aquel tiempo de

justificado renombre. De allí salieron, según es notorio, Senadores

universitarios, Catedráticos, Rectores, Consejeros y hasta

Ministros... Tan famosas y comentadas llegaron á ser las discusiones

de la peña, que ocurrió á menudo, y con grave riesgo de indiscreción,

el hecho de formarse, en las inmediatas mesas, tertulias parásitas, ó

de oyentes, las cuales, por el módico precio del café, adquirían el

derecho de conocer nuestras ideas y murmurar á mansalva.

Entre los comensales, dominaban naturalmente los galenos, á la

cabeza de los cuales figuraba D. Alejandro; mas colaboraban también

abogados, propietarios, catedráticos de Universidad y, en fin,

personas de toda laya y condición. Todo el mundo era admitido con

tal de ser presentado por un socio formal, y á condición de someterse

á las tres normas siguientes: 1.ª, guardar al discutir el debido

respeto á las personas; 2.ª, discurrir de lo que no se entiende ó se

entiende poco (tratábase de evitar las latas pedantes y académicas),

y 3.ª, olvidar á la salida todos los desatinos é incoherencias

provocados por el estímulo del café ó por los _horrores_ de la

digestión. Porque importa notar que nuestra reunión se celebraba en

las primeras horas de la tarde, y pocas veces duraba más de una.

De esta suerte, al levantarse la sesión, los cerebros hallábanse

caldeados, pero ágiles todavía para la cotidiana labor. Bueno es

divagar algo todos los días; fuera, empero, peligroso prolongar el

_diástole_ de la mente á expensas del _sístole_ del trabajo.

Á propósito de la citada regla «de olvidar á la salida las

conversaciones de la tertulia», solía advertirnos San Martín, siempre

circunspecto y meticuloso en sus opiniones: «Conste, señores, que no

respondo fuera de aquí de los disparates y tonterías que ustedes me

hayan obligado á decir.» Que tan prudente consejo fué rigurosamente

observado, lo persuade el hecho de que durante más de veinte años de

casi diarias controversias, algunas harto acaloradas, jamás tuvimos

un disgusto.

Con pena recuerdo ahora las renovaciones que el tiempo y la muerte

impusieron á nuestra querida peña del Suizo. Estas tertulias son

cuerpos vivos con juventud, madurez y decadencia; y, á semejanza de

todo organismo, se nutren, crecen, asimilan y desasimilan. Nuevas

células se incorporan á la colmena, mientras que otras ¡ay! perecen ó

se extravían... ¡Y los muertos son ya legión!...

Á guisa de homenaje á los simpáticos compañeros desaparecidos, con

quienes durante tantos años comulgamos diariamente «en espíritu y

en verdad», desearía yo estampar aquí sus nombres, con los títulos

éticos é intelectuales que les granjearon afecto y estima perdurables.

Pero fueron tantos, que, dada mi mala memoria, resulta imposible

enumerarlos todos. Citaré, sin embargo, á los más asiduos y

constantes: á Félix Rubio, abogado y propietario, dotado de

excelente criterio, «caballero sin tacha y sin miedo», que debió

haber sido militar, y que, no obstante su devoción por Silvela y

sus ideas enérgicamente conservadoras, renunció á toda aspiración

política, asqueado por la corrupción del sufragio y los desórdenes

de la administración; al veterano Alderete, prototipo del castizo

miliciano nacional, algo farolero y candoroso, pero de tan buenos

sentimientos, que había salvado en diversos siniestros urbanos y

ferroviarios á numerosas personas, mereciendo varias cruces de

Beneficencia, que ostentaba arrogante en las procesiones cívicas

del Dos de Mayo; á F. Aner, farmacéutico injertado en burócrata,

espíritu rectilíneo, irreductible y apasionado en las polémicas,

fervoroso de Proudhon y de Marx, tan austero que, habiendo podido

ser rico, vivió y murió pobre[115], y tan optimista que, para él, la

humanidad formaba un coro de ángeles, convertidos en demonios á causa

de la nefasta intervención de reyes, magistrados y sacerdotes; al

doctor Carlos de Vicente, carlista librepensador, algo misántropo,

agudísimo y ocurrente, y que, educado en París, lucía un _esprit

français_ de la más fina especie; al Dr. López Silva, médico y

naturalista notable, llamado por antonomasia «la gran persona ó la

persona» á causa de su bondad angelical, el cual tenía la costumbre

de retratar á todas las gentes de que se hablaba, caracterizándolas

con rasgos típicos tomados de la Zoología; al sabio profesor de

Literatura don A. Sánchez Moguel, archivo inagotable de dichos y

anécdotas tocantes á personajes políticos y literarios, referidos

con viveza y gracejo insuperables, y cuyo trato resultaba á veces

algo difícil por consecuencia de una vanidad vidriosa é irritable,

impropia de talento tan sólido y brillante; al Dr. Thous, católico

ferviente, médico estudioso, y á quien, á cambio de los buenos ratos

que nos proporcionaba con su charla, ora satírica ora edificante,

sólo le reprochábamos la debilidad, harto disculpable, de insistir

demasiado en sus hazañas clínicas; á Fortanet, el conocido impresor,

republicano fogoso y de buena fe; al célebre poeta Marcos Zapata,

poco asiduo á la mesa, y cuyas agudezas y oportunidades, amén del

relato de sus aventuras de bohemio, constituían el deleite de la

reunión; al doctor B. Escribano, el último de los contertulios

desaparecidos, sobrio y austero conversador, cuyas _caídas_

inesperadas desconcertaban á los más afluentes parlanchines, etc.

[115] Fué diputado provincial durante la República y gozó de gran

predicamento entre los demócratas.

La peña del Suizo continúa hoy completamente renovada, aunque

algo decaída, después de la muerte del inolvidable San Martín.

Buenas cosas dijera de los actuales contertulios, muchos de ellos

catedráticos, si la discreción más elemental no me impusiera el

silencio. Concretareme á citar á D. Joaquín Decref, á Castro y

Pulido, á Ambrosio Rodríguez, al Dr. Isla, á Perico Valls, á Blas

Cabrera, á Odón de Buen, á F. Martí, á Antonio Vela, á J. Ramírez

Ramos, á Clodomiro Andrés, etc.

Yo debo mucho á la sabrosa tertulia del Suizo. Aparte ratos

inolvidables de esparcimiento y buen humor, en ella aprendí muchas

cosas y me corregí de algunos defectos. Allí elevamos un poco el

espíritu, exponiendo y discutiendo con calor las doctrinas de

filósofos antiguos y modernos, desde Platón y Epicuro á Schopenhauer

y Herbert Spencer; mostramos veneración y entusiasmo hacia el

evolucionismo y sus pontífices, Darwin y Häckel, y abominamos de la

soberbia satánica de Nietzsche. En el terreno literario, nuestra mesa

proclamó el naturalismo contra el romanticismo, y al revés, según

los oradores de turno y el humor del momento. En torno de ella, Pepe

Botella y San Martín, los más filarmónicos de la reunión, riñeron

descomunales batallas en favor de Wagner, cuando en España apenas

había más wagneristas que el regocijado Peña y Goñi.

Burla burlando, también nuestra peña hizo un poco de política. Sin

afiliarse abiertamente á ningún partido turnante, la mesa del Suizo

tuvo siempre espíritu político en el mejor sentido del vocablo.

Ella comentó, acaso con pasión y vehemencia, pero inspirada siempre

en el más acendrado patriotismo, todos los grandes sucesos de la

vida nacional; prorrumpió en gritos de indignación contra las

arbitrariedades é injusticias del caciquismo, y lloró con lágrimas

de rabia las inconsciencias é insensateces que prepararon las

ignominias de 1898. Allí, naturalmente, repercutió clamorosamente

la literatura de la _regeneración_; se recogieron firmas para el

célebre manifiesto de Costa y encontró alientos para su noble campaña

el malogrado apóstol de la europeización española. Persuadidos con

el «_solitario de Graus_» de que la prosperidad de nuestro país

estriba en la «_escuela y la despensa_», expusimos y contrastamos

reiteradamente los métodos de la pedagogía científica y las medidas

políticas encaminadas á desterrar, ó á limitar al menos, la

incultura de nuestras tierras y de nuestros cerebros. Allí, en fecha

recientísima, nos ha sobrecogido de horror y de asco, borrando las

últimas reliquias del optimismo juvenil, la horrenda guerra europea,

que no es, como se complacen en propalar espíritus candorosos

tocados de _abogadismo_ incurable, el conflicto por los mercados

ni la pugna entre dos concepciones antitéticas del Estado, sino

muy principalmente el fruto amargo del orgullo nacional, el choque

inevitable entre oligarquías militares todopoderosas, desvanecidas

por la soberbia y codiciosas de gloria y de dominio. Allí, en

suma, si á veces nos dejamos cautivar por el frívolo placer de la

divagación ó de la chismografía, supimos también elevarnos á menudo

sobre las pequeñas miserias de la vida, sentirnos cada vez más

humanos y más españoles, y avanzar algunos pasos por senderos de paz

y de amor hacia luminosos ideales...

* * * * *

Hora es ya de terminar esta larga digresión (que acaso habrá aliviado

al lector de la fastidiosa pero obligada narración de mis iniciativas

científicas de Barcelona) y de señalar brevemente la labor de

laboratorio efectuada en la Corte durante los años 1892 y 1893.

¿Qué temas científicos me solicitaron? Fueron, entre otros menos

apremiantes, la _estructura de la retina de los peces y aves_,

singularmente de la _foseta central_; la organización del _Asta de

Ammon y corteza occipital del cerebro_, y, en fin, la disposición

del _gran simpático visceral_. Cediendo á un hábito inveterado en

mí, tales materias fueron investigadas casi simultáneamente. En

general, semejante promiscuidad es poco recomendable. Sin embargo,

en las ciencias naturales resulta, en ocasiones, útil desparramar

alternativamente la atención por dos ó más campos de investigación:

se aprovecha mejor el material de trabajo y rinden los métodos más

rica cosecha. Aunque parezca paradójico, dos ó tres temas de estudio

cansan menos que uno solo. Teclear insistentemente la misma cuerda,

acaba por ser doloroso. Además, durante la fiebre sagrada, cuando

se siente uno en vena de producir, conviene forzar la suerte,

acaparando, á ser posible, todos los billetes de la lotería.

No tema el lector una exposición circunstanciada de mis trabajos

de 1892 y 1893 sobre las citadas materias. Concretareme á citar

solamente las adquisiciones científicas más salientes.

1. Comencemos por la _retina_. Según recordará el lector, mis

exploraciones en tan cautivador dominio comenzaron en Barcelona. Mas

deseaba yo completar y consolidar mis hallazgos anteriores, abarcando

con mis observaciones toda la serie de los vertebrados; anhelaba,

sobre todo, atacar el problema estructural de la _fovea centralis_,

paraje retiniano de la máxima sensibilidad al color y de la suma

acuidad visual. Por fortuna, en Madrid no faltaba abundante material

de trabajo. Al efecto, entablé tratos con un alimañero profesional,

que me proveyó de _culebras_, _lagartos_, _mochuelos_, _cornejas_,

_lechuzas_, _gallipatos_, _salamandras_, _percas_, _truchas_, etc.,

vivos. Y un buen amigo de Cádiz tuvo la amabilidad de enviarme

varios ejemplares del interesantísimo _camaleón_, la joya de los

reptiles, habitador constante de las dunas gaditanas. Con este

copioso material mi cartapacio llenóse de dibujos interesantes, y mis

notas rebosaban de pormenores descriptivos. Tan rica mies movióme

á adelantar una comunicación sobre la _retina de los peces_, que

se publicó, gracias á la bondad del sabio D. Ignacio Bolívar, en

los _Anales de la Sociedad de Historia Natural_[116], y á redactar

ulteriormente voluminosa monografía, aparecida en _La Cellule_[117],

reputada Revista biológica belga, ya citada en otro lugar. Esta

última Memoria, una de las más importantes brotadas de mi pluma,

resultó voluminoso libro que mereció, años después, los honores de

una traducción alemana[118].

[116] _Cajal_: La retina de los teleósteos y algunas

observaciones sobre la de los vertebrados inferiores. _Anales de

la Sociedad Española de Historia Natural_, tomo II, Junio de 1892.

[117] _Cajal_: La Rétine des vertébrés. _La Cellule_, tomo IX.

1892.

[118] _Cajal_: Die Retina der Wirbelthiere. Traducción alemana

del Dr. R. Greeff. Wiesbaden, 1894.

[Ilustración: Fig. 39.--Corte de la retina de la perca. Figura

semiesquemática destinada á mostrar los principales resultados de

mis investigaciones. --A, B, C, cauces específicos de la impresión

recogida por los bastoncitos; D, E, F, cauces de la excitación

recolectada por los conos; G, H, morfología de las células

horizontales; _a_, _i_, elementos especiales de la retina de los

peces.]

Cumpliendo mi promesa de evitar prolijidades, sólo citaré, de entre

los hechos nuevos contenidos en la citada obra, aquellos que hoy,

leyendo en frío y teniendo presente la copiosa bibliografía aparecida

después, halagan más agradablemente mi vanidad de hombre de

laboratorio.

_a_) Confirmación en la serie de los vertebrados, y muy

singularmente en los peces, cuyo modo de visión aseméjase mucho á

la de los mamíferos, de aquellos dos tipos de _células bipolares_

hallados un año antes en la membrana visual de los mamíferos,

esto es: la célula colosal de ramaje exterior articulado con los

bastones, y la célula pequeña de dendritas discretas conexionadas

con los conos. En la figura 39, que copia una sección de la

retina de los peces teleósteos, destacan claramente ambos tipos

de _bipolares_. En ella aparecen también otros hallazgos menos

importantes. Ejemplo: el de un tipo celular especial de la _capa

de los granos internos_ (I) y el del axon de diversos tipos de

células horizontales (_a_, G, H).

_b_) Desentrañamiento de la estructura de la _foseta central_

de la retina de los reptiles y aves. Semejante estructura, poco

conocida hasta entonces á causa del limitado poder revelador

de los preparados comunes (cortes teñidos de hematoxilina,

soluciones de anilinas, etc.), surge clarísima en los cortes bien

impregnados por los métodos de Golgi y Ehrlich, á condición,

naturalmente, de utilizar, en vez del mono ó el hombre (únicos

mamíferos dotados de _foseta_), los pájaros y aves de rapiña

(jilguero, golondrina, cuervo, halcón, etcétera) ó el camaleón,

animales donde los citados recursos analíticos muéstranse, por

fortuna, singularmente propicios.

Esta estructura especial aparece reproducida esquemáticamente en

la figura 40, F. Aparte la delgadez é inclinación notables de

su expansión central (disposición de antiguo conocida), nótese

cómo cada pie de estos corpúsculos visuales contrae articulación

individual con un solo minúsculo penacho ascendente de _célula

bipolar_ (_b_). Tan exquisita independencia de los cauces

visuales, mantiénese también en la _zona plexiforme interna_,

donde se advierte que cada arborización inferior de _bipolar de

cono_ entra exclusivamente en contacto con el doble ramaje de

un corpúsculo gangliónico (_tercera neurona_ visual) (C). Para

facilitar la comparación, á la izquierda de la misma figura

reproducimos los cauces visuales de las regiones periféricas de

la retina. Obsérvese cómo, en esta región, las articulaciones de

los conos con las bipolares no son individuales, sino colectivas

y bastante difusas y extensas (_c_); lo que explica perfectamente

la indistinción y vaguedad de las imágenes recogidas por dicho

territorio retiniano. Á mayor abundamiento, cada ganglionar

(C^2) recoge las impresiones transmitidas por varias bipolares

(_f_). Si, por ventura, las tres empalizadas neuronales de

la _fovea_ hubiéranse organizado según este plan, habríanse

frustrado enteramente los beneficios de la longitud y finura de

los conos, condiciones anatómicas decisivas, según es notorio,

del exquisito poder diferenciador de la _foseta_. He aquí una

nueva demostración de que la naturaleza procede siempre en sus

creaciones con arreglo á la economía más estricta y á la más

severa lógica.

[Ilustración: Fig. 40.--Esquema de los cauces de conducción de la

impresión cromática en la retina de los pájaros. Á la derecha,

aparecen las vías de la foseta central, y á la izquierda, las

homónimas del resto de la retina. --A, conos; B, célula bipolar

para cono; C, corpúsculo ganglionar; _a_, células amacrinas; _b_,

articulación entre el cono y bipolar en la foseta; _c_, articulación

entre el cono y las bipolares en los territorios periféricos de la

retina; _d_, _f_, articulación entre una célula gangliónica y varias

bipolares.]

_c_) Confirmación en la retina embrionaria de la evolución de

los neuroblastos, señalada por His, nosotros y v. Lenhossék en

la médula espinal, y exposición de una hipótesis encaminada á

explicar, ó al menos á hacer imaginable, el establecimiento

en el adulto de conexiones interneuronales específicas. De

esta concepción, llamada _teoría quimiotáctica neurotrópica_,

trataré oportunamente. Consignaré ahora solamente que, según

la referida hipótesis, se asigna al _cono de crecimiento_ del

axon embrionario la misma propiedad amiboidea atribuída á los

leucocitos. Á semejanza de estos elementos, que marchan hacia

los microbios orientándose por la dirección de las corrientes de

difusión de las _toxinas_, el _cono de crecimiento_, impresionado

por ciertas substancias estimulantes derramadas en el plasma

intersticial, marcha también, crece y se orienta hacia los

elementos productores de las mismas (corpúsculos musculares,

neuronas situadas en planos distintos de los centros, etc.),

acabando por establecer con ellos conexiones íntimas y estables.

Admitida la diversidad y especificidad de las fuentes de

_materias reclamos_ ó _quimiotácticas positivas_, esclarécese

no sólo el automatismo de la asociación interneuronal ó entre

neuronas y elementos extranerviosos (por ejemplo, con las _fibras

musculares_), sino el hecho sorprendente de que semejantes

alianzas dinámicas se establezcan sin errores, no dándose jamás

el caso de que un corpúsculo muscular, por ejemplo, carezca de

terminación nerviosa adecuada ni de que una arborización terminal

axónica esté privada de conexión celular específica.

2. Otro de los temas en cuya elucidación puse toda mi atención,

fué la estructura del _asta de Ammon_, el centro asociativo más

antiguo del cerebro, el almacén de los recuerdos olfativos y de las

reacciones motrices correspondientes.

Ha dicho B. Croce «que toda obra científica es también una obra de

arte», afirmación afín del pensamiento, tantas veces repetido, de

que «la naturaleza es la obra de un artista divino». Y esta hermosura

no toca solamente al orden intelectual, á la exquisita adecuación

entre los medios y los fines; en las ciencias naturales reviste á

menudo formas plásticas admirables, según dejamos notado en capítulos

anteriores. De donde resulta que, por pobre é incompleta que sea la

visión objetiva del científico, siempre conservará un reflejo de la

belleza natural. Y aún podría afirmarse que los elementos ilógicos y

antiestéticos contenidos en la concepción científica de un fenómeno

implican necesariamente error ó incompresión ideal del copista.

[Ilustración: Fig. 41.--Esquema de la arquitectura del asta de Ammon

y _fascia dentata_, tal como aparece en los cortes transversales;

en esta figura se han reproducido los principales tipos neuronales

descritos por Golgi y Sala. --A, asta de Ammon; B, cuerpo abollonado

ó _fascia dentata_; D, subículo; C, fimbria; _a_, pirámide superior;

_b_, pirámide de la región inferior.]

Mas, dejando á un lado este linaje de consideraciones, recordaré que

uno de los estímulos que me llevaron á escudriñar el _asta de Ammon_

y _fascia dentata_, fué la elegante arquitectura ofrecida por las

células y estratos de estos centros, revelada por el ilustre Golgi

en su obra magistral[119]. Adornan, en efecto, al _asta de Ammon_

y _cuerpo abollonado_, muchos rasgos de la sencilla belleza de la

corteza cerebelosa. Sus células piramidales, comparables á plantas de

jardín --algo así como series de jacintos--, alinéanse en setos vivos

que dibujan curvas graciosas. El examen de la figura 41 dará alguna

idea de esta graciosa estratificación de las neuronas ammónicas.

Inútil es notar que, aprovechando el privilegio de primer ocupante,

el célebre investigador de Pavía hubo de recoger los datos anatómicos

más valiosos respecto á la forma y disposición celulares de los

mencionados órganos nerviosos. Y la obra del maestro fué completada

en algunos puntos por sus discípulos Sala y Lugaro, así como por

Schäffer, histólogo alemán.

[119] _C. Golgi_: Sulla minuta anatomia degli organi centrali del

sistema nervoso. Milano, 1886.

[Ilustración: Fig. 42.--Esquema destinado á presentar la conexión

establecida entre el axon de los granos de la _fascia dentata_ y las

gruesas pirámides del asta de Ammon (región inferior de ésta). --A,

capa molecular de la _fascia dentata_; B, axon de los granos; C,

pirámides grandes; D, fimbria; _c_, _b_, fibras aferentes llegadas de

los centros olfativos secundarios; _a_, axon. Las flechas señalan la

dirección de las corrientes.]

Sin embargo, quedaba aún mucho filón virgen para los trabajadores de

refresco. Era, sobre todo, indispensable explorar los _corpúsculos

de axon corto_, insuficientemente estudiados por los susodichos

sabios, y urgía además abordar el problema de las _conexiones

interneuronales_, estableciendo en lo posible las vías recorridas

por los impulsos sensoriales ó aferentes, tarea interesante apenas

desflorada por los sabios de la escuela italiana.

Tales fueron los objetivos perseguidos por mí durante el año 1892,

creo que con alguna fortuna. Los resultados obtenidos motivaron

la redacción de extensa monografía, publicada primeramente en los

_Anales de la Sociedad Española de Historia Natural_[120]. En el

mismo año, mi trabajo mereció la honra inestimable de ser traducido

al alemán por el ilustre Kölliker, para su reputada Revista:

_Zeitschrift f. wissensch. Zoologie_[121].

[120] _S. Ramón y Cajal_: Estructura del asta de Ammon y _fascia

dentata_. _Anales de la Sociedad Española de Historia Natural_,

tomo XXII, 1893.

[121] Esta traducción lleva por título: «Beiträge zur feineren

Anatomie des grossen Hirns. I. Über die feinere Struktur des

Ammonshornes. _Zeitschrift f. wissensch. Zoologie._ Bd. LVI,

1893. Más adelante, el histólogo de Würzburgo confirmó, en

trabajo especial, casi todos nuestros hallazgos.

Como hechos interesantes, fruto de propias pesquisas, mencionamos los

siguientes:

1.º Demostración de que el axon de los granos de la _fascia

dentata_ emite, durante todo su trayecto por la zona de las

pirámides grandes, un sistema de rosáceas ó de excrecencias

colaterales que se articulan con ciertos golfos y desigualdades

características del tallo radial de las citadas células. En la

figura 42, B, mostramos muy esquemáticamente (se ha prescindido

de casi todos los elementos) esta interesante conexión entre los

_granos_ y las _pirámides gigantes_.

2.º Hallazgo por debajo de la _zona de los granos_ (_fascia

dentata_) de varios tipos de corpúsculos piramidales cuyo axon

corto ascendente constituye, ramificándose, elegantes y tupidas

cestas envolventes del soma y tallos de los granos (véase la

fig. 43, B, C, donde aparece también otro elemento, cuyo axon se

ramifica en el espesor de la capa molecular) (A).

[Ilustración: Fig. 43.--Figura semiesquemática donde reproducimos

nuestros principales hallazgos en la _fascia dentata_. --A, célula

de axon ascendente; B y C, pirámides cuyo axon (_a_) se termina,

mediante nidos ó cestas (_e_), que rodean el cuerpo de los granos;

D, zona molecular; F, capa de los granos; E, zona plexiforme; _e_,

cestas.

_Nota._--La región copiada en la presente figura corresponde al

pequeño cuadrado trazado en el grabado precedente.]

3.º Encuentro en el asta de Ammon (región superior del _stratum

oriens_) de multitud de neuronas de axon corto, cuyas ramas

nerviosas generan también nidos complicados en torno del soma de

las pirámides. En la figura 44, A, B, C, D, mostramos las dos

principales variedades de corpúsculos de esta clase.

[Ilustración: Fig. 44.--Mis principales hallazgos en el asta de Ammon

(región superior), mostrados esquemáticamente.-- A, B, neuronas cuyo

axon ascendente se descompone en ramas arciformes, formadoras de

nidos para los somas más profundos de la capa de las pirámides.-- D,

C, neuronas de axon tangencial constructores de nidos destinados á

los cuerpos de las neuronas piramidales más superficiales; E, célula

de axon ascendente (_a_); F, K, G, células de axon corto distribuído

por el _stratum radiatum_; J, H, pirámides dislocadas cortas. La

figura actual corresponde al cuadrado grande del esquema de la página

250.]

4.º Señalamiento, por primera vez, de las ramas colaterales de

la substancia blanca y de las fibras terminales llegadas del

_Alveus_, ó conductores arborizados en las zonas plexiformes del

asta de Ammon y _fascia dentata_ (fig. 44, _b_).

5.º Encuentro en el _stratum radiatum_ de numerosas células de

axon corto (fig. 44, F, G), así como algunas pirámides dislocadas

(figura 44, H, J).

6.º Determinación de las variantes morfológicas que separan las

pirámides de la región inferior de la constitutiva de la superior

del asta de Ammon. Caracterízanse estas últimas por exhibir

tallo liso; mientras que las primeras muéstranlo erizado de

excrecencias verrugosas para conexionarse con las rosáceas del

axon de los granos.

7.º Descripción de la neuroglia de dichos órganos.

8.º Análisis detallado de los plexos nerviosos de los mismos y,

en fin, estudio estructural del _subiculum_, etc.

El citado folleto contiene, además, un estudio de la fina

anatomía de la _corteza esfenoidal_ del cerebro de los pequeños

mamíferos.

[Ilustración: Fig. 45.--Tipo especial de neurona multipolar exenta

de cilindro-eje, que habita en torno de los ganglios de Auerbach

y Meissner, entre las capas de fibras musculares y circulares del

intestino, en la túnica externa de las arterias, y en fin, allí donde

existe tejido muscular de fibra lisa.]

3. Nuestra exploración acerca del gran simpático intestinal tuvo

menos importancia[122]. Encierra, sin embargo, bastantes hechos

nuevos, entre los cuales citaremos:

[122] _Cajal_: Los ganglios y plexos nerviosos del intestino de

los mamíferos, etc., con 13 grabados. Madrid, Noviembre de 1893.

_a_) El hallazgo, en los ganglios de Meissner y Auerbach, de

ciertas células estrelladas de largas expansiones, las cuales

ingresan en los haces del plexo de igual nombre (confirmado por

Dogiel, Lavilla y Kölliker).

_b_) Descubrimiento de una variedad especial de células

estrelladas pequeñas, yacentes en las mallas de dichos plexos

y entre las capas de fibras musculares (confirmado por

Dogiel, Lavilla y Kölliker) y caracterizadas por su carencia

de cilindro-eje (fig. 45). Estos elementos fueron también

demostrados en la rana por el método de Ehrlich[123].

[123] _Cajal_: Nota sobre el plexo de Auerbach de la rana.

Barcelona, Febrero de 1892.

_c_) La presencia de colaterales nacidas de las fibras de paso de

los ganglios y terminadas por arborizaciones libres en torno de

las células de éstos (confirmado por Dogiel).

[Ilustración: Fig. 46.--Plexos de neuronas asteriformes, generadoras

de plexos en la zona glandular del intestino (B) y en el interior de

las vellosidades (A).]

_d_) La existencia de corpúsculos nerviosos especiales entre las

glándulas y en el espesor de las vellosidades, etc., etc. (fig.

46).

_e_) Análisis de las terminaciones nerviosas en las fibras lisas.

_f_) Impregnación de las glándulas intestinales y de las

fibrillas nerviosas de las vellosidades, etc., etc.

En el año de 1893 publicamos todavía otros trabajos de menor cuantía

referentes á la _corteza cerebral occipital_ de los pequeños

mamíferos[124], y á los _tumores malignos_ del hígado[125]. En fin,

dimos á la estampa nuevas observaciones sobre la estructura de la

_médula espinal_ y _gran simpático_[126].

[124] _Cajal_: Estructura de la corteza occipital de los pequeños

mamíferos. _Anales de la Sociedad Española de Historia Natural_,

tomo II, 1893, con cuatro grabados.

[125] _Cajal_: Adenoma primitivo del hígado. _Revista de Ciencias

Médicas de Barcelona_, 10 de Mayo de 1893.

[126] _Cajal_: Pequeñas adiciones á nuestros trabajos sobre la

médula y gran simpático general. Madrid, Noviembre de 1893.

[Ilustración]

Recuerdos de mi vida (tomo 2 de 2) · 第 16 / 58 题